Oldcivilizations's Blog

Antiguas civilizaciones y enigmas

¿Cómo interrelacionan las distintas corrientes esotéricas 1/2?


Antes de entrar en materia, primero haré una breve y personal descripción de la masonería, la alquimia, la cabalística y los rosacruces. La masonería, o francmasonería, es una institución de carácter iniciático que afirma tener como objetivo la búsqueda de la verdad, el estudio filosófico de la conducta humana, de las ciencias y de las artes y el fomento del desarrollo social y moral del ser humano, orientándolo hacia su evolución personal, además del progreso social. Ejemplifica sus enseñanzas con símbolos y alegorías tradicionales tomadas del Arte Real de la Construcción, es decir, de los constructores de las catedrales medievales. Aparecida en Europa entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, la masonería moderna, o «especulativa», ha sido descrita a menudo como “un sistema peculiar de moral, bajo el velo de alegorías y enseñado por símbolos“. Se presenta a sí misma como una herramienta de formación, con un método particular que, basado en el simbolismo de la construcción, permite a sus miembros desarrollar su capacidad de escucha, de reflexión y de diálogo, para transmitir estos valores a su entorno. Una de las denominaciones masónicas que más me seduce es la de Gran Arquitecto del Universo, en lugar de utilizar la de Dios creador. Me hace pensar en algún tipo de Gaudí cósmico. Por otro lado, en contra de la creencia generalizada, relativa a que los Illuminati, o iluminados de Baviera, se extinguieron a finales del siglo XVIII, todo parece indicar que dicha organización continúa operativa en la actualidad. Hoy día estaría integrada en la cúpula superior de la masonería moderna europea y americana, constituyendo la sección de los Elegidos. Por encima de todo el conjunto de la Masonería Invisible se alzaría el consejo de los 33, que serían los más altos masones del mismo grado en el mundo. Un nivel más arriba, estaría el Gran Consejo de los Trece Grandes Druidas, compuesto por trece masones de alto grado. En un nivel más alto tendríamos un misterioso grupo conocido como El Tribunal. El nivel superior, el grado 72, estaría integrado por los 72 cabalistas o iluminados más importantes de la Tierra, que en la enseñanza cristiana son conocidos como los Coros Angélicos (Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Potencias, Virtudes, Principados, Arcángeles y Ángeles). Para los iluminados, Lucifer sería el verdadero Dios. Pero se sospecha que en la cima de esta pirámide se puede encontrar el Gran Sacerdote del Gran Sanedrín luciferino.

El termino Alquimia deriva del árabe “Alkimiya“. Pero tenemos una segunda parte de definición, que se remonta a la raíz egipcia “kmm” que significa negro. Alquimia viene a ser pues “Arte Negro“. Otra interpretación se basa en el hecho de que el plomo negro es una materia prima muy importante en los procedimientos alquímicos. Todas las fuentes de que se disponen nos llevan a que la alquimia tiene su punto de partida posiblemente en Egipto y Mesopotamia. El conocimiento hermético del que eran depositarios los egipcios fue recogido por los hebreos. Numerosos pasajes de la Biblia, sobre todo el Pentateuco de Moisés, nos permiten adivinarlo. Por otra parte, también los griegos se nutrieron de la sabiduría egipcia, adecuándola a su civilización y a sus divinidades y sirviendo de transmisores de sus misterios. Más tarde, bebiendo tanto de las fuentes griegas como de las egipcias, los sabios doctores del Islam volvieron a actualizar y transmitieron de nuevo el conocimiento hermético. Fue, finalmente, a través de estos tres, hebreos, griegos y árabes, como llegó a tierras europeas, donde volvemos a encontrarlo entre los alquimistas medievales, más o menos intacto, hasta finales del siglo XVIII. No es tampoco despreciable el papel ejercido por algunos padres de la Iglesia en esta misteriosa transmisión. Durante la Edad Media aparecerán una serie de alquimistas cristianos que compararán la Gran Obra con la vida de Cristo. Con todo, los elementos más importantes de la filosofía hermética proceden en su mayoría de los griegos y de los egipcios. Varios mitos egipcios y griegos nos refieren que toda una serie de usos, enseñanzas y costumbres fueron transmitidos al pueblo egipcio por Thot, dios que recibiría entre los griegos los nombres de Hermes y de Mercurio. La raza negra que sucedió a la raza roja austral en la dominación de mundo, hizo del alto Egipto su principal santuario. El nombre de Hermes/Thot, ese misterioso y primer iniciador del Egipto en las doctrinas sagradas, se relaciona posiblemente con una primera y pacífica mezcla de la raza blanca y de la raza negra en las regiones de Etiopía y del alto Egipto, largo tiempo antes de la época aria.

 

El término rosacruz se refiere originalmente a una legendaria Orden Rosacruz, una orden secreta que habría sido fundada por el mítico Christian Rosenkreuz, tal como es presentado en tres manifiestos publicados a principios del siglo XVII. El primer documento que se conoce sobre dicha orden es el Fama Fraternitatis Rosae Crucis, que apareció en 1614 en Kassel (Alemania), introduciendo al fundador como un misterioso Frater C.R.C. Otro documento, aparecido en 1615, sería el Confessio Fraternitatis. En 1616 aparece en Estrasburgo el documento Die Hochzeit (Las bodas), conocido también como Las bodas alquímicas de Christian Rosenkreuz, que revela por primera vez el nombre del fundador como Christian Rosenkreutz. Diversas organizaciones esotéricas modernas, normalmente denominadas fraternidades u órdenes, que dependiendo de la organización, usan rituales relacionados con la francmasonería, reivindican ser las herederas de la legendaria Orden Rosacruz, dada a conocer públicamente en el siglo XVII. Los símbolos asociados generalmente al término rosacruz son bastante heterogéneos, aunque normalmente en su gran mayoría suelen estar compuestos por diferentes combinaciones de una o más rosas decorando una cruz. En otras ocasiones la rosa o la cruz pueden estar adornadas con símbolos cabalísticos y/o alquímicos, e incluso por símbolos egipcios. Por tanto, podría decirse que el símbolo utilizado para representar el término rosacruz varía dependiendo de la fraternidad que lo utilice y de su naturaleza. De acuerdo con la leyenda, Christian Rosenkreuz descubrió y aprendió la Sabiduría esotérica entre sabios árabes cuando era una peregrino en Oriente, supuestamente a principios del siglo XV. Cuando regresó, fundó la «Fraternidad de la Rosa Cruz» con él mismo como Superior de la Orden. Bajo su dirección se construyó un templo, conocido como Sanctus Spiritus, o «La Casa del Espíritu Santo». Se ha descrito que su cuerpo fue descubierto por un miembro de la Orden, en perfecto estado de conservación, 120 años después de su muerte, tal como se dice que el propio Rosenkreuz había predicho. Su cuerpo se encontró en una cámara erigida como almacén de sabiduría. Se ha descrito que en el sarcófago estaban escritas, entre otras inscripciones, las palabras (en latín) «Jesús mi todo, vacío ninguno, libertad del Evangelio, de Dios intacta gloria, el yugo de la ley». La cripta de Rosenkreuz, según la descripción presentada en la leyenda, parece estar localizada en el interior de la Tierra, recordando el lema alquimista «Visita el Interior de la Tierra; Rectificando Encontrarás la Lápida Oculta».

 

El Zohar (“esplendor“) es, junto al Séfer Ietzirá, el libro central de la corriente cabalística, supuestamente escrito por Shimon Bar Yojai en el siglo II, o por Mosé Ben Sem Tob de León en el siglo XIII. El Zohar, o segundo trabajo explicativo de la Cábala, ha sido llamado la Biblia de los cabalistas. Sobre su autoría, desde antiguo se manejan dos puntos de vista: La tradición cabalística afirma que fue escrito en arameo por el rabí Shimon Bar Yojai, que era un tanaim, denominación de los sabios rabínicos cuyas opiniones son recordadas en la Mishná (Ley Oral). Shimon bar Yojai fue un rabino que vivió en Galilea, actual Israel, durante la época de la dominación romana, posteriormente a la destrucción del segundo Templo de Jerusalén, lo que sitúa su vida entre finales del Siglo I y el Siglo II después de Jesucristo. Murió probablemente en Merón, al norte de Israel, situado en la Alta Galilea. La tradición oral judía dice que después de haber vertido comentarios críticos contra el gobernador romano, Shimon Bar Yojai fue condenado a muerte y tuvo que exiliarse a una gruta durante 13 años, en el curso de los cuales supuestamente, y de acuerdo con la tradición cabalista, escribió el Zohar, obra fundamental de la Cábala y de la mística judía. Sin embargo, la autenticidad de esta teoría ha sido discutida, ya que apuntan a Mosé de León como el autor que publicó el Zohar en el siglo XIII. Hoy en día Shimon bar Yojai está considerado como un tipo de santo por algunas comunidades judías sefardíes, y también por los cabalistas. Todos los años se organiza una peregrinación a su tumba en Merón. Shimon Bar Yojai estudiaba en Yabné, cerca de Bnei Brak, actual ciudad de Israel, situada en la periferia sur de Tel Aviv, en una yeshivá, centro de estudios de la Torá y del Talmud, fundada por el rabino Akiva Ben Joseph, del que Shimon Bar Yojai fue uno de los más eminentes discípulos. Sin embargo, el rabino Akiva Ben Joseph se negó a concederle el título de rabino debido a su carácter, y sólo pudo acceder a dicho título tras la muerte de su Maestro, quien fue ejecutado por orden del emperador Adriano por haber desobedecido la prohibición de enseñar la Torá.

 

Según la tradición, Shimon Bar Yojai fue autor de numerosos milagros. En particular, alrededor del año 138, al ser enviado a Roma como embajador para solicitar al emperador Antonino Pío la abolición de los decretos que prohibían seguir el culto judío. Según dicha tradición, consiguió la benevolencia imperial tras exorcizar a la hija del emperador. Antonino Pío gobernó el Imperio romano de 138 a 161 d.C.. Fue el cuarto de los Cinco Buenos Emperadores y pertenecía a la gens Aurelia. Antonino adquirió el sobrenombre de Pío tras acceder al trono y obligar al Senado a deificar a su predecesor Adriano. Shimon Bar Yojai tenía fuertes sentimientos en contra de los romanos, por lo que las persecuciones le obligaron a huir para refugiarse en una cueva, y luego a esconderse en Tiberíades y otras ciudades de Galilea. Se dice que el arcángel Metatrón le reveló, al parecer, el fin del Mundo y la llegada del Mesías. Metatrón es el nombre de un arcángel presente en el judaísmo y algunas ramas del cristianismo. Sin embargo no hay ninguna referencia a él en el Tanaj judío, en el Antiguo Testamento de los cristianos, ni en el Nuevo Testamento cristiano. No hay consenso acerca de su génesis o del rol que representa en la jerarquía del cielo y del infierno. En la versión talmúdica leída por el erudito caraíta (una corriente religiosa del judaísmo) Kirkisani, Metatrón es una figura misteriosa llamada «Yhwh menor», que sería una derivación de Yahveh. Curiosamente, el término hebreo Metatrón es numéricamente equivalente a Shaddai, uno de los títulos judaicos de Dios, normalmente traducido como “Dios Todopoderoso“, de acuerdo con la Gematría hebrea, un método y una alternación del orden de las letras en una palabra, que depende del hecho de que cada carácter hebreo tiene un valor numérico. Por ello es un método de cifrado y de interpretación de la Toráh. El Talmud, una obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, narraciones y dichos, parábolas, historias y leyendas, también registra un incidente con Elisha ben Abuya, un rabino y autoridad religiosa judía, que se consideraba había traicionado a su pueblo, también llamado Aher (‘otro’), de quien se decía que había entrado en el Paraíso y había visto a Metatrón sentado, lo que es una posición que en el Cielo sólo se le permite a Yahweh mismo. Por lo tanto, Elisha ben Abuya consideró que Metatrón era una deidad, y dijo: «¡Realmente hay dos poderes en el cielo!».

 

Los rabinos explican que a Metatrón se le permitió sentarse debido a su función como escriba celestial, encargado de registrar todos los hechos de Israel. Uno de los libros más antiguos del judaísmo, el Libro de Enoc, que todavía se conserva en algunos códices de la Biblia Septuaginta, menciona a un gran arcángel, que recibió de Dios el derecho a sentarse en un trono en el cielo. Su nombre es Metatrón, que posiblemente signifique “el que comparte el trono”. Este importante arcángel tiene un lugar importante en el judaísmo místico. Enoc, el abuelo de Noé, se supone visitó el Cielo en distintas visiones. En una de estas visiones Enoc tuvo la misión de interceder con Dios en favor de los ángeles caídos. En otra visión, vio a los querubines en el Cielo, a quienes describe como seres de fuego. Más adelante, es llevado por el arcángel Miguel al Cielo más alto. Enoc también viajó en sus visiones al conocido como árbol de la sabiduría. Al final de sus visiones la tradición nos dice que Enoc se transformó en el arcángel Metatrón, un poderoso arcángel a quien curiosamente también se le llamaba el pequeño Yahweh. Aunque la Torá judía y la Biblia cristiana (Génesis) mencionan que el profeta Enoc tuvo una larga vida y fue llevado al cielo sin morir, los textos del Libro de Enoc fueron excluidos del canon formal del judaísmo y, por lo tanto, tampoco fueron aceptados por las escrituras cristianas. Aún así, el arcángel Metatrón fue muy importante en el judaísmo místico medieval y aparece mencionado en el Talmud, el texto principal del judaísmo rabínico. Según la tradición rabínica, es el más alto de todos los ángeles y sirve como escriba celestial. El Libro de Enoc, perteneciente a la tradición Merkabah, describe la transformación de Enoc en el arcángel Metatrón. El concepto de Merkabah como vehículo de ascensión espiritual no es nuevo, sino que se encuentra en las enseñanzas herméticas. La literatura bíblica, apocalíptica y esotérica fue la fuente de conocimiento de los primeros místicos judíos de los siglos I y II de nuestra era. Muchas de las claves del misticismo Merkabah se encuentran en el Libro de Enoc, así como en las experiencias del profeta Elías conducido al cielo en un carro de fuego guiado por caballos de fuego y, sobre todo, en la visión del Carro de Jehová (Merkabah) de Ezequiel. En el Libro de Enoc el mismo Metatrón dice que YHVH le llamó “el YHVH menor”. El sabio rabino Rabbi Ishmael describe a Metatrón de dos maneras: como un ángel primordial y como el ser en que se transformó Enoc.

El nombre de Metatrón aparece también escrito de dos maneras en hebreo. En un caso tiene seis letras y en otro siete. Se piensa que el primero es el Enoc transformado en ángel mientras que el segundo es el Metatrón primordial, una emanación de Dios. Metatrón sería la décima y última emanación. Se relaciona con la Presencia Divina en la Tierra. Emanación es la doctrina que sostiene que todo lo derivado o las causas secundarias proceden o fluyen de lo más primario, como podría ser Dios. En los Upanishads de los Vedas hay no pocos pasajes que señalan, aunque oscuramente, a esta doctrina. Uno citado frecuentemente afirma que “de este Atman se originó el espacio y del espacio el viento y del viento el fuego y del fuego el agua y del agua la tierra y de la tierra las plantas y de las plantas los alimentos y de los alimentos la simiente del hombre y de ésta él mismo“. En la Cábala judía el origen por emanación del mundo se enseña claramente. El Zohar, texto principal que se asocia con la Cábala, llama a Metatrón “el Joven”, el mismo título con que aparece en el Libro de Enoc y que podría significar “sirviente”. Este texto identifica a Metatrón con el ángel que guió a los israelitas en el éxodo de Egipto. El Zohar también describe a Metatrón como “el rey de los ángeles” que reina sobre el árbol de la sabiduría o árbol del conocimiento del bien y el mal. El Zohar Bereshit dice que cuando Enoc estaba en la Tierra se dedicó a escribir un libro que contenía los secretos de la sabiduría, hasta que fue llevado al Cielo para convertirse en ángel. Dios permitió a Enoc continuar este mismo ministerio en el Cielo. Asimismo en el Zohar Bereshit se dice que todos los secretos sobrenaturales fueron puestos en las manos de Metatrón y que él los iba poniendo a disposición de quien los mereciera. El Talmud menciona que Dios permitió a Metatrón sentarse en su presencia debido a su actividad como escribano de los méritos de Israel. Metatrón también es considerado el ángel patrón de los niños por su papel en el Zohar, ya que fue el ángel que guió al pueblo de Israel por el desierto hacia la Tierra Prometida. Por ser un ángel que una vez fue ser humano, a Metatrón se le asocia con los arcángeles Gabriel y Samael cuando actúan como ángeles de la muerte. Metatrón los supervisa cuando ayudan a las almas a hacer su transición del plano físico al espiritual.

 

La tradición nos dice que los ángeles guardianes pueden consultar a Metatrón en su papel de guardián de los registros akásicos. De esta manera, Metatrón ayuda al ser humano a perfeccionar su alma. Los registros akásicos son una manera de explorar las vidas pasadas pues se supone contienen la memoria de todo lo acontecido desde el principio de los tiempos. Metatrón tiene acceso a la sabiduría divina, que, a su vez, ofrece a los ángeles guardianes para ayudar a los seres humanos en su evolución. De acuerdo con una doctrina judía, Enoc fue llevado por Yahweh y transformado en Metatrón. Sin embargo, esta opinión no es compartida por todas las autoridades talmúdicas. De acuerdo con Johann Andreas Eisenmenger (1654 – 1704), orientalista alemán y crítico del judaísmo, Metatrón transmite las órdenes diarias de Yahwéh a los ángeles Gabriel y Rafael. Pero a Eisenmenger se le considera el fundador del moderno antisemitismo. A veces a Metatrón se lo identifica como hermano gemelo de Sandalfón, quien se dice que fue el profeta Elías. Según el escritor británico Robert Graves, el término metatron sería una corrupción hebrea del griego metradromos (‘el que persigue con venganza’) o de meta ton thronón (‘más cercano al trono’). La fruta de la vida, un componente de la Flor de la Vida, un cuerpo de la geometría sagrada, está compuesto de trece círculos. Si cada círculo se considera un “nodo“, y se conecta con el siguiente mediante una única línea recta, resultan un total de setenta y ocho líneas. Así, el cubo de Metatrón es un cuerpo geométrico directamente obtenido de la “Fruta de la vida“. Dentro del cubo se pueden encontrar otros cuerpos, como los dos modelos dimensionales de los cinco sólidos platónicos. En las primeras escrituras cabalísticas se dice que Metatrón creó este cubo a partir de su propia alma. El cubo de Metatrón se considera también un glifo sagrado, y a veces se dibuja alrededor de un objeto o persona para protegerlo de los demonios y los poderes satánicos. Esta idea también aparece en la alquimia, en la que el círculo fue considerado un círculo de contención, o un círculo de la creación. Además puede representar un cubo en cinco dimensiones.

 

Shimon Bar Yojai estudiaba rodeado de sus discípulos, los rabinos Eleazar, su hijo, Judá, Jossé Hiya e Isaac. Sus enseñanzas se orientaban sobre la oración desinteresada y la superioridad del estudio. Aunque no existe ninguna obra que pueda atribuirse con certeza a Shimon Bar Yojai, sin embargo se le atribuyen varias, entre las que destacan Sifre, un comentario de los Números y del Deuteronomio, y Mejilta, un comentario del Éxodo. También se le atribuye el Zohar, que se dice dictó el texto a sus discípulos, pero otros estudiosos lo atribuyen a Mosé ben Sem Tob de León, también conocido como Moisés de León o Moisés de Guadalajara (1240 – 1305), que fue un rabino y filósofo sefardí castellano, supuesto autor del Libro del Esplendor o Zóhar, un libro central en la Cábala. Desde joven se interesó por la filosofía y ya con 24 años de edad, mientras seguía sus estudios religiosos, recibió una copia de la Guía de perplejos o descarriados, de Maimónides. La Guía de perplejos o descarriados se compone de los pequeños opúsculos que Rabí Moisés ben Maimón o Maimónides (1135 -1204), uno de los más destacados filósofos judíos, dirigió a su discípulo Ibn Aknin en respuesta a las dudas que éste albergaba sobre la religión y la vida del espíritu. El mensaje de su obra se centra en la búsqueda de la verdad y la exaltación de valores como la justicia y la razón. Asimismo, procura aclarar ciertas metáforas utilizadas por los profetas y que no deben tomarse en su sentido literal, pues las personas podrían descarriarse y confundirse, de ahí el título de la obra. Maimónides nos enseña a comprender el significado oculto que encierran los proverbios para descubrir la verdad y alcanzar la perfección y la paz del alma. A partir de entonces Moisés de León empezó a interesarse por la Cábala y dedicó varios años de su vida a contactar con cabalistas de toda la Corona de Castilla, llegando a entablar relación con un ya anciano Nahmánides, y a difundir la doctrina cabalista ante el aumento de la influencia racionalista del judaísmo. Mosé ben Nahmán o Nahmánides fue u rabino hebraico español, conocido en el judaísmo como Rambán y citado por los cristianos como Bonastruc de Porta. Ejerció la medicina y fue la máxima autoridad rabínica de su época, defendiendo el judaísmo en la polémica pública de Barcelona (1263). Desterrado, emigró a Palestina en 1267. Contra el intelectualismo de Maimónides siguió la vía espiritualista y mística e inició la escuela cabalística de Girona. Sus obras más notables son un Comentario al Pentateuco o Las guerras del Señor.

 

Moisés de León se estableció en Guadalajara, España, y escribió alrededor de veinticuatro obras sobre la Cábala. En 1286 se supone ya tenía concluido gran parte del Zóhar, incluyendo una versión distinta del Midrash, término hebreo que designa un método de exégesis de un texto bíblico, dirigido al estudio o investigación que facilite la comprensión de la Torá. Aunque para escribir el Zóhar afirmaba basarse en antiguos manuscritos del místico Shimon Bar Yojai, nunca pudo llegar a demostrarse, pues en aquella época era habitual entre los escritores judíos atribuir sus libros a autores clásicos. Por tal motivo se debate su autoría o coautoría con Shimon Bar Yojai. Investigadores como el químico, filósofo y escritor israelí Yeshayahou Leibowitz atribuyen la autoría del Zóhar a Moisés de León, llegando a afirmar que “Es igual de claro que Moisés de León escribió el Zóhar como que Theodor Herzl escribió El Estado Judío“. El Zóhar se divide en varios tratados y analiza los textos bíblicos para extraer de ellos su significado oculto. El universo se reparte entre los imperios de la luz y de las tinieblas, cada uno de ellos compuesto por diez esferas. El Zóhar es la obra fundacional en la literatura del pensamiento místico judío conocido como Cábala. Es un grupo de libros que incluyen comentarios sobre los aspectos místicos de la Torá, compuesta por los cinco libros de Moisés,  así como las interpretaciones bíblicas y teología teosófica, cosmogonía mística y psicología mística. El Zóhar contiene una discusión sobre la naturaleza de Dios, el origen y la estructura del universo, la naturaleza de las almas, la redención, y la relación del “verdadero yo” con la “luz de Dios”, además de la relación entre la «energía universal» y el hombre. Su interpretación de las Escrituras puede ser considerada como una forma esotérica de la literatura rabínica conocida como el Midrash, que desarrolla la Torá. El Zóhar está principalmente escrito en un estilo exaltado del arameo, un lenguaje hablado en la tierra de Israel durante el período romano. El Zóhar reapareció en el siglo XIII y parece fue publicado por Moisés de León. Pero Moisés de León atribuye la obra a Shimon Bar Yojai, un rabino del siglo II, que vivió durante la persecución romana. Según la tradición judía se ocultó del Imperio Romano en una cueva y durante 13 años se dedicó al estudio de la Torá con su hijo, el rabino Eleazar. Durante este periodo se dice que fue inspirado por el profeta Elías para escribir el Zóhar. Esto coincide con la afirmación de que la Cábala es la parte oculta de la Torá oral. Refiere el historiador Josefo que el rabino Eleazar, en presencia del emperador Vespasiano y su corte, expelió los demonios del cuerpo de varios  poseídos, con sólo aplicarles a la nariz una de las raíces vegetales recomendadas al efecto por el rey Salomón. El famoso historiador añade que en nombre de este monarca y por virtud de sus conjuros cabalísticos, obraba el rabino Eleazar la expulsión de los malignos espíritus, que salían por las narices del paciente.

 

La mayoría religiosa en el judaísmo tradicional afirma que las enseñanzas de la Cábala fueron reveladas por Dios a insignes personajes bíblicos, como Abraham y Moisés, y que se transmitieron oralmente desde la época bíblica hasta su supuesta redacción por Shimon Bar Yojai. Gershom Gerhard Scholem, filólogo e historiador israelí, así como figura destacada dentro y fuera del judaísmo, y que unánimemente es considerado como el más importante especialista mundial en mística judía, también conocida bajo el nombre de Cábala, hace un análisis académico del Zóhar y afirma que Moisés de León fue su autor. Sin embargo, para los practicantes y estudiosos de la Cábala este es un tema secundario, ya que no se ha podido constatar una u otra alternativa. Parece lógico pensar que si Moisés de León afirmó haberse basado en antiguos manuscritos de Shimon Bar Yojai, podríamos encontrarnos ante una contribución después de varios siglos o bien ante un hallazgo de los manuscritos que llegaron a Europa desde Israel a lo largo de los años. Algunos sectores judíos, principalmente no ortodoxos, se alinean con opiniones como la de Gershom Gerhard Scholem. Sin embargo, se sigue considerando que el Zóhar promueve un sentido más práctico para el judaísmo moderno. El Zóhar cabalístico de los hebreos se escribió un siglo antes de la era cristiana, según algunos investigadores, y después de la destrucción del templo de Jerusalén, según otros. Completó la obra el rabino Shimon Bar Yojai, ayudado por su hijo Eleazar y el rabino Abba, cuyo concurso era necesario para completar una obra tan extensa y compleja como el Zóhar. Pero como los judíos ortodoxos sabían que el autor estaba en posesión de conocimientos ocultos, atentaron contra su vida y se vio obligado a huir al desierto, donde estuvo doce años oculto en una cueva en compañía de sus fieles discípulos, hasta su muerte, que fue señalada mediante muchos portentos. Pero, no obstante lo extenso de la obra y de tratarse en ella de la secreta tradición oral, no lo abarca todo, pues el venerable cabalista Shimon Bar Yojai no escribió los puntos principales de la doctrina, sino que los comunicó oralmente a contados discípulos, entre los que se hallaba su hijo único. Por lo tanto, sin la iniciación en la Merkabá quedará  incompleto el estudio de la Cábala. Pero la Merkabá sólo puede aprenderse en lugares apartados del mundo y después de pasar el estudiante por muchas y muy tremendas pruebas, para escuchar la enseñanza oralmente. Desde la muerte de Shimon Bar Yojai la doctrina oculta se ha convertido en un secreto inviolable para el mundo externo.

Merkabá, que tiene el significado general de dirigirse en una carroza, aparece descrito en Ezequiel, en la Biblia, para referirse al trono-carroza de Dios, como un vehículo de cuatro ruedas conducido por cuatro querubines, cada uno de los cuales poseyendo cuatro alas y cuatro caras, las de un hombre, un león, un buey y un águila. En el Judaísmo medieval, el comienzo del libro de Ezequiel fue reconocido como el mayor pasaje místico de la Biblia. En las modernas enseñanzas esotéricas, el Merkabá es presentado como un vehículo inter-dimensional bajo forma isométrica, compuesto por tres tetraedros tipo estrella superpuestos uno sobre otro, pero que al observarlo se ve como si fuese uno solo. Cada uno de los tres está compuesto de dos tetraedros simples, uno que apunta hacia arriba y que es masculino, llamado tetraedro sol, y otro que apunta hacia abajo y que es femenino, llamado tetraedro tierra. A su vez cada uno de los tetraedros estrella tienen una clasificación y una dirección de movimiento. El primero gira en dirección de los punteros del reloj y es femenino; el segundo gira en contra de los punteros del reloj y es masculino. El tercero es neutro y no gira, ya que se mantiene detenido. Es un gravísimo error que puede tener fatales consecuencias la creencia de que existe solo un tetraedro estrella y que éste posee dos tetraedros simples (femenino y masculino) que giran en sentido contrario. Son los tetraedros estrella completos los que giran. El Merkabá también es un estado de conciencia que deberíamos haber alcanzado desde hace miles de años. Mediante esta sagrada geometría entendemos que somos uno con el todo, y que el todo es uno con nosotros. En la Biblia se le menciona como el vehículo del ascenso. Este cuerpo de luz está diseñado con el objeto de permitirnos pasar a través de las dimensiones y comunicarnos con los diferentes universos, ya que hay un campo de energía que envuelve a cada elemento de la creación. Su naturaleza es cristalina y geométrica. La interrelación de estos campos en el universo proporcionan orden y armonía a su estructura. La forma humana irradia en su totalidad este campo, desde que comienza su concepción. La sabiduría y comprensión de estos campos fue entregada a la tierra hace más de trece mil años, a través de lo que se llamó geometría sagrada. Este campo de luz se llama Merkabá o vehículo de rescate. Se accede al mismo a través de claves geométricas específicas.

 

El precepto masónico de los labios aplicados al oído, o sea la comunicación en voz baja, deriva de los tanaímes, u hombres sabios y verdaderos instructores espirituales, quienes a su vez la tomaron de los Misterios paganos. La práctica moderna de esta costumbre debe atribuirse seguramente a la indiscreción de algún cabalista renegado, aunque la palabra  transmitida es una moderna substitución convencional de la “palabra perdida”. La verdadera palabra ha estado siempre en posesión privada de algunos adeptos, de modo que tan sólo unos cuantos maestros templarios y otros tantos rosacruces del siglo XVII, estrechamente relacionados con iniciados y alquimistas árabes, pudieron haberla realmente poseído. Desde el siglo VII al XV parece que nadie la poseyó en Europa, pues Paracelso fué el primer  alquimista que recibió dicha iniciación, cuya última ceremonia confería al iniciado el poder de acercarse a la “zarza ardiente” y de fundir el becerro de oro y disolver su polvo en agua. Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, también conocido como Paracelso (1493 – 1541), fue un alquimista, médico y astrólogo suizo. Fue conocido porque se creía que había logrado la transmutación del plomo en oro mediante procedimientos alquímicos y por haberle dado al cinc su nombre, llamándolo zincum. Es considerado a veces como el «padre» de la toxicología con su célebre frase ‘la dosis hace al veneno’, máxima de la disciplina. El nombre Paracelso, que escogió para sí mismo y por el que es generalmente conocido, significa «igual o semejante a Celso», un médico romano del siglo I. Se trata de una de las figuras más contradictorias e interesantes de la historia de la medicina. Su incesante búsqueda de lo nuevo y su oposición a la tradición y los remedios heredados de tiempos antiguos le postulan como un médico moderno, adelantado a sus contemporáneos. En cambio, en su concepción del misticismo y la astrología se podría decir que mantuvo una postura inmovilista sobre los conceptos más arcaicos.

 

Al fundir el becerro de oro y disolver su polvo en agua, provocaba que esta agua y la palabra perdida resucitaran a los Adoniram, Gedaliah e Hiram de la época premosaica (siglos XX a XV a. C.). Adoniram fue el encargado de cobrar los tributos para los reyes David y Salomón. Cuando las diez tribus se rebelaron, Roboam lo envió a conferenciar con los rebeldes, quienes, cuando vieron al oficial del rey, lo apedrearon. Gedaliah fue un gobernador de Judá nombrado por el rey de Babilonia Nabucodonosor II, tras la muerte de Sedecías, último soberano del reino de Judá. Hiram Abiff es la figura principal y alegórica del ritual masónico que delinea al maestro constructor del Templo de Salomón, construido alrededor del año 988 a. C. La verdadera palabra es substituida por la de Macbenach, palabra sagrada de los maestros masones y que significa “La carne se desprende de los huesos“. La desaparición del rabino Eleazar, hijo de Simeón Ben Yojai, realmente no fue muerte, sino una tránsito semejante al de Enoc y Elías, pues repentinamente se iluminó la cueva con luz que parecía bajada del cielo, y tan sólo luego de extinguido el resplandor y de vuelta a la ordinaria oscuridad, advirtieron los discípulos, según dice Christian David Ginsburg, erudito de la Biblia y estudiante de la tradición masoreta en el judaísmo, que se “había apagado la lámpara de Israel”. Los biógrafos de Eleazar refieren que su cuerpo quedó en el mismo lugar donde acostumbraba a reposar en vida. Durante los preparativos del entierro se oyeron voces en lo alto y al colocar el féretro en la sepultura brotó una llama del ataúd, al propio tiempo que una voz con poderoso acento y majestuosa entonación exclamaba: “Este es el que hizo  temblar la tierra y estremeció a los reinos”. No obstante, el primer masón activo de alguna importancia fue Elías Ashmole, a quien puede considerársele como el último alquimista y rosacruz. Elías Ashmole (1617 – 1692), un anticuario inglés, fue de los primeros en otorgar a la arqueología y al estudio integral del hombre y su mundo un importante valor. Fundador en Oxford del primer Museo de Ciencias Naturales del mudo, donó a esta institución sus colecciones de plantas, animales, minerales, arqueología y arte, y convenció a numerosos amigos para que también lo hicieran. Fue tal la importancia de los objetos atesorados que el museo se dividió en dos, pasando después de su muerte la de Arte y Arqueología a llamarse Ashmolean Museum, de Oxford, que hoy en día exhibe públicamente sus colecciones.

 

Pero Ashmole no sólo reunió obras de la antigüedad sino textos y libros herméticos que hoy pueden consultarse, así como también escribió obras como The Way to Bliss, en1658, que recoge sus estudios en Filosofía Hermética según indica en su introducción. También escribió Institutions, Laws and Ceremonies of the Order of the Garter, en1672, y Fasciculus Chemicus en 1650, que es una traducción de textos latinos de Alquimia, con su correspondiente introducción. Asimismo escribió Theatrum Chemicum Britannicum, en 1652, que contiene las obras de los alquimistas ingleses más importantes. En Oxford y en Londres Ashmole tuvo un destacadísimo papel, ya que se entregó a la ciencia experimental dentro de la magia de las transmutaciones, al igual que otros filósofos herméticos. En ese sentido trató con Astrólogos, Alquimistas, Matemáticos y todo tipo de sabios y dignatarios de la época, junto con los cuales fundó la Royal Society de Londres y la Philosophical Society de Oxford. Sus numerosos amigos y compañeros eran nombres de muchísimo relieve, muchos de ellos ligados a la masonería en sus más altos grados, como Christopher Wren (1632 – 1723), científico y arquitecto del siglo XVII, famoso por sus trabajos de reconstrucción de las iglesias de Londres tras el gran incendio de 1666, siendo nombrado fellow de la Royal Society. Wren es conocido por su diseño de la catedral de San Pablo de Londres, una de las pocas catedrales de Inglaterra edificadas después de la época medieval y la única de estilo renacentista de todo el país. Para su diseño se inspiró en la basílica de San Pedro de Roma. Entre sus amistades también había personajes dedcados a la investigación y ejercicio de las Artes Liberales y la Ciencia Sagrada, que conformaron un conjunto de personalidades de un papel fundamental en su tiempo, concretamente en la difusión y práctica de la Tradición Hermética y en la relación de ésta con la Masonería. Él mismo fue un masón, estableciendo un punto de confluencia entre el Hermetismo y la Masonería.

 

La Royal Society fue fundada en Londres, en 1662, a través de las redes masónicas y bajo el patrocinio del rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda, Carlos II. Su padre, Carlos I, fue ejecutado en 1649 tras la Guerra Civil Inglesa; la monarquía fue entonces abolida y el país se convirtió en una república bajo el mando de Oliver Cromwell, el «Lord Protector». En 1660, dos años después de la muerte de Cromwell, se restauró la monarquía bajo Carlos II. A diferencia de su padre, Carlos II fue hábil en su relación con el Parlamento. Fue durante su reinado cuando se desarrollaron los partidos Whig (liberal) y Tory (conservador). Se hizo célebre por sus numerosos hijos ilegítimos, de los que reconoció a catorce. Conocido como «el Alegre Monarca», Carlos II favoreció las artes y fue menos restrictivo que sus predecesores. la creació de la Royal Society fue la primera asamblea del mundo de científicos y ingenieros, e iba a ser la influencia dominante sobre la dirección de la ciencia. Casi todos los miembros fundadores de la Royal Society eran francmasones que sabían que la dirección científica existente era imperfecta y falsa. El promotor de la Royal Society fue Francis Bacon, un alto miembro rosacruz, traductor de la Biblia y considerado el verdadero arquitecto de la Masonería. Entre los miembros de la Royal Society también tenemos a Isaac Newton, un miembro rosacruz y Gran Maestro del Priorato de Sión en 1672, a Lord Moray, un francmasón escocés, a Elias Ashmole, uno de los primeros francmasones registrados, y a Andrew Michael “Chevalier” Ramsey, una figura principal de la Masonería, que fue admitido en la Royal Society sin ningún requisito científico. Otro miembro era el poeta inglés John Byrom, un francmasón y miembro del Club de la Cábala, también conocido como el Club del Sol. En 1984, más de 500 de sus escritos fueron encontrados en una casa en Manchester e incluían información sobre la geometría sagrada, la arquitectura y la cabalística, así como símbolos esotéricos masónicos y otros alquímicos. Ashmole, un alquimista y rosacruz, con muchos contactos esotéricos en Alemania, era un amigo íntimo de Carlos II y Caballero de la Orden de la Jarretera. La Nobilísima Orden de la Jarretera o La Nobilísima Orden de la Liga es la orden de caballería más importante y antigua del Reino Unido, habiendo sido fundada en 1348 por el rey inglés Eduardo III Plantagenet. La Orden de la Jarretera es considerada la máxima distinción en el sistema de honores británico, por lo que la admisión a dicha orden está muy controlada. El monarca y el príncipe de Gales son miembros permanentes junto con otros veinticuatro varones o mujeres. Los miembros masculinos son conocidos como los compañeros caballeros, y los miembros femeninos son conocidos como las señoras compañeras en lugar de damas, como en la mayoría de las otras órdenes de caballería británicas.

La Orden de la Jarretera también incluye miembros supernumerarios o extras, llamados caballeros y damas reales, que son miembros de la Familia Real británica, así como caballeros y damas extranjeros, que son monarcas de Estados extranjeros. El anuncio de nuevos miembros se realiza siempre el 23 de abril, el día de San Jorge, siendo este el santo patrono de la Orden y de Inglaterra. El rey Felipe VI de España ha sido la última persona en convertirse en caballero de la Orden, cuando la reina Isabel II lo nombró en 2017. A diferencia de la mayoría de las órdenes, la Orden de la Jarretera no está ligada a la propuesta del primer ministro británico, ya que solo el soberano británico concede las admisiones. Las incorporaciones a la Orden son un regalo personal del soberano. Excepto las concesiones de admisión supernumerarias, las concesiones son hechas solo a aquellas personas que han ejecutado hechos excepcionales de servicio al Reino Unido. Ashmole escribió un libro con Arthur Dee, hijo de John Dee, notorio matemático, astrónomo, astrólogo, ocultista, navegante, imperialista y consultor de la reina Isabel I de Inglaterra. Dedicó gran parte de su vida al estudio de la alquimia, la adivinación y la filosofía hermética. Arthur Dee era médico de cabecera del Zar Iván el Terrible. Cuando el Zar Iván murió, probablemente asesinado, Arthur Dee conspiró para instalar la dinastía Romanof en el trono ruso. Ashmole estaba muy bien relacionado y mantuvo contactos con el Colegio Invisible, que se reunía en Oxford desde 1650. El Colegio Invisible fue un precursor de la Royal Society del Reino Unido. Se trataba de un grupo de filósofos y científicos de la naturaleza, entre ellos Robert Boyle, John Wilkins, John Wallis, John Evelyn, Robert Hooke, Christopher Wren, y William Petty. En sus cartas de 1646 y 1647, Boyle se refiere a «nuestro colegio invisible» o «nuestra universidad filosófica». El tema común de la sociedad fue la adquisición de conocimientos a través de la investigación experimental. A su vez los Hartlibians, un círculo de personas en torno a Samuel Hartlib, fueron los precursores del Colegio Invisible. Hartlib se había fijado el objetivo de “registrar todo el conocimiento humano y hacerlo universalmente disponible para la educación de toda la humanidad“. Su obra ha sido comparada con la de los motores de búsqueda de internet. La idea de un colegio invisible se volvió influyente en Europa en el siglo XVII, en particular, en la forma de una red de intercambio de ideas entre intelectuales. La idea de colegio invisible se ejemplifica con la red de astrónomos, profesores, matemáticos y filósofos de la naturaleza del siglo XVI en Europa.

 

Científicos como Johannes Kepler, Georg Joachim Rheticus, John Dee y Tycho Brahe compartieron información e ideas en un Colegio Invisible. Uno de los métodos más comunes utilizados para comunicarse fue a través de los márgenes de los libros, con anotaciones escritas en las copias personales de los libros que fueron prestados, regalados o vendidos. El término Colegio Invisible actualmente se refiere principalmente a la libre transferencia de pensamiento y de experiencia técnica, que suele llevarse a cabo sin el establecimiento de las instalaciones designadas o sin la autoridad institucional, empleando para su difusión un sistema de boca a boca, o un sistema de tablón de anuncios localizado, y con el apoyo del trueque de conocimientos o del aprendizaje. En épocas anteriores el término también incluyó algunos aspectos hegelianos de las sociedades secretas y el ocultismo. El colegio invisible es similar al sistema del gremio medieval, pero no posee influencia en los círculos reconocidos, académicos, técnicos o políticos. Se trata simplemente de un intento de eludir los obstáculos burocráticos por parte de personas instruidas. Los miembros de un colegio invisible a menudo son llamados colegiados independientes. La idea de Colegio Invisible fue propuesta por Francis Bacon en su libro La Nueva Atlántida. Tal como ya hemos indicado, este Colegio Invisible incluyó al famoso científico Robert Boyle, Gran Maestre del Priorato de Sión, y Sir Christopher Wren, el arquitecto promotor de la catedral de Saint Paul en la ciudad de Londres, el centro financiero de la antigua Nobleza Negra veneciana y de la Hermandad Babilónica. Ambos eran Grandes Maestres de la Orden Rosacruz. La catedral de Saint Paul y la reconstrucción de la ciudad de Londres fueron posibles debido al gran incendio de Londres en 1666. Y es curioso que tanto Wren, el arquitecto que diseñó la catedral de Saint Paul sobre una anterior ubicación de un templo de culto a la diosa Diana, como Robert Hooke, uno de los topógrafos de la ciudad después del incendio, fuesen miembros de la Royal Society y altos iniciados en sociedades secretas. La nueva Ciudad de Londres fue construida según la simbología masónica, basada en el conocimiento de la cuadrícula de energía. La Royal Society siempre ha sido más que una agrupación de científicos. En realidad sería una sociedad secreta creada y controladapor la Hermandad de Babilonia para controlar el conocimiento científico y espiritual.

 

Veamos el trasfondo de otro grupo de iniciados esotéricos que se fusionó con la Royal Society. Se trata de la Sociedad Lunar, cuyo nombre deriva de que se reunían una vez al mes en las noches de Luna llena. Entre sus miembros estaba Benjamin Franklin, un francmasón de un grado alto, además de rosacruz y uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos. También estaba estrechamente conectado a los francmasones que gestionaron la Revolución Francesa. Tal como ya hemos indicado, Ashmole fue admitido en la sociedad de masones activos de Londres el año 1646, cuando la masonería todavía era una sociedad rigurosamente secreta, sin supuestas vinculaciones políticas o religiosas, que admitía en su seno a toda persona amante de la libertad de conciencia y deseosa de substraerse a la persecución por parte de la Iglesia. Hasta unos treinta años después de la muerte de Ashmole, ocurrida en 1692, no apareció la moderna francmasonería, instituida el 24 de Junio de 1717 en la Apple Tree Tavern (Taberna del Manzano), sita en Charles Street, Covent Garden, de Londres. Según explican las Constituciones de Anderson, las cuatro logias del Sur de Inglaterra eligieron a Anthony Sayer como Gran Maestre de la masonería. Pero no obstante su relativamente moderna institución, estas logias se han arrogado la supremacía sobre todas las demás del mundo, como así se infiere de una inscripción colocada en la logia de Londres. Las Constituciones de Anderson son el inicio de la moderna masonería especulativa. Redactadas por el pastor James Anderson y Jean Théophile Désaguliers, fueron aprobadas y publicadas en 1723. Las Constituciones de Anderson son la acepción más común a las constituciones en las que se refleja por primera vez la condición de los masones especulativos, después de la tradición de los masones operativos de los siglos anteriores. Jacob Frank (1726 – 1791), un pretendiente judío a la mesianidad, o creencia en la llegada de un Mesías que liberará al pueblo judío, al comentar los exotéricos delirios cabalistas, como él los llama, que Shimon Bar Yojai menciona repetidamente los compañeros que enseñaron en obras antiguas. Entre estos compañeros cita a los ancianos Ieba y  Hamnuna, pero no refiere nada de lo que hicieron.

 

A la escuela de los tananimes u hombres sabios, pertenecían los instructores de la Doctrina Secreta, que iniciaron a unos cuantos discípulos en el misterio final, pues según dice el  Mishnah Hagiga, gran colección escrita de las tradiciones orales judías, el contenido de la  Merkabah  sólo puede comunicarse a los ancianos sabios. La Guemará es  todavía más explícita sobre el particular al decir: “Los principales secretos de los Misterios no  se han de comunicar a todos los sacerdotes, sino tan sólo a los iniciados”. El mismo sigilo prevalecía en todas las religiones de la antigüedad. La Guemará y la Mishnah juntas forman el Talmud. La Mishnah es el texto base y la Guemará es el comentario y análisis que lo completa. Los rabinos de la Mishnah se conocen como tanaim y los rabinos de la Guemará son llamados amoraim.  Podemos ver que ni el Zohar ni ningún otro tratado cabalístico contienen doctrina puramente judía, sino que, como resultado de milenios de estudio, es común patrimonio de todos los adeptos del mundo. Sin embargo, el Zohar en su texto original y con los signos secretos escritos en el margen, es la obra que enseña más ocultismo práctico. Los signos secretos  encierran las instrucciones ocultas para esclarecer las interpretaciones metafísicas y manifiestos. Las enseñanzas de magia práctica que dan tanto el Zohar como otros tratados cabalísticos, sólo aprovecharían a quienes acertaran a leerlas interiormente. Los apóstoles cristianos debieron estar enterados de esta ciencia, aunque los cristianos tachen de superstición los talismanes, amuletos y piedras mágicas con los que su poseedor logra ejercer en otra persona una misteriosa influencia conocida como “mal de ojo”. En las colecciones arqueológicas pueden verse todavía piedras convexas con enigmáticas inscripciones que sólo pueden interpretar los adeptos. Juan de Patmos o el Apokaleta es el nombre dado al autor del libro bíblico titulado el Apocalipsis. En la introducción, el autor declara que estaba desterrado en la isla griega de Patmos “a causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo”, cuando comenzó a recibir “la revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”. De los talismanes antes mencionados se infiere que el evangelista San Juan, o Juan de Patmos, estaba muy instruido en la ciencia cabalística, pues alude claramente a la cornerina blanca y la piedra de iniciación, que por lo general lleva grabada la palabra premio y se le entregaba al neófito luego de cumplimentadas las pruebas del primer grado de iniciación.

 

El Apocalipsis, como el Libro de Job, es un alegórico relato de los Misterios y de la iniciación en ellos por parte de un candidato, personificado en el mismo San Juan. Así lo entienden los masones de grado superior, pues los números siete, doce y otros, tan cabalísticos como éstos, bastan para esclarecer dicho libro. Se denomina mitraísmo o Misterios de Mithra a una religión mistérica muy difundida en el Imperio romano entre los siglos I y IV d. C. en que se rendía culto a una divinidad llamada Mitra, dios conocido desde la antigüedad, principalmente en Persia e India y que originalmente era un dios del Sol, y que tuvo especial implantación entre los soldados romanos. Existen testimonios materiales de la práctica de esta religión en numerosos lugares del antiguo Imperio romano, consistentes en restos de templos, inscripciones y obras de arte que representan al dios u otros aspectos de la religión. Frente a esta relativa abundancia de restos arqueológicos, son muy escasas las referencias en textos clásicos a esta religión. Los orígenes de esta religión no se conocen de forma precisa, aunque los estudiosos coinciden en afirmar que llegó al mundo romano desde Oriente, concretamente desde Asia Menor. La práctica del mitraísmo, como la de todas las religiones paganas, fue declarada ilegal en el año 391 de nuestra era por el emperador romano Teodosio el Grande. En los Misterios de Mithra, el neófito que triunfaba de las doce pruebas previas a la iniciación  recibía una hostia de pan ázimo, similar a la eucaristía cristiana, con figuras en ambas caras, que entre otros simbolismos tenía el del disco solar y se la llamaba también “pan celeste” o “maná”. Rociaban después al candidato con la sangre de un cordero o de un toro sacrificado al efecto, como se hizo cuando la iniciación del emperador romano Juliano el Apóstata, el último emperador pagano, y se le comunicaban las siete reglas misteriosas equivalentes a los siete sellos de que nos habla el evangelista San Juan, quien seguramente en su Apocalipsis alude a esta ceremonia. Los amuletos católicos y las reliquias bendecidas por los pontífices romanos tienen el mismo origen que las piedras y pergaminos mágicos de Efeso, las filacterias hebreas  con versículos de las Santas Escrituras y  los  amuletos mahometanos con versículos del Corán.

La fama de Éfeso se debía sobre todo al templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo. Reconstruido varias veces en el curso de los años, el templo de Artemisa en tiempos de San Pablo se imponía gracias a sus enormes dimensiones, que contaba con 127 columnas, cada una erigida por un rey. Los más ilustres artistas hablan contribuido a su ornamentación, entre ellos Praxiteles, el más renombrado escultor clásico ático del siglo IV a. C. Pero parece que la diosa que se veneraba en Éfeso era mucho más una diosa oriental de la fecundidad que la diosa cazadora de los griegos, Artemisa, hermana de Apolo, la Diana de los romanos. No había nada en común entre la esbeltez y la gracia de Artemisa y la diosa informe de múltiples pechos. La estatua era de madera de cedro, ennegrecida por el tiempo. La recubría una capa de oro, excepto la cabeza y el cuello, las manos y los pies. Múltiples cabezas de animales evocaban la función de la diosa, considerada madre de todos los seres vivos. Un clero numeroso aseguraba el culto a Artemisa. Las principales ceremonias se realizaban en el mes de abril. Una inscripción fechada en el año 104 d.C. describe la procesión que conducía a la imagen de la diosa a su ciudad, escoltada por todas las demás estatuas divinas. Los dioses asistían también a los juegos que se celebraban en honor suyo. En la procesión estaban también presentes los himnodas, los encargados de ejecutar los cánticos sagrados. Eran numerosos los títulos que se le daban a Artemisa, como soberana o reina. Durante las representaciones teatrales, el pueblo cantaba incansablemente diversas invocaciones. Al sur de la ciudad otra fiesta conmemoraba el nacimiento de la diosa y terminaba con un gran festín. Éfeso atraía a muchos peregrinos, pero los devotos no eran los únicos que visitaban el templo de Artemisa. El santuario se sentía orgulloso de su derecho de asilo. Por otra parte, el culto a la diosa de la fecundidad se celebraba mediante la prostitución sagrada.

 

Al lado del templo de Artemisa no faltaban otros templos dedicados a las divinidades tradicionales del mundo griego. En la era romana, Éfeso demostraba su lealtad elevando un templo a Roma y a César dentro mismo del recinto del templo de Artemisa. El culto imperial romano tomó pronto forma oficial, ya que los delegados de las ciudades de la provincia de Asia se reunían todos los años para elegir allí al encargado de presidir las fiestas y de organizar los juegos. Los que habían ejercido aquel cargo conservaban el titulo y se cuenta que Pablo se había granjeado la simpatía de algunos de ellos. Signo evidente de la penetración rápida del cristianismo en todos los ambientes. Asimismo también la magia estaba presente, como demuestra la fama de que gozaban los hechiceros de Éfeso. Jenofonte de Éfeso (siglo III a.C.) indica la presencia en los alrededores del santuario de adivinos que, con la ayuda de formulas en lengua bárbara, se jactaban de echar los malos espíritus. En Éfeso, como en las demás ciudades, había una importante colonia judía. Pero no siempre fueron fáciles las relaciones entre los judíos y los efesios, como vemos registrado en Antigüedades judías mediante un decreto que Agripa, yerno del emperador romano Augusto, tuvo que emitir en favor de los judíos el año 14 a.C.: “Quiero que la administración y la conservación de las contribuciones sagradas reunidas para el templo de Jerusalén queden aseguradas por los judíos del Asia Menor según sus leyes nacionales. Quiero que los que hayan robado el dinero sagrado de los judíos sean sacados incluso de los lugares de asilo en donde se hayan refugiado”.  Este es el contexto social y religioso en el que hemos de situar la actividad misionera de Pablo en sus viajes, y muy especialmente en su estancia en Éfeso.

 

Filacteria es un término que proviene del griego phylakterionprotección o amuleto») y que se refiere a unas pequeñas envolturas de cuero donde se guardan pasajes de las Sagradas Escrituras en la religión judía. En el Judaísmo no se utiliza el nombre de filacteria, ya que su significado original (amuleto) se considera idolatría, prohibida por esta religión. Una de las correas de cuero se ata sobre el brazo izquierdo, o derecho, si la persona es zurda, dando siete vueltas al mismo y la otra se coloca sobre la cabeza. Según la Halajá, cuerpo colectivo de reglas religiosas judías, derivadas de la Torá escrita y oral, los varones judíos a partir de los trece años deben colocárselos diariamente, con excepción del Shabat, el día sagrado de la semana judía, y demás festividades judías. La tradición las relaciona con determinados pasajes del Éxodo y el Deuteronomio en la Torá en las que HaShem, término hebreo que significa literalmente ‘El Nombre’ y que se utiliza para evitar referir el nombre de Dios, exige a los judíos que porten sus palabras como recuerdo de la salida de Egipto. En las primeras representaciones de los apóstoles cristianos vemos como se colocaron en sus brazos izquierdos filacterias, al modo tradicional judío, costumbre que se fue extendiendo hasta que la cultura occidental cristiana las incorporó en la iconografía religiosa. Así, en el arte medieval, el uso del término se extendió a cualquier pequeño rollo de papel enrollado con citas, leyendas o símbolos, en especial religiosos o heráldicos como salutación, gloria, etc. Todos estos símbolos sirven igualmente para proteger a quien cree en su eficacia y los lleva. Así es que cuando Epifanio de Salamina, obispo y escritor bizantino, considerado como un Padre de la Iglesia, reconviene a los maniqueos, seguidores de la doctrina de Manes, por el uso de amuletos, que califica de supersticiones y fraudes, debe incluir en esta reconvención los amuletos de la Iglesia romana, como las medallas, escapularios, etc…

 

Es posible comparar la moral jesuítica con la de los antiguos tanaímes y teurgos, para descubrir la íntima relación que tienen los jesuitas con las sociedades secretas. Pero no encontramos en la antigüedad ninguna escuela ni secta alguna que se parezca a la Compañía de Jesús, contra la que se levantaron generales protestas apenas nacida, Se instituyó esta orden el año 1540 y ya en 1555 clamaban contra ella varios países. pues a los quince años de su constitución se deshicieron de ella los gobiernos de Europa. Portugal y los Países Bajos, que expulsaron a los jesuitas en 1578, Francia en 1594, la república de Venecia en 1606, Nápoles en 1622, y de Rusia en 1820. A pesar de las afirmaciones contrarias, ha resultado que la Compañía de Jesús pertenece al linaje de las sociedades secretas. Sus constituciones,  traducidas al latín en 1558 e impresas en Roma, se mantuvieron en riguroso secreto, hasta que en 1761 mandó publicarlas el Parlamento francés cuando el famoso proceso del jesuita Antoine Lavalette. Finalmente los jesuitas fueron suprimidos en Francia en 1764. Un personaje que coadyuvó en la supresión de los jesuitas fue el duque de Choiseul, quien también era amigo de filósofos, jansenistas, así como de miembros del parlamento, de madame Pompadour y del rey Luis XV. En uno de sus escritos Choiseul afirma lo siguiente: “En la actualidad, no tengo la misma indiferencia respecto a los jesuitas; he adquirido pruebas que me acreditan, que esta Orden y cuantos de ella dependen o están ligados, son peligrosos a la corte y al Estado, ya sea por fanatismo, ya por ambición, ya por favorecer sus intrigas y sus vicios; y si ahora ocupase el ministerio, aconsejaría al Rey con instancias que jamás se acordase de establecer una Sociedad tan perniciosa”. Los grados de la orden son seis, a saber: novicios, hermanos, sacerdotes, coadjutores, profesos de tres votos y profesos de cinco votos. Además, hay un séptimo grado secreto, tan sólo conocido por el general de la orden, conocido como Papa Negro, y de unos cuantos dignatarios. Habría que ver en qué consiste el misterioso poder de la Compañía de Jesús, uno de cuyos mayores timbres de gloria es la reorganización del inquietante tribunal del Santo Oficio, a instancias de Ignacio de Loyola. Y curiosamente fue un jesuita quién fundó la orden de los iluminados de Baviera, los illuminati, el 1 de mayo de 1776.

 

Los jesuitas generalmente han sido importantes en la curia romana y han influido decisivamente en las congregaciones de cardenales y en la secretaría de Estado, de modo que antes de la ocupación de Roma pudo decirse que estaba en sus manos el gobierno pontificio. Pero, curiosamente, es actualmente cuando el Papa Francisco es el primer pontífice jesuita de la Historia. Respecto a la organización interna de la Compañía de Jesús, nos dice Kenneth R. H. Mackenzie en su Real Enciclopedia Masónica: “La Compañía de Jesús tiene signos secretos y contraseñas distintas para cada uno de los grados, y como no llevan divisa alguna exterior es muy difícil reconocerlos, a no ser por declaración propia, pues según el encargo que reciban se presentan como católicos o protestantes, plebeyos o aristócratas, fanáticos o escépticos. Tienen espías en todas partes y en todas las clases sociales, y se fingen mentecatos cuando así les conviene. Hay jesuitas de ambos sexos y de toda edad que se inmiscuyen por doquiera, hasta el punto de haber algunos de familias distinguidas y complexión delicada, que no obstante están de criados en casas de protestantes para mejor servir los intereses de la Compañía. Nunca nos precaveremos suficientemente contra su influjo, pues como la Orden se funda en la absoluta y ciega obediencia, puede convertir toda su fuerza hacia determinado punto“. Por su parte los jesuitas, según leemos en Imago: Prími sœculi Societatis Jesu, sostienen que  “la Orden no es de institución humana sino que la fundó el mismo Jesús al  trazarle la regla de conducta, primero con su ejemplo y después con su palabra”. El pontífice Clemente XIV suprimió la Compañía de Jesús el 23 de julio de 1773 y, sin embargo la restableció Pío VII el 7 de Agosto de 1814. Es interesante leer una pastoral del entonces arzobispo de Cambray: “Los enemigos de la religión han establecido distinciones entre el clericalismo, ultramontanismo y jesuitismo, que son una sola y misma cosa, esto es, el catolicismo. Hubo tiempo en que predominó en Francia cierta opinión respecto a la autoridad del Papa, pero estaba circunscrita a nuestra nación y era de origen reciente. La potestad civil asumió durante siglo y medio la enseñanza oficial. Los partidarios de estas doctrinas se llamaron galicanos, y los oponentes recibieron el calificativo de ultramontanos por estar Roma más allá de los Alpes. Hoy día ya no cabe distinguir entre galicanos y ultramontanos, porque la doctrina ortodoxa se declaró en contra de la iglesia nacionalizada, según decisión del concilio ecuménico del Vaticano. No es posible ser hoy católico sin ser al propio tiempo ultramontano y jesuita“. La preceptiva moral de los jesuitas es comparable con la de los místicos y fraternidades de la antigüedad.

Simón el Mago era discípulo de los tanaímes de Samaria, territorio que corresponde al bíblico Reino de Israel, y era famoso por sus prodigios, que le valieron el sobrenombre de “gran poder de Dios”, como prueba elocuente de la sabiduría de sus maestros. Ningún cristiano aventajaba a Simón en virtud taumatúrgica, a pesar de las calumniosas imputaciones contra él  lanzadas por los autores de los Hechos de los Apóstoles, quinto libro del Nuevo Testamento. Parece falsa la leyenda según la que habiéndose elevado Simón en el aire, se cayó de pronto por la voluntad de San Pedro, quebrándose las piernas en la caída. Lo lógico hubiese sido que, en vez de impetrar de Dios el fracaso de su rival, el  apóstol San Pedro hubiera debido  pedir la ayuda divina necesaria para prevalecer taumatúrgicamente contra Simón y vencerle en prodigios, ya que con ello habría manifestado más fácilmente la superioridad de su poder, convirtiendo a millones de gentiles y judíos al cristianismo. Pero según confiesan varios historiadores eclesiásticos, ningún apóstol aventajó a Simón en “maravillas sobrenaturales”. Aunque la respuesta de otros es que posiblemente esto demuestra precisamente que Simón actuaba por obra del diablo. Acusaron a Simón el Mago de blasfemia contra el Espíritu Santo, ya que lo consideraba el aspecto femenino de la mente matriz de todas las cosas, sin advertir que el mismo concepto se expresa en el Libro de Enoc, cuando contrapone al “Hijo del Hombre” el “Hijo de la Mujer”, así como el apócrifo Evangelio  de los hebreos, cuando dice que Jesús reconocía el aspecto femenino del Espíritu Santo mediante la expresión: “mi Madre, el santo Pneuma“. El mismo concepto se exponen en el Código de los Nazarenos, el Zohar y los Libros de Hermes.

 

Desde la definición de la infalibilidad papal, se supone que la Iglesia y el Papa estarían al servicio de la Compañía de Jesús. Aquí recordamos las proféticas lamentaciones sobre Egipto atribuidas a Hermes Trismegisto, mencionado en la literatura ocultista como el sabio egipcio, paralelo al dios Tot, que creó la alquimia y desarrolló un sistema de creencias metafísicas que hoy es conocido como hermetismo, en que decía: “¡Ay, hijo mío! Día llegará en que los sagrados jeroglíficos parezcan ídolos, porque el mundo tomará por dioses los emblemas de la ciencia y acusará al glorioso Egipto de haber adorado monstruos infernales. Pero quienes de este modo nos calumnien adorarán a la muerte en lugar de la vida, y a la locura en vez de la sabiduría. Abominarán del amor y de la fecundidad, llenarán sus templos de huesos de muerto que llamarán reliquias, y malograrán su juventud en soledad y llanto. Sus vírgenes preferirán ser monjas a ser esposas y se consumirán en el dolor, porque los hombres habrán profanado con  menosprecio los sagrados misterios de Isis“. El jesuita Gabriel Vázquez (1551 – 1604), en De cultu adorationis, nos dice que: “parecería que todas las cosas inanimadas e irracionales podrían ser objeto de adoración. Se advertirá que no sólo las imágenes pintadas y toda representación de cosas santas dedicadas al culto de Dios por la autoridad eclesiástica pueden ser adoradas como si fuese el mismo Dios, sino cualquier otra cosa de este mundo, sea de naturaleza inanimada, racional o irracional. A esto podemos añadir, que puesto que todo lo de este mundo se supone que es obra de Dios, que de continuo mora y labora en el mundo, más fácil nos será conocer a Dios por las cosas del mundo. Por lo tanto, sin tener en cuenta la dignidad de la cosa  creada, no es vano ni supersticioso sino puro acto de religión besar el objeto adorado o arrodillarnos sumisamente ante él, con tal que dirijamos a Dios nuestro pensamiento“. Esta doctrina suena a la idolatría por la que se denuncia a los paganos. Teemos que decir que la  profecía de Hermes es mucho más diáfana que las de Isaías, que facilitaron el pretexto para calificar de demonios a los dioses gentílicos adorados por los paganos. Todo cuanto los judíos sabían lo aprendieron de pueblos más antiguos. Por ejemplo, los magos caldeos les enseñaron la doctrina secreta durante la cautividad de Babilonia.

 

El escritor, científico y naturalista Plinio el Viejo menciona tres escuelas de magia: una de origen desconocido debido a su antigüedad; la segunda fundada por Osthanes, un maestro hechicero persa, y Zoroastro, profeta fundador del mazdeísmo persa; la tercera establecida por Moisés, el profeta encomendado por Dios para liberar al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, y Janes y Jambres, nigromantes egipcios que se enfrentaron contra Moisés y Aarón y fueron derrotados. Sin embargo, estas mismas escuelas de magia heredaron sus enseñanzas de la India, principalmente de las comarcas que se extienden a uno y otro lado  de los Himalaya. Las arenas del desierto de Gobi, en el Turquestán oriental, encubren más de un secreto y los sabios del Khotan, ciudad-oasis situada en el desierto de Taklamakán y que formó parte de la zona sur de la antigua Ruta de la Seda, han perpetuado curiosas tradiciones y raros conocimientos alquímicos. La ciudad de Khotan, desde su fundación en tiempos del emperador Asoka (269 a. C.) hasta su conversión al islamismo a finales del siglo X, fue un centro importante de la religión budista, con una historia tempestuosa y sufriendo diversas invasiones. Durante este periodo de tiempo fue una de las puertas de entrada del comercio y la cultura india en la cuenca del Tarim y se convirtió en un importante centro de enseñanza y cultura budista. Christian Karl Josias, barón von Bunsen, en su libro El lugar de Egipto en la historia universal, nos dice que las oraciones e himnos del Libro de los Muertos datan de la dinastía de Abydos, anterior a Menes, entre los años 4500 y 3100 a.C. Bunsen remonta al año 3059 el reinado de Menes y el correspondiente establecimiento del imperio egipcio, antes de cuya época se conocía ya el culto de Osiris y demás divinidades de la mitología egipcia. Bunsen nos lleva mucho más atrás de los cuatro mil años, y en los himnos correspondientes a esta época encontramos preceptos morales muy parecidos en la forma a la doctrina expuesta por Jesús en el sermón de la montaña. Según Bunsen, así se deduce de las investigaciones llevadas a efecto por los más eminentes egiptólogos.

 

La Dinastía XII de Egipto transcurre entre el año 1980  y el 1790 a. C., y junto con la época final de la dinastía XI, forma parte del considerado Imperio Medio en la historia del Antiguo Egipto. Los egiptólogos consideran a esta dinastía el periodo de mayor apogeo del Imperio Medio de Egipto. El nombre y sucesión de sus gobernantes se puede encontrar en varios documentos. Se registraron unas listas Reales en dos templos de Abydos y en uno de Saqqara, así como en los textos de los epítomes de Manetón, sacerdote e historiador egipcio de expresión griega. La cronología de la XII dinastía es una de las mejor establecidas de cualquier período anterior al Imperio Nuevo. Una fecha registrada durante el reinado de Senusert III (Sesostris III), con relación al ciclo sotíaco, sitúa en concordancia varios acontecimientos acaecidos durante esta dinastía. El ciclo sotíaco, en referencia a Sotis, el nombre griego de la diosa egipcia Sopdet, personificación de la estrella Sirio, es un periodo de aproximadamente 1460 años provocado por la traslación anual de la observación del orto heliaco de Sirio. En el Antiguo Egipto los sacerdotes-astrónomos observaban todos los años la primera aparición en el horizonte de Sirio, ya que para ellos señalaba el comienzo de la época de las inundaciones. Idealmente dicho acontecimiento debería coincidir con el comienzo del año egipcio, pero como en el calendario egipcio todos los años sumaban 365 días, sin intercalar días adicionales para compensar la diferencia con el año sidéreo, cada cuatro años el orto de Sirio se desplazaba un día en el calendario, volviendo a coincidir con el año nuevo teórico solo tras unos 1460 años, es decir cuatro años por cada uno de los 365 días del año. Fue en el año 1904 cuando el científico alemán Eduard Meyer, combinando cálculos astronómicos con el estudio textos egipcios y datos arqueológicos, puso las bases modernas de un método que pretende aportar confirmación independiente a la cronología del Antiguo Egipto. Disponiendo de textos fechados en el año de reinado de algún faraón que documenten observaciones del ascenso de Sirio y conociendo puntos fijos del inicio del ciclo, teóricamente se puede asignar una datación absoluta a esos textos y, por tanto al reinado del faraón implicado. Disponemos de varios textos de este tipo, por ejemplo los papiros de Lahun y el papiro Ebers, que dan fechas para los respectivos reinados de Senusret III (dinastía XII) y Amenhoptep I (dinastía XVIII). Además se sabe que en el 139 d. C. el orto heliaco coincidió con el año nuevo egipcio, lo cual proporciona a los egiptólogos puntos fijos para los reinados de ambos faraones.

 

El historiador Manetón indicó que los faraones de la XII dinastía se establecieron en Tebas, pero de los registros de la época se deduce que el primer faraón trasladó la capital a una nueva ciudad denominada Amenemhat-ity-tauyAmenemhat el Señor de las dos Tierras“, o más simplemente Itytauy. La exacta ubicación de Itytauy se desconoce, pero se estima que estará próxima a El-Fayum, un inmenso oasis del desierto de Egipto, probablemente cerca de la necrópolis real, en El-Lisht, una aldea localizada sesenta kilómetros al sur de El Cairo, en cuyas inmediaciones se encuentran los restos de dos grandes pirámides y una necrópolis, datadas en época del Imperio Medio de Egipto. Las inscripciones de la duodécima dinastía abundan en fórmulas rituales correspondientes a tiempos muy primitivos, así como se ven extractos de libros herméticos en los monumentos de las primeras dinastías. De estas inscripciones se infiere que para los egipcios la primera obligación consistía en dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo y enterrar a los muertos. En aquella época ya se conocía ya la doctrina de la inmortalidad del alma, según demuestra una tablilla que se conserva en el Museo Británico. Helena Blavatsky (1831 – 1891) fue una escritora, ocultista y teósofa rusa. Fue también una de las fundadoras de la Sociedad Teosófica y contribuyó a la difusión de la teosofía moderna. Sus libros más importantes son Isis sin velo y La Doctrina Secreta, escritos en 1875 y 1888, respectivamente. Según Helena Blavatsky “tal vez esta doctrina sea mucho más antigua, ya que se remonta a la época en que el alma era considerada un ser objetivo, cuando la espiritualidad de la raza humana no conocía la muerte. Hacia la declinación del ciclo de vida, el etéreo hombre espiritual cayó en un dulce sueño de transitoria inconsciencia para despertar en una más alta y luminosa esfera. Pero así como el hombre espiritual se esfuerza continuamente en ascender a su fuente originaria, pasando por las esferas de la vida individual, el hombre físico tridimensional había de incorporarse al ciclo máximo de la creación universal hasta encarnarse. Entonces quedó el alma demasiado abrumada por el peso de las terrestres vestiduras para reconocerse a sí misma, excepto en aquellas naturalezas delicadas, que escasean más y más en cada esfera“.

Aparentemente ningún pueblo prehistórico negaba la existencia del verdadero hombre, del Yo superior, puesto que la filosofía antigua ya enseñaba que sólo el espíritu es inmortal y que el alma no es por sí misma eterna ni divina, sino que, unida íntimamente a su envoltura terrestre, se convierte en la mente finita, en el principio de la vida animal o el nephesh de las Escrituras hebreas, según se infiere de los siguientes pasajes del Génesis: Y crió Dios las grandes ballenas y toda ánima  (nephesh)  que vive y se mueve“. Con esto se da a entender la creación de los animales. Y continúa: “Y fue hecho el hombre en ánima (nephesh) viviente“. Aquí vemos que la palabra nephesh se aplica indistintamente al hombre inmortal y al animal  mortal. Y podemos seguir leyendo: “Porque la sangre de vuestras ánimas (nephesh) demandaré de mano de todas las bestias. Salva tu ánima (nephesh). No le quites la vida (nephesh). El que hiriere animal restituirá otro en su lugar, esto es, alma por alma (nephesh  por nephesh)“.  En los libros de Reyes también se toma la palabra nephesh por sinónima de vida y alma. Nephesh es una palabra hebrea que aparece en la Biblia hebrea. La palabra se refiere a los aspectos de la sensibilidad , y los seres humanos y otros animales son descritos como teniendo nephesh. Las plantas, como ejemplo de organismos vivos, no se mencionan en la Biblia como teniendo nephesh. El término nephesh es literalmente alma, aunque comúnmente se traduce como vida en las traducciones al inglés. Un punto de vista es que nephesh se relaciona con el ser consciente sin la idea de vida y que una creación consciente de Dios es una nephesh. En el Génesis se dice que a Adán no se le dio una nephesh sino que “se convirtió en un nephesh vivo“. En Job podemos leer que nephesh, cuando se coloca con otra palabra puede detallar aspectos relacionados con el concepto de espíritu, describe una parte de la humanidad que es inmaterial, como la mente, las emociones, la voluntad, el intelecto, la personalidad y la conciencia. Poco podemos aprender leyendo el Antiguo Testamento con respecto a la inmortalidad del alma, a menos que se lea cabalísticamente a fin de desentrañar su oculto significado. Los hebreos no iniciados no tenían idea de la distinción entre alma y espíritu, pues confundían los conceptos de vida, sangre y alma, llamando a esta última soplo de vida. Los traductores de la Biblia han tergiversado de tal modo los conceptos, que únicamente los cabalistas pueden conocer el significado original.

 

En los libros herméticos, en la filosofía de Platón y en las doctrinas hinduista y budista podemos encontrar una doctrina sobre la naturaleza trina del hombre. Sin embargo, es una de las enseñanzas más importantes y menos comprendidas de la ciencia hermética. Los Misterios de Isis egipcios, de los que tan sólo se conoce lo poco que de ellos nos dicen las Metamorfosis de Apuleyo, el escritor romano más importante del siglo II, ejercitaban a los iniciados en una serie de virtudes y les transmitían conocimientos que buscan sin encontrarlos los modernos investigadores en los libros cabalísticos. Asimismo, las enigmáticas enseñanzas de la Iglesia romana, inspirada por los jesuitas, fueron incapaces de descubrir. Los Misterios de Isis son unos ritos de iniciación religiosa que se hacían en el mundo grecorromano como un culto a la diosa egipcia Isis. Están basados en otros ritos misteriosos, particularmente en los misterios eleusinos en honor a la diosa griega Deméter y que se efectuaron entre el siglo III a.C. y el siglo II d.C. A pesar de sus orígenes helénicos, los misterios se remontan a la antigua religión egipcia, en donde se adoraba a la diosa Isis. Al seguir estos misterios, los iniciados demostraban su devoción a Isis, aunque no necesariamente dedicaban los ritos solo a esta diosa. Los ritos eran vistos como un símbolo de la muerte y la resurrección, lo que en esa época se creía que garantizaba, con la ayuda de la diosa, el paso del alma del iniciado a una segunda vida. Muchos textos del Imperio Romano hacen referencia a estos misterios y ritos, pero la única fuente que los describe es la Metamorfosis, escrita en el siglo II por Apuleyo. En esta, el iniciado pasa por un elaborado proceso de purificación antes de poder descender a la parte más profunda del templo de Isis, en donde lleva a cabo una intensa experiencia religiosa en la que pueden ver directamente a los dioses.

 

Algunos aspectos de los Misterios de Isis y otros cultos, particularmente su conexión con la vida más allá de la muerte, tienen semejanzas con el Cristianismo. Pero no hay pruebas claras de que los misterios influenciaran los ritos cristianos. Mediante la descripción de Apuleyo los Misterios de Isis han influenciado muchas obras de ficción actuales y fraternidades de organizaciones actuales, extendiendo la creencia de que los egipcios antiguos tenían un misterioso sistema de ritos de iniciación. Resulta, por lo tanto, difícil para las antiguas confraternidades secretas de iniciados comparar sus doctrinas con las de los jesuitas, por sinceros que fuesen en los primeros tiempos de la Compañía de Jesús. Uno de los más poderosos obstáculos para la iniciación, tanto entre los egipcios como entre los griegos, era el de haber derramado sangre humana. Sabido es que el emperador Nerón jamás se atrevió a solicitar la entrada en los Misterios a causa de haber dado muerte a su madre Agripina. En las ciudades importantes de Egipto el cementerio estaba separado de la población por un lago sagrado, en cuya margen se reunían los cuarenta y dos jueces encargados de juzgar al alma del difunto, de manera similar a cómo el Libro de los Muertos representa el juicio del alma en el mundo espiritual. Si los jueces se pronunciaban unánimemente en favor del alma, el barquero conducía el cadáver a través del  lago hasta el lugar del enterramiento, y terminada la fúnebre ceremonia regresaban los sacerdotes al sagrado recinto, donde Al-om-jah instruía a los neófitos acerca del drama que en aquellos momentos se desenvolvía en el mundo invisible, co lo que se fortalecía su creencia en la inmortalidad del alma. En los misterios egipcios se dice que Al-om-jah fue el nombre que se le dio al aspirante en el más alto grado como correspondiente al nombre secreto del Ser Supremo. En sus partes componentes podemos reconocer el El de los hebreos, el Aum o nombre trilateral de los misterios indios, y el Jah de los sirios. El Crata Nepoa, un ritual dé los Misterios egipcios, describe los siete grados de la iniciación: “El neófito pasaba en la escuela de Tebas por las doce pruebas preliminares, se le intimaba a dominar sus pasiones y no apartar ni un momento de Dios su pensamiento. Después había de subir varias escaleras y vagar a obscuras por una  cripta de muchas puertas, pero todas ellas cerradas, para simbolizar en esta ceremonia la peregrinación del alma no purificada. Si triunfaba de las terribles pruebas preliminares recibía los tres primeros grados de  iniciación, que se llamaban Pastophoris, Neocoris y Melanephoris. Después se le conducía a una vasta cripta llena de momias colocadas con mucho aparato, y se le dejaba  frente a un ataúd con el mutilado cuerpo de Osiris. Esta cripta se llamaba ‘Puerta de la Muerte’

 

El Libro de Job y los Evangelios de San Mateo aluden a esta ‘Puerta de la Muerte’, aunque equiparándolas con las puertas del infierno. Vencida esta prueba, se llevaba al neófito a la “Cámara de los Espíritus” para que éstos le juzgasen. Entresacado del libro Ritual de Iniciaciones, escrito en 1657 por el escritor italiano Humberto Malhandrini, podemos leer: “Entre las enseñanzas morales  en las que se instruía al neófito, figuraban la abstención de todo género de venganza, el auxilio del necesitado, aun con riesgo de la propia vida, honrar a los padres, enterrar a los muertos, respetar a los ancianos, proteger a los débiles y pensar de continuo en la muerte seguida de la resurrección en un nuevo e imperecedero cuerpo“. La castidad era una virtud prescrita rigurosamente en las iniciaciones, mientras que el adulterio estaba penado con la muerte. Al recibir el cuarto grado (Kristophores) se le comunicaba al candidato el misterioso nombre de IAO y en el quinto (Balahala) se le comunicaban los secretos de la alquimia en nombre de Horus. Este nombre, IAO, es dentro del gnosticismo el nombre de una divinidad principal, un código a veces combinado con el conocido Abraxas. La palabra Abraxas era un término que se grababa en ciertas piedras antiguas, llamadas Piedras Abraxas, y que las sectas gnósticas solían usar como talismán. Se creía que Abraxas era el nombre de un dios que representaba el Bien y el Mal, un dios y deidad adorada representante del fuego. El famoso influyente ocultista, místico, alquimista, escritor, poeta, pintor y mago ceremonial inglés Aleister Crowley dice: “El significado de la palabra [IAO] es la Obra que opera en la Naturaleza en su Transformación; esto es, la fórmula mágica a través de la cual todas las cosas se reproducen y se recrean”. El fuego que renueva la naturaleza, tanto la vibración creativa brahmánica como la tempestad destructiva de Shiva, quien tiene tantas similitudes también con Dionisio, y de quien Crowley dice que “dispuso las fundaciones de la Ciencia. Esto es, de causar que la naturaleza externa se transforme en armonía con nuestra Voluntad“. En el sexto grado se enseñaba la danza cíclica sacerdotal, que era un verdadero curso de astronomía, pues simbolizaba el movimiento de los planetas. En el séptimo grado se le iniciaba en el misterio final, después de pasar por la última prueba en el edificio Astronomus, y entonces recibía la cruz (tau) que al morir le colocaban sobre el pecho. Entonces ya era un hierofante, o sumo sacerdote del culto de Eleusis en el Ática así como en otros cultos mistéricos.

 

Evidentemente la Iglesia romana tuvo también sus ritos misteriosos. Veamos lo que dice Giovanni Battista Niccolini (1782 – 1861), poeta y dramaturgo italiano del movimiento de unificación italiano, en su libro Historia de los jesuitas con respecto a los modernos misterios del claustro: “En la mayor parte de monasterios y más particularmente en los de capuchinos y reformados, comienza por Navidad una serie de fiestas que no terminan hasta Carnaval, y en  ellas se entregan los monjes a toda clase de juegos y diversiones, celebran suntuosos banquetes y acuden al refectorio gran número de vecinos si está el convento enclavado en una población de segundo orden. Por Carnaval son todavía más espléndidos los festines, en cuyas mesas parece que la abundancia hubiese derramado cumplidamente su cuerno, a pesar de que ambas órdenes son mendicantes. Al sombrío silencio del claustro sucede entonces el bullicioso jolgorio del festín, y en las tétricas bóvedas resuenan cantos muy distintos de la salmodia. Termina la fiesta con un animado baile, en que para demostrar sin duda cómo el voto de castidad ha desarraigado en ellos todo apetito carnal, se presentan vestidos de mujer los monjes más jóvenes y los demás en traje de caballero seglar. No podría por menos de repugnar al lector la escandalosa escena  que a todo esto se sigue. Baste decir que con frecuencia he sido espectador de semejantes saturnales“. En los entornos esotéricos se dice que el ciclo está en descenso y, a medida que desciende, la naturaleza física y pasional del hombre cobra mayores bríos a costa del Yo superior. En el Libro de los Muertos egipcio leemos un párrafo que se supone dirigido por el difunto en representación de Horus, enumerando todo cuanto ha hecho por su padre Osiris. Entre otras cosas, dice el dios: “Yo te di el espíritu. Yo te di el alma. Yo te di el cuerpo (la fuerza)“. En  otro pasaje, la entidad a la que el difunto llama “Padre” representa el espíritu humano, pues el versículo dice: “Yo llevé a mi alma a que hablase con su Padre, con su Espíritu“. Los egipcios creían que su ritual era de inspiración divina, lo mismo que para los hinduistas lo son los Vedas o el Antiguo Testamento para los judíos y cristianos. Según Bunsen y Karl Richard Lepsius (1810 – 1884), lingüista, bibliotecario y egiptólogo alemán, la palabra hermético equivale a inspirado, debido a que el dios egipcio Thot revela a sus elegidos los arcanos de las cosas divinas, de modo que en los libros herméticos hay pasajes enteros que los egipcios suponían “escritos por el mismo dedo de Thot”.

Lepsius nos dice: “En un período posterior es todavía más distinguible el carácter  hermético, de estos libros, pues en la inscripción grabada sobre un  ataúd correspondiente a la vigésimo sexta dinastía, anuncia Horus al difunto que  el mismo Thot le ha traído los libros de su palabra divina o Escrituras herméticas“. Además, se sabe que Moisés o bien era un sacerdote egipcio o estaba iniciado en la doctrina esotérica. Por ello no es extraño que dijese: “Y el Señor me dio dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios. Y dio el Señor a Moisés las dos tablas del testimonio, que eran de piedra, escritas con el dedo de Dios“. La filosofía religiosa de los egipcios consideraba que el hombre tenía tres principios fundamentales: cuerpo, alma y espíritu. Pero además consideraba que estaba formado de seis elementos componentes, tales como: kha, cuerpo físico; khaba, cuerpo astral; ka, principio de vida o alma animal; akh ,mente concreta; ba, alma superior; sah, principio cuyas funciones no comenzaban hasta después de la muerte física. Se consideraba que durante el período de purificación el alma visitaba con frecuencia el cadáver momificado de su cuerpo físico, hasta que ya purificada del todo se absorbía en el Alma del mundo, convirtiéndose en un dios menor subordinado al dios mayor Ptah, “Señor de la magia“, que además era considerado el Demiurgo egipcio o Creador del mundo material, equivalente al Elohim bíblico. El ritual egipcio llamaba al alma germen de luces y también la llamaba demiurgo. Según el ritual egipcio, el alma purificada y unida al superior e increado espíritu, queda más o menos expuesta a la tenebrosa influencia del dragón Apofis, que en la mitología egipcia representaba a las fuerzas maléficas que habitan el Duat y las tinieblas. Apofis era la encarnación del caos así como de la insurrección armada. Es representada como una serpiente gigantesca, indestructible y poderosa, cuya función consistía en interrumpir el recorrido nocturno de la barca solar pilotada por Ra y defendida por Seth, para evitar que consiguiera alcanzar el nuevo día. Para ello empleaba varios métodos, desde atacar la barca directamente o culebreando para provocar bancos de arena donde el navío encallara. Todo ello tenía sólo una finalidad: romper la Maat, el «orden cósmico».

 

Apofis representa el mal, con el que había que luchar para contenerlo. Sin embargo, nunca sería aniquilada, sino sólo dañada o sometida, ya que de otro modo el ciclo solar no podría llevarse a cabo diariamente y el mundo perecería. Para los antiguos egipcios era necesario que existiese el concepto del mal para que el bien fuera posible. Los egipcios creían que, cuando el cielo se teñía de rojo, era a causa de las heridas provocadas a Apofis. También, interpretaron que los eclipses eran obra suya, en la lucha en la Duat. En Egipto todas las serpientes eran sagradas y representaban la reencarnación de Apofis, excepto la cobra, que representaba al Sol. En Egipto la cobra (uraeus) era un símbolo de resurrección, siendo el animal protector de los faraones, y en la ciudad de Buto eran veneradas por su carácter benéfico. Durante el ritual se decía: “Si alcanzó el conocimiento final de los misterios celestiales e infernales, es decir, la gnosis consiguiente a su perfecta identidad con el espíritu, triunfará de sus enemigos; de lo contrario, ha de quedar sujeta a la segunda muerte“. De la misma manera que este ritual egipcio, el evangelista San Juan nos dice alegóricamente en el Apocalipsis: “Y el diablo que los engañaba fue metido en el estanque de fuego y azufre. Y el infierno y la muerte fueron arrojados en el estanque del fuego. Esta es la muerte segunda“. Helena Blavatsky nos dice que esta segunda muerte representaría la desintegración paulatina del cuerpo astral, cuya materia se restituiría a su  originario elemento. Pero se dice que puede eludirse tan terrible experiencia mediante el conocimiento del  Nombre misterioso, llamado la Palabra por los cabalistas. Entonces, ¿se supone que el no conocimiento de la Palabra implica un castigo? Se afirma que el hombre de vida pura y virtuosa no ha de temer castigo alguno, pues tan sólo quedaría sujeto a una  detención en el mundo astral, hasta que estuviese bastante purificado para recibir la Palabra de su Señor espiritual. Pero si durante la vida prevaleciese la naturaleza animal, el alma quedaría más o menos inconsciente del espíritu, según el grado de sensibilidad cerebral y nerviosa, hasta que más o menos tarde acabase por olvidarse de su divina misión en la tierra. Porque si al igual que el vampiro de la leyenda, el cerebro se nutre a expensas del espíritu, la ya casi inconsciente alma quedaría embriagada con los vapores de la vida terrenal, perdiendo toda esperanza de redención y sería incapaz de vislumbrar el brillo del espíritu y de oír las admoniciones de su “ángel custodio” y de su “dios”.

 

Algunos libros hablan del encargo y ministerio que tienen estos ángeles para la guarda de los seres humanos, tal como se lee en los libros del Génesis, Tobías, Salterio, Mateo, Hechos de los Apóstoles y la Carta a los Hebreos. Los Ángeles custodios fueron descritos en el siglo IV o V por el teólogo y místico bizantino Pseudo Dionisio Areopagita en su obra Las jerarquías celestes, donde explicó el orden angélico en el primer tratado de angelología. Los católicos argumentan que las Sagradas Escrituras sustentarían en algunas ocasiones la creencia del ángel de la guarda, como podemos leer en Éxodo: «Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado». Helena Blavatsky nos dice que cuando el alma convierte sus anhelos hacia la mayor plenitud de la vida terrestre, únicamente puede descubrir los misterios de la naturaleza física. Todas sus penas y alegrías, esperanzas y temores se contraen a las vicisitudes de la vida mundana y rechaza cuanto no puede percibir por sus órganos sensoriales. Poco a poco va muriendo el alma hasta su completa aniquilación, lo cual ocurre a veces muchos años antes de morir el cuerpo físico, en cuyo principio vital ha quedado ya absorbida el alma cuando llega la hora de la muerte. El único residuo de la entidad humana es un tipo de cadáver astral, que impotente para elevarse a más altas regiones, se disuelve en los elementos de la atmósfera terrestre. Los videntes y los justos, cuantos lograron el supremo conocimiento del verdadero hombre, recibieron enseñanzas divinas en sueños o por otros medios de comunicación. Auxiliados por los espíritus puros que moran en las regiones de eterna bienaventuranza, los videntes predijeron el porvenir y previnieron a la humanidad contra futuras contingencias. En el  ciclo que atravesamos son frecuentes los casos de muerte de almas, por lo que podemos tropezar con gentes desalmadas. No es, por lo tanto, extraño que importantes filósofos alemanes, como Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling, hayan fracasado en su tentativa de planear un sistema metafísico abstracto, cuando niegan toda evidencia de los fenómenos espiritistas que ocurren frecuentemente. Si los materialistas niegan lo concreto, aún menos aceptaran lo abstracto.

 

Bunsen opina que la Palabra de los cabalistas es idéntica al Nombre inefable de los iniciados y masones, según se infiere del siguiente pasaje en que Bunsen comenta el ritual  egipcio y dice: “El misterio de los nombres, cuyo conocimiento era soberana virtud, pero que posteriormente degeneró en la grosera herejía de los gnósticos y en la magia de los encantadores, parece haber existido no solamente en Egipto, sino en todas partes, pues le encuentran vestigios de este misterio en la Cábala y en las mitologías hinduista y griega”. Aunque a Bunsen algunos pormenores del ritual egipcio le parecen más bien encantamientos mágicos que ritos solemnes, no puede por menos de confesar que tenían un místico significado oculto. Vemos, por lo tanto, que se reconoce que los iniciados de todos los países tenían un mismo Nombre misterioso, Los adeptos, hierofantes, magos, incluyendo a Moisés y Aarón, así como los cabalistas, desde la institución de los Misterios hasta hoy día, han creído en la eficacia de este Nombre. Al comentar el ritual egipcio, dice Jean-François Champollion que en uno de los capítulos de la Cábala se leen misteriosos diálogos entre el alma y diversas potestades. Según el teólogo cristiano Pseudo Dionisio, las potestades son entidades angélicas que forman parte, junto a las Dominaciones y las Virtudes, de la segunda jerarquía angélica. Las potestades permanecen en nuestro plano finito de realidad, y se encargan de mantener el equilibrio cósmico y las leyes físicas. Uno de estos diálogos da prueba de la eficacia de la Palabra, ya que el alma que  solicita la entrada le es negada si no pronuncia los nombres misteriosos. Ningún estudiante de esoterismo dejará de reconocer la similitud de estos nombres del ritual egipcio con los de los Vedas, la Cábala y los últimos textos hinduistas. Podemos encontrar en distintas épocas a magos, cabalistas, místicos, neoplatónicos, teurgos, entre ellos los alejandrinos, que de tal modo aventajaban a los cristianos en el dominio de las ciencias ocultas, samanos, brahmanes, budistas y lamas conocieron la potencia subyacente en estos varios nombres, cuya virtud dimana de la única e inefable Palabra. En el pueblo ruso la creencia de que esta Palabra obra milagros y late en el fondo de todo fenómeno mágico. Los cabalistas relacionan misteriosamente la virtud de la fe con esta Palabra, y lo mismo hicieron los apóstoles, apoyados en las siguientes palabras de Jesús que leemos en Mateo: “Porque en verdad os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: ‘Pásate de aquí allá’, y se pasará; y nada os será imposible“. A lo que añade San Pablo: “Cerca está la palabra en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos. Sin embargo, aparte de los iniciados, ¿quién puede envanecerse de conocer su verdadero significado?”.

 

Tal como ya hemos indicado, un símbolo importante es el Nombre Inefable. El tetragrámaton o palabra inefable, o nombre incomunicable, considerado como se debe, no es más que un símbolo, si bien hay que confesar que es el que más ha influido en los ritos de la antigüedad, si se exceptúan quizá los relacionados con el culto solar. No se conoce ningún rito antiguo de iniciación en que no ocupara un lugar importante. Sin embargo, como fue el primer símbolo que la francmasonería adoptó del paganismo, lo separó del primitivo sistema patriarcal y sacerdotal. Los judíos veneraban profundamente el Nombre de Dios, que nosotros identificamos y pronunciamos como Jehová, ya que desconocemos cuál es su verdadera pronunciación. Este nombre fue el que comunicó el Dios de Israel a Moisés, para que fuera empleado por su pueblo elegido diciéndole junto a la zarza ardiente: “Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre (Jehová) para siempre, y éste es mi memorial para todos los siglos“. Más adelante declara todavía con mayor énfasis que ese es su nombre verdadero diciendo: “Yo soy Jehová, y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob, bajo el nombre de El Shaddai (Dios Omnipotente); más en mi nombre Jehová no me notifiqué a ellos“. El Saddai, “Dios Omnipotente“, era el nombre con que hasta entonces le conocieron los patriarcas. Su significado es análogo al de Elohim, el creador del mundo según el primer capítulo del Génesis. Pero el nombre de Jehová no se reveló al pueblo hasta la época de Moisés. El nombre de Dios, anunciado con toda solemnidad y consagrado religiosamente en esas escenas y acontecimientos, llegó a ser adorado por los israelitas con profunda veneración y con verdadero temor. Y para añadir mayor misticismo a la cosa, los cabalistas leían el siguiente pasaje cambiándole una sola letra: “Este es mi nombre para siempre“, o “Este es mi nombre que debe ocultarse en secreto“. Esta interpretación pronto se convirtió en precepto, siendo obedecida estrictamente hasta en nuestros días.

 

Continuará …………………………..

 

Fuentes:

  • H.P. Blavatsky – La Doctrina Secreta
  • H.P. Blavatsky – Isis si velo
  • Anónimo – El Zohar: el libro del esplendor
  • Ignacio Méndez-Trelles Díaz – Textos fundamentales de la Masonería
  • Pere Sánchez Ferré – La masonería. Símbolos, doctrina e historia
  • César Vidal – Los masones. La historia de la sociedad secreta más influyente de la historia
  • Miguel Martín-Albo – La Masonería: una hermandad de carácter secreto
  • Antonio Ruiz Alba – Rosacruz, Luces Y Sombras (Filosofía Oculta)
  • Rudolf Steiner – La Teosofía Rosacruz
  • Max Heindel – Concepto Rosacruz del Cosmos
  • Marcos Represas – La sabiduría oculta revelada: Kabalistas, Templarios, Rosacruces, Masones e Illuminati, todos sus secretos
  • Frances A. Yates y Roberto Gómez Ciriza – El iluminismo rosacruz
  • Juli Peradejordi – La Cábala (Cábala y Judaísmo)
  • Michael Laitman y Instituto Bnei Baruj – Cábala para principiantes: Una introducción a la sabiduría oculta
  • Jose Antonio Portela – La Cábala y el Árbol de la Vida
  • Joaquín Pérez Pariente – La Alquimia
  • Raimon Arola – Alquimia y religión: Los símbolos herméticos del siglo XVII (El Árbol del Paraíso)

julio 26, 2018 - Posted by | Biblia, Egipto, Egipto, Grecia, Metafísica

5 comentarios »

  1. Gran trabajo, como siempre por aquí, brother.

    Comentario por Al'x | julio 26, 2018 | Responder

    • Gracias. Espero que cuando publique la segunda parte también te guste.

      Comentario por oldcivilizations | julio 26, 2018 | Responder

  2. Excelente analisis pero creo, segun mi opinion, el analisis confunde al situar en un mismo contexto a los egipcios, hinduistas, hebreos, griegos y hasta romanos. Me explico, tanto la fuentes hebreas, griegas y romanas (y por ende la civilizacion occidental), para un analisis mas certero (cercano quizas a la verdad), no se le deberian considerar en el contexto de las fuentes egipcias (antiguo), hinduistas y sumerias (por ejemplo) ya que es ya sabido que aquellos bebieron, copiaron y manipularon las fuentes de estos para su propio beneficio, en otras palabras las religiones monoteistas son un plagio y al hacer un analisis tal como se expone se tiende a confundir como si todas las fuentes expuestas son contemporaneas

    Comentario por Humberto Rafael Gonzalez Caimanque | julio 27, 2018 | Responder

    • Gracias por su interesante aportación. A medida que retrocedemos en el tiempo es más complicado tener todas las piezas del puzle, por lo que podemos incurrir en inexactitudes. De todos modos mi objetivo es que los lectores lean y mediten sobre los hechos que expongo y que aporten sus opiniones o correcciones.

      Comentario por oldcivilizations | julio 27, 2018 | Responder

  3. […] ¿Cómo interrelacionan las distintas corrientes esotéricas 1/2? […]

    Pingback por ¿Cómo interrelacionan las distintas corrientes esotéricas 1/2? - Maestroviejo | julio 28, 2018 | Responder


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: