Oldcivilizations's Blog

Antiguas civilizaciones y enigmas

La rápida evolución de la biotecnología, ¿nos acerca al Mundo Feliz de Aldous Huxley?


Sabemos que los progresos en biomedicina salvan miles de vidas y, por lo tanto, contribuyen al bienestar general, mientras que los descubrimientos en física cuántica y en computación determinan los canales de comunicación que estamos utilizando actualmente. Nada hace pensar que el futuro próximo tenga que ser muy diferente. Pero las nuevas técnicas de edición genética, que podrían permitir modificar el ADN de embriones humanos, así como el desarrollo de la inteligencia artificial y la nanotecnología en máquinas, que cada vez llevan a cabo tareas más complejas, abren un abanico de posibilidades impensables hace pocos años. Estos y otros adelantos científicos continuarán modelando nuestro futuro con un impacto creciente, hecho que requiere una inteligente y cauta gestión de estas posibilidades. Creo que la combinación de la biotecnología, la nano tecnología y la Inteligencia Artificial, entre otras tecnologías, es el gran reto tecnológico del siglo XXI. Para decidir cómo se utiliza la edición genética o si se ponen límites a la inteligencia artificial y a la nanotecnología, hace falta una sociedad muy informada y con una ética científica sólida. Pero, ¿qué es la biotecnología? La Biotecnología se define como un área multidisciplinaria, que emplea la biología, química y procesos varios, con gran uso en agricultura, farmacia, ciencia de los alimentos, ciencias forestales y medicina. Probablemente el primero que usó este término fue el ingeniero agrícola húngaro Karl Ereky, en 1919. La biotecnología se refiere a toda aplicación tecnológica que utilice sistemas biológicos y organismos vivos, o sus derivados, para la creación o modificación de productos o procesos en usos específicos. La biotecnología, comprende investigación de base y aplicada que integra distintos enfoques derivados de la tecnología y aplicación de las ciencias biológicas. La ingeniería genética puede definirse como “La manipulación deliberada de la información genética, con miras al análisis genético, o al mejoramiento de una especie”. La generación del ADNr, o ADN recombinante, puede tener diferentes fines, siendo el más común determinar la función que tendría un gen en un organismo. Por ejemplo, si asumimos que tenemos un fragmento de ADN y creemos que es responsable de la producción del color rojo en flores, podemos insertar ese fragmento en una planta que produce flores blancas. Si al dejarla crecer esta planta genera flores rojas, entonces sabremos que ese gen es el responsable de conferir el color rojo. Las únicas referencias públicas de las reuniones del Club Bilderberg son algunos comunicados de prensa que reseñan muy brevemente los temas generales. Pero curiosamente los más frecuentes en los últimos años son la energía nuclear y la biotecnología.

Hay algunos investigadores que creen que la humanidad fue creada por algún tipo de manipulación genética extraterrestre. Hoy en día, con los avances en genética y los conocimientos sobre el código ADN, hemos visto que ello es posible. Esta sería la esencia de las historias sobre la creación, tal como se relatan en las antiguas tablillas sumerias y en los posteriores escritos hebreos. Esta es la tesis que mantiene Zecharia Sitchin (1920 – 2010), autor de una serie de libros que promueven la teoría de los antiguos astronautas y el supuesto origen extraterrestre de la humanidad. Sitchin utiliza los registros sumerios para argumentar que el moderno Homo-Sapiens fue creado por seres provenientes del espacio exterior llamados nefilim o anunnaki. Sitchin cree que los anunnaki crearon a los humanos mediante la manipulación genética de, probablemente, el Homo-Erectus. Los nefilim (en idioma hebreo “los caídos“) son seres que se mencionan varias veces en la Biblia. Según el Génesis serían los descendientes de los «hijos de Dios», ángeles rebeldes, y las «hijas de los hombres» (raza humana), que vivían antes del diluvio. Los textos sumerios antiguos se refieren a los anunnaki como “los que descendieron del cielo”, una raza de seres extremadamente poderosos y avanzados que habrían modificado genéticamente a la humanidad muchos miles de años atrás. Sitchin reinterpretó las traducciones en lenguas modernas de los textos escritos en miles de tablillas de arcilla que se encuentran en distintos museos del mundo y en las que se encuentra escrita la historia, según los Sumerios, que fueron la primera civilización conocida de la historia posterior al Diluvio Universal. Según la reinterpretación que hizo Sitchin de tales traducciones, habría que hablar de una nueva versión de la creación humana, según la cual seres extraterrestres serían los responsables de la evolución de la especie humana con la manipulación del ADN mediante la ingeniería genética. Según la interpretación de Sitchin, los  “cabeza negra” de Sumeria fueron creados por esos seres, al mezclar genéticamente el ADN del hombre/mujer homínido y de algún anunnaki. El proceso consistía en «fijar» sobre la criatura ya existente la composición genética de los anunnaki; es decir, implementar mejoras en el hombre/mujer homínido mediante manipulación genética, adelantándose así al proceso evolutivo, dando vida al Homo Sapiens. El término cabezas negras es el que utilizaban los sumerios para referirse a ellos mismos. Se veían a sí mismos como esclavos al servicio de los “dioses“, que los habrían creado para que trabajaran para ellos.

 

Situémonos ahora en el año 632 después de Ford, en Londres, en el Centro de Incubación y Condicionamiento. Así arranca la novela Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley, ubicándonos de lleno en el corazón del nuevo Estado Mundial, con su central reproductora, cuya divisa es “Comunidad, Identidad, Estabilidad“. El director del centro, el DIC, junto con Mr. Foster, explica a los estudiantes y futuros trabajadores el funcionamiento de la central. Allí se producen los seres humanos; niños fabricados y embriones manipulados y alterados para dar lugar a las cinco castas existentes en el nuevo mundo, además de a las distintas profesiones. No es el mismo entrenamiento el que necesitan los trabajadores del trópico que un mecánico espacial. Allí, desde antes de nacer, se les manipulará y enseñará a amar aquello que están destinados a hacer, condicionándolos para que, de este modo, no puedan ser felices si no se dedican a ello. Los humanos Delta, Gamma y Epsilon se producen a partir del método Bokanovsky, que permite fabricar decenas de mellizos en apenas unos meses. Estas son las clases más bajas, que no necesitan un especial sentimiento de individualidad. Poco a poco se nos introduce en la sociedad fordista, donde mediante la hipnopedia, que es un tipo de enseñanza durante el sueño, y el condicionamiento neopavloviano, en honor del  fisiólogo y psicólogo ruso Iván P. Paulov. Las observaciones originales de Pávlov eran simples. Si se ponen alimentos o ciertos ácidos diluidos en el hocico de un perro hambriento, éste empieza a segregar un flujo de saliva procedente de determinadas glándulas. Este es el reflejo de salivación, pero eso no es todo. Pávlov observó que el animal también salivaba cuando la comida todavía no había llegado al hocico: la comida simplemente vista u olida provocaba una respuesta semejante. Además, el perro salivaba ante la mera presencia de la persona que por lo general le acercaba la comida o cualquier otro estímulo que sistemáticamente la anunciara. Esto llevó a Pávlov a desarrollar un método experimental para estudiar la adquisición de nuevas conexiones de estímulo-respuesta.  Con estas técnicas Huxley nos cuenta que se van formando los intereses y las fobias de sus habitantes con el fin último de asegurar la estabilidad social y, por supuesto, que ésta lleve al consumo.  En fin, una mezcla de aplicación de la biotecnología, control mental y realidad virtual.

 

Las familias tal y como se conocían antes de Ford ya no existen, y conceptos como “madre”, “hogar” o “monogamia” se consideran obscenidades. Se fomentan los juegos eróticos desde que son pequeños. La promiscuidad es socialmente deseable, y salir durante varios meses con una misma persona está mal visto. No hay Dios, sino Ford. No hay cristianismo, sino que hay soma, una droga de diseño sin efectos secundarios capaz de curar sentimientos de tristeza y a la que recurren los humanos cada vez que desean unas vacaciones o cuando experimentan emociones negativas, lo que les permite evadirse de la realidad. Las actividades de ocio implican una tecnología muy sofisticada, como el Sensorama, la televisión del futuro, que permite no sólo ver sino sentir. John, el Salvaje, es el personaje más humano del libro. Se refugia en la literatura y en la religión para aislarse del exterior. Choca con la cultura civilizada, reclamando el derecho a sufrir, para tener la felicidad como recompensa. Aldous Leonard Huxley (1894 – 1963)  fue un escritor británico que emigró a los Estados Unidos. Pertenecía a una reconocida familia de intelectuales, y es conocido por sus novelas y ensayos, aunque también publicó relatos cortos, poesías y libros de viaje. A través de sus novelas y ensayos ejerció como crítico de las convenciones, normas e ideales sociales. Asimismo se interesó por los temas místicos, así como por la parapsicología, acerca de cuyos temas escribió varios libros. Se le considera uno de los más importantes representantes del pensamiento moderno. Aldous Huxley, autor de Un Mundo Feliz, publicado en 1932, habla sobre las amenazas a la libertad, de la sobrepoblación, de la burocracia, las propagandas, las dictaduras informáticas, las drogas, la publicidad y la televisión. Parece que Aldous Huxley estaba muy relacionado con la agenda del Nuevo Orden Mundial, un plan de gobierno mundial basado en la eugenesia y el transhumanismo, así como para la deshumanización y la eliminación de los sentimientos mediante la tecnología. Un Mundo Feliz es extremadamente preciso al tratar sobre el sistema de control mundial que se está imponiendo. El que tuviese tal información no es extraño ya que era miembro de la Sociedad Fabiana, que estaba muy relacionada con la red Illuminati, en donde conoció el plan a largo plazo de la élite mundial, que no es otro que el Nuevo Orden Mundial. Un Mundo Feliz no fue fruto de su imaginación, sino de su conocimiento sobre lo que iba a suceder en un próximo futuro.

 

Aaron Traywick (1989 – 2018) fue un activista estadounidense de lo que podríamos llamar extensión de la vida, que se generó en las comunidades de transhumanismo y biohacking. Buscó desarrollar terapias génicas para hacer tratamientos baratos y disponibles para enfermedades incurables como el SIDA y el virus del herpes simple. Su falta de formación médica y sus métodos poco convencionales, como la de transmitir en directo mientras estaba inyectándose una “terapia genética experimental no probada“, generó una crítica generalizada. Aaron Traywick saltó a las portadas del mundo de la ciencia por una atrevida jugada. El biohacker y CEO de la compañía de biotecnología Ascendance Biomedical se inyectó una terapia genética experimental y nunca probada en humanos. Al cabo de cierto tiempo Traywick apareció muerto. La policía comunicó el fallecimiento del biohacker, que fue hallado en el interior de un tanque de privación sensorial en un spa de Washington. Este biohacker acababa de inyectarse un tratamiento casero contra el VIH a través de Facebook Live. La policía metropolitana explicó que de momento no hay indicios de que la muerte del biohacker haya sido provocada. La idea que surge inmediatamente es que Traywick pudo fallecer debido a alguna complicación derivada del tratamiento que él mismo se inyectó. De momento no hay ningún dato que avale esta hipótesis. Aaron Traywick logró llamar la atención de medio mundo sobre el movimiento de biohacking. Durante una conferencia, el emprendedor se bajó los pantalones y se inyectó en la pierna una terapia génica desarrollada por su compañía, cuyo objetivo era curar para siempre el herpes. El tratamiento no había pasado por el circuito habitual de ensayos clínicos a que obliga la ley. Al elegir voluntariamente convertirse en conejillo de indias de su nueva terapia, Traywick no solo lograba dar un golpe de efecto sino que también evitaba enfrentarse a una posible sanción. Desde Ascendance Biomedical explican que Traywick se había distanciado de la compañía en los últimos meses debido a diferencias con la dirección y que no sabían nada de él desde hacía semanas. A pesar de estas diferencias, que tenían que ver sobre todo con los métodos del biohacker, la compañía ha recalcado su compromiso con los ideales de Traywick.

 

El transhumanismo es un movimiento cultural e intelectual internacional que tiene como objetivo final transformar la condición humana mediante el desarrollo de tecnología que ayude a mejorar las capacidades humanas, tanto a nivel físico como psicológico. Los pensadores transhumanistas estudian los posibles beneficios y perjuicios de las nuevas tecnologías tendentes a superar las limitaciones humanas, así como también la tecno ética adecuada a la hora de desarrollar y utilizar esas tecnologías. Estos pensadores sostienen que los seres humanos pueden llegar a ser capaces de transformarse en seres con extensas capacidades, merecedores de la etiqueta de post humanos. Influenciada por la ciencia ficción, la visión transhumanista de una futura y diferente humanidad ha atraído a muchos partidarios y detractores. El transhumanismo ha sido descrito por Francis Fukuyama, un influyente politólogo estadounidense de origen japonés, como «la idea más peligrosa del mundo», mientras que Ronald Bailey, editor de ciencias de la revista Reason, considera que es un «movimiento que personifica las más audaces, valientes, imaginativas e idealistas aspiraciones de la humanidad». Algunos autores consideran que la humanidad ya es transhumana, porque los progresos médicos en los últimos tiempos habría alterado de manera significativa, en su opinión, nuestra especie. Según Nick Bostrom, filósofo sueco de la Universidad de Oxford, los impulsos transcendentales del transhumanismo se han expresado desde la misma búsqueda de la inmortalidad relatada en La Epopeya de Gilgamesh, así como también en la búsqueda legendaria de la fuente de la eterna juventud, el elixir de la vida, y otros esfuerzos para tratar de vencer al envejecimiento y la muerte. El biólogo Julian Huxley es generalmente considerado como el fundador del transhumanismo, término acuñando en un artículo escrito en 1957: ”    Hasta ahora la vida humana ha sido, en general, como Hobbes la describió, ‘desagradable, brutal y corta’. La gran mayoría de los seres humanos (si no han muerto jóvenes) han sido afectados con la miseria. Podemos sostener justificadamente la creencia de que existen estas posibilidades y que las actuales limitaciones y frustraciones de nuestra existencia podrían ser en gran medida sobrellevadas. La especie humana puede, si lo desea, trascenderse a sí misma, y no sólo de forma esporádica e individual, sino en su totalidad, como Humanidad“.

En la década de 1960, el científico informático Marvin Minsky escribió sobre las relaciones entre el ser humano y la inteligencia artificial. En las décadas siguientes, este tema siguió generando pensadores influyentes, como Hans Moravec y Raymond Kurzweil, que oscilaban entre el ámbito técnico y las especulaciones futuristas transhumanistas. La consolidación de un claro movimiento transhumanista comenzó en las últimas décadas del siglo XX. En 1972, el académico estadounidense Robert Ettinger contribuyó al concepto de transhumanismo en su libro Man into Superman. En 1986, el ingeniero estadounidense Eric Drexler publicó Engines of Creation: The Coming Era of Nanotechnology, que discutía las posibilidades de la nanotecnología junto con los ensambladores moleculares,  para lo que fundó el Foresight Institute. Las oficinas de Alcor Life Extension Foundation, sede de la primera organización sin ánimo de lucro destinada a la investigación y el fomento de la criónica, pasaron a ser un centro de importancia para los futuristas. La criónica se ocupa de la preservación a bajas temperaturas (criopreservación) de seres humanos que la medicina contemporánea ya no puede mantener con vida, con el objetivo de tratarlos médicamente y reanimarlos en el futuro. En 1988, durante el auge de la cibercultura, cultura asociada al mundo de las redes informáticas y de la realidad virtual, el filósofo Max More fundó el Instituto Extropiano y posteriormente fue el responsable principal de una doctrina formal transhumanista, bajo la denominación de Principles of Extropy. En 1990 estableció los fundamentos del transhumanismo moderno dándole una nueva definición: “El transhumanismo es una clase de filosofías que buscan guiarnos hacia una condición post humana. El transhumanismo comparte muchos elementos del humanismo, incluyendo un respeto por la razón y la ciencia, un compromiso con el progreso, y una valoración de la existencia humana (o transhumana) en esta vida. […] El transhumanismo difiere del humanismo en reconocer y anticipar las alteraciones radicales en la naturaleza y las posibilidades de nuestras vidas resultado de varias ciencias y tecnologías […]“. Algunos teóricos, como el inventor estadounidense Raymond Kurzweil, piensan que el ritmo de la innovación tecnológica se está acelerando y que en los próximos 50 años se puede producir no solo radicales avances tecnológicos, sino posiblemente una singularidad tecnológica que puede cambiar la naturaleza de los seres humanos y, tal vez, la reaparición de animales mitológicos, como el legendario Minotauro.

 

Los transhumanistas que prevén este cambio tecnológico masivo sostienen que ello es deseable. Pero otros analistas plantean los posibles peligros de un cambio tecnológico extremadamente rápido, por lo que proponen acciones para asegurar que la tecnología se utilice de manera responsable. Por ejemplo, Bostrom ha escrito mucho sobre los riesgos para el futuro bienestar de la humanidad, incluyendo los riesgos creados por las tecnologías emergentes. Los transhumanistas apoyan la utilización de nuevas tecnologías y la convergencia de tecnologías como la nanotecnología, la biotecnología, la tecnología de la información y la ciencia cognitiva, así como futuras tecnologías, incluyendo la realidad simulada, la inteligencia artificial, la superinteligencia, la transferencia mental, la preservación química cerebral y la criónica. Los transhumanistas creen que los seres humanos pueden y deben utilizar estas tecnologías para convertirse en superhumanos. Por lo tanto, defienden la protección de la libertad de conocimiento, a fin de garantizar a los particulares la posibilidad del uso de tecnologías de mejoría humana en sí mismos y en sus hijos. Algunos especulan que las técnicas de mejoría humana y otras nuevas tecnologías pueden facilitar la evolución humana más radical a mediados del siglo XXI, si no antes. El libro de Raymond Kurzweil, La singularidad está cerca, y también el libro del físico teórico estadounidense Michio Kaku, La física del futuro, promueven diversas tecnologías de mejora humana y especulan sobre como estas tecnologías pueden impactar en la raza humana. El ambientalista estadounidense Bill McKibben, por ejemplo, cree que las tecnologías de perfeccionamiento humano estarían desproporcionadamente a disposición de los que tuviesen más recursos financieros, ampliando, por tanto, la brecha entre ricos y pobres y creando además una brecha genética. Lee Silver, biólogo y divulgador científico, que acuñó el término reprogenética y que ha apoyado su utilización, ha mostrado, no obstante, su preocupación de que tales métodos pudiesen crear una sociedad profundamente dividida entre los que tienen acceso a tales tecnologías y los que no, a menos que las reformas sociales no avancen en paralelo al avance tecnológico.

 

Los críticos que expresan tales preocupaciones no aceptan necesariamente la tesis transhumanista de que la modificación genética sea un valor positivo. Al parecer de algunos analistas debería ser controlada, o incluso prohibida, puesto que dotaría de aún más poder a aquellos que ya son poderosos. Tanto el sociólogo, economista, escritor, orador, asesor político y activista estadounidense Jeremy Rifkin como el biólogo Stuart Newman aceptan que la biotecnología tiene el poder de llevar a cambio profundas modificaciones en la identidad de los organismos vivos. Sin embargo, se oponen a la modificación genética de los seres humanos ante el temor de que se difumine la frontera entre el hombre y sus creaciones. El filósofo Keekok Leeve considera estos cambios como el producto de una acelerada modernización en la que la tecnología se ha usado para transformar lo natural en artefactual, o referido a un artefacto. En la revista Reason, Ronald Bailey ha acusado a estos críticos de la investigación en animales de caer en el alarmismo, especialmente cuando creen que tales experimentos llevarán a la creación de criaturas subhumanas con una inteligencia parecida a los del ser humano. Bailey insiste en que el único objetivo de dichas investigaciones es lograr avances médicos que ayuden a la Humanidad. Una respuesta diferente procede de los teóricos de la personalidad, un grupo de transhumanistas que objetan contra lo que consideran una antropomorfobia, o la atribución de características humanas a cualquier cosa, animada o inanimada, al estilo de lo que el escritor Isaac Asimov llamó el síndrome de Frankenstein. El síndrome de Frankenstein hace referencia al temor de que las misma fuerzas utilizadas por el ser humano para controlar la naturaleza se vuelvan contra nosotros, destruyendo a la humanidad.

 

El escritor y divulgador científico de origen ruso Isaac Asimov (1920 – 2002) acuñó la expresión “síndrome de Frankenstein” para describir el miedo de los hombres a que las máquinas se rebelen contra sus creadores, en clara alusión al legendario monstruo de la novela Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary W. Shelley. La novela de Mary Shelley, publicada en 1818, recoge esa inquietud. “Tú eres mi creador, pero yo soy tu señor” le dice el monstruo a Víctor Frankenstein al final de la obra. Se trata de la misma inquietud expresada décadas después por H. G. Wells en su novela La isla del Dr. Moreau, donde hace referencia a un científico que trataba de crear una raza híbrida de hombres y animales en una isla remota, ya que consideraba estar trabajando al servicio de la ciencia y la humanidad. Pero sus engendros acaban volviéndose contra él, destruyéndolo. Con la idea de contrarrestar este peligro, Asimov ideó las famosas Tres leyes de la robótica, una especie de código moral de conducta para los robots que les impidiera alzarse contra sus creadores. Aunque este argumento haya inspirado cientos de relatos y películas de ciencia ficción, no se trata de una idea nueva. A lo largo de toda la historia ha estado presente una cierta inquietud ante la autonomía de los artilugios fabricados por el ser humano, sobre todo si escapan a su comprensión. Innovaciones recientes, como los ordenadores personales o el boom de Internet, ya provocaron la desconfianza o el temor en miles de personas, hasta que comenzaron a entender su funcionamiento.. Según esta visión transhumanista , cualquier clon humano, animal modificado o inteligencia artificial que demostrase ser autoconsciente, sería considerado una persona merecedora de respeto, dignidad y derechos de ciudadanía. Consecuentemente argumentan que el problema no estaría en la creación de supuestos monstruos, sino en el hecho de que juzguemos y tratemos a tales seres como monstruosos.

Actualmente podemos constatar un movimiento llamado DIY (“Do It Yourself”, “Hazlo tú mismo”), desconocido por la mayoría de la gente, pero que cada vez acumula más fuerza, además de estar rodeado de gran polémica. Se trata de la biología de garaje, en referencia a los comienzos de la revolución informática que se efectuaba en garajes. Es un movimiento internacional de ciencia ciudadana que trata de crear una versión accesible y distribuida de la biología a través de soluciones tecnológicas de bajo coste que, en cierto modo, es ajena a los entornos convencionales en los que podemos encontrar la investigación y desarrollo de la biología, tal como pueden ser las universidades y las empresas de biotecnología, que se supone funcionan en un entorno controlado. Como muestra de ello, a diferencia de la biología institucional, muchos de los desarrolladores de esta biología DIY no poseen una formación académica en esta ciencia, sino que adquieren sus conocimientos y práctica gracias a redes sociales, Internet y el apoyo de una comunidad internacional. Al democratizar la experimentación de las prácticas biológicas, ha surgido un fenómeno paralelo a este DIY, el biohacking. Tras este concepto encontramos todo un movimiento de acercamiento de la ciencia a la ciudadanía, que ha conseguido trasladar los laboratorios de investigación a los “garajes” de todo aquel que quiere acercarse a esta ciencia y sumarse a la experimentación colectiva y en un sistema abierto y público. Los participantes de esta biología casera se identifican por una estética biopunk, por su pertenencia al movimiento transhumanista y por su tecno-progresismo. Para aunar no sólo esta estética sino también sus principios fundacionales, cuentan incluso con un Manifiesto Común, en el que podemos encontrar algunas de sus reivindicaciones, como son, por ejemplo, la alfabetización científica de la sociedad para que esta pueda ser colaboradora activa de su propia salud, interaccionar con sus propios cuerpos y con el medio ambiente, incluyendo la calidad de su comida, del agua o del aire que respiramos. Pero el biohacking va mucho más allá y aspira a la gestión de la propia biología utilizando una serie de técnicas médicas, nutricionales y electrónicas, con el objetivo de ampliar las capacidades físicas y mentales del sujeto. Si a nivel casero se ha llegado a este punto, imaginemos lo que pueden hacer las grades corporaciones, los gobiernos totalitarios o los estamentos militares. Es como abrir la caja de Pandora.

 

Esto puede sonar a pura ciencia ficción, pero ya hay ejemplos reales que se han podido llevar a la práctica, como por ejemplo Circadia, un dispositivo de código abierto que puede implantarse en el cuerpo humano y que puede leer datos biomédicos del receptor y transmitirlos a Internet. En efecto, Circadia 1.0 es un dispositivo subcutáneo que transmite información biométrica a cualquier aparato con Android. Los cyborgs han sido parte de la ciencia ficción desde hace muchas décadas. La idea de un ser humano potenciado por la tecnología es el sueño de muchos potenciales inventores. En los últimos años, hemos ido presenciando grandes avances en la materia: casi todos, producto de años y años de investigación. Otros, sin embargo, son más impacientes, como el biohacker Tim Cannon, quien se implantó una verdadera computadora miniaturizada en el brazo sin la ayuda de médicos ni de anestesia. Este biohacker decidió implantarse en el antebrazo un chip sellado en una caja, alimentado por una batería de recarga inalámbrica. En lugar de hacerse la cirugía en alguna institución médica, Cannon llamó a otro biohacker, Steve Haworth, para que le hiciera un corte bajo la piel y le introdujera el dispositivo. La computadora, denominada Circadia 1.0, fue creada por la empresa de Cannon, Grindhouse Wetware. Servirá para guardar la información biométrica de su portador, la cual se podrá mandar a cualquier dispositivo Android. Además, es un proyecto de código abierto, por lo que cualquier usuario podrá manipular los datos de la manera que desee. Grindhouse Wetware promete liberar pronto una versión de Circadia por solo 700 dólares, implante incluido. Quién sabe si tal vez dentro de poco hablaremos de dispositivos dentro de nuestro cuerpo. Pero Circadia es solo un pequeño ejemplo. Estos nuevos biohackers experimentan en todos los campos imaginables de la biología genética, tales como la extracción de ADN a domicilio con fines didácticos, pero también planteando polémicos problemas de bioseguridad. ¿Qué problemas relacionados con el biohacking nos podemos encontrar en el futuro? Estandarizar los protocolos de seguridad ha de ser una obligación para cualquier investigador, a fin de garantizar que los experimentos ofrezcan resultados satisfactorios y no perjudiciales en el futuro. Según Markus Schmidt, fundador y CEO de Biofaction, la filosofía hacker aplicada a la biología debe ser segura, no perjudicar a nadie ni nada, tanto física, como mental o emocionalmente.

 

El movimiento de biología DIY, al igual que la biología sintética, ha sido el objeto de numerosos artículos de prensa en los que se utilizan argumentos como el síndrome de Frankenstein para crear un estado de alarma alrededor de él, asociándolo a veces a un posible bioterrorismo. En realidad los principales laboratorios de biología DIY son vigilados por las agencias del estado de diferentes países para asegurarse de que sus actividades no presentan ningún peligro, llegando a veces a colaborar con ellas. En junio de 2013 el laboratorio estadounidense BioCurious propuso un proyecto en la plataforma de financiamiento participativo Kickstarter , con el objetivo de crear plantas modificadas genéticamente que brillaban en la oscuridad. A raíz de la polémica que se generó sobre los usos apropiados de la biotecnología, la plataforma Kickstarter decidió prohibir las campañas que prometieran organismos genéticamente modificados. Otra de las polémicas parte de los movimientos grinder, que consiste en la modificación corporal destinada a aumentar las capacidades sensoriales del ser humano, y del movimiento transhumanista, que también se han apropiado del término biohacker, que entienden como la experimentación biológica sobre uno mismo por medio de diferentes implantes electrónicos y de nuevos sistemas de alimentación. Sin embargo, la mayoría de laboratorios de biología DIY tiende a desvincularse de estas corrientes ideológicas debido a los riesgos sobre la salud humana que pueden provocar. Los biohacker también están organizándose para desvelar las prácticas poco éticas del mundo empresarial. En particular, los miembros de Four Thieves Vinegars se definen como un grupo de biohackers cuyo objetivo es desarrollar métodos que permitan a cualquier ciudadano, con unos conocimientos básicos, fabricar sus propios medicamentos.

 

Antes nos hemos referido al ADN. Pero, ¿qué es el ADN? El ADN es la sigla empleada para denominar el ácido desoxirribonucleico, que corresponde al material genético que está presente en cada célula de los organismos vivos. También está presente en algunos virus, aunque otros virus solo tienen ARN, algas, plantas, árboles, animales y el ser humano. El ADN se compone de cuatro nucleótidos, que son como letras en un texto, que son la Adenina (A), la Guanina (G), la Citosina (C) y la Timina (T). Esta información se encuentra en el núcleo de la célula y es lo que conocemos como genoma. Una característica de gran interés es que las bases del ADN son las mismas en todos los organismos vivos, pero varía el orden en que se disponen estas letras y la cantidad de ellas que están presentes en el núcleo. Es de esta manera que los virus tienen muy poco ADN comparado con el hombre. Dentro del ADN hay diferentes funciones, ya que algunas letras y sus secuencias son responsables que existan los genes. Por ejemplo la insulina es una proteína cuya información se encuentra en el núcleo. Del total del ADN de un organismo, se cree que sólo un 20% es funcional, es decir está involucrado en generar proteínas o cumplir una función en la célula. A medida que se vaya descifrando un mayor número de genomas será posible conocer la función de las diferentes partes del genoma. Asimismo, ¿qué es el ADNr o ADN recombinante? El año de 1970 marca una etapa importante en la historia de la biotecnología, ya que representa el comienzo de la manipulación enzimática del material genético y, por consiguiente, la aparición de la biotecnología moderna, que constituye la más reciente evolución de la manipulación genética. Los procedimientos que se utilizan reciben el nombre de métodos del ADN recombinante o clonación molecular del ADN. Con herramientas de la biología molecular, tales como las enzimas de restricción, es posible tomar un fragmento pequeño de ADN de un organismo, tal como una bacteria, e insertarlo en el ADN (genoma) de una planta. Eso se conoce con el nombre de tecnología del ADNr.

 

Pero, ¿qué es la ingeniería genética? La ingeniería genética es la tecnología que permite obtener ADNr. La ingeniería genética puede definirse como “la manipulación deliberada de la información genética, con miras al análisis genético, o al mejoramiento de una especie”. La generación del ADNr puede tener diferentes fines, siendo el más común determinar la función que tendría un gen en un organismo. Por ejemplo, si asumimos que tenemos un fragmento de ADN y creemos que es responsable de la producción del color rojo en flores, podemos insertar ese fragmento en una planta que produce flores blancas. Si al dejarla crecer esta planta genera flores rojas, por lo que entonces sabremos que ese gen es el responsable de conferir el color rojo. Las aplicaciones más comunes de esta tecnología las encontramos en el área de la farmacología. Muchas proteínas, que son necesarias para el funcionamiento del hombre, tales como la insulina en el caso de diabéticos, se pueden producir en microorganismos a gran escala y bajo costo. Una gran ventaja es que mediante esta metodología obtendremos una insulina humana de una gran pureza. Hoy en día se sintetizan más de 200 fármacos por medio del ADNr. La ingeniería genética tiene un gran potencial en las diferentes áreas de la biotecnología. Un área importante y que representa el 10% de la tecnología del ADNr, es en el sector agrícola. Es posible obtener plantas que posean una característica de interés, por ejemplo plantas que producen una toxina contra insectos (maíz Bt), arroz enriquecido con vitamina (arroz dorado), cultivos que en el futuro sean capaces de actuar como biorreactores y producir fármacos, entre otras aplicaciones. Desde 1996, se están comercializando plantas genéticamente modificadas en el mundo, especialmente en Estados Unidos, Argentina, Brasil y Canadá. No así en Chile, donde no está permitido el uso de plantas transgénicas para alimentación humana o animal.

Ya estamos inmersos en la revolución del biohacking. La ciencia casera cambiará nuestra forma de vivir y de relacionarnos. En un mundo en el que la tecnología ha pasado a formar parte crucial de nuestras vidas, se está abriendo camino una tendencia científica que puede revolucionar la ciencia tal y como la conocemos, pues exige de una estrecha comunión entre el practicante y la instrumentación tecnológica. Hablamos del biohacking, que corresponde a biología + hacking. Son dos palabras que resumen una nueva práctica científica en la que los que forman parte de ella convierten sus propios organismos, o el de otros seres vivos, en auténticos laboratorios de andar por casa. El supuesto objetivo sería el de ampliar las capacidades del ser humano, tanto físicas como mentales. Partiendo de la base de que el organismo es una máquina simple que, por supuesto, puede mejorarse, los biohackers experimentan de diversas maneras. Tenemos desde la secuenciación de genomas a la implantación de dispositivos electrónicos subcutáneos, o incluso poniendo a prueba el organismo con ensayos directos, como la exposición a elementos químicos. En este último caso, sin ir más lejos, un equipo de investigadores del grupo Science for the Masses (SfM) de California, utilizó el cloro e6 (Ce6) para adquirir temporalmente visión nocturna sin necesidad de llevar ningún dispositivo de visión nocturna. El ratón de laboratorio fue un tal Gabriel Licina, quien, tras los previos experimentos con animales, aceptó el riesgo de ser el primer humano en probar el compuesto en sus propios ojos. El resultado fue la obtención de visión nocturna sin gafas con un alcance de hasta un máximo de 50 metros. Y es que la filosofía del biohacking parte del principio del DIY (“do it yourself”) donde el protagonista es el propio ser humano. Algo que parece sacado de la ciencia ficción se está haciendo realidad.

 

Pero, en realidad, ¿se trata de crear súper humanos o robots?  Muchos es probable que se sientan asustados o incluso se muestren contrarios a esta arriesgada práctica que nace de la curiosidad científica. Pero, si miramos hacia el futuro, lo cierto es que las posibilidades son también muy atractivas, si se utilizan de una manera positiva. Imaginemos un paciente que tenga algún tipo de riesgo cardiovascular. Algo tan sencillo como un implante subcutáneo podría avisar tanto al portador como al servicio de emergencias de que está a punto de sufrir un ataque al corazón. El implante lanzaría un aviso de alerta y podríamos hacer frente a este evento con mucha mayor rapidez y eficacia. Ésta y otras aplicaciones similares podrían ayudar a salvar vidas. Vemos que ya no es tan pintoresco lo de la ciencia de andar por casa. En vez de un dispositivo más que llevar encima, lo llevaríamos implantado en nuestro organismo para ayudarnos en nuestro día a día, en las actividades más ordinarias, como a la hora de practicar nuestro deporte favorito o realizar nuestro entrenamiento diario. El dispositivo Circadia o los Tech Tats, tatuajes tecnológicos, de la empresa Chaotic Moon, son un buen ejemplo de ello. Los Tech Tats se centran en el campo de la medicina, facilitando las revisiones médicas de manera automática debido a que nuestro tatuaje estará conectado con nuestro médico y si existe algún problema físico él se pondrá en contacto con nosotros. Analizará fiebre, pulso y todo lo que sea necesario con la finalidad de que, si tenemos alguna enfermedad, sea vista con anticipación. Además, podremos dejar a un lado los monederos y carteras debido a que tendremos todos nuestros datos necesarios para el día a día, como el DNI o tarjeta de crédito, en nuestra piel. También podrían utilizarse para abrir la puerta del coche, de la casa o el garaje o incluso geolocalizar a personas extraviadas, como ancianos con Alzheimer. Todo esto se puede llevar a cabo mediante una pintura conductora o pintura eléctrica que va conectada a un microchip y unas luces led personalizables. Estos tatuajes llevarán una tecnología usable, como los relojes, más allá de lo que hoy podemos imaginar. Se trata del uso de una plataforma ecológica y no invasiva que convierte a la persona en una placa de circuitos humana. Las posibilidades en nuestro día a día son muchas. Otra conocida compañía es GrindHouse Wetware que también desarrolla dispositivos tecnológicos para implantarlos en organismos vivos. Gracias a ellos podremos conocer nuestras pulsaciones por minuto o si tenemos fiebre.

 

Los orígenes del biohacking no son nuevos, ya que esta tecnología nació hace más de una década en Estados Unidos. La investigadora y escritora de ciencia ficción norteamericana Meredith L. Patterson es la autora del Manifiesto del Biohacking. Patterson desarrolló bacterias modificadas genéticamente que se iluminaban al contacto con melamina, una sustancia química letal para los humanos y que en el pasado se utilizaba para adulterar alimentos para mascotas y para humanos, como en el caso de algunos productos lácteos de países asiáticos. Estas bacterias fueron modificadas a través del ADN de las medusas para teñirse de color verde ante la presencia de la melamina, lo que ayudó a salvar muchas vidas. Desde entonces no han parado de surgir grupos afines por todo el mundo. Este deseo de alfabetización científica de la sociedad también tiene su semilla en España. En Barcelona hay un colectivo de biólogos alternativos o biohackers bastante activo y que existe desde hace más de un año. Se conocen como DIYBio Barcelona: “Estoy convencida que el pensamiento crítico y lógico es un efecto secundario inevitable de hacer experimentos. Cualquiera que tenga una buena pregunta científica teniendo la ayuda y un lugar para poder abordarla, aprendería de forma natural a diseñar un experimento correctamente y vería por sí mismo qué conclusiones pueden extraerse de los resultados y cuáles no“, explica Núria Conde Pueyo, de DIYBio Barcelona. “El movimiento DIYBio representa una nueva manera de hacer ciencia. No solo eso, sino que nuestros esfuerzos comunicativos democratizan su acceso. La filosofía y la metodología usadas ofrecen una alternativa a la biotecnología institucional que, podría conducir a mejoras que repercutan en la calidad de vida de la población“, añade Núria Conde. En Estados Unidos, el campo del biohacking ha dado saltos de gigante. Llevando la creatividad a la vida y fundiendo el cuerpo humano con la tecnología, el sueño de la biología sintética nos acerca la visión más personal del internet de las cosas. Probablemente dejaremos de depender de todo un amplio abanico de dispositivos y pasaremos a llevarlos insertados en nuestro cuerpo. Con el tiempo lo averiguaremos. Pero está claro que hay que conseguir un aumento en el nivel de tolerancia hacia la biotecnología entre la población.

 

Tenemos el caso de un biohacker que quiso editar sus genes: “Me siento responsable de esta mierda”, afirmó Josiah Zayner que saltó a la fama tras asegurar que sería la primera persona en editar su ADN con CRISPR. Ahora se arrepiente de las consecuencias que está teniendo el experimento que realizó de forma pública, sobre todo después del desgraciado experimento de Aaron Traywick, que hemos relatado antes. Ello hizo reflexionar a Josiah Zayner, uno de los gurús de este polémico movimiento biotecnológico, que ha admitido que el asunto se les está yendo de las manos. Zayner, de 36 años, doctor en biofísica y ex trabajador de la NASA, saltó a la fama en 2016 después de lanzar una campaña de crowdfunding para que cualquiera pudiese experimentar con el CRISPR, una novedosa herramienta molecular utilizada para editar y corregir el genoma de cualquier célula, desde sus propias casas. No contento con esto, el propio biohacker anunciaba, durante el transcurso de una conferencia, que iba a ser la primera persona en intentar modificar su ADN con la revolucionaria técnica. Acto seguido, cogía una jeringa y se inyectaba su contenido con un supuesto gen destinado a favorecer el crecimiento muscular. Sin embargo, Zayner, que ahora dirige The ODIN, una compañía que vende kits de CRISPR por internet al módico precio de unos 130 euros, parece estar replanteándose su actividad. O, al menos, la promoción de las mismas. Así lo ha confesado en una entrevista que concedió a la revista norteamericana The Atlantic:No tengo ninguna duda de que alguien acabará lastimándose“. Zayner, que como otros biohackers promueve que cualquier persona de a pie pueda experimentar en el garaje de su casa con su propia biología, sin necesidad de tener conocimiento científico alguno, asegura que “uno de los grandes problemas de la ciencia” es que muchos de los revolucionarios avances que se publican en las más prestigiosas revistas pueden no estar disponibles para el público general hasta décadas después. Zayner asegura ahora que se siente responsable de las consecuencias que puede traer que personas de a pie lleven a cabo tratamientos experimentales sin ningún tipo de control. Zayner dice ahora que su única intención era que la gente conociera lo que el CRISPR puede hacer. Pero que ni quería conseguir unos músculos más grandes gracias a la utilización de este sistema ni intentaba modificarse genéticamente. “La gente lo ve ahora como una forma de obtener publicidad y hacerse famoso. Y se van a hacer daño“, insiste.

La novedosa tecnología CRISPR es una herramienta de edición del genoma que actúa como unas tijeras moleculares capaces de cortar cualquier secuencia de ADN del genoma de forma específica y permitir la inserción de cambios en la misma. La década de 1970 marcó el inicio de la Era de la Ingeniería Genética, en la que importantes hitos, como la producción de insulina a partir de Escherichia coli o la utilización de ratones transgénicos en el estudio de enfermedades humanas cambiaron el curso de la medicina. Sin embargo, los métodos utilizados no dejaban de ser imprecisos y difíciles de aplicar a gran escala, resultando en experimentos complicados y costosos. En el transcurso de las últimas décadas, los investigadores se han centrado en superar dichas limitaciones, a fin de desarrollar un mecanismo de edición genómica capaz de generar numerosos cambios en el genoma de una célula de forma coordinada y precisa. A día de hoy, las estrategias empleadas en los laboratorios para manipular, de forma específica y directa, secuencias del genoma de organismos vivos son dispares. Entre las herramientas actuales, destacan las nucleasas de dedos de zinc (ZFN), las nucleasas tipo activadores de transcripción (TALEN) y las revolucionarias nucleasas de secuencias palindrómicas repetidas inversas (CRISPR-Cas). Las dos primeras están basadas en proteínas constituidas por una región de catalítica de escisión del ADN y una región guía de reconocimiento del gen diana que se quiere manipular. Las TALEN son más fáciles de diseñar que las ZFN. No obstante, ambas resultan difíciles de administrar en las células debido a su tamaño, complicando la capacidad de generar múltiples cambios genéticos simultáneos. Por lo contrario, CRISPR-Cas ofrece a los científicos la posibilidad de cambiar una secuencia de ADN de una forma más fácil, rápida y precisa en diferentes puntos concretos del genoma dentro de un organismo vivo. El sistema CRISPR-Cas es un mecanismo de defensa empleado por algunas bacterias para eliminar virus o plásmidos invasivos. Dicho sistema consta de un componente proteico Cas9 con actividad de nucleasa, que corta el ADN, y un ARN, conocido como ARN guía, que dirige al anterior dominio catalítico hacia la secuencia de ADN que se quiere editar.

 

El proceso de edición genómica con CRISPR-Cas9 incluye dos pasos. En una primera etapa, el ARN guía, complementario a la región del ADN que se quiere modificar y sintetizado previamente, se asocia con la enzima Cas9. Además, gracias a las reglas de complementariedad de nucleótidos, el ARN hibrida con la secuencia de interés que está presente en el genoma, dirigiendo a la endonucleasa Cas9 a cortar el ADN en la región concreta. En la segunda etapa se activan los mecanismos naturales de reparación del ADN fragmentado. Esta reparación resulta, en algunos casos, en la aparición de mutaciones de inserción o supresión, que si están localizadas dentro de un gen pueden dar lugar a la pérdida de producción de la proteína que codifica. Así, una posible aplicación es la de inhabilitar genes. Si se proporciona a la célula una molécula de ADN que sirva como molde durante la reparación, a la que se ha añadido un cambio, la célula lo copiará y el cambio quedará incorporado en el ADN. Esta otra aplicación, la introducción de cambios específicos en posiciones concretas supone uno de los aspectos más prometedores de la técnica, ya que permitiría corregir errores en los genes responsables de causar enfermedades. Además, el sistema también puede ser utilizado para regular la expresión génica, o incluso para introducir modificaciones epigenéticas, inactivando la actividad nucleasa de Cas9 e incorporándole módulos que interaccionen con elementos reguladores de la expresión génica o capaces de llevar a cabo cambios. El desarrollo de la tecnología CRISPR-Cas ha inaugurado una nueva era de la ingeniería genética en la que se puede editar, corregir y alterar el genoma de cualquier célula de una manera fácil, rápida, barata y altamente precisa.

 

Pero, ¿qué es realmente el CRISPR y por qué puede ser tan importante para nuestro futuro?. Con la secuenciación del Genoma Humano conocemos el código con el que está programado nuestro cuerpo. Y ahora, gracias a CRISPR, contamos con las herramientas necesarias para editar ese código con sencillez y rapidez. De esta forma las ciencias de la salud y la biología han comenzado a funcionar bajo los mismos principios que las tecnologías de la información, por lo que, gracias a ello, están empezando a evolucionar exponencialmente. Aplicando las ideas de la programación de ordenadores a la bioquímica y a la genética, podemos programar la medicina de la misma forma que programamos los ordenadores y el software. Conocer la historia del descubrimiento de CRISPR nos ayuda a entender su utilidad para aplicarlo en ámbitos como la medicina, la alimentación y la agricultura. Si no tenemos conocimientos sobre bioquímica y genética puede ser difícil comprender parte de la terminología en relación con los descubrimientos realizados. Pero ello no es un problema, porque lo más importante es la aplicación que se pueda dar a esta tecnología. El año 1987 el investigador japonés Yoshizumi Ishino menciona por primera vez, en un artículo científico, la existencia de secuencias repetidas palindrómicas en el ADN de las bacterias. Es en estas secuencias de ADN sobre las que se basa la tecnología CRISPR. El año 1993 el científico español Francisco J. M. Mojica, perteneciente a la Universidad de Alicante, publica el resultado de sus investigaciones con las bacterias arqueas halófilas, que tienen la capacidad de vivir en entornos con unas concentraciones de sales extremadamente elevadas. Mediante la secuenciación de parte del genoma de la arquea se pudieron identificar unas secuencias palindrómicas de 30 pares de bases, separadas entre sí por fragmentos de 36 pares de bases, los denominados espaciadores. El año 2000 Francisco J. M. Mojica y sus colaboradores detectan, buscando en bases de datos, un gran número de estas secuencias repetidas en bacterias, arqueas y mitocondrias, proponiendo la denominación de Short Regularly Spaced Repeats (SRSR) (Repeticiones Cortas Regularmente Espaciadas). Posteriormente se decidió cambiar el nombre por Clustered Regularly Interspaced Short Palyndromic Repeats (CRISPR) (Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Interespaciadas).

 

La tecnología CRISPR es fruto del estudio del genoma de las bacterias, del cual sabemos que está compuesto por una única molécula circular, formada por dos cadenas, constituidas por una secuencia de nucleótidos formados por las bases nitrogenadas Adenina, Citosina, Guanina y Timina. CRISPR significa: repeticiones palindrómicas, o que se leen igual adelante que atrás, en secuencias de bases nitrogenadas. Tras cada repetición se encuentran segmentos cortos de ADN espaciador proveniente de exposiciones previas a un virus bacteriófago. Muy cerca de estas repeticiones se pueden encontrar los genes cas que codificaban para un tipo de proteínas nucleasas. CRISPR se configura como un sistema de defensa en la bacteria para evitar el ataque de los virus y además como un sistema de almacenamiento de información sobre los virus, a fin de que las futuras generaciones de la bacteria también puedan defenderse de igual forma de sus atacantes. Para ello cuando el virus inyecta su ARN en la bacteria, las proteínas cas son capaces de cortar una pequeña parte del ADN viral, modificarlo e integrarlo dentro de su ADN en el conjunto de secuencias CRISPR. Los virus también han sido capaces de desarrollar su propio sistema CRISPR-Cas para poder atacar a las bacterias, por lo que una vez que se conoce el funcionamiento del sistema en las bacterias y comienza a utilizarse con aplicaciones terapéuticas, se podría hacer lo mismo con los virus. El funcionamiento de CRISPR-Cas9 como herramienta de ingeniería genética se basa en el apareamiento entre el ADN y el ARN, y gracias a las múltiples estrategias que emplea la proteína Cas9, nos aseguramos de que el corte en el ADN se produce únicamente cuando se detecta la secuencia objetivo correcta. La tecnología CRISPR-Cas9 presenta enormes ventajas sobre otros métodos de edición del genoma, como TALEN. Entre las ventajas encontramos principalmente su sencillez y su menor coste, gracias a que no es necesario tener que generar dominios proteicos para interaccionar con el ADN, lo cual facilita enormemente el proceso de edición genómica. Otra de las ventajas es que permite editar varias regiones del genoma al mismo tiempo, simplemente dirigiendo la Cas9 nucleasa a distintas partes del ADN.

 

La tecnología CRISPR es muy asequible para que cualquier científico pueda investigar con ella en busca de nuevas aplicaciones. Ello permitirá que muchos científicos y biohackers se lancen a experimentar en el campo de la edición genética. Además del Cas9 existen otras muchas proteínas cas que se podrían utilizar para realizar la edición genética. Actualmente se está empezando a conocer cómo funcionan estas proteínas en relación con esta tecnología. Por lo tanto, en los próximos años vamos a ver como aumentan significativamente las posibilidades de uso de los sistemas CRISPR, que son como un bisturí molecular que utilizamos para editar el genoma. Las aplicaciones de los sistemas CRISPR-Cas han tenido inicialmente como objeto las bacterias, en cuyo ámbito se pueden utilizar para la identificación de cepas. Distintas cepas dentro de distintas especies pueden contener distintas características dentro de su sistema CRISPR, según los virus a los que se han tenido que enfrentar. De esta forma, se puede identificar con mayor precisión el origen de los brotes de infecciones producidos por bacterias. Gracias a esto encontraremos aplicaciones en la medicina, la fabricación de alimentos y la mejora de la agricultura. En la medicina, gracias a la tecnología CRISPR se podrá desarrollar la terapia génica, en la que además de identificar los genes responsables de alteraciones genéticas. Estos genes podrán ser reemplazados, corregidos y eliminados en el paciente, permitiendo el tratamiento y prevención de enfermedades hereditarias. Es algo que ya se está haciendo a nivel de ensayos en animales de laboratorio y células humanas, pero que en pocos años podrá aplicarse directamente sobre las propias personas. Las primeras aplicaciones de esta tecnología en los seres humanos se realizarán en las células de la sangre, donde es relativamente más fácil transferir información dentro de las células, en comparación con los tejidos sólidos, aunque posteriormente se podrá aplicar a cualquier tipo de célula. Una aplicación concreta la encontramos en el estudio de procesos cancerígenos, ya que el sistema permite identificar, mejor que con ninguna otra herramienta disponible actualmente, los genes implicados en este tipo de procesos genéticos complejos.

Asimismo podrá aplicarse en las enfermedades neurológicas, como algunos casos de párkinson o alzhéimer, cuando sean debidas a trastornos genéticos o a la producción de alguna proteína tóxica. En estos casos se puede llegar a conseguir su eliminación. De esta forma toda alteración que tenga un componente genético se puede abordar con la tecnología CRISPR, a fin de buscar una solución. Como ejemplos de algunas de las investigaciones que se están llevando a cabo para la utilización de esta tecnología en terapia génica, tenemos el tratamiento de enfermedades hereditarias, como la fibrosis quística y la anemia, que son causadas por mutaciones de un sólo par de bases. También podrá utilizarse en reemplazar células sanguíneas defectuosas, llamadas hemocitoblastos, de la médula ósea. Asimismo podrán encontrarse soluciones a la enfermedad de Huntington; y crear versiones sanas de células madre de pacientes con beta-talasemia. Científicos de la Universidad de California presentaron en noviembre de 2016 algunos mosquitos modificados genéticamente para que no pudiesen transmitir la malaria. El objetivo era poder liberar este tipo de mosquitos modificados genéticamente en regiones donde la malaria es endémica, para que se puedan aparear con mosquitos silvestres y transmitir el gen de resistencia a la infección a las generaciones siguientes, con lo que se puede llegar a conseguir que los casos de malaria se reduzcan significativamente. Unos investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard han logrado eliminar genes dañinos de cerdos, con la finalidad de trasplantar los órganos de dichos animales a personas. Para ello es necesario eliminar las marcas genéticas del animal que causarían rechazo en los receptores humanos. Desde 2003, diversos países ya pueden leer una región del ADN mitocondrial de los organismos para usarla como “código de barras” en la identificación de especies. En Colombia, detrás del estudio y tipificación de las mariposas y mosquitos que tienen importancia médica, está un grupo de investigadores de la Universidad Nacional en Medellín. A partir de ADN mitocondrial, extraído de los tejidos de organismos en pequeñas cantidades y del cual se obtienen secuencias de un fragmento seleccionado como un descriptor universal, los científicos obtienen una “huella genética”, asimilable a un código de barras, único para la identificación de las especies.

 

Uno de los logros conseguidos ha sido el de limpiar en el genoma del cerdo el enterovirus porcino, presente en todas sus células y que, aunque inocuo para el animal, infectaría las células humanas en el momento en que se trasplantase material genético del cerdo a una persona. Ingenieros del MIT trabajan en un método para convertir a las superbacterias o bacterias resistentes a los antibióticos en armas contra sí mismas. La mayoría de los antibióticos actúan al interferir con las funciones esenciales de la bacteria, como la división celular o la síntesis de proteínas, pero algunas bacterias han evolucionado hasta convertirse en prácticamente intratables con los medicamentos existentes. Gracias a CRISPR es posible controlar los genes específicos que permiten a las bacterias sobrevivir al tratamiento con antibióticos. Algunos investigadores de la Rockefeller University están trabajando en un antibiótico más inteligente. Estos antimicrobianos selectivos están programados para dirigirse selectivamente a las bacterias malignas, concretamente a aquellas que albergan genes de resistencia a antibióticos, mientras que dejan sin aniquilar a los microbios buenos que pueden resultar beneficiosos para nuestra salud. En la agricultura, al igual que ocurre en el ámbito de la medicina, son muchas las aplicaciones que se están planificando para la utilización de la tecnología CRISPR, ya que se puede utilizar para luchar contra las enfermedades que afectan a las plantas y los animales de los que nos alimentamos. Además podremos mejorarlos para que su consumo pueda resultar más beneficioso para nosotros. A todo esto hay que añadir las ventajas que aporta la mejora genética de plantas y animales, al reducir el uso de productos químicos como los fertilizantes y fitosanitarios usados en agricultura. También se podrá evitar el uso de medicamentos para tratar las enfermedades del ganado, con las ventajas que ello conlleva para el medio ambiente y para nuestra salud, al eliminar sustancias que puedan resultar tóxicas para las personas. El investigador chino Caixia Gao está aplicando esta tecnología para la creación de una cepa de trigo que sea resistente a la enfermedad del oídio del trigo. Gracias a esta nueva cepa de trigo se espera reducir o eliminar el gran uso que se suele hacer de fungicidas para controlar la enfermedad. Para conseguirlo se han utilizado los sistemas de edición génica TALENs y CRISPR.

 

Otra aplicación de esta tecnología en el área de la agricultura la ha realizado el científico norteamericano Yinong Yang, que ha utilizado la técnica de edición genética CRISPR para cortar varias letras de ADN del genoma del champiñón Agaricus bisporus, de forma que se ha podido eliminar una enzima que los vuelve de color marrón en lugar del color blanco característico. En el área de la alimentación, gracias a la tecnología CRISPR se están creando factorías microbianas, con la finalidad de producir alimentos que no se vean afectadas por los ataques víricos, al estar vacunadas contras dichos virus. La streptococcus thermophilus es una bacteria que ha sido domesticada por el hombre y que ha sido utilizada desde principios del siglo XX en la elaboración de quesos y de yogures. Pero estas bacterias son atacadas con frecuencia por virus bateriófagos que pueden arruinar por completo la producción de estos alimentos. Los investigadores de la empresa de alimentación Danisco han jugado un papel fundamental en el desarrollo de la tecnología CRISPR, encontrando a su vez una solución a sus propios problemas. Igualmente esta tecnología será de gran utilidad para solucionar otras problemáticas a las que se enfrenta la industria alimentaria, tanto para mejorar genéticamente las plantas o animales que producen las materias primas con las que se elaboran los alimentos, como para luchar contras las plagas y enfermedades que afectan a estas plantas y animales. De todos modos la tecnología CRISPR debe ser evaluada para su aplicación terapéutica en seres humanos, incluyendo la edición de la línea germinal. Debemos tener en cuenta no sólo la seguridad en el acceso a estas herramientas, sino también las consideraciones éticas que rodean a determinadas aplicaciones, tales como la creación de seres humanos modificados genéticamente. Jennifer Anne Doudna es una bioquímica estadounidense, catedrática de Química y Biología celular y molecular en la Universidad de California, Berkeley. Asimismo ha sido investigadora en el Instituto Médico Howard Hughes desde 1997. Sin duda Jennifer Doudna se ha convertido en la cara visible de esta gran revolución en el ámbito de la genética, representada por CRISPR. Hay que destacar su papel a la hora de promover un proceso de reflexión sobre cómo se va a utilizar esta tecnología en lo que se refiere a la modificación genética de los seres humanos. Sobre todo en lo que respecta al diseño de embriones con características genéticas que les podrían hacer superiores al resto de los seres humanos.

 

Este debate coincide con otras iniciativas que buscan racionalizar el uso de esta tecnología, a fin de evitar situaciones que puedan poner en riesgo a la humanidad, tal como ya se está haciendo con la Inteligencia Artificial. En el momento en se preocupan por racionalizar su uso, se reducen enormemente los riesgos derivados de su mal uso, aunque siempre pueden haber excepciones. Pero, aunque con reservas, tenemos que ser positivos y ver en estos avances tecnológicos una oportunidad de mejora, en lugar de como un riesgo. El comité de bioética de la Unesco solicitó en 2015 una moratoria para no aplicar todavía la edición genética a óvulos, espermatozoides y embriones humanos, dado que las alteraciones efectuadas se transmitirían a las generaciones siguientes, con posibles consecuencias indeseadas. Al contrario de lo que sucede con otras tecnologías, donde son grandes empresas las que dominan, en el caso del desarrollo de la tecnología CRISPR-Cas9 y su posterior comercialización nos encontramos que son pequeñas empresas startups las que se han posicionado como líderes. Esto es especialmente importante para una tecnología que tiene el potencial de cambiar industrias como la medicina, la agricultura y la alimentación. Entre los fundadores de estas startups encontramos a algunos de los científicos que han jugado un papel más relevantes en los descubrimientos que han permitido diseñar la tecnología de edición genética CRISPR-Cas9, explotando el uso de las patentes que se han generado. Pero grandes empresas, interesadas en utilizar todo el potencial de la tecnología CRISPR, podrían abrir una nueva rama en la medicina, modificando los genomas para curar las enfermedades. En efecto, las grandes empresas de la industria farmacéutica han visto en CRISPR una gran oportunidad para mejorar sus productos, por lo que se han lanzado a investigar en este ámbito y sobre todo a colaborar con las startups que cuentan con las patentes de dicha tecnología. De todos modos, habrá que reflexionar sobre cómo la tecnología CRISPR puede llegar a configurar cómo será el futuro de la humanidad. Y según la dirección que se siga podrá ser beneficiosa o perjudicial para la humanidad.

 

Fuentes:

  • Aldous Huxley – Un mundo feliz
  • John E. Smith – Biotecnología
  • Rafael Pineda Reyes y Manuel Pineda Priego – Biotecnología. Aplicaciones y controversias
  • Reinhard Renneberg – Biotecnología para principiantes
  • Eric. S Grace – La Biotecnología al desnudo
  • Emilio Muñoz – Biotecnología y sociedad: Encuentros Y Desencuentros
  • Sarah Romero – La revolución del biohacking
  • Sarah Romero – Biohacking – biología sintética
  • Victoria S. Nadal – Biohacking, ¿el siguiente paso en la evolución del ser humano?
  • María Hidalgo – Biohacking, el nuevo movimiento que hackea tu cuerpo y hace temblar la industria biotecnológica
  • Pablo Rodríguez Canfranc – Biohacking. Conviértete en la mejor versión de ti mismo
  • Alessandro Delfanti – Biohackers: The Politics of Open Science
  • Lynn J. Rothschild – CRISPR/Cas9-Assisted Transformation-Efficient Reaction (CRATER) for Near-Perfect Selective Transformation
  • Lee Tang – Resumen & Guía de estudio – Una Grieta en la Creación
  • Magnus Lundgren, Emmanuelle Charpentier, Peter C. Fineran – CRISPR: Methods and Protocols
  • Oswaldo Faveron Patriau – El Hacker Cuántico y el Biohacking
  • Ari R Meisel – Intro to Biohacking: Be Smarter, Stronger, and Happier

junio 19, 2018 - Posted by | Ciencia, Reflexiones

1 comentario »

  1. […] La rápida evolución de la biotecnología, ¿nos acerca al Mundo Feliz de Aldous Huxley? […]

    Pingback por La rápida evolución de la biotecnología, ¿nos acerca al Mundo Feliz de Aldous Huxley? - Maestroviejo | junio 21, 2018 | Responder


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