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La misteriosa China milenaria 2/3


Antes se recomienda leer el artículo “La misteriosa China milenaria 1/3

El rey de los Qin fundó una nueva dinastía y asumió  el nuevo nombre de Huángdì, que significa “emperador“. A partir de este momento histórico, todos los monarcas chinos pasaron a utilizar este título, abandonando la denominación de “reyes“. El nuevo emperador se hizo llamar Shǐ Huángdì (“primer emperador“), viéndose a sí mismo como el primero de lo que esperaba fuera una larga dinastía de emperadores. Es la primera dinastía de una China reunificada y mucho más grande que la gobernada anteriormente por los Zhou. Hoy en día los chinos lo llaman más frecuentemente Qin Shi Huang (“Primer Emperador Qin“), que dio lugar a un estado chino fuerte, centralizado y unificado. El Estado Qin llevó a cabo una gran labor de unificación de normas, tales como las pesas y las medidas, el sistema de escritura. Como aspecto negativo tenemos que referirnos a la tristemente célebre quema de libros, en la que se destruyeron escritos que no se ajustaban al modelo religioso y social del nuevo imperio.

 

En efecto, durante el mandato del Primer Emperador de la dinastía Qin se destruyeron los documentos que contenían informaciones sobre los reinos anteriores, dejando sólo los libros y crónicas de la dinastía Qin. Este episodio se describe en el Shiji, de Sima Qian. El Shiji o Memorias Históricas, de Sima Qian, se escribió a principios del siglo I a.C., entre los años 109 y 91 a.C. y se considera la primera historia general de China. Tiene ciento treinta volúmenes que comprenden desde la época del Emperador Amarillo, o Huáng Di (2698 a.C. a 2598 a.C.) hasta mitades del periodo de la dinastía Han (206 a.C. a 220 d.C.). Esta obra proporciona mucha información sobre la política, la cultura, la economía, la historia, la cronología y la biografía de dinastías anteriores a la época en que fue escrita. Su autor es Sima Qian, el primer historiador de la cultura china tradicional y una de las grandes figuras de la literatura china

Este nuevo emperador construyó enormes palacios en Xianyang para convertir a sus antiguos enemigos en cortesanos, consolidó las partes de muralla construidos durante siglos en lo que conocemos como la Gran Muralla, e inició la construcción de su mausoleo, con los famosos Guerreros de Terracota, descubiertos recientemente. En la primavera de 1974, unos campesinos de Lin Tong estaban excavando cerca del monte Li, no lejos de la antigua ciudad de Xi’an, cuando casualmente encontraron fragmentos de una estatuilla de terracota. Según una antigua tradición histórica, cerca del pueblo de Lin Tong, bajo un montón de tierra se encontraba sepultado el primer emperador de China. Las leyendas quedaron plenamente confirmadas, ya que era uno de los 7.000 guerreros de terracota que montaban guardia en el mausoleo del emperador Qin Shi Huangdi. Con un nuevo grupo de consejeros, el rey Zheng (Qin Shi Huangdi) ideó y desarrolló una política de expansión militar.

Según el historiador Sima Qian, el reino de Qin conquistaba los estados de los alrededores con la voracidad “…de un gusano de seda que devora una hoja de morera“.  En sólo 16 años, el joven Zheng había tomado todos los estados colindantes con el suyo, iniciando una época imperial. Apenas asumido el título real, Zheng había comenzado los trabajos para su tumba, que debía ser copia del universo conocido y albergar todas las maravillas del mundo. Según las crónicas de la época, la fundación del Imperio no se produjo hasta que el ambicioso emperador pudo emplear más de 700.000 soldados procedentes de todos los rincones del país para la construcción de lo que debía ser la morada eterna más espléndida de todos los tiempos. El mausoleo del emperador Qin Shi Huangdi se extiende en una superficie de unos 56 km. cuadrados, con el monte Li al sur y el río Wei al norte.

El complejo monumental se compone de varias estructuras: el centro está constituido por un enorme túmulo sepulcral, una auténtica colina artificial. El historiador Sima Qian escribió que la tumba contenía maravillas increíbles, entre las que destaca el techo de la cámara fúnebre, que estaba elaborado con bronce salpicado de gemas, imitando un cielo estrellado. En el suelo había sorprendentes ríos de mercurio, que se hacían fluir mediante sofisticado mecanismos y que representaban los ríos Amarillo y  Azul. Según el mismo historiador, alrededor había maquetas de palacios y espléndidos tesoros. El primer emperador quiso que los artesanos instalasen en la entrada de la cámara sepulcral una serie de ballestas accionadas automáticamente para matar a cualquiera que se atreviera a profanar la tumba. En el exterior se plantaron árboles y todo tipo de vegetación a fin de que el túmulo tuviera el aspecto de una auténtica colina. Aunque la descripción de Sima Qian todavía no ha sido confirmada, la estructura exterior de la tumba y del complejo funerario parece confirmar la idea de que la tumba constituye una réplica de los palacios imperiales y que todo el complejo funerario es un auténtico diagrama cósmico. Ocasionales hallazgos de figuras menores de terracota, encontradas entre 1938 y 1979, habrían indicado que el área situada en torno al túmulo formaba parte del complejo. Las figuras, de una altura variable entre 65 y 78 cm., cada una de ellas modelada individualmente, fueron identificadas como imágenes de sirvientes, doncellas y palafreneros del emperador.

 

Las excavaciones arqueológicas, llevadas a cabo bajo la tutela del Comité Provincial de Shanxi para la Protección y Conservación de los Monumentos Históricos, comenzaron poco después del fortuito hallazgo de la primera estatua. Enseguida pareció evidente que se trataba de uno de los monumentos más importantes de la arqueología: la fosa nº 1 era una gran cámara subterránea de forma rectangular, de 210 m de longitud de este a oeste y de 60 m. de norte a sur. En su interior, dispuestos en 11 pasillos de unos 3 m de anchura y 200 m de longitud, se encontraron unas 6.000 estatuas de guerreros, carros y caballos de terracota, un ejército entero formado en posición de batalla. Los arqueros cubrían las alas exteriores, la vanguardia la ocupaban arqueros y ballesteros y los carros eran arrastrados por cuatro caballos guiados por un auriga y defendidos por batallones de guerreros. En el interior de esta formación aparecía el núcleo del ejército: 36 hileras de infantes con armadura. La fosa, compuesta por los once corredores ya mencionados y por diez rampas de acceso que se abrían en los dos lados, estaba pavimentada con ladrillos. Cada uno de los corredores estaba separado del adyacente mediante un muro de tierra, mientras que una compleja cobertura de gruesas vigas de madera cubiertas de esteras enyesadas sellaba la gran fosa.

Las figuras están modeladas en terracota: las extremidades y el busto se lograban con moldes, mientras que los rostros parecen haber sido modelados uno a uno, como si los auténticos rostros de centenares de oficiales y miles de soldados hubieran sido copiados para reproducir fielmente el ejército que había servido a Qin Shi Huangdi en vida. Todas las estatuas estaban pintadas de vivos colores, y la diversidad de vestimentas y peinados evidenciaban la pertenencia a etnias distintas. Las diferentes posturas del cuerpo y la posición de las manos de algunos permiten suponer que empuñaban armas. La tumba debió ser saqueada durante la gran revolución que puso fin a la dinastía Qin.  Los revolucionarios, que penetraron en la cámara del ejército silencioso, lograron apropiarse de las armas sustraídas a los guerreros de terracota. Algunos años después, en diciembre de 1980, al oeste del túmulo, se efectuó otro sorprendente descubrimiento. En el interior de un foso se hallaron dos carros de bronce de dos ruedas, con barra simple y tiro de cuatro caballos.

 

Los trabajos para la construcción del grandioso complejo funerario aún no se habían terminado cuando Qin Shi Huangdi murió a los 48 años de edad. Prueba de ello es el descubrimiento de un cuarto espacio subterráneo, situado entre las fosas 2 y 3; esta cuarta fosa estaba vacía. El hallazgo parece sugerir que los trabajos de construcción de las fosas fueron abandonados inmediatamente después de la muerte del emperador. Y nunca sabremos cuántas fosas más estaban previstas ni cuántas figuras más debían modelarse para acompañar al soberano en su largo viaje. A pesar del éxito militar de la unificación, las características del estado Qin hicieron inviable su supervivencia, y se hundió tras la muerte de Qin Shi Huang. Su crueldad y los duros trabajos que impuso al pueblo sembraron el descontento. Tras su muerte, en 209 a.C., los rebeldes aprovecharon el reinado de su débil hijo Èrshì Huángdì (“Emperador Segundo“), para acabar con la dinastía Qin y arrasar su capital, Xianyang. En 206 a. C., Liu Bang, que dirigía la rebelión militar contra el ejército Qin, se proclama emperador, fundando una nueva dinastía: los Han.

Liu Bang estableció una nueva dinastía, la dinastía Han y China prosperó con rapidez, floreciendo la agricultura, la industria y el comercio. El general Zhang Qian fue enviado a las regiones del Oeste a buscar los necesarios caballos para las continuas guerras contra los hunos.  Los hunos fueron una confederación de tribus euroasiáticas, muchas de ellas de los más diversos orígenes, unidas por una aristocracia que hablaba una lengua túrquica. Este grupo humano apareció en Europa en el siglo IV, y su máximo exponente fue Atila el Huno. Los hunos fueron llamados bárbaros por los romanos, a los que invadieron entre los siglos IV y V d.C.. Excelentes jinetes arqueros, veloces y decididos, de táctica impredecible, extendieron el miedo por el Imperio. Pactaron con Roma en contra de los germanos de la Europa Central y, hacia el 432 d.C. tenían un caudillo principal, Rua o Rugila, a cuya muerte le sucedieron sus sobrinos Bleda y Atila. Eran nómadas y vivían en chozas temporales, aunque conocían la propiedad de la tierra y solían serpentear por zonas concretas que estuvieran en su poder. Por su condición nómada, la vaca y la cacería tenían un papel más importante en su economía que la agricultura. Las carencias en su dieta eran saciadas por medio del comercio y, de forma mucho más habitual, el pillaje en territorio extranjero. Las armas que empleaban en la guerra eran la espada recta, la lanza, el lazo (especie de cuerda con la que lazaban a sus enemigos y les rompían el cuello) y el arco, que solían utilizar desde el caballo. A esto contribuía el uso del estribo, que tomaron de los chinos y que introdujeron más tarde en Persia y Europa.

 

Por su origen se cree que la lengua de los hunos debió ser del tronco uralo-altaico, el grupo al que pertenecen lenguas como el turco o el mongol. La hipótesis de que su lengua fuera en realidad de la familia irania, basada en las inscripciones de monedas halladas en tumbas hunas procedentes del actual Afganistán y algunas ex repúblicas soviéticas, ha sido rechazada hoy en día, pues se ha demostrado que tales monedas sólo repetían el mismo patrón que las persas de zonas limítrofes. Por otra parte, algunas fuentes chinas los relacionan con pueblos siberianos, como los samoyedos, pero esto tampoco concuerda con los datos aportados por la arqueología. Durante la Edad Media, se dejaron registradas numerosas gestas y leyendas, entre las cuales se halla la de Hunor y Magor, cuya versión más antigua data del siglo XIII en Hungría. En ésta se narra cómo estos dos hermanos dan nombre a las naciones huna y húngara, hallándose así ambas emparentadas. Hasta ahora no se ha logrado establecer ningún parentesco étnico entre ambas, pero se estima que después de la llegada de los húngaros de Asia, se acabaron mezclando con los restos de la civilización huna que aún vivía en el territorio de Panonia por aquél entonces.

En cuanto a la religión no se sabe casi nada de ella. Aparentemente tenían un tipo de “adoración al caballo” (ya que estos animales eran una figura casi “sagrada” para ellos en su cultura). Las fuentes romanas suelen referirse a ellos como individuos subhumanos carentes de cualquier clase de dios y moral, sin creencia en otra vida aparte de la terrenal, aunque se sabe que tenían algo parecido a chamanes o brujos en su tribu (que creían en la existencia de abominaciones subterráneas infernales), especializados en la adivinación a partir del examen de restos y huesos de animales. Originalmente cremaban a sus muertos, aunque más adelante comenzaron a inhumarlos. Practicaban tanto la poliandria como la poliginia. El historiador romano Amiano Marcelino nos dejó un texto donde podemos observar la visión deformada que los romanos tenían sobre los hunos: “Son seres imberbes, musculosos, salvajes, extraordinariamente resistentes al frío, al hambre y la sed, desfigurados por los ritos de deformación craneana y de circuncisión que practicaban, e ignorantes del fuego, de la cocina y de la vivienda”.

 

Según las crónicas de la antigua China, los xiongnu eran un pueblo nómada de pastores y guerreros que vivía en las estepas de Asia centro-oriental, al norte de la Gran Muralla China. Muchos historiadores modernos piensan que los xiongnu mencionados en las crónicas chinas eran el mismo pueblo que apareció siglos más tarde en Europa e invadió el Imperio romano bajo el nombre de los hunos. La dinastía Qin pudo rechazar sus ataques de forma más o menos eficaz, pero a la caída de ésta los xiongnu lograron superar la Gran Muralla e iniciar una serie de incursiones en territorio chino. Los xiongnu también combatían contra otros pueblos nómadas, y durante el mandato del jefe Mao Dun (209-174 a. C.) derrotaron a las poderosas tribus de los xianbi, los tunguses y los kitán, unificando por primera vez el área ocupada por la actual Mongolia. El emperador chino Wen, de la dinastía Han, quiso alejar el peligro de este nuevo imperio pagándoles tributo (seda y cereales sobre todo), algo que con el tiempo sería una constante en la relación de los hunos con otros pueblos. Era tal la cantidad que exigían los xiongnu para no entrar en guerra que los bienes recibidos cada año les sobraban, hasta el punto de que los vendían con notables beneficios a los mercaderes de Occidente que llegaban por la Ruta de la Seda. También hubo matrimonios de conveniencia entre princesas chinas y reyes xiongnu con el fin de sellar la paz.

Esta relación se rompió cuando el emperador Wu decidió dejarles de pagar tributo y, anticipándose a la esperada reacción de los xiongnu, envió varias expediciones al Asia Central a partir de 133 a. C., aunque sólo una tuvo éxito: la que en el año 127 a. C. consiguió expulsar a los xiongnu del curso superior del río Amarillo. Las expediciones posteriores mantuvieron entretenidos a los bárbaros combatiendo en su propio territorio de forma constante, lo que les debilitó. En 121 a. C. fueron derrotados en el corredor de Gansu por el general chino He Qubing (que construyó allí la fortaleza de Juyan) y forzados a marchar hacia el oeste, donde ya habían sometido unas décadas antes al pueblo indoeuropeo de los tocarios. Una vez expulsados los xiongnu de la cuenca del Tarim, los chinos la pusieron bajo su mando y entraron en contacto por primera vez con los persas helenizados de Farg’ona, que introdujeron la alfalfa y el caballo árabe en China.

 

Los debilitados xiongnu se escindieron en dos ramas hacia el 48 d. C., y una de ellas, los hunos del sur, se puso bajo el mando de los Han. Éstos los destinaron a vigilar la zona del nacimiento del río Amarillo. Aunque dejaron de atacar a los chinos, los xiongnu no creyeron que su lealtad implicase estar en paz con las otras tribus sometidas de la zona y los reinos tributarios del Asia Central, por lo que llevaron a cabo una ola de saqueos en la región durante los años 60-70 d.C.. Esto provocó que los emperadores Zhang y He volviesen a combatir contra ellos y los expulsasen de la cuenca del Tarim, aunque el debilitado poder chino en Asia Central debió hacer frente inútilmente a la sublevación posterior de las tribus tibetanas de la zona y terminaron por evacuar la región. Mientras que la posterior caída de la dinastía Han en el año 220 d.C. fracturaba China en tres reinos pequeños enfrentados entre sí, los xiongnu del sur se reagruparon de nuevo y volvieron a invadir China en 311 d.C., llegando hasta Luoyang, la rica capital de la China del norte y final de la Ruta de la Seda. La ciudad fue saqueada e incendiada, aunque más tarde los invasores se establecieron allí y la gobernaron durante 39 años. En el 350 d.C. el último rey xiongnu fue asesinado por un miembro de su propio pueblo y la dinastía fue derrocada.

Volviendo al relato principal, cuando el general Zhang Qian volvió de las regiones del Oeste, se inauguró la Ruta de la Seda, ya que las sedas chinas se vendían muy bien en esas tierras, de las que llegaban productos hasta entonces desconocidos. La Ruta de la seda era una red de rutas comerciales entre Asia y Europa que se extendía desde Chang’an (actualmente Xi’an) en China, Antioquía en Siria y Constantinopla (actualmente Estambul, Turquía) a las puertas de Europa y que llegaba hasta los reinos hispánicos en el siglo XV. El término “Ruta de la seda” fue creado por el geógrafo alemán Ferdinand Freiherr von Richthofen, quien lo introdujo en su obra “Viejas y nuevas aproximaciones a la Ruta de la seda, en 1877. Debe su nombre a la mercancía más prestigiosa que circulaba en ella, la seda, cuya elaboración era un secreto que sólo los chinos conocían. Los romanos se convirtieron en grandes aficionados de este tejido, tras conocerlo antes del comienzo de nuestra era a través de los partos, quienes controlaban su comercio. Muchos productos transitaban por estas rutas: piedras y metales preciosos, telas de lana, lino, ámbar, marfil, especias, vidrio, materiales manufacturados, coral, etc. En esta época también se inventa el papel, lo que ayuda a promover la educación, así como el sismógrafo y numerosas técnicas nuevas que revolucionan el país. Los ideales que contribuyeron a levantar la dinastía van desapareciendo, el pueblo que se encontraba disgustado va aumentando su rechazo al régimen y surgen revoluciones en distintos puntos del país; como la de los “Leñadores Verdes” y las “Cejas Rojas” obligan a trasladar la capital desde Xi’an a Louyang en el año 25 d.C.. Y la de los Turbantes Amarillos, en el año 184 d.C., acabará por poner fin a la dinastía.

 

La dinastía Han se divide en dos periodos: Han Occidentales, que tuvieron su capital en Chang’an, y los Han Orientales, que mantuvieron un control menos efectivo sobre el territorio, y tuvieron que desplazar la corte al este, cerca de la actual Luoyang. Entre ambos periodos, la dinastía Han se vio interrumpida brevemente por el “usurpador” por excelencia de la historia china, Wang Mang, que instauró su propia dinastía Xin e intentó organizar un estado basado en el pensamiento confuciano. El periodo Han Occidental fue un periodo de prosperidad económica y cultural, especialmente durante el reinado del emperador Wu (Han Wudi, en chino), que derrotó al pueblo nómada Xiongnu, y abrió rutas comerciales con Asia Central e India, en particular la Ruta de la Seda, la cual, al intensificar los contactos entre China y otros pueblos asiáticos, hizo posible la entrada del budismo en China. Durante el reinado del emperador Wu, el gran historiador chino Sima Qian completó las Memorias Históricas, obra comenzada por su padre, Sima Tan, en la que se narra toda la historia china hasta aquel momento.

Es el período en que China se halla dividida tras la caída de la dinastía Han y por las luchas que se extienden por el país. Brevemente se unifica bajo los Jin del Este, para nuevamente ser dividida en numerosas dinastías de breve reinado. Se destaca la dinastía Wei del Norte (386-534 d.C.), fundada por los Tuoba, un pueblo de la familia de los Hunos, que desde las capitales Datong y luego en Luoyang, dan un impulso al establecimiento del budismo. Con ellos se inició la construcción de las majestuosas cuevas de Yunggan, Longmen, Mogao. La autoridad de Cao Cao en Luoyang, donde el poder nominal aún residía en el emperador Xian, le enfrentó a sus dos rivales militares Liu Bei y Sun Quan. Tras la Batalla de los Acantilados Rojos, en el año 208 d.C., en que éstos derrotaron a las tropas de Cao Cao, el imperio quedó dividido en tres. En el año 220 d.C., tras la muerte de Cao Cao, su hijo Cao Pi derrocó al último emperador Han, y se proclamó emperador en Luoyang de la nueva dinastía Wei. Liu Bei no aceptó la legitimidad de la nueva dinastía y en 221 d.C. se autoproclamó continuador de la dinastía Han en Chengdu, en el estado de Shu, actual provincia de Sichuan. Del mismo modo, Sun Quan, desde su base de poder en el bajo Yangzi, tras fracasar en los intentos de alcanzar un acuerdo con Cao Pi, fundó el Reino de Wu en 222 d.C., y unos años después se proclamó emperador. De este modo, China quedó dividida en tres reinos, Wei, Shu-Han y Wu, que se disputaban la legitimidad de la continuidad de los Han.

La reunificación de China se produjo bajo la dinastía Jin, que puede dividirse en dos etapas: los Jin Occidentales (265 – 316 d.C.), que consiguieron unificar China, y los Jin Orientales (317 – 420 d.C.), que continuaron gobernando el sur de China. En el año 263 d.C., las tropas de Wei conquistaban el estado de Shu, con lo que los tres reinos se convirtieron en dos. En 265 d.C., Sima Yan, de la prestigiosa familia Sima, descendientes de Sima Qian, derrocó al emperador Wei, acabando con el poder de la familia Cao, e instauró la dinastía Jin. En el año 280 d.C., los Jin conquistaron el reino de Wu, con lo que consiguieron reunificar bajo la nueva dinastía el antiguo imperio Han. Esta unificación no duraría mucho tiempo. La corte Jin en Luoyang se veía amenazada por los pueblos nómadas del norte que habían formado varios estados y gozaban de una larga tradición militar. Estos estados del norte acabarían conquistando las capitales; Luoyang en el año 311 d.C., y Chang’an en 316 d.C.. Así, el estado Jin desapareció del norte de China, que pasó a estar dividido en dieciséis reinos. La conquista del norte por parte de los pueblos nómadas o seminómadas provocó un importante éxodo de población hacia el sur. La corte Jin se reconstituyó en la ciudad sureña de Jiankang, cerca de la actual Nankín, donde seguiría gobernando hasta el año 420 d.C..

Los historiadores chinos han dado el nombre de “periodo de los Dieciséis Reinos” a la época comprendida entre los años 304 y 439 d.C., durante la cual el norte de China atravesó una etapa de fragmentación política y de caos. Estos dieciséis reinos habían sido formados por pueblos de etnia no china. Precisamente sería otro pueblo de etnia no china, los tuoba, los que consiguieran unificar el norte de China al derrotar a todos estos pequeños estados y proclamar la dinastía Wei del Norte en el año 440 d.C.. Con la unificación del norte, China queda dividida en dos estados: Uno en el norte, en el que se sucederán las llamadas dinastías septentrionales: Wei del Norte, Wei del Este, Wei del Oeste, Qi del Norte y Zhou del Norte; y otro en el sur, en el que, al ser derrocado el último emperador Jin en 420 d.C., se sucedieron cuatro dinastías en la corte de Jiankang: los Song, Qi, Liang y Chen.

 

En el año 581 d.C., Yang Jian, general del ejército de la dinastía Zhou del Norte, se hizo con el poder y proclamó una nueva dinastía: los Sui. Ocho años después, en 589 d.C., la dinastía Sui derrotaba a la débil dinastía Chen del sur, con lo que conseguía la reunificación del sur y el norte. Tras la reunificación, se inició una etapa de reformas institucionales y de consolidación del poder central. En esta época se construyó el Gran Canal y se amplió la Gran Muralla China. También fue una época de promoción del budismo. En el año 604 d.C., Yang Guang sucedió a su padre en el trono. Tras una serie de reveses militares en las regiones fronterizas, se produjeron insurgencias militares. El segundo emperador Sui moría asesinado en el año 617 d.C.. Se intenta mejorar con reformas la situación del pueblo, pero son traicionadas por su hijo, desencadenándose una sucesión de guerras campesinas, que finalizan con la toma del poder por Li Yuan, en el año 618 d.C., que funda la dinastía Tang, con capital en Xi’an.

En el año 618 d.C., un año después de la muerte del último emperador Sui, el general Li Yuan asumía el poder como emperador Gaozu de la nueva dinastía Tang. En el año 624 d.C., su hijo, tras haber matado a dos de sus hermanos frente a la puerta de Xuanwu en Chang’an, le obligaba a abdicar, convirtiéndose en Taizong, el segundo emperador Tang. Tras la muerte violenta del primer heredero al trono, un segundo hijo del emperador fue nombrado heredero, y subiría al trono como emperador Gaozong en 649 d.C.. Durante el reinado de Taizong, una de sus concubinas, que había sido anteriormente concubina de su padre, alcanzaría un gran poder de influencia hasta el punto en que finalmente, después de seguir gobernando desde la sombra bajo el reinado de dos de sus hijos, ella misma se convertiría en emperatriz. Así, tras derrocar a su propio hijo, el emperador Zhongzong, la Emperatriz Wu se convirtió en la primera y única mujer que gobernaría China en toda su historia. Al subir al trono, proclamó una nueva dinastía Zhou.

 

El reinado de la emperatriz Wu estaría marcado por su intento de legitimar su poder, cuestionado por muchos que veían una vulneración de las normas confucianas en la presencia de una mujer en el trono imperial. La emperatriz patrocinó el budismo y, en especial, formas de éste que daban legitimidad a su poder. En el año 705 d.C., la emperatriz Wu, que, según las crónicas existentes, tenía ya 80 años de edad, fue derrocada y su hijo el emperador Zhongzong retomó el poder, restaurando la dinastía Tang. Tras varios años de luchas internas, el emperador Xuanzong consolidaría el poder de la dinastía. A pesar de todas estas luchas por el poder que se sucedieron en estos años, esta primera parte de la dinastía Tang fue una época de esplendor cultural y en la que el imperio dominaba grandes extensiones de terreno, incluso partes de Asia Central, en la actual Región Autónoma de Xinjiang, que no volverían a estar controladas por un emperador chino hasta la última dinastía Qing. En la visión tradicional china, la dinastía Tang representa una de las épocas gloriosas de China.

Sin embargo, esta época de esplendor vería su final durante el reinado de Xuanzong. A pesar de la aparente fortaleza del imperio, el general de origen centroasiático An Lushan dirigiría uno de los mayores intentos de rebelión de la historia china: La Rebelión de An Lushan, que sacudiría los cimientos del estado chino en el año 755 d.C.. A pesar de que el estado, en manos del nuevo emperador Suzong logró finalmente sofocar la rebelión en el año 763 d.C., las consecuencias se sentirían en los siguientes siglos. La pérdida de poder efectivo por parte del estado, que para acabar con la rebelión había tenido que hacer concesiones a militares y a pueblos fronterizos, como los uigures y los tibetanos, hizo que el control efectivo sobre los recursos del territorio se redujera de una manera drástica. El modelo de estado centralizado y fuerte que habían implantado los Tang se vino abajo, y no volvería a existir un estado fuerte y centralizado hasta la proclamación de la República Popular China en el siglo XX. Mucho más debilitada, la dinastía Tang se mantendría en el poder en Chang’an hasta principios del siglo X. En el año 904 d.C., el dirigente militar Zhu Wen lanzó un ataque contra Chang’an, destruyendo la ciudad y haciendo matar a la corte del emperador. Finalmente, en 907 d.C. Zhu Wen hizo matar al último emperador Tang y proclamó una nueva dinastía: la dinastía Liang, con capitales en las ciudades de Luoyang y Kaifeng.

 

Tras el fin de la dinastía Tang, con la fundación de la dinastía Liang en el norte de China, se inicia una etapa de inestabilidad que vería sucederse cinco dinastías breves en el norte de China (dinastía Liang Posterior, dinastía Tang Posterior, dinastía Jin Posterior, dinastía Han Posterior y dinastía Zhou Posterior), mientras que en el sur aparecieron diez reinos independientes. A esta época, de 907 a 960 d.C., los historiadores chinos la conocen como “periodo de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos“, o simplemente “de las Cinco Dinastías“. Las Cinco Dinastías (Wu Dai) y los Diez Estados (Shi Guo), hacen referencia a los reinos formados tanto en el norte, Wu Dai, como en el sur, Shi Guo. La historiografía china ignora el sur, denominando este período sólo por las casas reinantes del norte: Liang, Tang, Jin, Han y Zhou, que conforman las Cinco Dinastías. A partir de la caída de la dinastía Tang, el sur va a sustituir al norte desde un punto de vista no sólo económico sino también político y artístico. El norte, amenazado eternamente por las invasiones, llevo a sus habitantes al sur de Yangzi, donde se sentían protegidos de los bárbaros y donde pudieron desarrollarse económicamente a través de la agricultura o el comercio.

Entre los pueblos invasores, los kitanes se impusieron sobre el resto e instauración la dinastía Liao (907-1125 d.C.). Se extendieron geográficamente desde la actual Manchuria a la provincia de Hebei, conquistando la ciudad de Yu (hoy, Beijing); su poder fue muy grande, por lo que le permitió exigir un tributo a la dinastía Jin (936-943 d.C.) y continuar sus conquistas hacia el sur. Junto a los kitanes, con una menor fuerza y presencia, se estableció un pueblo procedente del Tíbet, los Shato, que por medio de su poderío militar impusieron sus formas de gobierno y costumbres a los Han, residiendo su valor en su poderío militar, en vez de en la razón y la fuerza de su cultura. Mientras en el norte se fueron creando estructuras políticas más o menos sólidas que daban entrever la posibilidad de una reunificación, los Diez Estados del Sur (Shi Guo) se debilitaron por pequeñas guerras de conquista, facilitando la invasión de los reinos del norte.

En el año 960 d.C., el militar de la dinastía Zhou del Norte Zhao Kuangyin fundaba la dinastía Song, continuación de las cinco dinastías que se sucedieron en el norte tras la caída de los Tang. Esta dinastía, que estableció su capital en Kaifeng, consiguió conquistar los reinos del sur y reunificar gran parte del territorio que había estado bajo soberanía Tang. Durante la dinastía Song se produjo un gran desarrollo del comercio. Se generaliza el uso de dinero, y aumenta de manera espectacular el movimiento de personas y mercancías dentro del país. Este aumento del comercio lleva a la aparición de grandes ciudades. Durante el periodo Song, se sucedieron tres estados importantes formados por pueblos de etnia no china en el norte. Los kitán fundarían la dinastía Liao en el noreste. En el noroeste, en las actuales regiones de Gansu y Ningxia, los tangut fundan la dinastía Xia Occidental. El tercero de estos estados, y el más importante, sería la dinastía Jin, fundada por los yurchen, que llegaría a conquistar el norte de China, obligando a los Song a huir al sur en el año 1127 d.C.. Estos tres estados adoptaron el modelo dinástico chino, por lo que la historiografía tradicional china los incluye en los listados de dinastías.

El periodo Song se pude dividir en dos partes: “Song del Norte“, hasta 1127 d.C., cuando la dinastía controlaba la parte principal del territorio histórico de China, y “Song del Sur“, de 1127 a 1279 d.C., periodo durante el cual la corte Song hubo de refugiarse en el sur, estableciendo la capital en la actual Hangzhou, después de su derrota frente a los Jin. Desde el sur, los Song mantenían el objetivo de reconquistar el norte, pero nunca pudieron hacer frente a la superioridad militar de los pueblos altaicos. La reunificación de China se produciría, paradójicamente, gracias a la conquista del territorio chino por otro pueblo extranjero procedente del norte: los mongoles. Por razones de política exterior tuvo dos capitales, la primera de ellas fue Pian (hoy Kaifeng) en la provincia de Henan, donde la dinastía Song del Norte reinó del 960 a 1127 d.C.. Por el avance de los kitanes y de los mongoles hacia el sur se aconsejó trasladar la capital a Linan (hoy Hangzhou) en la provincia de Zhejiang, iniciándose un segundo período denominado Song del Sur (1127-1279 d.C.).

 

Durante la dinastía Song surgió el renacimiento intelectual y artístico Song, debido al desarrollo del comercio interno y externo, así como medidas políticas encauzadas hacia la coexistencia con los pueblos del norte mediante el pago de tributos. El ministro del emperador Shenzhong (1068-1085) Wang An-Shih (1021-1086), fue quien desarrolló estas reformas con el Memorándum de las diez mil palabras o la articulación del cambio social adecuado a los nuevos tiempos. Existía una ausencia de movilidad social, por el asentamiento de una clase ilustrada (Shih) sobre el rígido sistema de exámenes, esta fue una de las causas por las que las innovaciones tecnológicas y económicas no constituyeron el motor del cambio social, como si sucedió en Europa. Wang An-Shih, con sus reformas políticas y económicas, intentó dotar a la clase mercantil (shang) de suficiente poder con el fin de poder contrarrestar la falta de movimiento de los Shih, por eso es que introdujo en las materias de examen para trabajar como funcionarios del Estado el conocimiento técnico y científico, ignorados hasta esa época. Favoreció también el desarrollo del papel moneda y las letras de cambio, con el fin de agilizar el comercio entre las diferentes regiones, así como proteger a los pequeños propietarios y campesinos, equilibrando la presión fiscal. Desarrolló el sistema de graneros, como despensa del Estado. El desarrollo de las comunicaciones interiores y la navegación favorecieron el desarrollo económico, pero no fueron eficaces para frenar el avance militar de los pueblos del norte.

En el año 1127 d.C., tras la captura del emperador Huizong y de la emperatriz regente, la corte huyó a la ciudad de Nankín y de ahí a Hangzhou, donde se estableció provisionalmente. La ciudad de Hangzhou se convirtió, gracias a la dinastía Song, en una ciudad rica y en la más poblada del mundo, con un modo de vida absolutamente diferente al del norte, debido al desarrollo de su economía monetaria y de la exportación del té y la porcelana. La dinastía finalizó con la victoria militar de los mongoles y el inicio de la dinastía Yuan. Los mongoles, pueblo nómada del norte de lengua altaica, llegarían a establecer uno de los mayores imperios de la historia de la humanidad. Bajo su gran líder Gengis Kan, las conquistas mongolas llegaron a unir bajo su imperio territorios tan distantes como Europa Oriental, Irán y China. El propio Gengis Kan logró la conquista de los Xia occidentales, mientras que su hijo Ogodei, el segundo Gran Kan, derrotó a los Jin en 1234.

 

Gengis Kan nació en Burjan Jaldun, en 1162 d.C., y murió en  Yinchuan, el 18 de agosto de 1227 d.C. Fue un aristócrata mongol que unificó a las tribus nómadas de esta etnia del norte de Asia, fundando el primer Imperio mongol, el imperio contiguo más extenso de la Historia. Bajo su liderazgo como Gran Kan, los mongoles comenzaron una oleada de conquistas que extendió su dominio a un vasto territorio, desde Europa Oriental hasta el océano Pacífico, y desde Siberia hasta Mesopotamia, la India e Indochina. En la primera fase de esta expansión, las hordas mongolas conquistaron importantes reinos de Asia, como el Imperio jin del norte de China (1211-1216 d.C.), el Imperio tanguta, el Kanato de Kara-Kitai y el Imperio corasmio. Su verdadero nombre era Temüdyin (que significa “el mejor acero“), mientras que Gengis Kan es el nombre que recibió tras ser entronizado como emperador de los mongoles en 1206. El nombre Chinguis procede probablemente de la raíz mongola chin, con el significado de “fuerte, firme, inconmovible“; el término “kan” etimológicamente significa “príncipe” en persa, mientras que la palabra Chinguis significa “océano” o “universal“, esto es: Príncipe Universal. En la época se pensaba que la tierra era una vasta llanura rodeada de agua, por lo que también se le denomina como “señor de todos los océanos“. En alusión a este título, la ciudad de Pekín fue conocida fuera de China por el nombre de Cambaluc (o Janbalic) en la época de dominio mongol.

El imperio mongol había sido dividido en cuatro partes. Una de ellas, el Gran Kanato, ocupó gran parte del territorio de las actuales China y Mongolia. En el año 1271 d.C. el Gran Kan Kublai fundó una dinastía al estilo chino, bajo el nombre Yuan, con capital en Pekín. Kublai Kan, ya como emperador Yuan, derrotó definitivamente a la dinastía Song del Sur en la batalla de Yamen en 1279 d.C.. Los emperadores mongoles tuvieron que enfrentarse a la difícil tarea de gobernar una sociedad muy diferente de la suya. Clasificaron a la población en varias categorías étnicas y, tras un periodo de interrupción, reanudaron los exámenes imperiales para captar funcionarios para la administración. El periodo Yuan estuvo marcado por una gran inestabilidad social, situación agravada por desastres naturales, como las inundaciones en el valle del río Amarillo, que provocaron hambrunas, y también por la epidemia de peste, que afectó a una gran parte del territorio.

 

El desorden social del final de la dinastía Yuan provocó numerosas rebeliones contra los mongoles. Un líder rebelde de origen humilde, Zhu Yuanzhang, funda la dinastía Ming en 1368 d.C., estableciendo la capital en Nankín. A Zhu Yuanzhang, el emperador Hongwu, le sucederá, tras una breve guerra civil, su hijo el emperador Yongle, que trasladará la capital a Pekín. El emperador Hongwu de la Dinastía Ming murió a la edad de 71 años, después de sobrevivir a la muerte de la emperatriz y de su hijo heredero. Docenas de concubinas fueron quemadas vivas en su funeral y enterradas con él, al igual que en la antiquísima costumbre de la incineración de las viudas en India. La tumba está en el sector norte de la Montaña Morada de Oro en Nankín, China, la construcción de la misma comenzó en el año 1381 d.C. y terminó en 1405 d.C. Durante el reinado de Yongle, China se convertiría en la primera potencia marítima del mundo, como evidencian los siete viajes de Zheng He, el Cristobal Colón chino,  al sur de Asia y África. Sin embargo, estos viajes no tendrían continuidad. Probablemente por el coste que éstos habían supuesto para las arcas del Estado, China abandonó su flota y renunció a continuar las expediciones marinas. En el ámbito económico, durante el periodo Ming cae en desuso el papel moneda, debido a los problemas de inflación que generaba, y se empieza a utilizar la plata. A pesar de que los Ming habían prohibido el comercio con extranjeros, la escasez de plata en China hace que surjan numerosos contactos comerciales con Japón y, más adelante, con los portugueses, establecidos en Macao desde mediados del siglo XVI, y con los españoles, que transportaban plata de América a Filipinas.

En el año 1644, la dinastía Qing, procedente de Manchuria, conquista Pekín. En China, la dinastía Qing ha sido considerada una dinastía opresora. Los manchúes impusieron su estilo de peinado y su forma de vestir a la población china, y la lengua manchú se utilizaba para los asuntos más importantes en la corte, dominada por la clase dirigente de origen manchú. La dinastía Qing consolidaría la expansión territorial de China, incorporando al imperio Taiwán, Tíbet, Xinjiang y Mongolia. A pesar de la fortaleza militar del imperio Qing, se sucedieron las rebeliones contra éste. La más importante de las rebeliones fue la Rebelión Taiping, que causaría millones de muertos entre 1851 y 1864. A lo largo del siglo XIX se sucedieron las disputas comerciales con las potencias occidentales, que dieron lugar a la Primera Guerra del Opio, que enfrentó a China con el Reino Unido entre 1839 y 1842, y a la Segunda Guerra del Opio, entre 1856 y 1860, en la que una alianza franco-británica tomó la ciudad de Cantón. El resultado de estas guerras fue la firma de los tratados de Nankín y de Tianjin, por los que el Reino Unido consiguió la soberanía sobre parte del actual territorio de Hong Kong, además de derechos comerciales y de navegación para las potencias occidentales. En las últimas décadas de la dinastía Qing, bajo el mando de la poderosa Emperatriz Regente Cixi continuaron los conflictos con las potencias extranjeras por disputas comerciales. Además, la rivalidad con Japón por la influencia sobre Corea provocó la guerra chino-japonesa entre 1894 y 1895. Tras la derrota china en esta guerra, se firma el Tratado de Shimonoseki, por el que China reconocía la independencia de Corea, que pasaba a estar bajo influencia japonesa, y cedía Taiwán a Japón.

La emperatriz viuda Cixí o Zishí fue una gobernante china que ejerció el poder efectivo desde el año 1861 hasta su muerte en 1908, habiendo desempeñado entre otros el cargo de regente. Su etapa en el poder coincidió con los años de declive de la dinastía Qing o manchú, la última dinastía imperial china. Su nombre de pila era Orquídea, pasando a ser llamada Yehonala (el nombre del clan manchú al que pertenecía) al ser nombrada concubina imperial y más tardíamente se le denominó T´zu Hsi /Cixi (Emperatriz del Palacio Occidental). Cixi fue concubina del emperador Xianfeng. Tras la muerte de éste en 1861, Cixi y la también emperatriz viuda Ci’an, se convirtieron en monarcas regentes en nombre del hijo de Xianfeng, el emperador Tongzhi, que asumiría el poder imperial al alcanzar la mayoría de edad en 1873. Entre 1861 y 1873, las dos emperatrices regentes, asesoradas por el hermano del emperador fallecido, ejercieron el poder imperial de manera conjunta. El joven emperador Tongzhi fallecía dos años después de su mayoría de edad y la emperatriz regente Cixi vulneró las normas establecidas de sucesión al nombrar heredero a su sobrino de tres años de edad. Cixi continuó ocupando la regencia junto a Ci’an. Tras la muerte de ésta en 1881, Cixi pasó a ocupar el poder en solitario.

Cuando su sobrino el emperador Guangxu, alcanzó la mayoría de edad, Cixi se retiró, aunque se mantenía informada de los asuntos de Estado debido a que el emperador se caracterizó por ser un pusilánime con tendencia a la depresión incapaz de gobernar adecuadamente, siendo manejado por pensadores de segunda que estaban protegidos por Japón. Después de la derrota china en la Primera Guerra Sino-japonesa (1894-1895), Guangxu llevó a cabo una serie de reformas en el periodo que se conoció como la “reforma de los cien días“, guiado por ese grupúsculo de pensadores controlados por Japón. En respuesta a estas reformas, Cixi se alió con los poderes militares y con las fuerzas conservadoras para llevar a cabo un golpe de Estado y hacerse de nuevo con el poder. De esta forma, Cixi retomó el poder mientras el emperador Guangxu quedaba confinado en palacio, apartado del poder real. Con todo, las investigaciones históricas más recientes sugieren que emperatriz nunca deseó mal a su sobrino, y que fue él el que se apoyó en la figura de su madre adoptiva para seguir adelante con su tarea.

 

Un año después de retomar el poder, la emperatriz regente apoyó a las fuerzas que respaldaban la rebelión de los bóxers, una sublevación de carácter conservador y xenófobo, aunque nunca directamente, pues incluso protegió el barrio de las legaciones en Pekín cuando fue atacado por la secta. El problema radicaba en que la mayor parte de la corte manchú apoyaba o incluso formaba parte de los bóxers. Como represalia, las tropas de las potencias extranjeras capturaron Pekín, tras lo cual Cixi aceptó las condiciones de paz impuestas por las potencias extranjeras, aplicando muchas de las reformas institucionales por las que se había enfrentado a su sobrino el emperador. Aunque su poder efectivo se redujo considerablemente tras las derrotas militares frente a Japón y las potencias occidentales, mantendría el control del Imperio hasta su muerte. El emperador Guangxu murió poco antes que ella, según algunos envenenado por órdenes suyas. Cixi ha sido un personaje maltratado por la historiografía occidental, a causa de la defensa férrea que hizo de la monarquía manchú mientras los occidentales y Japón querían tener mayor control sobre el emperador; y por la china, tanto nacionalista como comunista, en su línea de desprecio a todo el pasado imperial chino.

En la actualidad, autores como Pearl S. Buck -en su libro La gran dama- intentan reivindicar su figura y mostrar a una mujer fuerte y segura de sí misma que tuvo que enfrentarse a mil obstáculos. Pero la derrota frente a Japón hizo crecer el desprestigio de la dinastía Qing. El descontento con el gobierno imperial manchú se manifestó en la aparición de numerosos movimientos revolucionarios que pedían la formación de una república. El 10 de octubre de 1911 se produce el Levantamiento de Wuchang, rebelión contra la dinastía Qing en la actual ciudad de Wuhan, que provoca la Revolución de Xinhai, que acabará con el derrocamiento definitivo del último emperador Qing, Puyi, en 1912. El líder revolucionario chino Sun Yat-sen, al tener noticia del levantamiento de Wuchang, vuelve a China desde Estados Unidos. Aunque Sun llega a ser nombrado Presidente de la República de China, el país se encuentra dividido, dominado por dirigentes locales, y llega a un acuerdo con el destacado militar Yuan Shikai, que controlaba los restos del ejército Qing en el norte, para que éste sea presidente.

La ambición de Yuan Shikai, que llegaría a autoproclamarse emperador en 1915, hace crecer la oposición a éste. China se encontraba aún dividida, y Sun Yat-sen vuelve del exilio para instalarse en Cantón, desde donde dirige el Kuomintang, el partido político que él había fundado. En Cantón, Sun Yat-sen funda la Academia Militar de Whampoa, en la que se formará el ejército que, bajo el mando de Chiang Kai-shek, sucesor de Sun Yat-sen al frente del Kuomintang, conseguirá conquistar gran parte de China y establecer en Nankín la capital de la República de China, cumpliendo la ambición de Sun Yat-sen. Chiang Kai-shek se convierte en presidente de la República y, desde el principio, tendrá que enfrentarse a dos problemas. Por un lado, el Partido Comunista Chino, a pesar de varios periodos de colaboración con el Kuomintang, lucha por establecer un régimen comunista. Por otro lado, el imperialismo japonés presiona a China. En 1931 Japón conquista Manchuria, y establece allí el estado títere de Manchukuo. En 1937 el ejército japonés inicia una invasión a China.

 

Durante la invasión japonesa, el gobierno de Chiang Kai-shek abandona la capital Nankín, ocupada por Japón, y se repliega al interior, estableciéndose en la ciudad de Chongqing. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, Japón abandona sus conquistas en Asia, y China recupera Manchuria y Taiwán. Cuando parecía que el gobierno de Chiang Kai-shek podría ya lograr consolidar la estabilidad de la república, el partido comunista organizo una rebelión armada contra el Kuomintang. Éste se convierte en una guerra civil total a partir de 1947. En contra de las previsiones, los comunistas logran vencer al ejército de la República. El gobierno del Kuomintang, junto a parte del ejército y muchos de sus simpatizantes, se va a Taiwán, desde donde confiaba en poder reconquistar el continente. Esta situación, sin embargo, acabaría manteniéndose y la República de China continúa existiendo en la actualidad en la isla de Taiwán.

El 1 de octubre de 1949, el líder del Partido Comunista Chino Mao Tse-Tung proclama la República Popular China desde la puerta de Tian’anmen de la Ciudad Prohibida de Pekín. Mao fue el líder máximo de China hasta su muerte en 1976. Su periodo de gobierno estuvo marcado por profundas conmociones sociales y políticas, como las campañas del Gran Salto Adelante o la Revolución Cultural. Tras la muerte de Mao, el sucesor elegido por éste, Hua Guofeng, no consiguió consolidar el poder, que acabó en manos de Deng Xiaoping. Deng Xiaoping inició un proceso de reformas económicas y apertura comercial al resto del mundo. Desde entonces, la economía china ha conseguido crecer a un ritmo espectacular. A pesar de estos éxitos económicos, la represión política se manifestó de una manera especialmente trágica en 1989, con la intervención del ejército para acabar con las protestas de la Plaza de Tian’anmen. Tras la muerte de Deng, su sucesor Jiang Zemin mantuvo el poder hasta que entre los años 2002 y 2004 fue sustituido en todos sus cargos por el actual Presidente de la República Popular China Hu Jintao.

Ver el siguiente artículo “La misteriosa China milenaria 3/3

mayo 13, 2011 - Posted by | Historia, Otras ant. civil., Otros | , , , , , , , ,

2 comentarios »

  1. wau anda la osa te tomaste todo el tiempo para escribir eso o lo copiaste de una pagina

    Comentario por maxmilitar | septiembre 25, 2011 | Responder

  2. China se llama China por Chin, Chin Shi Huang, que fue su primer emperador.
    Él fundó a sangre y fuego la nación, hasta entonces despedazada en reinos enemigos, le impuso una lengua común y un común sistema de pesos y medidas y creó una moneda única, hecha de bronce con un agujerito en el centro. Y para proteger sus dominios alzó la Gran Muralla, una infinita cresta de piedra que atraviesa el mapa y sigue siendo, dos mil doscientos años después, la defensa militar más visitada del mundo.
    Pero estas minucias nunca le quitaron el sueño. La obra de su vida fue su muerte: su sepultura, su palacio de después.
    http://joseluisregojo.blogspot.com/2012/01/el-emperador-que-vivio-construyendo-su.html#more

    Comentario por jose luis | enero 17, 2012 | Responder


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