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Antiguas civilizaciones y enigmas

¿Quiénes eran estos misteriosos dioses de la antigüedad?


 

En la antigüedad se hablaba de tres mundos, el inframundo, la Tierra y un enigmático planeta, que posiblemente se tratase de Nibiru, también llamado Marduk, el supuesto duodécimo planeta del Sistema Solar, según Zecharia Sitchin, en su libro El 12º Planeta. Estos tres mundos se mencionan en diversas historias antiguas. Por supuesto, la ciencia tradicional nos dice que la Imagen 3Tierra Hueca, en donde se ubicaría el inframundo, es ficticia, pero algunos científicos ya no están tan seguros. En el artículo Slab penetration into the lower mantle, los geólogos del MIT Thomas Jordan y Kenneth Creager, nos dicen que utilizando tomografía axial computarizada y escáneres CAT, pudieron “ver” el interior de la Tierra, obteniendo, para su sorpresa, perfiles de “estructuras móviles masivas aproximadamente similares a los continentes en la superficie“. Parecen tener miles de kilómetros de diámetro y se cree que se encuentran entre el núcleo de hierro líquido de la Tierra y el manto. El investigador Thomas Jordan afirmó: “Estoy seguro de que la Tierra nos deparará algunas sorpresas“. Ello a pesar que la ciencia ha refutado repetidamente la teoría de la Tierra Hueca. ¿Podemos decir que hay continentes dentro de la Tierra, tal como nos dijeron los antiguos? En cuanto a la tradición del inframundo, se ha hablado mucho. Se supone que el dios Indra, también identificado como el dios sumerio Enki y con Lucifer, se instaló allí por necesidad. El inframundo de Egipto fue llamado la Duat, Dat o el Tuat. La Duat, también llamada Amenti o Necher-Jertet, era el inframundo de la mitología egipcia, el lugar donde se celebraba el juicio de Osiris, y donde el espíritu del difunto debía deambular, sorteando seres malignos y otros peligros, según se narra en el Libro de los Muertos, y además debía pasar por una serie de “puertas” en diferentes etapas del viaje, según se describe en el Libro de las Puertas. Los Textos de las Pirámides, grabados durante el Imperio Antiguo, denominaban Dat al inframundo y se mostraba como un mundo celeste situado sobre la Tierra. Es curioso, porque parece hacer referencia a un tipo de nave volante. ¿No sería que en lugar de estar en el interior de la Tierra el inframundo estaba en una nave espacial? ¿O tal vez en otra dimensión, como la cuarta dimensión espacial inferior o el bajo astral? Encima de la Dat se dice que se encontraba el reino celeste de Ra, al que solamente el faraón fallecido podría acceder.

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Se decía que la Dat estaba gobernada por Horus, el dios halcón de naturaleza celestial e hijo de Isis y Osiris. Por otro lado, Anubis, el gran cánido negro, guardián de las tumbas y ligado a la muerte, era la divinidad que presidía los espíritus de los humanos corrientes, denominados “Occidentales” en los Textos de las Pirámides, que tras su muerte irían a este misterioso cielo inferior o inframundo. En él estaban aquellos espíritus que todavía no eran absolutamente puros, cuya equivalencia cristiana la podríamos encontrar en el Purgatorio. Era el lugar donde situaban la constelación de Orión, que es tan relevante en distintas culturas, como la egipcia. Las religiones humanas y el origen de las figuras como Zeus, Osiris, Isis, el Minotauro y otros seres mitológicos se sitúan en el marco de la Historia de la Tierra. En la Antigua Sumer, en Babilonia, Asiria,  Egipto o Grecia, aparecen en escena múltiples dioses. Entonces, de pronto, y en la Biblia, aparece un nuevo y poderoso dios llamado Yahveh, que nadie sabe de dónde ha salido. Se cree que probablemente Yahveh era en realidad el dios sumerio Enlil. Y se cree que su hermano, el dios sumerio Enki, creó a los seres humanos, concretamente al Homo Sapiens, a partir de su propio ADN. Esto explicaría que su gran rival Enlil (supuestamente Yahveh) nos considerase una abominación. Pero vayamos a los inicios, para los que solo podemos basarnos en antiquísimas tradiciones. Estas tradiciones nos dicen que en nuestra galaxia existen billones de seres estelares, en que las razas humanoides son la norma y no la excepción. Estas razas descenderían de diferentes formas de vida. Una de las razas estelares más antigua de este sector del universo sería la que evolucionó de ancestros dinosaurios en el sistema estelar de Orión. De aquí vendría la proliferación de dragones y serpientes en todas las antiguas mitologías. Regidos por Reinas, crearon el imperio más poderoso de esta galaxia, al que llamaremos Imperio Orión. Su imperio era inigualable en tamaño y poder. Robert Morning Sky (Cielo de la mañana), es un estudioso y conferenciante amerindio, que ha escrito artículos y libros sobre distintos temas, como las tribus americanas y sobre ufología. Morning Sky ha realizado un interesante estudio sobre los Hopi y los sumerios, así como sobre sus similitudes. Sumeria, es una antigua región del Próximo Oriente, que se encuentra en lo que sería actualmente parte del territorio de Irak. Formaba la parte sur de la histórica Mesopotamia, entre la planicie ubicada entre los ríos Éufrates y Tigris. Grandes misterios envuelven a la Civilización Sumeria, considerada la primera y más antigua civilización conocida del mundo, teniendo en cuenta nuestro desconocimiento de las épocas prediluvianas. De hecho se dice que los antigüos egipcios afirmaban que “nuestros dioses vinieron de Ur, en Sumeria”.

 

Sirio y Orión, ¿Por qué son tan importantes para las antiguas civilizaciones? Orión, el Cazador, es una constelación prominente, quizás la mejor conocida del cielo. Sus estrellas brillantes y visibles desde ambos hemisferios hacen que esta constelación sea reconocida universalmente. Es visible durante el invierno en el hemisferio norte y durante el verano en el hemisferio sur. Orión se encuentra cerca de la constelación del río Eridanus. Se apoya en sus dos perros de caza, Canis Maior y Canis Minor, en su “pelea” con la constelación del Tauro. En la mitología griega Orión fue un gigante que, según algunas versiones, nació de los orines de los dioses Zeus, Poseidón y Hermes. Otra leyenda cuenta que Orión acosaba a las Pléyades, hijas del titán Atlas, por lo que Zeus las colocó en el cielo. Todavía parece que, en el cielo, Orión continúa persiguiendo a las Pléyades. En la Mitología egipcia la estrella de Orion estaba asociada al dios Osiris (estrella Sirio). Charles Etienne Brasseur, conocido como Brasseur de Bourbourg, sacerdote francés considerado uno de los pioneros en el estudio de la arqueología, la etnología y la historia precolombina de Mesoamérica, creía que existió una antigua civilización de navegantes mucho antes de que aparecieran las primeras ciudades en el Oriente Medio y que sus marineros llevaron su cultura a todo el mundo. También creía que formaba parte de su religión el culto a Sirio, la estrella perro, lo cual se anticipaba a los posteriores descubrimientos. Los Textos de las Pirámides hacen referencia a la creencia de que los mundos celestiales eran inmensas masas de agua en las que habría diversos lugares de purificación. Más lejos estaría el reino celeste de Ra y más distante todavía, las inescrutables profundidades del Nun, el «océano primordial» en la mitología egipcia. Cuando las creencias evolucionaron, Osiris pasó a ser el señor de la Duat en lugar de la Dat, y es en esa época cuando se habría situado esta región en el inframundo, que sería un cielo inferior situado bajo la Tierra. En el Imperio Nuevo egipcio ya se pensaba que la Duat era el inframundo, situado debajo de la Tierra, por donde el dios solar Ra viajaba de oeste a este durante la noche. Los antiguos egipcios dividían cada día en veinticuatro horas, doce en el período de luz solar, en las que Ra surcaba el cielo en su barca diurna, y otras doce nocturnas, referentes al mundo del Más Allá, cuando el dios sol Ra, en su barca nocturna, atravesaba las regiones oscuras de la Duat, y donde luchaba diariamente contra Apep, o Apofis, que en la mitología egipcia representaba a las fuerzas maléficas que habitan el Duat y también representan a las tinieblas. Era también el lugar donde se dice iban los espíritus de los egipcios después de muerte. La estructura del Duat y los peligros que acechaban a los espíritus de los muertos se describen en textos tales como el Libro de las Puertas y el Libro de los Muertos.

 

En griego, Amenthes (Amenti) era el inframundo. El mundo de abajo era una especie de paraíso, porque fue aquí donde se supone que los Anunnaki, que venían del planeta Nibiru, se vieron obligados a vivir lejos de los fuertes rayos del Sol, donde las pieles más claras podrían sobrevivir mejor. Ya que, como el “diablo”, se enrojecen al permanecer ante sus rayos. Se decía que muchos monstruos diabólicos habitaban aquí, tal vez indicando especies mutantes. Se decía que lo atravesaba un gran valle y un río que, según los egipcios, era la verdadera fuente del Nilo. El Tuat (o Duat) está representado en un sarcófago de Seti I, hijo de Ramsés I y Sitra, que fue el segundo faraón de la dinastía XIX y gobernó unos quince años, del 1294 al 1279 a. C. Este sarcófago es redondo, lo que parece hacer referencia a la rueda magnética de la Tierra que se extiende por debajo, lo que puede ser muy cierto dados los resultados de los escaneos de la Tierra efectuados en el MIT. Se dice que la Tuat era un área casi oscura donde abundaban los helechos y líquenes, así como otra flora que no necesitaba la luz solar, lo que le debía dar un aire más propio de “El señor de los anillos“, donde las fantasías de gnomos y gigantes emergen de la memoria genética. Los sacerdotes egipcios compilaron un libro que daba nombres y descripciones de todas estas extrañas criaturas. Se dice que el dios Seb hizo una abertura en la Tierra a través de la cual pasaban los dioses al inframundo. Seb, también conocido como Seth, o Set, enemigo y asesino de Osiris, era un dios ctónico, una deidad de la fuerza bruta, de lo tumultuoso y lo incontenible. Además, era el Señor del mal y las tinieblas, dios de la sequía y del desierto según la mitología egipcia. El historiador y geógrafo griego Heródoto trató de encontrar la fuente de las “serpientes aladas” de las que se habla a menudo como que emanaban de la Tierra, al igual que se cree que algunos ovnis provienen de allí. En los Dioses de los Egipcios, de Wallis Budge, podemos leer que Heródoto fue a un lugar en Arabia y “vio la columna vertebral y las costillas de serpientes en tal cantidad que es imposible describir; de las costillas había una multitud de montones, algunos grandes, otros pequeños, otros medianos. El lugar donde reposan los huesos está a la entrada de un estrecho desfiladero entre escarpadas montañas, que allí se abren a una espaciosa llanura que comunica con la gran llanura de Egipto. Cuenta la historia que, con la primavera, las serpientes aladas vienen volando desde Arabia hacia Egipto, pero son encontradas en este desfiladero por los pájaros llamados ibis, que les prohíben la entrada y las destruyen a todas“. El ibis puede ser un término para un grupo de personas con ciertas habilidades y dispositivos que, como el pájaro ibis, devoraron las ‘serpientes‘, que tal vez representaban radiación y/o misiles, como sugiere el Rig Veda. Se decía que las alas de las serpientes se asemejaban a los murciélagos y en las pictografías sumerias se muestran aeronaves similares a murciélagos. En Samuel I podemos leer que fue de la Tierra que la bruja le dijo a Saúl que “vio dioses que subían de la tierra“. 

 

Con respecto a la radiación, podemos decir que ciertos textos conservados en la antigua literatura histórica y religiosa, parcialmente confirmados por algunos curiosos descubrimientos arqueológicos, parecen indicar que algo parecido a bombas atómicas se emplearon en guerras en este planeta miles de años antes de que empezara la actual historia escrita. No hemos reconocido esas detalladas referencias a la guerra nuclear en las leyendas antiguas hasta que no hemos desarrollado nosotros mismos la fuerza atómica. La mayor parte de esas referencias proceden del Mahabharata, el Ramayana, textos puránicos y védicos, el Mahavira Charita y otros textos sánscritos, que, libres de los incendios y destrucciones sufridos por tantos libros de la antigüedad mediterránea y del Medio Oriente, nos han llegado directamente desde tiempos antiguos. Las referencias “atómicas” que contenían, a los ojos occidentales, desde la traducción completa del Mahabharata, escrito en sánscrito hacia el 1500 a.C., sobre leyendas que databan de, al menos, 5.000 años antes. Estos relatos parecían sólo ejemplos de férvida imaginación oriental, sobre guerras de dioses y héroes antiguos. Mahabharata significa, en sánscrito, Gran Bharata, y es el más extenso poema épico de la literatura india antigua, siendo el segundo el Ramayana. Antes de conocerse los efectos de la bomba atómica estos poemas carecían de sentido, ahora no, al igual que el de los carros de fuego que por los aires los llevaban. Como ejemplo veamos este significativo texto del Mahabharata: “Era un solo proyectil cargado con toda la fuerza del Universo. Una columna incandescente de humo y llamas brillante como diez mil soles se elevó en todo su esplendor… Era un arma desconocida, un relámpago de hierro, un gigantesco mensajero de muerte, que redujo a cenizas a toda la raza de los Vrishnis y los Andhakas.…Los cadáveres quedaron tan quemados que no se podían reconocer. Se les cayeron el pelo y las uñas y los cacharros se rompieron sin motivo,  y los pájaros se volvieron blancos. Al cabo de pocas horas todos los alimentos estaban infectados… Para escapar de ese fuego los soldados se arrojaban a los ríos, para lavarse ellos y su equipo…”.

 

En Pakistán, en lo que era el valle del Indo, hay ruinas de varias ciudades antiguas que tienen fama de haber albergado en sus enormes áreas, poblaciones de más de un millón cada una. Puesto que no se mencionan en la historia: podemos suponer que existían antes de nuestra historia escrita. Las más grandes se llaman ahora Mohenjo-Daro y Harappa, aunque no tenemos idea de cuáles eran sus nombres cuando prosperaron. Su sistema de escritura no ha sido descifrado nunca, aunque se ha encontrado curiosamente en otra zona, en la isla de Pascua, en el Pacífico, exactamente al otro lado del mundo. Al parecer, estas dos ciudades fueron destruidas repentinamente, ya que las excavaciones hasta el nivel de sus calles han revelado esqueletos dispersos, como sí el fin del mundo hubiera llegado tan rápidamente que los habitantes no hubieran tenido tiempo de irse a sus casas. Esos esqueletos, al cabo de no se sabe cuántos miles de años, están todavía entre los más radiactivos que se han encontrado nunca, al nivel de los de Hiroshima y Nagasaki.  Asimismo, una gran capa de cenizas radioactivas fue encontrada en Rajasthan, India, en 1992, cubriendo un área de unos ocho kilómetros cuadrados, a 16 kilómetros al oeste de Jodhpur. La radiación es tan intensa que aún contamina la zona. La zona se caracteriza por el gran número de malformaciones congénitas que se dan en los alrededores. Los niveles de radiación son tan elevados que como medida cautelar el gobierno de la India ha acordonado la zona. Al parecer en las inmediaciones se encuentran restos de una antigua ciudad que dataría de una época entre hace 8.000 y 12.000 años, y que pudo estar habitada por cerca de medio millón de personas.

 

La tradición hebrea nos dice que este inframundo, o “Gehena“, fue creado el segundo día de la creación. Si la teoría de la Tierra Hueca es correcta, eso puede ser cierto, ya que se cree que la causó la fuerza centrífuga de la propia Tierra. Para los egipcios había un Nilo celestial y uno en el inframundo, así como había un río en el Gehena y otro en el cielo, aunque en el Rig Veda es el Ganges el que está en el cielo. Y como los egipcios, la tradición hebraica designó siete divisiones o mansiones del infierno que fueron impuestas como castigo mediante leones ardientes y otras bestias, pero esto puede ser una alusión a pasajes o puertas estelares para escapar de la atmósfera terrestre, como veremos tanto en los textos sumerios como en los Vedas. Probablemente nuestras mejores referencias al inframundo las encontramos en el Rig Veda. Cuando los hijos y la hija de Rama, que sería el dios Anu de los sumerios, son desterrados al inframundo, ven por sí mismos a las personas deformadas que viven allí. Aquí la gente busca alcanzar el cielo mediante las “austeridades” correctas con la esperanza de corregir su situación. Hay muchas referencias a esto. Las teorías de la Tierra Hueca surgen en un periodo anterior. Una de las más antiguas leyendas es la de un enigmático reino increíblemente rico, poderoso y con grandes conocimientos que está oculto en el interior de la Tierra. Se dice que allí impera un monarca que es el Rey del Mundo, también llamado el Señor de la Civilización y del Tiempo. El célebre historiador romano Plinio refiere que los habitantes de una isla maravillosa del mítico país ártico de Hiperbórea lograron huir del cataclismo que hundió aquel edén bajo un manto de hielo a través de cavernas y túneles que llegaban hasta el Sur de la actual Alemania. Ello quedaría confirmado con lo que parecen coincidir la mayoría de científicos, que es que los mantos de hielo que más fácilmente se desarrollaron durante la última glaciación de Würm son los que cubrieron en épocas glaciales lo que es Canadá y la parte Norte de los actuales Estados Unidos, llamado manto Laurentino, y el que cubrió gran parte del norte de Europa, llamado manto Finoescandinavo. Parece que la falta de corrientes cálidas que pudiesen derretirlo provocó que el Laurentino fuese el primer manto de hielo que adquiriera grandes dimensiones. Luego se habría desarrollado el manto Finoescandinavo, que abarcaba básicamente el Norte de Europa, incluyendo Escandinavia, el Báltico, las islas Británicas y parte de la Europa Central. Por lo tanto, total o parcialmente, algunos continentes quedaron cubiertos por el hielo. El enorme peso de estos mantos, que llegaron a espesores de entre 2 y 4 km, provocó el hundimiento de las tierras que tenían que soportar aquel gigantesco peso.

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Es decir, se construyeron unas 1.200 millas náuticas de galerías subterráneas uniendo el círculo ártico con las tierras templadas. Esto equivale a 2.246 kilómetros. ¿Podríamos, entonces, imaginar que algunos de aquellos fugitivos se quedaran indefinidamente habitando aquel mundo subterráneo? Dante Alighieri (1265-1321), en su famosa obra La Divina Comedia introduce la idea de un mundo interior poblado, aunque en este caso estamos hablando del infierno, donde las almas de los pecadores purgan sus faltas. Es por tanto un relato que tiene mucho en común con las tradiciones antiguas. Será Athanasius Kircher (1601-1680) quien iniciará especulaciones sobre el interior de la Tierra basadas en sus observaciones. En efecto, la erupción del Etna le llevó a desarrollar un modelo del interior de la Tierra donde, según él, existiría ríos de lava que conectarían enormes cámaras de material incandescente, siendo los volcanes válvulas de seguridad por donde aliviar la presión. También incluía algún que otro bestiario, con demonios y  reptiles, estos últimos en base al descubrimiento de fósiles. Y el primer autor científico que propuso la existencia de huecos lo suficientemente grandes para estar habitados fue Edmond Halley (1656 – 1742), que propuso la existencia de tres esferas huecas concéntricas (con un grosor de 800 Km.) y un núcleo, Además sugería que el origen de las auroras boreales era la luz que escapaba del interior de la Tierra. Ya en el siglo XIX, John Cleves Symmes Jr. abogará por un modelo parecido con cuatro esferas concéntricas, con grosores de 1300 Km., pero sin núcleo central, y con aberturas en los polos de 2300 Km. Durante todo el siglo XIX la idea de la Tierra Hueca tendrá defensores y arraigara en algunas capas de la sociedad. Así Julio Verne, un gran iniciado, la desarrollará en su novela Viaje al centro de la Tierra. Y ya en el siglo XX, Edgar Rice Burroughs en sus novelas En el corazón de la Tierra y Pellucidar, así como los relatos fantásticos de H.P. Lovecraft, con Las montañas de la locura, retomarán la teoría de la Tierra Hueca como base de sus relatos. Fernando Ossendowski,en su libro Bestias, Hombres y Dioses, explica una profecía desconocida por la gran mayoría de la gente, pero no por eso menos inquietante. Fue anunciada, tal como dice el texto, hace muchos años atrás, a finales del siglo XIX a los lamas de un monasterio budista en Asia y fue escrita por el autor del libro mencionado, a comienzos de la década de 1920 según consta en los registros editoriales.

 

Al analizar esta profecía detalladamente podemos observar interesantes similitudes con acontecimientos sucedidos durante el siglo XX y escalofriantes predicciones que deberían suceder en el presente siglo. El texto es el siguiente: “El hutuktu de Narabanchi me refirió lo siguiente cuando tuve ocasión de visitarle en su monasterio al empezar el año 1921: La vez que el Rey del Mundo apareció a los lamas de nuestro monasterio, favorecidos por Dios, hace treinta años, hizo una profecía relativa a los años venideros, que entre otras cosas, dice: …… Enseguida vendrán dieciocho años de guerras y cataclismos. Luego los pueblos de Agharti saldrán de sus cavernas subterráneas y aparecerán en la superficie de la tierra…”. Agartha también conocida o denominada Agarthi, Agharta o Agarttha es, según la tradición oriental, un reino constituido por numerosas galerías subterráneas que conectan con decenas de ciudades intraterrestres habitadas por seres de un altísimo nivel de conocimiento, que custodian y preservan la evolución planetaria. Diferentes culturas de todo el planeta, especialmente en Asia, han dejado importantes referencias acerca de este misterioso lugar. La situación geográfica de su capital, de nombre Shambala, se encontraría bajo el enigmático desierto de Gobi. Estas teorías son tan antiguas como la humanidad y en algunas leyendas se habla del reino subterráneo de Agartha, que se encuentra bajo los montes del Tibet. Se ha dicho en muchas ocasiones que los tan discutidos ovnis no proceden del espacio, sino que tienen sus bases en el interior de la Tierra, que abandonan saliendo precisamente por las dos aberturas que existen en ambos Polos. “Ahí vive la raza superior, la misma que un día subirá a aniquilarnos“. Esta teoría defendida hace dos siglos por el inglés Edward Bulwer Lytton, en su libro La raza futura, sería aceptada por los filósofos del nazismo, quienes se mostrarían convencidos de la existencia de un sol interior. Este sol iluminaría a una tierra hueca cuyos habitantes serían de raza aria y odiarían a muerte a los que vivimos en la superficie del planeta. El mito de este mundo secreto en las profundidades de la Tierra nos conduce hasta a la religión Brahamánica. En el libro El rey del Mundo (1927), el esotérico francés René Guénon enumera gran cantidad de tradiciones antiguas que hablan de una tierra santa localizada en lugares legendarios como la Atlántida, el Reino del Preste Juan o el propio Castillo de Camelot del rey Arturo, entre otros.

 

Louis Jaccolliot, Alexandre Saint-Yves d’Alveydre y Ferdinand Ossendowski fueron los primeros en difundir la descripción de Agartha. La ocultista Helena Blavatsky mantuvo una opinión y creencia según la cual el reino de Agartha fue fundada por semi-dioses provenientes del planeta Venus, que se supone fueron los que dieron conocimientos a los antiguos mayas. Las doctrinas esotéricas mas fantasiosas retrasan su fundación hasta hace unos quince millones de años. La idea de mundos subterráneos se pudo haber inspirado en creencias religiosas antiguas como el Hades, el Sheol y el infierno. La palabra Agharta es de origen budista. Se refiere al Mundo o Imperio Subterráneo, en cuya existencia creen los budistas. Ellos también creen que este Mundo Subterráneo tiene millones de habitantes y muchas ciudades, con Shamballah como su capital. Allí vive el Gobernante Supremo del Imperio, conocido en oriente como el Rey del Mundo. Se cree que el Dalai Lama del Tíbet es su representante en la superficie. Transmite sus mensajes a través de algunos túneles secretos que conectan el mundo subterráneo con el Tíbet. Hay túneles semejantes en Brasil, en el oeste, y Tíbet, en el este, que parecen ser las dos partes del mundo donde se accede con mayor facilidad a este Mundo Subterráneo. El famoso artista, filósofo y explorador ruso, Nicholas Roerich, que viajó por Asia central, sostenía que Lhasa, la capital del Tíbet, estaba conectada mediante un túnel con la ciudad de Shamballah, capital del imperio subterráneo de Agharta. Tal vez esto explicaría la ocupación del Tíbet por parte de China. La entrada al túnel estaba vigilada por lamas, a los que el Dalai Lama había hecho jurar secreto sobre su ubicación. Se creía que había un túnel similar que conectaba la base de la pirámide de Gizeh con el Mundo Subterráneo, por el que se supone que se podía establecer contacto con los “dioses” de este mundo subterráneo.

 

Las diferentes estatuas gigantes de los primeros dioses y reyes egipcios, como las de Buda, en India, que hallamos en todo Oriente, representarían a los “dioses” subterráneos que vinieron a la superficie para ayudar a la raza humana. Eran emisarios de Agharta, el paraíso subterráneo al que todos los budistas desean llegar. La tradición budista dice que la primera colonización de Agharta se produjo hace muchos miles de años, cuando un hombre santo condujo bajo tierra a una tribu que desapareció. En distintos párrafos del Mahabharata leemos: “Entonces uno debe proceder al magnífico Phaloklvano, donde los dioses siempre buscan un recurso y durante muchos miles de años se han realizado muchas austeridades …. Cuando uno se baña allí después de un ayuno de tres noches, es absuelto del asesinato del brahmin y encuentra el fruto de una Tierra del Fuego y un Sacrificio de la noche a la mañana, y purifica su linaje hasta siete generaciones …..”. Muchos vivían allí y sufrían, tratando de curarse con agua, dieta y moderación moral. Según Lana Cantrell, en La mayor historia jamás contada, algunos siguieron brevemente una dieta vegetariana que librará el sistema de impurezas al igual que el ayuno. Deseaban que sus linajes volvieran al camino de la vida. Montado en un “carro celestial“, dice el Rig Veda, se podían ver todas las moradas de los días de antaño, así que, aparentemente, la Tierra Hueca existió desde el principio, como nos dicen las leyendas. El bastón del tridente se usó aquí como símbolo, lo que significa que Indra era el gobernante, el verdadero “Príncipe de las Tinieblas“. También era el mundo de muchos pueblos malformados como los “brujos“, los Raksasas, que habitaban en la oscuridad. También vivían aquí muchas facciones caníbales a las que los egipcios más tarde temerían mucho.

 

Los primeros seres en ser expulsados de la faz de la tierra por Rama, o Anu, fueron los conocidos como “Vigilantes“, también conocidos como los Grigori, la descarriada descendencia del linaje de Indra, que había profanado a la humanidad, creada a través de sus métodos de nacimiento solar y de la descendencia engendrada a través de mujeres mortales. Los Grigori (Observadores o Vigilantes), también conocidos como hijos de los Elohim, son un grupo de ángeles caídos según la historia judía, y que son mencionados en algunos textos apócrifos judíos y bíblicos y en el libro del Génesis. En estos textos se menciona que los Grigori fueron seres que se aparearon con las “hijas del hombre“, naciendo de esta unión una raza de semidioses conocida como los Nephilim. Según el Libro de Enoc, los Grigori sumaban un número de 200, pero solo sus líderes son mencionados: “Estos son los nombres de sus jefes: Samyaza, que era su líder, Urakabarameel, Akibeel, Tamiel, Ramuel, Dan’el, Azkeel, Saraknyal, Asael, Armers, Batraal, Anane, Zavebe, Samsaveel, Ertael, Turel, Yomyael y Azazyel (también conocido como Azazel y quizá como Araziel). Estos eran los prefectos de los doscientos ángeles, y el resto eran todo con ellos“. Algunos investigadores postulan que todos estos textos se refieren en general a estos seres como un grupo de ángeles que fueron castigados por Yahvé por haber copulado con mujeres de la Tierra y por haber enseñado a los seres humanos la creación de armas y el arte de la guerra, entre otros conocimientos, trayendo el conflicto entre los seres humanos. En el Génesis parece conservarse parte de este relato, en el que se habla de estos ángeles, refiriéndose a ellos como hijos de los Elohim que tomaron para sí mujeres, y engendraron gigantes llamados Nephilim. La violencia propagada por ellos habría llevado a Dios a decidir, según el Génesis: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; por eso sus días llegarán a ser ciento veinte años“. En el Libro de Enoc, Enoc además de nombrar al número y los nombres de los principales Grigori, cuenta además el tipo de castigo que sufrieron estos seres y sus hijos. Al unir la historia de ambos textos se da a entender que el castigo de estos ángeles se habría realizado después de la creación del hombre, a diferencia de los mitos cristianos que relacionan estos hechos con Lucifer, personaje inexistente en el judaísmo; el cual habría sido castigado antes de la creación del mundo.

 

En el Libro de los Jubileos se menciona que estos ángeles son hijos de los Elohim. En este libro se habla que estos seres eran ángeles que habían bajado a la Tierra en busca de compañía femenina. También se les presenta como enviados de Dios para enseñar a la humanidad la verdad y la justicia, pero estos decidieron pactar y desobedecer su misión y las reglas. Este texto ofrece así una versión diferente del propósito por el cual los Vigilantes bajaron inicialmente a la Tierra. Ahora los Vigilantes estaban siendo juzgados ante la Enéada, que es la antigua denominación, en idioma griego, de la palabra egipcia Pesedyet. La palabra se usa para denominar al conjunto de nueve dioses que conformaban la cosmogonía de Heliópolis, creada por los sacerdotes de esta ciudad. Formaban parte de ella: Atum, Shu, Tefnut, Nut, Geb, Isis, Osiris, Neftis y Seth. Los egipcios tuvieron una gran tendencia a las agrupaciones familiares de sus dioses, primero por parejas, representando la fuerza creadora mediante un principio femenino y otro masculino. Tras la reunificación, cada ciudad luchaba por la preeminencia de su dios, colocándolo a la cabeza de un mito de creación, a la cabeza de agrupaciones familiares. Las parejas pasaron a tríadas o grupos mayores, hasta llegar a formar Enéadas, compuestas casi siempre por nueve divinidades relacionadas entre sí. La más importante de todas estas cosmogonías era la más antigua: la versión creada por los sacerdotes de Ra de la ciudad de Heliópolis. Todas las cosmogonías locales eran aceptadas, y todas tenían una base común. Según el Mahabharata: “Se han contaminado con gran contaminación sobre la tierra; no habrá paz para ellos ni perdón de pecados. Porque sus hijos se deleitan al ver el asesinato de sus seres queridos. pero gemirán y mendigarán eternamente por la destrucción de sus hijos, y no habrá paz para ellos por siempre“. Rama dio las órdenes finales a sus hombres para que llevaran a los malhechores al único lugar de la Tierra que pudieran tolerar, ahora que la luz volvería a cubrir la faz de la tierra. En los Dioses de los Egipcios, de Wallis Budge, podemos leer: “De ahora en adelante no podrás ascender al cielo por toda la eternidad, pero permanecerás dentro de la tierra, preso todos los días de la eternidad. Antes de eso, has visto la destrucción de tus amados hijos y no tendrás sus tesoros que caerán ante tus ojos a espada. Y tus peticiones en su nombre no serán escuchadas, ni tampoco las de tu propio nombre a las que ofreces llorando y orando, y no dirás ni una palabra contenida en el libro que escribí”.

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Había sido un tormento para la Enéada que su sangre se hubiera desperdiciado tanto en crear vida mortal. En el Rig Veda leemos: “¿Por qué has abandonado el cielo alto, santo y eterno; y se acostaron con mujeres y se contaminaron con las hijas del pueblo, tomando mujeres, actuando como los hijos de la tierra y engendrando hijos gigantes? Seguramente ustedes solían ser santos, espirituales, los vivos, pasando la vida eterna; pero ahora os habéis contaminado con mujeres, y con la sangre de la carne engendrado hijos, habéis codiciado la sangre del pueblo, como ellos que producen sangre y carne, que mueren y perecen …. Pero ahora los gigantes que nacen de la unión de los espíritus y la carne serán llamados espíritus malignos sobre la tierra, porque su morada estará sobre la tierra y dentro de la tierra. Los espíritus malignos han salido de sus cuerpos. Porque desde el día en que fueron creados a partir de los santos se convirtieron en los Vigilantes: su primer origen es el fundamento espiritual: Se volverán malvados sobre la tierra y serán llamados espíritus malignos. La morada de los seres espirituales del cielo es el cielo; pero la morada de los espíritus de la tierra, que nacen sobre la tierra, está en la tierra. Los espíritus de los gigantes, se oprimen unos a otros, se corromperán, caerán, se excitarán y caerán sobre la tierra, y causarán dolor … Una vez estuviste en el cielo, pero no todos los misterios del cielo están abiertos para ti, y solo conoces los misterios rechazados. Aquellas que habéis transmitido a las mujeres con la dureza de vuestro corazón y por esos misterios las mujeres y los hombres multiplican las malas acciones sobre la tierra. Dígales. ¡Por tanto, no tendrás paz! “. El castigo de Rama para la descendencia de Indra no tenía límites, ya que habían corrompido a la gente con sus iniquidades. Se celebró un gran tribunal para discernir su castigo y fueron llevados ante un tribunal. En los Dioses de los Egipcios, de Wallis Budge, podemos leer: “Después del juicio, los espantarán y los harán gritar porque han mostrado este conocimiento de las cosas secretas a los que están bien en la tierra. ¡Ahora, he aquí, estoy nombrando los nombres de esos ángeles!  Estos son sus nombres: el primero de ellos es Semyoz, el segundo Aristoqis, el tercero Armen, el cuarto Kokbo’el, el quinto Tur’el, el sexto Rumyal, el séptimo Donyui, El octavo Neqo’el, el noveno Baroqel, el décimo Azaz’el, el undécimo Armoros, el duodécimo Betrayol, el decimotercero Basas’el, el decimocuarto Hanan’el, el decimoquinto Tur’el, el decimosexto Sipwese’el, el decimoséptimo Yeter’el, el decimoctavo Tumo’el, el decimonoveno Tur’el, el vigésimo Rum’el y el vigésimo primero Azaz’el. Estos son los jefes de sus ángeles, sus nombres, sus centuriones, sus jefes mayores de cincuenta y sus jefes mayores de diez“.

 

Parece como si se hubiera producido un escándalo moral cuando los jefes de los Vigilantes engañaron a sus hombres. Según los Dioses de los Egipcios, de Wallis Budge: “El nombre del primero es Yeqon; él es el que extravió a todos los hijos de los ángeles, los hizo descender a la tierra y los pervirtió con las hijas del pueblo. El segundo se llamó Asb’el; él es quien dio a los hijos de los santos ángeles un mal consejo y los extravió para que contaminen sus cuerpos con las hijas del pueblo. El tercero se llamó Godel’el; éste es el que mostró a los hijos del pueblo todos los golpes de la muerte, el que engañó a Eva. Quien mostró a los hijos del pueblo cómo hacer instrumentos de muerte como el escudo, el pectoral y la espada para la guerra, y todos los demás instrumentos de muerte para los hijos del pueblo. A través de su agencia, la muerte procede contra las personas que habitan la tierra desde ese día para siempre. El cuarto se llama Pinem’e, éste demostró a los hijos del pueblo lo amargo y lo dulce y les reveló todos los secretos de su sabiduría. Además, hizo que la gente penetrara en el secreto de la escritura y el uso de la tinta y el papel; a causa de este asunto, son muchos los que se han equivocado de eternidad en eternidad, hasta el día de hoy. Porque los seres humanos no han sido creados con tales fines para retomar sus creencias con pluma y tinta. Porque en verdad los seres humanos no fueron creados sino para ser como ángeles, para mantener permanentemente una vida pura y recta“. Es interesante la referencia a que, debido a que el hombre se puso a escribir, siempre se ha “equivocado“. Sabemos que el recuerdo total es la forma en que los aborígenes y otros ‘primitivos‘ transmiten su historia. Se consideraba una cuestión de debilidad mental equivocarse o mentir al contarlo. Una mente bien estructurada puede recordar todo lo que se le haya enseñado. El subconsciente es una computadora excelente, si queremos un cierto paralelo. Pero la computadora ha reemplazado lo que el hombre occidental ha perdido: el recuerdo total. Esta fue también la razón por la que la Enéada no hizo que su pueblo se acostumbrara a la religión, porque si un hombre pierde todo su empirismo, debe recurrir a reglas y regulaciones que se rompen. Errar es humano, perdonar divino, pero no parecía funcionar con ellos; Las Tablas de la Sabiduría, que escondían los Anunnaki, la obtuvieron porque sabían que sin ellas estaban discapacitados. Pero en realidad eran manuales, textos, etc., robados. a la Enéada.

 

Como dice el texto de las Tablas de la Sabiduría, los humanos fueron creados para ser ángeles porque una vez lo fueron. El conocimiento adquirido instintivamente se consideraba como símbolo de vida, mientras que el conocimiento aprendido se consideraba símbolo de muerte. Según este texto, no se puede aprender por ensayo y error si se daña el proceso, pero se deben tener los sentidos atentos para anticipar y reaccionar. Rama criticó duramente a los malhechores de Indra porque les quitaron algo a las personas que probablemente nunca volverían a alcanzar: la inmortalidad. Encontramos esta referencia en los Dioses de los Egipcios: “La profundidad, que todo lo destruye, no los hubiera tocado, si no hubiera sido por su conocimiento por el cual perecerán, la muerte ahora nos está comiendo por medio de este poder. El quinto se llama Kasadya, es él quien reveló a los hijos del pueblo las diversas flagelaciones de todos los males, la flagelación de las almas y los demonios, el aplastamiento del embrión en el útero para que pueda ser aplastado, la flagelación del alma, mordeduras de serpientes, insolaciones, el hijo de la serpiente, cuyo nombre es Tabo’ta. Y este es el número de Kasb’el, el principal ejecutor del juramento que reveló a los santos mientras aún vivía en lo más alto en gloria. Su nombre era entonces Beqa, y le habló a Michael para que le revelara su nombre secreto para que memorizara este nombre secreto, para que lo invocara en un juramento para que temblaran ante él y el juramento“. Rama todavía estaba perturbado porque, según los Dioses de los Egipcios,todo el tiempo de esta era, Indra actuó sin ley y practicó el mestizaje y dio a luz a gigantes y grandes monstruos y una gran rivalidad“. Luego envió a muchos de ellos a donde pertenecían, según el Mahabharata: “… el Señor los ha sentenciado debajo de la tierra hasta que el cielo y la tierra se acaben para siempre …”. Indra no pudo controlar su mundo adecuadamente, lo que culminó en una agitación global. Se estableció un pacto de paz entre él y la Enéada. Estos últimos regresaron por el ser humano, según Religión y mitología de Babilonia, de Lennard King, “cuando los grandes dioses te desenterraron, tus bienes pusieron sobre las orillas“. Fueron conocidos como los Arregladores, ya que, según el Mahabharata,el Arreglador ha puesto en su lugar apropiado el sol y la luna, el cielo y la tierra, el reino medio del espacio y finalmente la luz del sol“. Pero, el ‘Señor Dios’ Indra recibió la orden de quedarse con su pueblo en la tristeza del Inframundo después de haberse caído de su pedestal hecho por él mismo. Sin embargo, las relaciones pacíficas prosiguieron durante varios años.

 

Rama y su familia tenían una gran tarea por delante. Estas personas a quienes consideraban dignas fueron adoptadas por ellos, mientras que otras mutaron irremediablemente, por causa de Indra. La Tierra entera tuvo que ser reestructurada nuevamente y comenzaron donde la Tierra se había formado originalmente en Egipto, en un lugar que llamaron On según la Biblia, Heliópolis según los griegos, situado cinco millas al noreste del actual El Cairo. Tal como ya hemos dicho, Anu es también el nombre de Rama en los textos sumerios. Fue aquí donde había surgido la famosa piedra Benben, la piedra piramidal, que era de cristal, “el naval de la tierra“, la fuente de energía de la que fluía la energía para crear el mundo. Fue aquí donde Rama separó el agua del cielo de la Tierra, según el Rig Veda: “El mar no produciría fácilmente su generoso tesoro, los peces del mar no pondrían huevos en el cañaveral, las aves del cielo no extenderían sus nidos sobre la amplia tierra, en el cielo las nubes cargadas de lluvia no abrían la boca, los campos y la pradera no se llenarían de abundante grano …. “. Se supone que el CO2 de la atmósfera se había fijado y la formación de nubes pronto cambió a casi cero. Todo lo que Indra había fallado en hacer fue logrado por Ra, tal como lo conocían los egipcios, y su hueste de dioses. Nadie recibió un crédito especial aparte del hecho de que Ra los dirigió, pero sin la pomposidad de Indra. Sin embargo, este crédito iría a parar a Indra cuando este mundo cayera. El hijo mayor de Rama fue el Enlil de los sumerios, Yudhisthira del Veda, u Osiris de Egipto, cuyo nombre aquí significa “muchos ojos” probablemente en referencia a su aeronave. Rama e Indra fueron llamados “mil ojos“, en el Rig Veda y también en los textos egipcios. Pero, ¿cuál era el planeta originario de Enlil? Recordemos los textos que hablan de los tiempos primitivos, cuando los dioses llegaron a la Tierra. Anu se quedó en el duodécimo Planeta, Nibiru, y sus dos hijos, que habían bajado a la Tierra, echaron suertes. A Ea (Enki) se le dio la «soberanía de lo Profundo», y a Enlil «la Tierra se le dio para sus dominios». Y la respuesta al enigma aparece con toda su trascendencia: El planeta de Enlil era la Tierra. Para los Nephilim, o los Anunnaki, la Tierra era el séptimo planeta, entrando desde el exterior del Sistema Solar. Descubrimos que los textos astronómicos que trataban, de un modo altamente sofisticado, sobre los períodos planetarios, así como las listas de planetas en su orden celeste, sugerían también que Marduk (Nibiru) aparecía en algún lugar entre Júpiter y Marte. Y, dado que los sumerios conocían todos los planetas, la aparición del duodécimo Planeta en «la posición central» lo confirma. Si la órbita de Nibiru (Marduk) pasa por donde estuvo el planeta Tiamat en otro tiempo, por un lugar relativamente cercano a nosotros, entre Marte y Júpiter, y actualmente ocupado por el cinturón de asteróides, ¿por qué no hemos visto aún a este planeta Nibiru (Marduk) que, supuestamente, es tan grande y brillante?

 

Los textos mesopotámicos dicen que el planeta Nibiru (Marduk) llega a regiones desconocidas de los cielos, en la lejanía del universo. «Él explora los conocimientos ocultos… ve todos los rincones del universo». Se le describía como el «admonitor» de todos los planetas, aquel cuya órbita le permite circundar a todos los demás. «Los abraza en sus bandas [órbitas]», hace un «aro» a su alrededor. Su órbita era «más elevada» y «más grandiosa» que la de cualquier otro planeta. Se le ocurrió a Franz Kugler (Stemkunde und Sterndienst in Babylon) que Marduk fuera un cuerpo celeste de movimiento rápido que orbitara en un gran sendero elíptico, al igual que un cometa. Un recorrido elíptico de este tipo, sujeto al Sol como centro de gravedad, tiene un apogeo -el punto más distante del Sol, desde donde comienza el camino de vuelta- y un perigeo -el punto más cercano al Sol, desde donde comienza su retorno al espacio exterior. Se estima que tarda 3600 años en dar la vuelta al Sol. De ahí la aparente longevidad de los “dioses“, ya que un año suyo equivalía a 3600 años terrestres. Níbiru, Hercólubus, Némesis, Marduk, Planeta X, Planeta rojo, Ajenjo o Barnard1 , como se le quiera llamar, se afirma que ya es visible desde diferentes observatorios del mundo. Barnard1 es el último nombre dado en honor a su descubridor, un astrónomo llamado Barnard, del que poco se sabe. Según parece, el planeta Hercólobus es un gigante con un tamaño unas seis veces mayor que el de Júpiter, perteneciente al sistema Tylo, o Tyler, y cuya órbita alrededor de su sol dura unos 35.000 años. La órbita de Hercólobus llega en un punto a situarse a aproximadamente 500.000 Kilómetros de la Tierra, o puede que incluso algo menos. El peligro de colisión es en teoría nulo, ya que las orbitas planetarias no llegan a cruzarse. ¿Pero, qué consecuencias puede acarrear la aproximación a la Tierra de un planeta de tan colosales dimensiones?  Según parece, las consecuencias serían sin duda bastante desastrosas. Se presuponen cuatro aproximaciones anteriores a intervalos de 35.000 años, algunas de ellas ligadas a grandes extinciones o cambios climáticos.

 

Nibiru, para los babilonios, era un cuerpo celeste asociado con el dios Marduk. Nibiru significa “lugar de transición“. En muchos textos babilonios se identifica con el planeta Júpiter, aunque en la tablilla 5 de la Enûma Elish se asocia con la Estrella Polar, que también se conocía como Thuban, o posiblemente Kochab. Nibiru sería un planeta propuesto por Zecharia Sitchin, basándose en la idea de que las civilizaciones antiguas habrían obtenido sus conocimientos y su desarrollo gracias a hipotéticos contactos con extraterrestres. Sin embargo, esta descripción es considerada inverosímil por científicos e historiadores. En opinión de Sitchin, el planeta habría adquirido el nombre del dios babilonio Marduk a consecuencia de una usurpación del poder por parte de este dios en el 2024 a. C. Según la descripción de Sitchin sobre la cosmología sumeria, Nibiru sería el buscado «duodécimo planeta», o el Planeta X, que incluye la descripción de 10 planetas, más el Sol, y la Luna. Igualmente indica que en la antigüedad se habría producido una catastrófica colisión de uno de sus satélites con Tiamat, un hipotético planeta también postulado por Sitchin, y que habría estado entre el planeta Marte y Júpiter; hecho que habría formado el planeta Tierra, luego movido a su actual órbita, y el cinturón de asteroides. Además, según Sitchin, Nibiru habría sido el hogar de una poderosa raza alienígena: los Anunnaki. Como consecuencia de la colisión, según afirma Sitchin, el planeta Nibiru habría quedado atrapado en el Sistema Solar, volviendo al lugar de la colisión periódicamente en una órbita excéntrica. Más tarde, hace unos 450.000 años, los Annunaki vinieron desde Nibiru a la Tierra, aprovechando su proximidad. Sitchin cita algunas fuentes que según él, hablarían sobre el planeta, que posiblemente sería una estrella (concretamente una enana marrón) que estaría en una órbita sumamente elíptica alrededor del Sol, la cual tuvo su perihelio hace aproximadamente 3600 años y un período orbital de unos 3600 a 3760 años. Sitchin atribuye estos datos a los astrónomos de la civilización maya. En un libro recientemente publicado, titulado “2012: cita con Marduk”, el escritor e investigador turco Burak Eldem presenta una nueva hipótesis, sugiriendo que son 3661 años los que duraría el período orbital del supuesto planeta y reclamando que habría “una fecha de vuelta” para el año 2012, que evidentemente no se produjo, al menos en esta fecha. Según la teoría de Eldem, 3661 es un séptimo de 25.627, que es el ciclo total “de 5 años mundiales” según el calendario maya extendido.

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El último paso orbital de Marduk (Nibiru), añade Eldem, sucedió en el 1649 a.C. y causó grandes catástrofes sobre la Tierra, incluyendo la erupción de la isla Thera, en el mar Mediterráneo. Sin embargo, hay una cierta discrepancia en relación a la erupción de Thera, que se estima fue en 1627 a. C. Y ni siquiera Nibiru ha sido visible fácilmente el mismo siglo de su regreso. Según los seguidores de Sitchin, sus ideas estarían avaladas por su dominio en lenguas muertas como el sumerio, y asistidas por la traducción de piezas consideradas tesoros; aunque esto realmente no es científicamente un fundamento astronómico. Marshall Masters, en uno de sus libros, apoya la hipótesis de la existencia del planeta Nibiru en nuestro sistema solar. En 1983 se produjo el lanzamiento del satélite con el telescopio de infrarrojo IRAS. Basadas en las observaciones de este satélite, se publicaron unas declaraciones, y posteriormente en 1984 también un artículo científico en la revista Astrophysical Journal Letters, titulado “Unidentified point sources in the IRAS minisurvey” (‘fuentes puntuales no identificadas en el miniestudio de IRAS’), en las que se discutían varias fuentes infrarrojas detectadas, de origen desconocido. Este artículo provocó gran revuelo y el resurgimiento de todo tipo de bulos y teorías conspirativas. No obstante, más tarde se descubriría que estos «objetos misteriosos» resultaron ser galaxias lejanas. En 2008, un equipo japonés anunció que según sus cálculos, debía existir un planeta no descubierto a una distancia de unas 100 UA con un tamaño de hasta dos tercios del de la Tierra. La unidad astronómica (UA) es la distancia media entre la Tierra y el Sol: unos 150 millones de kilómetros. Estos cálculos refuerzan la hipótesis de la existencia de un misterioso planeta X, pero nada hace pensar que su órbita pueda ser distinta a la del resto de objetos del cinturón de Kuiper.

 

A Enlil se le dio el mando total en la Tierra, tal como sus padres decidieron. Se estableció la paz entre los residentes en el planeta Nibiru y los Anunnaki que estaban en la Tierra, según los Dioses de los Egipcios, en el “día de la unión de las dos tierras“, la Tierra arriba y la Tierra Hueca abajo. Shu se convirtió en el dios del cielo, Ra en el dios de los cielos de más arriba y Seb en el dios de la Tierra, mientras que Osiris también comandaba el inframundo con sus padres. Shu, “Luz”, es una deidad cósmica, que personifica el aire atmosférico y la luz, según la mitología egipcia. Simbolizaba la fuerza vital que anima el universo como aspecto de la deidad suprema, Atum-Ra, y en los Textos de los Sarcófagos figura como un dios creador. Su eterna ocupación será mantener separados el cielo, Nut, y la tierra, Geb, para evitar el caos del universo, quedando así patente en el Libro de los Muertos, siendo Hermópolis el lugar donde el dios Shu había “levantado el cielo“. El “techo de hierro del cielo” se levantó de nuevo, los campos geomagnéticos se colocaron en orden después de que la gran inundación los hubiese destruido. En numerosas tradiciones en todo el mundo encontramos referencias a un gigantesco diluvio o inundación. Y ahí surge la pregunta de ¿qué pudo causar dicho cataclismo? Hay varios interrogantes que se nos plantean: ¿Hubo un cataclismo en toda la Tierra? ¿En qué fecha podemos datarlo? ¿Por qué los supervivientes de la catástrofe tuvieron que ascender hasta las montañas más altas para salvarse? ¿Se trató de un mega-tsunami? En este caso, ¿qué lo causó? ¿Por qué la agricultura post diluviana se inició en zonas montañosas? ¿Por qué encontramos fósiles marinos en altas montañas, como en los Andes o en Nepal? ¿Por qué Noé o los otros personajes equivalentes fueron avisados por un supuesto dios para que se embarcasen en una nave a fin de salvarse? ¿Por qué se tuvo la previsión de ordenar salvar también un ejemplar de cada animal o planta? Como se supone que todos no cabían en una nave, ¿tal vez estamos hablando de muestras genéticas de cada especie? ¿Qué entendemos por dioses? ¿Tal vez extraterrestres o seres de otra dimensión? ¿Quiénes sabían que se produciría la catástrofe? ¿Fue provocada? ¿Por qué estos supuestos dioses tenían tantos deseos en eliminar a los seres humanos? ¿Por qué casi no tenemos información de las posibles civilizaciones antediluvianas? ¿Quiere esto decir que el cataclismo destruyó prácticamente los vestigios de la vida humana en la Tierra?

 

Evidentemente no podemos responder a todas estas preguntas, pero intentaremos dar algunas posibles respuestas. En el Libro de Enoc tal vez tengamos una pista para algunas de las preguntas, ya que podemos leer lo siguiente: “Tú conoces todas las cosas, Tú sabes todo lo que pasa, y sin embargo no nos dices nada. Por tantos crímenes, ¿qué debemos hacer a los malvados? Entonces el Altísimo, el grande y el santo hizo oír su voz. Y envió a Arsayalalyur al hijo de Lamech, (Noé), diciendo: Háblale en mi nombre, mas ocúltate a sus ojos. Después revélale el gran cataclismo que debe hacer perecer a todos los hombres, pues las aguas del diluvio se esparcirán sobre la faz de la tierra, y toda criatura será destruida. Pero enséñale los medios de escapar; dile cómo su raza se perpetuará sobre toda la tierra“. Aquí se nos indica que el cataclismo fue previsto y, tal vez, provocado, ¿quizás moviendo un asteroide de su trayectoria? Arsayalalyur posiblemente sea más conocido como arcángel Uriel. En el Libro de Adán y Eva, Uriel es identificado como el querubín que permanece junto a las puertas del Edén con una espada ardiente para evitar el acceso de los humanos al árbol de la vida (Génesis). En el texto apócrifo La vida de Adán y Eva se relatan historias, en tiempos de Adán, en que aparece la figura del fuego y de los carros volantes. Aunque la versión que ha llegado a nosotros data del 730 d. C., se basa en documentos de una gran antigüedad. En este texto se dice: “Eva miró a los cielos y vio un carro de luces que se aproximaba, tirado por cuatro águilas brillantes, cuya belleza magnífica no puede expresar nadie nacido de mujer”. El “Nilo celestial“, las aguas del velo que cubría la Tierra, supuestamente vapor de agua, se pusieron en orden. Lo más importante es que se apareció un disco, una especie de satélite artificial, un tipo de compañero del Sol, y el agua del dosel que cubría la Tierra se levantó y comenzó un nuevo mundo para el hombre y la Enéada de los nueve dioses. En los Dioses de los Egipcios podemos leer: “porque el sol ha brillado sobre la tierra y las tinieblas han pasado. Habrá luz que no tiene fin, y ya no tendrán que contar los días … “. Según Lana Cantrell, la muerte terminaría cuando el medio ambiente se bañara en iones negativos y el nitrógeno llenara el aire.

 

Numerosos textos antiguos hacen referencia a un misterioso disco volante. Es evidente que un disco solar es un objeto simbólico en la mitología egipcia. Muy frecuentemente simboliza el sol, pero también puede referirse a la luna, siendo es este caso llamado disco lunar. Es también uno de los jeroglíficos que representa al dios Ra, el dios del disco solar. A menudo es representado con una cabeza de halcón sobre la que se coloca el disco solar protegido por una cobra protectora. Muchas divinidades egipcias portan este disco solar, especialmente la vaca celeste Hathor, el escarabajo dios solar Jepri, o Isis, madre de Horus. Atón, durante el reinado de Akenatón, es representado bajo la forma de un disco solar, cuyos rayos terminan en manos, que llevan la llave de la vida, el anj, símbolo egipcio que representa la vida. El disco solar puede tener alas a cada lado, siendo un disco solar alado, o tener un uraeus, representación de la diosa Uadyet con forma de cobra erguida, en el centro. En el Antiguo Egipto, el disco solar alado se ha considerado un símbolo de protección. Se encuentra en estelas y en las golas, o encima de las puertas de los templos desde el Reino Medio, y solo durante el período ptolemaico, aunque raramente fue utilizado como amuleto protector. Se le llamaba el Behdety, por estar asociado al dios Behdety, que muy tempranamente se fusionó con Horus y luego fue conocido como Horus de Behdet, antiguo nombre de Edfu. También es conocido como el “gran volador“, y en su forma femenina se asocia con Hathor. También han existido discos solares alados en otras culturas antiguas, como la sumeria, la asiria y la hitita. Los textos gnósticos le dan credibilidad y suena como si la “piedra Benben” egipcia tuviera algo que ver con eso, así como la Tierra Hueca, que puede ser la razón por la que se promulgó un pacto de paz: “La construcción de la tierra se inició en el centro, con la primera piedra del templo, el Eben Shetiyah, porque Tierra Santa está en el punto central de la superficie de la tierra, Jerusalén está en el punto central de Palestina, y el Templo está situado en el centro de la Ciudad Santa. En el santuario mismo, el Hekal es el centro, y el Arca sagrada ocupa el centro del Hekal, construido sobre la primera piedra, que por lo tanto está en el centro de la tierra. Desde allí salió el primer rayo de luz, que atravesó Tierra Santa y desde allí iluminó toda la tierra. La creación del mundo, sin embargo, no podría tener lugar hasta que Dios hubiera desterrado al gobernante de las tinieblas. ‘Retírate’, le dijo Dios, ‘porque deseo crear el mundo por medio de la luz‘”.

 

La cultura de la India, rica en antiguos textos, describe naves voladoras de formas diferentes, colores y tamaños a las cuales llaman Vimanas. Ejemplos de estos textos son el Mahabharata, el Ramayana, el Bhagavad Gita, el Kiratarjuniya y el Samarangana Subtrahara (+3.000 a.C). En La India, algunos milenios antes de Jesucristo, parecen haber evidencias de que existieron vehículos voladores, denominados Vimanas o Pushpaka, donde las personas que se montaban en ellos podían volar hacia los cielos y dirigirse a las estrellas y a mundos lejanos, para luego retornar a La Tierra. También en las tablillas sumerias hay claras referencias a dioses en naves voladoras. El Mahabharata refiere la historia de un señor feudal llamado Gurkha con estas palabras: “Venía a bordo de un vimana, y sació su ira enviando un sólo y único rayo en contra de la ciudad. Una enorme columna de fuego diez mil veces más luminosa que el sol se levantó, y la ciudad quedó reducida a cenizas en el acto“. El Libro de Krisna relata: “Era capaz de moverse sobre el agua y bajo el agua. Podía volar tan alto y veloz que resultaba imposible de ver. Aunque estuviese oscuro, el piloto podía conducirlo en la oscuridad“. El Ramayana relata: “Las Vimanas tienen la forma de una esfera y navegaban por los aires a causa del mercurio (rasa) levantando un fuerte viento. Hombres a bordo de los Vimanas podían así cubrir grandes distancias en un espacio de tiempo sorprendentemente corto, pues el hombre que conducía lo hacía a su voluntad volando de abajo arriba, de arriba abajo, adelante o atrás”. En el Saramangana Suttradhara se lee: “Estaban hechos con planchas de hierro bien unidas y lisas y eran tan veloces que casi no se los podía ver desde el suelo. Los hombres de la tierra podían elevarse muy alto en los cielos y los hombres de los cielos podían bajar a la tierra“. En el Ramayana se nos dice: “Debe haber cuatro depósitos de mercurio (rasa) en su interior. Cuando son calentados por medio de un fuego controlado, el vimana desarrolla un poder de trueno por medio del mercurio. Si este motor de hierro, con uniones adecuadamente soldadas, es llenado de mercurio y el fuego se dirige hacia la parte superior, desarrolla una gran potencia, con el rugido de un león e inmediatamente se convierte en una perla en el cielo“.

 

Y así la luz trajo vida a la Tierra una vez más cuando el otro ‘Dios‘ fue depuesto. Los textos hebreos también parecen relatar que lo que llamaron la “Sekinah” era en realidad el disco, ya que, según los Dioses de los Egipcios,el brillo de la Sekinah irradiaba de un extremo al otro del mundo, 365.000 veces más brillante que el sol; cualquiera que mirara el brillo de la Sekinah no se inquietaba por moscas o jejenes, por enfermedad o dolor; los demonios maliciosos no pudieron hacerle daño, y ni siquiera los ángeles tenían poder sobre él “. Sekinah es una palabra hebrea que significa ‘la radiancia’ o ‘la presencia’ de Dios (Yahveh, Jehová). En la Cábala, misticismo judío, representa el aspecto femenino de Dios. Es representada como una luz radiante y resplandeciente. Pero probablemente era una gran aeronave o un satélite, o tal vez un poco de ambos, porque en el viaje de Enoc “cuando el Santo, bendito sea, quiso llevarme a la altura, me envió al Príncipe Anopi’el YHWH (YHWH es un título como Indra, Enlil, etc …) y tomó a los hombres de su niebla, antes sus propios ojos, y me llevó con gran gloria en un carro de fuego, con caballos de fuego y asistentes gloriosos, y me llevó con la Sekinah a las alturas celestiales, y cuando el Santo, bendito sea, me sacó de la generación del diluvio, me llevó sobre las alas tormentosas de la Sekinah hasta el cielo más alto … “. El disco de Egipto a menudo también se representa con alas. Muy bien podría haber sido usado por Indra antes del Diluvio, como dice un texto gnóstico que afirma que sí lo usó: “cuando vi que los hombres de la generación del Diluvio se estaban comportando de manera corrupta, vine y quité mi Sekinah de en medio de ellos, y saqué liendres con el sonido del cuerno y con gritos hasta lo alto, como está escrito“. Sin embargo, encontraremos más adelante que Indra eliminaría la “Sekinah“.

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Fueron miles de descendientes que criaron los Anunnaki. Sus linajes enfermos crecieron hasta que se extinguieron, y en los Dioses de los Egipcios podemos leer: “Has oído hablar de muchos reyes, reyes de gran empresa y gran fuerza. Has oído hablar de ellos a Dvaipayana y al Sabio Narada. Nacieron en grandes linajes de reyes que eran prósperos con virtudes, conocían el armamento celestial, su esplendor estaba a la altura del de Indra. Conquistaron la tierra con Ley, ofrecieron sacrificios de grandes estipendios, adquirieron fama en este mundo, y luego sucumbieron al Tiempo”. Su “esplendor” fue una de las razones por las que Indra se había deshecho de ellos. Rama (Anu) no se había sentido demasiado complacido y, al parecer, a menudo se hacía suicidar a las personas que no podía soportar ver engendrar más descendientes defectuosos, como podemos leer en los Dioses de los Egipcios:durante la coyuntura entre la Era de los Trey y la Era del Deuce. Rama, el mejor de los espadachines, impulsado por su rencor, destruyó una y otra vez el señorío de la tierra. Cuando él, brillante como el fuego, había aniquilado a toda la nobleza con su propio poder, hizo cinco lagos llenos de su sangre en Smantapancaka. En esos lagos con sus olas de sangre, él, insensato de rabia, ofreció oblaciones sangrientas a sus antepasados, así lo hemos escuchado. Entonces Rcika y sus otros antepasados se le aparecieron a este toro entre los brahmanes y le dijeron: “¡Ten piedad!”, ello lo contuvo, de modo que desistió“. Todos los miembros de la familia parecen haber estado allí con Devasena, también conocida como Neftis de Egipto. Las siguientes líneas de Crónica de dioses y soberanos sumerias, de los japoneses Jinno Shotoki y Kitabatake Chikafusa, nos ofrece una cierta visión: “Hace mucho tiempo, en años pasados, las Parcas cavaban los ríos; los dioses de las tierras, Anu, Enlil y Ea (Enki) se reunieron. Enlil y los otros dioses tomaron consejo, entre ellos estaba sentado Shamash, entre ellos estaba sentada la gran dama entre los dioses. Una vez que no hubo realeza en las tierras y el gobierno fue entregado a los dioses“. La gente llegaría a conocer un mundo que era como nuestras visiones del Jardín del Edén, la tierra que una vez fue, y los Dioses se compadecieron y ayudaron a aquellos a quienes sentían capaces de recuperarse porque sabían la posibilidad de que “el inmortal venga de lo mismo que el mortal“, porque con la guía adecuada podrían trascender sus restricciones bioquímicas para conseguir la inmortalidad.

 

El mando estaba ahora completamente en manos de Enlil y él también era el nuevo Indra, ya que en la ciudad de On era conocido como Indraprastha. El nombre de Heliópolis es de origen griego y significa “ciudad del Sol“, ya que la ciudad era la sede principal del culto al dios solar Ra. Fue una de las tres ciudades más importantes del Antiguo Egipto junto con Tebas y Menfis. Los coptos la conocieron como On. Enlil significaba en sumerio “Señor de las vías aéreas“, similar al significado de Osiris. Sin embargo, el mundo estaba contento y toda la gente, confiando en el Rey Dhanno (Enlil), vivía felizmente como almas que dependen de sus propios cuerpos que son favorecidos con marcas y hechos auspiciosos“. Fue en On donde se estableció el famoso “Colegio de Ra“. No era una escuela como la conocemos. Por todas las apariencias de que se dispone, desaprobaban la educación que no era impartida por otra persona que no fuera la familia inmediata. Consideraban que las fortalezas y debilidades de una familia radican en su capacidad para descubrir y aprender del mundo por sí mismos. Era más como una enorme biblioteca en la que la gente podía buscar sabiduría por sí misma. Era más grande que la famosa biblioteca de Alejandría que fue el destinatario de los materiales del “Colegio de Ra“. Los estudiantes la habían trasladado allí durante el reinado de Ptolomeo II. Se dice que Solón, Tales y Platón visitaron el Colegio de Ra; También se dice que Platón estudió allí y Manetón, el sacerdote de Sabennytus, escribió una historia de Egipto en griego para Ptolomeo II, habiendo recopilado sus datos allí. El templo cayó en ruinas a medida que pasaban las edades y los bloques se fueron arrastrando poco a poco para construir otros edificios. Se decía que los dioses poseían el “cuerpo-mundo“, que era la suma total del universo material mediante el cual podían evaluar todas las cosas. A esto la gente se esforzó como dice un pasaje acadio que “la mente del dios, como el centro de los cielos, es remota; conocerla es muy difícil; la gente no puede saberlo“. La gente pronto se benefició ya que “las generaciones se han vuelto sabias por el poder de Aquel que ha apuntalado las dos mitades del mundo a pesar de que son tan vastas. Ha empujado la cúpula del cielo para hacerlo alto y ancho; ha puesto el sol en su doble viaje y ha extendido la tierra“.

 

El dios egipcio Thoth, conocido como el escriba de los dioses, que se muestra con la cabeza de Ibis, era el “señor de los libros” que tenía el conocimiento del “habla divina“. Promovió las artes y las ciencias, el sello distintivo de Nibiru. En los primeros días de On, fue conocido en este puesto como instructor de la gente y los guió en su camino hacia la recuperación. Después de la caída de On, se convirtió en una divinidad para las personas que recordaban su liderazgo. Sabían que él era engendrado por sí mismo, un ‘ser original’, por lo que su paralelo parece ser el Manu del Rig Veda. A menudo se le muestra sosteniendo un cetro y/o ankh. Su contraparte en Grecia es Hermes, portador de conocimiento y aprendizaje, aunque también parece confundirse con Shiva. Sin embargo, Hermes tenía las mismas habilidades científicas y artísticas de Thoth. Según Clemente de Alejandría había 42 libros escritos por Thoth, divididos en seis clases: las leyes y los dioses y los sacerdotes, la historia del mundo, la geografía y los jeroglíficos, la astronomía y la astrología, los libros de composición “religiosa” y los que tratan de la medicina. Thoth también debe haber tenido algún gobierno militar porque tenía un “Templo de la Red“, que, como podemos deducir por fuentes egipcias, sumerias y el Rig Veda, era una especie de campo de fuerza que empleaban contra las aeronaves. Se decía que Thoth estaba bien versado en “matemáticas celestes” y mantenía la Tierra en equilibrio con los cielos. También tenía el control del Inframundo y los que estaban dentro. Y también ayudó a devolver la vida a los muertos. Él, como Anu, se convertiría en gran figura simbólica para la gente. Lo siguiente del Rig Veda nos dice cómo Rama (Anu) amaba a su pueblo y cómo se reunieron las familias del cielo y la tierra: “Y el abuelo le habló al rey alegre y sereno como si lo sacara con sus palabras: Por tus actos en el mundo has recogido la cuádruple medida de la Ley, y este mundo es inmutablemente tuyo. Tu fama es una vez más eterna en el cielo debido a tus buenas obras, vidente real. Las mentes de todos los que moran en el cielo se cubrieron de tinieblas, de modo que no te reconocieron; y no reconocido, fuiste expulsado. Rescatado por tus nietos con amor, ahora has regresado aquí y has retomado el puesto que te habías ganado con tus propias obras, inamovibles, eternas, santas, supremas, permanentes y transitorias”. Las últimas palabras del abuelo fueron para este rey en particular: Tú, rey, no debes despreciar ni a los elevados ni a los humildes ni a los medios. Para aquellos que están consumidos por el orgullo, nadie es jamás igual“.

 

Thoth era, como todos los seres de Nibiru, un ser ecléctico, cuyas dotaciones genéticas eran tales que el universo tenía muy pocos misterios para él. Esto solo tiene sentido, si la naturaleza va a crear una criatura que debe ser muy inteligente para sobrevivir. Un hombre era entonces científico, artista, escriba, médico, todas esas cosas porque son la base de la vida. Se consideraba que el deber más alto de una familia era poder manejar todas las crisis de la vida. Ptah era otro dios que se dice tenía el control del misterioso disco. Su nombre significaba “abridor” del día, mientras que Tem, o Atum, dios creador “El que existe por sí mismo“, era otro dios que llevó el disco a Manu en Occidente. También fue conocido como “Ptah, el Disco del cielo, iluminador de las dos tierras con el fuego de sus dos ojos“, ¡que suena bastante enigmático! Ptah ayudó a supervisar el trabajo en metal y piedra. Él también fue “engendrado por sí mismo” y ayudó a mantener el piso de hierro del cielo en armonía con la Tierra. Uno de sus alumnos más famosos fue Imhotep, “el que viene en paz” y que aprendió el arte de curar. Fue honrado con un templo en la isla de Filae bajo los Ptolomeos. Se decía que era hijo de Ptah. Era, como Thoth, capaz de restaurar la vida, porque él era “grande, hijo de Ptah, el dios creador, creado por Thenen, engendrado por él y amado por él, el dios de las formas divinas en los templos, que da vida a todos los hombres, el poderoso de las maravillas, el hacedor de los tiempos (?), que viene a él que lo invoca dondequiera que esté, que da hijos a los que no tienen hijos, el jefe Kher-heb (el más sabio y culto), la imagen y semejanza de Thoth el sabio“. Practicó, como la mayoría de los médicos en ese momento, la eugenesia, negándose a ayudar a aquellos que no consideraba dignos. Enseñó a otro médico famoso, Heru-tata-f, que hablaba un dialecto desconocido entre la gente. También era estudiante la maga Tetteta, famosa por los ‘trucos de cabeza’. Sin embargo, la gente lamentaría el día en que los dioses los dejaron: “He escuchado las palabras de I-em-hetep y de Heru-tata-f que se repiten una y otra vez, pero ¿dónde están sus lugares este día? Sus muros están derribados, sus asientos ya no tienen ser, y son como si nunca hubieran existido. Nadie viene a declararnos qué clase de seres eran, y nadie nos habla de sus posesiones”. No puedo evitar pensar que el ascenso del ave fénix fue el de una nave despegando. Esto se traduce de las palabras “Het Benben”, que es similar a la “piedra BenBen“, que puede no haber sido una piedra per se, pero algunos piensan que activó la restauración de la tierra, o incluso puede haberse creado si la Tierra fue creada literalmente por los dioses. El Benben, en la mitología egipcia, más concretamente en la cosmogonía de Heliópolis, fue la montaña primordial que surgió del Nun, y en la que el dios creador Atum se generó a sí mismo y a la divina pareja. En los Textos de las Pirámides se refiere Atum a sí mismo como “colina“, y se dice que se transformó en una pequeña pirámide, ubicada en el Annu, el lugar donde residía. El Benben, que podría significar “el radiante“, era una piedra sagrada venerada en el Templo Solar de Heliópolis sobre la “colina de arena“, el templo donde el dios primordial se manifiesta, en el lugar donde fulgen los primeros rayos del sol naciente. El mismo culto también se celebraba en Napata y en el oasis de Siwa, donde la piedra cónica, en el periodo tardío de Egipto, fue comparada a un “ombligo“.

 

Vinculada siempre al dios creador, según la mitología desarrollada por el clero de Heliópolis, “fue sin duda un rayo de sol“. El Benben, habida cuenta de su importante significado religioso, probablemente era el modelo de referencia de diversas estructuras arquitectónicas, tales como los obeliscos de los templos solares de Abu Gurab, las cúspides de los obeliscos y los piramidones, piezas pétreas de forma piramidal que se situaba en la parte más alta de los obeliscos y pirámides. A partir de la forma cónica original, la piedra fue transformado más tarde por necesidades arquitectónicas en una pequeña pirámide de base cuadrangular y con una cúspide, a menudo cubierta con una lámina de oro. El mismo mito está vinculado al ave Bennu, el mítico y fabuloso pájaro llamado Fénix por los griegos, que también era venerado en Heliópolis, donde se dice que se posaba en el Benben. Según B. Kemp, la relación entre el Benben, Bennu y el Sol, podría fundarse en una semejanza típica de Egipto, como es la del sol naciente weben, las proyecciones de sus rayos en el Benben, sobre el que se posa el ave Bennu. En los Textos de las Pirámides se dice del dios Atum: “… tú que surges, como el Benben, en la morada de Bennu en Heliópolis ...». Otras ciudades, de acuerdo con sus cosmogonías, desarrollaron diversos mitos acerca de determinadas colinas primordiales, como la de Menfis, donde se produjo la personificación de Tatenen, inicio de la Tierra y todo lo que era bueno. En un texto tebano del Templo de Jonsu, también fue identificado como la primera colina, en que el Benben se formó de gotas del semen de Atum, que cayeron en el océano primordial y se solidificaron formando el primer túmulo de tierra que contiene dentro de sí el espíritu del dios. Muchos estudiosos e historiadores creen que el Benben original era un meteorito de composición ferrosa caído en época prehistórica. El ave fénix se llamaba el pájaro “Bennu” y “visitaba” Heliópolis cada 500 años en el momento de la muerte de sus “padres“. Luego se quemó hasta morir. Esto suena demasiado a botar naves que la gente equiparaba a pájaros en llamas. Tenía plumas rojas y doradas. Otros dijeron que murió después de 7006 años. Se decía que era el alma de Ra y el símbolo viviente de Osiris, siendo, además, la “guía de los dioses en el Tuat“.

 

En el Libro de Enoc leemos: “Porque el sol ha brillado sobre la tierra y las tinieblas han pasado. Habrá una luz que no tiene fin, y ya no tendrán que contar los días …”. Los peligrosos rayos del sol ahora tenían una contraparte artificial para sofocar sus efectos dañinos. Pero el disco, que era vida, sería pervertido en un instrumento de muerte. Parece que fue establecido en On o cerca de él y es sorprendente ver casi la misma explicación en el Rig Veda que en la literatura egipcia. En el Mahabharata leemos: “Es eterno y no conoce decadencia. Es auto-luminoso más allá de la luna y el sol y el fuego con cresta de llamas; en la viga del techo del cielo resplandece como para iluminar el sol. En él se sienta el bendito señor, oh rey, el abuelo de los mundos que, solo, crea constantemente los mundos con su hechicería divina“. En la literatura egipcia, Ra monta su disco exactamente de la misma manera. Esta era la estrella del “dios viviente, que viaja, y viaja y pasa“, según los Dioses de los Egipcios. La palabra Ra significaba “poder operativo y creativo” y eso es exactamente lo que significaba el deber de quien manejaba el disco. Ra era conocido en el Rig Veda como “el Padre del Ojo, que es sabio en su corazón, creó como mantequilla estos dos mundos para que se inclinaran hacia abajo. Tan pronto como sus extremos se habían fijado en el este, en ese momento el cielo y la tierra se movieron muy lejos”. Según Lana Cantrell, los iones del disco ayudaron a elevar las aguas de los cielos (vapor de agua) y había poca cobertura de nubes, sin duda lloviendo en la noche cuando los campos magnéticos se habían levantado. El disco también iluminó el Inframundo, o Tuat, ya que “las partes más recónditas de la eternidad recorren las regiones celestiales y viajan a través del Tuat para iluminar las dos tierras que él había creado“, según los Dioses de los Egipcios. Este último pasaje fue escrito más tarde cuando Indra volvió a tomar el relevo y fue el “Dios que actuó como Dios“, quien ahora hizo el trabajo. Los aztecas también hablaron del “Sol Nocturno” que pasó por el Inframundo. Sin embargo, todo indica que había una relación entre él y el Nilo, que afectaría como lo hacen el Sol y la Luna con respecto al magnetismo.

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Los egipcios creían que el norte del Nilo se levantaba en la Primera Catarata, en Qerti, o “Caverna Doble“, y el Nilo del sur provenía de otras fuentes, desde Elefantina, una isla en el río Nilo, contigua a la primera catarata, frente a la moderna ciudad de Asuán, hasta el norte de Asyut, antiguamente llamada Licópolis, una gran plaza comercial donde confluían las caravanas procedentes del mar Rojo y de Nubia. Se dice que el disco se “forjó” en Edfu y “cuando se abren las puertas de la fundición, el Disco se eleva“, tal como leemos en los Dioses de los Egipcios. Podemos ver algunos muy peculiares símbolos egipcios que se parecen mucho a una nave y a un disco, con algún tipo de energía electromagnética. Se decía que una de las primeras ciudades que existió fue en Elefantina, de la cual salió el “sol” y dio vida al ser humano. Se dijo que aquí también había un canal y que se abrió para inundar la tierra. Se decía que Imhotep tenía el control de este canal. En los Dioses de los Egipcios se relata que Seb abrió la tierra y “lanzó una mano al cielo y una mano a la tierra“. Se dice que el disco pasó entre dos sicomoros de color turquesa en Heliópolis cuando pasó “sobre los soportes de Shu“, los cuatro pilares o fuerzas magnéticas sobre la tierra, lo que indica que el disco se elevó sobre los campos. Pero aparentemente hubo otra catarata en el Nilo y el disco mantuvo las aguas del Nilo fluyendo uniformemente. Según un informe publicado en Science (29 de agosto de 1986), la teledetección satelital detectó lo que parece un sistema fluvial de 4500 kilómetros de largo que fluía cerca del Mar Rojo, a través de lo que hoy es el Nilo y a través del desierto del Sahara oriental. Este último recibe hoy sólo un milímetro de lluvia al año. Se cree que el Nilo es parte de este gran río que murió. Más tarde, el Shuttle Imaging Radar detectó una vasta red de valles fluviales debajo de las áreas más secas del Sahara, donde se encuentran Libia, Egipto y Sudán. Un grupo de investigadores cavó en los canales y encontró restos de almejas de agua dulce, viejas hachas, raíces de juncos y campamentos que se dice que tienen un cuarto de millón de años. Tal vez nos sorprenderemos de que bajo estos páramos desérticos haya vastas ciudades. Ya se están mostrando otras fotos de satélite en áreas con restos de asentamientos habitables de antaño. Se decía que un sistema fluvial desembocaba en la Tierra Hueca. Si esto es así, sin duda alguna vez muchos de los sistemas fluviales de la Tierra venían de la Tierra Hueca, como sus principales fuentes de agua.

 

Y aquí volvemos a adentrarnos en el enigma de la Tierra Hueca. Para ello citaremos a Ray Palmer, editor de la revista Flying Saucers (Platillos voladores) y el mayor experto de los Estados Unidos en ovnis, que piensa que los descubrimientos del Almirante Byrd en sus vuelos por el Ártico y la Antártida ofrecen una explicación acerca del origen de los ovnis. Él cree que no provienen de otros planetas, al menos una parte, sino del interior de la Tierra, donde existe una civilización mucho más avanzada que la nuestra y que utiliza platillos voladores para viajes aéreos, en que salen al exterior a través de las aberturas polares. Palmer explica esta posibilidad de la siguiente manera: “¿Cuánto conocemos de la Tierra? ¿Hay algún área en ella que se pueda considerar como el posible origen de los platillos voladores? Existen dos. Las dos áreas de principal importancia son la Antártida y el Ártico“. Los dos vuelos del Almirante Byrd por encima de los dos polos prueban que hay algo raro en la configuración de la Tierra en ambas áreas. Byrd voló al Polo Norte, pero no se detuvo allí para dar la vuelta, sino que siguió 2.740 kilómetros más allá y luego siguió el mismo camino de vuelta a una base ártica para repostar. A medida que avanzaba más allá del área del Polo, podía ver tierra sin hielo, lagos, montañas cubiertas de árboles e, inclusive, un animal parecido al mamut de la antigüedad, que se movía entre la vegetación. Los tripulantes del avión informaron de todo esto por radio. El avión sobrevoló tierra, montañas, árboles, lagos y ríos durante 2.740 kilómetros. ¿Qué era esta tierra desconocida? Byrd, al viajar hacia el norte, ¿penetró en el hueco interior de la tierra a través de la abertura polar? Más tarde, la expedición fue al Polo Sur y, después de llegar, aún siguió volando 3.700 kilómetros más allá. “Una vez más, penetramos en una tierra desconocida y misteriosa que no aparece en los mapas actuales”. Y otra vez no aparecen noticias al respecto debido al ocultamiento oficial. Por lo tanto, según el almirante Byrd en los dos polos existen vastas áreas de tierra desconocida, que deben ser de una extensión inmensa. La tierra misteriosa del Polo Norte que vieron Byrd y su tripulación es por lo menos de 2.740 kilómetros en dirección transversal. ¡Es un área tal vez tan grande como todo el territorio de los Estados Unidos!

 

En el caso del Polo Sur, la tierra atravesada más allá del Polo incluye un área tan grande como América del Norte y el continente del Polo Sur en conjunto. Los platillos voladores podrían provenir de estas dos tierras desconocidas más allá de los polos. En la opinión de los editores de Flying Saucers, nadie puede probar que no existen estas tierras, dados los hechos de las dos expediciones que describimos.  Si el Almirante Byrd afirmó que su expedición al Polo Sur era “la expedición más importante en la historia del mundo“, y si después de volver, dijo que “la presente expedición ha abierto una nueva y vasta tierra“, resultaría extraño e inexplicable cómo el descubrimiento de un área tan grande como América del Norte, comparable al descubrimiento de América por Colón, no recibiese atención y fuese olvidado;. La única respuesta racional a este misterio es que, después del anuncio breve en la prensa de los Estados Unidos, basado en el informe de Byrd, el gobierno evitase más publicidad. Byrd trabajaba para el Gobierno norteamericano, que posiblemente tenía sus razones para no dar a conocer al mundo este nuevo descubrimiento histórico; pues el Almirante había descubierto dos áreas desconocidas de tierra, que medían un total de 6.450 kilómetros de ancho y probablemente era tan grande como América del Norte y del Sur juntas, ya que el avión de Byrd dio la vuelta sin llegar al final del territorio. Con respecto a la declaración de Byrd en 1957, poco antes de su muerte, en la que llamó al nuevo territorio “aquel continente encantado en el cielo” y “la tierra del misterio eterno“, Palmer dice lo siguiente: “Si tomamos en cuenta todo esto, ¿resulta sorprendente que todas las naciones del mundo de repente hayan tomado tan intenso interés por la región polar sur y la norte, y que hayan enviado tantas exploraciones?“. Palmer concluye que esta nueva tierra descubierta por Byrd, que no figura en ningún mapa, existe en el interior, y no en el exterior, de la tierra, ya que la geografía de la parte externa es conocida, mientras que la interna, dentro de las depresiones polares es desconocida. Por esa razón, Byrd la llamó “el Gran Desconocido“. Después de discutir la importancia de que Byrd usara el término “más allá” del polo, en vez de “cruzando” el Polo al otro lado del Ártico o Antártida, Palmer concluye que Byrd se refería a un área de tierra desconocida, dentro de la concavidad polar y que se continuaba con el interior de la tierra, una zona más cálida donde hay vegetación y vida animal. Es “desconocida” porque no está en la superficie externa y, por lo tanto, no está registrada en ningún mapa. Palmer escribió: “En febrero de 1947, el Almirante Richard E. Byrd, el único hombre que trató lo mejor que pudo de hacer que se conociera el área del Polo Norte, comentó lo siguiente: ‘Me gustaría ver la tierra más allá del Polo. Aquella área es el centro del Gran Desconocido'”.

 

Parece que había muchos de estos discos, naves aéreas o satélites, las “estrellas del día” como dice el himno a Osiris que “las estrellas que nunca se ponen están debajo del asiento de la cara, y las estrellas que nunca descansan son tus moradas; hecho según el decreto del dios Seb“. Se describe que el disco tenía otros colores y formas. El disco definitivamente no era el Sol, ya que hay muchas alusiones a que el disco era como el Sol. Lo siguiente es muy esclarecedor porque nos dice qué rumbo seguía, de norte a sur, a diferencia del verdadero Sol, Según el Mahabharata: “Cuando las criaturas fueron creadas por primera vez, sufrieron gran hambre, y en su compasión con sus rayos los bocados de calor; luego, al regresar a su rumbo sur, el Sol impregnó la tierra“. ¿Tal vez se movía sobre el tirón magnético de los polos? Y cuando se dice que “impregnó la tierra“, quizás quiere decir que entró en ella como nos cuentan distintos textos. El Rig Veda dice que “el bendito Señor del Sol, que disipa la oscuridad, la circunvala, tirando de todas las estrellas. El sol brillante, al llegar al monte del Atardecer y atravesar el crepúsculo, toma el rumbo norte. Habiendo rodeado el monte Meru, el dios Savitar reaparece en el este, empeñado en el bienestar de todas las criaturas“. Una historia egipcia dice: “Hay una ciudad en medio de las aguas de donde nace el Nilo, llamada Elefantina. Es el principio del principio, el nombre inicial, mirando hacia Wawot. Es la unión de la tierra, el primitivo cerrojo de la tierra, el trono de Ra. ‘Agradable de la vida’ es el nombre de su morada. ‘Las dos cavernas’ es el nombre del agua; son los dos pechos que vierten en cuarto lugar todo lo bueno. Es el lecho del Nilo, en el que vuelve a ser joven … “, tal como podemos leer en Religión y mitología de Babilonia, de Lennard King. Aparentemente había más en la fuente del Nilo, y si esto es así, el disco tenía que tener algo que ver con eso, y también con el Inframundo. El “Mundo del Sol” es el Inframundo según otro texto del Mahabharata, donde “Visnú una vez rescató los mundos” y donde está el “vado del Sol“, y donde uno “obtendrá una hermosa apariencia“. Otro pasaje del Rig Veda dice: “Que el Señor de las Alturas me lleve al sol que está en la roca y la oscuridad, para que pueda ver la maravilla“.

 

Un himno egipcio a Amen-Ra, según los Dioses de los Egipcios, dice: “Amado eres cuando pasas por las dos tierras, mientras envías rayos de los dos hermosos ojos. Los muertos se llenan de alegría cuando tú brillas. El ganado languidece cuando brillas con toda su fuerza; Creído eres cuando estás en el cielo del sur, y eres estimado hermoso cuando estás en el cielo del norte. Tus bellezas se apoderan y se llevan todos los corazones, y el amor por ti hace que todos los brazos se relajen, tu hermosa forma hace temblar las manos y todos los corazones se derriten ante tu vista“. Estaba en el cielo del sur al mediodía, pero trajo a la gente pulmones que respiraban mejor y corazones que se volvían más fuertes, “como el dios divino de los kas, jefe de los dioses, espíritu benéfico entre los espíritus, atrae de Nu sus aguas, lleva el viento del atardecer un aire a esta nariz para satisfacción de su corazón, hace germinar su corazón, produce la luz, el alimento divino, le obedece el cielo y los dioses de las estrellas, hace que se abran las grandes puertas, señor de las alabanzas en el cielo del sur, adorado en el cielo del norte, las estrellas que nunca menguan están debajo del asiento de su rostro, los dioses estelares del inframundo huelen la tierra ante él, los límites de la tierra se inclinan hacia atrás, los límites del cielo suplican cuando lo ven“. Esta fue pues una felicidad que no duraría mucho. Se guardó en la “casa del Disco“. Según The Babylonian Genesis, de Alexander Heidel, en textos sumerios se lee que el ‘sol’ también pasó a través de una puerta, ya que “la humanidad vio el sol en la puerta de su salida“, En Egipto, el disco fue llamado el “alma viviente de Ra“, y “toro del Monte de la Salida del Sol y león del Monte de la Puesta del Sol“, que denotaba la paz entre ambas facciones de las familias fe los dioses. También se le llamó el “Ojo del Cielo“, ya que velaba por su gente. Más tarde, bajo Indra, se convertiría en una fuerza más omnipotente y fue a partir de este momento que la gente llegaría a temer al “Mal de Ojo“. Incluso hoy, los camellos de caravanas todavía llevan cuentas de colores brillantes entre los ojos para protegerlos del mal de ojo o también en los flecos de las sillas de montar, lo que parece una reminiscencia de los flecos usados en el traje que los sacerdotes usaban en presencia del Arca, que parece mitigaba la electricidad estática que emitía.

 

Mientras tanto, Indra y su gente vivían en “Amentet” el “lugar escondido“. Por otro lado, Osiris, con su padre Ra, operaba el disco. El “barco del sol” llevó un gran número de “almas” al Tuat, lo que no parece más que un servicio de transporte. La historia hebrea, que se extrajo de sus raíces egipcias, decía que el Señor quitaría el “sol” y lo colocaría en una cámara tal como afirmaban los egipcios, y que el inframundo estaba iluminado por él.  Como se dijo en las Alabanzas de Ra y nos explican en los Dioses de los Egipcios, “Alabado seas, Oh Ra, exaltado Sekhem, gobernador de Bua-tep de su Ojo; envías luz al lugar oculto, y en verdad eres el cuerpo de Shepi“. La estrella Sept fue identificada erróneamente como Sothis, porque Sept fue llamado el “segundo sol“. Las diosas también estuvieron involucradas con el disco y si seguimos sus últimas aventuras, tal como se describe en los textos sumerios, probablemente fue así. Se decía que la diosa Hathor “habita en el espacioso Disco mientras avanza hacia Annu” mientras llevaba “los libros de las palabras divinas de los escritos del dios Thoth“. Hathor era llamada una “Dorada“, una miembro femenina de los Anunnaki, quizás la propia Lilith bíblica. Lo que impulsó el disco puede ser exactamente lo que impulsó sus naves: un tipo de cristal, como “Unas ha traído el cristal al Gran Ojo que está en el campo“. En un Himno a Atón, de Akhenaton, se dice que “eres hermoso de ver, y eres grande, y eres como el cristal, y estás muy por encima de la tierra“. Parece que los patrones climáticos cambiaron, y lo siguiente relata este hecho antes de la llegada del disco: “Entonces dijo Horus a Ra: Dame dos hermanos divinos en la ciudad de Pe y dos hermanos divinos en la ciudad de Nekhen, que hayan brotado de mi cuerpo y que estarán conmigo bajo la apariencia de jueces eternos, y luego la tierra florezca y los truenos y la lluvia desaparezcan“. Incluso la japonesa Crónica de dioses y soberanos menciona el momento en que la otra facción volvería a tener el disco y lo cerca que estaba de la Tierra “Izanagi e Izanami conferenciaron nuevamente y dijeron: ‘Ya hemos dado a luz a la Tierra de las Ocho Grandes Islas y hemos producido montañas, ríos, pastos y árboles. Ahora debemos crear a alguien para que sea el gobernante de todo lo que hay debajo del cielo’. Entonces dieron a luz a la deidad del sol, cuya luz brillaba maravillosamente, iluminando todo dentro del país. Izanagi e Izanami estaban encantados y enviaron a esta deidad al cielo, donde pudo ascender por medio del pilar celestial. Esta deidad se llamaba O-Hirume-no-mikato. Otro nombre para la deidad del sol, mientras que un dios femenino era Amaterasu O-mikami“.

 

Fuentes:

  • Dr Lana Cantrell – The Greatest Story Never Told: A Scientific Inquiry into the Evidence of the Fall of Man from a Higher Civilization in Antiquity
  • Mahabharata
  • Ramayana
  • Los Vedas (Rig-Veda)
  • Biblia
  • Zecharia Sitchin – El 12º Planeta
  • Raymond Bernard – La Tierra Hueca
  • Alexander Heidel -The Babylonian Genesis
  • E.A. Wallis Budge – El libro egipcio de los muertos
  • E.A. Wallis Budge – The Gods of the Egyptians
  • La leyenda de los Judíos
  • Jinno Shotoki – A chronicle of Gods and Sovereigns

abril 29, 2021 - Posted by | Temas Generales

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