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Antiguas civilizaciones y enigmas

Los dinosaurios, un ejemplo para especular sobre nuestra prehistoria

Realmente conocemos muy poco sobre lo que sucedió antes del supuesto Diluvio Universal o antes del final de la última glaciación. Solamente los restos fósiles que encontramos nos dicen algo sobre lo que pudo suceder en un remoto pasado. Por ello considero que, en todos los casos en que la ciencia habla del pasado, se está especulando cuando se hacen deducciones sobre este pasado. Por ello, yo también me atrevo a especular en este artículo en base a los pocos datos que tenemos a nuestra disposición. Tenemos, por ejemplo, el pteranodon, que pertenece a un género extinto de pterosaurio pteranodóntido, no considerado propiamente como un dinosaurio, aunque convivió con ellos y lo podríamos considerar primo hermano de aquellos. Lo utilizamos como uno de los ejemplos para explicar nuestras hipótesis. Entre ellos se incluían algunos de los reptiles voladores más grandes conocidos, con envergaduras de más de 7 metros. Existieron durante casi toda la Era Mesozoica, entre hace unos 228 y 66 millones de años. Fueron los primeros vertebrados que parece conquistaron el aire, aunque esto seguramente no lo sabremos nunca con seguridad. Parece extraño que un animal, que se había extremado tanto en reducir su peso a un mínimo para volar, desarrollara una cresta ósea alargada en su cráneo. Un comentario editorial en el The Aeronautical Journal de 1914 decía lo siguiente: “Es obvio que un animal volador que ha reducido su peso al máximo, difícilmente habría desarrollado una larga cresta a costa de, o sin efecto sobre, su capacidad para volar. Es decir, la cresta debió de tener alguna ventaja aerodinámica para su propietario para que pudiera evolucionar en la medida que lo hizo. No es difícil ver que este tipo de cresta pudo ser muy útil desde el punto de vista de la estabilidad“. Es evidente la extrema importancia que posee la disposición de las aletas para la estabilidad de los aeroplanos, por lo que cuando el pteranodon dirigía su pico hacia abajo, movía una gran área de aleta hacia atrás y abajo. Sin embargo, cuando el pico bajaba, se elevaba la cresta para compensar el efecto. Ello indica que el pteranodon estaba equipado con un mecanismo automático de estabilización. Cuando el zoólogo y paleontólogo de la Universidad de Reading, Cherrie Bramwell, introdujo los datos del pteranodon en el ordenador de la Escuela de Aeronáutica, se descubrió hasta qué punto estos planeadores naturales estaban avanzados. El ordenador estaba programado para examinar el comportamiento de vuelo de los planeadores construidos por el hombre y no necesitó ningún ajuste para el pteranodon. Parece ser que con velocidades superiores a unos 32 km por hora, el pteranodon podía girar sus alas hacia atrás en forma de V. Esto provocaba una disminución de la velocidad de descenso y es el principio empleado por los aviones a reacción con alas de geometría variable: un principio descubierto de nuevo después de 70 millones de años. Pero si la evolución consiste en mutaciones al azar para adaptarse al entorno, ¿cómo es posible que estas mutaciones se produjesen aplicando sofisticados conocimientos aeronáuticos, 70 millones de años antes de que la ciencia descubriese esta funcionalidad? ¿Cómo es posible que se previera la utilidad futura de esta cresta y se iniciase un proceso evolutivo, mediante mutaciones del ADN, para irla implementando? Tal vez la respuesta esté en una intervención externa o a que el ADN es realmente un sistema similar a un algoritmo de Inteligencia Artificial muy sofisticado, que tiene la facultad de aprender a partir de determinada información, que tendría que incluir una visión del futuro. Sigue leyendo

enero 22, 2021 Posted by | Antiguas Civilizaciones, Ciencia, Civilizaciones Perdidas, Dioses de la Antiguedad, enigmas en general, Historia oculta | 2 comentarios

   

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