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Antiguas civilizaciones y enigmas

La actual cronología histórica, ¿es errónea?


Un amigo me hablo de una teoría de un matemático ruso, llamado Anatoly Fomenko, que hablaba de una nueva cronología de la Historia. Según esta teoría, Jesús habría sido en realidad el emperador bizantino Andrónico I Comneno (1118 – 1185), que fue emperador de los imagen-13romanos desde 1183 hasta su muerte. Se dice que fue crucificado en el monte de Yuşa en torno al año 1185. También afirma que la bíblica ciudad de Jerusalén sería en realidad la ciudad medieval Castillo de Yoros, en el área del actual Estambul, Turquía. Tal como he dicho, la nueva cronología es una teoría asociada al matemático ruso Anatoly Timofeevich Fomenko, en colaboración con colegas de su misma nacionalidad, incluido Gleb Vladimirovich Nosovsky, doctor en ciencias físicas y matemáticas por la Universidad Estatal de Moscú, quienes utilizan matemática aplicada, astrofísica y otras ciencias fundamentales para afirmar que la cronología histórica es fundamentalmente errónea, e intentan reescribir la historia mundial. Las ideas de esta «nueva cronología» son continuación directa de las postuladas por el astrónomo y enciclopedista ruso Nikolai Morózov, e incluso podrían haber tenido su origen en las teorías del erudito francés Jean Hardouin. Sin embargo, la nueva cronología está comúnmente asociada con el matemático ruso Anatoly Fomenko, aunque los trabajos publicados sobre el tema son en realidad una colaboración entre Fomenko y otros matemáticos. Yo consideré en principio esta nueva cronología como algo absurdo, ya que la actual cronología histórica parece bastante bien establecida. De todos modos, mi curiosidad por conocer los argumentos de los teóricos de esta nueva cronología, especialmente debido a que son científicos de renombre, me ha llevado a leer la documentación existente y, fruto de este lectura, he elaborado este artículo. Al menos he podido constatar que las bases en que se apoya la cronología tradicional no son tan sólidas como pensaba. Vosotros, los lectores, juzgaréis esta extraña teoría. Pero, al menos, servirá para revisar una parte de la Historia.

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Pero antes de continuar con el tema, creo que es recomendable conocer a los promotores de esta teoría. Anatoli Timoféyevich Fomenko es un matemático ruso que nació en Donetsk (Ucrania) en 1945. Es miembro numerario de la Academia de Ciencias de Rusia. Desde 1969 trabajó en el departamento de geometría diferencial de la Facultad de Mecánica Teórica y Matemática de la Universidad Estatal de Moscú “Lomonósov”. En 1970 obtuvo por esta universidad el grado de candidato a doctor en ciencias con el tema “Modelos completamente geodésicos de ciclos“, y en 1972 el de doctor en ciencias con el tema “Solución del problema multidimensional de Plateau en variedades rimanianas“. En 1980 obtuvo el grado de catedrático del departamento de geometría superior y topología y en 1992 de jefe del departamento de geometría diferencial y sus aplicaciones. Anatoli Fomenko ha sido galardonado con el premio de la Sociedad de Matemática de Moscú (1974), con el premio de matemática del Presidum de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética (1987), y con el Premio Estatal de la Federación Rusa (1996). En 1991 fue elegido miembro numerario de la Academia de Ciencias Naturales de Rusia, en 1993 fue elegido miembro numerario de la Academia Internacional de Ciencias de la Escuela Superior, y en 1994 fue elegido miembro numerario de la Academia de Ciencias de Rusia. Las principales actividades científicas a las que se dedica son, entre otras: Métodos variacionales en la geometría diferencial y la topología, teoría de las superficies mínimas y el problema de Plateau, aplicaciones armónicas. Integración de sistemas hamiltonianos de ecuaciones diferenciales. Ecuaciones integrales en grupos y álgebras de Lie en la física matemática. Teoría de los invariantes de las ecuaciones diferenciales. También está creando una nueva teoría de clasificación topológica de sistemas dinámicos integrales. Geometría computacional, métodos algorítmicos en la topología. Computadoras en la geometría y topología tridimensional.

Pero lo que tiene más relación con la nueva cronología son los métodos empírico-estadísticos para la investigación de textos históricos; el problema del reconocimiento de textos históricos dependientes, nuevos métodos estadísticos de datación; o las aplicaciones en la cronología de la historia de la Antigüedad y el Medioevo. En cuanto a este último punto, cabe señalar que él y sus colegas, basándose en estos métodos, crearon la Nueva Cronología, una corriente revisionista no aceptada por la mayoría de los historiadores, ya que la consideran pseudo-historia. En particular, esta nueva cronología afirma que la cronología habitual de los sucesos históricos es incorrecta en general. El concepto está ampliamente explicado en su obra History: Fiction or Science? Por otro lado, Gleb Vladímirovich Nosovski  es otro matemático ruso, que nació en 1958. Obtuvo el grado de doctor en ciencias físicas y matemáticas por la Universidad Estatal de Moscú “Lomonósov” en 1988. Es especialista en teoría de las probabilidades, en estadística matemática, en teoría de procesos aleatorios, en teoría de la optimización, en ecuaciones diferenciales estocásticas, y en simulación computacional de procesos estocásticos. Trabajó en el Instituto de Investigaciones Cósmicas (Moscú) y en el Instituto de Herramientas e Instrumentos de Moscú. Formó parte del equipo que trabajó en Japón en el marco del proyecto de colaboración científica entre la Universidad “Lomonósov” y la Universidad de Aizu en el área de geometría computacional. En la actualidad trabaja con el grado de científico principal en el laboratorio de métodos computacionales del departamento de geometría diferencial y sus aplicaciones, por la Facultad de Mecánica Teórica y Matemática de la Universidad “Lomonósov“. Asimismo, forma parte del equipo, dirigido por Anatoli Fomenko, que está desarrollando la polémica Nueva Cronología.

Nikolai Alexandrovich Morozov (1854 – 1946) fue un ruso revolucionario que pasó cerca de 25 años en la cárcel antes de volver su atención a la ciencia. Después de ser puesto en libertad en 1906, comenzó a enseñar química y astronomía en la universidad de San Petersburgo. En 1907 fue elegido para la Duma, pero como un ex preso no se le permitió ejercerlo. Fue miembro de muchas asociaciones relacionadas con la ciencia, incluyendo el Club Aéreo ruso. Muchas de sus ideas eran poco ortodoxas y atrevidas. Conjeturó que los átomos tienen estructura de nivel complicada y pueden ser transformados. En su tratado sobre la tabla periódica, Morozov predijo el descubrimiento de los elementos inertes. En 1907 Morozov afirmó que el Apocalipsis de San Juan puede ser fechado astronómicamente en el 30 de septiembre del 395. Asimismo afirmaba que el autor de la Revelación fue Juan de Antioquía, llamado Chysostomus. En base a los registros astronómicos especuló que gran parte de la historia humana ha sido falsificada. Sus teorías sobre la cronología del Oriente Medio y de Israel antes del primer siglo antes de Cristo, atrajo más tarde la atención de Anatoly Fomenko, que basó su propia Nueva Cronología en Morozov. Por su lado, Jean Hardouin fue un jesuita e historiador, que nació en Quimper, Bretaña, el 23 de diciembre de 1646, hijo de un vendedor de libros de ese pueblo; murió en París el 3 de septiembre de 1729. Se convirtió en bibliotecario en el Colegio Jesuita de Louis-le-Grand en París, donde sucedió a Pere Garnier, cuya biografía publicó en 1684. Su primera obra científica fue un artículo sobre el significado de un pasaje en Plinio. Sus libros son numerosos, pero muchos de ellos están llenos de errores. Sin embargo, otros le han ganado un lugar entre los hombres eruditos. Muchas de sus obras tratan sobre numismática antigua, especialmente su Nummi antiqui populorum et urbium illustrati. Otros tratan sobre literatura clásica griega y romana.

Pero especialmente remarcable es su Chronologia Veteris Testamenti, en el que cuestionaba la autenticidad de casi todas las obras atribuidas a los escritores clásicos, con las únicas excepciones a favor de las obras de Cicerón, la Historia Natural de Plinio, las Georgias de Virgilio, las Sátiras y Epístolas de Horacio, y algunos escritos de Homero, Herodoto y Plauto. También Hardouin arrojó dudas sobre la autenticidad de muchos de los escritos de la literatura cristiana primitiva, y negaba la autenticidad de las versiones alejandrinas y hebreas que tratan sobre la interpretación del Antiguo y el Nuevo Testamento, así como la cronología de la vida de Cristo, especialmente la fecha en que celebró la Pascua y la fecha de su muerte. También escribió cierto número de obras polémicas. La nueva cronología contiene una reconstrucción y una cronología alternativa, radicalmente más corta que la cronología convencional, ya que mantiene que toda la Historia griega, romana, y egipcia antigua se habría introducido en la Edad Media, mientras que la Alta Edad Media habría sido eliminada. De acuerdo con las afirmaciones de Fomenko, la historia escrita de la humanidad habría empezado nada menos que el 800 d. C., ya que, según él, casi no tendríamos ninguna información sobre acontecimientos que hubiesen sucedido entre el 800 y el 1000 d. C.. Por otra parte, siempre según Fomenko, la mayoría de los acontecimientos históricos que conocemos como antiguos y de la Alta Edad Media, realmente ocurrieron entre los años 1000 y 1500 d. C. Aunque algunos investigadores convencionales han ofrecido cronologías revisadas de la historia clásica y bíblica, que acortan la duración de la historia antigua, eliminando varias de las consideradas edades oscuras, ninguna de estas cronologías revisionistas es tan radical como la de Fomenko. Hay que aclarar que la nueva cronología es rechazada por la corriente principal de historiadores, que consideran que no es compatible ni con la datación absoluta ni con la datación relativa, técnicas utilizadas de forma amplia por la comunidad académica. La mayoría de científicos consideran la nueva cronología como pseudocientífica.

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Karl Ploetz (1819-1881), erudito alemán, fue quien comenzó la práctica de usar de cronologías para el estudio y la enseñanza de historia mundial. En 1863, publicó su famoso Auszug aus der alten, mittleren, neueren und neuesten Geschichte. En 1883, la obra apareció en inglés con el título de Un epítome de la historia antigua, medieval y moderna. Con el tiempo, se sometió a revisiones y se volvió a imprimir en numerosas ediciones. La edición en inglés se reeditó en 1915 con el título de Manual de historia universal. Otros eruditos siguieron el ejemplo de Ploetz, en especial el físico alemán Werner Stein (1913-1993), quien en 1946 publicó Kulturfahrplan (La cronología de la cultura), que empleaba líneas cronológicas sincronizadas para mostrar la evolución de diferentes ámbitos de la actividad humana (política, religión, literatura, ciencia y tecnología, etcétera) a lo largo de los milenios. En base a esta cronología y antes de continuar, vamos a definir lo que la historia convencional considera Edad Media. La Edad Media es un período histórico ubicado entre la Edad Antigua y la Edad Moderna, cuyo inicio y fin coincide con la caída de cada una de las dos partes en que se había dividido el extenso Imperio Romano. En efecto, la Edad Media tiene inicio con la caída del Imperio Romano de Occidente en poder de los pueblos bárbaros en el año 476, y finaliza con la caída del Imperio Romano de Oriente o imperio Bizantino, cuando los turcos otomanos lograron apoderarse de Constantinopla, la capital del Imperio. Para muchos la Edad Media es vista como una etapa oscura entre la Edad Antigua, reconocida por el arte, cultura y civilización grecorromana de la antigüedad clásica y la renovación cultural que se produjo en la Edad Moderna, mediante el humanismo y el renacimiento. Así, la Edad Media habría sido una etapa de retroceso cultural, social y económico. Esta Edad Media fue dividida en dos partes, la Alta Edad Media o edad Temprana, y la posterior Baja Edad Media. Durante la temprana Alta Edad Media  (siglos IX al XI d.C.) se produjo el surgimiento del feudalismo, por lo que esta etapa se caracterizó por las relaciones feudales entre los señores y sus vasallos.

Constantinopla es el nombre histórico de la actual ciudad de Estambul, situada a ambos lados del Estrecho del Bósforo en Turquía, y que fue capital de distintos imperios a lo largo de la historia. Según la cronología tradicional fue capital del Imperio romano (330 – 395), del Imperio romano de Oriente o Imperio bizantino (395 – 1204 y 1261 – 1453), del Imperio latino (1204 – 1261) y del Imperio otomano (1453 – 1922), que empezó con la Caída de Constantinopla y terminó con la Ocupación de Constantinopla. Estratégicamente situada entre el Cuerno de Oro y el mar de Mármara, en el punto de encuentro de Europa y Asia, la Constantinopla bizantina fue baluarte de la Cristiandad y heredera del mundo griego y romano. A lo largo de la Edad Media fue la mayor y más rica ciudad de Occidente, y conocida como «la Reina de las Ciudades». Por otra parte, fue llamada la Encrucijada del Mundo, pues era el nexo de comercio marítimo entre Asia, Europa y África. Dependiendo de sus gobernantes y el momento histórico, ha tenido diferentes nombres. Entre los más comunes están Bizancio o Nueva Roma, este último un nombre más eclesiástico que oficial. Fue conocida por la Guardia Varega con el nombre de Miklagarðr (Gran Ciudad). Fue rebautizada oficialmente Estambul, su nombre actual, en 1930 mediante la Ley Turca de Servicio Postal, una de las reformas nacionales impulsadas por Atatürk, fundador y primer presidente de la República de Turquía. En el año 324, Constantino I el Grande, el emperador que fundaría la ciudad de Constantinopla sobre la antigua ciudad de Bizancio, venció al co-emperador romano Flavio Valerio Licinio Liciniano (250 – 325), transformándose en el hombre más poderoso del Imperio Romano. En ese contexto decidió convertir la ciudad de Bizancio en la capital del Imperio, comenzando los trabajos para embellecer, recrear y proteger la ciudad. Para ello utilizó más de cuarenta mil trabajadores, la mayoría de ellos esclavos godos.

Después de seis años de trabajos, hacia el 10 de mayo de 330, y aún sin finalizar las obras, que se terminaron en 336, Constantino inauguró la ciudad con unos ritos tradicionales, que duraron 40 días. La ciudad entonces contaba con unos 30.000 habitantes. Un siglo más tarde había alcanzado el medio millón, convirtiéndose en la ciudad más grande del mundo; algunos autores, en determinados momentos de su historia, llegaron a atribuirle hasta un millón de habitantes. Rebautizada como Nueva Roma de Constantino, aunque popularmente llamada Constantinopolis, fue reconstruida a semejanza de Roma, con catorce regiones, foro, capitolio y senado, y su territorio sería considerado suelo itálico, libre de impuestos. Al igual que la capital itálica, tenía siete colinas. Constantino destruyó los templos existentes, y persiguió a los paganos. Es más, construyó nuevos templos para cristianos, especialmente influido por estos últimos. Tal es así que durante su gobierno se abolió la crucifixión, las luchas entre gladiadores, se reguló el divorcio, dándose mayor protección legal a la mujer y se mantuvo una mayor contención y represión sexual, según las costumbres que después se convertirían en cristianas. Además construyó iglesias como la de Santa Irene y la iglesia-mausoleo, donde fue enterrado el emperador. Constantino jamás se declaró religioso, y sólo lo llegó a ser en el lecho de muerte, siendo bautizado por el arriano Eusebio de Nicomedia. Nueva Roma fue embellecida a costa de otras ciudades del Imperio, cuyas mejores obras fueron saqueadas y trasladadas a la nueva capital. En el foro se colocó una columna donde se emplazó una estatua de Apolo, a la que Constantino hizo quitar la cabeza para colocar una réplica de la suya. Se trasladaron mosaicos, esculturas, columnas, obeliscos, desde Alejandría, Éfeso y sobre todo desde Atenas. Constantino no reparó en gastos, pues quería levantar una capital universal.

La ciudad contaba con un hipódromo, construido en tiempos de Septimio Severo, en el año 203, que podía albergar más de 50.000 personas y era la sede de las fiestas populares y de los homenajes a los generales victoriosos del Imperio. Sus tribunas también fueron testigo de tribunales donde se dirimían los casos más relevantes. Hoy en día, el hipódromo sólo es una plaza del centro de la ciudad de Estambul, donde se conservan los dos obeliscos que se encontraban en el eje de la pista, uno de ellos perteneciente al faraón egipcio Tutmosis III. También se dio gran importancia a la cultura. Constancio II creó una de las primeras universidades del mundo al fundar, en el 340, la Universidad de Constantinopla, aunque luego fuera reformada por el emperador Teodosio II, en el 425. En ella se enseñaba Gramática, Retórica, Derecho, Filosofía, Matemática, Astronomía y Medicina. La universidad constaba de grandes salones de conferencias, donde enseñaban sus 31 profesores. Al morir Constantino, la fragmentación del Imperio Romano era un hecho. Sin embargo, esto no se produciría hasta la muerte de uno de sus sucesores, Teodosio, quien en 395 dividió en dos el Imperio y cedió el mando de la parte occidental, con sede en Roma, a su hijo Honorio; y la parte oriental, con sede en Constantinopla (Nueva Roma), a su otro hijo, Arcadio, a diferencia de la parte occidental, cuya decadencia fue cada vez mayor, se mantuvo pujante hasta 1453. A Teodosio se debe el foro de su nombre en la antigua Constantinopla. En época del emperador Justiniano (527 – 565) se construyó el templo de Santa Sofía, donde sus arquitectos tuvieron que idear una cúpula para cubrir el amplio edificio de planta rectangular. Tan complejo fue el trabajo que la primera cúpula se derrumbó. La segunda es la que hoy se puede ver en el edificio. Justiniano también construyó la iglesia de los santos Sergio y Baco, entre 527 y 536 después de Cristo.

Durante el gobierno del emperador romano de Oriente, Heraclio (610 – 641), se creó la Academia Patriarcal de Teología, que luego sería organizada también como universidad. La sociedad fue dividida entre la élite de señores (el rey, los nobles, y el clero), que eran los que detentaban todo el poder, y los vasallos y campesinos, que eran considerados la clase más baja. Fue una época con un concepto teocéntrico del mundo, debido a la gran influencia del cristianismo. La iglesia poseía un gran poder, ya que decidía sobre los aspectos de educación y política. La posterior Baja Edad Media, que va desde los siglos XI (o XII) al XV, es una etapa con muchos cambios, tanto políticos como económicos y culturales. A inicios de esta etapa se organizaron las cruzadas, ocho en total, foralmente para la defensa de los Santos Lugares en Palestina, aunque finalmente quedaron en poder de los musulmanes. Estas cruzadas fueron expediciones tanto religiosas como militares. Fue en esta época en la que también se produjo el Cisma de Occidente, período de la historia de la Iglesia católica, en que dos e incluso tres obispos se disputaron la autoridad pontificia (1378 – 1417). Después del gran incremento económico que hubo en los primero siglos le siguió una dura crisis. Las malas cosechas y el incremento de los precios afectaron a los sectores más débiles o pobres de la población. La situación se agravó cuando la terrible peste asoló Europa, trayendo como consecuencia un descenso de la población en hasta un cincuenta por ciento. El feudalismo comenzó su debilitamiento, y los campesinos se levantaron y se revelaron provocando grandes enfrentamientos. Entonces los campesinos empezaron a emigrar a las ciudades, a fin de poder desarrollar distintas actividades económicas. Ello implicó que las ciudades tuvieron más mano de obra, lo cual produjo cambios que dieron lugar a una nueva clase social, la burguesía, que no era más que una nueva clase formada por artesanos y mercaderes, y que surgieron en el entorno de las ciudades durante la Baja Edad Media.

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Volvemos a la Nueva Cronología. Es sorprendente saber que el famoso ajedrecista y político Gary Kasparov ha apoyado parcialmente la nueva cronología. En 1972 se reunieron miembros de la Royal Society of London (Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural). El objetivo de la reunión era debatir las inconsistencias obtenidas en el cálculo de la aceleración del movimiento lunar. Según los datos disponibles por los promotores de la teoría, la aceleración de la Luna había experimentado un salto en algún momento de la Historia próximo al siglo X. El aumento de la aceleración era de tal magnitud que no había excepciones posibles capaces de encuadrar la aceleración de la Luna dentro de una fórmula razonable. Aunque se propusieron diversas opciones, no se llegó a resultado definitivo alguno. El aumento de velocidad de la Luna provoca su alejamiento de la Tierra, ampliando su órbita cada vez más. Este fenómeno es similar al que uno siente cuando se monta en un carrusel giratorio. Entre más rápido gire el carrusel, más fuerte es la sensación de ser despedido hacia afuera. Aunque 3,78 centímetros parece poco, esta pequeña diferencia incrementada durante un período suficientemente largo podría afectar la vida en la Tierra. A medida que la Luna se acelera debido a la protuberancia de la marea y la rotación de la Tierra, a la Tierra le está sucediendo lo opuesto: está volviéndose más lenta. Morozov, del que ya hemos hablado, vivió una época de fuerte actividad revolucionaria, conoció Karl Marx y estuvo cerca de 25 años en prisión antes de volver a centrar su atención en diversos campos de la ciencia, donde en su tratado sobre la tabla periódica predijo el descubrimiento de los elementos inertes. En 1914 utilizó métodos astronómicos para corregir fechas de las predicciones bíblicas y, entre los años 1924 hasta 1932, publicó su trabajo fundamental en siete tomos donde llegó a la conclusión de que la Historia estaba dilatada artificialmente. Sus métodos y sus teorías sobre Oriente Medio e Israel antes del primer siglo antes de Cristo llamaron la atención de Fomenko, con las que de hecho basó parte de su Nueva Cronología sobre ellas.

Pero el origen de su implicación en este debate hay que buscarlo en 1973, con motivo de la lectura de un artículo del astrofísico estadounidense Robert Newton, que publicó, en 1972, un artículo en donde describía un salto extraño en la aceleración lunar, acontecido alrededor del siglo X d. C. Robert Newton calculó la aceleración lunar en el intervalo de los siglos I a XX d. C., en función de las dataciones de Joseph Justus Scaliger sobre los escritos que hacen referencia a eclipses lunares y solares, y determinó que el salto lunar no podía ser explicado de ninguna manera por la teoría gravitacional. En 1972 se reunieron los miembros de la Royal Society of London, la Academia Británica de las Ciencias. El objetivo de la reunión era debatir las inconsistencias obtenidas en el cálculo de la aceleración del movimiento lunar. Según los datos con que se contaba, la aceleración de la Luna había experimentado un salto en algún momento de la Historia próximo al siglo X. El aumento de la aceleración era de tal magnitud que no había parámetros o excepciones posibles capaces de encuadrar la aceleración de la Luna dentro de una fórmula razonable. A pesar de que se propusieron diversas opciones, no se llegó a ningún resultado definitivo. En 1973 Robert Newton, uno de los investigadores del problema, se puso en contacto con Anatoly T. Fomenko. Tras oír la detallada exposición de Robert Newton, Anatoly Fomenko se enteró de que la forma de datar la aceleración de la Luna en la antigüedad se basaba en el cálculo de los eclipses, cuya datación podía haberse visto afectada por el aumento de la aceleración lunar. Los eclipses siempre han sido fechas fundamentales para la Ciencia por cuanto permiten datar casi al segundo acontecimientos históricos muy distantes en el tiempo. En este caso, sabiendo que hubo un eclipse en una fecha determinada podemos precisar la situación donde se encontraba la Luna respecto de la Tierra. Comparando los registros históricos sobre distintos eclipses es posible determinar la aceleración del movimiento lunar desde la antigüedad hasta hoy.

Con el objeto de unificar bajo una misma fecha en todo el mundo los trabajos que se realizan en el campo astronómico, Joseph Justus Scaliger creó en el siglo XVI (1582) el Día Juliano en honor a su padre Julius Scaliger, que actualmente es utilizado por los observadores de Estrellas Variables. Este sistema se escogió basándose en la cronología primitiva. Por ejemplo al 1 de enero de 1950 le corresponde el día Juliano 2433282. La fecha juliana o día juliano es el número de días y fracción transcurridos desde el mediodía del 1º de enero del año 4713 a. C. Para fechar fenómenos astronómicos o históricos lejanos es difícil considerar los cambios que ha habido en los calendarios de las diversas culturas. Aun considerando exclusivamente la historia de Europa occidental, en 1582 ocurre la Reforma Gregoriana por la que se suprimen como años bisiestos los años seculares no divisibles por 400. Así 1700, 1800 y 1900 dejan de ser bisiestos, y además se suprimen 10 días, los que van del 5 al 14 de octubre de 1582. Esta reforma no fue aceptada inmediatamente por los protestantes y los cristianos ortodoxos, quienes todavía usan el calendario juliano para fijar cada año la fecha de la Pascua. Si pretendemos averiguar el lapso transcurrido entre dos eclipses lejanos, aunque sean del mismo calendario, hay que llevar cuenta de los bisiestos transcurridos, lo que se complica aún más si uno es del calendario juliano y otro del gregoriano. Por esto en el mismo año 1582, Joseph Justus Scaliger creó una escala continua de tiempo fijando su origen, inicio del día 1, en el mediodía del 1º de enero del año 4713 a. C. del calendario juliano proléptico, y contando los días solares correlativamente. Este número se llama fecha juliana.

Pero veamos lo que dice la ciencia oficial sobre la Luna. Al descubrir que la composición de la Luna era la misma que la de la superficie terrestre, se supuso que su origen tenía que venir de la propia Tierra. Un cuerpo tan grande en relación a nuestro planeta difícilmente podía haber sido capturado ni tampoco era probable que se hubiese formado al mismo tiempo que la Tierra. Así, la mejor explicación de la formación de la Luna es que ésta se originó a partir de los pedazos que quedaron tras una cataclísmica colisión con un protoplaneta del tamaño de Marte en los albores del Sistema Solar, dentro de la hipótesis del gran impacto. Esta teoría también explica la gran inclinación axial del eje de rotación terrestre, que habría sido provocada por el impacto. La enorme energía suministrada por el choque fundió la corteza terrestre al completo y arrojó gran cantidad de restos incandescentes al espacio. Con el tiempo, se formó un anillo de roca alrededor de nuestro planeta hasta que, por acreción, se formó la Luna. Su órbita inicial era mucho más cercana que la actual y el día terrestre era mucho más corto, ya que la Tierra rotaba más deprisa. Durante cientos de millones de años, la Luna ha estado alejándose lentamente de la Tierra, a la vez que ha disminuido la velocidad de rotación terrestre debido a la transferencia de momento angular que se da entre los dos astros. Este proceso de alejamiento continúa actualmente a razón de 38 milímetros por año. Tras su formación, la Luna experimentó un periodo cataclísmico, datado en torno a hace unos 3800 a 4000 millones de años, en el que la Luna y los otros cuerpos del Sistema Solar interior sufrieron violentos impactos de grandes asteroides. Este período, conocido como bombardeo intenso tardío, formó la mayor parte de los cráteres observados en la Luna, así como en Mercurio. El análisis de la superficie de la Luna arroja importantes datos sobre este periodo final en la formación del Sistema solar.

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Posteriormente se produjo una época de vulcanismo, consistente en la emisión de grandes cantidades de lava, que llenaron las mayores cuencas de impacto formando los mares lunares y que acabó hace unos 3.000 millones de años. Desde entonces, poco más ha acaecido en la superficie lunar que la formación de nuevos cráteres debido al impacto de asteroides. Recientemente, sin embargo, los datos enviados por la sonda japonesa Selene han mostrado que dicho vulcanismo ha durado más de lo que se pensaba, habiendo acabado en la cara oculta hace unos 2500 millones de años. En astronomía, una distancia lunar (LD) es la medida de la distancia desde la Tierra a la Luna. La distancia media entre la Tierra y la Luna es de 384.400 kilómetros. La distancia real varía a lo largo de la órbita de la Luna. Se realizan mediciones de alta precisión de la distancia a la Luna, midiendo el tiempo que tarda la luz en viajar entre las estaciones LIDAR, en la Tierra, y los retroreflectores colocados en la Luna. La Luna se aleja de la Tierra a un promedio de 3,8 cm por año, como lo detectó el experimento de medición lunar láser. La tasa de la recesión se considera anormalmente alta. Por coincidencia, la diagonal de los cubos de los retroreflectores en la Luna también es de 3,8 cm. La primera persona que midió la distancia a la Luna fue el astrónomo y geógrafo Hiparco, en el año 150 a. C. Se basó en el dato del diámetro de la Tierra, calculado por Eratóstenes 100 años antes. Obtuvo una distancia de 348.000 km. Para este cálculo utilizó la curvatura de la sombra que proyecta la Tierra sobre la Luna en un eclipse lunar, un método ideado por Aristarco de Samos. Es notable el pequeño error, dada las limitaciones de la época, siendo de solamente de unos 36.000 km, lo que representa menos del 10 %.

Fomenko conocía las tesis de Morozov e inicialmente las siguió con escepticismo, pero se propuso hacer un nuevo cálculo, de acuerdo con el mismo algoritmo de Robert Newton, y en 1980 publicó sus resultados. Descubrió tres importantes cambios cronológicos de 333, 1053 y 1800 años, respectivamente. A partir de ahí Fomenko fue incorporando y desarrollando diferentes métodos de análisis de textos históricos y su resultado es una inmensa obra, llena de grandes interrogantes y de argumentos, que nos permiten comprender que una buena parte de la historia escrita es el resultado del arte de escribirla, de interpretarla y de elegirla. Unos hechos que hay que situar en origen en el siglo XV. Robert Newton, uno de los investigadores del problema, se puso en contacto con Anatoly Fomenko. La investigación fue tomando cada vez mayor envergadura, incorporando a docenas de miembros de la Academia Rusa de Ciencias, y como resultado se han publicado varios voluminosos libros, con miles de páginas. La respuesta propuesta es una nueva cronología global, fundamentada en nuevos métodos, basados sobre todo en la estadística y en la datación histórica que han ido elaborando, que cuestiona la cronología establecida. Trata de resaltar las debilidades de los métodos en que se basa dicha cronología convencional, insinuando que hay que replantear mil años de la Historia tal como nos ha sido explicada, puesto que este largo período habría sido literalmente inventado.  Hay que convenir en que quienes rechazan las investigaciones efectuadas por decenas de matemáticos y personas cualificadas, deberían proponer alguna solución alternativa al problema astronómico antes indicado. Problema al que, por cierto, un personaje como el famoso físico, filósofo, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés, Isaac Newton, dedicó dos libros enteros a algunos de sus aspectos.

La profesora Galina Likosova, de origen ruso pero viviendo actualmente en Colombia, en el año 2000 resumió las investigaciones de Fomenko. En la historia de la humanidad hay muchas incoherencias y contradicciones. Por ello Fomenko hace una revisión de la cronología vigente, analiza textos y manuscritos, y llega a la conclusión de que la cronología, con su estructura creada en los siglos XV a XVI es errónea. Fomenko propone una hipótesis base para una Nueva Cronología Global.  Todos nosotros nos hemos maravillado con las historias de la Grecia y Egipto antiguos, así como con la vida y las conquistas de Alejandro Magno. También hemos quedado impresionados con los pensamientos filosóficos de Platón y de Aristóteles, con las construcciones lógicas de Euclides y con los estudios astronómicos de Ptolomeo. Todos estos personajes se supone que vivieron hace más de 1800 años. Y es impresionante el sólo hecho de pensar que el paso del tiempo no pudo ocultar los acontecimientos históricos ni el legado de estos famosos personajes. Esto hace más sorprendente la época oscura de la Edad Media. Es curioso que hechos que supuestamente sucedieron hace escasamente entre 600 y 1200 años estén cubiertos por un espeso velo de misterio, mientras que la historia de algunos pueblos que vivieron hace más de 2000 años sea conocida de manera detallada. Asimismo es enigmática la época del Renacimiento, cuando todas las artes y las ciencias, olvidadas y pérdidas durante más de 1000 años, de pronto resurgieron aparentemente de la nada.

La historia universal, lo mismo que la historia local de cada pueblo, evidencia muchas incoherencias, contradicciones y preguntas sin respuestas. Durante los últimos 400 años, muchos historiadores y científicos han expresado sus dudas acerca de la cronología vigente. Por ello han propuesto nuevos esquemas cronológicos que explicasen unos hechos y corrigiesen ciertas contradicciones, pero dejaban otras sin resolver. La cronología vigente fue construida desde el siglo XV al XVII y fue impuesta por la Iglesia Católica. Según los estudios del matemático ruso Fomenko, la cronología tradicional sería errónea. Por ello propone una hipótesis presentando una nueva visión histórica global, en el marco de la cual afirma que desaparecen todas las contradicciones existentes. Entre los siglos XV y XVI la cronología fue considerada como una rama de las matemáticas y después pasó y quedó por completo en manos de los historiadores. La versión cronológica de la antigüedad que hoy conocemos, fue creada en los siglos XIV-XVI y fue completada por Joseph Justus Scaliger (1540 – 1609),  erudito francés, conocido por la ampliación de la noción clásica de la historia griega y la historia antigua de Roma, con la inclusión de la historia de Persia, Babilonia, judía y la historia antigua de Egipto, dentro de la historia antigua como conjunto. También intervino Denis Pétau, en latín Dionysius Petavius (1583 -1652), jesuita francés, teólogo y autor de diversas obras sobre cronología histórica, dinastías, ciudades, etc. Se formó en la Sorbona, donde defendió su tesis para Maestro en Artes en griego. Llegó a bibliotecario real, y sus obras teológicas fueron muy influyentes en la dogmática católica. En particular su obra, De theologicis dogmatibus presenta un nuevo acercamiento a la dogmática, más centrado en la historia de su formulación que en las tesis y distinciones propias del sistema escolástico. De esta manera dio lugar a la historia del dogma como disciplina.

Pero, según la investigación de A. Fomenko y su grupo, esta versión es errónea. La cronología de Scaliger, ó cronología tradicional (CS o CT), fue creada por un grupo numeroso de investigadores, el más destacado de los cuales fue Joseph Scaliger, al que nos hemos referido anteriormente. La versión cronológica de la historia antigua y medieval es fruto del trabajo persistente de los historiadores medievales, que trataban de restablecer el panorama histórico a partir de textos en diferentes idiomas, a veces escritos sin vocales, en algunos casos sin fechas o con fechas relacionadas con unos acontecimientos que no tenían una ubicación precisa en la historia. Los autores anónimos de los manuscritos describían acontecimientos que habían sucedido 200, 500 y hasta 1500 años atrás. Cuando dicen que Alejandro Magno conquistó medio mundo en “tal año“, eso quiere decir que así estaba escrito en un documento. Pero no se sabe con respecto a qué año fue calculado el año de aquellas conquistas. Así que había posibilidades para diferentes cronologías en la historia. Lógicamente los documentos escritos se basaron en algún hecho real. Pero aquel mismo hecho real podía haber sido reflejado en diferentes crónicas y de manera muy distinta. En realidad, a veces era tan distinta que a primera vista era imposible creer que se estaba ante dos versiones del mismo hecho. Y cuando se dice que “un personaje histórico es un duplicado de otro personaje histórico“, quiere decirse que el mismo personaje real fue representado en la historia varias veces, y en épocas diferentes, aunque en realidad solo existió un único personaje. El problema de saber dónde y cuándo vivió este personaje en la realidad es un trabajo de historiadores. No es menos difícil la respuesta a la pregunta de cómo se llamaba en realidad un determinado personaje. En la antigüedad la gente tenía distintos nombres y apodos. Además, en las crónicas a veces aparecían con diferentes nombres, debido a errores, confusiones o malas traducciones.

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Con el tiempo, las palabras, así como los nombres de personas y de lugares geográficos han cambiado su significado y su ubicación. Sólo con la invención de la imprenta los nombres geográficos quedaron fijados en los mapas, pues antes cada mapa era único y había muchas diferencias de uno al otro. Por estas razones antes indicadas, la cronología tradicional (CS o CT) sería errónea. Eso lo entendían destacados científicos. Pero construir una cronología no contradictoria y alternativa era una misión muy difícil. Fomenko trabajó en este problema desde inicios de la década de 1970, y en 1979 propuso una versión nueva de la cronología antigua y medieval. Más adelante, un grupo de matemáticos de la Universidad Estatal de Moscú-Lomonosov, se le unió en esta investigación. El trabajo consistió en analizar los textos históricos con métodos de matemática moderna y efectuar complejos cálculos computacionales. La cronología es una disciplina histórica que permite establecer el intervalo de tiempo entre un hecho histórico y la época actual, siempre que sea posible traducir los datos cronológicos del documento que describe el hecho en unidades de nuestro sistema cronológico actual, que está basado en antes de Cristo (a.C.), o después de Cristo (d.C.). Muchas conclusiones históricas dependen de la fecha asociada a un acontecimiento descrito en un documento. Si cambia la fecha, cambian las interpretaciones de los hechos, su valoración, etc. Como resultado de un trabajo minucioso de varias generaciones de cronistas de los siglos XIV a XVI, se obtuvo una cronología universal en la que los principales hechos históricos de la antigüedad estaban asociados con ciertas fechas según el calendario juliano. El calendario juliano, introducido por Júlio César en el año 46 a.C. (708 AUC, Ab Urbe Condita, es decir, desde la fundación de Roma), fue una reforma del calendario romano.

Entró en vigor en el 45 a.C. (709 AUC), poco después de la conquista romana de Egipto. Era el calendario predominante en el mundo romano, la mayor parte de Europa, y en asentamientos europeos en las Américas y otros lugares, hasta que fue sustituido progresivamente por el más preciso calendario gregoriano, promulgado en 1582 por el Papa Gregorio XIII. En términos astronómicos, el calendario juliano se retrasa con respecto al año trópico aproximadamente un día cada 128 años. Para el calendario gregoriano, la cifra es de un día cada 3030 años. La diferencia en la longitud media del año entre el calendario juliano (365,25 días) y el Gregoriano (365,2425 días) es del 0,002%. Pero, de hecho, en la actualidad  cualquier fechado se hace en base a la cronología romana, que es la columna vertebral de toda la cronología. Tal como ya hemos dicho, el sistema cronológico aceptado hoy día fue creado por varias personas, de las cuales las más destacadas fueron Joseph Justus Scaliger y Dionysius Petavius. Pero en su tiempo esta versión cronológica no era la única, y varios destacados científicos tuvieron sus dudas con respecto a la justificación de la cronología tradicional. La falta de un estudio general, donde la cronología universal estuviera basada en investigaciones y métodos científicos, se explica no sólo por el volumen exagerado de material para analizar sino por problemas y dificultades objetivas, que fueron observados por muchos estudiosos del tema. Una dificultad evidente es la aparición y el desarrollo de la cronología en el marco de la Iglesia Católica y bajo su control total. En los trabajos fundamentales de Scaliger y Petavius, la cronología está presentada en forma de unas tablas de fechas, sin su correspondiente explicación o demostración. En realidad estaban basados en la tradición canónica de la Iglesia. Eso no es sorprendente ya que durante siglos la historia era básicamente historia de la Iglesia Católica, y fue escrita por clérigos. Hoy en día se considera que las bases de la cronología fueron realizadas por Eusebio de Cesarea y San Jerónimo durante el siglo IV.

Eusebio de Cesarea (263 – 339), también conocido como Eusebius Pamphili, fue obispo de Cesarea y se le conoce como el padre de la historia de la Iglesia, ya que sus escritos están entre los primeros relatos de la historia del cristianismo primitivo. Su nombre está unido a una curiosa creencia sobre una supuesta correspondencia entre el rey de Edesa, Abgaro, y Jesucristo. Eusebio habría encontrado las cartas, e inclusive las copió para su Historia eclesiástica. Las dos grandes obras históricas de Eusébio son La Crónica y La Historia de la Iglesia. La primera, que equivale a una Historia Universal, está dividida en dos partes. La primera parte, cronología, pretende ser un compendio de historia universal, organizada según las diversas naciones, recogiendo las fuentes históricas que Eusebio buscó arduamente. La segunda parte, cánones cronológicos, intenta establecer el sincronismos entre los documentos históricos, utilizando columnas paralelas. Es uno de los ejemplos más antiguos de lo que es frecuente, hoy en día, en las obras de referencia, como enciclopedias, donde las tablas cronológicas son un instrumento de trabajo y consulta. Su trabajo original, completo, está perdido. Pudo, sin embargo, ser reconstruido a partir de los extractos copiados por los cronólogos de la escuela bizantina, especialmente Jorge Sincelo, el Monje. Las tablas cronológicas de la segunda parte fueron preservadas totalmente en una traducción hecha por San Jerónimo, y las dos partes existen también en una traducción en armenio, aunque su valor es discutible, debido a las alteraciones respecto al original que podrían haber sido hechas por los traductores. La Crónica, tal como la conocemos, se extiende hasta el año 325 y fue escrita antes de la Historia de la Iglesia.

Eusebio Hierónimo de Estridón (340 –420), llamado San Jerónimo por los católicos y ortodoxos, tradujo, por encargo del Papa Dámaso I, quien reunió los primeros libros de la Biblia en el Concilio de Roma en el año 382 de la era Cristiana, la Biblia del griego y del hebreo al latín. Es considerado Padre de la Iglesia y uno de los cuatro grandes Padres Latinos. La traducción al latín de la Biblia hecha por San Jerónimo, llamada la Vulgata, y publicada en el siglo IV de la era Cristiana, fue declarada en 1546 por la Iglesia Católica, en el Concilio de Trento, la versión única, auténtica y oficial de la Biblia para la Iglesia Latina, y ha sido, hasta la promulgación de la Neovulgata, en 1979, el texto bíblico oficial de la Iglesia Católica. San Jerónimo fue un célebre estudioso del latín en una época en la que eso implicaba dominar el griego. Sabía algo de hebreo cuando comenzó su proyecto de traducción, pero se mudó a Belén para perfeccionar sus conocimientos del idioma. Comenzó la traducción en el año 382 y corrigió la versión latina existente del Nuevo Testamento. Aproximadamente en el año 390 pasó al Antiguo Testamento en hebreo. Completó su obra en el año 405. Si Agustín de Hipona merece ser llamado el padre de la teología latina, Jerónimo lo es de la exégesis bíblica. Con sus obras, resultantes de su notable erudición, ejerció un influjo duradero sobre la forma de traducción e interpretación de las Sagradas Escrituras y en el uso del latín como medio de comunicación en la historia de la Iglesia.

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La Crónica de Eusebio y el trabajo de Jerónimo se conocen solamente en fragmentos. Es curioso que en el siglo XIV Nicéforo Calixto trató de escribir la historia de los primeros tres siglos después de Cristo, pero no pudo hacer nada más que repetir lo dicho por Eusebio. Nicéforo Calixto Xantopoulos, de Constantinopla, fue el último de los historiadores eclesiásticos griegos, que floreció alrededor de 1320. Su Historia Ecclesiastica, en dieciocho libros, lleva la narrativa hasta el año 610. Pero para los cuatro primeros siglos el autor depende en gran medida de sus predecesores, Eusebio de Cesarea, Sócrates de Constantinopla, Sozomeno, Teodoreto de Ciro y Evagrio Escolástico. Sus adiciones muestran muy poca facultad crítica. Para el período posterior, basó sus trabajos en documentos que ahora ya no existen, pero a los cuales se supone que tuvo libre acceso, y aunque también los utiliza también con poco criterio, son mucho más valiosos. También existe una tabla de contenido de otros cinco libros, que continúa la historia hasta la muerte de León VI el Sabio en el año 911. Pero es dudoso que estos libros hayan sido escritos. Algunos académicos modernos opinan que Nicéforo se apropió de la obra de un autor desconocido del siglo X y la hizo pasar como propia. El plan de la obra es bueno y, a pesar de sus fábulas y absurdos supersticiosos, contiene hechos importantes que de lo contrario serían desconocidos. Solo se conoce un manuscrito de la historia, que fue robado por un soldado turco de una biblioteca en Buda, Hungría, durante el reinado de Matías Corvino en Hungría y fue llevado a Constantinopla, donde fue comprado por un cristiano y finalmente llegó a la biblioteca imperial de Viena. Nicéforo fue también autor de las listas de los emperadores y patriarcas de Constantinopla, de un poema sobre la captura de Jerusalén y de una sinopsis de las Escrituras, además de comentarios en poemas litúrgicos. Pero como el trabajo de Eusebio fue publicado en 1544, es decir, más tarde que el trabajo de Nicéforo, podemos preguntarnos si el supuesto trabajo más antiguo de Eusebio no estará realmente basado en el trabajo medieval de Nicéforo.

Empezando con Eusebio y hasta los siglos XVI y XVII, casi todos los cronistas eran personas creyentes, que ocupaban cargos importantes en la iglesia, tales como los obispos Jerónimo y Eusebio, el teólogo Scaliger, o James Ussher (1581 – 1656), arzobispo de Armagh, Irlanda. En 1650 Ussher escribió el libro Los anales del mundo. Basándose en la Biblia, hizo una estimación del número de generaciones, la duración media de la vida humana y las principales figuras bíblicas, entre Adán y Eva y el nacimiento de Jesucristo. Como consecuencia de su estudio, dedujo fechas supuestamente exactas para ciertos eventos. Uno era la creación de la Tierra: «el anochecer previo al domingo 23 de octubre del 4004 a. C.», o sea, el sábado 22 de octubre a las 18:00. Otro evento fue la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, que se habría producido el lunes 10 de noviembre de 4004 a. C. Finalmente, el final del Diluvio Universal, en que el arca de Noé se posó sobre el monte Ararat, se habría producido el miércoles 5 de mayo del 2348 a. C. El efecto de verosimilitud generado por su aparente precisión le dio una gran credibilidad entre sus contemporáneos, unida al hecho de que esta cronología se escribiera al pie de las ediciones inglesas de la Biblia. Tal vez, por esta razón, los fundamentos de la cronología antigua están basados en las interpretaciones de los datos numéricos que encontramos en la Biblia. Otra dificultad objetiva consiste en que, mediante ejercicios escolásticos con los números, fueron calculadas muchas fechas para la creación del mundo. Existen más de 200 versiones diferentes de la fecha de la creación del mundo, todas antes de Jesucristo, tales como la del 5969 a. C., en Antioquía, o el 3761 a.C., en Judea.  La escolástica fue la corriente teológico-filosófica dominante en el pensamiento medieval, tras la de la Antigüedad tardía, y se basó en la coordinación entre fe y razón, que en cualquier caso siempre suponía una clara subordinación de la razón a la fe. Pero la pregunta sobre la verdadera fecha de la creación del mundo no es una pregunta escolástica. Hay muchísimos documentos que llevan el cálculo del tiempo a partir de la supuesta fecha de la creación del mundo.

Scaliger utilizó por primera vez los métodos astronómicos para la justificación de la versión cronológica medieval, aunque no realizó una verificación crítica. De esta manera dio cierta apariencia de ciencia a la cronología. El sistema cronológico de Scaliger tiene muchas contradicciones, pero los historiadores tratan de disimular el problema. Por un lado, está la tradición, y por otro lado el volumen del material que hay que analizar es enorme. Existen por lo menos dos fechas diferentes para la fundación de Roma. Según la historia tradicional el Imperio sasánida es el nombre que recibe el segundo Imperio persa durante su cuarta dinastía irania (226-651). La dinastía sasánida fue fundada por Ardacher I tras derrocar al último rey arsácida, Artabán IV de Partia, y terminó cuando el último Shahanshah (Rey de Reyes) sasánida Yazdgerd III (632-651) perdió una prolongada guerra de 14 años contra el primero de los califatos islámicos. El territorio del Imperio persa sasánida comprendía los actuales países de Irán, Irak, Armenia, Afganistán y partes del este de Turquía y Siria, además de parte de Pakistán, el Cáucaso, Asia Central y Arabia. Además, durante el gobierno de Cosroes II (590-628), se anexionaron al imperio los territorios de los actuales Egipto, Israel, Jordania, Líbano y los Territorios Palestinos, llegando a ejercer un protectorado sobre territorios actualmente correspondientes a Omán y Yemen. Por otro lado, y también según la historia tradicional, Alejandro III de Macedonia (356 – 323 a. C.), más conocido como Alejandro Magno, fue el rey de Macedonia desde 336 a. C. hasta su muerte, en el 323 a.C. Hijo y sucesor de Olimpia de Epiro y Filipo II de Macedonia, su padre, que lo preparó para reinar, proporcionándole una experiencia militar y encomendando a Aristóteles su formación intelectual. Alejandro Magno dedicó los primeros años de su reinado a imponer su autoridad sobre los pueblos sometidos a Macedonia, que habían aprovechado la muerte de Filipo para rebelarse. Y enseguida, el 334 a. C., lanzó a su ejército contra el poderoso y extenso Imperio persa, continuando así la empresa que su padre había iniciado poco antes de morir. Se trataba de una guerra de venganza de los griegos, bajo el liderazgo de Macedonia, contra los persas.

323 + 226 nos da unos 549 años entre la muerte de Alejandro Magno y el inicio del imperio sasánida, según la cronología tradicional, aceptada por los historiadores contemporáneos. Pero, en cambio, la tradición sasánida separa la muerte de Alejandro Magno de la creación del imperio sasánida en solo 226 años. Por su lado, los judíos dejan para el período pérsico de su historia solamente 52 años, y consideran que Ciro II murió casi 200 años antes de Alejandro Magno. Pero la Iglesia Ortodoxa no utilizaba el sistema cronológico con respecto al nacimiento de Jesús, puesto que las discusiones sobre la fecha de su nacimiento continuaron hasta el siglo XVI. Jesús y Maria Magdalena serían parte de unos símbolos manipulados durante el siglo XVI. En la cronología tradicional, en primer lugar tenemos la evidencia de un linaje real merovingio vinculado a Maria Magdalena, que se sitúa a la órbita benedictina. En segundo lugar, hay la evidencia de una dignidad imperial de Jesús, Andrónico I Comneno según la nueva cronología, y su vínculo con la emperatriz Eudòxia Comnena, a través del análisis de las respectivas biografías. En tercer lugar, tenemos la evidencia de los iconos medievales, donde se identifica este relato alternativo y su transición al mito de Jesús penitente. En cuarto lugar, tenemos la evidencia de la autoridad religiosa, que se sitúa en Occidente durante la Edad Media. En quinto lugar, hay la evidencia del poder que atesora la Occitania medieval, de acuerdo con la historiografía oficial. Finalmente, en sexto lugar, tenemos la evidencia literaria, con obras que apuntan a la veracidad de una historia alternativa.

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Las dudas sobre la veracidad de la cronología tradicional ya era compartida por muchos científicos, historiadores y estudiosos del tema. Un profesor llamado Alonso de Arsilla de Qúñiga, de la Universidad de Salamanca durante el siglo XVI, en dos obras publicadas demostraba que toda la historia antigua fue escrita en la Edad Media. Conclusiones análogas tuvo el historiador y arqueólogo jesuita francés Jean Garduin (1646-1724), que consideraba toda la literatura clásica como fruto de inspiración de los escritores del siglo XVI. Robert Baldauf, filólogo suizo y profesor de la Universidad de Basilea a finales del siglo XIX y principios del XX, publicó dos de los cuatro volúmenes previstos bajo el título general de Historia y Crítica. Estos dos volúmenes son de interés para los críticos de la cronología y la historia escrita. Baldauf logró llegar prácticamente a las mismas conclusiones que el científico francés Jean Hardouin, pero usando un método completamente diferente, el del análisis filológico. Robert Baldauf escribió que no solamente toda la historia antigua, sino también el Medioevo temprano, fueron una falsificación de la época del Renacimiento y de los siglos siguientes. El científico inglés Edwin Behnson (1842-1901) hizo una crítica muy dura de la cronología tradicional. Su conclusión principal era que: “Nosotros estamos mucho más cerca de la época de los griegos y romanos antiguos, de lo que está escrito en las tablas cronológicas“.

Isaac Newton fue autor de trabajos profundos sobre la cronología y llegó a la conclusión de que algunas partes de ella son erróneas. Breve crónica de acontecimientos históricos desde los principios de Europa hasta la conquista de Persia por Alejandro Magno y La cronología corregida de los reinos antiguos son los principales trabajos de Isaac Newton en el área de la cronología. Pero la versión de Isaac Newton difiere mucho de la versión de Scaliger. En general, la historia de Newton es mucho más corta, aunque algunos hechos los volvió más antiguos, como, por ejemplo, el viaje de los argonautas, que en la mitología griega fueron los héroes que navegaron desde Págasas hasta la Cólquide, en busca del Vellocino de oro, comandados por Jasón. Isaac Newton analizó la historia de Egipto y de Grecia antes de nuestra era y posiblemente no tuvo tiempo para analizar más. Estos trabajos los publicó en el último año de su vida. Por ejemplo, la época del primer faraón egipcio Menes, según la cronología tradicional sería aproximadamente el año 3000 a.C. Pero Isaac Newton afirma que el reinado de Menes tuvo lugar el 946 a.C., más de 2000 años más tarde. La guerra de Troya, que según la cronología tradicional se habría producido el 1225 a.C. aproximadamente, Isaac Newton la sitúa en el 904 a.C., unos 321 años más tarde. Los resultados obtenidos por Isaac Newton indican que parte de la historia de Grecia antigua fue avanzada en el tiempo en unos 300 años en promedio. La historia de Egipto antiguo, que según la cronología tradicional tiene más de 3.000 años, Isaac Newton la comprime en un intervalo de aproximadamente 330 años, desde el 946 a.C. hasta el 617 a.C. Algunas fechas fundamentales las avanza aproximadamente 1800 años. En la época moderna, Nicolai Alexandrovich Morozov (1854-1946) fue el primero que cuestionó la fundamentación científica de la cronología tradicional. En su libro Revelación en la tormenta y en la tempestad, analizó la fecha de la traducción del Apocalipsis evangélico y llegó a conclusiones que contradicen la cronología tradicional.

En 1914 Morozov utilizó los métodos astronómicos para corregir las fechas de las predicciones bíblicas. Entre 1924 y 1932 publicó su obra fundamental en siete tomos, titulada Cristo, donde presentó una amplia crítica de la cronología tradicional. Después de analizar un vasto material, Morozov llegó a la conclusión de que la cronología tradicional está dilatada artificialmente. Esta hipótesis se fundamenta en los textos que describen los mismos hechos pero fechados en distintas épocas y en diferentes lugares por parte de la historia. Según parece, Morozov no conocía los trabajos de Isaac Newton y Behnson, prácticamente olvidados en aquella época, y es sorprendente como concuerdan sus conclusiones. Durante los siglos XVIII y XIX, los representantes de la corriente científica llamada Hipercriticismo, estaban en plena discusión y crítica de la tradicional historia romana. Christian Matthias Theodor Mommsen (1817 – 1903), jurista, filólogo e historiador alemán que recibió el premio Nobel de Literatura en 1902, decía lo siguiente: “Pitágoras viajó a Italia una generación antes de la expulsión de los reyes (509 a. C.). Sin embargo, se considera  por los historiadores antiguos como amigo del sabio Numa, que murió en el 673 a.C. aproximadamente“. También existen dos fechas para la fundación de Roma. Según decían Bellanico y Damasto de Sige en el siglo IV a.C., Roma fue fundada por Eneas y Ulises (Odiseo) y recibió el nombre de una troyana llamada Roma. Es decir, Roma fue fundada al terminar la guerra de Troya. Pero en la cronología tradicional la guerra de Troya termina en el siglo XIII a.C., y la fundación de Roma fue en el siglo VIII a.C. La diferencia es de aproximadamente 500 años. Por lo tanto, o Roma fue fundada 500 años antes de lo que se ha dicho, o la guerra de Troya sucedió 500 años después de lo considerado. O bien, los antiguos cronistas se equivocan con respecto a sus fundadores Eneas y Ulises. Pero quizás Rómulo, el otro posible fundador de Roma, fuese otro nombre para Ulises.

En la mitología grecorromana, Eneas es un héroe de la guerra de Troya, que tras la caída de la ciudad logró escapar, emprendiendo un viaje que lo llevaría hasta la tierra de Lacio, en la actual Italia, donde tras una serie de acontecimientos se convirtió en rey y a la vez en el progenitor del pueblo romano, pues en esa misma tierra dos de sus descendientes, Rómulo y Remo, fundarían la ciudad de Roma. Era hijo del príncipe Anquises y de la diosa Afrodita, la Venus en la mitología romana. Ssu padre era además primo del rey Príamo de Troya. Se casó con Creúsa, una de las hijas de Príamo, con la cual tuvo un hijo, llamado Ascanio o Iulo. En su huida de la ciudad acompañado de toda su familia, su esposa murió al quedarse atrás y, tiempo después se le apareció como un fantasma para decirle que no se agobiase por su muerte, pues ese había sido su destino, así como el destino de Eneas sería ser el padre de una gran nación. Posteriormente, ya en la tierra de Lacio, se casó con la princesa Lavinia, hija del rey Latino, unión que es el origen mítico del pueblo romano. Se trata de una figura importante de las leyendas griegas y romanas. Sus hazañas como caudillo del ejército troyano son relatadas en la Ilíada de Homero, y su viaje desde Troya, guiado por Afrodita, que llevó a la fundación de Roma, fue relatado por Virgilio en la Eneida. Odiseo, o Ulises, fue uno de los héroes legendarios de la mitología griega, que aparece como personaje de la Ilíada, en donde es el protagonista. También da nombre a la Odisea, ambas obras atribuidas a Homero. Aparecía también en varios de los poemas perdidos del llamado ciclo troyano y, posteriormente, en muchas otras obras. Era rey de Ítaca, una de las actuales islas Jónicas, situada frente a la costa occidental de Grecia. Era hijo de Laertes y Anticlea en la Odisea; o Sísifo y Anticlea. Era esposo de Penélope, padre de Telémaco y hermano mayor de Ctímene, que sufrieron esperándolo durante veinte años. Diez de ellos los había pasado luchando en la guerra de Troya y los otros diez intentando regresar a Ítaca con una serie de problemas y obstáculos que tuvo que afrontar. Odiseo es caracterizado en los poemas homéricos por su brillantez, astucia y la versatilidad de su carácter.

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Estas diferencias en la autoría y datación de la fundación de Roma se reflejan en la datación de otros hechos, que cuentan su cronología desde la fundación de Roma, como en la obra Historia, de Tito Livio. La identificación de la Ciudad con Roma es una hipótesis de Scaliger. Es posible que la Ciudad sea la Roma situada en el Bósforo, es decir, Constantinopla. Entre las diferentes fechas del reinado del primer faraón egipcio hay una variación de casi 2.700 años. Puesto que la base de la cronología tradicional es construida mediante el análisis de indicaciones cronológicas de antiguos manuscritos, es importante considerar de dónde provienen estos manuscritos. Según la cronología tradicional, la inmensa mayoría de los textos clásicos literarios fueron conocidos en Europa más o menos en la época del Renacimiento. En el siglo XIX los historiadores D.O. Ross y Gauchard publicaron una investigación donde demostraron que Historias, la historia de la antigua Roma, de Cornelio Tácito (55 – 120 d.C.), historiador, senador, cónsul y gobernador del Imperio romano, es en realidad una creación del humanista italiano Gian Francesco Poggio Bracciolini (1380 – 1459). Poggio Bracciolini estudió en Florencia y vino a Roma alrededor del año 1402. El papa Bonifacio IX hizo de él uno de sus secretarios apostólicos. Ocupó el cargo de canciller de Florencia en junio de 1453, gracias a la protección de los Médici, y fue un latinista convencido de que el latín era una lengua viva, por lo que fue con frecuencia criticado por ciceronianos como Leonardo Bruni o Lorenzo Valla. Fue un incansable perseguidor de manuscritos por toda Italia, Inglaterra, Alemania, Francia y Suiza, por lo que rescató, compró, copió, o robó él solo gran parte de la literatura clásica latina antigua que reverdeció en el Renacimiento desde el seno de los monasterios a que acudió en su busca. Usaba, a imitación de Coluccio Salutati, la nueva letra gótica más rápida en vez de la minúscula carolina.

De esta manera Poggio Bracciolini rescató numerosos discursos de Cicerón que encontró en el monasterio de Cluny en 1415, así como, en el monasterio suizo de Saint Gall, el primer texto completo de la Institutio Oratoria de Quintiliano, un fragmento de Valerio Flaco, comentarios de Cicerón, otros de Asconio y Prisciano a Virgilio y un manuscrito de Vitrubio. En Alemania encontró un códice de Vegecio. También encontró el De rerum natura de Lucrecio y obras de Manilio, Silio Itálico, Amiano Marcelino y obras de los gramáticos Caper, Eutiques y Probo. También halló las Silvae de Estacio, y esto es sólo una parte muy pequeña de sus descubrimientos. Estudió además la historia de Florencia, que escribió desde los años 1350 a 1455, y compuso numerosas epístolas, algunas de ellas contra sus enemigos, y diálogos en latín. Un aspecto bastante desconocido es su papel en el desarrollo de la caligrafía. Bracciolini es considerado el principal creador de la letra caligráfica lettera antica formata o humanista, que difundió desde su trabajo como notario y a través de la secretaría del Papa. Esta letra dio lugar a fines del siglo XV a la letra humanista de imprenta. Por otro lado, tenemos que los fragmentos de los manuscritos más antiguos de las retóricas de Cicerón datan de los siglos IX y X, aunque el original habría desaparecido. En 1420, el profesor Guiniforte Barzizza, de Milán, emprendió el trabajo de restablecer y aclarar los textos faltantes, y apenas terminó su trabajo sucedió que encontraron fragmentos que faltaban de la obra de Cicerón. Pero éste no fue un caso aislado. En 1497 fue encontrado el libro De Architectura, de Marco Vitruvio Polión (80 a. C.- 15 a. C.), arquitecto, escritor, ingeniero y tratadista romano del siglo I a. C. Vitruvio fue arquitecto de Julio César durante su juventud, y al retirarse del servicio entró en la arquitectura civil, siendo de este periodo su única obra conocida, la basílica de Fanum, en Italia.

Es el autor del tratado sobre arquitectura más antiguo que se conserva y el único de la Antigüedad clásica, De Architectura, en 10 libros, probablemente escrito entre los años 27 a. C. y 23 a. C. Inspirada en teóricos helenísticos, ya que se refiere expresamente a inventos del gran Ctesibio, inventor y matemático griego de Alejandría durante el siglo III a. C., la obra trata sobre órdenes, materiales, técnicas decorativas, construcción, tipos de edificios, hidráulica, colores, mecánica y gnomónica. En la parte astronómica del libro, Vitruvio anotó los períodos heliocéntricos de los planetas con una precisión increíble. El heliocentrismo es un modelo astronómico según el cual la Tierra y los planetas se mueven alrededor del Sol, que estaría  relativamente estacionario y estaría en el centro del Universo. Históricamente, el heliocentrismo se oponía al geocentrismo, que colocaba en el centro del Universo a la Tierra. La idea de que la Tierra gira alrededor del Sol fue propuesta desde el siglo III a. C. por Aristarco de Samos, aunque no recibió apoyo de otros astrónomos de la antigüedad. No fue sino hasta el siglo XVI, durante el Renacimiento, cuando un modelo matemático completamente predictivo de un sistema heliocéntrico fue presentado por el matemático, astrónomo y clérigo católico polaco Nicolás Copérnico, con la publicación póstuma en 1543 del libro De Revolutionibus Orbium Coelestium. Esto marcó el inicio de lo que se conoce en Historia de la ciencia como «revolución copernicana». En el siglo siguiente, Johannes Kepler extendió este modelo para incluir órbitas elípticas. Su trabajo se apoyó en observaciones hechas con un telescopio que fueron presentadas por Galileo Galilei. Con las observaciones de William Herschel, Bessel y otros, los astrónomos terminaron por aceptar que el Sol no se encuentra en el centro del universo. En la década de 1920, Edwin Hubble demostró que formaba parte de un complejo aún mucho mayor: la galaxia (la Vía Láctea), y que esta era tan solo una entre miles de millones de galaxias más.

En el período heliocéntrico de Saturno el error de Vitruvio fue de solo 0.00007 del período calculado hoy día, y en el período de Júpiter el error fue de 0.003. Leon Battista Alberti (1404 – 1472) fue un arquitecto, secretario personal de tres Papas —Eugenio IV, Nicolás V y Pío II—, humanista, tratadista, matemático y poeta italiano. Además de estas actividades principales, también fue criptógrafo, lingüista, filósofo, músico y arqueólogo. Es uno de los humanistas más polifacéticos e importantes del Renacimiento. Alberti fue el primer teórico artístico del Renacimiento, una figura emblemática, por su dedicación a las más variadas disciplinas. Se mostró constantemente interesado por la búsqueda de reglas, tanto teóricas como prácticas, capaces de orientar el trabajo de los artistas. En sus obras menciona algunos cánones. Por ejemplo, en De statua expone las proporciones del cuerpo humano, en De pictura proporciona la primera definición de la perspectiva científica y por último en De re aedificatoria describe toda la casuística relativa a la arquitectura moderna, subrayando la importancia del proyecto, y los diversos tipos de edificios siguiendo las funciones que deben desempeñar. El aspecto más innovador de sus propuestas consiste en mezclar lo antiguo y lo moderno propugnando de ese modo la praxis antigua y la moderna, que había iniciado Filippo Brunelleschi. Además, según Alberti: “…el artista en este contexto social no debe ser un simple artesano, sino un intelectual preparado en todas las disciplinas y en todos los terrenos“. Una idea heredera del enciclopedismo medieval de los doctos, pero adaptada a la vanguardia humanista. La clase social con la que Alberti se relacionará es la alta burguesía culta florentina. Trabajó al servicio de los mecenas más importantes de su época: el papado, los Este en Ferrara, los Gonzaga en Mantua, los Malatesta en Rímini. Es curioso que Alberti dejase varios libros sobre la teoría de la arquitectura muy parecida a la teoría de Vitruvio, y también contiene capítulos sobre matemática, óptica y mecánica. El antiguo libro de Vitruvio encaja perfectamente en el siglo XV. Y las construcciones medievales de Alberti fueron hechas con u estilo antiguo. De esta manera el arquitecto medieval Alberti llena Italia con construcciones que ahora, pero no en el siglo XV, se consideran imitación de la antigüedad. Escribe, además, libros en estilo antiguo, sin sospechar que después los van a considerar una imitación de la antigüedad. Y sólo después de eso, en 1497, fue descubierto el libro de Vitruvio, casi idéntico al libro de Alberti.

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Una parte importante de la historiografía medieval son los anacronismos, es decir, cuando el pasado se describe con las categorías del presente, y cuando, según un autor contemporáneo, “los personajes bíblicos y antiguos se visten con trajes medievales“. El hecho es que muchas veces los reyes y los patriarcas del antiguo testamento se juntan con los sabios y los personajes evangélicos, mucho más moderos, lo que muestra una relación anacrónica de la historia. Los cruzados, al final del siglo XI, estaban seguros de que estaban castigando a los verdugos de Jesús y no a sus descendientes. Los historiadores contemporáneos culpan a los medievales por su ignorancia, ya que confundían diferentes épocas. Pero fuera de ese extraño interés por los anacronismos, se puede deducir que las afirmaciones de los autores medievales corresponden a la realidad, y que el Sacro Imperio Romano-Germánico (siglos X a XII) fue una prolongación del imperio romano, que se había derrumbado en el siglo VI según la cronología tradicional. De hecho hay testimonios de luchas de gladiadores en el siglo XIV (1344), en concreto en Nápoles. Los manuscritos bíblicos más antiguos son: el de Alejandría, que en 1628 fue regalado a Carlos I de Inglaterra y de Escocia; el del Vaticano, que en 1475 apareció en el Vaticano; y el del Sinaí, que apareció en el siglo XIX. Los textos están en griego y fueron datados paleográficamente como textos del siglo IV. de esta manera tenemos que los manuscritos bíblicos más antiguos aparecen a la luz pública después del siglo XV, mientras que no hay ningún texto bíblico en hebreo fechado antes del siglo IX. Oficialmente el canon bíblico fue establecido por el Concilio de Trento, que duró casi veinte años (1545 – 1563), y por orden del Concilio fueron destruidos muchos libros considerados apócrifos.

Muchos manuscritos antiguos (en hebreo, eslavo, egipcio, etc.) muestran sucesiones de consonantes, sin vocales, a veces sin ninguna indicación para las vocales. Se supone que la escasez y el costo de los materiales para la escritura obligaban a economizar de esa manera. En aquella época, para leer un libro escrito con sólo consonantes se necesitaba cierto conocimiento de la tradición oral y la capacidad de interpretación del posible sentido de las palabras. Inclusive para los clérigos, el sentido de las escrituras fue muy dudoso y podía ser entendido sólo con la autoridad de la tradición. Como ejemplo tenemos plt, que podía significar  plata, pleito, o piloto, entre otros posibles significados. También existía un gran problema con la ubicación de lugares geográficos, guiándose solamente por el nombre. Por ejemplo, Nápoles, que significa ciudad nueva. Pero toda ciudad al principio es una ciudad nueva. Que signifiquen ciudad nueva, tenemos Nápoles, en Italia, Cartagena, en África, Cartagena, en Colombia, Cartago, en la actual Túnez, Nápoles, en Palestina, Nápoles, en Escitia, o Nueva Roma, en Constantinopla. Así que si en un texto aparece “Nueva Ciudad“, hay que estudiar muy detenidamente de qué ciudad se trata. Otro ejemplo lo tenemos con Troya. Existe una Troia medieval en Italia, que se supone tuvo un papel muy importante en la guerra de Troya medieval, en el siglo XIV. Troia es una localidad italiana de la provincia de Foggia, región de Apulia, con 7.414 habitantes. Está situada sobre los montes Daunos. Troia es una nuevísima ciudad cuyos orígenes legendarios se hacen remontar al XII a XI a. C., en los tiempos del héroe griego Diómedes Tideo que, junto con Ulises, conquistó la ciudad de Troya en Asia Menor. Antes de ser colonizada por los romanos, la ciudad era conocida como Aika, posteriormente se convirtió en Aece y tuvo un fuerte desarrollo socio-económico. El burgo actual nace en el año 1010 sobre las ruinas de uno precedente, anterior a las guerras púnicas.

Asediada por los sarracenos, y luego transformada en fortaleza por los bizantinos, la Troia italiana fue sometida a diversos asedios: desde el de Enrique II, al del emperador Federico II. En 1093, Urbano II, el papa de las cruzadas, celebró el primer concilio de Troia, al que siguieron otros dos en 1115 (Pascual II) y 1120 (Calixto II), respectivamente. La ciudad tomó parte primero con los angevinos para estar luego con los aragoneses. Más recientemente, con los reyes borbones, a quienes resultó fiel hasta el final de su monarquía. Según la cronología tradicional, Troya fue destruida en el siglo XIII antes de Cristo. Pero los historiadores bizantinos Nikita Honiat y Nikifor Grigora la describen como una ciudad existente en la época medieval. Algunos historiadores identifican a Troya con Jerusalén. Asimismo se han utilizado  otros nombres para Troya, como Ilion, y de Elia Capitolina para Jerusalén. Eusebio de Cesarea escribía: “A las pequeñas ciudades de Frigia, Petusa y Timión, las llaman Jerusalén“. Así que los nombres de Troya y Jerusalén podrían representar a muchas distintas ciudades. En la historia de Scaliger hay datos que permiten suponer que la Troya de Homero es la famosa Constantinopla. Resulta que el emperador romano Constantino, fundando Nueva Roma (Constantinopla) y teniendo en cuenta los deseos de sus ciudadanos, eligió primero el lugar de la antigua Ilión, patria de los primeros fundadores de Roma, ya que Ilión es otro nombre para Troya. Después Constantino cambió de opinión y trasladó la capital al sitio donde estaba la ciudad de Bizancio. Por ello nos podríamos preguntar si ello no son indicaciones de que la misma ciudad del Bósforo se conocía asimismo con tres nombres diferentes: Troya, Nueva Roma, Jerusalén. Recordemos también que el sur de Italia, en la Edad Media, se llamaba Gran Grecia.

Otra ciudad con dificultades para su localización es Babilonia. Hoy día se cree que Babilonia estaba en Mesopotamia, pero hay textos que la sitúan en Egipto. Además, en la Babilonia de Egipto es donde murió Alejandro Magno. Resulta que Babilonia es el nombre griego de un pueblo cerca de las pirámides. Eusebio de Cesarea afirma que a Roma la llamaban Babilonia. Los historiadores bizantinos de la Edad Media, hablando de Babilonia, se referían a Bagdad. El hecho de que muchos textos bíblicos describen fenómenos volcánicos, fue observado por los historiadores. Se dice que la desaparición de Sodoma y Gomorra se debió a una erupción volcánica. Tradicionalmente, todos los hechos se sitúan en Asia menor junto al Sinaí y Jerusalén, en Palestina, pero el monte del Sinaí nunca ha sido un volcán. Si observamos el mapa del Levante mediterráneo, vemos que ni en el Sinaí, ni en Siria, ni en Palestina encontramos volcanes activos. Lo mismo sucede en Egipto y en el norte de África. Pero, en cambio, si qué tenemos actividad volcánica en la península italiana y Sicilia. Así que se necesita encontrar un volcán activo durante la época histórica, y junto a él, algunas ciudades destruidas por el volcán. Un volcán con estas características existe parece que es único. Se trata del Vesubio, en que la capital destruida es Pompeya, además de las ciudades de Herculanum y Stabia.

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En la cronología tradicional se destaca el fenómeno del Renacimiento, que se considera un regreso a la era dorada de la antigüedad, cuando renacieron todas las ciencias, filosofía, arte antiguo. Se afirma que el latín de antaño se había degradado en la Edad Media hacia un latín tosco, de la plebe, y solamente en la época renacentista otra vez comenzó a adquirir su brillo y resplandor. Ese Renacimiento del latín, lo mismo que del griego antiguo, no empieza antes de los siglos VIII y IX. Los trovadores medievales empiezan, en los siglos X y XI, a trabajar los recuerdos clásicos. En el siglo XI apareció una historia de Ulises, en la cual el conocido cuento de Homero se representaba bajo la perspectiva medieval, con caballeros, damas, duelos, etc. Pero por otro lado estaban presentes todos los elementos que después se iban a considerar la columna vertebral de las fábulas antiguas. En la Historia de la literatura francesa se escribe: “A partir del final del siglo XII, principio del siglo XIII, los trovadores decían con orgullo que la historia de la guerra de Troya no estaba trillada, nadie todavía la había escrito, para ellos era casi una historia nacional“. Los francos se consideraban descendientes de Troya, y a Príamo, como estadista de la generación anterior. Relacionaban estrictamente la guerra de Troya con el viaje de los argonautas, cuando los cruzados conquistadores, que serían, según parece, una imagen de los argonautas antiguos, se fueron a los países lejanos de Asia. En la Edad Media, mucho antes de la aparición de los textos antiguos, ya existían textos originales y se seguían tratando los temas supuestamente antiguos. Es importante tener en cuenta el hecho de que los hombres en la antigüedad no tenían nombres en el sentido actual, sino apodos, con un sentido definido en el idioma original. Mientras más características tenía la persona, más apodos se le asignaban. Por ejemplo, los faraones egipcios tenían un nombre antes de la coronación y otro después de ella.

A veces los faraones se coronaban varias veces, en diferentes regiones. La datación de objetos arqueológicos depende del método dendrocronológico con respecto al cual los consideremos. La dendrocronología es la ciencia que se ocupa de la datación de los anillos de crecimiento de las plantas arbóreas y arbustivas leñosas. Basada en el patrón de crecimiento de anillos, la dendrocronología analiza patrones espaciales y temporales de procesos biológicos, físicos o culturales. Esta técnica fue inicialmente desarrollada durante el siglo XX por A. E. Douglass, fundador del Laboratory of Tree-Ring Research, en la Universidad de Arizona. Gracias a ella, es posible fechar en forma aproximada la edad de la madera y, de modo aún más impreciso, la evolución del clima en el pasado. El proceso ha sido utilizado también para establecer la edad de Ming, el nombre por el cual se conoce el animal más longevo del que se tenga registro, una almeja de Islandia, Arctica islandica. La datación dendrológica se puede utilizar sólo para analizar los objetos que no tienen más de 900 años, puesto que no hay una escala dendrológica continua hasta la antigüedad. El fechado radioactivo no es muy confiable, ya que el error es a veces de miles de años, así que no sirve para el fechado de los objetos que son de la época entre 1000 y 5000 años atrás. En 1988 una gran noticia fue el fechado con el método del carbono radioactivo de la reliquia cristiana “el manto de Turín”, que supuestamente era del siglo I, lo que quiere decir que tenía cerca de 2.000 años. El análisis arrojó otra fecha mucho más reciente, entre los siglos XI y XIII. Una de las posibles conclusiones sería que el manto de Turín es una falsificación. De todos modos, el método del C 14 no es suficientemente fiable, ya que el error puede ser muy grande. Pero si el manto de Turín es el original, podemos plantearos en qué siglo vivió realmente Jesús.

Puesto que no hay nada quieto ni constante en el universo, Robert Newton, un astrónomo americano contemporáneo, al que ya nos hemos referido anteriormente, quiso estudiar la variación de la constante gravitacional utilizando la información sobre los eclipses de la luna y del sol que encontró en los libros de historia. Estudió el comportamiento de la segunda derivada de la elongación de la Luna, a la que definiremos como D2. La elongación o  alargamiento de la Luna se refiere a la diferencia en la posición del centro de la Luna en relación al centro del Sol, visto desde cualquier lugar de la Tierra. En su alargamiento más corto existe la posibilidad de un eclipse parcial o total, visibles desde esa ubicación en la Tierra. Otras regiones también pueden observar el eclipse. En términos de la elongación de la Luna, ángulos del grado se refieren a la distancia entre la Luna y el Sol en relación con el observador. Imaginemos un triángulo forado por la Luna, el Sol y el observador, el ángulo de grado percibido se refiere al ángulo del observador con respecto a los otros dos. Los aumentos y disminuciones de elongación desde dicha ubicación continúan, tales como la rotación de la Tierra, así como la traslación de la Luna alrededor de la Tierra. Durante la Luna nueva el grado de elongación es cero, es decir, el centro del Sol y la Luna ocupan la misma posición en el cielo visible desde esa ubicación. Esta fase ofrece la posibilidad de un eclipse, dependiendo de qué tan alto la Luna y el Sol estén relacionados entre sí. Durante la Luna llena la Tierra está entre el Sol y la Luna, dándole un tirón a 180 grados, y la posibilidad de tener una visión completa de la Luna desde esa posición. Robert Newton calculó 12 valores de la D2, basándose en los 370 datos de los eclipses descritos en los textos antiguos. Resultó que entre los años 500 y 1000 d.C., D2 sufrió un salto muy brusco e inexplicable, que equivale a un cataclismo universal de increíbles proporciones, pero que nadie habría notado. El astrónomo Martin (1969), utilizando observaciones efectuadas desde 1627 a 1860, hace un análisis de todas ellas, agrupándolas en cinco épocas distintas y, por primera vez efectuando, en observaciones antiguas, correcciones al limbo iluminado de la Luna. El cambio sufrido por D2 no se puede explicar basándose en la geofísica actual.

Tucídides (460 a. C. – 396 a. C.) fue un historiador y militar ateniense. Su obra Historia de la Guerra del Peloponeso recuenta la historia de la guerra del siglo V a. C. entre Esparta y Atenas, hasta el año 411 a. C. Tucídides ha sido considerado como el padre de la “historiografía científica” debido a sus estrictos estándares de recopilación de pruebas y de sus análisis en términos de causa-efecto sin referencia a la intervención de dioses, tal y como él mismo subraya en su introducción a su obra. También ha sido considerado el padre de la escuela del realismo político, que valora las relaciones entre las naciones en función de su poder, y no en razón de la justicia. Su texto todavía se estudia en academias militares avanzadas de todo el mundo, y el Diálogo de los melios continúa siendo una importante obra en el estudio de la teoría de las relaciones internacionales. Entre los historiadores antiguos Tucídides se destaca por su espíritu imparcial y objetivo, por su trabajo científico escrupuloso y por su estilo literario. Fue testigo de la guerra de Peloponeso, la cual describió día tras día durante los 27 años que duró. El manuscrito más antiguo encontrado data del siglo X, mientras que los otros manuscritos son de los siglos XII y XIII. Según la cronología tradicional, y tal como antes hemos indicado, Tucídides vivió entre 460 y 396 a.C. En su Historia de la Guerra del Peloponeso describió tres eclipses, dos solares y uno lunar, con los intervalos de siete y once años. El primero fue un eclipse solar total en verano, después del mediodía. El segundo también solar, al principio de verano, en marzo según algunos datos. El tercero fue un eclipse lunar al final del verano. Una terna de eclipses con las características mencionadas puede haber sucedido en Grecia en muchas ocasiones durante los últimos 5.000 años. Pero hay que escoger la única que sirve para datar la guerra de Peloponeso.

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El cronista Dionysius Petavius encontró las siguientes fechas: 3 de agosto del 431 a.C., el 21 de marzo del 424 a.C. y el 27 de agosto de 413 a.C. En el siglo XVII Kepler confirmó que en estas fechas sí habían sucedido eclipses. Así quedó confirmada la guerra de Peloponeso en el siglo V antes de Cristo, más precisamente entre el 431 y el 404 a.C. Pero hay un pequeño problema. Después de muchos cálculos, quedó claro que el primer eclipse de ninguna manera podía ser total. Hay que tener en cuenta que ningún cálculo de un caso físico real se puede hacer de manera precisa. Siempre hay posibilidades de error por una u otra razón. Por lo tanto, los matemáticos dan el resultado en forma de un intervalo, donde con mayor probabilidad está el valor buscado. Los cálculos arrojaron solo dos soluciones posibles en un intervalo de 3.000 años: La primera solución daría tres fechas: 2 de agosto del 1133 d.C., el 20 de marzo de 1140 d.C., y el 28 de agosto del 1151 d.C.. Esta solución fue encontrada por. Morozov en su obra Cristo. La segunda solución presenta otras tres fechas: 22 de agosto del 1039 d.C., el 9 de abril del 1046 d.C., y el 15 de septiembre del 1057 d.C. Es sorprendente el hecho de que no exista una solución exacta. Otro ejemplo análogo lo tenemos en la historia de Roma, en que Tito Livio describe un eclipse que tradicionalmente es datado en el 190 o 188 a.C. Mientras tanto, unos cálculos rigurosos muestran como única fecha posible el 967 d.C.

Un horóscopo u zodíaco es un dibujo o una descripción de cómo están situados los planetas unos con respecto a los otros en un determinado día. En los tiempos antiguos el horóscopo tenía un sentido místico. Pero ahora es una oportunidad increíble para averiguar la fecha de ciertos acontecimientos, ya que la disposición mutua de los planetas fija el acontecimiento mejor que cualquier fecha asignada. El llamado zodiaco de Dendera es un conocido bajorrelieve del Antiguo Egipto esculpido en el techo del pórtico de una cámara dedicada a Osiris en el templo de Hathor de Dendera, en Egipto. Está expuesto en el Museo del Louvre de París y mide 253 por 255 cm. Contiene imágenes que parecen corresponder a las constelaciones de Tauro y Libra. Esta cámara está datada a finales del periodo ptolemaico y su pórtico fue añadido durante el reinado del emperador Tiberio. Esto llevó a Jean-François Champollion a fechar el relieve en el periodo grecorromano. Pero muchos de sus contemporáneos postularon que databa del Imperio Nuevo. La fecha aceptada mayoritariamente en la actualidad es hacia el año 50 a. C., pues muestra estrellas y planetas en las posiciones en que se observarían en esa época. Se ha conjeturado con que el relieve sirviera de base para la confección de sistemas astronómicos posteriores. El zodiaco es un planisferio o mapa de las estrellas en un plano de proyección particular, mostrando las 12 constelaciones zodiacales, que forman 36 «décadas» de diez días cada uno, y los planetas. Estas «décadas» son grupos de estrellas de primera magnitud. Estos se utilizaron en el antiguo calendario egipcio, que se basó en ciclos de 30 días y en el orto helíaco de la estrella Sothis (Sirio). Su representación del zodiaco en forma circular es único en el arte del Antiguo Egipto, siendo más normales los zodiacos rectangulares, como los que decoran el pórtico del mismo templo o los «techos astronómicos» de las tumbas del Valle de los Reyes.

La bóveda celeste está representada por un círculo sostenido por cuatro pilares del cielo en forma de mujeres, entre las que se insertan seres con cabeza de halcón. En el primer anillo, 36 seres simbolizan los 360 días del año egipcio, quedando 5 1/4 días epagomenales sin nombre o funestos. En el círculo interior, se encuentran las constelaciones, mostrando los signos del zodíaco. Algunas de éstas están representadas de la forma habitual, como por ejemplo, Aries, Tauro, Scorpio, Capricornio, aunque en la mayoría en diferente orientación, en comparación con las convenciones de la antigua Grecia y la evolución árabe-occidental posterior, mientras que otros se muestran en la forma habitual de Egipto, como Acuario, que está representado como Hapy, el padre de los dioses, vivificador, generador de fecundidad y fertilidad en la mitología egipcia, sosteniendo dos vasos de los que brota agua. La polémica en torno al zodiaco, llamado el «Asunto de Dendera», incluyó a personas como Joseph Fourier, que calculó su composición en el 2500 a. C., Thomas Young, Jean-François Champollion y Jean-Baptiste Biot. Johann Karl Burckhardt y Jean-Baptiste Coraboeuf mantuvieron, tras analizar la pieza, que los antiguos egipcios conocían la precesión de los equinoccios. Champollion, entre otros, creyeron que se trataba de un zodiaco religioso y descifró los nombres de los emperadores Tiberio, Claudio, Nerón y Domiciano y fechó el relieve en la época de dominación romana. Ahora se encuentran en museos de Europa. Los primeros egiptólogos del siglo XIX los situaron en el III milenio antes de C. Finalmente decidieron datarlos entre el14 y el 37 d.C., el zodíaco rectangular, y el 69 d.C. para el zodiaco circular. Las discusiones todavía siguen. Además, en las paredes del templo encontraron textos que decían que el faraón Meryra Pepy, o Pepy I, tercer faraón de la dinastía VI de Egipto, de 2310 a 2260 a. C., le agregó más construcciones al palacio construido por Keops, de la IV dinastía. Ello nos daría una diferencia de 500 años. Pero, por otro lado, el carácter de las construcciones no lo permitía datar en épocas más antiguas que en los tiempos de Julio Cesar.

Pero, según las investigaciones de Pierre-Simon Laplace (1749 – 1827) astrónomo, físico y matemático francés, Jean-Baptiste Joseph Fourier (1768 – 1830), matemático y físico francés, Charles Francois Dupuis (1742 – 1809), científico y erudito francés, y otros, los planetas nunca estuvieron en la configuración mostrada en los zodiacos durante todo el período histórico registrado hasta el siglo III d.C. Hay dos posibles soluciones: en el caso del zodíaco rectangular podríamos estar hablando de 6 de mayo del 540 d.C. o del 14 de mayo de 1394 d.C. En el caso del zodíaco circular podrían ser las fechas del 15 de marzo del 568, o del 22 de marzo del 1422. No hay otras soluciones, y esto es demasiado reciente para la cronología egipcia de Scaliger. Hay ejemplos similares con los zodiacos en los sarcófagos egipcios y que arrojan fechas en muchos casos únicas, que apuntan sorprendentemente a los siglos XI a XVII después de Cristo. Ya en épocas antiguas los astrónomos empezaron a elaborar catálogos de estrellas. Algunos catálogos fueron hechos utilizando coordenadas eclípticas, ya que los astrónomos pensaban que así el catálogo serviría para siempre. Las coordenadas eclípticas son un sistema de coordenadas celestes que permiten determinar la posición de un objeto celeste respecto al plano de la eclíptica y al punto Aries. En astronomía se denomina punto Aries o punto vernal al punto de la eclíptica a partir del cual el Sol pasa del hemisferio sur celeste al hemisferio norte, lo que ocurre en el equinoccio de primavera sobre el 21 de marzo, iniciándose la primavera en el hemisferio norte y el otoño en el hemisferio sur. Los planos del ecuador celeste y la eclíptica, que es el plano formado por la órbita de la Tierra alrededor del sol, se cortan en una recta, que tiene en un extremo el punto Aries y en el extremo diametralmente opuesto el punto Libra. El Sol, merced al movimiento real de la Tierra, describe una trayectoria aparente sobre la esfera celeste, que es denominada, al igual que el plano que la contiene, eclíptica. A la línea perpendicular a dicho plano se le llama eje de la eclíptica, mientras que oblicuidad de la eclíptica es el ángulo que forma la eclíptica con el ecuador celeste. Actualmente vale 23º 27′.

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La línea de equinoccios es la intersección del ecuador con la eclíptica. La intersección de esta línea con la esfera celeste determina los puntos equinocciales. Se llama punto vernal o punto Aries, al punto donde se proyecta el Sol al pasar del hemisferio sur al norte. El triedro de referencia formado por la Línea de Equinoccios, la línea de solsticios, y el eje de la eclíptica, en el sentido hacia el Norte, se llama sistema de referencia eclíptico. Las dos coordenadas son la longitud celeste, medida sobre la eclíptica a partir del punto Aries y en sentido directo o antihorario, y la latitud celeste que es el ángulo que el astro forma con la eclíptica. Hay dos tipos de coordenadas eclípticas: las coordenadas eclípticas geocéntricas y las coordenadas eclípticas heliocéntricas. Pero el polo de la eclíptica también se mueve. Por lo tanto los astrónomos contemporáneos hacen los catálogos basándose en el sistema ecuatorial. El interés de los astrónomos por los catálogos antiguos surge de la posibilidad de datar los catálogos, conociendo las velocidades de los movimientos de las estrellas. Uno de los más especiales es el de Almagesto, nombre árabe de un tratado astronómico o gran catálogo estelar atribuido a Claudio Ptolomeo (siglo II d. C.). Contiene el catálogo estelar más completo de la antigüedad, que fue utilizado ampliamente por los árabes y luego los europeos hasta la alta Edad media, y en el que se describen el sistema geocéntrico y el movimiento aparente de las estrellas y los planetas. Existe la suposición de que el catálogo Almagesto fue hecho mucho antes por Hiparco en el siglo II a.C.. Durante muchos siglos el catálogo Almagesto permaneció prácticamente desaparecido. Pero, más tarde, durante los siglos VIII y IX, surge el interés por la astronomía en el mundo árabe, por lo que el texto fue traducido al árabe y así se conoció poco antes del Renacimiento. Los textos en latín y griego eran considerados traducciones del árabe. Con los métodos modernos, que calculan todos los errores posibles, se obtiene que el catálogo fue elaborado entre el 600 y el 1300 de nuestra era, lo que resultaría en un hecho imposible, ya que implicaría que un astrónomo del siglo II d.C. hubiese construido un catálogo de la Edad Media tardía.

Pero hay otras cosas sorprendentes en el catálogo Almagesto. La primera publicación en latín data del 1537 y en griego del 1538. Los datos numéricos de la edición en latín corresponden a la ubicación de las estrellas en los siglos XV y XVI, y en la edición griega todas las longitudes de las estrellas están reducidas en 20 grados. Además, el catálogo en latín tiene Ilustraciones de Alberto Durero (1471 – 1528), el artista más famoso del Renacimiento alemán, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte. Estas ilustraciones de Durero fueron publicadas en 1515, pero las descripciones se basan en los grabados de Durero, como, por ejemplo, “la estrella en el ombligo de Pegaso“. Estos y otros hechos confirman que el catálogo Almagesto fue elaborado después del siglo X d.C., pero la cronología tradicional lo trasladó al siglo II d.C. Por otro lado, tenemos que hay serias dudas con respecto a la fecha del nacimiento de Jesús, por esto se sigue distinguiendo entre “años después de Cristo” y “años de nuestra era“. En Rusia, hasta Pedro I (1672 – 1725), los años se contaban nada menos que desde la creación del mundo. Los primeros cálculos de esta fecha tan importante se atribuyen a Pseudo Dionisio Areopagita, entre los siglos V y VI d. C., teólogo y místico bizantino, que vivió más de 500 años después de la muerte de Jesús. Dionisio utilizó el método del análisis de los datos de calendarios para el momento de la muerte de Jesús. Hay que anotar que solo a partir del siglo XV d.C. fue aceptada la notación “d.C.” Lo que es muy extraño es que durante nueve siglos este hecho estuviese olvidado y, de repente, se volvió fundamental en la cronología.

Según Dionisio, Jesús resucitó un 25 de marzo, domingo, un día después de la pascua judía. El día anterior, 24 de marzo, fue la pascua judía, que se celebra al día 14 de la Luna, que corresponde a la Luna llena. El resultado de un cálculo objetivo sobre estos datos indican que las condiciones de la primera pascua se satisfacen una sola vez en toda la época histórica, concretamente en el año 1095 después de Cristo. Estrictamente hablando, estas condiciones se satisfacen cada cierto tiempo, en períodos de unas decenas de miles de años. Para obtener el año del nacimiento de Jesús hay que restar del año de la pascua la edad de Cristo, que podría ser de 31 o 33 años, o, según otras crónicas, de 65 años. Se ve que entre los años obtenidos no hay ni uno cercano al supuesto año cero. Muchos autores entre los primeros cristianos anotan que la crucifixión fue acompañada por un eclipse. Tradicionalmente la fecha de crucifixión sería el 3 de abril del 33, con un eclipse lunar, pero la fase del eclipse era demasiado pequeña para ser observado en el territorio del Asia Menor. Hay dos posibles soluciones: el 368 d.C. y el 3 de abril del 1075, viernes. Si se considera un eclipse solar total, como insiste la tradición medieval, anotamos un eclipse el 16 de noviembre del 1086, que cubrió Italia y Bizancio, en la zona de Constantinopla. Es importante anotar que la cronología histórica tradicional es una de las pocas ciencias que hasta el momento prefiere no utilizar métodos matemáticos. Todos los métodos matemáticos utilizados por Fomenko y su grupo, son iniciativas de matemáticos y no de los historiadores. Como hemos visto, en la cronología hay muchas cosas que se pueden calcular. Hemos visto, por ejemplo, que la verificación astronómica de las fechas de ciertos acontecimientos no aguanta crítica alguna. La pregunta es si es posible abarcar todo el material histórico con métodos matemáticos y cómo hacerlo.

Si consideramos sólo los textos y crónicas, desde la Odisea de Homero, hasta los poemas épicos franceses, y desde la Biblia, pasando por la obra de historiadores griegos antiguos, hasta las historias de los siglos anteriores, representadas en centenares de volúmenes. Estos textos serían lo que podemos considerar textos narrativos. Pero, ¿cuáles son sus contenidos? Los principales contenidos son nombres, acontecimientos, o fechas, datos que se  pueden codificar. Pero los detalles descriptivos son más difíciles de codificar, aunque se puede intentar. Después de codificar todo esto se obtienen unos “textos digitales” compuestos por sucesiones de números, que son fáciles de comparar, clasificar y organizar. Pero, ¿se puede confiar en estos textos y en las fechas? Aparentemente no, puesto que cada crónica estaba ligada con un acontecimiento local. Con respecto a los nombres tampoco se puede cofiar, ya que cualquier personaje de la antigüedad tenía muchos nombres y en diferentes crónicas se les nombraba de manera distinta. Por ejemplo, la tradición persa habla de un héroe muy querido por el pueblo llamado Iskander Bicorne. Si no hubiésemos sabido de antemano que se trataba de Alejandro Magno, nunca lo hubiéramos relacionado. En relación a los nombres geográficos tenemos un problema similar, ya que existen decenas de nombres para un mismo lugar geográfico. Un ejemplo lo tenemos con el Mar Negro, que también fue conocido como mar Euxine, mar Hospitalario, o mar Inhóspito, entre otros nombres. Si nos referimos a Roma, Troya, Babilonia o Nápoles, no significa que indiquemos lugares que ahora asociamos con los sitios mencionados.

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¿Y qué decir de los acontecimientos descritos? Podemos apoyarnos en ellos, pero con precauciones. Al copiar una crónica de un manuscrito a otro, un conflicto bélico local puede convertirse en una guerra, o en el cambio del nombre de una ciudad, etc. Puede cambiarse la escala del acontecimiento pero no el acontecimiento en sí. Sorprendentemente, el tiempo de reinado de cualquier monarca es uno de los hechos que casi nunca se ha distorsionado. Puede que cambien su nombre, que le atribuyan otras acciones, que entre él y su descediente se incluya otro gobernante, pero el tiempo de su reinado no varía en más de uno o dos años. Ahora con la ayuda de la estadística matemática se puede estudiar el ingente material existente. Fomenko y su grupo inventaron diferentes métodos para trabajar con los textos narrativos. Se hace una afirmación o se lanza una hipótesis sólo si fueron confirmadas por diferentes métodos independientes. La particularidad de los métodos estadísticos consiste en que se basan en las características mesurables de los textos y no se analiza su sentido lógico, ni su significado, ni su interpretación. Esto es una tarea de los historiadores, y en este campo los matemáticos y los historiadores no compiten. El punto de vista matemático no ofrece una concepción histórica, sino que construye una nueva estructura de la cronología universal. Por su parte, el historiador puede llenar las celdas de esa estructura, por ejemplo, investigando cual fue el nombre verdadero de la guerra de Troya, etc. En cualquier crónica antigua y contemporánea se puede notar alguna particularidad. A ciertos años les corresponde una gran cantidad de información, mientras que a otros años les corresponde muy poca o nula información. Si diferentes crónicas describen la historia de un reino, dedican a los años ricos en acontecimientos más páginas, y a los años pobres en acontecimientos menos páginas.

Si una de las crónicas es traducida a otro idioma, puede ser que se cambien los nombres de los personajes históricos, que se modifiquen las fechas de referencia para los acontecimientos, etc… Pero, a pesar de ello, la crónica no queda completamente irreconocible. En la nueva cronología se plantea dividir cada crónica en capítulos de 1 año, 5 años, 10 años, etc. Si contamos la cantidad de páginas correspondientes a cada capítulo, puede obtenerse una gráfica, que representa un retrato de la crónica. Si comparamos los gráficos buscando los máximos en las crónicas que describen los mismos acontecimientos, aparecen casi en el mismo tiempo.  El método tiene un procedimiento para reconocer pares de crónicas iguales, aunque en algunas falten páginas. Aunque son diferentes, los máximos aparecen casi al mismo tiempo. Este método fue probado en decenas de pares de crónicas que describen la misma o diferente historia, y muestran una precisión muy alta. Las antiguas crónicas pueden omitir información sobre inundaciones, incendios, hambrunas y otros desastres, pero lo que siempre describen es la información sobre los soberanos, cuando nacieron y cuando murieron. Algunas crónicas son sólo secuencias de años de gobierno, de nacimiento y de muerte de faraones o reyes. Así que cualquier texto-crónica se puede convertir en una sucesión de números que indiquen las duraciones de los reinados de los soberanos. Después es tarea de programas de ordenador comparar las sucesiones buscando similitudes. Pero antes hay que resolver unos problemas técnicos relacionados con casos como, por ejemplo, el de la princesa Sofía de Rusia, hermana de Pedro I y que gobernó mientras éste era niño. Más tarde Pedro I la derrocó y la encerró en un monasterio. Otros problemas ´los encontramos en los años de gobierno de derecho y de hecho, la unión de varios reinos bajo la un soberano, al que en diferentes crónicas le asignan diferentes años de gobierno, etc.

Todos estos problemas y otros fueron estudiados, resueltos y codificados teniendo en cuenta los años de rebeliones, de invasiones, de reinos, de gobiernos, etc. Era importante tener en cuenta las coincidencias casuales, por lo que era necesario decidir cuántos números seguidos se debían considerar en la codificación. Resultó que 15 números, como por ejemplo 15 reyes seguidos, es una sucesión suficientemente larga para evitar las coincidencias casuales. Una sucesión de 15 números se denominó “dinastía“. Así que un mismo rey podía participar en varias “dinastías“. Pero como puede suceder que el cronista permutase los años de reinado de dos soberanos seguidos, o uniese bajo un reinado dos reinados seguidos, cada “dinastía” tendría unas “variantes” que también había que considerar. Teniendo en cuenta todas las variaciones posibles, obtenemos cerca de 1,5 billones de dinastías. Pero ya que el tiempo de reinado es una cantidad poco variada, en general de 6 a 15 años, pueden resultar demasiadas coincidencias. Como en cualquier dinastía aparecen uno o dos números raros, como 31, 37 o 55 años de reinado, ello disminuye considerablemente las coincidencias casuales. Cualquier personaje de cualquier crónica, sin importar lo importante que sea, con el tiempo se menciona menos y menos, por lo que se puede hacer una gráfica que indique capítulos de la crónica contra el número de veces que se menciona un personaje. La gráfica primero indica cero, ya que el personaje aún no había nacido. Después viene un crecimiento,  ya que el personaje ha comenzado a actuar y es mencionado en cada momento. Y al final viee un decrecimiento y extinción. Si una crónica tiene unas partes permutadas, este método ayuda a detectar los máximos de aparición de un personaje. Este método fue verificado en decenas de grandes crónicas. Hay un caso particular que es el principio de extinción de frecuencias, que sirve para detectar los capítulos repetidos en un texto, como, por ejemplo, los capítulos que contienen el mismo conjunto de nombres y de lugares.

Un ejemplo clásico lo tenemos con los cuatro Evangelios. Otro ejemplo contemporáneo lo tenemos en diferentes capítulos de un libro de historia, donde la misma época se considera desde diferentes puntos de vista. En algunas crónicas no figuran números, ya que no sabemos la duración de los reinados, ni las fechas especiales. Pero algunas crónicas utilizan ciertos relatos poéticos para describir las hazañas de un rey, la fundación de una ciudad, un matrimonio por motivos políticos, un golpe de estado, etc. Toda esta información se puede codificar, así todos los personajes tienen una ficha codificada con 34 puntos, que incluyen, si se conocen, el sexo, fechas de vida y reinado, inundaciones, terremotos, guerras, actividad legislativa, etc. Estas fichas también se puede comparar buscando semejanzas, como Roma y nueva Roma. Cada mapa que se tenga refleja el estado de desarrollo, especialmente en las ciencias, en la época en que fue dibujado. Cuanto más desarrollo, menos errores encontramos en los mapas. Los mapas antiguos existentes también fueron codificados. Si tenemos una sucesión de mapas cronológicamente correcta, se tiene que los datos incorrectos desaparecen y no vuelven a aparecer en adelante. Los datos correctos que aparecen en un mapa se fijan para todos los mapas siguientes. El método para los mapas permite datarlos y a veces obtener resultados sorprendentes. Por ejemplo, el famoso mapa de Ptolomeo, que según la cronología tradicional  sería del siglo II d. C., resultó ser del siglo XV a XVI d. C, lo que coincide con la datación astronómico del catálogo Almagesto de Ptolomeo. No menos famoso es el mapa Tabula Peutingeriana, que muestra la red de caminos del Imperio Romano, y que, según la cronología tradicional, sería del siglo IV o V, pero que según el método de mapas de la cronología nueva, podríamos datarlo entre el siglo XII y XIV. La diferencia puede llegar a ser de casi unos 1.000 años.

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Una siguiente fase del método de la nueva cronología consistiría en mirar toda la historia desde el nuevo punto de vista e interpretar los nuevos resultados. Pero este trabajo corresponde a los historiadores. Lo que indicamos en este artículo son los resultados de un estudio matemático sobre la cronología, que incluye el conjunto de dataciones de la historia antigua y medieval, tal como ha sido presentada por Fomenko y su grupo de investigación. Fomenko, entre 1974 y 1980, hizo un análisis global de la cronología antigua y medieval de Europa, el Mediterráneo, Egipto y el Asia Menor. Para ello utilizó las tablas cronológicas Blair’s Chronological and Historical Tables: From the Creation to the Present Time, de John Blair, cronólogo inglés del siglo XVIII, además de 14 tablas de otros autores e información adicional de 222 textos, como crónicas, manuscritos, etc. Toda esta documentación contenía la descripción de prácticamente todos los acontecimientos históricos ocurridos en distintos lugares y que habían sido mencionados entre el año 4000 a.C. y el 1800 d.C., según la cronología tradicional de Scaliger. Toda la información fue representada de manera gráfica sobre un mapa, de varias decenas de metros cuadrados, que fue llamado Mapa Global Cronológico (MGC), lo que representaría la documentación más completo de la historia antigua y medieval, según la cronología de Scaliger. A este MGC le fueron aplicados métodos matemáticos para distinguir e identificar las repeticiones en la historia. Fueron encontrados pares de épocas que mostraban que los acontecimientos eran dependientes, es decir describían los mismos acontecimientos. Por ejemplo podemos decir que en el libro de F. Grigorovius, Historia de la ciudad de Roma en la Edad Media, se refiere que fue encontrada la relación de la Roma antigua (753 – 236 a. C.) y el período de Roma medieval (300 – 816 d.C.). Asimismo, en el libro de Tito Livio, Historia de Roma, se describen los primeros 517 años a partir de la fundación de Roma.

De estos estudios resultaron muchas épocas dependientes, como la segunda versión de la caída de Troya, según Tito Livio, una o dos generaciones antes de la fundación de Roma (850 – 830 a.C.), después la huida de Eneas y sus descendientes de Troy, y su llegada a Italia. Pero hay muchos más ejemplos de épocas dependientes, que no se trata de acontecimientos históricos repetidos. Se trata de la dependencia de las descripciones históricas, la dependencia de las crónicas datadas incorrectamente, que describían la misma realidad, pero que sólo que los cronistas medievales los separaron en el tiempo. Los autores detectaron el hecho de que la aplicación de todos los métodos al Mapa Global Cronológico (MGC) daba el mismo resultado. Es decir, todas las repeticiones concuerdan de manera ideal, aunque fueron obtenidas por métodos diferentes. Además, los resultados concuerdan con la datación astronómica, en particular con el efecto de traslación hacia una mayor actualidad de las fechas de los eclipses antiguos encontrados por A. Morozov. También es importante observar que varias guerras antiguas resultan ser un reflejo del mismo suceso. Por ejemplo, tenemos acontecimientos, entre el 300 y el 960 d.C., que también son duplicados de ciertos acontecimientos ocurridos después del 960 d.C. Es importante anotar que uno de los resultados obtenidos por A. Fomenko y su grupo, entre los años 1974-1980, fue el descubrimiento de que las afirmaciones anteriores son ciertas no sólo para Europa sino también para todo el Mapa Global Cronológico (MGC). Los valores de la traslación son valores aproximados que varían en decenas de años en diferentes crónicas. Por ejemplo, el Sacro Imperio Romano (962 – 1250) contiene muchas lagunas. Según parece, los cronistas fecharon incorrectamente una parte de los documentos de la época, considerándolos mucho más antiguos. Por esta razón aparecieron vacíos informativos en la historia de muchos pueblos, países y dinastías reales. Estos vacíos fueron rellenados gracias a errores, involuntarios o intencionales, para tapar los huecos, con ayuda de muchos documentos obtenidos el siglo XIII o posteriormente.

Los siglos entre el XVI y el XX no contienen duplicados y por lo tanto su esquema histórico se puede considerar verídico. En el intervalo entre el año 900 y el 300 ya se encuentran duplicados. Parte del manual histórico contemporáneo representa una suma de dos crónicas, una real, bastante pobre, que describe los hechos de 900 a 1300, y otra real, pero que describe los acontecimientos de los siglos XIV a XVI. Cualquier hecho datado entre el 300 y el 900 es una suma de dos, tres, o cuatro hechos posteriores. Y cualquier acontecimiento fechado antes del año 300 es, o completamente mítico, o es un reflejo de hechos más tardíos, o bien es una suma de los dos anteriores. Del Mapa Global Cronológico (MGC) se deduce que la historia Bíblica forma parte de la historia Europea. La Biblia, especialmente el Antiguo Testamento, coincide con parte de la historia europea entre el 850 a.C. y el 1400 d.C. El Nuevo Testamento representa probablemente los hechos ocurridos en el siglo Xl d.C. en Nueva Roma (Constantinopla). Resulta que la época de Jesús, que implica el inicio de nuestra era, parece un duplicado de la época de Hildebrando Aldobrandeschi, el famoso Papa Gregorio VII del siglo Xl. Gregorio VII, de nombre secular Hildebrando Aldobrandeschi (Sovana (1020 – 1085), fue el Papa nº 157 de la Iglesia católica entre el 1073 y el 1085. Hildebrando Aldobrandeschi nació en Toscana, en el seno de una familia de modesta extracción social. Creció en el ámbito de la Iglesia romana al ser confiado a su tío, abad del monasterio de Santa María en el Aventino, donde hizo los votos monásticos. En el año 1045 es nombrado secretario del Papa Gregorio VI, cargo que ocuparía hasta 1046, en que acompañará a dicho Papa a su destierro en Colonia, tras ser depuesto en un concilio, celebrado en Sutri, acusado de simonía en su elección. En 1046, al fallecer Gregorio VI, Hildebrando ingresa como monje en el monasterio de Cluny, en donde adquirirá las ideas reformistas que regirán el resto de su vida y que le harán encabezar la conocida Reforma gregoriana.

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Hildebrando no regresa a Roma, pero en el año 1049 es requerido por el Papa León IX para actuar como Legado Pontificio, lo que le permitirá conocer los centros de poder de Europa. Además, León IX lo nombrara abad de San Pablo Extramuros. Actuando como Legado se encontraba, en 1056, en la corte alemana, para informar de la elección como Papa de Víctor II, cuando este falleció y se eligió como sucesor al antipapa Benedicto X. Hildebrando se opuso a esta elección y logró que se eligiese Papa a Nicolás II. En 1059 es nombrado por el Papa Nicolás II como archidiácono y administrador efectivo de los bienes de la Iglesia, cargo que le llevó a alcanzar tal poder que se llegó a decir que echaba de comer a “su Nicolás como a un asno en el establo”. En 1509 fue enviado a Milán junto a Anselmo da Baggio, el futuro Alejandro II, para apoyar al diácono San Arialdo contra el arzobispo simoníaco Guido da Velate. Al año siguiente llegaría San Pedro Damián con el mismo fin. Hay que tener en cuenta el conflicto de poderes que se había vivido en el siglo X. Dada la influencia que ejercían los obispos sobre la gente de sus diócesis, los reyes pretendían tenerlos como aliados, pero desde su punto de vista político. Tener la posibilidad de elegirlos, es decir investirlos, prácticamente aseguraría su fidelidad. La Santa Sede fue cayendo en manos de las facciones de condes y príncipes, auténticos clanes nobiliarios. Con el tiempo quedó sometida al tiránico dominio de estas familias, que lograron la elección de pontífices afectos, que fueron, en su mayoría, individuos insignificantes o indignos y que hicieron descender el pontificado a los más bajos niveles que ha conocido en su historia. Así, el siglo X fue el Siglo de Hierro o Siglo Oscuro de la Iglesia. Durante siglo y medio, desfilaron cerca de cuarenta papas y antipapas, muchos de los cuales tuvieron pontificados efímeros o sufrieron una muerte violenta, sin dejar apenas memoria. Pero ya en el siglo XI surgía la escolástica, corriente teológico-filosófica dominante que propició la clara subordinación de la razón a la fe. La escolástica predominaría en las escuelas catedralicias y en los estudios generales que dieron lugar a las universidades medievales europeas hasta mediados del siglo XV.

El cesaropapismo, que había sido inaugurado por la práctica política de Carlomagno, tendrá que ceder definitivamente ante el peso de la hierocracia, expresión utilizada por el sociólogo Weber para designar el estado en el que toda la vida social se explica por el factor religioso, que tiene en Gregorio VII a uno de los teóricos de las máximas formulaciones del poder universal de los sucesores de Pedro. Cesaropapismo es un término referido a las relaciones entre Iglesia y Estado, que identifica o supone la unificación en una sola persona, normalmente el emperador, de los poderes político y religioso. A comienzos del siglo XI, ante un papado impotente ante las facciones nobiliarias, se verificó un auténtico cesaropapismo con el emperador alemán del Sacro Imperio Romano, Enrique III el Negro (1039-1056), verdadero dispensador de cargos eclesiásticos. Tras la muerte de Enrique III surge un movimiento tendiente a liberar al papado del sometimiento al Imperio. En todo el mundo cristiano comienza a reivindicarse la libertad de la Iglesia, principalmente para nombrar sus funcionarios. Se tratará de dignificar la vida moral de los clérigos, condenando la simonía, el nicolaísmo, e imponiendo el celibato. Se pretenderá fortalecer la autoridad papal en contra de la voracidad de los príncipes imperiales. Hildebrando fue elegido pontífice por aclamación popular el 22 de abril de 1073, lo que supuso una transgresión de la legalidad establecida en 1059 por el concilio de Melfi, que había decretado que en la elección papal sólo podía intervenir el colegio cardenalicio, nunca el pueblo romano. No obstante obtuvo la consagración episcopal el 30 de junio de 1073.

En 1075, Gregorio VII publicó el Dictatus Papae, veintisiete axiomas donde Gregorio expresa sus ideas sobre cuál ha de ser el papel del pontífice en su relación con los poderes temporales, especialmente con el emperador del Sacro Imperio. Estas ideas pueden resumirse en tres puntos: El Papa es señor absoluto de la Iglesia, estando por encima de los fieles, los clérigos y los obispos, pero también de las Iglesias locales, regionales y nacionales, y por encima también de los concilios. El Papa es señor supremo del mundo, todos le deben sometimiento, incluidos los príncipes, los reyes y el propio emperador. La Iglesia romana no erró ni errará jamás. Había hecho eclosión la lucha entre los poderes universales que trataban de lograr el dominio del mundo. Estas pretensiones papales llevaban claramente a un enfrentamiento con el emperador alemán, en la disputa conocida como Querella de las Investiduras, que inicia cuando, en un sínodo celebrado en 1075 en Roma, Gregorio VII renueva la prohibición de la investidura por laicos. Esta prohibición no fue admitida por Enrique IV que siguió nombrando obispos en Milán, Spoleto y Fermo, territorios colindantes con los Estados pontificios, por lo que el Papa intentó intimidarle mediante la amenaza de excomunión y de su deposición como emperador. Enrique IV reacciona, en enero de 1076, celebrando un sínodo de Worms, donde depone al Papa. La excomunión lanzada por Gregorio sobre Enrique IV significaba que sus súbditos quedaban libres de prestarle vasallaje y obediencia, por lo que el Emperador, temiendo un levantamiento de los príncipes alemanes, que habían acudido a Augsburgo para reunirse en una dieta con el Papa, decide ir al encuentro de Gregorio y pedirle la absolución. El encuentro entre Papa y Emperador tuvo lugar en el castillo Stammburg de la gran condesa Matilde de Canossa. Enrique IV no se presentó como rey, sino como penitente, sabiendo que con ello el Pontífice, en su calidad de sacerdote, no podría negarle el perdón. El 28 de enero de 1077, Gregorio VII absolvió a Enrique IV de la excomunión a cambio de que se celebrara una Dieta en la que se debatiría la problemática de las investiduras eclesiásticas. Sin embargo Enrique IV dilató en el tiempo la celebración de la prometida Dieta, por lo que Gregorio VII lanza contra el emperador una segunda condena de excomunión, lo depone y procede a reconocer como nuevo rey a Rodolfo, duque de Suabia.

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Esta segunda excomunión no obtuvo los efectos de la primera, ya que los obispos alemanes y lombardos apoyaron a Enrique IV, quien, en un sínodo celebrado en Brixen en 1080, proclamó nuevo Papa a Clemente III y marcha al frente de su ejército sobre Roma, que le abre sus puertas en 1084. Se celebra entonces un sínodo en el que se decreta la deposición y excomunión de Gregorio VII y se confirma al antipapa Clemente III, quien procedió a coronar como emperadores a Enrique IV y a su esposa Berta. Gregorio VII se refugió en el Castillo Sant’Angelo esperando la ayuda de sus aliados normandos, capitaneados por Roberto Guiscardo. La llegada de los normandos obliga a Enrique IV a abandonar Roma, que es sometida a saqueo e incendiada por los ejércitos normandos, acción que desencadenó el levantamiento de los romanos contra Gregorio VII, que se vio obligado a retirarse a la ciudad de Salerno donde fallecería el 25 de mayo de 1085. Gregorio VII fue canonizado en 1726 por el papa Benedicto XIII, celebrándose su festividad litúrgica el 25 de mayo. La disputa sobre las investiduras finalizó mediante el Concordato de Worms, en 1122, que deslindó la investidura eclesiástica de la feudal. Durante la querella de investiduras, Gregorio VII estableció alianzas con los Estados medievales europeos circundantes. Una de ellas fue con el rey San Ladislao I de Hungría, quien había desposado a la princesa Adelaida de Rheinfelden, hija de Rodolfo de Suabia, el anti-rey escogido por Gregorio VII para oponerse a Enrique IV. Ladislao igualmente había luchado por el trono contra su primo Salomón, quién pretendió entregar como vasallo el reino húngaro al emperador Enrique IV. De esta manera, la relación entre Ladislao I y Gregorio VII resultó estrecha, inclinando a Hungría del lado del papado durante la querella de investiduras. En 1083, el rey húngaro obtuvo del papa la canonización del rey Esteban I de Hungría, su hijo el príncipe San Emérico, así como de San Gerardo Sagredo, San Andrés y San Benedicto, tres obispos húngaros.

Precisamente la época de Gregorio VII inaugura el período de las Cruzadas, la división de la iglesia (1054) y el inicio de la nueva Iglesia reformista de Hildebrando en Europa. Pero no hay que pensar que el Papa Gregorio VII fuese el original para la figura el Jesús, sino todo lo contrario. Según la nueva cronología, la biografía de Hildebrando fue un reflejo de la actividad real de Jesús durante el siglo XI en Nueva Roma (Constantinopla). Los hechos de la época del rey Sedecías, que es un personaje bíblico del que se dice que fue el último rey de Judá antes de la destrucción de este reino a manos de los babilonios. Sedecías habría sido nombrado rey por Nabucodonosor II, rey de Babilonia, tras el sitio de Jerusalén en 597 a. C., para suceder a su pariente Joaquín. La biografía de Sedecias se superpone sobre los acontecimientos del siglo XIII en Italia, como la guerra en Italia, la toma de Roma, y el traslado del trono Papal a Avignon. El cautiverio bíblico de Babilonia, que duró 70 años, sería un duplicado del cautiverio de los Papas en Avingnón, también de 70 años (1305 – 1376). En realidad, hay una cantidad impresionante de duplicados. Las traslaciones erróneas en la datación de acontecimientos medievales parecen una consecuencia de la imperfección en las fechas de aquella época. Un error de mil años en el nacimiento de Jesús habría generado gran confusión en la datación de muchos documentos. Fomenko formula una hipótesis sobre la causa del error en la datación de los acontecimientos. Al principio las fechas se anotaban en forma de unas fórmulas verbales, que después se abreviaron. Pasado el tiempo se olvidaba el significado de esas fórmulas. Los cronistas posteriores no las consideraban como abreviación de nombres, sino como anotaciones de números, ya que antes los números se denotaban con letras. Reemplazando letras en lugar de números, los cronistas obtenían fechas diferentes a las iniciales. Puesto que había muchas fórmulas verbales abreviadas, resultaban varias traslaciones. Cada interpretación errónea de los valores numéricos generaba una nueva traslación.

Como ejemplo, podemos ver cómo pudo haber resultado una traslación de, por ejemplo, 1053 años. La escritura breve de, por ejemplo, el siglo I después de Cristo: X.I, el siglo II después de Cristo: X.II; etc. Probablemente a partir de estas abreviaciones aparecieron las abreviaciones de los siglos utilizadas ahora. Pero hoy día X se interpreta como diez. Esta versión concuerda con que la biografía del Papa Gregorio VII Hilgebrando, nacido el 1020, y Papa desde 1073 hasta 1085, coincide con la biografía de de Jesús bajo una traslación de 1053 años. En particular, el siglo III después de Hildebrand es el tercer siglo a partir del siglo XI, lo que da el siglo XIII. Esta forma de escritura concuerda con el hecho de que los italianos medievales denotaban los siglos por centenas: Trecento, los años 300 era el siglo XIV, Cuatrocento era el siglo XV, y el Cinquencento era el siglo XVI, lo que indicaría que el punto inicial del conteo estaba en el siglo XI, puesto que se omiten los miles. Análogamente, 1.300 podía representar también el año 300 después de Jesús. Una de las causas del error en la datación de los acontecimientos históricos, fue la confusión de dos hechos diferentes. Uno fue la fundación de Nueva Roma en el Bósforo (Constantinopla), y el otro la fundación de Roma en Italia. Los primeros cronistas, del siglo XIV a XVI, al parecer tenían a su disposición diferentes textos que describían la historia de Roma, escrito por diferentes personas, en diferentes idiomas, con énfasis en diferentes hechos, y con utilización de diferentes nombres, incluyendo apodos, para los reyes. Por estas razones, estas crónicas eran aparentemente muy distintas.

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Entonces, en la cronología tradicional, se planteo cómo relacionar entre sí estos textos. Como punto de partida fue escogida la fecha de la fundación de “La Ciudad” (Roma) de Tito Livio. Así que la fecha de la fundación de Nueva Roma (Constantinopla) se duplicó. Apareció la fecha, según Scaliger, del 753 a. C., o sea casi 1.000 años antes que la fundación de Nueva Roma en el Bósforo (330 d.C.), que luego fue llamada Constantinopla. Ello fue debido a que, inicialmente, la Roma en el Bósforo se denominó Nueva Roma, probablemente porque la capital fue trasladada, desde Alejandría, en Egipto, pero no desde Roma, en Italia. En la cronología de Scaliger hay otra afirmación sobre la traslación de la capital desde Nueva Roma, en el Bósforo, a Roma, en Italia, por parte del emperador Constantino III. Es posible que toda la confusión con los nombres de los fundadores de Roma, que incluye principalmente a Rómulo y Remo, sea el reflejo de la confusión sobre las fechas de la fundación de Roma. Escribe un cronista: ” Roma de los siglos VII y VIII era, en la práctica, una ciudad casi bizantina; el griego se utilizaba en la liturgia, en los actos oficiales y en la vida cotidiana…“. Del Mapa Global Cronológico (MGC) se deduce que primero fue fundada la Nueva Roma, sobre Bósforo, en el siglo XI d.C. (no en el 330 d.C.), por Constantino, y 330 ó 360 años después, en el siglo XIV, fue fundada la Roma italiana. Después de trasladar las crónicas antiguas a los siglos X a XVII, se puede ver que las historias de las culturas más jóvenes, como las de Escandinavia, de Rusia, del Japón, etc., tienen un nivel comparable de documentación, que indicaría que todas las culturas europeas se desarrollaron aproximadamente por la misma época y de una forma paralela. Fomenko descubrió que todos los duplicados en la historia aparecen antes de la época de Scaliger y no después. Recordemos que fue el grupo de Scaliger quien fijó la cronología tradicional histórica vigente hoy en día. Pero esa cronología surgió dentro de una lucha entre las diferentes corrientes cronológicas en los siglos XVI y XVII.

Por la misma época aconteció el concilio de Trento (1545 – 1563), donde fue declarado dogma el Canon Bíblico. Según la cronología tradicional fue en el Concilio de Roma del año 382, cuando la Iglesia Católica instituyó el Canon Bíblico con la lista del Nuevo Testamento de San Atanasio y los libros del Antiguo Testamento de la Versión de los LXX. Esta versión fue traducida del griego al latín por San Jerónimo (la Vulgata) por encargo de la iglesia, que en la práctica sería la primera Biblia en el sentido concreto y pleno de la palabra. Posteriormente los Concilios regionales III de Hipona del 393, III de Cartago del 397 y IV de Cartago del 419, en los cuales participó San Agustín, aprobaron definitivamente dicho canon. En el año 405 esta lista fue enviada por Inocencio al obispo Exuperio de Tolosa (en la Galia, hoy Francia), donde aparece el canon bíblico con los 73 libros ya existentes. El concilio de Trento fijó el canon de la Iglesia católica declarándolo dogma.  En particular fue fijada la cronología bíblica “desde la creación del mundo“, y la cronología tradicional de Scaliger siguió este criterio al pie de la letra. El siglo XVI fue el siglo de lucha con los protestantes. En Roma fue creado el Tribunal de la Inquisición, que publicó la lista de libros prohibidos y provocó la quema de muchos libros apócrifos. En esa situación surgió el trabajo cronológico de Scaliger, que jugó un papel muy importante en la confirmación de la antigüedad y autoridad de las instituciones de la Iglesia Católica, basada, a su vez, en la Historia Romana.

Como se deduce del Mapa Global Cronológico (MGC)  y su descomposición en la suma de hasta tres traslaciones, prácticamente todos los documentos que se consideran antiguos y describen los hechos anteriores al año 900 d.C., son probablemente duplicados de los hechos ocurridos en los siglos X a XVII. Surge entonces la pregunta de cómo se pueden incluir en el Medioevo los hechos antiguos. Al tratar de acomodar la historia antigua en el Medioevo, tal vez no encontremos espacio para estos acontecimientos, puesto que todos los espacios cronológicos estarían ocupados. Pero supuestamente esto no es así, como lo parece demostrar un análisis detallado por parte de los partidarios de la nueva cronología. Primero se identificaron algunas épocas que antes se consideraban diferentes, y cuya semejanza no era evidente. En segundo lugar, muchos períodos del Medioevo están cubiertos de una espesa niebla, especialmente por falta de información documentada, ya que muchos documentos fueron datados incorrectamente, lo que sumergió en la oscuridad muchas épocas del Medioevo. Según la cronología tradicional, el Medioevo fue la época de la degradación y de la ignorancia, cuando todo el desarrollo de las ciencias y de las artes cayó en el olvido. Las obras literarias solo aparecen en el Renacimiento. Pero estos textos los guardan monjes ignorantes que consideran que su tarea principal es la destrucción de los libros profanos. Según Fomenko, el Medioevo fue en realidad la era del nacimiento de la civilización, que formó paulatinamente valores históricos y culturales que, a causa de un error cronológico, fueron trasladados a la antigüedad, sumergiendo en la oscuridad grandes períodos en el Medioevo. Las crónicas medievales contienen muchos datos que contradicen la cronología tradicional de Scaliger y que confirman las tres traslaciones principales encontradas por Fomenko.

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En la famosa Historia contra los paganos, el historiador romano Paulo Orosio (380 – 420) nos dice que: “Eneas se fue de Troya a Roma“. Orosio añade que se lo contaron en la escuela. Ese viaje del héroe homérico recorta la cronología tradicional de Scaliger en 400 o 500 años. Ferdinand Gregorovius (1821 – 1891), historiador alemán, especializado en la historia medieval de Roma, en su libro Historia de Roma en la Era Medieval menciona dos libros, que son los únicos originales conservados sobre la arqueología y los monumentos de la Roma medieval. Pero estos libros datan del siglo XII a XIII. Según la propia cronología tradicional, hay muchos errores e imprecisiones en estos libros. Por ejemplo, entre otros casos, la basílica de Constantino se llama catedral de Rómulo, lo que confirmaría el paralelismo entre Constantino y Rómulo, tal como plantea Fomenko. Otro caso es la estatua de Marco Aurelio, que fue realizada por orden del Papa Clemente III, en el siglo XI. En el siglo XIII floreció el arte basado, según la cronología tradicional, en transformar las obras antiguas en medievales. Los patricios romanos y los obispos utilizaban los sarcófagos antiguos para sus entierros. Muchos textos antiguos fueron escritos en pergamino y papiro con un estilo literario maravilloso. Recordemos que el papiro y el pergamino eran artículos de lujo, y todavía no existía el papel. Mientras tanto, los textos realmente antiguos se escribían en un estilo torpe, abreviado y con sólo consonantes. Gauchard y Ross, dos historiadores del siglo XIX, llegaron independientemente a la conclusión de que las Historias de Tácito (siglo I d.C.) fue realmente una obra escrita en el siglo XV por el humanista italiano Poggio Bracciolini. En otras palabras, acusaron a Poggio de falsificación y presentaron argumentos indiscutibles que demostraban que la obra fue escrita por una persona que vivió en el siglo XV. Según Fomenko, las Historias es un original, pero que describe hechos de los siglos X a XV.

En la época renacentista, los manuscritos antiguos casi siempre aparecían en algunos monasterios europeos. Personajes como Poggio Bracciolini y otros encontraros estos manuscritos en estos monasterios. Así, Poggio publicó obras de Quintiliano, Petronio, Cicerón, Lucrecio, Tertuliano, y Tácito, entre otros. Sobre Poggio decían que podía imitar cualquier estilo literario. La crítica lo consideraba como uno de los grandes escritores del Renacimiento. La cronología tradicional dice que durante los siglos XIV y XVI, los monjes y los padres de la iglesia pasaban su tiempo en orgías y fiestas. Un estudio de los documentos de la época, desde el punto de vista de la nueva cronología, muestra que el culto cristiano durante la Edad Media prácticamente coincide con el culto pagano dedicado al dios Baco. Por ejemplo, la prostitución oficial era parte importante del rito cristiano de la época. Lo confirman las esculturas eróticas de las catedrales de Magdeburgo, Notre Dame de París y otras, así como en los textos bíblicos y en los textos literarios. Sobre la Grecia medieval hay mucho menos documentos escritos que sobre la Roma medieval. Como la historia de otras ciudades antiguas, la historia antigua de Atenas se caracteriza por un Renacimiento, seguido después por la casi completa desaparición durante la Edad Media y un resurgimiento a partir del siglo X. La información sobre la Atenas medieval la recogió el historiador Fulmercier en el siglo XIX. Para explicar la práctica desaparición de Atenas en el Medioevo, supuso que las tribus avaro-eslavas ocuparon Grecia. Cerca del año 580, el khan ávaro Bayan había establecido la supremacía sobre la mayoría eslava, búlgara, y las tribus germánicas. El khanato no era más que una confederación de tribus lideradas por caudillos y unidos por lazos de lealtad a la figura unipersonal del gran khan. Eran tiempos duros, y no todos pudieron aguantarlo. Ante la presión inicial de los ávaros, algunas tribus eslavas huyeron hacia Grecia, y solicitaron ser acogidos en el imperio bizantino, incorporándose al ejército.

Es una incógnita lo que sucedió para que se produjera un retroceso en el pensamiento clásico griego. También lo que sucedió con la famosa flota griega, que desapareció para renacer en los siglos XII y XIII, en la época de las Cruzadas. Existe incluso la teoría de que el territorio de Grecia antes fue poblado por tribus eslavas, ya que nombres geográficos eslavos cubren el mapa de la Grecia medieval, tales como Volgasta o Goritzi. Los nombres griegos realmente aparecieron en los siglos XIII y XV y después fueron declarados antiguos. Sobre la Atenas de los siglos XII y XIV, en la cronología tradicional existen varias versiones. Según una versión, en esa época Grecia y Atenas estaban sumergidas en el olvido y la oscuridad. Según otra versión, en esa época Grecia volvió al escenario histórico y otra vez se convirtió en el centro cultural, donde estudiaron, por ejemplo, algunos científicos ingleses. Las Cruzadas no habrían sido solamente acontecimientos religiosos y bélicos, en que muchos nobles europeos participaron. Según la cronología tradicional, en el territorio de Grecia se formó un mosaico de estados feudales cuyo papel fue negativo. Pero, por otro lado, después de acusar a los cruzados por su barbarie, Ferdinand Gregorovius agrega que la nueva historia de Grecia fue escrita por los latinos, y esta historia resultó tan variada como la antigua. Los nobles venecianos habrían ido a buscar aventuras a los mares griegos, interpretando el papel de los antiguos argonautas, que fueron descritos más tarde en poemas considerados antiguos. Aunque la historia de los estados feudales en Grecia, entre los siglos XII y XIV, tiene muchas lagunas, esa fue la época en que las fábulas y los cuentos se hicieron realidad. Fue la época del florecimiento de la literatura y de las artes en general, de la cual, por razones desconocidas, no quedó casi nada.

Según Fomenko, precisamente el período entre los siglos XIII y XV en Grecia fue la época que consideramos la Grecia antigua, que concluyó en 1453 con la caída del imperio Bizantino y la invasión por parte del Imperio Otomano. Los últimos resistentes defendían la Acrópolis, pero la artillería de los turcos acabó con los templos y los edificios de Atenas, que después fueron declarados antiguos. El estudio científico de la arqueología de Atenas empezó en el siglo XVI, cuando ya estaba hecha la cronología tradicional, a través de los trabajos del holandés Jean de Maraie. En la segunda mitad del siglo XVII, monjes franceses hicieron los primeros mapas de la ciudad de Atenas. Las conclusiones de Fomenko y su grupo son que la mayoría de los textos antiguos son originales, pero su interpretación es errónea. El cambio de la cronología cambia su significado e interpretación. Algunos errores fueron no intencionados, como el traslado de la vida de Jesús del siglo XI al siglo I, que representaba una traslación de aproximadamente 1053 años. Otra parte de la historia fue distorsionada y falsificada intencionalmente. Asimismo existe un paralelismo entre el Imperio Romano de César y el de Diocleciano, lo que implica una traslación de 333 años. Como dice Fomenko, es muy interesante observar todos los paralelismos que encontramos en la historia. Aunque es lamentable, ya que sucesos históricos separados por 350, 700 o 1055 años cuentan, según parece, la misma historia, que en algunos casos cuentan una historia ilusoria.

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Hay que aceptar que algunos personajes históricos famosos en realidad son imaginarios. Sus hazañas pertenecen a otros personajes que vivieron en otro tiempo y que, por lo tanto, son prácticamente desconocidos para nosotros. Tal como hemos dicho antes, existe una paralelismo entre el imperio romano del siglo I a.C. y el imperio romano de los siglos II a VI. Ambas sucesiones serían ilusorias, ya que según los cálculos de la nueva cronología, la preimagen de estas dos sucesiones sería en realidad la historia del Sacro Imperio Romano-Germánico de los siglos X a XIII y el imperio de los Habsburgos (1273-1618). Los investigadores consideran que las actividades de todos los reyes que aparecen en el esquema confirma su semejanza. Como ejemplo tenemos que Lucio Cornelio Sila Félix (138 – 78 a. C.) recibió el título oficial de Restitutor Urbis (Reconstructor de la ciudad). Plutarco lo llamaba emperador de Roma. Subió al poder como consecuencia de una guerra civil, donde se destacó como jefe militar. El título de emperador se lo dio el ejército y el senado lo proclamó Dictador. Sila de hecho fundó el imperio romano después del período de anarquía y de república. Gobernó 4 años. (82 a 78 a. C.). Como caso paralelo, Lucio Domicio Aureliano (214 – 275) recibió el título oficial de Restitutor Orbis (Reconstructor del mundo). La historia tradicional lo llama emperador de Roma. Tomó el poder después de la guerra gótica, como jefe militar más destacado. Las tropas lo proclamaron emperador. El senado, bajo la presión de las tropas, lo confirmó emperador. Aureliano reconstruyó el imperio romano después del período de anarquía. Gobernó 5 años (270-275). Los años 72 a 70 a.C. fue época de rebeliones, como la rebelión de Espartaco (113 – 71 a. C.), un esclavo tracio que, según fuentes romanas, dirigió la rebelión más importante contra la República romana en suelo itálico, conocida como III Guerra Servil, Guerra de los Esclavos o Guerra de los Gladiadores, hecho ocurrido entre los años 73 a. C. y 71 a. C.

De acuerdo con las referencias de los historiadores romanos Apiano y Floro, Espartaco era originario de Tracia, nacido el 113 a. C. supuestamente  en la localidad de Sandanski, en la actual Bulgaria. Militó en las tropas auxiliares de Roma, de las que desertó. Al no ser ciudadano romano, una vez capturado fue reducido a la esclavitud. Fue destinado con su hermano a trabajos forzados en unas canteras de yeso. Pero gracias a su fuerza física fue comprado por un mercader para la escuela de gladiadores de Capua, de Léntulo Batiato. Todas las fuentes conocidas de esta rebelión, muy fragmentarias, coinciden en describir a Espartaco como un hombre culto. En el año 73 a. C., durante su permanencia en esta escuela, Espartaco ideó y llevó a cabo una rebelión a fin de escapar junto a varios compañeros. Unos 74 hombres, encabezados por Espartaco, Crixo y Enomao, estos dos últimos de origen galo, huyeron de la ciudad armados con todo lo que encontraron. Por el camino se encontraron con un convoy que transportaba armas de gladiadores y se apoderaron de él, tras lo cual se retiraron al monte Vesubio, desde donde empezaron a llevar a cabo acciones de pillaje contra las localidades vecinas. Espartaco estableció un reparto equitativo del botín entre todos sus hombres, lo que le atrajo gran número de seguidores entre los esclavos de las fincas aledañas al volcán. Al tener conocimiento del motín, los romanos, sin dar gran importancia a este incidente, enviaron desde Capua una pequeña brigada de soldados, que fue derrotada. Rápidamente los esclavos sustituyeron sus armas de gladiadores con verdaderas armaduras romanas. En consecuencia, los romanos se alarmaron y enviaron una unidad de 3000 hombres al mando de Cayo Claudio Glabro.

Contrario a la doctrina militar romana, e infravalorando completamente a los ex esclavos, Claudio Glabro estableció su campamento al pie de la montaña, donde descendía el único camino proveniente de la cúspide, sin establecer una valla de protección. Al tener conocimiento de este hecho, Espartaco hizo descender a sus hombres por la parte más escarpada del volcán, atados por cuerdas a la cepa de una vid silvestre, cayendo por sorpresa sobre los soldados romanos, causándoles numerosas bajas y obligando a los supervivientes a darse a la fuga desordenadamente, dejando el campamento en manos de los esclavos. Era la primera gran victoria de Espartaco, en la llamada batalla del Vesubio. Los romanos enviaron contra los rebeldes dos legiones traídas de la frontera norte de Italia, al mando del pretor Varinio. Este trató de cercar a Espartaco con una maniobra en tenaza, para lo que dividió sus fuerzas en tres partes. Espartaco, bien informado por sus espías, aprovechó la división de las fuerzas romanas y derrotó separadamente a los dos ayudantes de Varinio, y luego atacó a las fuerzas mandadas directamente por este, llegando al punto de capturar los lictores del pretor y su propio caballo. Varinio tuvo que huir a pie. Como resultado, el movimiento de los rebeldes se extendió a todo el sur de Italia. Muchas ciudades fueron tomadas y saqueadas por los esclavos. El historiador romano Salustio habla de la masacre de los esclavistas y de las crueldades cometidas por los anteriormente esclavos contra sus antiguos opresores. Espartaco, consciente que esas acciones terminarían por desmoralizar a los mismos rebeldes, se dedicó a organizar un ejército regular disciplinado que pudiera enfrentarse con éxito a las poderosas legiones romanas.

De esta manera formó un ejército de unos 70.000 hombres, preparó la construcción de armas y organizó la caballería. Una vez hecho esto, formó un plan para futuras acciones. Aunque no hay información precisa al respecto, se puede afirmar con bastante certeza que el plan de Espartaco consistía en reunir el mayor número posible de rebeldes y sacarlos de Italia cruzando los Alpes. Esta era la única posibilidad de libertad para la mayoría de ellos, puesto que una vez fuera de Italia muchos rebeldes podrían escapar a territorios que aún no habían sido conquistados por Roma, como Germania. Además, era consciente de que no podría sostener una larga guerra de desgaste contra la República romana, ya que era inmensamente rica y podría rehacer sus fuerzas armadas una y otra vez, recurriendo a la inscripción obligatoria y a sus aliados. Los romanos combatirían tenazmente, impulsados por el temor a que los esclavos de todas partes del mundo mediterráneo decidieran rebelarse, lo que pondría en peligro la existencia misma del Estado. Espartaco sabía también que ni siquiera los griegos, con toda su ciencia y su técnica, ni los cartagineses, con su poderosa flota y sus mercenarios adiestrados, habían podido doblegar a Roma. Con el fin de llevar a cabo este plan, empezó a marchar con sus tropas hacia el norte. El gobierno romano, habiendo notado las constantes derrotas de sus legiones, se dio cuenta de la gravedad del peligro y envió, en el 72 a. C., los ejércitos de ambos cónsules, Léntulo y Gelio, contra los ex esclavos. En ese preciso momento surgieron disensiones entre los rebeldes, cuyo resultado fue la separación de un grupo de unos 20.000 hombres, compuesto en su mayor parte por galos y germanos, al mando de Crixo. Estos empezaron a actuar de forma independiente, pero Crixo no tenía la habilidad estratégica de Espartaco, por lo que el ayudante del cónsul Gelio, el propretor Arrio, los interceptó y aniquiló en Apulia, cayendo el mismo Crixo en el combate.

Aparentemente, según lo que indica el historiador romano Salustio, las disensiones estaban relacionadas con el plan de acciones futuras. Mientras Espartaco simplemente quería lograr que sus hombres salieran de Italia, Crixo y los suyos estaban empeñados en presentar batalla campal a los romanos, derrotarlos e incluso tomar Roma, aniquilando al opresor. Asimismo, es posible que Crixo estuviese respaldado también por los estratos pobres de la población libre que se habían adherido a la rebelión y que, como es obvio, no tenían intención de dejar Italia. Este debilitamiento momentáneo del movimiento no significó el final de la rebelión, pues Espartaco, con maniobras brillantes en los pasos de los montes Apeninos, infligió una serie de derrotas a Léntulo, Gelio y Arrio, evitando las emboscadas que le tendieron los romanos y continuando su avance hacia el norte. Sus tropas continuaron fortaleciéndose por el continuo afluir de esclavos escapados de todas partes de Italia, hasta el punto que Apiano dice que llegó a reunir un número de 120.000 hombres en total. Los romanos se desesperaban al ver que sus legiones establecidas en Italia no eran suficientes para vencer a los rebeldes. Sin embargo, hicieron un último intento de evitar su salida de la península italiana. El gobernador de la provincia de la Galia Cisalpina, el cónsul Casio Longino, reunió todas las fuerzas disponibles y aguardó la llegada de Espartaco al valle del Po, en la ciudad de Módena. Espartaco aceptó la batalla propuesta por el cónsul y lo derrotó, tras lo cual pudo cumplir su plan de cruzar los Alpes, pero en vez de eso, regresó hacia el sur. Aunque no hay una explicación clara de este asunto, se puede concluir que en ese momento los rebeldes estaban tan entusiasmados por su rosario de victorias que no se podía ni hablar de escapar de Italia. Deseaban culminar su venganza tomando Roma, y Espartaco se vio obligado a someterse. Más que por haberse dejado dominar por el entusiasmo de sus hombres, lo hizo para no perder completamente el control de su indisciplinado ejército.

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A fin de cuentas, Espartaco se acercó a Roma. Sabiendo que no podría tomar la ciudad, dadas sus poderosas fortificaciones, adoptó una postura pasiva. Los romanos, por su parte, habían confiado el mando supremo del ejército al pretor Marco Licinio Craso, adjudicándole las diez legiones disponibles, aunque no eran de las mejores, pues ya los soldados estaban desmoralizados por las inauditas victorias de Espartaco. Habiéndose acercado ambos enemigos, Craso ordenó asumir una posición defensiva mientras elaboraba una estrategia para derrotar a los rebeldes, que consistía en encerrarlos en la montañosa región del Piceno, mientras recibía más refuerzos. Sin embargo, uno de sus ayudantes, Mummio, que tenía órdenes de dirigirse a una posición más avanzada de la que ocupaban los rebeldes, con el fin de rodearlos, optó más bien por atacarlos directamente, siendo derrotado. Muchos legionarios arrojaron las armas, en signo de cobardía, y huyeron. Espartaco siguió su marcha hacia el sur. En vista de esta derrota, Craso decidió tomar medidas severas para restablecer la disciplina entre sus tropas. A los que huyeron ante sus enemigos los diezmó condenando a muerte a uno de cada 10 de los desertores. Ordenó a sus hombres que mataran a golpes a cada uno de los condenados. Como consecuencia de esta medida, nadie más osó violar las órdenes ni pretendió huir del enemigo. Mientras tanto, Espartaco llegaba a Campania, y avanzando más llegó a los alrededores de la ciudad de Turi, donde muchos mercaderes aparecieron para obtener el botín tomado por Espartaco. Necesitado de material para construir armas, prohibió el intercambio comercial por encaje, oro o plata. Los rebeldes solamente debían aceptar hierro y cobre, materiales necesarios para fabricar armas.

Más tarde Espartaco y su ejército llegaron al mar Tirreno, en la zona de Calabria. Aquí entró en contacto con los piratas de Cilicia, quienes prometieron darle una flota para transportar las tropas rebeldes a Sicilia con el fin de hacer de la isla un bastión rebelde inexpugnable. Sin embargo, los romanos se percataron de la intención de Espartaco, por lo que sobornaron a los piratas y éstos traicionaron a Espartaco. Craso, habiendo llegado desde el norte, y enterado de que los rebeldes trataban de pasar a Sicilia, aprovechó la ocasión para encerrarlos en el extremo sudoccidental de la península itálica. Con este fin construyó de mar a mar una línea fortificada de unos 65 km, compuesta de un amplio y profundo foso y una valla de cuatro metros y medio de altura. Espartaco intentó forzar el paso una vez sin éxito, pero luego recurrió a una astuta táctica utilizada por Aníbal contra los romanos 144 años antes. Durante una noche tormentosa reunió todo el ganado que pudo, puso antorchas en sus cuernos y los arrojó hacia la valla. Los romanos se concentraron en el punto a donde se dirigían las antorchas, pero pronto descubrieron, para su sorpresa, que no eran hombres, sino reses. Los rebeldes, por su parte cruzaron la valla por otro sector sin ser molestados y regresaron a Lucania, actual Basilicata, en la parte norte del golfo de Tarento. El Senado perdió la fe en Craso al ver que no podía vencer a los esclavos. Enviaron entonces al general Cneo Pompeyo, recién llegado a Italia desde Hispania, donde había reprimido hacía poco la rebelión de Sertorio. A Licinio Lúculo, lugarteniente de Macedonia, se le dio orden de desembarcar con sus tropas en el puerto de Brindisi, desde Grecia. La idea del Senado era cercar a los esclavos desde tres frentes. En el noroeste con Pompeyo, en el suroeste con Craso, y al este con Lúculo. En total, los romanos sumarían unas 20 legiones, con alrededor de 120.000 hombres, de las cuales, las de Pompeyo sobresalían por su valor y moral, ya que regresaban de una campaña victoriosa.

Justo en esta circunstancia peligrosa surgieron otra vez disensiones entre los rebeldes. De nuevo los galos y los germanos, al mando de Casto y Gannicus, con unos 30.000 hombres, se separaron de Espartaco y fueron derrotados por Craso. Si bien al comienzo de la rebelión la separación de un grupo similar no había tenido mayor importancia, ahora la situación era completamente distinta. Cualquier debilitamiento de las fuerzas rebeldes resultaría mortal, puesto que ya no había reserva de esclavos que pudieran unírseles. De esta manera, a Espartaco le quedaron alrededor de 80.000 hombres. Por fin, Espartaco se acercó a Brindisi. Posiblemente pensó en cruzar el mar Adriático y desembarcar en Grecia o Iliria. Pero realmente no tenía la posibilidad de efectuar este plan, dado que no tenía medios de transporte. Si ni siquiera había podido atravesar el angosto estrecho de Mesina, menos aún podría atravesar el mar Adriático. Sin embargo, Espartaco quiso hacer la prueba. Al llegar cerca de la ciudad, sus espías le informaron de que Lúculo ya se encontraba en ella. Entonces retrocedió para enfrentarse a Craso y Pompeyo. En el año 71 a. C., en Apulia, se libró la última batalla. Antes de la misma le llevaron su caballo a Espartaco, y él lo mató con su espada, diciendo: «La victoria me dará bastantes caballos de entre los enemigos, y si soy derrotado, ya no lo necesitaré». Decidió combatir a pie con todos los demás. Los rebeldes, impulsados por el ejemplo de Espartaco, dispuestos a vender cara su derrota y jamás volver a servir a los romanos, pelearon desesperadamente, pero no pudieron resistir la superioridad de las legiones romanas fogueadas en las campañas de Hispania. 60.000 rebeldes cayeron en la batalla; en cambio los romanos solo perdieron 1000 hombres. No se pudo localizar el cadáver de Espartaco. Los romanos hicieron 6000 prisioneros y decidieron dar al mundo una lección. Todos los antiguos esclavos prisioneros fueron crucificados a lo largo del tramo de la Vía Apia, entre Capua y Roma, separados uno del otro unos 10 metros aproximadamente.

Los sobrevivientes de las tropas de Espartaco se dispersaron. Un cierto número de ellos logró huir y se refugió junto a los piratas de Cilicia. Pero los que no lo hicieron fueron sistemáticamente perseguidos: Pompeyo logró destruir a una tropa de 5000 hombres, que se dirigía hacia el norte tratando de salir de Italia por los Alpes, como era la intención inicial de Espartaco. Al final de la rebelión encabezada por Espartaco, Italia perdió al menos 100.000 esclavos, con lo que todos los aspectos de la producción sufrieron un fuerte golpe, en especial el sector agrícola, donde muchos latifundios, base fundamental de la economía romana, fueron destruidos. Los propietarios de esclavos, temerosos de nuevas rebeliones, tomaron varias medidas preventivas. Empezaron a mostrar preferencia por los hijos de sus propios esclavos y que nacían en su casa, pues se los consideraba más fieles que los que eran adquiridos por compra en el mercado. Sin embargo, esto no podía satisfacer las necesidades de mano de obra. Optaron por el sistema de colonato, en el cual asignaban a algunos esclavos pequeñas parcelas de tierra a cambio de una parte de la cosecha. Teniendo en cuenta que el sistema esclavista convierte el trabajo productivo en una actividad para esclavos y, por lo tanto, algo aborrecible para los hombres libres, los rendimientos productivos eran de cualquier forma bajísimos, lo que se ve confirmado con fuentes como Columela y Plinio el Viejo. Todo esto originó una aguda crisis agropecuaria en Italia, que fue extendiéndose a las provincias, y que, aun con todas las medidas que tomaron los emperadores posteriores, como Tiberio, Nerva, Trajano y Antonino Pío, nunca pudo resolverse. Como consecuencia se produjo un empobrecimiento general de la población, al mismo tiempo que el Estado seguía exigiendo impuestos exorbitantes para satisfacer sus necesidades militares en la lucha contra los bárbaros, quienes durante la última época de la República y la edad de oro del Imperio (siglos II a. C.- II d. C.) habían constituido para los romanos su fuente principal de esclavos.

Finalmente, agotado por completo y debilitada su capacidad de resistencia, el Imperio romano no pudo oponerse eficazmente a las invasiones bárbaras del siglo V, teniendo que aceptar que se asentaran en su territorio y a establecer alianzas con algunos invasores bárbaros federados, para defenderse de otros, como los visigodos de Hispania, o la pérdida de ciertas regiones vitales, como el norte de África, a manos de los vándalos. Esta situación significó de hecho el fin del Imperio romano de Occidente, el 476 d. C. según la cronología tradicional, y el inicio de la Edad Media en Europa, con un nuevo modo de producción predominante, el feudalismo.  Tal como hemos indicado, en estos años se destacaron dos jefes militares: Pompeyo y Craso. Después de la época de rebeliones, en el año 70 a.C., Gneo Pompeyo (106 – 48 a. C), el gran triunfador, fue proclamado emperador y cónsul. Fue el organizador del I triunvirato y uno de los gobernadores más grandes en la historia de Roma. El tiempo de su gobierno se llamaba “Época del principado de Pompeyo”. Hizo grandes reformas democráticas, en particular en el mundo del derecho y en el terreno militar. Durante su vida fue considerado Dios-Augusto. Gobernó 21 años (70 – 49 a. C.). En el año 49 a.C. el senado le retiró todos los poderes. En la cima de su fama (60 a.C.) Pompeyo creó el primer triunvirato para la lucha con los enemigos de Roma, dándoles también poder a Julio César y a Craso. Primero se puso de acuerdo con Craso y luego se puso de acuerdo con Julio Cesar en la coalición. Julio Cesar era el segundo en popularidad después de Pompeyo. Después de dos años de rebelión, en el 284 d.C. Diocleciano (Augusto) fue proclamado emperador, siendo el organizador de la primera tetrarquía. Fue uno de los gobernadores más destacados de Roma. Hizo reformas democráticas importantes en derecho, temas monetarios y militares. Durante su vida fue considerado un dios. Gobernó 21 años (284 – 305), abdicando en el 305. En el 293, en la cima de su fama, creó la primera tetrarquía para la lucha contra los enemigos, cediendo poder a Constancio I Cloro, Gai Galerio y Maximiliano. Primero se puso de acuerdo con Maximiliano y luego con los otros. Constancio I Cloro era considerado el segundo en popularidad después de Diocleciano. Los propulsores de la nueva cronología dicen que la traslación fue de unos 333 años aproximadamente.

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Hay que anotar que el paralelismo de las crónicas de las sucesiones de los reyes es impresionante. El paralelismo dura más de 250 años. Esta sucesión de coincidencias no puede ser casual, sino que es el resultado de la distorsión de la historia real. Bajo descripciones diferentes es difícil ver la similitud entre estas cadenas de acontecimientos. Pero el grupo de Fomenko hizo un trabajo colosal para codificar centenares de crónicas, hasta crear nuevos métodos de análisis de textos narrativos y crear programas para computadores. Podemos ver un ejemplo de traslación de unos 1053 años aproximadamente en la historia romana. Los autores anotan que las coincidencias siguen sin excepciones durante más de 1.300 años, desde el 300 d.C. hasta el siglo XVII de nuestra era. Además, la época de la fundación de Roma, según la cronología tradicional, se sitúa en el siglo VIII antes de Cristo. Pero ello se superpone sobre el antiguo regreso de los emperadores a Roma, en la época de Diocleciano (siglo III d. C.). Aquí funciona la fórmula cronológica general encontrada por Fomenko: T= X + 300, donde X son los años desde la fundación de la Ciudad (753 a. C.) y T son los años de la nueva era, ya que la traslación de 1053 años desde 753 a. C., nos da: -753 + 1053 = 300 d.C., el año del regreso de los emperadores a Roma. Más adelante los autores presentan el paralelismo estadístico entre la Judea Bíblica y el imperio romano oriental (306 – 700 d.C.). Como conclusión a los paralelismos presentes en la cronología tradicional con respecto a la historia romana, los autores de la nueva cronología anotan que, según la cronología tradicional,  la Roma italiana fue fundada por Rómulo cerca de 753 a.C.. Después, hacía el 333 d.C., el emperador Constantino fundó Nueva Roma en el Bósforo, luego Constantinopla y actualmente Estambul. Según la nueva cronología, la fundación real de la Roma italiana fue en el siglo XIV d.C., cerca del 1380. La fecha de la fundación de Nueva Roma se obtiene así: 1380 -1053 = 330, una traslación de 1053 años aproximadamente.

La nueva cronología también resalta la superposición estadística del reino de Judea, según la Biblia, sobre el Imperio Romano Oriental del 306 al 700 d.C. Asimismo también tenemos la superposición estadística del Sacro Imperio Romano-Germánico de los siglos X a XIII, según las coronaciones romanas, sobre el Imperio de los Habsburgo desde el 1273 al 1619. Fomenko descubrió que muchos países, como China, Rusia, Francia, Inglaterra, Italia etc., tienen en su historia partes semejantes o idénticas a la historia de Bizancio. La nueva cronología asimismo también indica la superposición estadística de la historia de Inglaterra, en los años 643 a 1327, sobre la historia de Bizancio en los años 378 a 1448. La Iglesia Católica afirma, a partir del siglo XIII, que en la ciudad italiana de Loretto se encuentra la casa donde vivía la Virgen María y donde supuestamente fue visitada por el arcángel Gabriel. Los autores encontraron un paralelismo entre los hechos medievales (siglo X d.C.), la época de la reforma de la iglesia, y los hechos del siglo I, descritos en los Evangelios. Juan Crescencio, o Crescencio II, fue un Patricio romano, hijo de Crescencio I. Como enemigo del Sacro Imperio, participó en el asesinato de Juan XIV. Expulsó de Roma a Gregorio V y nombró pontífice a Juan XVI, que fue considerado antipapa. En el año 998, a la vuelta de Otón III a Italia, Crescencio fue decapitado. En la cronología tradicional se conoce un surgimiento evangélico muy importante entre los siglos X y XI d.C. que coincide con la época de las Cruzadas. Los Evangelios eran las armas ideológicas que utilizaba la Iglesia Católica de ese tiempo. Además, en la cronología tradicional existe una versión sobre un hijo de Joan Crescencio, que continuó el trabajo de su padre, que en la historia coincide con el bautismo y conversión a la religión católica de pueblos enteros, como, por ejemplo, Rusia entre el 980 y el 990 d.C.

Por la misma época empieza la actividad de Gregorio VII Hildebrando, el famoso Papa, del que ya hemos hablado, y cuya biografía presenta un paralelismo sorprendente con la biografía de Jesús. Hildebrando fue el reformador más famoso de la Iglesia Católica occidental durante la Edad Media. Además, fue considerado uno de los Papas más destacados de la historia. Fue autor del decreto de celibato para los curas, que provocó una oleada de protestas en toda Europa. También lanzó la idea de las Cruzadas, que definieron el perfil y la vida de los siglos siguientes. Como consecuencia, se produjo una lucha entre los partidarios de la nueva iglesia y los de la tradicional. Asimismo fue organizador de la iglesia en sus cánones evangélicos. Pero no hay que pensar que la biografía de Hildebrando fuese escrita en el siglo X. Lo más probable es que fuera escrita mucho más tarde, en los siglos XIV-XVI, teniendo en cuenta los paralelismos. La fecha 1053, o 1054, es muy importante en la historia de la iglesia mundial: en ese año se produjo fue la gran división de la iglesia oriental y la iglesia occidental, que hoy en día no está superada. El Cisma de Oriente y Occidente, o el Gran Cisma, o en menor medida conocido como Cisma de 1054, hace referencia a un evento conflictivo de carácter religioso que ocurrió en el año 1054. En dicho conflicto se produjo la mutua separación y excomunión entre el máximo jerarca de la Iglesia católica en Roma, el Papa u Obispo de Roma, junto con la cristiandad de Occidente, y los jerarcas eclesiásticos de la Iglesia ortodoxa, junto con la cristiandad de Oriente, especialmente del principal de ellos, el patriarca ecuménico de Constantinopla. Para la iglesia occidental realmente empezó una nueva era con el reformador Hildebrando. Hildebrando fue hijo de un carpintero, y los cronistas lo catalogaron como una santo, ya que de su cabeza salía fuego. Sobre ningún otro Papa los cronistas decían tales cosas. Estas características son únicas.

Hildebrando nació en Palestrina, Italia, con un nombre similar a Palestina. Las actividades de Juan Crescencio prepararon las actividades de Hildebrando. Luchó contra el culto antiguo, probablemente el culto pagano a Baco. Elaboró un decreto contra la venta de los cargos en la iglesia y sirvió a la iglesia desde 1049, cuando tenía 29 ó 30 años. Se considera que tuvo dos “nacimientos“, uno, real, en 1020, y otro para la iglesia en 1049 ó 1050, lo que da dos edades, de 30 ó 65 años. También hay dos versiones de la edad de Jesús. Tuvo una gran copartidaria, la condesa Matilde, quien le ayudó con sus influencias y su dinero. Matilde de Canossa (1046 – 1115), llamada la Gran Condesa, o también conocida como Matilde de Toscana, fue una noble italiana, que destacó como la mayor aliada del papa Gregorio VII durante la Querella de las Investiduras y participó en la mediación entre el citado Papa y el emperador Enrique IV en la llamada humillación de Canossa. Matilde de Canossa, también duquesa y marquesa, fue una poderosa señora feudal y una de las mujeres más influyentes de la Edad Media por sus actuaciones políticas y militares. Llegó a dominar todos los territorios italianos al norte de los Estados de la Iglesia. En 1076 tomó posesión de un vasto territorio que comprendía Lombardía, Emilia-Romaña y la Toscana, con su centro en Canossa. Una cosa extraña es que no hay una moneda de la época de Hildebrando, pero hay muchas monedas medievales con el anagrama de Xpiorwo. Durante su actividad reformista surgió un complot contra él organizado por su partidario Ceccnio, que desemboca en un atentado contra él. Hildebrando perdona a Ceccnio. Uno de sus ayudantes fue Pedro Damiani. Pero no se dice nada sobre el juicio, ni sobre la muerte de Hildebrando.

Hay un sorprendente paralelismo entre la famosa guerra de Troya (siglo XIII a.C.), la guerra gótica (siglo VI d. C.), y las guerras de las épocas de las Cruzadas (siglos XI – XIII d. C.). En otras palabras, la guerra de Troya y la guerra gótica son, según parece, reflejos virtuales de las guerras reales en la época de las Cruzadas. La guerra gótica fue un conflicto bélico que tuvo lugar entre los años 535 y 554 en el territorio del reino ostrogodo. Fue el resultado de la decisión del emperador romano bizantino Justiniano I de revertir los acontecimientos de un siglo atrás, cuando el Imperio romano de Oriente había perdido sus provincias, en Italia primero, ante Odoacro, y después, con Teodorico el Grande, rey de los ostrogodos. La excusa de Justiniano I para la guerra fue el exilio y el asesinato, en el año 535, de Amalasunta, heredera de Teodorico, cuyos representantes habían firmado un pacto con Justiniano, para permitir que las fuerzas imperiales utilizaran las bases sicilianas en su campaña contra los vándalos en África. Justiniano utilizó el asesinato como un pretexto para una invasión de Italia. El general encargado para esta empresa fue Belisario, reciente vencedor de los vándalos, quién ahora sería comisionado para atacar a los ostrogodos. Belisario capturó rápidamente Sicilia y cruzó hacia Italia, donde tomó Rhegium y Nápoles en noviembre, y Roma el 9 de diciembre del 536, forzando al rey godo Vitiges a evacuarla. Al año siguiente, Belisario, con tropas demasiado escasas para encarar a los godos en campo abierto, ya que contaba apenas con 5000 hombres, defendió Roma exitosamente contra un sitio godo, desde enero del 537 a marzo del 538. Fue interrumpido ocasionalmente por alguna pequeña correría fuera de la ciudad amurallada, tal como la «Batalla de la Puerta de Pinciana». Entonces, finalmente llegaron refuerzos de Constantinopla, retomando la ofensiva. Narsés tomó Ariminum, la actual Rímini, y el teniente de Belisario, Mundilas, se desplazó hacia el norte para tomar Mediolanum (Milán).

En el año 540 los francos entraron en el conflicto y saquearon Milán con un ejército formado por 10.000 burgundios, tribu germánica oriental originaria de Escandinavia, al mando de Teodeberto I. Narsés fue relevado, pero Belisario sitió Rávena, la capital ostrogoda, donde Vitiges fue capturado. Los godos ofrecieron a Belisario hacerle emperador occidental, pero él se negó. La oferta de los godos levantó sospechas en la mente de Justiniano, y Belisario fue llevado de vuelta al Oriente para luchar contra los persas en Siria. En el 541 los ostrogodos aclamaron a Totila como su nuevo líder, habiendo asesinado a su antecesor, que había abierto negociaciones con el Imperio. Cuando la Peste Negra de la época de Justiniano devastó el Imperio romano de Oriente, Totila montó una vigorosa y exitosa campaña contra los romanos orientales, recuperando toda Italia septentrional e incluso llevando a los bizantinos fuera de Roma, después de un segundo largo sitio a la ciudad (547 – 549). Belisario volvió a Italia en el 544, donde encontró que la situación había cambiado mucho. Logró recuperar Roma brevemente, pero su campaña italiana fracasó rotundamente, debido en buena medida a su falta de suministros y refuerzos por parte de un celoso Justiniano, si adoptamos el punto de vista de Procopio, secretario personal de Belisario. En el 548 Justiniano lo relevó de nuevo a favor de Narsés, quien pudo llevar la campaña a una conclusión exitosa. Por su parte, Belisario se retiró.

En la tercera campaña de la Guerra Gótica, Roma fue sitiada una tercera vez y capturada por Totila, cuyas ofertas de paz fueron rechazadas por Justiniano. Una nueva campaña italiana fue organizada bajo las órdenes del sobrino de Justiniano, Germano Justino, mientras Liberio ataco a los visigodos en Hispania. Con la muerte de Germano en el 551, Narsés fue sobre Totila, derrotándole y acabando con él en la batalla de Tagina. Los godos mantenían capitulada Roma, y en la batalla de Mons Lactarius, en octubre del 553, Narses derrotó a Teias y los últimos restos del ejército godo en Italia. La victoria pírrica de la Guerra Gótica absorbió los recursos del Imperio bizantino, que habrían sido mucho más necesarios para emplearse contra las amenazas más inmediatas provenientes del Este. En Italia, la guerra devastó la sociedad urbana, que era sostenida por las tierras interiores rurales. Grandes ciudades romanas y aliadas serían abandonadas, e Italia caería en un largo período de estancamiento. El empobrecimiento de Italia y la escasez de recursos en el Imperio hizo imposible para los romanos orientales conservar Italia. La destrucción económica de Italia fue tan completa, que tomó varios siglos para que las comunas pudieran recuperarse. Los triunfos imperiales fueron fugaces. Sólo tres años después de la muerte de Justiniano, los territorios italianos continentales cayeron en manos de una tribu germánica mucho más primitiva, los lombardos, quedando del Exarcado de Rávena una banda de territorio que se extendía a través de Italia central hasta el mar Tirreno y al sur hasta Nápoles, junto con la Italia meridional, como único bastión imperial. Justiniano logró también conservar fuera de Italia un dominio imperial sobre la Hispania meridional, pero también sería conquistado por tribus germánicas unas pocas décadas más tarde. Después de la Guerra Gótica, el Imperio no albergaría expectativas más serias en el Oeste. Roma en si misma quedaría bajo control imperial hasta que el Exarcado de Rávena finalmente fuera abolido por los lombardos en el 751. La Italia meridional quedaría bajo el control del Imperio romano de Oriente, administrada directamente por Constantinopla, hasta el siglo XI.

Según la nueva cronología, la guerra de Troya fue un hecho real, pero no del siglo XIII a.C. sino de los siglos XI a XIII d.C. La leyenda homérica de la guerra de Troya sería un mito compuesto que describiría las guerras de las Cruzadas. La hipótesis de Fomenko es que la caída de Troya fue realmente la caída de la Nueva Roma, que sería equivalente a Constantinopla y Jerusalén, como consecuencia de una de las guerras de las Cruzadas. El mito de Troya está compuesto por diferentes episodios importantes equivalentes a los de varias Cruzadas. Esta supuesta guerra de Troya de los siglos XI a XIII fue un hecho muy importante en la historia de Europa y Asia, que fue reflejado en muchos documentos, en diferentes idiomas y desde distintos puntos de vista. Después llegó la época del ordenamiento de dicha documentación, en cuyo proceso los cronólogos medievales cometieron varios errores fundamentales. Como resultado, muchos documentos originales de la época sufrieron un retraso hacia el pasado. Además se duplicaron o se triplicaron, etc. Casi siempre el original se quedaba en su sitio, pero su copia empezaba a viajar, no sólo en el tiempo sino también en el espacio, es decir, sobre el mapa geográfico. Las traslaciones principales serían la Romana-Bizantina, en 330 a 360 años, la Romana, en1053 años, o la Greco-Bíblica, en 1780 a 1800 años. Los valores evidentemente son aproximados. La traslación romano-bizantina alargó la historia de Roma y Bizancio, la traslación romana volvió más antigua la historia del pueblo romano, mientras que la traslación greco-bíblica volvió más antigua la historia de Grecia y la de la Biblia.

Sobre la guerra de Troya sabemos que el poeta Homero la describió en dos obras: la Iliada y la Odisea. En ellas tenemos noticias de Atenea, Aquiles, Agamenón, el amor apasionante de Helena y Paris, que sería la causa de la guerra, el legendario caballo de Troya, la caída de Troya, la huída de los troyanos, los viajes de Odiseo (Ulises), etc… La guerra gótica del siglo VI es menos popular, y, en general, la historia medieval no es tan mítica. Según la cronología tradicional, Homero vivió en el siglo VIII a.C., unos 500 años después de la guerra de Troya. Y como era ciego, no podía escribir sino que cantaba los poemas de memoria, lo que implica más de 500 páginas de texto. Por primera vez se pusieron por escrito en el siglo VI a.C. por una orden de Pisístrato, tirano griego del siglo VI a. C. Esto querría decir que dos poemas gigantescos fueron escritos 670 años después de la guerra de Troya. Es increíble que el poeta ciego cantase sus poemas a la gente, que los aprendió de memoria. Mientras caían imperios y desaparecían pueblos, los poemas sorprendentemente no cambiaron. Se sabe que en la Edad Media nadie conocía los poemas de Homero, que aparecieron en Europa en las vísperas del Renacimiento, durante los siglos XIV y XV. En 1488, en Florencia aparece la primera edición de los poemas de Homero en griego. Pero la traducción completa al italiano no aparece hasta el año 1723. Apartando las leyendas orales inverosímiles, se puede afirmar que antes del siglo XIV no hay información verídica sobre la existencia de los poemas de Homero, que posiblemente fueron escritos en los siglos XIII a XIV, y la versión tradicional de Scaliger sería una fantasía. Según la cronología tradicional, en la época del emperador Claudio fueron encontrados unos textos sobre la guerra de Troya, en la tumba de un tal Diktis. Hacia el siglo IV d.C. fueron bastante conocidos los diarios de Diktis y Dares, que participaron en la guerra. Después los declararon falsos participantes, aunque el mismo Homero menciona a Diktis. El lenguaje de los diarios es breve y en latín, lo que sorprende a los historiadores.

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Pero hay dudas de que existiese un original en griego. Según la cronología tradicional, en los siglos VIII y IX vivía un poeta famoso, Angilberto, en la corte de Carlomagno, que tal vez fue el autor de las obras atribuidas al antiguo Homero. En el monasterio de Céntula, en la región de la Galia Ambianense, Angilberto, tras dejar los cargos palatinos y militares que ostentaba, y con el consentimiento de su esposa Berta, que también recibió el santo velo, abrazó la vida monástica y rigió con éxito dicho monasterio. Parece que Angilberto fue educado en la corte de Carlomagno, donde fue discípulo y amigo del gran escolástico inglés Alcuino. Fue destinado al estado eclesiástico, y debió haber recibido las órdenes menores muy pronto. Sin embargo, acompañó al joven rey Pipino a Italia en el 782, en calidad de alto cargo en la administración real, tarea que implicaba ocuparse de la administración secular. En la academia de hombres de letras que hizo ilustre a la corte de Carlomagno, Angilberto fue conocido como Homero, y fragmentos de sus obras, aun existentes, muestran que su habilidad era considerable. Fue enviado varias veces como legado ante el papa, y se le imputó haber identificado sus puntos de vista con algunas opiniones heterodoxas de Carlomagno en la controversia de las imágenes. En el 790 fue nombrado abad de Centula, conocido más tarde como Saint-Riquier, en Picardía, y con el apoyo de sus poderosos amigos, no sólo restauró el monasterio con un estilo muy suntuoso, sino que lo dotó con una preciosa biblioteca de unos 200 volúmenes. En el año 800 tuvo el honor de recibir a Carlomagno como huésped. Es probable que en aquel momento Angilberto llevara todavía una vida muy mundana. Las circunstancias no son claras, pero los modernos historiadores consideran indudable que Angilberto tuvo una aventura con la hija soltera de Carlomagno, y tuvo con ella dos hijos, uno de los cuales es el bien conocido cronista Nithard. Esta aventura, considerada a veces como matrimonio, ha sido discutida por algunos estudiosos, pero está hoy generalmente admitida.

Debemos recordar que, en aquella época, las canonizaciones populares eran muy informales, y no se ocupaban de investigar demasiado la conducta pasada o las virtudes. Se declara, no obstante, en la biografía del santo, escrita en el siglo XII, que antes de su muerte el abad hizo amarga penitencia por aquella unión. Y el cronista Nithard, en el mismo pasaje en el que afirma que Angilberto fue su padre, declara que el cuerpo de Angilberto se encontró incorrupto algunos años después de su sepultura. Angilberto es también considerado como el autor de un poema épico sobre Carlomagno y León III, pero esta autoría es discutida. Por otra parte, Monod piensa que Angilberto es el responsable de algunas partes de los famosos «Annales Laurisenses», anales que cubren la historia de los primeros monarcas carolingios, desde 741 hasta 829. Murió el 18 de febrero del 814 en la abadía de Saint-Riquier. Tal como hemos dicho, la nueva cronología lo considera como un prototipo del Homero griego. Durante siglos, la fama de Diktis y Dares ocultaba la fama del mismo Homero. Sólo en los siglos XVIII y XIX, después de la creación de la cronología tradicional, fue inventada la historia. Entre otras obras, y si nos centramos en la guerra de Troya, encontramos, entre otras obras, la Canción sobre Troya, escrita en el siglo XIII por Herbert von Fritzlar, en Alemania, La guerra de Troya, escrita en el siglo XIII por Conrad Würtzburg, en Alemania, o la Historia de la destrucción de Troya, escrita en el siglo XIII por O. Guido de Colón, en Sicilia. Se observa que no hay un solo autor griego entre ellos. Los autores de la nueva cronología presentan las tablas comparativas de la historia de la guerra de Troya y la historia de la guerra gótica medieval, en donde se ve el paralelismo entre las dos historias.

Mi conclusión después de revisar la documentación existente sobre la nueva cronología es que pone de relieve la gran cantidad de contradicciones, errores, historias paralelas, historias duplicadas, etc…, que llevan a plantearse que la cronología tradicional se tendría que revisar. Pero, por otro lado, me cuesta aceptar que la nueva cronología propuesta sea realista. Por ello, creo que se ha hecho un gran esfuerzo para analizar y sistematizar la cronología histórica, pero no tengo suficientes garantías de que la nueva cronología sea correcta. De todos modos, este estudio de la nueva cronología me ha obligado a releer la historia con otra mirada.

Fuentes:

  • Galina Likosova – La nueva cronología global de Anatoli Fomenko
  • A.T. Fomenko – History: Fiction or Science? Chronology
  • A.T. Fomenko – Empiric-Statistical Analysis of Narrative Material and its Applications to Historical Dating
  • A.T. Fomenko – New Methods of Statistical Analysis of Historical Texts. Applications to Chronology. Antiquity in the Middle Ages. Greek and Bible History
  • A.T. Fomenko, V. V Kalashnikov, G. V. Nosovsky – Geometrical and Statistical Methods of Analysis of Star Configurations. Dating Ptolemy’s Almagest
  • Nosovsky G.V., Fomenko А.Т. – Russia. Britain. Byzantium. Rome
  • A.T. Fomenko – Método de reconocimiento de duplicados y aplicaciones
  • Enciclopedia Británica
  • Heródoto – Historia
  • La Biblia
  • Perry Anderson – Transiciones de la Antigüedad al Feudalismo
  • Étienne Gilson – La filosofía en la Edad Media: desde los orígenes patrísticos hasta el fin del siglo XIV
  • Jacques Heers – La invención de la Edad Media
  • Lucio Casio Dión – Historia Romana
  • Tito Livio – Historia de Roma desde su Fundación
  • Edward Gibbon – The History of the Decline and Fall of the Roman Empire
  • Michael Grant – The History of Rome
  • Homero – La Odisea
  • Homero – La Iliada
  • Emilio Cabrera – Historia de Bizancio
  • Isaac Asimov – Constantinopla
  • Norman H. Baynes – El Imperio bizantino
  • Joseph M. Walker – Historia de Bizancio
  • Andreu Marfull-Pujadas – Qui va ser Maria Magdalena? una aproximació a Eudòxia Comnena

diciembre 22, 2016 - Posted by | Historia, Historia oculta

5 comentarios »

  1. Excelente artículo. Hay pautas de que la historia oficial ha interpretado mal muchos hechos, hallazgos y fechas, pero la cantidad de información aportada y lo que implica esta teoría es demasiado para asimilarla de un tirón. Hay que leer y dejar que este enfoque vaya tomando cuerpo dentro de las grietas enormes del dogma impuesto.

    Comentario por Raúl Rodríguez | febrero 23, 2017 | Responder

  2. Muy buen artículo, abre un camino a la verdad en la confusión que siempre hay en torno a la historia. La cronología de Fomenko es tan evidente que, claro, es tachado inmediatamente por los “historiadores” oficiales de conspiranoia y pseudocientífico, cuando Fomenko da una bibliografía tan apabullante. Gracias por el artículo. La lectura, investigación y me tendrá ocupado un buen tiempo.

    Comentario por el blues | marzo 8, 2017 | Responder

  3. […] a través de La actual cronología histórica, ¿es errónea? — Oldcivilizations’s Blog […]

    Pingback por La actual cronología histórica, ¿es errónea? – Analisis 06 | junio 1, 2017 | Responder

  4. Un gran trabajo señor Sancho. Le felicito. Si le interesa más información, siendo de Barcelona, con mucho gusto le invito a tomar un café. Saludos cordiales.

    Comentario por AMP | junio 27, 2017 | Responder

    • Gracies per el comentari. He vist que figura entre una de les fonts a les que he fet referència per escriure l’article. A més he vist que te un bloc amb amplia informació sobre la Nova Cronologia. Em sembla perfecte trobar algun moment per una xerrada prenent un cafè. Com he vist que en el seu bloc te un formulari per contactar, m’estimo més utilitzar aquest mitja per establir contacte. Salutacions.

      Comentario por oldcivilizations | junio 27, 2017 | Responder


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