Oldcivilizations's Blog

Blog sobre antiguas civilizaciones y enigmas

Antiguas tradiciones sobre civilizaciones prehistóricas


Entre las tradiciones de Egipto y Grecia, por una parte, y de Persia, por otra,  hay demasiadas semejanzas de símbolos para admitir que semejantes coincidencias sean debidas a pura casualidad. Esto ha sido probado por el orientalista francés Jean-Sylvain Bailly. Imagen 13Sobre todo es significativo comparar las tradiciones de los magos persas con las llamadas fábulas griegas.  El término mago proviene del persa antiguo maguš por mediación del griego μάγος y finalmente del latín magus. El sentido original de la palabra Mago se refería a los integrantes de una tribu de Media y luego a los sacerdotes persas. El Imperio medo o Media o (en persa antiguo: Mâda; en kurdo: Mâd) fue un antiguo imperio asiático de la Antigüedad que correspondía a la región poblada por los medos entre el mar Caspio y los ríos de Mesopotamia. Luego fue conquistado y anexado a Persia. Su capital fue Ecbatana. En términos modernos el concepto de mago se refiere, a una especie de astrólogo o adivino, que practica magia, hechicería o brujería. Comúnmente, “mago” se refiere a hechicero masculino, y “bruja” a una hechicera. Media constituye un problema para los estudiosos que tratan de describir este antiguo imperio. Las pruebas de que se disponen son poco fidedignas: consisten en algunos hallazgos arqueológicos, algunas referencias en textos cuneiformes asirios y babilonios, la inscripción persa de Behistún, Los nueve libros de historia del historiador griego Heródoto, y dos capítulos en la Biblia.Originalmente, un magi era el miembro de una tribu de la antigua Media que se ocupaba de las prácticas religiosas y funerarias. Después de la conversión de esta tribu al zoroastrismo fueron considerados por los tres imperios persas guardianes del legado de Zaratustra o Zoroastro, profeta fundador del mazdeísmo o zoroastrismo, a pesar de que introdujeron algunas modificaciones al mensaje original. Los magos de Persia fueron incluyendo en su religión algunos temas o elementos de Babilonia, como la astrología, la demonología y la magia. En su rito religioso vertían libaciones de leche, aceite y miel sobre una llama y al mismo tiempo entonaban rezos y canciones. Llevaban vestiduras blancas, tiara, y en la mano un haz de ramas de tamarisco. Ya en el siglo I fueron reconocidos como hombres sabios . Los más tarde llamados reyes magos, personajes llegados de Oriente y mencionados en la Biblia (Mateo 2), eran magos en el sentido original del término, esto es, sacerdotes persas. El cambio de significado del término, que pasa a designar a alguien que practica la magia o hechicería, se debe a la asimilación que la Iglesia hizo de las creencias y rituales religiosos no cristianos, como los zoroastrianos, con la brujería y prácticas similares.

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Helena Blavatsky (1831 – 1891), fue una escritora, ocultista y teósofa rusa. Fue también una de las fundadoras de la Sociedad Teosófica y contribuyó a la difusión de la Teosofía moderna. Sus libros más importantes son Isis sin velo y La Doctrina Secreta, escritos en 1875 y 1888, respectivamente. En sus escritos, de gran erudición, se refirió a una serie de civilizaciones antiguas, algunas de ellas perdidas, que han servido de inspiración a escritores posteriores que han tratado estos temas. Me he basado en algunos de sus escritos para redactar este artículo. Su nombre original era Helena Petrovna Hahn, pero adoptó el nombre de Blavatsky a consecuencia de un matrimonio que, a su pesar, celebró a los 17 años. Nació el 31 de julio de 1831, en Ekaterinoslav, al Sur de Rusia. De noble ascendencia social, ya que era nieta de la princesa Elena Dolgorouki, terminó sus días en precaria situación económica, debido a las grandes sumas que canalizó para la obra teosófica, así como a su vida aventurera. Viajó un poco por todo el mundo, buscando experiencias, conocimientos y contactos que fueron a revelarse preciosos e indispensables para la magna tarea a la que se dedicó. Gran Bretaña, Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Grecia, Turquía, Estados Unidos de América, Canadá, Méjico, Perú, Palestina, Egipto, Persia, Sri Lanka, India y Tibet fueron solamente algunos de los puntos geográficos donde pasó partes de su vida. Murió el día 8 de Mayo de 1891, en Londres. De ella se ha dicho: “Tal fue el fin de la mujer de quien podemos decir que fue la mejor y más sabia, no apenas de su generación como, probablemente, de muchas“. En 1875, junto con Henry Steel Olcott, prestigioso coronel americano que había conocido un año antes, y con un pequeño grupo, creó la Sociedad Teosófica, cuya sede fue inicialmente en Nueva York pero que, poco después, fue transferida a la India. En su historia hay diversos claro oscuros, ya que, por ejemplo, tuvo gran influencia en algunos de los jerarcas nazis, especialmente en algunos de sus conceptos antisemitas y racistas. De todos modos debemos reconocer que murió casi 40 años antes de la aparición del nazismo y que los nazis prohibieron la Sociedad Teosófica que ella había fundado.

 

Isaac Asimov, un escritor y bioquímico soviético, nacionalizado estadounidense, en su libro “El Cercano Oriente” menciona que los magos son sacerdotes de las tribus iranias, llamados magi. Y como se pensaba que los sacerdotes tenían poderes ocultos, magi, en caldeo, llegó a significar hechicero o mago. En un sentido muy diferente, en épocas recientes el título de “Mago” se ha asignado a los artistas que practican el ilusionismo, es decir a quienes realizan juegos para crear ilusiones visuales o en cualquiera de los sentidos, simulando poderes especiales, con objetivos recreativos. Esta “magia” ha entrado a formar parte de las artes escénicas contemporáneas. En la actualidad el arte de la magia y la ilusión es utilizado por los magos para lograr el asombro y la diversión de sus espectadores. Las antiguas leyendas han pasado a ser ahora cuentos populares, pero las tradiciones de Persia se han abierto paso en nuestra historia universal. Los relatos del Rey Arturo y de sus Caballeros de la Tabla Redonda son también aparentemente cuentos de hadas y, sin embargo, están basados en hechos que pertenecen a la historia de Inglaterra. Esa tradición persa dice que, antes de la creación de Adán, vivieron en la tierra dos razas sucesivas: los Devs, que reinaron 7.000 años, y los Peris (los Izeds), que sólo reinaron 2.000. Los Devs eran gigantes, fuertes y malvados, mientras que los Peris eran más pequeños de estatura, pero más sabios y bondadosos. En esto reconocemos a los Gigantes atlantes y arios, a los Râkshasas del  Râmâyana, a los hijos de Bhârata-varsha, en la India, o a los antediluvianos y los postdiluvianos de la Biblia. Gyân, llamado también Gian ben-Gian (Sabiduría), fue Rey de los Peris. Tenía un escudo tan famoso como el de Aquiles, sólo que en lugar de servir contra un enemigo en la guerra, servía de protección contra la magia siniestra y la brujería de los Devs. Gian-ben-Gian había reinado 2.000 años cuando a Iblis, el Demonio, le fue permitido por Dios derrotar a los Peris y arrojarlos al otro extremo del mundo. Ni aun el escudo mágico, construido con arreglo a principios astrológicos, que destruía los hechizos y encantamientos, pudo vencer a Iblis, que era un agente del Destino, o Karma. Cuentan hasta diez reyes en su última metrópoli, llamada Khanoom, y el décimo dicen fue Kaimurath, idéntico al Adán hebreo. Estos reyes corresponden a las diez generaciones antediluvianas de reyes, según las presenta el filósofo y sacerdote Beroso.

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Después del Diluvio Universal,  una raza de guerreros semidivinos habitó las tierras del Levante. Eran llamados los Refaítas o Rephaim y se dedicaron a la defensa de las tierras occidentales y de las instalaciones espaciales anunnakis durante los inicios del tercer milenio antes de Cristo. En este tiempo debieron su lealtad a los reyes de Mesopotamia, especialmente a Nannar-Sin,  que era el legítimo dios de estas tierras. Según “El Haggadah”, libro rabínico basado en la narrativa de los pasajes bíblicos: “Los descendientes de la alianza entre los ángeles y las mujeres Cananitas fueron los Gigantes, conocidos por su fuerza y su maldad. Ellos tienen muchos nombres; algunas veces conocidos como Rephaim“.Cuando sus ciudades en Transjordania y en otras partes fueron destruidas por los reyes del Este que las invadieron durante el siglo XXI a.C., los Refaítas abandonaron su lealtad a la legítima autoridad y se convirtieron en una fuerza guerrera independiente en las tierras occidentales. Entonces se convirtieron en una fuerza formidable e incontrolable que dominó estas tierras durante mil años. Fueron los Refaítas los que construyeron formidables fortificaciones,  cuyas ruinas se encuentran en todas en el Levante, desde Egipto hasta Anatolia. Sus descendientes, llamados los Hiksos, ocuparon Egipto por más de cuatrocientos años y, bajo el nombre bíblico de Amalecitas, impidieron que las tribus hebreas,  bajo el mando de Moisés, entraran en las tierras de Canaán.No mucho tiempo después que Samuel ungió a David, y una vez que el espíritu de Dios había dejado al Rey Saúl, los filisteos se reunieron para guerrear contra Israel en Socoh y acamparon en Efes-Damim. Cuando las líneas de batalla de los filisteos y el ejército de Saúl se encontraron de frente a cada lado del valle, el gigantesco guerrero Goliat salió del campamento filisteo y en voz alta desafió a Israel para que presentara a un hombre que luchase con él en un combate cuerpo a cuerpo, cuyo resultado determinaría qué ejército llegaría a ser siervo del otro. Durante cuarenta días, Goliat desafió al aterrorizado ejército de Israel cada mañana y cada atardecer. No obstante, ningún soldado israelita tuvo suficiente valor como para aceptar semejante reto. Al desafiar a los ejércitos de Jehová, Goliat abre un nuevo capítulo en la historia de Israel. Un pastor llamado David, de la tribu de Judá, en quien estaba el espíritu de Dios, le hizo frente.

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Goliat, precedido por su escudero, avanzó, invocando por sus dioses el mal contra David. A esto, David respondió: “Tú vienes a mí con una espada y con una lanza y con una jabalina, pero yo voy a ti con el nombre de Dios de los ejércitos, el Dios de las líneas de batalla de Israel, a quien tú has desafiado con escarnio”. Cuando David le lanzó una piedra con su honda, esta se le hundió en la frente y Goliat cayó a tierra. Acto seguido, David se plantó sobre Goliat y con la espada del gigante le cortó la cabeza. A esto siguió una notable derrota y una gran matanza de filisteos. “Entonces David tomó la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusalén, y puso las armas de él en su tienda”. Aunque es verdad que David no tomó la fortaleza de Sión sino hasta un tiempo posterior, la ciudad de Jerusalén había sido habitada desde hacía tiempo por israelitas y jebuseos. Parece ser que más adelante David dejó la espada de Goliat en el santuario, como lo indica el que se la diera el sacerdote Abimélec cuando huía de Saúl. Distintas listas y datos de reyes anteriores a lo que se cree que fue el diluvio universal, han sido reflejadas en la mitología e historia de diferentes pueblos, incluyendo la Biblia. Culturas como las de los sumerios, acadios, babilonios, hebreos, etc, han dejado registros, como la lista de reyes sumerios, y otros documentos que nos permiten saber un poco quienes fueron estos reyes. Existe una extensa literatura religiosa, además del Libro del Génesis, que se ocupa del período antes del Diluvio. Fuentes como Los tres libros de Enoc, El Libro del Jubileo, Las enseñanzas gnósticas, Los pergaminos del Mar Muerto, El Haggadah o la tradición oral de los judíos, las escrituras rabínicas, o las obras de Josefo, entre otras, hacen referencia a Noé, Atrahasis, Utnapishtim, Ziusudra y otros, que han sido considerados por diversas culturas como el nombre del último rey antediluviano. Se han comparado las distintas historias y no hay duda de que Ziusudra y Noé se refieren a la misma persona. Por otro lado, Adán puede ser identificado con Alulim. Podemos ver distintas listas, como en la colección Weld-Blundell, que parece ser la más completa y supuestamente escrita por un tal Nur-Nin-Su-Bur en el 2170 a. C. Podemos encontrarlo en el museo de Londres. También tenemos la lista de la dinastía de Isín, y la lista del filósofo y sacerdote Beroso, en su obra Babyloniaca, en que explica la aparición de un mítico personaje llamado Oannes. Las listas de reyes sumerios son documentos históricos valiosísimos, que dejaron grabados los nombres de reyes, y sus reinados de épocas muy distantes. Estas listas describen a los reyes y la caída de sus reinados, la división de la dinastía Isin que comenzó a gobernar aproximadamente en 1950 a. C. En un principio se creyó que la duración de los reinados eran erróneos y que estaban mal descifrados. Pero luego, con el tiempo, se estableció que eran correctos.

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La lista atribuye reinados de duraciones increíbles a los reyes antediluvianos. El Haggadah, la fuente de la tradición oral hebrea, se refiere al período de las calamidades que ocurrieron en la generación de Enós, el segundo o tercero después de Adán, cuando la tierra fue asediada por “Cuatro revoluciones naturales” probablemente una referencia a los terremotos, causados quizás por un cambio de la tierra sobre su eje. El Segundo Libro de Enoc habla de un “Período de Caos” justo antes del Diluvio, cuando la sociedad se destruía, y los pueblos y naciones emprendían guerras unos contra otros. Referencias a tal época de caos no se limitan a documentos religiosos sino que también se encuentran en la literatura cuneiforme sumeria. Otras fuentes antiguas revelan que en los días de Enós hubo severas interrupciones en el abastecimiento de agua, y que “las montañas llegaron a ser áridas“, por lo que mucha gente moría y los cadáveres se pudrían y no eran enterrados. Incluso el escritor griego Heródoto, en sus Historias, se refiere a las antiguas perturbaciones de la Tierra. Fue informado por los sacerdotes egipcios de la antigua ciudad de Heliopolis que en los 10000 años que precedían, “el sol se había movido de su curso cuatro veces“. Parece que el eje de la tierra había sido desplazado cuatro veces, porque el sol habría cambiado su posición normal, ascendiendo dos veces por el oeste, y dos veces por el este. A pesar de la posible desfiguración de estas leyendas, podemos identificarlas con las tradiciones caldeas, egipcias, griegas, y hasta con las hebreas; pues el mito judío, aunque desdeñando hablar de las naciones preadámicas, permite, sin embargo, que éstas puedan inferirse claramente, al enviar a Caín,  uno de los dos únicos hombres vivientes sobre la Tierra , al país de Nod, en donde se casa y construye una ciudad.

 

Según el Génesis,  Caín fue el mayor de los hijos de Adán y Eva, y el primer ser humano nacido fuera del Paraíso. Según la Biblia, Adán y Eva concibieron a Caín después de ser desterrados del Paraíso por Dios, también llamado en hebreo Jehová, debido a que habían desobedecido su orden de no comer del árbol del bien y del mal. Después de Caín concibieron a Abel. Caín se dedicó a la agricultura, mientras que su hermano menor al pastoreo.  En esos tiempos era común agradecer a Jehová por los buenos cultivos o la buena crianza del ganado, por lo que estos hermanos le presentaron sus sacrificios; al verlos Jehová prefirió el sacrificio de Abel (de los primogénitos de sus ovejas) que el de Caín (del fruto de la tierra), quien enloqueció de celos y mató a su hermano, yéndose, después de esto, a sus cultivos. Al ser interrogado por Jehová acerca del paradero de su hermano, Caín responde «¿Acaso soy yo el custodio de mi hermano?». Sabiendo Yavé lo que había ocurrido, castigó a Caín condenándolo a vagar por la tierra de Nod. Pero, ¿dónde estaba ubicada esta “tierra de Nod”. la Biblia, que describe una civilización tanto rural  como urbana antes del Diluvio. Todo eso, según todas estas antiguas fuentes, fue borrado de la faz de la Tierra por el Diluvio, y hubo que recomenzarlo todo desde el principio (el famoso eterno retorno). El Libro del Génesis comienza con los relatos de la creación, que son versiones resumidas e incompletas de los textos sumerios. En éstos, se habla constantemente de «el Adán», literalmente «el Terrestre». Pero, después, da un giro hacia la genealogía de un ancestro concreto llamado Adán: «Éste es el libro de las generaciones de Adán» (Génesis 5). Al principio, Adán tuvo dos hijos: Caín y Abel. Después, Caín mató a su hermano y fue desterrado por Yahvé. «Y Adán conoció a su mujer de nuevo y le dio un hijo, y le puso por nombre Set». Es este linaje, el linaje de Set, el que sigue la Biblia a través de una genealogía de patriarcas hasta Noé, el protagonista de la historia del Diluvio. Después, el relato se concentra en los pueblos asiáticos, africanos y europeos. Pero, ¿qué pasó con el linaje de Caín? Todo lo que tenemos en la Biblia es una docena de versículos. Yahvé castigó a Caín a convertirse en nómada, «fugitivo y vagabundo sobre la Tierra»: “Y Caín se apartó de la presencia de Yahvé y moró en la tierra de Nod, al este del Edén.Y Caín conoció a su mujer y ella concibió y engendró a Henoc; y él construyó una ciudad y le puso a la ciudad el nombre de su hijo, Henoc“. Varias generaciones después, nació Lámek. Éste tuvo dos esposas. De una de ellas tuvo a Yabal; «él fue el padre de los que habitan en tiendas y tienen ganado». De la otra, tuvo dos hijos. Uno, Yubal, «fue el padre de los que tocan la cítara y la flauta» (¿los gitanos?). El otro hijo, Túbal-Caín, fue «forjador de oro, cobre y hierro». Tan escasa información bíblica se ve ampliada por el Libro de los Jubileos, que se cree que se escribió en el siglo ii a.C. a partir de fuentes más antiguas.

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Relacionando los acontecimientos con el pasaje de los Jubileos, dice que «Caín tomó a su hermana Awan para que fuera su esposa, y ella le dio a Henoc a finales del cuarto jubileo. Y en el primer año de la primera semana del quinto jubileo, se construyeron casas en la tierra, y Caín construyó una ciudad y le puso por nombre el nombre de su hijo, Henoc». Los eruditos bíblicos llevan mucho tiempo desconcertados con el nombre de Henoc, que significa «fundación», y que se le aplica tanto a un descendiente de Adán a través de Set como a otro de sus descendientes a través de Caín, así como con otras similitudes en los nombres de los descendientes. Sea cual sea el motivo, es evidente que las fuentes sobre las cuales se basaron los compiladores de la Biblia atribuyen hazañas extraordinarias a ambos Henoc, que probablemente no fue más que una persona prehistórica. El Libro de los Jubileos afirma que Henoc «fue el primero entre los hombres que nació en la Tierra que aprendió a escribir, y los conocimientos y la sabiduría, y que escribía los signos del cielo según sus meses en un libro». Según el Libro de Henoc, a este patriarca le enseñaron las matemáticas y los conocimientos de los planetas, así como el calendario durante su viaje celestial, y se le mostró la ubicación de las «Siete Montañas de Metal» en la Tierra, «en el oeste». Los textos sumerios conocidos como las Listas de los Reyes relatan también la historia de un soberano antediluviano al que los dioses le enseñaron todo tipo de conocimientos. Su nombre era EN.ME.DUR.AN.KISeñor del Conocimiento de los Fundamentos del Cielo y la Tierra»  y es muy probable que sea una representación de los Henocs bíblicos. Los relatos nahuatlacas de la migración y de la llegada a un destino final, del asentamiento y de la construcción de una ciudad, así como de un patriarca con dos esposas, cuyos hijos son el origen de pueblos y uno de los cuales se hizo famoso por ser forjador de metales, ¿no resultan demasiado semejantes a los relatos bíblicos? Incluso la importancia que los náhuatl le dan al número siete se refleja en los relatos bíblicos, pues el séptimo descendiente del linaje de Caín, Lámek, proclamó enigmáticamente que «hasta siete veces será vengado Caín, y Lámek setenta y siete». ¿No nos estaremos encontrando en las leyendas de las siete tribus nahuatlacas con el desterrado linaje de Caín y su hijo Henoc? Los aztecas pusieron el nombre de Tenochtitlán a su ciudad, la Ciudad de Tenoch, llamada así en honor de su antepasado. Si tenemos en cuenta que, en su dialecto, los aztecas prefijaban muchas palabras con el sonido T, Tenoch podría haber sido en su origen Enoch, si se le quita el prefijo T.

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Si comparamos los 9.000 años mencionados por los cuentos persas, con los 9.000 años que Platón declara habían pasado desde el hundimiento de la última Atlántida, se hace evidente un hecho muy extraño. Bailly lo observó, pero lo desfiguró con su interpretación. Leemos en el  Critias: “En primer término debemos recordar que han pasado 9.000 años  desde la guerra de las naciones  que vivían encima y fuera de las Columnas de Hércules, y las que poblaban la tierra por este lado“. En el Timao, Platón dice lo mismo. Pero como la Doctrina Secreta indica que la mayor parte de los últimos insulares atlantes perecieron en el intervalo entre hace 850.000 y 700.000 años, y que los arios tenían ya una antigüedad de 200.000 años cuando la primera gran “Isla” o Continente fue sumergido, parece que no hay posibilidad de reconciliar estos números. Pero siendo Platón un Iniciado, tenía que usar un lenguaje velado, y lo mismo les sucedía a  los Magos de Caldea y de Persia, por medio de cuyas revelaciones exotéricas fueron preservadas las leyendas persas que pasaron a la posteridad. Del mismo modo, vemos que los hebreos dan a la semana “siete días”, y hablan de una “semana de años”, cuando cada uno de sus días representa 360 años solares, y de hecho toda la “semana” tiene 2.520 años. Tenían ellos una semana sabática, un año sabático, etc.; y su sábado duraba indiferentemente 24 horas o 24.000 años en sus cálculos secretos. Actualmente llamamos “siglo” a una centuria. En tiempo de Platón, los escritores iniciados cuando hablaban de un milenio, no se referían a 1.000 años, sino a 100.000. Los indos, más independientes que nadie, no han ocultado nunca su cronología. Así, por 9.000 años, los Iniciados leen 900.000, durante cuyo tiempo, desde la primera aparición de la raza aria, las partes pliocenas de la que fue la gran Atlántida principiaron a sumergirse gradualmente y otros continentes empezaron a aparecer en la superficie, hasta la desaparición final de la pequeña isla Atlántida de Platón. Las razas arias no habían cesado nunca de luchar contra los descendientes de las primeras razas de gigantes. Esta guerra duró hasta cerca del fin de la edad que precedió al Kali Yuga, y fue lo que se narra en la epopeya Mahâbhârata, o Gran Guerra, tan famosa en la historia india.  Según el Mahâbhârata, la era de Kali comenzó en la medianoche del duodécimo día de la guerra de Kurukshetra, que duró en total 18 días, la noche en que los dos ejércitos se negaron a detenerse al atardecer para orar y siguieron matándose en la oscuridad, hasta el amanecer. La humanidad evoluciona a través de ciclos. Concretamente en el planeta Tierra a través de siete grandes ciclos manifestados por siete razas raíces, en que cada ciclo es de aproximadamente 1 millón y medio de años.

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A mediados del siglo VI, el astrónomo Aria Bhatta (476-550 d. C.) determinó mediante cálculos astrológicos que ese momento podría haber sucedido entre el 17 y el 18 de febrero del 3102 a. C, según el calendario juliano. En la actualidad los hinduistas sostienen que esa fecha es correcta. Debido a la presencia del dios Krisná en el planeta, la personificación de Kali no se atrevió a entrar con toda su fuerza. Pero en el mismo día de la ascensión de Krisná al cielo, ya que murió a los 125 años de edad, Kali entró en este mundo en la forma del delito de lastimar a una vaca. Este iugá del vicio durará exactamente 1200 años de los deva (dioses) o 432.000 años de los humanos. Al final, nacerá Kalki, el décimo y último avatar de Visnú, que, montando un caballo blanco y blandiendo una espada, matará a toda la humanidad corrompida, y salvará a los que sigan siendo devotos de Visnú. Según las escrituras védicas, los cuatro iugás forman un ciclo de 4.320.000 años (un majá-iugá, o ‘gran era’), que se repite. Los cuatro iugás son: Satyá-iugá (‘era de la verdad’): la primera era, de 1.728.000 años de duración. El promedio de vida era de 100.000 años. Se trataba de la  Era de Oro, según otra nomenclatura. Duapára-iugá (‘segunda era’): de 1.296.000 años. El promedio de vida era de 10.000 años. Se trataba de la Era de Plata. Tretā-iugá (‘tercera era’): de 864.000 años. El promedio de vida era de 1000 años. Se trataba de la Era de Bronce, que no se pretende que coincida con la Edad de Bronce en la India. Kali-iugá (‘era de riña’): de 432.000 años. El promedio de vida era de 100 años al comienzo de la era, hace 5100 años. Se trataba de la Era de Hierro, que tampoco se pretende que coincida con la Edad de Hierro en la India. En este majá-iugá en particular, las edades se permutaron. Antes de la segunda (duapára) vino la tercera (tretā). Pero tal mezcla de sucesos y épocas, y la reducción de cientos de miles de años a miles, no contradice el número de años transcurridos, con arreglo a la  declaración que hicieron los sacerdotes egipcios a Solón, desde la destrucción del último resto de la Atlántida. La cifra de 9.000 años era exacta, pues este último suceso nunca había sido secreto, sino que se había borrado de la memoria de los griegos. Los egipcios tenían sus anales completos, a causa de su aislamiento; pues estando rodeados por el mar y el desierto, no habían sido inquietados por otras naciones hasta unos cuantos milenios antes de nuestra Era.

 

La historia obtiene la primera información de  Egipto y sus grandes Misterios por medio de Herodoto, si no tomamos en cuenta la  Biblia  y su extraña cronología. Y cuán poco nos  podía decir Herodoto, lo confiesa él mismo, cuando, al hablar de la tumba misteriosa de un Iniciado en Saïs, en el sagrado recinto de Minerva, dice: “Detrás de la capilla está la tumba de Uno, cuyo nombre considero impío divulgar. En el recinto hay grandes obeliscos, y cerca hay un lago rodeado de un muro de piedra en forma de  círculo. En este lago ejecutan por la noche aquellas aventuras personales que los egipcios llaman Misterios; sin embargo, sobre estos asuntos, aunque conozco perfectamente sus detalles,  tengo que guardar un discreto silencio“. Por otra parte, es bien sabido que ningún secreto era tan bien guardado y tan sagrado para los Antiguos como el de sus ciclos y cómputos. Desde los egipcios hasta los judíos, se consideraba como el mayor de los pecados el divulgar todo lo que perteneciera a la medida exacta del tiempo. Por divulgar  los secretos de los Dioses  fue precipitado Tántalo en las regiones infernales.En la mitología griega, Tántalo era un hijo de Zeus y la oceánide Pluto, rey de Frigia o del monte Sípilo en Lidia (Asia Menor). Se convirtió en uno de los habitantes del Tártaro, la parte más profunda del Inframundo, reservada al castigo de los malvados. Fue padre de Pélope, Níobe y Broteas con la pléyade Dione. El historiador Robert Graves dice que su esposa también pudo ser Euritemista, una hija del dios-río Janto, Eurianasa, hija del dios-río Pactolo, o Clitia, hija de Anfidamante.Se conoce a Tántalo por haber sido invitado por Zeus a la mesa de los dioses en el Olimpo. Jactándose de ello entre los mortales, fue revelando los secretos que había oído en la mesa y, no contento con eso, robó algo de néctar y ambrosía y lo repartió entre sus amigos. Tántalo quiso corresponder a los dioses y les invitó a un banquete que organizó en el monte Sípilo. Cuando la comida empezó a escasear, decidió ofrecer a su hijo Pélope. En lo que constituye un arquetípico rito de iniciación chamánica, descuartizó al muchacho, coció sus miembros y los sirvió a los invitados. Los dioses, que habían sido advertidos, evitaron tocar la ofrenda. Sólo Deméter, trastocada por la reciente pérdida de su hija Perséfone, «no se percató de lo que era» se comió el hombro izquierdo del desdichado. Zeus ordenó a Hermes que reconstruyera el cuerpo de Pélope y lo volviera a cocer en un caldero mágico, sustituyendo su hombro por uno forjado de marfil de delfín, hecho por Hefesto y ofrecido por Deméter. Las moiras le dieron vida de nuevo y así obtuvo nuevas cualidades. Para reforzar su iniciación en los misterios divinos, Poseidón secuestró al nuevo Pélope y lo llevó al Olimpo, haciéndolo su amante.

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Un último crimen terminó por colmar la paciencia de los dioses. Cuando Pandáreo robó el mastín de oro, que había regalado Cronos a Rea para que cuidara del recién nacido Zeus, y se lo dio a Tántalo para que lo ocultara. Una vez pasada la alarma inicial sin que se supiera nada del perro, Pandáreo le pidió que se lo devolviera. Pero Tántalo le juró por Zeus que nunca había oído hablar de él. Escandalizado Zeus por el perjurio o por el robo aplastó a Tántalo con una roca que pendía del monte Sípilo y arruinó su reino. Después de muerto, Tántalo fue eternamente torturado en el Tártaro por los crímenes que había cometido. En lo que actualmente es un ejemplo proverbial de tentación sin satisfacción, su castigo consistió en estar en un lago con el agua a la altura de la barbilla, bajo un árbol de ramas bajas repletas de frutas. Cada vez que Tántalo, desesperado por el hambre o la sed, intenta tomar una fruta o sorber algo de agua, éstos se retiran inmediatamente de su alcance. Además pende sobre él una enorme roca oscilante que amenaza con aplastarle. Los guardianes de los sagrados Libros Sibilinos tenían pena de muerte si revelaban una palabra de los mismos. En todos los templos, especialmente en los de Isis y Serapis, había Sigaliones, o imágenes de Harpócrates, que tenían un dedo sobre los labios. Y los hebreos enseñaban que el divulgar los secretos de la Kabalah, después de la iniciación en los Misterios Rabínicos, era lo mismo que comer del fruto del Árbol del Conocimiento; y se merecía pena  de muerte. Y, sin embargo, los europeos han aceptado la cronología exotérica de los judíos. Las tradiciones persas, por tanto, están llenas de dos razas o naciones que algunos creen completamente extinguidas ahora. Pero no es así, pues sólo están transformadas. Estas tradiciones hablan siempre de las Montañas de Kaf (seguramente Kafaristân), que contienen una galería construida por el gigante Argeak, en donde se guardan estatuas de los hombres antiguos, en todas sus formas. Las llaman Sulimanes (Salomones) o los sabios reyes del Oriente, y cuentan setenta y dos reyes de ese nombre. Tres de entre ellos reinaron 1.000 años cada uno. Siamek, el hijo querido de Kaimurath (Adán), su primer rey, fue asesinado por su gigantesco hermano. Su padre hacía conservar un fuego perpetuo en la tumba que contenía sus cenizas. De ello se dice que se deriva el origen del culto del fuego, tal como creen algunos orientalistas

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Luego vino Huschenk, el prudente y el sabio. Su Dinastía fue la que volvió a descubrir los metales y piedras preciosas, después que fueron escondidos por los Devs o Gigantes en las entrañas de la Tierra, así como también el modo de hacer trabajos con el bronce, abrir canales y mejorar la agricultura. Como de costumbre, se atribuye también a Huschenk el haber escrito la obra llamada Sabiduría Eterna, y hasta la construcción de las ciudades de Luz, Babilonia e Ispahan, aunque realmente fueron construidas posteriormente. Pero, así como el Delhi moderno está construido sobre otras seis ciudades, del  mismo modo estas ciudades pueden estar construidas en el emplazamiento de otras de inmensa antigüedad. En cuanto a su época, sólo puede inferirse de otra leyenda. En la misma tradición se atribuye a este sabio príncipe el haber hecho la guerra a los Gigantes en un sorprendente caballo con doce patas, cuyo nacimiento se atribuye nada menos que a los  amores de un cocodrilo con un hipopótamo hembra. Este Dodecápedo se encontró en la “isla seca” o nuevo continente. Fue necesaria mucha fuerza y astucia para apoderarse del maravilloso animal. Pero tan pronto como Huschenk lo montó, derrotó a toda clase de enemigos. Ningún Gigante podía hacer frente a su tremendo poder. Finalmente, sin embargo, este rey de reyes fue muerto por una roca enorme que los Gigantes le tiraron desde las grandes montañas de Damavend. Tahmurath (Taimuraz) es el tercer rey de Persia, el San Jorge del Irán, el caballero que siempre venció al Dragón y que finalmente le  mata. Es el gran enemigo de los Devs, que, en su tiempo, habitaban en las Montañas de Kaf, y que de vez en cuando atacaban a los Peris. Las antiguas tradiciones populares persas le llaman Dev-bend, el vencedor de los Gigantes. A él también se le atribuye la fundación de Babilonia, Nínive, Diarbek, etc. Lo mismo que su abuelo Huschenk, Thamurath  tenía su montura, pero mucho más rara y rápida. Se trataba de un ave gigantesca llamada Simorgh-Anke. Un pájaro maravilloso, inteligente, poliglota y hasta muy religioso. Este Ave Fénix persa se lamenta de su vejez, pues nació ciclos y ciclos antes de los días de Adán (Kaimurath). Ha presenciado las revoluciones de largos siglos. Ha visto el principio y el fin de doce ciclos de 7.000 años cada uno, los cuales, multiplicados esotéricamente, nos darán de nuevo  840.000 años. Simorgh nació con el último Diluvio de los Pre-Adamitas, dice el “Romance de Simorgh y el buen Khalif”.  El Libro de los Números, esotéricamente dice que Adam Rishoon es el Espíritu Lunar (o Jehovah, en un sentido, o los Pitris) y sus tres hijos, Ka-yin, Habel y Seth, que representan las tres razas. Noé-Xisuthros representa, a su vez, la tercera raza separada, y sus tres hijos sus últimas tres razas. Cam, además, simboliza la raza que descubrió la “desnudez” de la raza padre, esto es, que pecó.

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Tahmurath visitó las Montañas de Kaf en su montura alada. Allí encontró a los Peris, maltratados por los Gigantes, y mató a Argen y al gigante Demrusch. Luego puso en libertad a una Peri, Mergiana, a quien Demrusch había tenido prisionera, y la lleva a la “tierra seca”, esto es, al nuevo continente de Europa. Después de él vino Glamschid, que construyó Esikekar, o Persépolis. Este rey reina 700 años, y en su gran orgullo se cree inmortal, y exige honores divinos. El destino le castiga a vagar errante durante 100 años por el mundo bajo el nombre de Dhulkarnayan, el de “dos cuernos”. Los de los “dos cuernos” es el epíteto que se da en a los conquistadores que han dominado el mundo de Oriente a Occidente.   Luego vienen el usurpador Zohac, pero Feridan, uno de los héroes persas, vence a Zohac y lo encierra en las montañas de Damavend. A estos siguen muchos otros, hasta llegar a Kaikobâd, que fundó una nueva Dinastía. Tal es la historia legendaria de Persia. Pero, ¿qué son las Montañas de Kaf? Ya sean las montañas caucásicas o las del Asia Central, la leyenda coloca a los Devs y los Peris mucho más allá de estas montañas, al Norte, pues los Peris son los antecesores remotos de los Parsis o Farsis. La tradición oriental se refiere siempre a un mar sombrío, glacial, desconocido, y a una oscura región, en la cual, sin embargo, están situadas las “Islas Afortunadas”, en donde, desde el principio de la vida sobre la tierra, corre la  Fuente de Vida. La leyenda asegura, además, que una parte de la primera “isla  seca ”, o continente, se desprendió del cuerpo principal y ha permanecido desde entonces más allá de las Montañas de Koh-kaf, “el cinturón de piedra que rodea al mundo”. Un viaje de siete meses de duración llevará al que posea el “Anillo de Sulimán” a aquella Fuente de Vida, si viaja directamente hacia el Norte tan recto como vuela el pájaro. Por tanto, viajando desde Persia  en derechura hacia el Norte, se llegará al grado sesenta de longitud, refiriéndose al Oeste, hacia Nueva Zembla; y desde el Cáucaso a los hielos eternos más allá del Círculo Ártico, se llegará, entre los sesenta y cuarenta y cinco grados de longitud, o entre Nueva Zembla y Spitzbergen. Esto, por supuesto, si uno tiene el fantástico caballo dodecápedo de Huschenk o el Simorgh alado de Tahmurath, para poder cruzar por encima del Océano Ártico. Sin embargo, los trovadores vagabundos de Persia y del Cáucaso sostendrán que, mucho más allá de las nevadas crestas del Cáucaso, hay un gran continente oculto ahora para todos, al que llegan aquellos que pueden servirse de la progenie de doce patas del cocodrilo y del hipopótamo hembra, cuyas patas se convierten a voluntad en doce alas. O para aquellos que tengan la paciencia de esperar a que Simorh-Anke quiera cumplir la promesa que hizo de que antes de morir revelaría a  todos el continente oculto, y lo haría de nuevo visible y de fácil acceso por medio de un puente que los Devs del Océano construirán entre esta parte de la “tierra seca” y sus partes disgregadas. Esto se relaciona con la séptima raza, pues Simorgh representa el Ciclo Manvantárico.

 

Es muy curioso que Cosmas Indicopleustes, que vivió en el siglo VI después de Jesucristo, haya sostenido siempre que el hombre nació y habitó primeramente en un país “más allá del Océano”, de cuyo aserto le había dado prueba en la India un sabio caldeo. Cosmas Indicopleustes fue un marino griego de Alejandría que viajó a Etiopía, la India y Sri Lanka en la primera mitad del siglo VI. Posteriormente se hizo monje, quizá nestoriano, y hacia el año 550 escribió un extraño libro, titulado Topografía cristiana, que ilustró profusamente. La Topografía cristiana se ha conservado en dos copias manuscritas en griego, una en la Biblioteca Laurenciana de Florencia y otra en la Biblioteca Vaticana, en Roma. A partir del siglo XVIII se hicieron varias ediciones de la obra, acompañadas de traducciones al latín, al francés y al inglés. La obra está dividida en doce libros y es una descripción de la Tierra realizada partiendo de una interpretación literal de los textos bíblicos. Según Cosmas Indicopleustes, la Tierra es plana, ya que la idea de la redondez de la Tierra es desacreditada como pagana, y tiene forma rectangular, con la misma forma y proporciones que el Tabernáculo que se describe en el Antiguo Testamento. Cosmas Indicopleustes y Lactancio son los dos únicos autores cristianos de la Antigüedad y del medievo de los que se sabe con certeza que mantuvieron la idea de una Tierra plana. El libro de Cosmas prueba la existencia de tráfico comercial entre el Imperio bizantino y la India. También recoge valiosas informaciones acerca del reino de Aksum, como la Inscripción de Adulis (Monumentum Adulitanum), sobre el archipiélago de Zanzíbar y sobre Sri Lanka. Son interesantes también los datos que proporciona acerca de la difusión del cristianismo en la India. Otras cuatro obras de Cosmas de las que hay noticia de que se han perdido: serían una cosmografía, un tratado de astronomía y sendos comentarios sobre los Cánticos y los Salmos. Según explica Cosmas Indicopleustes: “Las tierras en que vivimos están rodeadas por el Océano, pero más allá de este Océano hay otro país que toca a las paredes del firmamento; y en esta tierra fue donde el hombre fue creado y vivió en el Paraíso. Durante el Diluvio, Noé fue llevado en su arca a la tierra en que ahora habita su posteridad“. Según Cosmas, el caballo de doce patas de Huschenk fue encontrado en el continente llamado la “isla seca”. La Topografía Cristiana, de Cosme Indicoplesta, repite una tradición universal, que ha sido corroborada por los hechos. Todos los viajeros árticos sospechan la existencia de un continente o “tierra seca” más allá de la línea de los hielos eternos.

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Es significativo el siguiente pasaje de uno de los Comentarios de Helena Blavatsky: “En los primeros comienzos de la vida (humana), la única tierra seca estaba en el extremo de la derecha de la Esfera, en donde está inmóvil el (Globo). Toda la tierra era un vasto desierto de agua, y el agua era tibia… Allí nació el hombre, en las siete zonas del lugar inmortal e indestructible, del Manvántara. Existía allí una primavera eterna en la obscuridad. Pero lo que es obscuridad para el hombre de hoy, era luz para el hombre en su aurora. Allí reposaban los Dioses y allí Fohat reina desde entonces. Por esto dicen los sabios Padres que el hombre nació en la cabeza de su Madre (la Tierra), y que sus pies (de la tierra) en el extremo de la izquierda engendraron los vientos perniciosos que soplan de la boca del Dragón inferior… Entre la Primera y la Segunda (razas) la (Tierra) Central Eterna fue dividida por el agua de la Vida. Ésta fluye alrededor de su cuerpo (el de la Madre Tierra) y lo anima. Uno de sus extremos surge de su cabeza; a sus pies (el Polo Sur) se vuelve impura. Se purifica (a su vuelta) en su corazón, que late bajo el pie de la sagrada Shamballah, que no había nacido entonces (en el principio). Pues en el cinturón de la morada del hombre (la Tierra) es donde se encuentra oculta la vida y la salud de todo el que vive y alienta. Durante la Primera y Segunda (razas) el cinturón estaba cubierto por las grandes aguas. Pero la gran Madre trabajaba bajo las olas, y una nueva tierra se unió a la primera, que nuestros sabios llaman la cofia (el gorro). Trabajó aún más para la Tercera (raza) y su cintura y ombligo aparecieron sobre el agua. Era el cinturón, el sagrado Himavat, que se extiende alrededor del Mundo. Rompióse hacia el Sol poniente, desde su cuello abajo (hacia el Sudoeste) en muchas tierras e islas, pero la Tierra Eterna (el gorro) no se rompió. Tierras secas cubrieron la faz de las aguas silenciosas en los cuatro lados del Mundo. Todas éstas perecieron (a su vez). Luego apareció la mansión de los malvados (la Atlántida). La Tierra Eterna estaba entonces oculta, pues las aguas se solidificaron (se helaron) bajo el aliento de sus narices y los malos vientos de  la boca del Dragón, etc.   Esto indica que el Asia Septentrional es tan antigua como la Segunda raza. Puede decirse hasta que el Asia es contemporánea del hombre, puesto que desde el principio mismo de la vida humana existía ya su Continente Fundamental, por decirlo así, y la parte del mundo conocida ahora por Asia sólo fue separada de él en tiempos posteriores, y dividida por las aguas glaciales“. Según ello, el primer Continente que vino a la existencia cubrió todo el Polo Norte como una corteza continua, y así sigue hasta hoy, más allá de aquel mar interior que parecía como un  espejismo inalcanzable a los pocos viajeros árticos que lo percibieron.

 

Durante la segunda raza surgieron más tierras del fondo de los mares. Principiando en ambos hemisferios, en la línea por encima del Norte del Spitzbergen, pudo haber incluido, por el lado de América, las zonas que ahora están ocupadas por la Bahía de Baffin y las islas y promontorios vecinos. Allí, hacia el Sur, en el grado setenta de latitud; se formó el continente en forma de herradura de que hablan los Comentarios. En un extremo incluía Groenlandia, con una prolongación que cruzaba el grado cincuenta un poco al Sudoeste, y en el otro extremo Kamschatka, estando unidos ambos extremos por lo que ahora es la franja Norte de las costas de la Siberia oriental y occidental. Este continente se rompió en pedazos y desapareció. En los primeros tiempos de la Tercera raza se formó la Lemuria. Cuando, a su vez, Lemuria fue destruida, apareció la Atlántida. El científico, naturalista y escritor sueco Olaus Rudbeck (1630-1702), trató de probar que Suecia era la Atlántida de Platón. Como probó Bailly, Rudbeck estaba en un error; pero también lo estaba Bailly, pues Suecia y Noruega habrían formado parte de la antigua Lemuria, y también de la gran Atlántida, por el lado de Europa, del mismo modo que Siberia oriental y occidental habían pertenecido a Lemuria y la gran Atlántida, por el lado de Asia. . En los primeros tiempos de la tercera raza se formó Lemuria. Cuando, a su vez, fue destruida, apareció la Atlántida. Seguro es que Europa fue precedida no sólo por la última isla de la Atlántida de que habla Platón, sino también por un gran continente, que primero se dividió, y finalmente se subdividió en siete penínsulas e islas llamadas Dvipas. Cubría las regiones del Atlánticas del Norte y del Sur, así como partes del Pacífico, del Norte y Sur, y tenía islas hasta en el Océano Índico (restos de Lemuria). Este aserto está corroborado por los  Purânas, colección enciclopédica de historia, genealogías, tradiciones, mitos, leyendas y religión de la India, por escritores griegos y por tradiciones persas, asiáticas y mahometanas. El Coronel Wilford, a pesar de que confunde las leyendas indas y musulmanas, lo muestra claramente. Sus hechos y citas de los  Purânas  presentan una evidencia concluyente de que los indos Arios y otras antiguas naciones fueron navegantes antes que los fenicios, a quienes se atribuye ahora el haber sido los primeros marinos que aparecieron en los tiempos postdiluvianos. Wilford presentó sus imaginarias teorías acerca de que las islas Británicas eran la “Isla Blanca”, el Atala de los  Purânas . Pero Atala es una de las siete Dvipas, o Islas, pertenecientes a una de las siete regiones de Pâtâla (las antípodas).

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Además, según indica Wilford, los  Purânas  la colocan “en la séptima zona o séptimo clima”, entre las latitudes 24º y 28º Norte. Por tanto, debe buscarse en el mismo grado que el Trópico de Cáncer, mientras que Inglaterra se halla entre las latitudes 50º y 60º. Wilford la llama Atala, la Atlántida,  o la Isla Blanca. Su enemigo es llamado el “Demonio Blanco”, pues dice: “En sus romances (indos y persas) vemos a Caiscaus que va a la montaña de Az-burj, a  cuyo pie se pone el sol, a luchar con el  Divsefid , o demonio blanco, el  Târa-daitya de los  Purânas, y cuya mansión estaba en el grado séptimo del mundo, correspondiendo a la séptima zona de los buddistas o, en otras palabras, a la Isla Blanca“. Ahora bien; en esto es donde los orientalistas han estado, y están, frente al enigma de la Esfinge. Pero no hay en los  Purânas , en cuyos detalles fundaba Wilford sus especulaciones, una sola declaración que no tenga varios significados y que no se aplique tanto al mundo físico como al metafísico. Si los antiguos hindúes dividían geográficamente la faz del Globo en siete Zonas, llamados Climas o Dvipas, y alegóricamente en siete Infiernos y siete Cielos, la medida de siete no se aplicaba en ambos casos a las mismas localidades. Ahora bien; el Polo Norte, el país del “Meru”, es lo que representa  la región de Âtmâ, del Alma y de la Espiritualidad puras. De aquí que Pushkara se presente como la  séptima  Zona, o Dvipa, que circundaba el Océano Kshira, la blanca región siempre helada. Y Pushkara, con sus dos Varshas, se encuentra directamente al pie del Meru. Pues se ha dicho que:  “Los dos países, Norte y Sur del Meru, tienen la  forma de arco,  y la mitad de la superficie de la tierra está al Sur del Meru y la otra mitad al Norte del mismo, más allá del cual está la mitad de Pushkara“. Geográficamente, pues, Pushkara es la América, Septentrional y Meridional; y alegóricamente es la prolongación de Jambu-dvipa, en medio de la cual se halla el Meru, pues es el país habitado por seres que viven diez mil años y que están libres de enfermedad y de decaimiento; donde no existen la virtud ni el vicio, ni castas ni leyes, porque estos hombres son “de la misma naturaleza que los Dioses”. Wilford tiende a ver el Meru en el Monte Atlas, y coloca también allí el Lokâloka. Ahora bien; el Meru, se nos dice que es el Svar-loka, la mansión de Brahmâ y de Vishnu, así como el Olimpo de las regiones exotéricas indias; y se describe, geográficamente, como “pasando por medio del globo terrestre, y rebasando por cada lado”. En su parte superior están los Dioses, y en la inferior, o Polo Sur, la mansión de los Demonios (Infiernos). ¿Cómo, pues, puede ser el Meru el Monte Atlas? Por otra parte, Târadaitya, un Demonio, no puede ser colocado en la séptima Zona, si esta última ha de ser identificada con la Isla Blanca, la cual es Shveta-dvipa. Wilford acusa a los brahmanes de “haber mezclado confusamente islas y países”. Cree que, como el  Brahmânda y el  Vâyu Purâna dividen el antiguo Continente en siete Dvipas, que se dice están rodeadas de un vasto océano, más allá del cual se encuentran las regiones y montañas de Atala. Por ello es muy probable que los griegos derivasen de ello sus nociones de la célebre Atlántida, ya que, no pudiendo ser encontrada después de haber sido una vez descubierta, supusieron que había sido destruida por alguna conmoción de la Naturaleza.

 

Es difícil creer que los sacerdotes egipcios, Platón y hasta el mismo Homero fundasen todas sus nociones de la Atlántida en Atala, región inferior situada en el Polo Sur.  Blavatsky cree en los siete continentes, cuatro de los cuales han vivido ya su tiempo, el quinto existe aún, y dos más aparecerán en el futuro. Cada uno de estos no es estrictamente un continente con arreglo al sentido moderno de la palabra, sino que cada nombre, desde Jambu hasta Pushkara, se refieren a los nombres geográficos dados. Se trata de  las tierras secas que cubren toda la superficie de la Tierra durante el período de una raza-raíz en general, o a lo que queda de  éstas después de un Pralaya de raza geológico, como, por ejemplo, Jambu, o tambiéna aquellas ubicaciones que entrarán, después de futuros cataclismos, en la formación de nuevos Continentes universales, Penínsulas o Dvipas. Siendo cada Continente, en cierto sentido, una región mayor o menor de tierra seca rodeada de agua. Hay una ley en el Universo que hace que los periodos de actividad o manifestación, llamados manvantaras, se alternen con periodos de inactividad o sustracción, llamados pralayas. Esta alternancia se aplica en los diferentes grados del Universo, tanto en el macrocosmos, como en el microcosmos. Durante los manvantaras los seres van a manifestarse a través de formas, ya sea pertenecientes a los reinos de la naturaleza (a nivel planetario), a los reinos cósmicos (a niveles superiores), o a los reinos microcósmicos. Y todas esas entidades van a tener un periodo de actividad para desarrollarse. En sanskrito, pralaya significa disolverse. Durante los pralayas el mundo manifestado se deshace y es reabsorbido con todos sus seres por el mundo divino. Se destruyen los vehículos corpóreos de las cosas, permaneciendo intactas las esencias vitales internas. Todo lo diferenciado desaparece del mundo fenoménico y es transferido a la esencia noumenal. Lo visible se vuelve invisible. El noúmeno (del griego “noúmenon“: “lo pensado” o “lo que se pretende decir“), en la filosofía de Immanuel Kant es un término que se introduce para referir a un objeto no fenoménico, es decir, que no pertenece a una intuición sensible, sino a una intuición intelectual o suprasensible. Al terminar el manvantara y comenzar el pralaya, la manifestación de la entidad (un humano, un planeta, un sistema solar, el Universo) es desintegrada, para al siguiente manvantara volverla a reconstruir en un nivel más avanzado de evolución. Mientras que en un pralaya las formas desaparecen para posteriormente reaparecer en un desarrollo más avanzado, un adormecimiento es un estado suspendido de inercia para, posteriormente, reanudar las actividades donde se habían quedado. Se puede decir que un adormecimiento es un pralaya parcial.

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Dos de las Islas Puránicas, los Continentes Sexto y Séptimo, están aún por aparecer. Sin embargo,  hay tierras que entrarán en la composición de las futuras regiones secas, de nuevas tierras cuyas superficies geográficas serán totalmente distintas de las actuales, tal como sucedió en el pasado. Por tanto, encontramos en los  Purânas  que Shâka-dvipa será un Continente, y que Shanka-dvipa, según el  Vâyu Purâna, será sólo “una isla menor”, una de las nueve divisiones de Bhâratavarsha. Bhârata, un país del Rigveda, era el mítico Bhâratavarsha de la cosmogonía de los Puranas Shanka-dvipa fue poblada por extranjeros impuros, que adoraban divinidades indas y, por tanto, estaban relacionados con la India. Esto es lo que explica Shankhâsura, Rey de una parte de Shanka-dvipa, que fue muerto por Krishna. Según Wilford,  Shankhâsur era un rey que residía en un palacio “que era una concha marina, y cuyos súbditos vivían también en conchas”. En las orillas del Nilâ había luchas frecuentes entre los Devatâs, Seres Divinos, Semidioses, y los Daityas, Gigantes. Pero siendo esta última tribu la que prevaleció, su rey y Jefe Shankhâsura, que residía en el Océano, hizo frecuentes incursiones de noche. Pero no es en las orillas del Nilo, como supone Wilford, sino en las costas del África Occidental, al Sur de donde está ahora Marruecos, donde tuvieron lugar estas batallas. Hubo un tiempo en que todo el Desierto de Sahara era un mar, después un continente tan fértil como el Delta, y luego, después de otra sumersión temporal, se convirtió en un  desierto, parecido al Desierto de Gobi. Esto se indica en la tradición Puránica: “(La) gente estaba entre dos fuegos; pues, mientras Shankhâsura saqueaba un lado del continente, Racacha (o Krauncha), rey de Crauncha-dwip (Krauncha-dvipa), desolaba el otro; ambos ejércitos convirtieron así la más fértil de las regiones en un árido desierto“. Solo se explica por el lanzamiento de algún tipo de armas nucleares esta drástica conversión en desiertos. Europa fue precedida no sólo por la última isla de la Atlántida de que habla Platón, sino también por un gran continente, que primero se dividió, y posterirmente se subdividió en siete islas llamadas Dvipas. Cubría todas las regiones Atlánticas del Norte y del Sur, así como partes del Pacífico, del Norte y Sur, y tenía islas hasta en el Océano Índico, que eran restos de  Lemuria. Esto está corroborado por los  Purânas, por escritores griegos y por tradiciones persas, asiáticas y mahometanas. Los Purânas  presentan una evidencia concluyente de que los indos Arios y otras antiguas naciones fueron navegantes antes que los fenicios, a quienes se atribuye actualmente haber sido los primeros marinos que aparecieron en los tiempos postdiluvianos. He aquí lo que leemos en Asiatic Researches: “En su desesperación, los pocos indígenas que quedaron (en la guerra entre los Devatâs y Daityas) elevaron sus manos y su corazón a Bhagavân, y exclamaron: Que el que nos liberte sea nuestro rey; y usaron la palabra ÎT, un término mágico, que tuvo eco en todo el país. Entonces estalla una violenta tempestad; las aguas del Kâli se agitan de un modo extraño, y aparece sobre las olas un hombre, llamado después ÎT, a la cabeza de un ejército numeroso, diciendo abhayan, o no hay temor; y derrotando al enemigo“. “El Rey ÎT  –explica Wilford– es una encarnación subordinada a Mrira, quien restableció la paz y prosperidad en todo el Shamka-dvipa, por medio de Barbaradêsa, Misrast’hân y Arva -st’hân, o Arabia”.

 

Los  Purânas  indos dan una descripción de guerras en continentes e islas situados más allá del África Occidental, en lo que sería el Océano Atlántico. Sus escritores hablan de gentes, como los Árabes, que nunca se ha sabido que hayan navegado ni cruzado las aguas del Océano Atlántico, en los días de la  navegación fenicia. En este caso se supone que los Purânas  tienen que ser más antiguos que los fenicios, a los cuales se les asigna el periodo de 2.000 a 3.000 a.C. En todo caso, sus tradiciones tienen que ser más antiguas, pues un estudioso de los Purânas escribe: “Los indos hablan de esta isla como existiendo, y con gran poderío; por tanto, tiene que haber sido hace más de once mil años“. Puede aducirse otra prueba de la gran antigüedad de estos indos arios que describieron la última isla superviviente de la Atlántida, o más bien de aquel resto de la parte oriental del Continente que se hundió poco después del levantamiento de las dos Américas,  los dos Varshas de Pushkara. Y se supone que describieron lo que conocían, porque habían morado una vez en él. Esto puede demostrarse, además, con un cálculo astronómico de un orientalista, que había manifestado con respecto del Monte Ashburj, a cuyo pie se pone el sol, que era donde ocurrió la guerra entre los Devatâs y los Daityas. A este respecto dice: “Consideraremos, pues, la latitud y longitud de la perdida isla y del Monte Ashburj que ha quedado. Fue en el séptimo grado el mundo, esto es, en el séptimo clima, el cual está entre la latitud de 24 a 28 grados Norte. Esta isla, hija del Océano, se ha descrito muchas veces como estando al Oeste; y al sol se le presenta como poniéndose al pie de su montaña (Ashburj, Atlas, Tenerife o Nilâ), y luchando con el Demonio Blanco de la Isla Blanca”.  Ahora bien; si consideramos esta declaración desde su aspecto astronómico, teniendo en cuenta que Krishna es el Sol encarnado (Vishnu), un Dios solar. Y como se dice que mató el Div-sefid, el Demonio Blanco, una posible personificación de los antiguos habitantes del pie del Atlas, aunque puede que sólo sea una representación de los rayos verticales del Sol. Por otra parte, estos habitantes, los Atlantes, son acusados por Diodoro de maldecir diariamente al Sol y de luchar siempre contra su influencia. Esto es, sin embargo, una interpretación astronómica. Shankhâsura y Shanka-dvipa, y toda su historia, es también geográfica y etnológicamente la Atlántida de Platón bajo el prisma  indo. Se ha observado que, puesto que en los relatos Puránicos la isla  existe todavía , estos relatos tienen que tener más de los 11.000 años que han transcurrido desde que desapareció Shanka-dvipa, o la Poseidonis de la Atlántida. Pero puede ser que los indos conocieran esta isla aún antes. El antes mencionado orientalista dice que: “En el tiempo en que el “coluro” tropical del verano pasaba por las Pléyades, cuando Cor Leonis se hallaba sobre el ecuador, y cuando Leo estaba vertical a Ceilán al ponerse el sol, entonces Tauro estaría vertical a la isla de la Atlántida al mediodía“.  En astronomía se llama coluro a cada uno de los dos meridianos principales de la esfera celeste, uno de los cuales pasa a través de los polos celestes y los puntos del equinoccio (coluro equinoccial), y el otro pasa a través de los polos celestes y los puntos del solsticio (coluro solsticial).

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Esto quizás explique por qué los cingaleses, grupo étnico mayoritario de Sri Lanka, herederos de los Râkshasas y los Gigantes de Sri Lanka y descendientes directos de Sinha, o Leo, estuvieron relacionados con Shaka-dvipa o Poseidonis, la Atlántida de Platón. Sólo que, como indica  la Sphinxiad, de Mackey, o La Astronomía Mitológica de los Antiguos, esto tiene que haber ocurrido hace unos 23.000 años, en cuyo tiempo la oblicuidad de la eclíptica tuvo que haber sido de más de 27 grados, y por consiguiente, Tauro debe de haber pasado sobre la Atlántida o Shanka-dvipa. La eclíptica es la línea curva por donde «transcurre» el Sol alrededor de la Tierra , en su «movimiento aparente» visto desde la Tierra. Está formada por la intersección del plano de la órbita terrestre con la esfera celeste. Es la línea recorrida por el Sol a lo largo de un año respecto del «fondo inmóvil» de las estrellas. Su nombre proviene del latín ecliptĭca (linĕa), y este del griego ekleiptiké, relativo a los eclipses. Los antiguos llamaron eclíptica a la línea del cielo en la que se producían los eclipses, que coincide con la línea del aparente recorrido anual del Sol a través de las constelaciones del zodíaco. La cosmología de la Antigüedad describía el movimiento del Sol animado de dos movimientos, uno diario de Este a Oeste y otro retrógado, de 1 grado diario hacia el Este, cuya proyección sobre la esfera celeste denominaron eclíptica. El plano de la eclíptica está inclinado respecto del plano del ecuador. La oblicuidad de la eclíptica fue medida por el astrónomo griego Eratóstenes en el siglo III a. C., dándole un valor de 23° 51’ 19″, aunque algunos historiadores sugieren que el cálculo de éste fue de 24°, debiéndose el dato a posteriores observaciones de Claudio Ptolomeo.  Plano de la eclíptica se denomina al plano medio de la órbita de la Tierra alrededor del Sol. Contiene a la órbita de la Tierra alrededor del Sol y, en consecuencia, también al recorrido anual aparente del Sol observado desde la Tierra. Este plano se encuentra actualmente inclinado unos 23° 27′ con respecto al plano del ecuador terrestre. La eclíptica se interseca con el ecuador celeste en dos puntos opuestos denominados equinoccios. Cuando el sol aparece por los equinoccios, la duración del día y de la noche es aproximadamente la misma en toda la Tierra (12 horas). El punto de la eclíptica más al norte respecto del ecuador celeste se denomina solsticio de verano en el hemisferio norte y solsticio de invierno en el hemisferio sur; y el punto más al sur recibe las denominaciones opuestas. Es precisamente la falta de perpendicularidad entre el eje de rotación propio de la Tierra y el plano de la eclíptica la responsable de las estaciones.

 

Según los Comentarios de Blavatsky, el filósofo neoplatónico griego Proclo dijo lo siguiente: “El toro sagrado Nandi fue traído de Bhârata a Shankha para encontrarse con Rishabha (Tauro) en cada Kalpa. Pero cuando los de la Isla Blanca (descendientes originalmente de Shveta-dvipa), que se habían mezclado con los Daityas (Gigantes) de la tierra de iniquidad, se hubieron vuelto negros por el pecado, entonces Nandi permaneció por siempre en la Isla Blanca (o Shveta-dvipa). Los del Cuarto Mundo (raza) perdieron Asburj, o Azburj, ya sea o no el pico de Tenerife,  que era un volcán cuando principió la sumersión de la Atala Occidental, o Infierno, y los que se salvaron refirieron lo sucedido a sus hijos. La Atlántida de Platón pereció entre el agua por debajo y el fuego por encima, pues la gran montaña no cesó de vomitar llamas. El Monstruo vomitador de fuego fue el único que sobrevivió de entre las ruinas de la desgraciada isla”.  “La famosa Atlántida  ya no existe, pero casi ni se puede dudar de que existiera”. El historiador griego Marcelo, que escribió una historia sobre los asuntos etíopes, dice que “tal gran isla existió una vez, y esto lo prueban los que escribieron historias acerca del mar externo. Pues ellos cuentan que en este tiempo había siete islas en el Mar Atlántico, consagradas a Proserpina, diosa hija de Ceres y Júpiter. Y, además de éstas, tres islas de inmensa magnitud consagradas a Plutón, Júpiter y Neptuno. Por otro lado, los habitantes de la última isla de Poseidonis conservaban la memoria de las prodigiosas dimensiones de la primitiva Atlántida, según lo habían referido sus antepasados, así como que la Atlántida dominó durante mucho tiempo todas las islas del océano Atlántico. Desde esta  isla puede pasase a otras grandes islas más allá, las cuales no están lejos de la tierra firme, cerca de la cual está el verdadero mar”.  Estos siete Dvipas, traducidos erróneamente por islas, constituyen, según Marcelo, el núcleo de la famosa gran Atlántida. La Atlántida fue destruida después de una violenta tormenta. Según los Purânas,  a consecuencia de esta espantosa convulsión de la naturaleza, desaparecieron seis de los Dvipas. Hermón, el monte de la tierra de Mizpeth, que significa “anatema” o “destrucción”, es lo mismo que Monte Armón. El monte Hermón es una montaña que se encuentra situada en la Cordillera del Antilíbano. Esta cumbre hace actualmente de frontera entre Israel, Líbano y Siria. La montaña se yergue hasta los 2.814 sobre el nivel del mar. La ladera noroeste de la montaña pertenece al Líbano, la oriental a Siria y las laderas sudoeste y meridional, unos 100 kilómetros cuadrados, se encuentran bajo control de Israel como resultado de su victoria durante la Guerra de los Seis Días en 1967. Este sector de la montaña, así como las Alturas del Golán, todo ello fue originalmente territorio sirio, pero fue anexionado al Distrito Norte por Israel en 1981. En Israel es llamado “Los ojos de la Nación” debido a su altitud, siendo el principal Sistema Estratégico de Alerta Temprana israelí y el pico más alto de Israel. El Monte Hermón es famoso por su impresionante belleza, que ha sido fuente de inspiración de la mayoría de los poetas árabes y hebreos. En sus laderas se encuentran restos de antiguos templos, uno de ellos probablemente dedicado a la deidad semítica Baal, dios fenicio y asirio, y varios que contienen inscripciones en griego.

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Según el historiador judío Flavio Josefo, en su tiempo se descubrían diariamente en el Monte Hermón enormes huesos de gigantes. Pero era la tierra de Balaam, el profeta a quien el “Señor amaba”. Balaam, nombre de un personaje bíblico, profeta de la región de Mesopotamia. La Biblia lo referencia como hijo de Beor, en Petor. La Historia de Balaam aparece en el libro de los Números. Luego que el pueblo israelitas sale de Egipto, Balaam fue consultado por el rey de Moab, Balac, pues estaba temeroso de que su suerte fuera la misma que los otros reyes, Og, rey de Basán, y Sehón, rey de los amorreos, quienes murieron en manos de los de Israel. De acuerdo al relato Bíblico, Balaam consulta a Jehová para ver si puede maldecir a Israel por pedido de Balac; pero Dios le indica que los bendiga y hace que un ángel se le aparezca a Balaam y le impida ir al encuentro del rey. Balaam insiste en ir ya que el ofrecimiento de Balac le desata su codicia. Luego Dios le dice en sueños que si lo desea vaya, pero que diga las palabras que Él le diga. Sus palabras son favorables a los israelitas en tres ocasiones y provocan la ira de Balac. En una de sus profecías simboliza el advenimiento de un Mesías como una estrella que saldrá de los lomos de Jacob. Sin embargo, serán los hebreos quienes maten a Balaam por aconsejar a los moabitas que los conviertan a sus dioses falsos. En el arte paleocristiano, una de las interpretaciones del fresco de las Catacumbas de Priscila, donde aparece la Virgen con el Niño en su regazo y una figura humana bien vestida que apunta a una estrella, es que se trate del profeta Balaam tomando en cuenta el texto que habla de la estrella que saldrá de la estirpe de Jacob. Este personaje bíblico ha adquirido cierta fama dado que por obra divina, a él le habló su burra, cuando la castigó injustamente tres veces. Y tan mezclados están los hechos y personajes, que cuando el  Zohar explica que “las aves” que inspiraron a Balaam significan “Serpientes”, esto es, los Hombres Sabios y adeptos en cuya Escuela había aprendido los misterios de la profecía, aprovechan de nuevo la ocasión para mostrar al Monte Hermón, habitado por los “dragones alados del Mal, cuyo jefe es Samael”, el Satán judío. Según dice Herbert Spencer:  “A estos espíritus impuros encadenados en el Monte Hermón del Desierto fue enviado el chivo de Israel, el cual tomó el nombre de uno de ellos“.  Pero el Zohar tiene la explicación siguiente acerca de la práctica de la magia, que es llamada en hebreo Nehhaschim o las “Obras de las Serpientes”:  “Es llamada Nehhaschim, porque los magos, o kabalistas prácticos, trabajan rodeados por la luz de la Serpiente Primordial , que perciben en el cielo como una zona luminosa compuesta de miríadas de pequeñas estrellas“. Esto significa la Luz Astral, llamada  así por el mago y ocultista francés Eliphas Lévi, por los Martinistas, orden creada en 1890 por Papus y Augustin Chaboseau, y por los Ocultistas modernos.

 

La Doctrina Secreta explica que los  Brâhmanas y Purânas, el  Vendîdâd, que es un capítulo del Zend Avesta,  y otras escrituras mazdeístas, así como las escrituras egipcias, griegas, romanas y los anales sagrados judíos, todas tienen el mismo origen. Todas son alegorías que encierran, bajo un velo, las grandes verdades reunidas en el mismo campo de la tradición prehistórica. La falta de espacio nos impide entrar, en estos volúmenes, en más minuciosos detalles acerca de las cuatro Razas que han precedido a la nuestra. Se ha mostrado con el testimonio del mundo antiguo, que las enseñanzas esotéricas demuestran que los Gigantes “legendarios”, los Continentes perdidos, así como la evolución de las razas precedentes, son hechos verídicos. Uno de los dogmas teológicos habla de la maldición que sufrió la Humanidad a partir de la supuesta desobediencia de Adán y Eva en el jardín del Edén. Pero todo parece indicar que los poderes creadores del hombre fueron un don divino y no consecuencia del pecado. Esto se ve claramente en la aparente conducta contradictoria de Jehovah, que maldice primero a Adán y Eva, representantes de la Humanidad, por el supuesto pecado cometido, y luego  bendice a su “pueblo escogido” diciendo: “Creced  multiplicaos, y llenad la tierra”. La Maldición no fue atraída sobre la Humanidad por la cuarta raza, pues la tercera raza, los antediluvianos aun más gigantescos, habían perecido del mismo modo. Por tanto, se supone que el Diluvio no fue un castigo, sino simplemente resultado de una serie  de catástrofes naturales que se producían periódicamente. El tercer capítulo del  Génesis se refiere al Adán y Eva de la tercera raza que terminaba, y de la cuarta raza que empezaba. Los Agnishvâtta son los salvadores de la Humanidad, estando personificados en Prometeo por los griegos Prometeo es aquel que, cuando Zeus “deseó ardientemente” extinguir toda la raza humana, se atrevió a salvar a la “raza mortal” de la perdición. Pero el “fuego” recibido de Prometeo se ha convertido en la mayor de las maldiciones. Esto es lo que amenaza a la Humanidad como pesado manto. Así surge la responsabilidad del libre albedrío y de las pasiones titánicas que representan a la Humanidad en su aspecto más oscuro. Prometeo era hijo de Jápeto y la oceánide Asia o de la también oceánide Clímene. Era hermano de Atlas, Epimeteo y Menecio, a los que superaba en astucia y engaños. No tenía miedo alguno a los dioses, y ridiculizó a Zeus y a su poca perspicacia. Sin embargo, Esquilo afirmaba en su Prometeo encadenado que era hijo de Gea o Temis. Según una versión minoritaria, el gigante Eurimedonte violó a Hera cuando ésta era una niña y engendró a Prometeo, lo que causó la furia de Zeus.

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Prometeo fue un gran benefactor de la humanidad. Urdió engañar a Zeus al realizar el sacrificio de un gran buey que dividió a continuación en dos partes. En una de ellas puso la piel, la carne y las vísceras, que ocultó en el vientre del buey y en la otra puso los huesos, pero los cubrió de apetitosa grasa. Dejó entonces elegir a Zeus la parte que comerían los dioses. Zeus eligió la capa de grasa y se llenó de cólera cuando vio que en realidad había escogido los huesos. Desde entonces los hombres queman en los sacrificios los huesos para ofrecerlos a los dioses, pero la carne se la comen. Indignado por este engaño, Zeus privó a los hombres del fuego. Prometeo decidió robarlo, así que subió al monte Olimpo y lo cogió del carro de Helios o de la forja de Hefesto, y lo consiguió devolver a los hombres en el tallo de una cañaheja, que arde lentamente y resulta muy apropiado para este fin. De esta forma la Humanidad pudo calentarse. En otras versiones Prometeo robaba las artes de Hefesto y Atenea, se llevaba también el fuego porque sin él no servían para nada, y proporcionaba de esta forma al hombre los medios con los que ganarse la vida. Para vengarse por esta segunda ofensa, Zeus ordenó a Hefesto que hiciese una mujer de arcilla llamada Pandora. Zeus le infundió vida y la envió por medio de Hermes al hermano de Prometeo: Epimeteo, en cuya casa se encontraba la jarra que contenía todas las desgracias, tales como plagas, dolor, pobreza, crimen, etc., con las que Zeus quería castigar a la humanidad. Epimeteo se casó con ella, para aplacar la ira de Zeus por haberla rechazado una primera vez a causa de las advertencias de su hermano, a fin de que no aceptase ningún regalo de los dioses ya que el castigo sería ser encadenado. Pandora terminaría abriendo el ánfora, tal y como Zeus había previsto. Tras vengarse así de la Humanidad, Zeus se vengó también de Prometeo e hizo que lo llevaran al Cáucaso, donde fue encadenado por Hefesto, con la ayuda de Bía y Cratos. Zeus envió un águila, hija de los monstruos Tifón y Equidna, para que se comiera el hígado de Prometeo. Siendo éste inmortal, su hígado volvía a crecerle cada noche, y el águila volvía a comérselo cada día. Este castigo había de durar para siempre, pero Heracles pasó por el lugar de cautiverio de Prometeo, de camino al jardín de las Hespérides, y lo liberó disparando una flecha al águila. Esta vez no le importó a Zeus que Prometeo evitase de nuevo su castigo, al proporcionar la liberación más gloria a Heracles, quien era hijo de Zeus. Prometeo fue así liberado, aunque debía llevar con él un anillo unido a un trozo de la roca a la que fue encadenado. Agradecido, Prometeo reveló a Heracles el modo de obtener las manzanas de las Hespérides.

 

Sin embargo, en otra versión, Prometeo fue liberado por Hefesto tras revelar a Zeus que, si tenía un hijo con la nereida Tetis, este hijo llegaría a ser más poderoso que su padre. Por ello Zeus evitó tener a Tetis como consorte, y el hijo que tuvo ésta con Peleo fue Aquiles quien, tal y como decía la profecía, llegó a ser más poderoso que su padre. La Biblioteca mitológica recoge una versión según la cual Prometeo fue el creador de los hombres, modelándolos con barro. Esto coincide con las tablillas sumerias que identifican al dios Enki como un equivalente de Prometeo.  Prometeo se ofreció ante Zeus para cambiar su mortalidad por la inmortalidad de Quirón, cuando éste fue herido accidentalmente por Heracles, lo que le produjo una herida incurable. Los cristianos, especialmente los católicos, han tratado de relacionar proféticamente este drama con el advenimiento de Cristo.  Es interesante leer el “Prometeo Encadenado”, atribuido a Esquilo, representado en los teatros de Atenas hace más de 2.400 años. Pero el mito no pertenece realmente a Hesiodo ni a Esquilo; sino que “es más antiguo que los mismos helenos”.  El asunto de la trilogía de Esquilo, de la cual se han perdido dos piezas, explica que el semidiós roba a los dioses (los Elohim) su secreto, que es el misterio del Fuego Creador, posiblemente la capacidad de procrear. Por este atentado sacrílego, Cronos lo derriba y le entrega a Zeus, el Padre y Creador de una humanidad que él hubiera deseado intelectualmente ciega y semejante al animal. Por tanto, Prometeo, el “Dador del Fuego y de la Luz”, es encadenado en el Monte Cáucaso y condenado a la tortura. Pero el destino, o Karma, librará a Prometeo, y la Humanidad que sufre, de su propio don fatal. Su nombre es “Aquel que tiene que venir”. Dionisio-Sabasius era hijo de Zeus y de Deméter. En los Misterios Sabasios se explica queel “Padre de los Dioses”, tomando la forma de una Serpiente, engendró con Deméter a Dionisio, o el Baco Solar. El mito  de Prometeo es verdaderamente una profecía; pero no se refiere a ninguno de los Salvadores cíclicos que han aparecido periódicamente durante la evolución. Se refiere al último de los misterios de las transformaciones cíclicas, en cuya serie la humanidad, habiendo pasado del estado etéreo al físico sólido, desde la procreación espiritual a la fisiológica, marcha ahora hacia esa segunda fase de su estado primitivo en que la  mujer no conocía hombre y la progenie humana  era creada, no engendrada.  Cronos es el “Tiempo”, en su curso cíclico. Devora a sus hijos, incluso a los dioses de los dogmas exotéricos.

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La Serpiente de la Sabiduría, representada en los Misterios Sabasios por el Logos (la Palabra en cuanto meditada, reflexionada o razonada) antropomórfico, creará con el Tiempo (Cronos) una progenie: Dionisio-Baco, el “poderoso”, la raza que le derribará. Prometeo muestra su origen y lugar de su nacimiento en su profecía. Se trata de Isis, que es Eva, la Gran Madre. Tiene que viajar en dirección al Este, después de pasar el Bósforo y cruzar el Volga y Astrakhan,  en el mar Caspio. y luego al Este de la Escitia de Herodoto.  Allí se ordenó que fundase una colonia para ella y sus hijos.  Posteriormente se le dice que tiene que viajar hacia Oriente hasta llegar al río Ethiops, que tendrá que seguir hasta desembocar en el Nilo.  Pero posiblemente se refiriese realmente al río Indo. El historiador griego Arrian de Nicomedia refiere que Alejandro el Grande, al estarse preparando para navegar por el Indo, creyó que había descubierto las fuentes del Nilo. Era como si el Nilo, saliendo de algún lugar de la India, y corriendo a través de tierra desierta, perdiese por esto su nombre de Indo, y fluyese luego por tierras inhabitadas, y fuese entonces llamado Nilo por los etíopes de aquellos lugares, y después por los egipcios. Virgilio, en su Geórgica IV, se hace eco de este posible antiguo error. Tanto Alejandro como Virgilio pueden haberse equivocado considerablemente en sus nociones geográficas; pero con la profecía de Prometeo no ha sucedido lo mismo. En todo caso en su significación esotérica. Cuando se simboliza cierta raza, y se dan los sucesos de su historia de manera  alegórica, no hay que esperar total exactitud en sus relatos geográficos. Sin embargo, sucede efectivamente que el río Ethiops es el Indo, y es también el Nilo o Nilâ. Es el río que nace en una montaña, la  Celeste Kailâsa, la Mansión de los Dioses, a 22.000 pies sobre el nivel del mar. Kailâsa , Kailasha  o  Kailash, es el segundo de los paraísos hindúes en orden progresivo; que se encuentra por encima de la Swarga o cielo, y es la morada de Shiva , la tercera persona de trimurti indio. Se identifica con el Monte Kailash Parbat o Ghang Rimpoche tibetanos, de 6715 metros, la montaña más alta en el Tíbet, situada en la cadena de los Himalayas. Allí es donde los hindúes asumen que Shiva y el dios de la riqueza, Kouvéra, fijan su estancia, y dónde cada uno vive en una ciudad con sus respectivos palacios. La ciudad de Kouvéra se llama Alaka, mientras que la de Shiva se llama Shivapoura.  Para poder ser admitido en el paraíso, uno debe de haber pasado toda su vida en el ejercicio de la penitencia más dura, o haber sufrido la muerte defendiendo alguna causa justa. Sin embargo, parece destinado únicamente para las personas que adoran a Shiva y su lingam, representación simbólica del dios Shivá. La mitología hindú representa Kailâsa como una montaña de oro.  El río Ethiops fue llamado así por los griegos mucho tiempo antes del tiempo de Alejando, porque sus orillas, desde Attock hasta Sind, estaban pobladas por tribus a quienes generalmente se llamaba etíopes orientales. La India y Egipto eran dos naciones hermanas, y los etíopes orientales, los famosos constructores, vinieron de la India, como Blavatsky prueba en su obra Isis sin Velo.

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Alejandro y el poeta romano Virgilio han podido usar el nombre Nilo o Neilos al hablar del  Indo, puesto que es uno de sus nombres. Hasta recientemente, el Indo era llamado Nil, “azul”, y Nilâ, el “río azul”en las regiones alrededor de Kalabagh, ciudad situada en el Distrito de Mianwali en la provincia de Panyab, en Pakistán. Está situado en la rivera occidental del Río Indo. Las aguas son allí de tal color azul oscuro, que este nombre le fue dado desde tiempo inmemorial; y una pequeña ciudad está situada en sus orillas. Aún existe hoy y lleva el mismo nombre. Kalabagh se convirtió en un pequeño estado gobernado por Nawab después del derrumbamiento del Imperio mongol. Sikh conquistó el estado de Kalabagh, pero los Británicos restauraron más adelante el estado de Kalabagh, después de que derrotaran a Sikhs. El Nawab de Kalabagh gobernó el estado de Kalabagh hasta las crisis de Baghochi Mahaz. Es evidente que Arrian de Nicomedia, que escribió mucho tiempo después del tiempo de Alejandro, ignoraba el antiguo nombre del Indo. En la mitología griega, Ío (la “doncella con cuernos de vaca”) es una doncella de Argos, hija de Ínaco, sacerdotisa de Hera que fue amada por Zeus. Otras versiones la hacen hija de Yaso, rey de la ciudad o de Pirén. El dios Zeus se le presentaba en sueños incitándola a que le entregara su cuerpo en el lago de Lerna. Cuando la joven le contó esto a su padre, Ínaco fue a consultar al oráculo, que le aconsejó que la expulsara de su casa o Zeus aniquilaría con su rayo a toda su estirpe. Ínaco obedeció y fingió no saber nada de su hija, pero al poco tiempo se arrepintió y envió a Cirno para que la buscase. Éste llegó hasta Caria, y al no encontrarla se instaló allí por miedo a regresar sin cumplir su misión. Lo mismo ocurrió con Lirco, enviado también por Ínaco y que terminó habitando en Caria y casándose con la hija del rey Cauno. Mientras tanto, Ío se había entregado a Zeus, pero fueron sorprendidos por Hera, que vigilaba a su marido carcomida por los celos. El dios, para salvar a la joven, la convirtió en una ternera blanca. Hera exigió a su esposo que se la entregase y ordenó al gigante de cien ojos Argos Panoptes que la vigilara. Pero Zeus encargó a Hermes que rescatase a su amada. Lo guió transformado en pájaro hasta el árbol donde Argos la tenía atada y Hermes durmió al guardián con su flauta, matándolo con una piedra afilada cuando se cerraron todos sus ojos. En recompensa por sus servicios, Hera puso los ojos de su servidor en la cola del pavo real, su pájaro favorito, y clamó venganza. Ató a los cuernos de la ternera un tábano que la picaba sin cesar y que la obligó a huir corriendo por el mundo sin rumbo fijo. Así, atormentada, atravesó el mar Jónico, que recibió de ella su nombre, recorrió Iliria, Tracia y el Cáucaso, donde encontró a Prometeo encadenado y prosiguió por África, topándose con las Grayas, deidades preolímpicas, ancianas y con cabellos grises, y las gorgonas, despiadados monstruos femeninos a la vez que deidades protectoras procedentes de los conceptos religiosos más antiguos.

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El final del viaje fue Egipto, donde encontró descanso y fue devuelta a la condición de mujer por las caricias de Zeus. De ambos nació Épafo, a orillas del Nilo. Entonces Hera ordenó a los curetes que le trajeran al recién nacido. Habiéndolo conseguido, fueron castigados por Zeus, que los aniquiló por cumplir las crueles órdenes de su esposa. Entonces comenzó la segunda peregrinación de Ío, esta vez en busca de su hijo. Lo encontró por fin en Siria, donde lo amamantaba Astarté o Saosis, la esposa del rey Malcandro de Biblos. Ya con su hijo en brazos, regresó a Egipto, donde se casó con Telégono, que gobernaba entonces esa región. Por esto Épafo llegó a heredar la corona del país del Nilo, siendo, según el mito, el fundador de la ciudad de Menfis y el ancestro común de los libios, los etíopes, y de gran parte de los reinos griegos. También Ío era la ascendiente de la estirpe de los bizantinos, a través de Ceróesa, la hija que tuvo de Zeus en el lugar donde posteriormente se levantaría esta ciudad. Ío construyó una estatua de la diosa Deméter, que en Egipto era llamada Isis. Con el tiempo ella misma recibió ese nombre, y terminó siendo deificada por su amante Zeus. Se le atribuía un gran conocimiento de las hierbas medicinales, incluida la de la inmortalidad. Según relata Heródoto en su obra Historias, los persas sostenían la tradición de que Ío había sido raptada al subir a un barco mercante fenicio cuando, junto a otras mujeres, compraba mercancías. Los griegos, para vengar el rapto de Ío, raptaron a su vez a la princesa Europa, hija del rey de Tiro, y después a Medea, hija del rey de la Cólquide. El último rapto fue el de Helena de Esparta, detonante de la guerra de Troya. Estos raptos míticos eran considerados causa de la enemistad entre griegos y persas. La raza de Io, la “doncella con cuernos de vaca”, es, pues, sencillamente la raza avanzada primitiva de los etíopes, traída por ella del Indo al Nilo, el cual recibió su nombre en memoria del río madre de los colonos de la India. Por tanto, Prometeo dice a Io que el Neilos sagrado, el dios, no el río, la guiará “a la tierra  de tres ángulos”, a saber, el Delta del Nilo, en donde se ordenó previamente a sus hijos que fundasen “aquella remota colonia”. Allí es donde se inicia una nueva raza, los egipcios, y una “raza femenina”, que es la “quinta en descendencia” del oscuro Épafo. Argos es Arghyavarsha, la Tierra de las Libaciones y de los antiguos Hierofantes, de donde saldrá el Libertador de la Humanidad, nombre que se convirtió después en el de su vecina, la India, la Aryâvarta de antaño. Varios escritores antiguos, entre ellos Cicerón y Clemente de Alejandría, han dicho que este tema formaba parte de los Misterios Sabasianos. Estos últimos escritores son los únicos que atribuyen a su verdadera causa el hecho de haber sido Esquilo acusado por los atenienses de sacrilegio y condenado a morir apedreado. Dicen ellos que Esquilo, no estando iniciado, había profanado los Misterios exponiéndolos en sus Trilogías en un escenario público.

 

Pero hubiera incurrido en la misma pena si hubiese sido iniciado; lo cual es lo que debe haber sucedido, porque de otro modo hubiera tenido, como Sócrates, un Demonio que le revelase el Drama alegórico, sagrado y secreto, de la Iniciación. En todo caso, el “padre de la tragedia griega” no fue quien inventó la profecía de Prometeo; pues lo que él hizo sólo fue repetir en forma dramática lo que era revelado por los sacerdotes durante los Misterios Sabasios. Estos últimos eran una de las festividades sagradas  más antiguas, cuyo origen es hasta hoy día desconocido por la historia. Los mitólogos lo relacionan, por medio de Mithra, el Sol, llamado también Sabasio en algunos antiguos monumentos, con  Júpiter y Baco. Sin embargo, no fue nunca propiedad de los griegos, sino que data de tiempo inmemorial. Es curioso que Esquilo se hiciese culpable de semejante discrepancia entre el carácter de Zeus, tal como se le presenta en el “Prometeo Encadenado”, y el que se describe en los demás dramas. Entre Zeus, la Deidad del pensamiento griego, y el Zeus Olímpico, había un abismo. Este último no representaba en los Misterios más principio que el aspecto inferior de la inteligencia física humana. Siempre que a Zeus se le representa cediendo a sus pasiones inferiores, es el Dios  celoso , vengativo y cruel, en su egoísmo. Por ello a Zeus se le represente como una Serpiente, el tentador intelectual del hombre, que, sin embargo, engendra en el curso de la evolución cíclica al “Salvador-Hombre”, al Baco Solar o Dionisio. Dionisio es uno con Osiris, con Krishna, con Buddha, y con el décimo Avatâra futuro, el Christos Espiritual que libertará a la Humanidad, o Prometeo. Esto, según dicen las leyendas brahmánicas y buddhistas, que repiten las enseñanzas de Zoroastro, sucederá al final del Kali Yuga. Sólo después de la aparición del Kalki Avatâra, o Sosiosh, nacerá el hombre de la mujer sin pecado. En las tradiciones hindúes Kalki es la décima y última encarnación (avatara) del dios Vishnú, de acuerdo con Garuda puraṇá, y la vigesimosegunda según el Bhāgavata puraṇá. Según el Bhagavata puraná, Kalki vendrá al final de kali iugá — la era del demonio Kali, que no se debe confundir con la diosa Kalí — montado en un caballo blanco, blandiendo una espada para matar a toda la humanidad, que estará completamente degradada, e iniciar una nueva satiá iugála era de la verdad — con los sabios que se han conservado puros en los Himalayas. Entonces Brahmâ, la deidad hindú, Zeus, Jehovah, y todas las deidades del Panteón universal, se desvanecerán en el aire. Hay una Ley Eterna en la Naturaleza que tiende siempre a producir una armonía final. Debido a esta Ley, el desarrollo espiritual se sobrepondrá al físico y puramente intelectual, por lo que la humanidad se verá libre de sus falsos dioses, y se verá, finalmente, redimida por sí misma.

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En su revelación final, el antiguo mito de Prometeo radica en el origen mismo del  mal físico, porque está en el umbral de la vida física humana. Cronos es el “Tiempo”, cuya primera ley es que el orden de las fases sucesivas en el proceso de evolución durante el desarrollo cíclico, se conserve estrictamente. No estaba en el programa del desarrollo natural, que el hombre se convirtiera intelectual, espiritual y psíquicamente, en el semidiós que es en la Tierra, mientras que su constitución física permanece más débil, más impotente y efímera que la de casi todos los mamíferos de gran tamaño. El contraste es demasiado violento y el tabernáculo demasiado indigno del dios que en él mora. Así, el don de Prometeo se convirtió en una maldición. En esto se hallan fundados su pecado y su redención. Pues la Hueste Celestial que encarnó en una parte de la humanidad, prefirió el libre albedrío a la esclavitud. Sabiendo que semejante encarnación no estaba en el programa de la Naturaleza, la Hueste Celestial, representada por Prometeo, se sacrificó para beneficiar con ello a una parte, al menos, de la Humanidad.  Pero al paso que salvaba al hombre de la oscuridad mental, le infligió las torturas de la propia conciencia de su responsabilidad, resultado de su libre albedrío, además de todos los males de que es heredero el hombre. Esta tortura la aceptó Prometeo para sí, puesto que la Hueste Celestial se mezcló desde entonces con el tabernáculo preparado para ella, el cual era aún imperfecto en aquel período de formación.  Siendo incapaz la evolución espiritual de marchar a la par que la física, el don se convirtió por ello en la causa principal, si no en el único origen, del Mal. Altamente filosófica es la alegoría que muestra a Cronos maldiciendo a Zeus por destronarle durante la Edad de Oro primitiva, cuando todos los hombres eran semidioses, así como por crear una raza física de hombres relativamente débiles. Y, después, entregando a la venganza de Zeus al culpable de despojar a los dioses de su prerrogativa de crear, elevando con ello al hombre a su nivel, intelectual y espiritualmente. Este drama de la lucha de Prometeo con el Zeus sensual, déspota y tirano del Olimpo, lo vemos representado diariamente en nuestra presente humanidad. Las pasiones inferiores encadenan las aspiraciones superiores a la roca de la materia, para generar muchas veces el dolor, el pesar y el arrepentimiento. En todos estos casos se vuelve a ver de nuevo un dios encadenado, presa de la angustia. El moderno Prometeo se ha convertido ahora en “el que ve sólo después del suceso”. El hombre volverá a ser el Titán  libre de antaño; pero no antes de que la evolución cíclica haya vuelto a establecer la interrumpida armonía entre las dos naturalezas, la terrestre y la divina; después de lo cual se hará impenetrable a las Fuerzas Titánicas inferiores, invulnerable en su personalidad e inmortal en su individualidad. Pero esto no sucederá sino cuando haya eliminado de su naturaleza todo elemento animal.

 

Fuentes:

  • H.P. Blavatsky – La Doctrina Secreta
  • H.P. Blavatsky – ISIS sin velo
  • Louis Charpentier – Los Gigantes Y El Misterio De Los Orígenes

mayo 16, 2014 - Posted by | Atlántida, Historia oculta, Lemuria, Mu, Otras ant. civil., Otros

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  1. […] Antiguas tradiciones sobre civilizaciones prehistóricas. […]

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