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Blog sobre antiguas civilizaciones y enigmas

Los herederos de los Iniciados del antiguo Egipto 1/2


A mediados del siglo XVI a. C., el faraón Kamosis se rebeló contra los invasores hicsos que dominaban el país desde hacía dos siglos. Esta rebelión sería continuada por sus sucesores que, tras vencer a los invasores, también ampliaron las fronteras de Egipto hasta Nubia, hacia el Sur, y extendiéndose también por los reinos asiáticos limítrofes. Con Amenofis II (siglo XV a. C. aproximadamente) se comienzan a establecer alianzas y tratados mediante enlaces entre príncipes y Imagen 6faraones egipcios con princesas asiáticas, consiguiendo así mantener buenas relaciones entre Egipto y sus aliados consiguiendo grandes períodos de paz. Con su sucesor, Tutmosis IV las cosas marcharon bien para Egipto, ya que se había entrado en un período largo de paz en el que los reinos vasallos de Egipto recurrieron de nuevo a los enlaces matrimoniales para ganarse la amistad del faraón. Su sucesor fue Amenofis III, quien se casó siendo aún un niño con la princesa Teye de Mitanni, hija de los príncipes Yuya y Tuya,  que consiguieron una posición preeminente en la corte faraónica. Amenofis III fue promotor de grandes monumentos, gracias a que su reinado estuvo marcado por la paz establecida antes de su llegada al trono. Su reinado fue uno de los más largos sin que se produjeran conflictos internos o guerras con los países vecinos. Con él la figura del faraón alcanza su cenit. Es ahora cuando se le considera como todo un dios, llegándose al punto de adorarle en algunas capitales. Amenofis III consiguió centrar en su persona un claro concepto de unidad y majestad sublime. A su vez, él debía gran parte de su prestigio y de sus más prudentes y sabias decisiones a su esposa Teye. El papel desempeñado por Teye en el reinado de Amenofis III fue fundamental, ya que su gran talento y dotes de mando hicieron que durante muchos años fuese ella la que prácticamente llevase las riendas del gobierno. Los últimos años del faraón estuvieron marcados por una notable indolencia del monarca en los asuntos públicos. Durante los últimos años su salud fue muy precaria y se había convertido en un anciano decrépito, lo que favoreció que la reina aumentase aún más su papel de corregente, no sólo en los últimos años del faraón sino también en los primeros años del reinado de su hijo. El faraón y su hijo no mantenían buenas relaciones, lo que provocaba largas ausencias del príncipe que aprovechaba para viajar por Oriente Medio, donde seguramente fue influido por muchas de las ideas que después desarrolló en Egipto.

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La Antigua y Mística Orden de la Rosa-Cruz (AMORC) es, según su propia definición, una organización tradicional, iniciática y fraternal de carácter rosacruz, no sectaria y apolítica, fundada en 1915 por Harvey Spencer Lewis, Está formada por hombres y mujeres que se dedican a la investigación, estudio y aplicación práctica de enseñanzas espirituales, esotéricas y místicas. Los miembros de la Orden reciben el nombre de estudiantes rosacruces y reciben mensualmente monografías o lecciones graduadas para estudiarlas en su hogar, preferentemente una cada semana. Su símbolo tradicional es una rosa roja en el centro de una cruz dorada. En este símbolo, que no tiene connotaciones de tipo religioso, la rosa roja simboliza el alma del hombre evolucionando progresivamente en contacto con el mundo material, y la cruz dorada representa al cuerpo físico del hombre. Según la propia Orden Rosacruz AMORC, el propósito de la misma es la de proporcionar a todos sus miembros los medios físicos, mentales y espirituales para que todos vivan en armonía con las fuerzas cósmicas, creativas y constructivas del Universo, y lograr obtener como última meta la salud, la felicidad y la Paz Profunda. Según la Orden Rosacruz AMORC, ésta habría sido fundada en el antiguo Egipto por el faraón Tutmosis III (1504-1447 a.C.) quien agrupo a los Iniciados de las antiguas escuelas Osirianas en una fraternidad única. Bajo su impulso los iniciados que trabajaban entonces en escuelas de misterios con reglamentos propios e independientes, se convirtieron en una única orden regida por un solo código. Cerca de setenta años después, el faraón Amenhotep IV nacía en el palacio real de Tebas y estaba destinado a convertirse en uno de los hombres más importantes de su época. Según la AMORC fue admitido muy pronto en la Orden secreta fundada por Tutmosis III y más tarde se convertiría en su Gran Maestro.

Osiris es el dios egipcio de la resurrección, símbolo de la fertilidad y regeneración del Nilo; es el dios de la vegetación y la agricultura; también preside el tribunal del juicio de los difuntos en la mitología egipcia. Su nombre egipcio es Asir o Usir. En castellano suele nombrársele con la forma helenizada Osiris (del griego Όσιρις). A Osiris se le representa casi siempre momificado, con la piel verde o negra, una corona Atef, el cayado (heka) y el látigo (mayal o nebeh) o el cetro uas. El pilar dyed era su objeto sagrado. Aunque raramente, también se le representó con forma cocodrilo, toro negro, garza, can o de gran pez. Osiris, como dios agrario, tiene la piel de color verde pues simboliza el color de la vegetación y la regeneración. El negro está asociado a la tierra negra y fértil que en cada inundación del Nilo aportaba nueva vida al campo. Hay una fuerte conexión simbólica entre el negro y la tierra fértil de Egipto: Kemet. Era el jefe de la tríada Osiriaca, formada por Osiris, Isis (su mujer) y Horus (su hijo). El mito de Osiris introduce en la religión las nuevas ideas del bien y del mal. En el mito inicial, Osiris (el bien), es asesinado por su hermano Seth (el mal), quien lo arroja al Nilo, en donde lo encontrará Isis que con su amor le devuelve la vida. Con esa resurrección se establece el triunfo del bien sobre el mal. Osiris fue un héroe cultural, rey mítico, fundador de la nación egipcia, que enseñó a los hombres la civilización, las leyes, la agricultura y cómo adorar a los dioses. Muere como hombre pero resucita como inmortal gracias a Thot. Es el responsable de juzgar a los muertos en la Duat, donde está acompañado por 42 dioses-jueces (uno por cada nomo) que dictaminarán lo que acaecerá al difunto. Fuentes que se hacen eco de este mito son: Tratado de Isis y Osiris de Plutarco, textos de Diodoro de Sicilia, y los Textos de las Pirámides.

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Osiris es hijo de Geb y Nut, fruto de una intriga amorosa. Cuando Ra se entera de la infidelidad de su esposa, decreta la imposibilidad de parirlo en ningún mes del año. Thot, otro amante de Nut, jugando una partida con la Luna (Jonsu), consiguió ganarle una 72ª parte de cada día del año, con la que compuso cinco días que añadió al año egipcio de 360 días. Es el origen mítico de los cinco días epagómenos, considerados fuera del año, y exentos de la maldición de Ra. Por eso, Osiris nace el primer día de ellos. En los días epagómenos, nacieron en orden de días: Osiris, fue considerado un día desafortunado; Horus “El Viejo”, fue considerado un día afortunado o desafortunado; Seth, fue considerado un día desafortunado. Nació rasgando el costado de su madre; Isis, fue considerado un día afortunado; Neftis, fue considerado un día desafortunado. Mediante una trampa artera, su hermano Seth lo asesinó, cortando su cuerpo en catorce pedazos que esparció por todo Egipto. Su esposa y hermana Isis recuperó amorosamente todos los miembros, excepto el viril, que se había comido el pez oxirrinco. Con la ayuda de su hijo adoptivo, Anubis lo embalsamó y, posteriormente, Isis con su poderosa magia logró insuflar nueva vida al cadáver momificado de Osiris, quedando embarazada de él. Engendraron así a su único hijo, Horus, quien vengó la muerte de su padre, desterrando a Seth al desierto y recuperando el trono de Egipto, mientras que Osiris permanecería como rey de los muertos, en los fértiles campos de Aaru. En los textos funerarios, como el Libro de los Muertos, el faraón difunto se identifica con Osiris, rey de los muertos, del mismo modo que en vida lo había hecho con su hijo Horus. En el Reino Nuevo, en los textos funerarios se funde con Ra; así Osiris es el sol difunto y, en Heracleópolis Magna, se le denomina Osiris Naref.

Otro nombre por el que se le conoce es Unnefer (“el que pone de manifiesto el bien“). “Príncipe de los dioses de la Duat” como dios de la muerte y del Más Allá, aunque, en un principio era un dios agrario que fue adoptando rasgos de otros dioses; genio de los cereales, espíritu de la vegetación y ante todo dios de la resurrección; los Textos de los Sarcófagos del Reino Medio lo identifican con el grano y con el trigo, símbolo de la semilla que muere para renacer más tarde en forma de espiga. Entre las creencias del Antiguo Egipto destaca el mito de la inmortalidad humana. Durante el Imperio Antiguo se creía que sólo el faraón, al morir, se convertían en un dios, alcanzando la inmortalidad en la Duat con todas sus prerrogativas. Durante el Primer Periodo Intermedio estas creencias también se extienden a los altos funcionarios que al morir se convertían en un Osiris, gozando de la inmortalidad en la Duat con todos sus derechos. Sólo en el último periodo, el resto de los mortales se harían merecedores de alcanzar una vida inmortal en el Más Allá, siempre que pudieran cumplir unos rituales muy precisos. Hay que precisar que Thutmosis III fue el primer soberano que llevó el título de faraón, lo que es muy significativo en el plano místico.  Cerca de setenta años después, nacía en el palacio real de Tebas el faraón Amenhotep IV. Admitido muy tempranamente en la Orden fundada por Thutmosis III, se convirtió en su Gran Maestro y se dedicó a estructurar sus enseñanzas y rituales. Paralelamente, instauró oficialmente el monoteísmo en una época en que el politeísmo estaba extendido por toda la faz de la Tierra.  Entonces cambió su antiguo nombre por el de Akhenaton, que significa “Servidor de Atón“.

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Además, fue el promotor de una revolución que marcó la religión, el arte y la cultura. Profundo humanista, dedicó toda su existencia a luchar contra las tinieblas de la ignorancia y a promover los más elevados ideales.  En la arenosa llanura de Tell el Amarna tuvo lugar la gran herejía que conmovió al Antiguo Egipto. Los nombres de los dioses fueron borrados de los templos y tan sólo permaneció el dios sol Atón al que Akhenatón y el resto de la familia real rendían culto diariamente. Tras la muerte del faraón, los sacerdotes restablecieron la antigua religión y todo lo relativo a Akhenatón fue borrado de las páginas de la Historia. Tan concienzudo fue el trabajo de los sacerdotes que poco más que el nombre del faraón llegó hasta nosotros.  Fue en 1824 cuando John Wilkinson realizó las primeras excavaciones en la zona y dos años más tarde realizó los primeros dibujos y anotaciones de todo lo que había descubierto. Debido al pobre conocimiento que se tenía entonces de la escritura jeroglífica no se pudo identificar el lugar, y Wilkinson creyó que se trataba de un enclave romano. Sorprendió la estética de las figuras halladas en Amarna. pinturas y esculturas estaban dotadas de un aire de realismo y familiaridad que brillaban por su ausencia en el resto de Egipto. Esto atrajo a numerosos investigadores. en 1842 y 1845, Lepsius investigó la zona y fue el primero en establecer que las enigmáticas figuras de Amarna correspondían a un faraón y su familia y aunque no se supo leer el nombre del faraón como Akhenatón, no hubo duda sobre la identidad de la reina: Nefertiti. En 1883 una expedición francesa descubrió numerosas tumbas de personajes de la corte y pronto se supo el nombre de la misteriosa ciudad, Akhetatón (“El Horizonte de Atón“).

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En Egipto fue el promotor de una revolución en materia de arte, religión y cultura sin precedentes. Desafiando al clero de Amon, proclamó por primera vez que no existía más que un solo Dios, y esto en una época en la que el politeísmo estaba expandido por toda la superficie de la tierra, e hizo del disco solar el símbolo del Dios único al que veneraba. Sin embargo poco tiempo después de su muerte (1.350 a.C.) el poderoso clero de Tebas restauró el culto a Amon, pero su obra ya formaba parte de la historia. Este movimiento místico surgido en Egipto, es el que se convertirá con el transcurrir de los siglos en el Rosacrucismo.  Algunos autores del siglo XVII hacen referencia igualmente a los orígenes egipcios de la Orden Rosacruz. Así por ejemplo Michael Maier (1568-1622), filósofo y médico alemán, que sirvió como consejero de Rodolfo II de Habsburgo, en su obra “Silentium Post Clamores” publicada en Frankfurt en 1617, sitúa el origen de la “Orden und Fraternität des Rosen Creutzes” (Orden y Fraternidad de la Rosa-Cruz) en el antiguo Egipto. Según Arthur E. Waite, reconocido escritor e historiador de la Rosa-Cruz, en esta obra Maier precisa que los Rosacruces son “los sucesores de los colegios de Brahamanes hindús, de los egipcios, de los misterios de Samotracia de Orphos y de Eleusis, de los Magos de Persia, de los Pitagóricos (…)” y otros. De igual forma en su obra Tractatus Apologeticus Integritatem Societatis de Rosae Cruce (Tratado de Apología sobre la Rectitud de la Sociedad Rosa Cruz), Robert Fludd (1574-1637), médico parecélsico, astrólogo y místico inglés, afirma que “su sabiduría [de los Rosacruces] fue extraída de los jeroglíficos egipcios, que pueden contemplarse en las pirámides de Memphys, donde los filósofos antiguos la escribieron”.Desde un punto de vista histórico y cronológico, queda claro sin embargo que la tradición rosacruz comienza en el siglo XVII con los primeros Manifiestos Rosacruces publicados en Europa, concretamente en Kassel (Alemania), titulados la “Fama Fraternitatis”,  publicado en 1614, y la “Confessio Fraternitatis”,  publicado un año más tarde, a las que le siguen las “Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz”, obras todas ellas de autor desconocido pero atribuidas a Johann Valentin Andreae (1586-1654 d.c.), escritor, matemático, teólogo, místico y reformador social alemán.

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Según la tradición rosacruz estos manifiestos constituían en realidad uno de los elementos preparatorios para el resurgimiento cíclico de la Orden, conforme a la ley que la rige, según la cual, después de un período activo de 108 años, entra en un período equivalente de sueño, para reiniciar 108 años más tarde sus actividades públicas. En 1693, bajo la dirección del Gran Maestro Johannes Kelpius (1673-1708), rosacruces de todos los países de Europa embarcaron hacia el Nuevo Mundo a bordo del “Sarah María“. A principios de 1694, desembarcaron en Filadelfia donde se establecieron. Unos años más tarde, algunos se desplazaron hacia el Oeste de Pensilvania y fundaron una nueva colonia. Después de haber creado su propia imprenta, editaron un gran número de obras de la literatura mística e introdujeron en América las enseñanzas de la Rosa-Cruz. Bajo el impulso de estos rosacruces europeos nacieron también numerosas instituciones americanas y el mundo de las artes y de las ciencias conoció un progreso sin precedentes en los Estados Unidos. Personajes eminentes como Benjamín Franklin (1706-1790) y Thomas Jefferson (1743-1826) habrían estado en estrecho contacto con la obra rosacruz de este país. Según Reuben Swinburne Clymer, la orden sucesora de estos grupos rosacruces en América es la Rosicrucian Fraternity in America y no la Orden Rosacruz AMORC, y documentó este hecho en un voluminoso libro titulado Rosicrucian Fraternity in America.  Según la Antigua y Mística Orden de la Rosa-Cruz, desde que el hombre hizo su aparición sobre la Tierra, no ha cesado de enfrentarse a los misterios de su propia naturaleza y de su entorno. Al comienzo de la prehistoria, vivía día y noche con el temor de ser devorado por los animales salvajes, de perecer bajo el desencadenamiento de los fenómenos naturales o de morir a manos de sus semejantes. Incapaz de reflexionar sobre el pasado para mejor prever el futuro, su memoria y su imaginación eran prisioneras de un eterno presente. En cuanto al espacio en el que se movía su actividad consciente, no sobrepasaba el marco de lo que podía percibir por medio de sus sentidos. El horizonte marcaba los límites de su mundo terrestre, y la bóveda de los cielos, los de su universo celeste. Pero el tiempo es el maestro de la evolución y, finalmente, después de numerosas generaciones, el hombre consiguió ejercer cierto dominio sobre su entorno y acceder definitivamente a un estatus superior al de los animales.

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El descubrimiento del fuego parece que fue uno de los acontecimientos que más revolucionaron la vida del hombre prehistórico. En el plano físico y emocional, esto, le proporcionó un bienestar inestimable, ya que le permitió vencer las tinieblas, calentarse cuando tenía frío, cocinar los alimentos, protegerse más eficazmente contra los depredadores y prolongar sus horas de vigilia. Progresivamente el temor en el que vivía constantemente fue dando lugar a un sentimiento de seguridad. Fue entonces, cuando comenzó a meditar sobre el lugar que ocupaba en el Universo y sobre el sentido que debía dar al nacimiento, a la vida y a la muerte. Poco a poco fue adquiriendo consciencia de sí mismo y, sin apenas darse cuenta, dio sus primeros pasos por el sendero del “Conócete a ti mismo“. Es decir, se inició a su alma y puso las bases de su propia evolución espiritual. Muchos siglos han pasado desde que el hombre comprendió por primera vez que era algo más que una simple criatura viviente. Sin embargo, continúa preguntándose sobre el cómo y el porqué de su existencia, y estas preguntas no siempre encuentran una respuesta satisfactoria. Es cierto que la ciencia ahora puede explicar la mayor parte de los procesos fisiológicos que hacen posible la vida orgánica de un ser humano, desde el momento de su concepción hasta su muerte. Pero no siempre es capaz de responder a los misterios que rodean el momento último, cuando el soplo vital le abandona. Sin embargo, la partida hacia el más allá constituye uno de los mayores enigmas planteados a la consciencia humana. No existe duda alguna de que para nuestros lejanos antepasados el nacimiento de un niño era un acontecimiento milagroso que suscitaba a la vez admiración y temor. Al no poder comprenderlo y explicarlo, lo atribuían a un espíritu invisible que había tomado posesión del cuerpo de la mujer y que lo abandonaba en un momento dado bajo la forma de un bebé. El fenómeno de la muerte debía dejarles más perplejos todavía, ya que, a la inversa del nacimiento, iba acompañado de una inercia total y definitiva. Debió constituir, en ambos casos, una experiencia interior considerable. Después, nunca más pudo olvidar lo que había visto y experimentado en aquellas circunstancias.  En el transcurso de la evolución, el hombre fue comprendiendo que también él había nacido de la misma manera. Por otra parte, llegó igualmente a la conclusión de que también él moriría un día y caería en ese estado de inercia total que había observado en otros.

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Probablemente, el hecho de haber nacido no le asustaba tanto como el presentimiento de que algún día moriría, pues sabía lo que ocurría en el primero de los casos, pero no tenía idea alguna de lo que acontecía después de la muerte. De esta manera, el final de la vida terrenal se convirtió para el hombre en uno de los mayores misterios y aún continúa siéndolo. Esto se debe a que encierra la respuesta a la pregunta fundamental que todos nos planteamos, es decir: ¿Por qué y para qué estamos en la Tierra? Quienes tienen una visión materialista de la existencia enfocan la muerte de una manera negativa, pues no ven razón alguna para entenderla de otra forma. Consideran que el hombre no es sino una masa de carne mantenida con vida por ciertas funciones físico-químicas y controlada por una consciencia puramente cerebral. Limitan la vida humana a un proceso mecánico que conoce su fin definitivo con la parada de dichas funciones y con la aniquilación de esta forma de consciencia. O dicho de otra manera, piensan que la muerte sólo conduce a la nada. Además, creen que el destino de cada ser humano está determinado por el azar y que la humanidad evoluciona únicamente bajo el efecto de un instinto colectivo de supervivencia.  Para quienes niegan la dimensión espiritual del ser humano, todo lo que ocurre en el escenario de la existencia es incoherente e injusto. Si piensan así, es porque viven constantemente en el mundo de los efectos, ignorando por completo el reino de las causas. Dicho de otra forma, no comprenden que el universo de las ilusiones y de las apariencias en el que permanecen, procede de una Realidad Cósmica donde reina el orden y la armonía. No son capaces de captar que lo visible es la proyección de lo invisible y que lo finito no es sino una emanación de lo infinito. Prisioneros de la razón, construyen su vida sobre bases que juzgan racionales pero que, sin embargo, son tan frágiles como los ideales que persiguen. Ven transcurrir sus días inexorablemente, y avanzan con angustia hacia la muerte, ese fin último que ha sido como una cruz a lo largo de su vida. Desde hace muchos siglos, los rosacruces afirman que el destino humano sobrepasa ampliamente el intervalo consciente que transcurre entre el nacimiento y eso que llamamos impropiamente “muerte“. Para ellos, el ser humano es dual. En efecto, posee un alma que se encarna en el niño cuando inspira por primera vez, haciendo de él una entidad viva y consciente. En el instante en que el hombre exhala su último suspiro, el alma se disocia del cuerpo que había animado a lo largo de la vida terrenal y se reintegra a la Gran Alma Universal.

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Así, la muerte no es sino el paso de un plano de consciencia a otro, el retorno a una condición que existía antes de la encarnación en este mundo de materia. O dicho de otra manera, corresponde a un renacimiento en el mundo invisible. Esta es la razón de que los rosacruces consideren que la muerte no es más que una transición del alma y que constituye uno de los dos aspectos de la Vida Universal. Cuando el alma abandona el cuerpo físico en el momento de la transición, continúa siendo consciente de su identidad y se eleva gradualmente hacía su nueva morada guiada por seres espirituales dedicados a este fin, así como por las almas de los seres queridos que ha conocido en la tierra. Cuando alcanza el plano de consciencia que corresponde a su evolución, continúa en lo invisible una existencia basada en las grandes lecciones extraídas de la vida terrenal que acaba de abandonar. A partir de este balance y de los decretos kármicos resultado del mismo, establece las grandes líneas de su próxima encarnación. Si decimos “próxima encarnación” es porque es difícil imaginar la muerte de una forma mística sin asociarla a la convicción de que irá seguida de otras vidas en la Tierra. Basta con observar la actitud de nuestros contemporáneos ante la muerte para comprender que la idea que se hacen de ella influye considerablemente en su manera de vivir. Sin embargo, lo que la hace tan angustiosa para la mayoría de las personas, es lo poco que saben de ella debido a la ignorancia en la que se les mantiene. Por eso es tan importante romper los tabúes que rodean a este importante acontecimiento de la vida humana. La ciencia materialista no puede hacerlo, puesto que en su intento de explicar todo racionalmente, considera que la muerte corresponde al cese de un proceso biológico y a la desaparición definitiva de la entidad consciente que se beneficiaba de dicho proceso. La religión, por su lado, predica la existencia del alma y de la vida futura, pero se pierde en conjeturas contradictorias sobre el cómo y el porqué de la dimensión espiritual del hombre.  En el interludio consciente que discurre entre el nacimiento y la muerte, el hombre vive su destino tratando de soportar lo mejor posible las vicisitudes de la existencia. Desde lo más profundo de su ser, aspira a la felicidad. Sin embargo, no sabe dónde ni cómo encontrarla. La busca en los placeres que puede procurarle su entorno material, pero la realidad cotidiana le demuestra que estos placeres son efímeros y dejan siempre un gran vacío interior.

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Este vacío es la dimensión del abismo existente entre el alma y el cuerpo en la mayoría de los hombres. Precisamente, para que el hombre pueda reconciliarse consigo mismo, la Antigua y Mística Orden de la Rosa-Cruz perpetúa desde hace siglos todo lo que la filosofía mística y la ciencia espiritualista ponen a disposición de aquellos que quieren dominar su vida y hacerla más conforme a sus aspiraciones. La Antigua y Mística Orden de la Rosa-Cruz, conocida mundialmente bajo las siglas de A.M.O.R.C., no es un movimiento filosófico de reciente creación. Tal como hemos indicado, su tradición hace que su origen se remonte a las escuelas de misterios del antiguo Egipto. En estas antiguas escuelas, se reunían regularmente los místicos iluminados para estudiar los misterios de la existencia. Precisamente por esa razón se las llamó “escuelas de misterios“. En ella se reunían todos los buscadores que aspiraban a una mejor comprensión de las leyes naturales y universales. La palabra “misterio” en la antigüedad, es decir, en el tiempo de las antiguas civilizaciones egipcia, griega, y romana, no tenía el significado que se le da hoy en día. En otras palabras, no era sinónimo de “insólito” o de “extraño“, sino que designaba más bien, una gnosis, una sabiduría secreta. Una de las primeras escuelas de misterios del antiguo Egipto fue la Escuela Osiriana. Sus enseñanzas se basaban en la vida, la muerte y la resurrección del dios Osiris. Se presentaban bajo la forma de piezas teatrales, o más exactamente, de dramas rituales. Sólo podían asistir a ellas quienes habían dado prueba de un sincero deseo de conocimiento. En el transcurso de los siglos, las escuelas de misterios añadieron una dimensión aún más iniciática al conocimiento que transmitían. Sus trabajos místicos tomaron entonces un carácter más hermético, llevándose a cabo exclusivamente en los numerosos templos construidos para ese fin. Las enseñanzas rosacruces dicen que las más sagradas, a los ojos de los iniciados,  eran las pirámides de Gizeh. Contrariamente a lo que afirman los historiadores, estas pirámides nunca sirvieron de tumba a ningún faraón, sino que eran un lugar de estudio y de iniciaciones místicas. Las iniciaciones a los misterios egipcios incluían una fase última en la que el candidato atravesaba la experiencia de una muerte simbólica. Tumbado en un sarcófago y mantenido en un estado especial de consciencia por procedimientos místicos, debía experimentar un desdoblamiento momentáneo entre su cuerpo y su alma.

Esta separación tenía como finalidad demostrarle que era un ser dual. Cuando lo experimentaba, ya no podía dudar de la naturaleza espiritual del hombre y de que está destinado a reintegrarse en el Reino Divino. Después de haber hecho la promesa de no revelar lo que había ocurrido en la iniciación y de consagrar toda su existencia al misticismo, era gradualmente instruido en las enseñanzas más esotéricas que pueda recibir un ser mortal.  Los Iniciados de antiguo Egipto resumieron una parte de su sabiduría en los muros de sus templos y en numerosos papiros. Otra parte no menos importante era la que transmitían secretamente de boca en boca. El célebre egiptólogo E.A. Wallis Budge, en una de sus obras nos dice: “Debió producirse un desarrollo progresivo en las escuelas de los misterios, y parece que algunas de ellas eran totalmente desconocidas en el antiguo reino“. No hay duda de que estos “misterios” formaban parte de los ritos egipcios. En cualquier caso, se podía afirmar que la noble Orden de los Kheri-Hebs (Altos Sacerdotes del Templo, poseía conocimientos esotéricos y secretos que los Maestros guardaban celosamente. Si interpreto bien lo que es evidente, todos ellos poseían una gnosis, un conocimiento superior que nunca fue transcrito, con lo que podían incrementar o disminuir su campo de acción según las circunstancias. Por consiguiente, es absurdo esperar encontrar en los papiros egipcios la descripción de los secretos que constituían los conocimientos esotéricos de los Kheri-Hebs. La Tradición Rosacruz dice que el faraón Thutmosis III, (1504-1447 a.C.), considerado por los historiadores como uno de los más importantes de la XVIII dinastía, formaba parte de los Iniciados que frecuentaban las escuelas de misterios de Egipto. En su época, estas escuelas funcionaban de una manera totalmente independiente y cada una poseía sus propios reglamentos. Cuando fue designado por los Kheri-Hebs para suceder a su padre en el trono, Thutmosis III decidió reagrupar todas esas escuelas en una sola Orden regida por unas únicas reglas. Debido a su inteligencia y a su sabiduría, fue elegido Gran Maestro, conservando este cargo hasta su muerte.

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En 1887 Flinders Petrie descubrió las cartas de Amarna, más de 300 tablillas de arcilla escritas en caracteres cuneiformes, que contienen la correspondencia entre el faraón con los monarcas de su época y que demuestran que el faraón no sólo se dedicó a una actividad religiosa, sino que mantuvo una relación constante con los países limítrofes. Es muy posible que el príncipe Amenofis no se hallara presente en Tebas durante los últimos días del reinado de su padre, aunque se baraja la hipótesis que regresara a la corte tras los funerales de su padre. Es indiscutible que entre padre e hijo existieron diferencias notables en temas políticos y religiosos. Aún así, seguramente compartió con el faraón las tareas de gobierno durante los últimos años de éste; aunque debido a las largas ausencias del príncipe es muy probable que fuera la reina Teye la que aconsejara al faraón en muchos asuntos de estado. Durante los últimos años de su padre, y tras su debida coronación, el príncipe se convierte en la figura más importante del reino, aunque se sigue teniendo en cuenta al viejo faraón. A pesar que el nuevo corregente se había rodeado de personas de su confianza, no se desecharon a los consejeros y altos cargos nombrados por el faraón, quienes trataban de ignorar el advenimiento del nuevo corregente. Amenofis III mantuvo una política religiosa de no enfrentamiento con el poderoso clero de Amón, aunque parece que en los últimos años aceptó algunos cambios establecidos por su hijo.  Amenofis IV subió al trono con 16 años, clamando entonces, no a Amón, sino a Atón, una nueva versión de la deidad solar, que tenía cada vez más aceptación entre los círculos cortesanos. Amenofis IV lo eleva a la categoría de dios del estado. Ese mismo día se proclama sumo sacerdote de Horakhte, dejando bien claro que, a partir de entonces, este dios habrá de ser invocado como Atón. Ordena decorar con relieves alusivos el que todavía sigue siendo templo de Amón en Karnak. Amenofis IV empieza a dar claros síntomas de que su concepción de la divinidad es muy diferente de la mantenida hasta entonces en Egipto.

Toda la pléyade de dioses había ido dejando paso y lugar preeminente al poderoso Amón, que junto a Mut y su hijo Jonsu, presidían en todo Egipto el vasto y desconocido imperio del otro mundo. Amenofis no estaba dispuesto a continuar la pauta de sus antecesores en el trono y seguir viendo toda esa legión de divinidades como iconos. El dios que él anunciaba, era un dios que se había creado a sí mismo y que se mantenía gloriosamente vivo y palpitante. Enfrentarse al poderoso Amón era algo prácticamente inconcebible, por los riesgos que conllevaba, y mantenía su prestigio gracias también a la influyente casta sacerdotal que le servía y que había gozado siempre del apoyo de los monarcas reinantes. El cambio religioso que se estaba forjando en la mente del joven faraón no podía ser llevado a la práctica sin serias complicaciones. Ningún faraón se había atrevido a suprimir divinidades ya establecidas para instaurar un culto de tipo monoteísta.  Amenofis IV tenía fama de individuo un tanto especial, amigo de viajar y conocer gentes y culturas diversas. No mostraba interés alguno por los asuntos militares, pues en realidad tiene todo el aspecto de un joven delicado, frágil, más interesado en preservar su aislamiento y soledad que en vivir los oropeles del trono. El joven Amenofis manifestó interés por las cuestiones artísticas. Es probable que, en calidad de sumo sacerdote de Ptah, fuera el promotor de numerosos trabajos de talla y escultura. Es por esta época cuando aparece la figura del arquitecto Bek, que tendrá un importante papel en la corte de Amarna. Parece que ya entonces las doctrinas vigentes en la ciudad de Heliópolis, sede de un culto solar de notable importancia, hicieran profunda mella en su mente. Es más que probable que fuera en Heliópolis donde tomaran cuerpo las nuevas ideas religiosas del joven príncipe, que con seguridad habían nacido de sus viajes y contactos con culturas asiáticas. No obstante, los cambios que habrían de producirse todavía se mantenían en un discreto silencio.

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Un papel importante lo juega la reina Nefertiti. En un primer momento se pensó que la reina sería hija del visir Eye. Sin embargo, todo apunta a un origen bien distinto: Mitanni. Esta teoría está avalada por diversos detalles, empezando por el mismo nombre de la reina, cuyo nombre sería Taduyepa hasta su llegada a Egipto, en que se cambió a Nefertiti, “la belleza que viene a nosotros” en idioma egipcio. También está la circunstancia de que el rey Tushratta nunca mencionó a otra reina que no fuera Teye, puesto que lo contrario habría sido quebrantar el ceremonial palaciego por parte de un pariente. Y siempre enviaba presentes idénticos a ambas damas, lo que sería algo impropio si Taduyepa hubiera sido simplemente una mujer del harén real. Además está el tocado conoidal de Nefertiti, única reina egipcia que lo utiliza, semejante a las tiaras de las divinidades asiáticas, por no dejar de mencionar la diferencia entre el tipo étnico de la reina y el resto de los egipcios. En la época de Amenofis III, el rey de Mitanni estaba en excelentes relaciones con Egipto. Tushratta continuaba con sus campañas militares y para financiarlas necesitaba oro; ese oro, que según todos los reyes asiáticos, Egipto tenía en grandes cantidades. Posiblemente fue entonces cuando tuvo la idea de estrechar lazos con Amenofis IV. Tushratta ya había ido creando expectación en torno a la joven princesa y ante los encantos que describían los mensajeros del rey asiático, Amenofis III no puede resistirse y le comunica que envíe a la princesa Taduyepa a Egipto pues quiere desposarla. Así pues, Amenofis III entrega a Mitanni dos ciudades fronterizas, restablece las fronteras de forma que Mitanni salga beneficiada y entrega a Tushratta tanto oro y plata como sea necesario a cambio de la princesa Taduyepa.  Hacia el año 1365 a. C., Taduyepa parte hacia Egipto donde se desposaría con el faraón Amenofis III y adoptaría el nombre de Nefertiti. Como ya se ha dicho, es muy posible que la reina Teye asumiera el control de Egipto durante los últimos años del faraón, y esto pudo ocurrir coincidiendo con la llegada de Nefertiti, con la que la unió una gran amistad, asistiendo ambas a ceremonias oficiales.

Tras la muerte de Amenofis III, Nefertiti es desposada por Amenofis IV, pasando a ser la consorte real. La relación del matrimonio con Tushratta dejaba mucho que desear e hicieron enfurecer en más de una ocasión al monarca mitannio por el desdén que le mostraban. Aunque los primeros años de su matrimonio se debieron dedicar más a la vida familiar. En el segundo año de su ascensión al trono, nace la primera hija, la princesa Meritatón, a la que seguirán Maketatón y Anjesenpatón, que comparten gran parte del tiempo de sus padres.  Nefertiti comenzó a ganar nuevas cotas de poder, al tiempo que reducía la influencia de Teye sobre su hijo. Se empieza a ver a la reina en ceremonias oficiales no sólo acompañando al faraón sino figurando muchas veces con Teye o sola. Esta consolidación del poder de Nefertiti ha dado pie a la suposición de que fuera ella la que incitara a Amenofis IV a la instauración del culto a Atón. La reina, por su origen, debía conocer bastante bien los cultos solares de Asia central. En el cuarto año de su reinado, Amenofis IV decide que ha llegado la hora del cambio de acabar con un culto que considera caduco y falso en favor del dador de toda vida, Atón. Las primeras referencias a Atón se encuentran en el Imperio Medio, aunque entonces no designaba a ningún dios sino simplemente al Sol. Atón era ese astro todopoderoso gracias al cual era posible la vida. En un principio no sorprendió demasiado la implantación de un nuevo culto; Atón era una fuerza casi divina, representado con numerosos brazos, y podría deducirse que el joven faraón estaba dejándose llevar por un capricho. Sin embargo Amenofis IV insistía en afirmar que desde los primeros monarcas de Egipto, los dioses habían existido simplemente como iconos, pero el dios que él anunciaba no había sido construido por las especulaciones y las ideas peregrinas de los sacerdotes y teólogos: Atón era un dios que se había creado a sí mismo y que estaba permanentemente vivo.

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Para demostrar su completa entrega a este dios, en el quinto año de su reinado, Amenofis cambia su nombre por el de Akhenatón. A partir de este momento su ruptura con el pasado fue definitiva. Quedaron prohibidas todas las divinidades, incluidos los dioses de ultratumba, con lo que la vida del más allá estaba sufriendo un fuerte y duro cambio. Es ahora al faraón al que hay que dirigirse para que medie con las fuerzas del otro mundo. El culto a Atón resulta más accesible y más alegre que sus antecesores en cuanto al tratamiento con el otro mundo. El antiguo drama del recorrido diario del Sol, queda reemplazado por el glorioso amanecer de Atón, con el despertar de sus adoradores a la vida y la felicidad, renovando así el concepto de la inmortalidad presente en los primitivos cultos. El culto a Atón trata de racionalizar un tipo de creencias desarrolladas desde tiempos remotos en Egipto. Se genera así un vínculo entre el muerto y el vivo, entre el mundo material y el invisible. Es un culto en el que predomina la sencillez y al mismo tiempo la elevación mística. La familia real es la primera en acatar el nuevo culto con total devoción. Inmediatamente se adhieren a él los cortesanos más allegados, unos por fe en el nuevo culto otros por simple conveniencia. El pueblo, aunque sorprendido por este cambio, no opuso ninguna resistencia a la implantación del nuevo culto. Esto es debido, seguramente, a que la nueva religión no rompe abiertamente con todos los ritos referentes al culto del más allá, y seguían practicándose ritos como la apertura de la boca para el ka o la ofrenda de alimentos, enseres y otros elementos que debían acompañar al difunto en su viaje al más allá. Pese a ello las tumbas del período Amarnita son menos suntuosas que sus precedentes tebanas, e incluso las tumbas de la familia real carecieron de la solemnidad de las tumbas de sus predecesores.

Akhenatón manda construir una nueva ciudad en honor a Atón y que sería la nueva capital de Egipto. Su nombre es Akhetatón “El horizonte de Atón“. Los trabajos de construcción se encargaron al arquitecto Bek, en quien la pareja real tenía puesta su confianza, aceptando cualquier sugerencia suya por muy innovadora que esta fuera.  La ciudad se construyó en la margen oriental del Nilo y estaba orientada hacia la salida del Sol. De Norte a Sur tenía una longitud de 15 Km. lo que demuestra su importancia. En su centro geométrico se construyó un gran templo a Atón de 800 metros de longitud y 300 de anchura, cuya característica principal, compartida con todos los templos construidos en honor a Atón, era la de la ausencia de techo para que los rayos solares pudieran llegar hasta el mismo corazón del templo en el que se adoraba al dios.  En el séptimo año de su reinado, Akhenatón se trasladó junto a la corte a la nueva capital y en cuya inauguración el faraón declaró que su tumba, la de la reina Nefertiti y la de su hija Meritatón, se hallaría en algún punto de las colinas que había cerca de la ciudad. Los cortesanos protestaron ante esta decisión, ya que este cambio significaba que sus restos mortales se situarían lejos de las tumbas familiares que sin duda ya tenían preparadas, pero el faraón se mostró inflexible. Sin embargo esta decisión, tenía otro cariz más importante. Hasta entonces las tumbas de los faraones habían estado en Tebas, en las colinas de Amón, per Akhenatón rompía la tradición una vez más. Mientras tanto las princesas crecían en una atmósfera de estrechos y armoniosos lazos familiares. Es posible que la pareja real tuviera otras tres hijas, aunque su existencia crea ciertas dudas, ya que podrían ser fruto de las relaciones entre Akhenatón y su hija Maketatón. Este tipo de relaciones entre el faraón y sus hijas se consideraba como algo natural y formaba parte del ritual sagrado, especialmente en la situación vivida por Akhenatón, ya que no tenía hijos varones a los que legar el trono a su muerte. A pesar de esto, parece que la falta de descendientes varones no fue ninguna causa de desdicha para él o Nefertiti.

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La ciudad crecía y prosperaba rápidamente, engalanándose con nuevas avenidas y hermosos palacios, con suntuosas dependencias y templos. Destaca el palacio que el faraón mandó construir para Nefertiti, el Palacio Septentrional. Era un magistral conjunto de estancias palaciegas, jardines, estanques, huertas y cuidadas granjas, por donde se movían en completa libertad animales domésticos y exóticos. Se dice que si el palacio hubiera logrado sobrevivir unos años más se habría convertido en una de las maravillas arquitectónicas de la antigüedad. Akhenatón se había desentendido totalmente de cualquier tipo de empresa militar y, lo que fue más grave, de cuidar las relaciones con sus antiguos aliados. Como ejemplo sirva Babilonia, cuyo rey Burnaburiash se quejaba de que, a pesar de haber estado gravemente enfermo, el faraón ni tan siquiera le había escrito una línea. Convencido de reinar sobre un país sumamente poderoso, no concedió importancia a las relaciones exteriores, solucionando cualquier problema que pudiera surgir sobre la marcha. Ante esta situación, las antiguas castas sacerdotales no tardaron en mostrar su descontento. En el año cuarto de su reinado, las castas sacerdotales de Amón se rebelaron. Pero Akhenatón, apoyado por sus oficiales y por una masa popular deseosa de liberarse de las imposiciones seculares de un clero ocioso y omnipotente, acabó no sólo con el clero, sino que eliminó todo lo que había representado. Símbolos, relieves, pinturas y efigies fueron destruidas, se prohibió su culto y se ordenó a los escribas que borraran de los archivos reales el nombre de Amón. El arte de la corte de Akhenatón duró poco más de 20 años. El arte amarniense constituye una brusca ruptura con las corrientes anteriores. Hasta entonces el hieratismo y la monumentalidad habían sido los pilares en que se sustentaba cualquier concepción artística. En Amarna todo cambia y se buscan nuevas fórmulas más sensibles y humanas. Lo más característico son las exageraciones y deformaciones corporales con las que se trata de eliminar todo tipo de idealización falsa, que corresponde a la mitad del reinado de Akhenatón.

Posteriormente se produce otra etapa donde se atenúan las exageraciones físicas que tanta confusión crearon en los egiptólogos a la hora de identificar a los personajes de esta época. Todo el estilo de la corte de Amarna está impregnado por esa concepción religiosa revolucionaria que fue el patrimonio indiscutible de este reinado. Aunque este estilo no era sólo una deformación estética, a partir del año cuarto de reinado se produjeron anomalías anatómicas en el faraón: brazos y piernas muestran una gran delgadez mientras que se abultan el torso y las caderas hasta el punto de crear confusión acerca de su sexo y la cabeza se asemeja cada vez más a la de un hidrocéfalo. Se manifiestan también alteraciones hormonales que le causan una extraña enfermedad -lipodistrofia progresiva- caracterizada por una acumulación de grasas en la parte baja del cuerpo, abdomen, caderas y muslos, mientras que se produce un enflaquecimiento de la parte superior. En cuanto a la hidrocefalia, los neurólogos afirman que puede tener un carácter ambivalente, es decir, bien puede ser síntoma de idiotez como de una inteligencia superior a lo normal. El desarrollo físico de quienes la padecen suele ser precario y la vida de los pacientes más bien corta. Uno de los momentos más gloriosos de la familia real en Akhetatón fue la recepción de regalos y ofrendas enviados por los soberanos de naciones extranjeras a los monarcas de Egipto. Fue en el año 12 del reinado de Akhenatón y sería la última vez que se pudo ver a la familia real unida y feliz. El amor que se profesaron Akhenatón y Nefertiti está fuera de toda duda, al menos durante gran parte del reinado del faraón. Juntos crearon las condiciones óptimas para instaurar en Egipto una época de paz y de elevación espiritual. La vida familiar de la pareja real era motivo de asombro por la armonía que manifestaban. Sin embargo esto no iba a durar mucho tiempo.

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En el año 12 del reinado se introduce en la corte un personaje sobre el que se han establecido todo tipo de hipótesis. Se trata de Semenkare, que terminará casándose con Meritatón, lo que no impidió que su relación íntima, tal vez homosexual, con el faraón se viera interrumpida. He aquí uno de los personajes más enigmáticos de la Historia del Antiguo Egipto. Hay miles de sombras que hacen imposible seguir el camino que nos lleva a la vida de este personaje y que fue de él. Algunos dicen que fue hermano de Tutankamon , otros que la reina Nefertiti, esposa del rey hereje Akhenaton, era el mismo Semenkare haciéndose pasar por Faraón tras la muerte de su marido. Históricamente, Semenkare fue el sucesor del faraón Akenaton tras su muerte. Fue nombrado corregente en el año decimoquinto compartiendo con el faraón el gobierno del país durante dos años. Subió al trono tras la muerte del Faraón, enterrándolo en el Valle Real de Amarna. El nuevo faraón trasladó a la corte a la antigua capital de Menfis. Su parentesco con el rey Akhenaton no se conoce con certeza, aunque algunos afirman que fue hijo, otros que fue hermano y otros que  tenían una relación de consanguineidad entre ellos. Esta última teoría fue muy aceptada en los últimos tiempos , ya que se basa en el hecho de que Semenkare hubiese sido en realidad la reina Nefertiti, que hubiese asumido la corregencia. El que Semenkare fuese coronado como corregente con el nombre de Nefernefruaton (“amado de Akhenaton”) invita a sopesar la idea de que realmente fuese la propia Nefertiti,  que se llamaba en realidad Nefertiti-Nefernefruaton ( “Hermosa es la belleza de Atón“) y que también gozaba del título de “Amada de Akhenaton“, al igual que Semenkare. Todo ello unido a que, a partir del decimocuarto año de reinado, no se vuelven a tener noticias de Nefertiti, lo que ha llevado a que algunos investigadores defiendan la teoría de que Nefertiti y Semenkare fuesen la misma persona. Hay otro enigma que refuerza el misterio de Semenkare y es la del misterio de la tumba nº 55, donde se hallaron restos de una momia con el nombre de Akhenaton. Lo que sí se sabe, por investigaciones recientes del ADN, es que el cuerpo de la momia nº 55 está emparentada directamente con el rey niño Nebkeprerure Tutankamon

Pero la versión oficial dice que, a partir del momento en que aparece Semenkare, Nefertiti queda relegada. Se dice que en su contra juegan dos factores decisivos: no ha dado un descendiente varón al faraón y su carácter independiente, que la había llevado a mantener posibles relaciones extramatrimoniales que no debieron gustar nada a su esposo. De hecho, la reina mantenía su propia corte en Akhetatón donde muy pocos podían acceder. El enfriamiento de las relaciones matrimoniales tuvo que ser paulatino, aunque la presencia de Semenkare sin duda constituyó el golpe definitivo.  Poco a poco se fueron definiendo dos grupos enfrentados: el de los que apoyaban al faraón y con él a Semenkare y Meritatón y el de quienes eran fieles a Nefertiti. Finalmente llegó el día en que el faraón repudió a Nefertiti, que se refugió en el palacio septentrional, del que apenas volvería a salir en vida. Mientras, Akhenatón, llevado por una furia que sólo podría justificar por su desequilibrio emocional, mandó destruir todas las inscripciones en las que aparecía el nombre de la reina. Las cosas iban cada vez peor para Egipto. Debido a la despreocupación de Akhenatón por los asuntos políticos y militares, las fronteras se fueron debilitando y los tradicionales enemigos de Egipto se fortalecían. En los últimos años del reinado de Akhenatón murieron su madre Teye y sus hijas Maketatón y Meritatón. Poco después una plaga de peste asolaría Egipto arruinando las reservas agrícolas, diezmando a la población y acabando con nietos y parientes directos del faraón. La corregencia del faraón con Semenkare no gozaba de la menor simpatía entre las capas populares y la situación interna del estado se deterioraba a pasos agigantados.

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Akhenatón murió el año 1347 a. C., tras 17 años de reinado. Su muerte fue oscura, especulándose aún sobre su causa, sin relatos que nos hablen del hecho y tampoco parece que representara una gran tragedia para el pueblo. Le sucedió Semenkare, que se apresuró a sepultar a su antecesor de forma apresurada. Da la impresión que se tenía prisa por olvidar al faraón hereje y recuperar las viejas tradiciones. Semenkare gobernó durante poco tiempo y apenas puede decirse nada sobra su reinado, excepto que se volvió tímidamente a la religión tradicional. A su muerte, subió al trono un joven príncipe del que no se había hablado hasta entonces, un niño de unos ocho años que recibió el nombre de Tutankhamón. El joven faraón contrajo matrimonio con Anjesenpatón, la tercera de las hijas de Akhenatón, y desde el primer momento se dispuso a restaurar el culto a Amón y a los demás dioses. Se reforzaron las castas sacerdotales, se restauraron los templos abandonados y se erigieron numerosas estatuas y obeliscos. La magnífica ciudad de Akhetatón fue abandonada y la corte se trasladó nuevamente a Tebas. Se quería borrar todo vestigio de un faraón y una reina que se habían comportado como herejes e impíos. Sus nombres fueron borrados de todas las inscripciones, los templos a Atón fueron destruidos y los palacios abandonados. Nada debía quedar del faraón hereje. La figura y personalidad de Akhenatón ha fascinado a estudiosos e investigadores desde que Petrie hizo los primero sondeos en Tell el Amarna en el siglo XIX. Desde entonces la figura del faraón ha sido ensalzada y criticada. Seguramente si Akhenatón no hubiera acostumbrado a mostrarse junto a su familia con semejante naturalidad y sencillez no se habrían establecido tantos juicios sobre su persona. La vida personal e íntima de Akhenatón y Nefertiti no sólo era conocida por sus más allegados sino por todos los que tenían acceso a la corte, incluyendo a embajadores de países extranjeros que se sorprendían de encontrarse ante un monarca tan poco amigo de protocolos. Todo esto resulta aún más sorprendente por el hecho de encontrarse ante el fundador de un nuevo culto, lo que en principio induciría a auto-considerarse un ser sublime e inaccesible. Por su parte el pueblo conocía muy bien esta particularidad de su monarca y se congratulaba de que las cosas fueran así.

Esta familiaridad con que el monarca se mostraba ante sus súbditos tenía mucho que ver con el talante de su esposa Nefertiti. La reina, mientras gozó del favor del faraón, apoyó una manera de ser, en la que la tranquilidad y la sencillez doméstica se mostraban a las claras. Esta sencillez se extiende a todos los planos de la actividad real, incluidos discursos y arengas del faraón. El Himno a Atón, obra poética que constituye el ápice de la capacidad literaria que tenía Akhenatón, echa por tierra el calificativo de frívolo y decadente que algunos especialistas le han otorgado. Hay presente un gran fervor religioso y una gran calidad estilística que nos muestran a este faraón como un rapsoda.  A Akhenatón se le ha tachado de fanático y, en esta especie de locura fervorosa, se le veía acompañado por su esposa Nefertiti, de quien también se han dicho muchas cosas. Algunos la han considerado cruel, lujuriosa y orgullosa y otros incluso han visto en ella una segunda Hatshepshut, cuya sola ambición era apoderarse del trono.  Hay que reconocer que tales juicios no dan la imagen de un faraón como Amenofis IV, cuya fuerte individualidad le permitió discrepar del sacerdocio y reducirlo a la posición que le correspondía, la de meros servidores del culto. También da muestras de una gran elevación moral, además de sensibilidad hacia la belleza y el arte. Su reinado fue una época de paz lo que permitió cierta prosperidad a sus súbditos, aunque su fervor hacia la paz tuvo su contrapartida. Era costumbre hacer periódicos paseos triunfales por los dominios faraónicos, lo que entrañaba la posibilidad de servir de árbitros en disputas de las dinastías locales. Es decir, la presencia del faraón servía de elemento de cohesión nacional. Esta costumbre no fue seguida por Akhenatón. El ejército pasó a ser un mero instrumento de vigilancia local o a ser un conjunto de funcionarios encargados del control de las canteras y proyectos de edificaciones. Los servidores de los templos había visto reducida su función y también sus ingresos. Además se creó un cuerpo de recaudadores de impuestos entre los arrendatarios de los templos, que generó una serie de abusos que tuvieron que ser reprimidos duramente. Tal estado de cosas debilitaba el poder del imperio.

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El ejército estaba desmoralizado y se había tenido que recurrir a tropas mercenarias para fortalecerlo. En las Cartas de Amarna se mencionan las frecuentes derrotas y retiradas de las tropas egipcias. Palestina y Siria eran algunas de las zonas más conflictivas donde, hasta entonces, habían dominado los egipcios, que tuvieron que retirarse. Las Cartas de Amarna es una gran colección de más de 300 tablillas de arcilla, escritas en cuneiforme. Se trata de correspondencia de los estados vasallos de Egipto a los faraones Amenofis III, Akhenatón y Tutankhamón y abarcan un período de unos 30 años. Estos documentos muestran las relaciones existentes entre el monarca egipcio y sus vasallos. Aún hoy se está trabajando en su clasificación cronológica y se investiga sobre los remitentes de dichas cartas, lo que arrojaría luz sobre las relaciones mantenidas por Egipto con los reinos vecinos durante el reinado de Akhenatón.  En cuanto a las princesas, la documentación hace referencia a tres de ellas: Meritatón, Maketatón y Anjesenpatón. Meritatón, la primogénita, sería el tema de algunas de las cartas de Amarna, debido al importante papel que jugó en el proceso sucesorio durante los últimos años del reinado de su padre. Meritatón se casaría con Semenkare, posterior corregente y sucesor de Akhenatón, en quien el faraón veía una salvaguarda del credo establecido. Sin embargo, Semenkare no reinó mucho y murió de una epidemia de peste que asolaba Egipto y los reinos vecinos desde tiempos de Amenofis III. Maketatón murió por la misma época, seguramente al dar a luz al primero de sus hijos. En cuanto a Anjesenpatón, se casó con el joven Tutankhamón. La importancia de Nefertiti es indiscutible. El binomio Akhenatón – Nefertiti constituye el primer ejemplo de monarcas unidos, no sólo por lazos sentimentales, sino por un proyecto común de trascendencia histórica. La era de Amarna constituye una especie de salto en el vacío, sin apenas conexión histórica con las etapas que la precedieron o la continuaron. Tal fractura se debe a todo lo que implica la instauración de un nuevo credo en un país en el que la religión impregna toda la vida del pueblo. También está el hecho de que pocas veces se generó en la historia de Egipto una fiebre artística como la vivida durante esos años, tratándose de un arte revolucionario, informal, cargado de misticismo y simbología; aunque poco a poco la suavidad de las líneas que lo caracterizan evolucionan a un tipo de exageraciones y deformaciones que, aunque en parte reflejan algunas características físicas del faraón, son aún hoy un misterio.

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El ocaso de Akhenatón fue total. Aparentemente, nada de lo que hizo le sobrevivió. Tras el idealizado paréntesis de Amarna, todo volvió a su cauce habitual, excepto el sueño de un hombre que entró en la eternidad. Poco después de su muerte, que tuvo lugar 1.350 años a.C., el poderoso clero de Tebas restauró el culto a Amón, pero su obra ya formaba parte de la historia. Desde Egipto, la Antigua y Mística Orden de la Rosa-Cruz se propagó a Grecia a través de Tales y Pitágoras (572-492 a.C.). Después pasó a Roma bajo el impulso de Plotino (203-270). El filósofo Arnaud fue el primer Maestro de dicha logia en el año 804 d.C. y Frees fue el primer Gan Maestro de Francia cuyo mandato duró desde el año 883 al 889, recibiendo el año 898 un año antes de morir, la autorización para establecer otras logias en Francia e inmediatamente se fundó la segunda en Lyon la cual fue muy floreciente. Mientras la Orden se propagaba en Francia, por ella se interesaron algunos monjes de los varios Monasterios y conviene consignar que los Católicos prestaron un excelente servicio a la santificación de la Orden con hermosos principios morales y espirituales.  La Orden se difundió por Alemania poco después de establecida la Gran Logia en Francia. Carlomagno fue el primero en introducirla pero no vivió bastante para ver el fruto de su obra, creándose en el año 1100, en Worms, una logia que llegó a ser posteriormente Gran Logia. Durante el siglo XII, creció rápidamente la Orden en Alemania, contando con mayor número de miembros que en Francia y Egipto, donde continuaba la Sede Central con relativamente pocos miembros. En este punto conviene aludir a una de las más misteriosas y enigmáticas leyes de la Organización, cuyo origen se pierde en las tradiciones, cual es la periodicidad de 108 años de actividad externa de la Orden y 108 años siguientes de oculta y silente actividad.

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Durante los siglos siguientes, fueron los Alquimistas y los Templarios quienes contribuyeron a su expansión por Occidente y Oriente. La frecuente falta de libertad de conciencia hizo que la Orden tuviera que ocultarse adoptando diversos nombres, llevando a cabo sus actividades bajo el sello del secreto. Sin embargo, en todas las épocas y en todos los países, nunca cesaron sus actividades, perpetuando sus ideales y sus enseñanzas, participando directa o indirectamente en el progreso de las artes, de las ciencias y de la civilización, proclamando siempre la igualdad de los sexos, así como una verdadera fraternidad entre los hombres. Tenemos así a ilustres Rosacruces del pasado: Roger Bacon, (1214 d.C.), con el “Libro de las Seis Ciencias“; Ramon Llull, (1229 d.C.) con “Clavícula“; Arnau de Vilanova, (1245 d.C.), con “Rosarium Philosophorum“; Nicolas Flamel, (1330 d.C.), con “Tresor du Philosophie“;  Tomas Norton, (1477 d.C.), con “Ritual de Alquimia“;  Pico de la Mirandola, (1463 d.C.), con “De Auro“;  Paracelso, (1493 d.C.), con “Kábala de los mundos físico, astral y espiritual“; Simón Studión, (1543 d.C.), con “Naometria“; Henry Khunrath, (1560 d.C.), con “Amphitheatrum Sapientiae“; Sir Francis Bacon, (1561 d.C.), Imperator de la Orden, con ” La Nueva Atlántida“;  Michel Maier, (1567 d.C.), con “Revelatan de Fraternitatis Rosae Crucis“; Robert Fludd, (1574 d.C.), con “Tractatus Theologophilosophicus“;  Jacobo Boehme, (1575 d.C.), con “Verdaderos Principios y Mysterium Magnum“.

Roger Bacon (Ilchester,1214 – Oxford, 1294) fue un filósofo, científico, y teólogo inglés, de la orden franciscana. Es conocido por el sobrenombre de Doctor Mirabilis (“doctor admirable“). Las fuentes bibliográficas suelen castellanizar su nombre como Rogerio Bacon. Inspirado en las obras de autores árabes anteriores, herederos y conservadores de las antiguas obras del mundo griego, puso considerable énfasis en el empirismo y ha sido presentado como uno de los primeros pensadores que propusieron el moderno método científico, poniendo en crisis la escolástica. Se piensa que Bacon nació cerca de Ilchester, en Somerset, aunque según algunos fue en Bilsey, Gloucester. La fecha de nacimiento es igualmente incierta. La única fuente es su afirmación en el Opus Tertium, escrito en 1267, en que se dice “cuarenta años han pasado desde que aprendí el alfabeto“. La fecha de 1214 asume que significa que 40 años han pasado desde que se matriculó en Oxford a la edad de 13. Si no quería decir esto, la fecha de nacimiento sería más probable alrededor de 1220. Parece que la familia de Bacon era acomodada, pero durante el tormentoso reinado de Enrique III de Inglaterra perdieron sus propiedades y varios miembros de la familia fueron desterrados. Roger Bacon estudió en Oxford, donde leyó a Aristóteles. No hay evidencia de que obtuviera un doctorado, ya que el título Doctor Mirabilis fue póstumo. Viajó a Francia, en 1241, a la Universidad de París, entonces el centro de la vida intelectual de Europa, donde la enseñanza de Aristóteles, hasta ese momento prohibida porque Aristóteles era sólo accesible a través de comentaristas islámicos, había sido recientemente reiniciada. Tras completar sus estudios, fue profesor de Artes en esta Universidad, entrando en contacto con Alejandro de Hales y Guillermo de Auvernia.

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En 1247 retornó a Oxford y estudió intensamente durante muchos años, omitiendo mucha vida social y académica. Allí fue discípulo de Roberto Grosseteste y Adam Marsh. Encargó caros libros, que tenían que ser copiados a mano en ese tiempo, e instrumentos. Posteriormente se hizo franciscano. Probablemente tomó los  hábitos en 1253, después de 10 años de estudio que le habían dejado física y mentalmente exhausto. Las dos grandes órdenes, Franciscanos y Dominicos, habían empezado a conducir la discusión teológica. Alejandro de Hales lideraba a los Franciscanos y Alberto Magno y Tomás de Aquino a la orden rival. La habilidades de Bacon fueron pronto reconocidas, y se benefició de la amistad de hombres eminentes como Adam Marsh y Roberto Grosseteste, obispo de Lincoln. En el curso de su enseñanza e investigación realizó y describió varios experimentos. El entrenamiento científico que Bacon había recibido le mostró los defectos del debate académico existente. Ninguno de los profesores aprendía griego. Aristóteles era conocido solamente a través de malas traducciones. Y lo mismo era cierto para las Sagradas Escrituras. La ciencia física no estaba dirigida por experimentos a la manera aristotélica, sino por argumentos basados en la tradición. Bacon se retiró de la rutina escolástica y se hizo devoto del estudio de las lenguas y la investigación experimental. Al único profesor que respetaba era un tal Petrus de Maharncuria Picardus, o “de Picardie“, que es quizás cierto matemático, llamado Petrus Peregrinus de Picardie, que parece ser el autor de un tratado, De Magnete, guardado en la Biblioteca Imperial de París. El contraste entre la oscuridad de ese hombre y la fama de la que se beneficiaban los jóvenes doctores despertó la indignación de Bacon. En la Opus Minus y Opus Tertium arremete contra Alejandro de Hales y otro profesor, que, dice, adquirieron su aprendizaje enseñando a otros, y adoptó un tono dogmático, que originó que fuese recibido en París con aplausos, como alguien igual a Aristóteles, Avicena o Averroes.

Bacon fue siempre fiel a sus opiniones. Mantenía lo que creía que era verdad y atacaba a quien estaba en desacuerdo, lo que le causó repetidamente grandes problemas. En 1256 fue designada una nueva cabeza de la rama científica de la Orden Franciscana: Richard de Cornwell, con quien Bacon había estado fuertemente en desacuerdo en el pasado. Pronto Bacon fue trasladado a un monasterio en Francia, donde durante cerca de 10 años solo pudo comunicarse con sus colegas intelectuales mediante escritos. Bacon escribió al cardenal Guy le Gros de Folques, que se interesó por sus ideas y le pidió que escribiese un tratado completo. Bacon, que estaba restringido por una regla de la orden franciscana, que le prohibía publicar trabajos sin un permiso especial, inicialmente dudó. El cardenal se convirtió en el Papa Clemente IV y urgió a Bacon a que ignorase la prohibición y a escribir el libro en secreto. Bacon lo hizo y envió su trabajo, el Opus Maius, un tratado sobre las ciencias (Gramática, Lógica, Matemáticas, Física y Filosofía), al Papa en 1267. Fue seguido el mismo año por el Opus Minus (conocido también por Opus Secundum), sumario de los principales pensamientos de su primer trabajo. En 1268 envió su tercer trabajo, el Opus Tertium, al Papa, que murió ese mismo año, aparentemente antes de ver, incluso, el Opus Maius, aunque sabía que el trabajo había llegado a Roma. Algunos claman que Bacon cayó en desgracia y fue más tarde encarcelado por la Orden Franciscana en 1278, en Ancona, por su difusión de la Alquimia árabe. Y, sin duda, sus protestas por la ignorancia e inmoralidad del clero favorecieron las acusaciones de brujería. Supuestamente permaneció en prisión durante diez años, hasta que la intercesión de un noble inglés promovió su liberación.

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Sobre este episodio, la famosa Historia de la Ciencia de David C. Linberg, mencionado por James Hannam, dice que su encarcelamiento, si es que ocurrió, probablemente fue consecuencia de sus simpatías por el ala radical “de pobreza” de los Franciscanos, una cuestión completamente teológica, más que de cualquiera de las novedades científicas que pudo haber propuesto. Bacon murió sin seguidores distinguidos o discípulos y fue rápidamente olvidado durante mucho tiempo. En sus escritos, pide una reforma de los estudios teológicos. Proponía poner menos énfasis sobre cuestiones filosóficas menores, como en el Escolasticismo. En su lugar, la Biblia debería volver al centro de atención y los teólogos estudiar las lenguas en que sus fuentes originales fueron escritas. Él entendía varias lenguas, y lamentó la corrupción de las Sagradas Escrituras y los trabajos de los filósofos griegos por numerosas malas traducciones y malas interpretaciones. Además urgió a todos los teólogos estudiar intensamente todas las ciencias y añadirlas al currículum universitario. Poseía uno de los intelectos más autorizados de su tiempo, y a pesar de todos los infortunios que sufrió, hizo muchos descubrimientos y acercó muchos otros. Rechazó el seguimiento ciego de las autoridades, tanto en el campo en el estudio teológico, como en el científico. Roger Bacon es considerado por algunos como el autor del Manuscrito Voynich, debido a sus estudios en los campos de la Alquimia, Astrología y Lenguas. A Bacon también se le atribuye el manual de Alquimia Speculum Alchemiae. Fue un entusiasta proponente y practicante del Método Experimental para adquirir conocimiento sobre el mundo. Planeó publicar una enciclopedia completa, pero solo aparecieron fragmentos. Su frase más famosa fue «la matemática es la puerta y la llave de toda ciencia».

 

Ramon Llull (en castellano: Raimundo Lulio) (1232 – 1315), también conocido como Raimundus o Raymundus Lullus en latín, como رامون لیول en árabe, como Raymond Lully por los ingleses o como Raymond Lulle por los franceses, fue un laico próximo a los franciscanos, ya que pudo haber pertenecido a la Orden Tercera de los frailes Menores. También fue filósofo, poeta, místico, teólogo y misionero mallorquín del siglo XIII. Fue declarado beato y su fiesta se conmemora el 27 de noviembre. Se le considera uno de los creadores del catalán literario y uno de los primeros en usar una lengua neolatina para expresar conocimientos filosóficos, científicos y técnicos, además de textos novelísticos. Se le atribuye la invención de la rosa de los vientos y del nocturlabio. Conocido en su tiempo por los apodos de Arabicus Christianus (árabe cristiano), Doctor Inspiratus (Doctor Inspirado) o Doctor Illuminatus (Doctor Iluminado), Llull fue una de las figuras más avanzadas de los campos espiritual, teológico y literario de la Edad Media. En algunos de sus trabajos (Artificium electionis personarum, 1247, y De arte electionis, 1299) propuso métodos de elección, que fueron redescubiertos siglos más tarde por Condorcet (siglo XVIII). Fue escritor, cabalista, divulgador científico, misionero, teólogo, fraile franciscano, alquimista entre otras cosas, dejando una obra ingente, variada y de muy alta calidad escrita en catalán, árabe y latín. La mayor parte de ella aún no ha sido traducida al español.

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Nació en Palma, la capital del Reino de Mallorca, que el rey Jaime I acababa de conquistar, uniendo políticamente en la Corona de Aragón los recientemente conquistados territorios baleares. No se conoce la fecha exacta de su nacimiento, pero debió ser entre finales de 1232 y comienzos de 1233. Ramon era hijo de Ramon Amat Llull e Isabel d’Erill, miembros de una importante familia de Barcelona. Según Umberto Eco, el lugar de nacimiento fue determinante para Llull, pues Mallorca era una «encrucijada en la época de las tres culturas, cristiana, islámica y judía, hasta el punto de que la mayor parte de sus 280 obras reconocidas fueron escritas inicialmente en árabe y en catalán». Antes de casarse, ingresó en la corte del rey de Aragón en calidad de paje de su hijo segundo Jaime, futuro Jaime II de Mallorca. Pronto los nobles fueron conscientes de la brillante inteligencia de Ramon y lo convirtieron en preceptor del infante don Jaime, hijo de Jaime I de Aragón. Su ascenso en la corte de Aragón fue meteórico: fue sucesivamente senescal y mayordomo real del infante Jaime. Durante sus años en la corte, Ramon se dedicó a llevar una vida mundana, licenciosa y alegre, disfrutando lujos con gran ostentación y teniendo amoríos con doncellas, incluso adulterios declarados. A menudo se ha exagerado esta faceta de Llull para, por comparación, exaltar su posterior conversión mística. Durante este período la obra de Llull se reduce a canciones de amor, picarescas y divertidas, aptas para ser cantadas por los trovadores. Hacia 1267, a sus 30 años, la vida de Ramon sufrió un vuelco trascendental. Él mismo describe cómo tuvo una serie de cinco visiones de Cristo crucificado en cinco noches consecutivas. La profunda impresión que le causaron estas visiones lo llevó a vender sus propiedades y patrimonio para adelantar la herencia de su mujer e hijos, a los que abandonó por sentirse llamado por Dios para predicar en los caminos.

Su etapa de nueve años de formación teológica y moral duró hasta 1275. En Palma de Mallorca conoció y compró un esclavo musulmán de quien se sirvió como maestro para aprender el árabe. Luego se retiró a una cueva en el Monte Randa (Mallorca), donde se entregó a la meditación y la contemplación. Y, por último, entró (aún laico) en el Monasterio cisterciense de La Real, donde los monjes le enseñaron latín, gramática y filosofía, tanto islámica como católica. En 1274 el infante Jaime, que reinaría como Jaime II de Mallorca, antiguo alumno de Llull, lo llamó a su castillo de Montpellier, donde, bajo el mecenazgo del príncipe, el estudioso pudo escribir su Ars demostrativa (‘El arte demostrativa’), obra que le valió ser recompensado con un dinero que invirtió de inmediato en la construcción del monasterio de Miramar en su isla natal. El objetivo de este monasterio era adiestrar misioneros para cristianizar a los árabes, enseñándoles las técnicas misioneras, métodos para desautorizar la filosofía islámica, enseñanza del árabe, etc. La combinación exclusivamente luliana de estudios lingüísticos y teológicos para que los misioneros pudiesen evangelizar a fieles de otras religiones e idiomas encantó al papa Petrus Hispanus (Juan XXI), quien felicitó públicamente a Ramon en 1276. El Papa siguiente, Nicolás IV, escuchó las exigencias de Llull para la convocatoria a una nueva Cruzada sobre territorios dominados por los musulmanes, pero el pontífice se mostró remiso. El estudioso decidió, entonces, emprender su propia cruzada personal, que lo llevaría a Europa (Alemania, Francia e Italia), Tierra Santa, Asia Menor y el Magreb. Le interesaba sobremanera convertir a los musulmanes y judíos de esas regiones, por lo que no dudaba en predicar en las puertas de las mezquitas y sinagogas, lo que no siempre era recibido con agrado por los fieles de esos templos.

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Durante estos viajes escribió gran cantidad de obras, destinadas principalmente a señalar los errores de los filósofos y teólogos de las otras religiones. Intentó fundar, asimismo, nuevos monasterios católicos en las zonas que visitaba. En 1286 Ramon Llull recibió su título de profesor universitario (magister) por la Universidad de París. Un año después viaja a Roma para someter a pontífices y dignatarios sus proyectos de reforma de la Iglesia, pero, una vez más, nadie lo escucha, porque iba a solicitar financiación para la Cruzada que ambicionaba para poder convertir a todos los infieles de Tierra Santa. Viendo que sus ruegos no obtenían el eco que él esperaba, ingresó en 1295 en la orden franciscana, acaso pensando que un monje verdadero podría convencer mejor a los prelados que un simple laico. Fue aceptado en la Orden Tercera Franciscana, una de las tres ramas fundadas originalmente por San francisco de Asís, llamada Hermanos y Hermanas de la Penitencia. En 1299, su antiguo discípulo, el ahora rey de Mallorca Jaime II, lo autoriza a predicar en las mezquitas y sinagogas de su reino. Será la primera vez que Ramon Llull podrá cruzar los umbrales de los templos para expresar sus ideas ante los cristianos. En 1305 propuso su segunda versión sobre cómo recuperar Tierra Santa: el proyecto Rex Bellator, de unificación de las órdenes militares bajo el poder de un príncipe cristiano, soltero o viudo. La conquista se efectuaría partiendo de Almería, Granada, el norte de África y Egipto, bajo la protección de una flota. Parece claro el papel que en todo ello habría de jugar el rey Jaime II de Aragón, que acababa de conquistar Murcia y que había establecido contactos para mercaderes de la Corona de Aragón en Alejandría.

La caída de los restos del reino de Jerusalén (San Juan de Acre, 1291 y Arwad, 1302) sacudió las conciencias de muchos cristianos, que sólo podían explicarse el desastre a causa de pecados o vicios colectivos de la cristiandad que había que erradicar con profundas reformas. El más activo, con tres libros principales y muchas cartas y viajes a lo largo de treinta años, de los tratadistas de esta corriente de reformas fue Ramon Llull, que elaboró el proyecto Rex Bellator de unificación de las órdenes militares bajo un príncipe: Tal como se indica en el documento Quomodo Terra Sancta recuperari potest, elaborado bajo la impresión de la caída de Acre. Lo empezó siendo Papa Nicolás IV y lo acabó con la Sede Pontifícia vacante. La propuesta principal era la unificación de templarios, hospitalarios, teutónicos y caballeros de las órdenes peninsulares bajo un mando único y la creación de una escuela de misioneros versados en lenguas orientales. La obra Liber de Fine,  fue dedicada al futuro Papa, que acabaría siendo Clemente V. La coyuntura era la caída de Arwad y la captura del último mariscal del Temple, fray Dalmau de Rocabertí. La estrategia ahora se concretó: la unificación de las órdenes bajo un Rex Bellator; la expedición por la ruta Almería, Ceuta, Norte de África hasta Egipto y Jerusalén, apoyada por la flota y con los almogávares como tropas de choque. Se adivina claramente el protagonismo de Jaime II de Aragón y de su hijo mayor, el príncipe Jaime de Aragón y Anjou, que renunció al matrimonio y a la corona para vestir el manto blanco y la cruz roja. El documento Liber de Acquisitione Terrae Sanctae, aparecido tras la caída del Temple. Llull proponía ahora dos vías para la reconquista de Tierra Santa: al norte, los franceses con los hospitalarios y al sur Jaime II con las órdenes peninsulares. Finalmente, nada se llevó a cabo, excepto una cruzada fracasada de Jaime II sobre Almería.

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En 1307, Ramon Llull viajó al norte de África a continuar predicando, pero, enfrentado con un grupo de musulmanes, estuvo a punto de ser lapidado. Deseoso de salir de allí, se dirigió a la ciudad italiana de Pisa. Pero el buque que lo transportaba se hundió, y el monje mendicante fue uno de los pocos supervivientes del naufragio, logrando alcanzar la costa italiana después de una dura lucha contra la tempestad. El 14 de noviembre de 1305, tras un año sin lograr elegir pontífice, el rey Felipe IV de Francia, llamado el Hermoso, haría coronar papa al obispo de Burdeos, el dominico Raimundo Bertrand de Got, bajo el nombre pontificio de Clemente V, aunque su elección se había producido el 5 de junio de 1305. Este Papa, falto de decisión y poder, trasladaría la sede papal de Roma a Aviñón y se convirtió en un títere del monarca francés. Entre ambos habían decidido terminar con los Caballeros Templarios, a los que encarcelaron en 1307 y acusaron, en medio de espantosas torturas, de blasfemia y herejía bajo el látigo de la Inquisición conducida por los dominicos. En 1308 Clemente V, prácticamente obligado por Felipe IV de Francia, convoca a través de la bula Faciens misericordiam cum servo suo un Concilio, que tendría lugar en la ciudad de Vienne, en 1311, para tratar variados temas que interesaban al soberano. Uno de ellos era hacer exhumar y quemar por herejía los huesos de su anterior enemigo, el papa Bonifacio VIII, que hacía siete años que había muerto. También se decidiría si correspondía hacer una nueva Cruzada, si procedía efectuar ciertas reformas de la Iglesia y, lo más terrible, se juzgaría si correspondía entregar a los templarios al brazo seglar para ser ejecutados en la hoguera. Ramon Llull fue convocado y estuvo presente en las tres sesiones del Concilio, pero no han llegado hasta nosotros noticias acerca de cómo votó en cada uno de los graves asuntos que allí se ventilaron. Nos consta que la Cruzada y la reforma eclesiástica le interesaban particularmente, ya que habían sido el objeto de sus prédicas y ruegos durante décadas. Sin embargo, respecto del castigo a los templarios quedan numerosas dudas.

Los franciscanos solían ser designados en los tribunales inquisitoriales para moderar la tendencia a condenar de los dominicos, normalmente en proporción de uno por cada dos dominicos. En ese sentido, la lógica nos dice que Ramon debe haber defendido a los prisioneros. En segundo término, los partidarios de las Cruzadas, como Llull, conocían y amaban a los templarios por el valor, el coraje, el espíritu de sacrificio y la enorme piedad que habían demostrado en los 187 años de su existencia, así como por su arrojo en la segunda cruzada y las sucesivas. No tenemos, como se ha dicho, su voto escrito, pero es muy improbable que hubiese votado por la hoguera. Si así fue, lamentablemente no fue escuchado por tercera vez, ya que los templarios fueron suprimidos como orden y muchos de ellos murieron en la hoguera, encabezados por su último Gran Maestre Jacques Bourguignon de Molay en 1314. La Orden como institución fue suprimida por Clemente V en el mismo acto como decreto papal y no como decisión del Concilio, a causa del descrédito en que había incurrido por las acusaciones recibidas, y no por su culpabilidad. Una de las propuestas presentadas por el franciscano, a saber, crear colegios para enseñar a los misioneros el idioma hebreo, el árabe y las lenguas orientales fue aceptada, mientras que la otra, marchar a una nueva cruzada, fue rechazada. Terminado el Concilio, Ramon viajó a Túnez para continuar su labor misionera. Es este trayecto escribió Liber de Deo et de mundo (“Libro acerca de Dios y el mundo“) y Liber de maiore fine intellectus amoris et honoris (“Libro acerca del fin mayor de la inteligencia: el amor y el honor“). Ambas obras están fechadas en diciembre de 1315 y serían sus últimas obras. Ramon Llull murió el 29 de junio de 1315, cuando regresaba de su viaje a Túnez hacia Mallorca. Ciertos cronistas afirman que fue linchado por una turba de airados musulmanes. Está enterrado en la iglesia del Convento de San Francisco de Palma de Mallorca.

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Seguidor, como buen franciscano, del pensamiento de Roger Bacon y San Buenaventura, Llull introdujo una gran innovación al incluir el pensamiento moral caballeresco dentro de la filosofía y la teología de su tiempo. Por ello Llull se embarcó también en una cruzada en pro del pensamiento místico y caballeresco y en contra del racionalismo a ultranza, representado por el pensador cordobés Averroes. Ramon insistió en la doctrina de la Inmaculada Concepción de María, contra la opinión, entonces ortodoxa, de Santo Tomás de Aquino. La esencia divina había de tomar una primera materia perfecta para poder formar el cuerpo de Jesús. Ello era impensable si María misma había nacido sujeta al Pecado Original, por lo que ella tenía que haber sido concebida sin pecado. Estas ideas llevaron al Inquisidor Nicolau Eymeric a perseguir póstumamente las obras de Ramon Llull. Sin embargo, el rey Pedro el Ceremonioso protegió la memoria del beato y expulsó al Inquisidor de Catalunya, y, finalmente, la Iglesia católica terminó por establecer la opinión de Llull como dogma. A pesar de ser un activo misionero cristiano, Llull amaba y comprendía el pensamiento árabe y respetaba en gran medida sus avanzados sistemas. Así, en su primer libro utiliza la lógica de los científicos árabes, su simbología, su álgebra y sus razonamientos. Escribía y hablaba perfectamente en catalán, latín y árabe; y utilizaba indistintamente cualquiera de estas lenguas para dirigirse a quien la comprendiera mejor. Si el público de su nuevo libro era de baja condición, no vacilaba en expresar los más elevados conceptos filosóficos en alegres versos, y siempre preconizó la conversión de los infieles por la vía del cariño, del amor y sin ningún tipo de coerción ni de violencia.

Sir Francis Bacon, primer Baron Verulam, Vizconde de St Albans KC (1561 – 1626), canciller de Inglaterra, fue un célebre filósofo, político, abogado y escritor. Es considerado el padre del empirismo. Sus obras y pensamientos ejercieron una influencia decisiva en el desarrollo del método científico. Era hijo menor de Sir Nicholas Bacon, nombrado guardián del Gran Sello por la reina Isabel I. Su madre, Ann Cooke Bacon, segunda esposa de Sir Nicholas, era sobrina de Sir Anthony Cooke, hablaba cinco idiomas y estaba considerada como una de las mujeres más ilustradas de su época. Aunque no se haya establecido con seguridad, hay razones para creer que Bacon recibió tutorías en su casa durante sus primeros años, y que su salud durante aquel periodo, al igual que con posterioridad, era delicada. En 1573, a la edad de 13 años, ingresó en el Trinity College de Cambridge, institución en la que cursó estudios hasta 1576, periodo que pasó en compañía de su hermano mayor, Anthony. En Cambridge, sus estudios de las diversas ciencias le llevaron a la conclusión de que los métodos empleados y los resultados obtenidos eran erróneos. Su reverencia por Aristóteles, del que, a pesar de todo, no parecía tener excesivo conocimiento, contrastaba con su desapego por la filosofía aristotélica. A su juicio, la filosofía precisaba de un verdadero propósito y nuevos métodos para alcanzarlo. Con el primer germen de la idea que le consagraría, Bacon abandonó la universidad. El 27 de junio de 1576 ambos hermanos ingresaron en de societate magistrorum y unos meses más tarde fueron destinados a Francia como agregados del embajador Sir Amyas Paulet. La situación política y social en la Francia de aquella época, durante el reinado de Enrique III, le proporcionó al joven Francis una valiosísima experiencia política al verse en la necesidad de llevar a cabo algunas comisiones diplomáticas delicadas. Aunque vivió en Poitiers, durante su estancia en el continente visitó París y las principales ciudades francesas, además de recoger informes sobre los recursos y la situación política de los diferentes países europeos. Estos informes se han venido publicando en sus obras, bajo el título de Notes on the State of Christendom (“Notas sobre el estado de la cristiandad“), a pesar de que como apuntara el historiador James Spedding, el trabajo parecía ser autoría de uno de los ayudantes de su hermano Anthony.

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En 1579, al conocer la muerte de su padre, Francis regresa a Inglaterra. La modestísima herencia que le deja su padre, al no poder cumplir el deseo de dejarle a su hijo menor en posición acomodada por sorprenderle la muerte repentinamente, obliga a Francis a adoptar una profesión que a la postre sería el derecho. Con sus estudios en derecho, literatura y diplomacia, Bacon aspira a conseguir un puesto político de importancia. Esto lo logra cuando Jacobo I de Inglaterra asciende al trono en 1603, el cual lo designa procurador general en 1613. Su carrera política avanza y es nombrado canciller de Inglaterra en 1618. Posteriormente, Bacon se ve envuelto en intrigas políticas que lo acusan de desprestigiar al rey, y luego, en 1621, fue acusado de corrupción y maltrato a sus subordinados. Sin embargo, Bacon logra salir airoso de esta situación, acumulando una fortuna durante el ejercicio de la labor pública, con la cual se retira para ocuparse de sus estudios en filosofía y ciencias. Murió en Londres en 1626, debido a una neumonía. Se propuso ante todo reorganizar el método de estudio científico. Percibió que el razonamiento deductivo destacaba entonces a expensas del razonamiento inductivo y creyó que, eliminando toda noción preconcebida del mundo, se podía y debía estudiar al hombre y su entorno mediante observaciones detalladas y controladas, realizando generalizaciones cautelosas. Para ello, el estudio que el hombre de ciencia hace de los particulares debe realizarse mediante observaciones que deben validarse. Los científicos deben ser ante todo escépticos y no aceptar explicaciones que no se puedan probar por la observación y la experiencia sensible (empirismo). Los escritos de Bacon se engloban en tres categorías: filosófica, literaria y política. Sus mejores obras filosóficas son El avance del saber (1605), y Novum Organum o Indicaciones relativas a la interpretación de la naturaleza (1620).

La filosofía de Bacon influyó en la creencia de que la gente es, a la vez, sierva e intérprete de la naturaleza y de que la verdad no se deriva de la autoridad, mientras que el conocimiento es fruto ante todo de la experiencia. Se le reconoce haber aportado a la Lógica el método experimental inductivo, ya que anteriormente se practicaba la inducción mediante la simple enumeración, es decir, extrayendo conclusiones generales de datos particulares. El método de Bacon consistió en inferir a partir del uso de la analogía, desde las características o propiedades del mayor grupo al que pertenece el dato en concreto, dejando para una posterior experiencia la corrección de los errores evidentes. Este método representó un avance fundamental en el método científico al ser muy significativo en la mejora de las hipótesis científicas. Su Novum Organum influyó mucho en la aceptación en la ciencia de una observación y experimentación precisas. En esta obra mantenía que había que abandonar todos los prejuicios y actitudes preconcebidas. Los principios que se plantean en Novum Organum tuvieron gran importancia en el subsiguiente desarrollo del empirismo. Como escritor, se le debe además la creación del género ensayístico en inglés, con sus Essays, (1597) que siguen la estela de Montaigne, en los que muestra un estilo en apariencia poco ornamentado, y una gran capacidad aforística. En su Nueva Atlántida ofrece la primera utopía tecnológica, donde los gobernantes serán los científicos de la “Casa de Salomón“, una especie de gran universidad donde se concentraría el conocimiento. Previó en su época grandes adelantos científicos como máquinas voladoras, submarinos y telecomunicaciones.

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La teoría baconiana sobre la autoría de la obra de Shakespeare, propuesta por primera vez a mediados del siglo XIX, sostiene que Francis Bacon escribió las obras de teatro que se atribuyen en forma convencional a William Shakespeare, en contra del punto de vista aceptado de que fue William Shakespeare de Stratford quien escribió los poemas y obras que llevan su nombre. La principal evidencia baconiana se funda en la presentación de un motivo para el ocultamiento, las circunstancias que rodean la primera puesta en escena de La comedia de las equivocaciones, así como la proximidad de Bacon a la carta de William Strachey, a partir de la cual muchos estudiosos creen que se basó La Tempestad. También la interpretación de alusiones en las obras al conocimiento legal de Bacon, así como los numerosos supuestos paralelismos con las obras publicadas de Bacon y anotaciones en el Promus (su libro de notas personal). Asimismo, el interés de Bacon en las historias civiles y alusiones ostensiblemente autobiográficas en las obras de teatro. Como Bacon contaba con conocimiento de primera mano de los métodos de codificación del gobierno, muchos baconianos piensan que él escribió pistas de su autoría de la obra de Shakespeare en forma codificada. La mayoría de los estudiosos de fuste rechazan todos estos argumentos en favor de Bacon, y critican la poesía atribuida a Bacon como demasiado diferente de la de Shakespeare, como para haber sido escrita por la misma persona.

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A menudo Francis Bacon se encontraba con otros hombres en el Gray’s Inn para discutir sobre política y filosofía, y para ensayar actos de obras de teatro que estaba escribiendo. La supuesta conexión de Bacon con los Rosacruces y los Francmasonería ha sido ampliamente comentada en numerosos libros por distintos autores y estudiosos. Sin embargo, otros, entre los que se encuentra Daphne du Maurier (en su biografía de Bacon), han sostenido que no existe evidencia sustancial que avale la teoría de su relación con los Rosacruces. Frances Yates no indica que Bacon fuera un rosacruz, pero, presenta pruebas de que se encontraba vinculado con algunos de los movimientos intelectuales más secretos de su época. Ella sostiene que la iniciativa de Bacon sobre la promoción de la enseñanza se encontraba muy ligada con el movimiento Rosacruz alemán, mientras que en la obra New Atlantis,  Bacon presenta una tierra que es gobernada por los Rosacruces. Probablemente Bacon consideraba que su movimiento por la promoción del aprendizaje se encontraba alineado con los ideales de los Rosacruces. La influencia de Francis Bacon es evidente sobre un conjunto variado de autores religiosos y espirituales, y en grupos que han utilizado sus escritos en sus propios sistemas de creencias. Dentro de la doctrina Baconiana se hallan dos grandes e importantes tópicos que se van desarrollando durante su estudio. El primero de ellos es un estudio exhaustivo sobre los problemas del método científico; el segundo hace referencia a la técnica aplicada a la vida humana. Bacon emprende una lucha decisiva focalizada en Aristóteles, debido a que éste había, según él, imposibilitado el progreso de la ciencia aplicada. Tanto la antigüedad como la edad Media no concibieron la posibilidad de mejorar las condiciones de vida humana por medio de los descubrimientos de la ciencia aplicada; por ello Bacon orientó su atención a tal problema, proclamando una ruptura concentrada específicamente en la doctrina de Aristóteles, pues éste pensador, según Bacon, es quien manifestó los más grandes errores que alimentaban a la época renacentista, hasta tenerlo como modelo.

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Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, o Theophrastus Bombast von Hohenheim, conocido como Paracelso o Teofrasto Paracelso (1493 –1541), fue un alquimista, médico y astrólogo suizo. Fue conocido porque se creía que había logrado la transmutación del plomo en oro mediante procedimientos alquimistas y por haberle dado al zinc su nombre, llamándolo zincum. El nombre Paracelso (Paracelsus, en latín), que escogió para sí mismo y por el que es generalmente conocido, significa «semejante a Celso», un médico romano del siglo I. Se trata de una de las figuras más contradictorias e interesantes de la historia de la medicina. Su incesante búsqueda de lo nuevo y su oposición a la tradición y los remedios heredados de tiempos antiguos le postulan como un médico moderno, adelantado a sus contemporáneos. En cambio, en su concepción del misticismo y la astrología, se podría decir que mantuvo una postura inmovilista sobre los conceptos más arcaicos. Nació y fue criado en Einsiedeln (Suiza), hijo del médico y alquimista suabo Wilhelm Bombast von Hohenheim y de madre suiza. En su juventud trabajó en las minas como analista. Comenzó sus estudios a los 16 años en la Universidad de Basilea, y más tarde en Viena. Se doctoró en la Universidad de Ferrara. Discrepaba con la idea que entonces tenían los médicos de que la cirugía era una actividad marginal relegada a los barberos. Sus investigaciones se volcaron sobre todo en el campo de la mineralogía. Viajó bastante, en busca del conocimiento de la alquimia. Produjo remedios o medicamentos con la ayuda de los minerales para destinarlos a la lucha del cuerpo contra la enfermedad. Otro aporte a la Medicina moderna fue la introducción del término sinovial; de allí el líquido sinovial, que lubrica las articulaciones. Además estudió y descubrió las características de muchas enfermedades (sífilis y bocio entre otras) y para combatirlas se sirvió del azufre y el mercurio. Se dice que Paracelso fue un precursor de la homeopatía, pues aseguraba que «lo parejo cura lo parejo» y en esa teoría fundamentaba la fabricación de sus medicinas.

El orden cósmico era lo que le interesaba a Paracelso en primera instancia y lo halló en la tradición astrológica. La doctrina del Astrum in corpore es su idea capital y más querida. Fiel a la concepción del hombre como microcosmos, puso el firmamento en el cuerpo del hombre y lo designó como Astrum o Sydus (en español, astro o constelación). Fue para él un cielo endosomático, cuyo curso estelar no coincide con el cielo astronómico, sino con la constelación individual, que comienza con el «Ascendente» u horóscopo. Se le atribuye la paternidad del término Espagiria, producción de medicinas a partir de plantas utilizando procedimientos alquímicos. Uno de los principios de Paracelso fue: «Únicamente un hombre virtuoso puede ser buen médico». Para él la Medicina tenía cuatro pilares: Astronomía; Ciencias naturales; Química; El amor. Introdujo el uso del láudano. Su principal libro fue La gran cirugía (Die Grosse Wundartzney). A pesar de que se ganó bastantes enemigos y obtuvo fama de mago, contribuyó en gran manera a que la Medicina siguiera un camino más científico y se alejase de las teorías de los escolásticos. También aportó datos alquímicos. A Paracelso le atribuimos la idea de que los cuatro elementos (tierra, fuego, aire y agua) pertenecían a criaturas fantásticas que existían antes del mundo. Así pues, la tierra pertenecería a los gnomos, el agua a las nereidas (ninfas acuáticas), el aire a los silfos (espíritus del viento) y el fuego a las salamandras (hadas de fuego). Igualmente, Paracelso aceptó los temperamentos galénicos y los asoció a los cuatro sabores fundamentales. Esta asociación tuvo tal difusión en su época que aún hoy en día, en lenguaje coloquial, nos referimos a un carácter dulce (tranquilo, flemático), amargo (colérico), salado (sanguíneo, dicharachero) y el carácter ácido pertenecería al temperamento melancólico.

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Nicol o Nicholas Flamenco  (Flamel), (1330 – 1418), fue un burgués parisino del siglo XIV, escribano público, copista y librero jurado. Aunque sin duda un personaje histórico, las leyendas lo describen como alquimista de suficiente habilidad para ejecutar las dos obras más complejas del arte alquímico: la transmutación de los metales en oro gracias a la elaboración de la piedra filosofal, y la inmortalidad. Flamel era un hombre letrado para su época. Tomo parte de esta época del renacimiento y había aprendido el oficio de copista de su padre, quien había sido un sofer antes de su conversión forzada al cristianismo, y comprendía correctamente el hebreo y el latín. De acuerdo a la leyenda, cuando se hallaba en plena guerra de los Cien Años trabajando de librero en París, Flamel se hizo alrededor de 1355 con un grimorio alquímico, que excedía con creces sus conocimientos, y empleó 21 años en intentar descifrarlo. Diferentes versiones aseguran que lo recibió de un desconocido, que lo compró casi al azar o que le fue entregado por un ángel en sueños. Para ello viajó a España, donde consultó tanto a las autoridades sobre Cábala como a los especialistas en el mundo antiguo, ya que en aquella época y bajo la influencia andalusí, las mejores traducciones del Griego antiguo se producían en las universidades españolas, hasta encontrar en León, después de preguntar a muchas personas, a un anciano rabí, el Maestro Canches, quien identificó la obra como el Aesch Mezareph del Rabí Abraham, y enseñó a Flamel el lenguaje y simbolismo de su interpretación.

La narración de todos estos hechos tiene lugar en su Libro de las figuras jeroglíficas (1399), que describe brevemente al comienzo dichas peripecias, explicando a lo largo de dicha obra el magisterio filosofal, descrito como si de la peregrinación a Santiago de Compostela se tratara. Sin embargo algunas teorías apuntan a que dicho entramado tiene un significado mucho más profundo, siendo reflejo de los misterios iniciáticos que se ocultan tras esta obra. Entre estos misterios estaban el descubrimiento de la Piedra Filosofal y la creación de homúnculos,  mediante la palingenesia de las sombras, lo que implica crear un cuerpo astral, animal o vegetal.  Flamel regresó a París en 1382, y en 1407 se hizo construir una casa, aún en pie, en el actual 51, rue de Montmorency, además de financiar capillas, asilos y hospitales. El rey Carlos VI de Francia le pidió que le aportara oro a las arcas reales mediante su sistema de transmutación. Se asegura que durante esos años elaboró también una piedra, gracias a la cual él y su mujer, Perenelle, obtuvieron la inmortalidad. Aunque aparentemente falló, ya que se dice que fallecieron y fueron enterrados entre 1410 y 1418, en el cementerio de St. Jacques de la Boucherie, al intentar exhumarlo, se encontraron con una tumba vacía. Aunque bien pudo deberse al saqueo de la misma en busca de objetos de valor o de textos, esto no hizo más que reforzar los rumores de su inmortalidad, al igual que las historias sobre su vida en juventud y recorriendo lugares como India y Turquía después de su supuesta muerte, recopiladas por Paul Lucas (1664-1737). Su lápida, ricamente grabada, se conserva en el Museo de Cluny.

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Robert Fludd, también conocido como Robertus de Fluctibus (1574 – 1637), fue un eminente médico paracélsico, astrólogo y místico inglés. Robert Fludd era el quinto hijo de Elisabeth Andros y Sir Thomas Fludd, funcionario de alto rango del gobierno y tesorero de guerra para la armada de Isabel I. Se educó en el anglicanismo, la religión de sus padres. Pero considerando que su formación era insuficiente, y con objeto de perfeccionar sus conocimientos, emprendió un viaje al continente europeo que duró seis años. Entre 1598 y 1604 Fludd recorrió España, Francia, Italia y Alemania, estudiando medicina, química y lo oculto, aunque es principalmente conocido por su investigación en el campo de la filosofía oculta. Fue sin duda en Alemania donde Fludd entró en contacto directo con el movimiento rosacruz. De retorno a Inglaterra, el 16 de mayo de 1605 obtuvo su doctorado en medicina en la Universidad de Oxford. Más adelante se instaló en Londres. A partir de los 42 años (1616) empezó a escribir y publicar, y hasta su muerte no paró de escribir voluminosas obras herméticas. Fludd es considerado como uno de los grandes humanistas del Renacimiento: su conocimiento se apoyaba en el conjunto de las Humanidades, y consagró una parte importante de sus voluminosos escritos a defender la reforma de las ciencias. En tanto que médico y alquimista, se interesó por las ideas de Paracelso. En materia de medicina, es reconocido como un precursor. A él se debe la descripción del primer barómetro. Fludd fue la primera persona en tratar acerca de la circulación de la sangre, y de hecho llegó a la conclusión correcta. Sin embargo, su conclusión se basaba en la analogía del macrocosmos-microcosmos, una teoría en la que todo cuanto acontece en el microcosmos (hombre) está bajo la influencia del macrocosmos (cielo). Su teoría planteaba que la sangre debe circular puesto que el corazón es como el Sol, y la sangre como los planetas; en esa época ya era conocido que los planetas orbitan alrededor del Sol. Posteriormente, William Harvey explicó la circulación de la sangre en términos más modernos y experimentales, aunque el trabajo de Harvey todavía hacía referencias a la analogía macrocosmos-microcosmos de Fludd.

Fludd era ante todo un espiritualista que establecía una distinción entre la parte física mortal y la parte anímica inmortal del hombre. Para él, el alma está unida a Dios, mientras que el cuerpo físico es una parte de la naturaleza. El espíritu de la vida, la fuerza esencial de la vida o fuerza vital, etérea y unida al alma, constituye a la vez la conciencia y el espíritu animal en nosotros. Esta fuerza vital es la causa de todas las funciones vitales. Fludd practicaba la sanación a distancia, mediante un sistema descrito anteriormente por Paracelso y que Fludd denomina en sus tratados el ungüento de simpatía. Este método era usado por varios médicos rosacruces de la época, especialmente Jan Baptist van Helmont y Kenelm Digby. Mantuvo un célebre intercambio de opiniones con Johannes Kepler relativas a los enfoques científico y hermético del conocimiento. Su filosofía está expuesta en Utriusque Cosmi, Maioris scilicet et Minoris, metaphysica, physica, atque technica Historia (La historia metafísica, física y técnica de los dos mundos, a saber el mayor y el menor, publicado en Alemania entre 1617 y 1621); según Frances Yates, su sistema de memoria (que describe con detalle en The Art of Memory) podría reflejar el esquema del Globe Theatre de Shakespeare. En 1617, Fludd escribió De Musica Mundana (Música Mundana), libro tercero de la Historia metafísica, física y técnica de los mundos mayor y menor, donde describe sus teorías de la música, y del macrocosmos, además de su monocordio (también conocido como “divino” o “celestial“).

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Un año después publicaría De Naturae Simia (la historia técnica) ampliando sus teorías acerca de la música humana y siguiendo la pitagórica estela que Boecio había trazado en el siglo VI. En sus libros, Robert Fludd se ocupó asimismo de presentar la armonía entre el macrocosmos y el microcosmos. Continuando con un conocimiento universal, se interesó en las correspondencias armónicas que existen entre los planetas, los ángeles, las partes del cuerpo humano y la música. Sus libros son verdaderas obras maestras, magníficamente adornados con grabados que ilustran sus ideas. En 1630, Fludd ideó una máquina de movimiento perpetuo. En la década de 1870 se hicieron varios intentos de patentar variaciones de la máquina de Fludd. Esta máquina funcionaba mediante recirculación, por medio de una noria de agua y un tornillo de Arquímedes. El dispositivo bombea continuamente el agua a su depósito de origen.Según los Dossiers Secretos, de Henri Lobineau, Fludd era un Gran Maestre del Priorato de Sion. Fludd defendía la filosofía de los alquimistas y de los Rosacruz, y se sirvió de sus doctrinas para describir al hombre, la naturaleza y el universo. Se dice que no era miembro de los Rosacruz, como sostenía a menudo, pero defendió su pensamiento en su Tractatus Apolegeticus integritatem Societatis de Rosea Cruce defendens, donde describió el origen del conocimiento de los Rosacruz. La obra trata de sus ideales, de su integridad y su sabiduría. Fludd era descendiente de Cunedda Wledig ap Edern, Rey de Gwynedd, actualmente parte de Gales. Gwynedd es una de las dos zonas de Gales que fue gobernada por monarcas irlandeses; la otra es Dyfed.

Jakob Böhme (1575 – 1624) fue un místico y teósofo luterano. Importante vínculo de transmisión entre el maestro Eckhart y Nicolás de Cusa, por un lado, y Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Friedrich Schelling, por otro. Su extensa obra, nacida de la intuición intelectual, ha influido durante siglos sobre todo en filósofos y teólogos. Su motivación fueron las cuestiones acerca del origen del Bien y del Mal. Escribió obras como “Árbol matutino naciente” o “Sobre los tres principios de la esencia divina“. Nació en una familia campesina de filiación luterana, en una aldea cercana a Görlitz. Desde pequeño se dedicó a labrar la tierra, y en su adolescencia trabajó remendando zapatos de forma ambulante. Tuvo noticia de la división religiosa de Alemania, y de cómo la gente buscaba consuelo en las doctrinas herméticas y teosóficas. A los 18 años tuvo una “visión” que le cambió la vida. Fueron 7 días en los que dijo estar “rodeado de la divina luz“. Se casó a los 19 años con la hija de un carnicero y trabajó como zapatero. Tuvo sucesivas visiones, hasta que en 1610 se decidió a escribir sus experiencias durante su tiempo libre. “Aurora” es la obra de la que dice Böhme que fue redactada “bajo el impulso de Dios“. Algunos ven en dicha obra la influencia de Valentín Weigel (1533-1588), pastor protestante que fundó una secta mística basada en las enseñanzas de Taulero y Paracelso. El pastor Gregorius Richter, primado eclesiástico de Görlitz, prohibió a Böhme escribir bajo pena de destierro. Böhme obedece durante 5 años, y vuelve a tomar la pluma en 1619, no soltándola hasta su muerte, 5 años después, consiguiendo discípulos y acrecentándose su fama en Alemania. Sus libros eran publicados de forma clandestina por sus amigos. Cuando Richter lo acusó de herejía, y lo expulsa de la ciudad, Böhme ya tenía seguidores y aliados entre los magistrados municipales. Acató la orden no sin antes defenderse de los cargos. Pudo volver a Görlitz en 1624 cuando ya había muerto Richter. No obstante, Böhme murió ese mismo año.

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Giovanni Pico della Mirandola (1463 – 1494), humanista y pensador italiano. Mientras estudiaba en la Universidad de Bolonia publicó, a los catorce años, Las decretales. Luego viajó por el territorio italiano y más tarde por Francia, donde también asistió a la universidad. Estudió sobre todo lenguas: griego, árabe, hebreo y caldeo, con el propósito de entender la Cábala, el Corán, los oráculos caldeos y los Diálogos platónicos en sus textos originales. En 1485, durante su estancia en París, leyó los trabajos de Averroes (1126-1198), el filósofo y teólogo asharí hispanoárabe que introdujo el pensamiento aristotélico en Occidente. Allí concibió la idea de unificar las tradiciones culturales sobrevivientes en aquella época. Al año siguiente, ya de regreso en Italia, con sólo 23 años, raptó en Arezzo a la esposa de Giuliano Moriotto dei Medici, un pariente pobre de los Medici florentinos, por lo que fue perseguido, atacado y herido. Luego, hacia finales del año 1486 publicó en Roma sus Conclusiones philosophicae, cabalisticae et theologicae, conocidas como Las 900 tesis. Se trata de novecientas proposiciones recogidas de las más diferentes fuentes culturales, tanto de filósofos y teólogos latinos como de los árabes, los peripatéticos y los platónicos. No excluyó tampoco a los pensadores esotéricos, como Hermes Trimegisto, ni a los libros hebreos. La obra iba precedida de una introducción, que tituló Discurso sobre la dignidad del hombre, texto que se ha convertido en clásico y donde Pico della Mirandola formula tres de los ideales del Renacimiento: el derecho inalienable a la discrepancia, el respeto por las diversidades culturales y religiosas y, finalmente, el derecho al crecimiento y enriquecimiento de la vida a partir de la diferencia. En cuanto a las tesis, su intención era demostrar que el Cristianismo era el punto de convergencia de las tradiciones culturales, religiosas, filosóficas y teológicas más diversas. Su intención era que estas novecientas conclusiones se discutieran en Roma, después de la Epifanía de 1487, por los doctos de todo el mundo, para entablar una paz filosófica entre los cultivadores de todas las doctrinas.

Un ejemplo es esta interpretación de la creación basada en el Génesis y el Timeo de Platón: “Cuando Dios terminó la creación del mundo, empieza a contemplar la posibilidad de crear al hombre, cuya función será meditar, admirar y amar la grandeza de la creación de Dios. Pero Dios no encontraba un modelo para hacerlo. Por lo tanto se dirige al primer ejemplar de su criatura, y le dice: “No te he dado una forma, ni una función específica, a ti, Adán. Por tal motivo, tendrás la forma y función que desees. La naturaleza de las demás criaturas la he dado de acuerdo a mi deseo. Pero tú no tendrás límites. Tú definirás tus propias limitaciones de acuerdo con tu libre albedrío. Te colocaré en el centro del universo, de manera que te sea más fácil dominar tus alrededores. No te he hecho mortal, ni inmortal; ni de la tierra, ni del cielo. De tal manera, que podrás transformarte a ti mismo en lo que desees. Podrás descender a la forma más baja de existencia como si fueras una bestia o podrás, en cambio, renacer más allá del juicio de tu propia alma, entre los más altos espíritus, aquellos que son divinos“. Sin embargo trece de esas tesis fueron consideradas “sospechosas de herejía“. El Papa las vinculó con la magia cabalística y prohibió seguir adelante con el debate. Pico della Mirandola no tuvo mejor idea que escribir una Apología en la cual defendía esas tesis cuestionadas, lo que los doctores eclesiásticos consideraron un acto de soberbia y obstinación. Juzgado y condenado por herejía, Pico della Mirandola fue excomulgado, por lo que huyó a Francia, donde fue detenido y conducido a la cárcel de Vincennes. El heredero del trono de Francia, y futuro rey, Carlos VIII, intercedió en su favor y fue liberado. Tiempo después aceptó una invitación de Lorenzo el Magnífico de Medicis (1449-1492), banquero, político y mecenas italiano, y se instaló en Florencia. En el año 1489 finalizó el Heptaplus, relato místico de la creación del universo, en el que bucea sobre el Génesis,  buscando desentrañar sus significados más recónditos. Dos años después, con veintiocho años de edad, renunció a sus cuantiosos bienes y a su parte del principado familiar y se entregó a un profundo fervor religioso. Viajó por toda Italia como mendicante hasta que, en 1493, el papa Alejandro VI lo absolvió de cualquier imputación de herejía y lo admitió de nuevo en la Iglesia católica.

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Pico della Mirandola, sin embargo, no abjuró de ninguna de sus tesis. Ingresó en la Orden de los Dominicos, cuyos hábitos llegó a vestir poco antes de su muerte, acaecida a los treinta y un años, el 17 de noviembre de 1494. Una parte de su Disputationes adversus astrologiam divinatricem fue publicada en Bolonia tras su muerte. En este libro Pico della Mirandola presenta argumentos contra la práctica de la astrología que han tenido una enorme importancia durante siglos, hasta nuestras fechas. Disputationes está influido por los argumentos contra la astrología expuestos por su admirado San Agustín de Hipona, y también por ideas mantenidas por su maestro, Marsilio Ficino, que le habría animado a escribirlo. La enemistad de Pico della Mirandola contra la astrología parece deberse principalmente al conflicto con las nociones cristianas de libertad de elección. Pero los argumentos de Pico della Mirandola van más allá de las objeciones de Ficino (que era astrólogo). El sobrino de Pico della Mirandola, un ferviente seguidor de Savonarola, editó el manuscrito para su publicación tras su muerte, y posiblemente fue corregido para ser aún más crítico. Esto explica el hecho de que Ficino promocionara el manuscrito y lo apoyara con entusiasmo antes de su publicación. Pico della Mirandola llegó a reunir una de las bibliotecas personales más ricas del Renacimiento, que legó a un amigo, con la condición de no cederla a ningún convento, como era lo usual en la época entre los hombres de su condición, lo que coincide con su talante independiente y sus firmes y sostenidas convicciones de eterno rebelde ante la autoridad eclesiástica. Su fama era grande a su muerte, como demuestra su epitafio: “Hic situs est PICUS MIRANDOLA, cætera norunt/Et Tagus et Ganges, forsan et Antipodes” (“Aquí yace Pico della Mirandola: el Tajo, el Ganges, aun las Antípodas saben el resto“).

Arnau de Vilanova (en catalán y provenzal), denominado también Arnaldo de Vilanova o de Villanueva en castellano, Arnaldus de Villa Nova o Arnaldus Villanovanus en latín y Arnaud de Villeneuve en francés, (1238 – 1311), posiblemente nacido en Villanueva de Jiloca, antiguamente Villanueva de San Martín, Zaragoza, fue médico, teólogo y embajador de grandes figuras de la monarquía y del clero de su época. Escribió obras claves para la medicina europea medieval, como Régimen Sanitatis ad regum Aragonum, Medicinalium introductionum speculum y algunos tratados de patología general, entre otros. Se le conocía como el “médico de Reyes y Papas” y se le han atribuido obras de alquimia, aunque muchas de las obras que se le adjudican podrían no ser suyas. De formación políglota dominó el hebreo, árabe, probablemente el griego, algunas lenguas vulgares de Francia, el latín y el catalán, siendo estas dos últimas las que usó para escribir sus obras. Probablemente fue el médico más importante del mundo latino medieval, implicado también en cuestiones político-religiosas de su tiempo. Las referencias acerca del origen de fray Villanueva son especialmente oscuras y embrolladas; referencias ocasionales y contradictorias hacen de Francia, Catalunya o Valencia la patria de fray Villanueva. Menéndez Pelayo escribió, ya en 1880, que “el referir y contrariar los yerros cometidos por los biógrafos de Arnaldo sería prolijo y enfadoso“. Descubrimientos documentales recientes apuntan a Villanueva de Jiloca, cerca de Daroca, como el lugar de nacimiento del personaje aragonés, sin que se conozca la fecha exacta, aunque rondando el año 1240. Sin embargo, muy pronto emigró, presumiblemente con su familia, al vecino reino de Valencia, poco tiempo antes conquistado por el rey Jaime I (entre 1225 y 1262) para los cristianos. En su capital fue tonsurado, y vivió y ejerció su profesión como médico. Tuvo propiedades y profesó como monja dominica a su hija María (1291).

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En 1260 estudiaba Medicina en Montpellier y en 1280 era ya un médico prestigioso. Diez años más tarde se halla de nuevo en Montpellier como maestro de su pujante Escuela médica, aunque no por ello deja de atender sus intereses valencianos y la salud de la familia de Jaime II de Aragón. Este rey, gran amigo de Vilanova, le enviaría, en 1299, a la corte de Francia, en misión diplomática. Y en París iba a dar a conocer las ideas que había ido desarrollando acerca del próximo fin del mundo y de la necesaria reforma de la Iglesia. La repulsa de los teólogos de la Sorbona, que condenan su Tractatus de tempore adventu Antichristi (Tratado sobre el tiempo en que ha de venir el Anticristo), va a marcar un giro en su vida. Herido por la afrenta y convencido de su verdad, se lanzó a una campaña vindicativa que mengua, aunque no elimina, su labor profesional. Le vemos en 1301 apelando al papa Bonifacio VIII y remitiendo un opúsculo apologético a destacadas personalidades de la cristiandad; en 1302, polemizando violentamente con los dominicos que rechazan sus ideas; y en 1304, protestando ante el cónclave reunido en Perusa. La elección de Clemente V, antiguo amigo de Vilanova, a cuyo examen somete la colección de sus escritos religiosos, le trae unos años de calma (1305-1309) en los que Vilanova realiza gestiones a favor de sus reyes en la corte pontificia de Aviñón y lleva a cabo una amplia propaganda espiritual entre las comunidades laicales de la Provenza. El prestigio de que goza le permite intervenir en problemas tales como el proceso de los templarios, los proyectos de Cruzadas, las disidencias del franciscanismo estricto o las tensiones entre la Santa Sede y el rey de Sicilia.

El rey de Sicilia era el joven y caballeroso Federico II, en el que el maestro Vilanova hallaría un discípulo fiel y ferviente. A su dictado había emitido disposiciones para el buen orden de su casa y reino. Y, en 1309, le confiaba unos sueños misteriosos, cuyo significado interpretaría Vilanova, relacionándolo con otros tenidos por Jaime II, en el sentido de que ambos reyes hermanos habían de promover la acción renovadora de la Iglesia preconizada por él. La exposición que de todo ello hiciera Vilanova en público iba a provocar su ruina. Ante la protesta de la curia y la indignación del rey de Aragón, Vilanova tuvo que refugiarse junto al de Sicilia. De una longevidad inusual para la época, murió septuagenario en Génova el 8 de septiembre de 1311, cuando realizaba gestiones para evitar la ruptura de hostilidades con Roberto I de Nápoles. Vilanova tuvo una activa intervención en la vida política de su tiempo, casi siempre movida por sus ideales religiosos y apoyada en su prestigio profesional. Sobre todo en la amistad de Jaime II, en la tolerancia de Bonifacio VIII o en la benevolencia de Clemente V subyace la gratitud del paciente eficazmente tratado, aunque se vea también fomentada por la lealtad del súbdito y la fidelidad del cristiano. Hay en la obra religiosa de Vilanova más de celo indiscreto, de ingenuidad idealista o de fantasía exaltada que de heterodoxia formal. Implicado en el movimiento de los espirituales, en la línea de las extrañas especulaciones de Joaquín de Fiore, busca la salvación del mundo en sus lucubraciones escatológicas, en sus exigencias de reforma eclesiástica y en sus exhortaciones ascéticas. Pero aunque las fantasías de la especulación o las violencias de la polémica le lleven a expresiones desafortunadas, nunca cae en la herejía. La sentencia de la Junta de Teólogos de Tarragona, que en 1316 ordenó la destrucción de sus obras espirituales, fue anticanónica y desmesurada.

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Pero Vilanova fue ante todo magister medicinae. Por una parte, clínico práctico de amplia experiencia y fama bien acreditada. Por otra, profesor destacado de la mejor Facultad del Medievo. Por otra, autor de una importante obra médica, muy difundida y apreciada a lo largo de tres siglos y a lo ancho de toda la cristiandad. Apenas hay biblioteca importante que no cuente con copias medievales o ediciones renacentistas de algunos de sus escritos científicos. En el siglo XVI se hizo una colección que trataba de recoger sus obras completas, cuyo éxito denotan las reimpresiones que se sucedieron. Puede decirse que la obra médica de Vilanova responde a su condición de médico escolástico, un sabio formado en los textos clásicos de Hipócrates y Galeno, recibidos a través de su versión arábiga y completados con las mejores producciones de los autores que escribieron en árabe. Aunque no le hubiera sido preciso el conocimiento de este idioma, pues la mayor parte de esos libros habían sido ya traducidos al latín, sabemos que Vilanova lo poseía a la perfección y que en sus años de médico regio en Barcelona había traducido opúsculos de Galeno, Avicena y otros. El grueso de su obra original es fruto de su época de Montpellier. Hay un conjunto de tratados extensos y bien elaborados que reflejan el estilo y responden a la utilidad de la docencia impartida en las Escuelas de Medicina. Comentarios eruditos, varios de los cuales se han perdido o permanecen inéditos, a los autores exigidos en el plan de estudios; colecciones de aforismos de intención nemotécnica, entre los que destacan las populares Parábolas de la medicación, de las que se conservan 40 copias de los siglos XIV y XV y que fueron editadas 15 veces en el XVI; obras de doctrina médica, unas estrictamente especulativas —De humido radicale—, otras que desembocan ampliamente en la práctica —como De considerationibus operis medicinae—, todas ellas coronadas por esa admirable síntesis de los principios de la ciencia médica que es la llamada Speculum medicinae; densas exposiciones de farmacología básica, como el tratado De graduatibus medicinarum, tan importante en la línea de los intentos medievales de una teorización de la dosificación medicamentosa, etc.

Junto a este bloque de escritos está el tan conocido Regimen sanitatis, escrito en 1308, para tutelar la salud del rey de Aragón, pero que pronto se difundió amplísimamente por toda Europa, siendo traducido al hebreo, y los extensos catálogos de medicamentos simples y compuestos —Simplicia y Antidotarium—, y las monografías, breves y expresivas, que abordan los más diversos problemas clínicos. En cambio, puede afirmarse el carácter apócrifo de obras tan ligadas al nombre de Vilanova como son el Breviarium practicae y el comentario al Regimen sanitatis salernitanum. Y, desde luego, del conjunto de los libros de alquimia que le han sido atribuidos. Hay motivos suficientes para despojar la figura de Vilanova del manto de alquimista de que fue revestido por autores o copistas del siglo XV y que tanto se suele destacar en la visión habitual que se da de su persona. No parece que fuera alquimista, ni mago, ni rebelde innovador. Más bien, fue un médico galenista que, sobre la base de un profundo conocimiento de la ciencia transmitida por los antiguos, elaboró una doctrina tan propia como tradicional, que procuró celosamente preservar de toda cavilación filosofizante  y dirigir a la práctica clínica concreta. Sus obras sobre medicina constituyen un bien forjado eslabón en la cadena de transmisión perfeccionadora del saber médico clásico. En total, su obra médica se compone de 27 títulos auténticos más otros 51 atribuibles al maestro, según las investigaciones publicadas en la Arnaldi de Vilanova Opera Medica Omnia. Versan sobre medicina teórica con fines docentes (Speculum medicinae), aforismos (Aphorismi de gradibus), regímenes de sanidad (Regimen sanitatis ad regem Aragonum y Regimen Almeriae, encargados ambos por el rey Jaime II), medicina práctica, estudios monográficos, farmacia y traducciones (de Avicena, Galeno, etc). También se ocupó de la Astrología, la cábala y alquimia, aunque la mayoría de las obras que se le atribuyen en estos campos se consideran apócrifas.

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En ciertas tesis relativas a la historia rosacruz, se cita a un personaje cuyo nombre es Christian Rosenkreutz (1378-1484) y se le muestra como fundador de la Orden de la Rosa-Cruz. Pero en realidad la Orden existía desde hacía varios siglos, pero funcionaba por ciclos de actividad de 108 años, seguidos de un periodo inactivo de igual duración. Cuando llegaba el momento de proceder a su resurgimiento, se tomaban las disposiciones necesarias para anunciar la apertura de una tumba en la que se encontraba el cuerpo de un Gran Maestro,  con joyas raras y manuscritos que habilitaban a los autores del descubrimiento a proceder a su despertar para un nuevo ciclo de actividad. Este anuncio era alegórico y las iniciales “C.R.C.” no designaban a una persona que existiera realmente. Es a la luz de estas explicaciones como hay que considerar la leyenda e historia de Christian Rosenkreutz.  En el siglo XVII, la Orden alcanza su más alta reputación a partir de la publicación y de la amplia difusión de tres Manifiestos impresos en Alemania y atribuidos a Juan Valentín Adreae (1586-1654). Se trata de la Confessio Fraternitatis“, “La Fama Fraternitatis” y de “Las Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz“, que datan respectivamente de 1614, 1615 y 1616. Juan Valentín Adreae nació el 17 de agosto de 1.586 en Herrenberg, ducado de Wutemberg (Alemania), en el seno de una familia noble. Su abuelo fue canciller y teólogo. Su padre, era superintendente de Herrenberg. Desde pequeño supo aprovechar de excelente forma las oportunidades educativas que se le fueron presentando. Cuando tenía 15 años, falleció su padre y toda la familia se trasladó a Tubinga. En la universidad de esta ciudad, estudió durante seis años, combinando sus estudios con el trabajo de profesor particular, ayudando así al sostén familiar, ya que tenía seis hermanos menores, además de costear su carrera. En 1.605, ya graduado como profesor, comenzó sus estudios de teología, al mismo tiempo que predicaba. Por causas que no están muy claras, se cree que por alguna juerga un tanto descontrolada, perdió su empleo y la posibilidad de ingresar en la carrera eclesiástica. Durante varios años se dedicó a viajar.

De vuelta en Tubinga intentó recuperar su antiguo trabajo, pero fue en vano, ya que no había un puesto para él, así que empezó a trabajar como preceptor de jóvenes de la nobleza. El año 1614 fue un año importante en la vida de Valentín, por un lado pudo retomar sus actividades en la universidad de Tubinga, y fue nombrado Diaconus, en Vaihingen. Además, contrajo matrimonio con Isabel Grüninger. Pero hay algo mucho más interesante. Según se cree, en uno de sus múltiples viajes, habría entrado en contacto con una serie de misteriosos personajes que le habrían encomendado la misión de dar a conocer al mundo la Hermandad Rosa Cruz. Se sabe con certeza que perteneció, entre 1614 y 1619, al llamado Capítulo de Cassel, sociedad secreta fundada por el conde Mauricio de Hesse-Cassel. Durante esta época publicó multitud de documentos destinados a dar a conocer el ocultismo verdadero. Sin duda, su obra fundamental fue “Las Bodas Alquímicas de Cristian Rosenkreutz”, una maravillosa alegoría de la transmutación alquímica del alma humana. En realidad, estos tres Manifiestos, en los que se mezclan los textos históricos y alegóricos, fueron redactados por un Colegio de Rosacruces marcando el comienzo de un nuevo ciclo de actividad de la Orden, que, a partir de ese momento, se dio a conocer públicamente bajo el nombre de “Orden de la Rosa-Cruz“. En 1693, bajo la dirección del Gran Maestro Johannes Kelpius (1673-1708), rosacruces de todos los países de Europa embarcaron hacia el Nuevo Mundo a bordo del “Sarah María“. A principios de 1694, desembarcaron en Filadelfia donde se establecieron. Unos años más tarde, algunos se desplazaron hacia el Oeste de Pensilvania y fundaron una nueva colonia. Después de haber creado su propia imprenta, editaron un gran número de obras maestras de la literatura mística e introdujeron en América las enseñanzas de la auténtica Rosa-Cruz. Bajo el impulso de estos rosacruces europeos nacieron también numerosas instituciones americanas y el mundo de las artes y de las ciencias conoció un progreso sin precedentes en los Estados Unidos. Personajes eminentes como Benjamín Franklin (1706-1790) y Thomas Jefferson (1743-1826) estuvieron en estrecho contacto con la obra rosacruz de este país.

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El Sistema de iniciación denominado Rojismo y sus órdenes derivadas, como la Orden Illuminati y la Orden O.T.O. (Ordo Templi Orientis), centran la iniciación en el dios de la Luz Baphomet. Por tanto, nada mejor que conocerlo un poco mejor. Baphomet (también Bafomet, Bafumet, Bafometo o Baffometo) es una supuesta deidad cuyo culto se le atribuye a los Caballeros de la Orden del Temple. Su nombre apareció por primera vez cuando los templarios fueron enjuiciados por herejes. Durante el proceso, muchos de los caballeros de la orden fueron sometidos a tortura, y confesaron numerosos actos heréticos. Entre ellos se incluyó la adoración a un ídolo de Baphomet, que tenía una cabeza barbada y con pequeños cuernos. Esto explicaría por qué razón los templarios fueron acusados de herejes tras haber tomado contacto, en Tierra Santa, con los sarracenos y sus creencias. Los templarios acusados de herejes vivían en Occitania, cuya lengua local era el occitano. En las lenguas vecinas se usaron los términos Mahomet (francés) y Mafumet (catalán). Esta hipótesis se apoya en que en el acta contra los templarios no se dan mayores explicaciones, apuntando a que era un término de uso habitual. Otras fuentes más aventuradas sostiene que la testa barbuda en cuestión correspondería a Jesucristo. Esto último estaría contradiciendo la creencia en la Resurrección. Destacan que esta cabeza,  que no era una mera representación, sino una cabeza humana embalsamada, no era otra que la de Juan el Bautista. Suele relacionarse también el nombre Baphomet con la fusión de dos términos griegos cuyo significado aproximado es el de bautismo de sabiduría. Se decía que Baphomet era el encargado del purgatorio de los siete infiernos y de los diferentes demonios de los siete pecados capitales. En 1589, Peter Binsfeld asoció cada pecado capital con un demonio, que tentaba a la gente por medios asociados al pecado. Según “La Clasificación de los Demonios por Binsfield”, los demonios asociados son: Asmodeo, Belcebú, Mammon, Belfegor, Satanás, Leviatan y Lucifer.

Asmodeus (Asmodai, Sydonai, Chammadai, Asmodeo, o Asmodaeus) es un demonio, conocido comúnmente por aparecer en el Libro de Tobit o Libro de Tobías, que no forma parte del Antiguo Testamento protestante ni del judío, pero si del católico. También es mencionado en el Talmud y en los tratados de demonología. Su origen se halla en la religión mazdeísta (Zoroastrismo) de los persas. Probablemente, llega al judaísmo durante el tiempo en el que este pueblo se halló bajo la dominación persa (siglo VI a.C), y más tarde, pasaría al cristianismo, aparentemente en el siglo II a.C. En el Libro de Tobit, Asmodeus se enamora de Sarah, hija de Raguel, y cada vez que aquella contrae matrimonio, mata al marido durante la noche de bodas. Así llega a matar a siete hombres, impidiendo que consumen el matrimonio. Más tarde, Sarah se promete a un joven llamado Tobías, hijo de Tobit. Éste recibe la ayuda del arcángel Rafael, el cual le enseña cómo librarse del demonio. De este modo, Tobías coge un pez y le arranca el corazón, los riñones y el hígado, colocándolos sobre brasas. Asmodeus no puede soportar los vapores así desprendidos, y huye a Egipto, en donde el arcángel Rafael le encadena. No se sabe más de la suerte que corre este demonio, pero se lo presenta como símbolo del deseo carnal. En el Talmud, Asmodeus no parece ser una criatura tan maligna como en otros libros, sino que relata historias sobre su trato con el rey Salomón. Al parecer, Salomón llegó a atrapar al demonio y le obligó a construir el Templo de Jerusalén. En otra leyenda, Asmodeus y Salomón se cambiaron el uno por el otro durante varios años. En otra Asmodeus es presentado como el rey de todos los demonios, similar al concepto cristiano de Satán, y como amante de Lilith después de que ésta abandonara a Adán. Asmodeus y Samael “El Veneno de Dios” son algunos de los nombres que se le da a Lucifer tras tentar a Eva con el fruto de uno de los árboles prohibidos, el del conocimiento del bien y del mal. Tras su caída se emparejó con Lilith, la primera mujer de Adán, y con ella engendró miles de demonios. En ocasiones se atribuye a Asmodeo la paternidad del mago Merlín. En la Edad Media, cuando se quería asociar los 7 pecados capitales con sus “demonios responsables“, se le indicó como el demonio de la lujuria.

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Leviatán (del hebreo לִוְיָתָן, liwyatan, enrollado) es una bestia marina del Antiguo Testamento, a menudo asociada con Satanás y creada por Dios.(Génesis). El término Leviatán ha sido reutilizado en numerosas ocasiones como sinónimo de un gran monstruo o criatura. En el Génesis, Leviatán es mencionada de forma implícita (Job): “Dios creó los grandes monstruos marinosTaninim“. En este verso Rashi declara: “De acuerdo a la leyenda esto se refiere al Leviatán y su pareja. ya que esta es la reencarnación de la serpiente de Adán y Eva. Dios creó un Leviatán macho y una hembra, entonces mató a la hembra y la dio de comer para los honestos, ya que si los leviatanes llegaran a procrear, entonces el mundo no podría interponérseles.” Jastrow traduce la palabra “Taninim” como “monstruo marino, cocodrilo o gran serpiente“. La palabra “Leviatán” aparece en los siguientes libros bíblicos: “Aquel día Yahveh castigará con su espada firme, grande y pesada a la serpiente Leviatán, que siempre sale huyendo, a Leviatán, que es una serpiente astuta, y matará al dragón del mar” (Isaías). “Rompiste las cabezas del Leviatán; y lo diste por comida a las tortugas de mar” (Salmo 74). “Por allí circulan los navíos y Leviatán que hiciste para entretenerte” (Salmo 104). “¿Sacarás tú al Leviatán con el anzuelo, o con cuerda que le eches en su lengua?” (Job).  En el Talmud, el Leviatán es mencionado en el Avoda Zara: “Rav Yehuda dice, hay doce horas en un día. En las primeras tres horas Dios se sienta y aprende el Torá, las segundas tres horas él se sienta y juzga el mundo. Las terceras tres horas Dios alimenta al mundo entero… el cuarto periodo de tres horas Dios juega con el Leviatán“. También se menciona en el Moed Katan: “Rav Ashi le dijo a Bar Kipok: ¿qué será dicho en mi entierro? Él contestó: “¿si una llama puede derrumbar a un cedro, qué esperanza tiene un árbol pequeño? Si un Leviatán se puede enganchar y acarrear a la tierra, qué esperanza tiene un pescado en un charco?

El festival Judío de Sucot concluye con un rezo recitado antes de abandonar el sukkah (cabina): “Mayor sea su voluntad, Señor nuestro Dios y Dios de nuestros antepasados, que apenas pues he satisfecho y he morado en este sukkah, así pueda yo tener mérito en el año que viene para morar en el sukkah de la piel de Leviatán. El año próximo en Jerusalén.”. Un comentario en este rezo en el libro de rezos de Artscroll agrega: “El Leviatán era un pez monstruoso creado en el quinto día de la creación“. Su historia se relaciona largamente en el Baba Bathra del Talmud, donde se dice que “el Leviatán será destruido y su carne será servida como banquete para ser honrado en el tiempo por venir, y su piel se usará para cubrir la tienda donde ocurrirá el banquete“. La leyenda dice que en el banquete después del Armagedón, el caparazón del Leviatán será servido como comida, junto con el Behemoth  (buey) y el Ziz. El Ziz (hebreo: זיז), también conocido como Renanim (el cantante celestial), Sekwi (el vidente) o hijo del nido, es un pájaro gigante de la mitología judía, del cual se dice que puede bloquear el sol con sus alas. Es considerado un arquetipo de animal gigante o monstruoso. Hay otro himno religioso que recitado en el festival de Shavuot (celebrando el Torá), conocido como Akdamut, en donde dice: “… el deporte con el Leviatán y el buey Behemoth… cuando se engancharán el uno con el otro y comenzarán el combate, con sus cuernos, el Behemoth corneará con fuerza, el pez [Leviatán] saltará para confrontarlo con sus aletas, con poder. Su creador se les aproximará con su espada poderosa [y los matará a ambos].” Así, “de la hermosa piel del Leviatán, dios construirá los pabellones para abrigar al honrado, que comerá la carne del Behemoth [buey] y el Leviatán en medio de gran gozo y alegría, en un enorme banquete que será dado para ellos.” Algunos comentaristas rabínicos dicen que estos pasajes son alegóricos.

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Igualmente en el apócrifo Libro de Enoc Leviatán es descrito junto a Behemot: “Y en ese día se separarán dos monstruos, una hembra llamada Leviatán, que morará en el abismo sobre donde manan las aguas, y un macho llamado Behemot, y ocupará con sus pechos un desierto inmenso llamado Dandain“. El Leviatán también puede ser interpretado como el mar en sí mismo, con sus contrapartes, Behemoth que es la tierra y el Ziz que son el aire y el espacio. Algunos eruditos han interpretado al Leviatán, y otras referencias al mar en el Viejo Testamento, como referencias altamente metafóricas a los merodeadores del mar que aterrorizaron alguna vez el Reino de Israel. Algunas leyendas judías consideran al Leviatán como un dragón andrógino que en su forma masculina sedujo a Eva, y a Adán en su forma femenina. La interpretación cristiana del Leviatán le considera a menudo como un demonio asociado con Satán o el Diablo, y algunas especulan que éste es el mismo monstruo que Rahab (Isaías). Las referencias bíblicas a Leviatán parecen haberse desarrollado de una leyenda canaanita que implica una confrontación entre Hadad (Baal) y un monstruo marino de siete cabezas, al cual Hadad logra derrotar. También se asemeja a la épica de la creación babilónica “Enuma Elish“,  en la que el dios de las tormentas, Marduk, mata a su madre, el monstruo marino y diosa del caos y la creación, Tiamat, y crea la tierra y los cielos de las dos mitades de su cuerpo. Algunos eruditos bíblicos consideran que Leviatán representa las fuerzas preexistentes del caos: “Tú con tu poder, dividiste el mar y aplastaste las cabezas de monstruos marinos Rompiste las cabezas de Leviatán y lo diste por comida a las tortugas de mar” (Salmo 74). “Dios hizo retroceder las aguas de la tierra preexistente y destruyó al caótico monstruo marino Leviatán, para formar lo deformado y moldear la tierra a su gusto: La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis). Algunos intérpretes sugieren que el Leviatán es un símbolo de la humanidad en oposición a Dios, y no es más literal que las bestias mencionadas en Daniel y Revelación. En la demonología medieval un Leviatán es un demonio acuático que intenta poseer a las personas, siendo éstas difíciles de exorcizar.

 

Belfegor es un demonio que ayuda a la gente a hacer descubrimientos. Las seduce a través de inventos ingeniosos que supuestamente les proporcionará riquezas. De acuerdo a demonólogos del siglo XVI, su poder es más fuerte en abril. El arzobispo y caza-brujas Peter Binsfeld creía que Belfegor tentaba a la gente a través de la pereza. Belfegor se originó en Asiria como el dios moabita que era asociado al libertinaje y orgías. Se le alababa en forma de pene y se le describía en escrituras cabalísticas como El disputador, enemigo del sexto sephiroth. Su trabajo fue esparcir discordia y guiar a los hombres hacia el mal a través de promesas de bienes terrenales. Belcebú o Beelzebub, derivado de Baal Zebub o más propiamente Ba‘al Z’vûv, era el nombre de una divinidad filistea Baal Sebaoth (deidad de los ejércitos) en hebreo. Adorada, en épocas bíblicas,  en la ciudad filistea de Ecrón, fue posteriormente asimilada a la tradición cristiana. Se cree que Belcebú o Beelzebub deriva etimológicamente de “Ba’al Zvuv“, que significa “El Señor de las Moscas“. Por otro lado, el nombre Beelzebub era usado por los hebreos como una forma de burla hacia los adoradores de Baal, debido a que, en sus templos, la carne de los sacrificios se dejaba pudrir, por lo que estos lugares estaban infestados de moscas. Sin embargo, la palabra que compone este nombre suena en hebreo tsebal, morada, especialmente en el sentido de la Gran Morada, los infiernos. Y en boca del pueblo se confundió con tsebub, mosca. Y se pasó de este imponente nombre de “Señor de la Gran Morada” o “Señor del Abismo” a “Señor de las Moscas“, que es la traducción que suele darse en los textos evangélicos. Belcebú, en sus formas alegóricas,  toma a veces una apariencia colosal; de rostro hinchado, coronado con una cinta de fuego, cornudo negro y amenazante, peludo y con alas de murciélago.

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En la literatura cristiana se empleó para designar al Príncipe de los Demonios, de acuerdo a la antigua costumbre hebrea de representar deidades ajenas en forma maligna. El escritor inglés y premio Nobel de literatura en 1983, William Golding, escribió una novela alegórica, titulada El señor de las moscas (epíteto de Belcebú). En la novela se le representa mediante la cabeza de un jabalí, clavada en una pica en un claro de un bosque, y cortejada por miles de moscas que revolotean a su alrededor mientras se va pudriendo. En el relato bíblico el demonio asume diversos nombres, que corresponden a distintas manifestaciones de su maldad y de las tentaciones de pecado que nos ofrece incesantemente. Sin embargo originalmente, en la tradición judeocristiana existen desde el demonio del dinero, Mammón, hasta el que produce olores fétidos, Belial. Es frecuente que a Belcebú se lo denomine Satanás, y también Lucifer, y tantos otros nombres y especializaciones en el mal como creó, con fines didácticos, la imaginación de los predicadores. Pero en un diccionario sobre demonología podremos comprobar que son distintos demonios. Este semi-dios raramente vagaba por la tierra; siempre se mantuvo distante. Se dice que en su templo violaba menores que eran traídas por esclavos. En este sentido, también hay tradiciones que indican que Lucifer, Satanás y Belcebú conforman el triunvirato que gobierna al infierno y sus legiones. Las ideas expresadas en el libro de ficción El Código Da Vinci, escrito por Dan Brown, nos dice que la palabra Baphomet en el idioma del Abtash, código hebreo sin vocales, nos refiere a lo siguiente: En las letras del Abtash las primeras 11 letras (A–B–G–D–H–V–Z–Ch–T–Y–K) deben ser intercambiadas por sus consiguientes 11 (Th–Sh–R–Q–Tz–P–O–S–N–M–L).  Así pues, B-P-V-M-Th, intercambiando las letras, nos da: H-A-Z-A-E-L, que a su vez nos da el nombre de la “última” descendiente del linaje fruto de la relación entre María Magdalena y Jesús de Nazareth.

A Baphometh también se le relaciona con el “dios pagano de la fertilidad” o como se dice: “En las mesas estadounidenses tradicionales, durante la celebración del día de Acción de Gracias, aún se veían símbolos paganos de la fertilidad, con sus respectivos cuernos. La cornucopia o «cuerno de la abundancia» era un homenaje a la fertilidad de Baphomet y tenía su origen en el mito de Zeus amamantado por una cabra a la que se le rompía un cuerno que, milagrosamente, rebosaba frutas…“. Por lo demás, a partir de 1854, con la aparición de la obra “Dogma y ritual de la alta magia”, del célebre ocultista francés Eliphas Lévi, la figura de Baphomet ha sido, en gran medida, tergiversada. Desde entonces, su vinculación con el macho cabrío de los aquelarres, como así también Satanás u otros demonios menores ha sido inevitable. La fraternidad Skull & Bones, en la Universidad de Yale, a la cual pertenecieron (o pertenecen) los Bush, tiene como patrono a Baphomet. La figura de Baphomet ha estado sujeta a diversas interpretaciones. Montague Summers, presunto experto en demonología y brujería, derivaba la palabra del término griego Baph Metis, “bautismo de Luz”. La ocultista Madeline Montalban, fundadora de la Orden de la Estrella de la Mañana, defendía la hipótesis de que el nombre se derivaba de la exótica palabra Bfmaat, que significaba “el Abridor de la Puerta”. Y el ocultista francés Eliphas Lévi aseguraba en sus obras que el secreto de tan misterioso nombre se descubría al invertir sus letras. Probablemente Baphomet significa bautismo de Luz y Sabiduría.

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Eliphas Lévi dibujó a Baphomet con cabeza de cabra, rasgos andróginos y símbolos iniciáticos, sentado sobre un cubo. Entre los cuernos de la entidad dibujó un pentragrama y una antorcha. En su cuerpo añadió unos pechos femeninos y un falo con forma de vara de Hermes, un brazo masculino y otro femenino y una mano hacia arriba y otra mano hacia abajo, señalando una luna creciente y otra menguante. Cada brazo tenía una palabra en latín: solve et coagula. Limpiar y renovar, solve et coagula, conocida frase de la alquimia medieval, en la que se quiere decir que nada nuevo se puede construir si antes no hacemos sitio, deshaciendo lo viejo. El cuadrado, que se relaciona con el cubo, es el símbolo del mundo y de la naturaleza. En él encontramos el nombre del dios hebreo, YHVH, así como los cuatro elementos y las cuatro estaciones. Tenemos, pues, a un Baphomet sentado sobre el mundo, como el dios de la Creación. La antorcha simboliza la Luz divina y es llevada por aquél que porta la Luz a la humanidad. Baphomet es, por tanto, según la simbología, el dios que porta la Luz, lo que concuerda con la condición de dios de la iniciación de Baphomet. El pentagrama o estrella de cinco puntas ha sido utilizado desde los albores de la humanidad. Los pitagóricos lo denominaban Pentalfa y algunos iniciados lo vinculan a Sirio. Kenneth Grant, jefe de la OTO inglesa y último discípulo de Aleister Crowley, apuntaba que “para los egipcios Sirio fue expresado por el jeroglífico de los dientes y la serpiente, siendo ella la madre primordial que parió a los siete planetas conocidos como los determinadores del tiempo”. Sirio está representada también por el perro y es la “estrella de la mañana”, la estrella que da origen a la Creación… Baphomet, por todo ello, se presenta con un símbolo ligado al primer dios, a la Luz Primordial. El estado derecho del pentagrama simboliza el triunfo del espíritu sobre la materia; el estado inverso, por contra, simboliza lo contrario. El pentagrama de Baphomet indica que su figura es divina e iniciática, no material como es el caso de Satanás. De hecho, las sectas satánicas actuales utilizan el pentagrama invertido.

El resto de simbología de Baphomet, sin embargo, debe observarse desde el hermetismo y sus siete principios herméticos. Eso indica  que éste es el dios de la Luz y la iniciación. El hermetismo invita a descubrir todos los misterios del Universo y Baphomet posee su ciencia desvelada en símbolos, que se relacionan con los siete principios herméticos. El principio de mentalismo, en que las palabras en latín de los brazos de Baphomet, solve et coagula, dan la idea de creación y disolución, principio de la hermética que dice que el universo está en la mente, por lo que es posible crear y disolver cualquier cosa con la capacidad mental-espiritual-corporal.  El principio de correspondencia, en que la hermética habla de una dualidad universal, en que para una luz hay una oscuridad. La posición de las manos de Baphomet, una arriba y otra hacia abajo, representaría este principio. El principio de vibración, en que las manos en movimiento de Baphomet y el ambiente que le rodea dan la sensación de movimiento. El tercer principio de la hermética dice que todo el universo está en movimiento constante.  El principio de polaridad, que expresa la dualidad de opuestos, masculino-femenina, oscuro-claro, y que es muy visible en la representación de Baphomet, en los pechos de mujer y el falo masculino o en la luna blanca y la negra. El principio de ritmo, que se corresponde a la idea de que todo fluye y refluye como la marea del mar. Las lunas en diferentes fases representarían este principio.  El principio de causa y efecto, que expresa la idea universal de que para toda acción existe una reacción. Además de ser uno de los principios de la hermética es una ley de la física actual, así como del principio de la teoría del caos y la causalidad. Las palabras solve et coagula significarían la reacción y la correspondencia entre las dos, para que exista una debió existir antes la otra. El principio de generación, representada por la composición andrógina de Baphomet, que significaría el principio hermético de que todo es masculino y femenino al mismo tiempo.

Ver artículo “Los herederos de los Iniciados del antiguo Egipto 2/2

enero 10, 2013 - Posted by | Egipto, Egipto, enigmas en general, Historia oculta

4 comentarios »

  1. muy bueno esta completa la narración felicidades

    Comentario por luis beltran | enero 10, 2013 | Responder

  2. […] Los herederos de los Iniciados del antiguo Egipto 1/2- oldcivilizations.wordpress.com […]

    Pingback por Los herederos de los Iniciados del antiguo Egipto 1/2 + MORE | INFORMADORES.INFO | enero 11, 2013 | Responder

  3. Muy buen artículo y muy completo. si la segunda parte es igual o mejor ya es para quitarse el sombrero, aunque todas las conexiones que haces en este artículo son muy buenas y trabajadas.

    Comentario por David | enero 11, 2013 | Responder

  4. Releyendo aquel párrafo que hablas de Paracelso y su libro “La naturaleza de todas las cosas” me recordó aun libro que tengo (me costó mucho conseguir la única edición que hay en castellano, y de segunda mano) llamado “De Signatura Rerum” del precursor de la teosofía Jakob Böhme. (Mysterium Magnum no está, que yo sepa, en castellano).
    Y otra cosa, también me ha venido a la cabeza leyendo esta parte y la segunda parte un libro de sobra conocido: “El Kybalion”, relacionado con el tema que tratas.

    Comentario por David | enero 27, 2013 | Responder


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