Oldcivilizations's Blog

Blog sobre antiguas civilizaciones y enigmas

Ante los mercados que gobiernan el mundo, nos podemos preguntar: ¿Hay alguien ahí?


1984 es una novela política de ficción , escrita por George Orwell entre 1947 y 1948 y publicada el 8 de junio de 1949. La novela introdujo los conceptos del omnipresente y vigilante Gran Hermano o Hermano Mayor, de la notoria habitación 101, de la ubicua policía del pensamiento y de la neolengua, adaptación del inglés en la que se reduce y se transforma el léxico con fines represivos, basándose en el siguiente principio: Lo que no está en la lengua, no puede ser pensado. Muchos analistas detectan paralelismos entre la sociedad actual y el mundo de 1984, sugiriendo que estamos comenzando a vivir en lo que se ha conocido como sociedad orwelliana.   El término orwelliano se ha convertido en sinónimo de las sociedades u organizaciones que reproducen actitudes totalitarias y represoras como las representadas en la novela.

Se la considera como una de las obras cumbre de la trilogía de las distopías (antiutopía, una utopía perversa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal) de principios del siglo XX, junto a la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Algunos consideran a esta novela un plagio de la obra Nosotros escrita por Yevgeni Zamiatin en 1921. Por su parte Orwell reconoció la influencia de la misma en su novela. El término  distopía fue acuñado como antónimo de «utopía» y se usa principalmente para hacer referencia a una sociedad ficticia, frecuentemente emplazada en el futuro cercano, donde las consecuencias de la manipulación y el adoctrinamiento masivo —generalmente a cargo de un Estado autoritario o totalitario— llevan al control absoluto, condicionamiento o exterminio de sus miembros bajo una fachada de benevolencia.

La novela fue escrita por George Orwell bajo el título de trabajo de El último hombre en Europa. No obstante, los editores tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, en donde fue lanzado el libro de forma simultánea, cambiaron el nombre a Mil novecientos ochenta y cuatro por motivos comerciales. En ese año transcurre la acción narrada en el libro. Publicado inicialmente el 8 de junio de 1949, el grueso de la novela fue escrito por Orwell en la isla de Jura en Escocia en 1948, aunque Orwell había estado escribiendo pequeñas partes desde 1945.  El título 1984 es el resultado de intercambiar la posición de los dos últimos dígitos del año en el que se escribió el libro, 1948. En la novela, la sociedad localizada en una futura Inglaterra se encuentra divida en dos grupos, que son los únicos visibles. Los miembros del Partido Único viven obnubilados por una completa y atroz represión, y por otro lado una masa de gente extremadamente pobre que vive atemorizada y aislada de la política.

La novela es una descripción analítica de los régimenes totalitarios con un final desolador. El personaje principal es Winston Smith, que trabaja en el Ministerio de la Verdad (uno de los cuatro ministerios que hay). Su cometido es reescribir la historia.  El Gran Hermano suple a todo personaje político: él es el comandante en jefe, el guardián de la sociedad, el dios pagano y el juez supremo. Él es la encarnación de los ideales del Partido, el Partido ubicuo, único y todopoderoso que vigila sin descanso todas las actividades cotidianas de la población, al punto que inclusive en las calles y casas hay dispositivos de vigilancia para conocer todos los actos de cada individuo. Irónicamente, Orwell insinúa la posibilidad de que el Gran Hermano ni siquiera sea una persona real, sino un mero icono propagandístico. El Partido es la organización al que han de pertenecer todas las personas. Sólo están exentos de esta afiliación los “proles”, trabajadores que constituyen la inmensa mayoría de la población, mantenidos en la pobreza pero entretenidos de diversas formas por el Partido para preservarlos contentos con su situación, prácticamente sólo saben obedecer órdenes y sus mentes aceptan sin queja cualquier mandato aunque vaya en contra de sus mismos intereses; se les conceden los mismos derechos que a los animales y de hecho, la Policía del pensamiento apenas los vigila: “a los proles se les permite la libertad intelectual porque no tienen intelecto alguno“. Ni siquiera la familia está por encima de su presencia y es común la denuncia por parte de hijos pequeños a sus propios padres por traicionar al Partido.

Tras años trabajando para el Ministerio de la Verdad, Winston Smith se va volviendo consciente de que los retoques de la historia en los que consiste su trabajo son sólo una parte de la gran farsa en la que se basa su gobierno y descubre la falsedad intencionada de todas las informaciones procedentes del Partido Único. En su ansia de evadir la omnipresente vigilancia del Gran Hermano (que llega inclusive a todas las casas) encuentra el amor de una joven rebelde llamada Julia, también desengañada del sistema político; ambos encarnan así una resistencia contra una sociedad que se vigila a sí misma. Juntos Winston y Julia creen afiliarse a la Hermandad, un supuesto grupo de resistencia dirigido por Emmanuel Goldstein —un personaje casi tan ubicuo y omnipresente como el propio Gran Hermano, el Enemigo del Pueblo y escritor de El Libro, que Winston lee hasta llegar a comprender los mecanismos del pensamiento doble, herramienta base de dominación del Partido—, y que es en realidad uno más de los instrumentos de control del Partido. A través de una historia intrincada, con temas como el lavado de cerebro, el lenguaje, la psicología y la inventiva encaminados al control físico y mental de todos los individuos, la educación totalitaria de la juventud, etc., Orwell relata la historia trágica y aparentemente emancipadora de Winston Smith y Julia, quienes tratan de escapar de un sistema donde la intimidad y el libre pensamiento están prohibidos.

Al descubrir que los presuntos “miembros de la resistencia” formaban parte también del mecanismo represor, los protagonistas son encerrados por la Policía del pensamiento y sometidos a tortura en el Ministerio del Amor. Winston es obligado a reconocer que un enunciado evidentemente falso como 2+2=5 es en realidad verdadero. Su fortaleza sorprende a los torturadores en la Habitación 101, pero todo no es más que parte de una alienada pesadilla. Winston acaba, tras largos e inhumanos meses, aceptando interiormente que la verdad es lo que el partido dice y no lo que su intelecto deduzca, o ni siquiera lo que sus sentidos perciban. Al final Winston reencuentra a Julia, que ha sido también torturada, pero ambos son incapaces de mantener en sus mentes alguna sensación de cercanía y se separan como dos extraños; se indica entonces que la finalidad del Partido Único se había cumplido pues de hecho el amor entre Winston y Julia ha desaparecido, reemplazado por el amor hacia el Gran Hermano, único sentimiento afectuoso tolerado por el régimen. No obstante, lo único que Winston sabía era que desaparecería, de la noche a la mañana, sin dejar ni una huella o algún conocido, incluso alguna evidencia de haber existido. Sabía también como sería su muerte, siendo lo único que tuvo certeza en toda la historia.

George Orwell opinó algunas veces sobre los temas tratados en su novela. En relación con la reescritura de la Historia, Orwell decía en su libro Mi Guerra Civil Española: “Ya de joven me había fijado en que ningún periódico cuenta nunca con fidelidad cómo suceden las cosas, pero en España vi por primera vez noticias de prensa que no tenían ninguna relación con los hechos, ni siquiera la relación que se presupone en una mentira corriente. (…) En realidad vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según las distintas «líneas de partido». (…) Estas cosas me parecen aterradoras, porque me hacen creer que incluso la idea de verdad objetiva está desapareciendo del mundo. A fin de cuentas, es muy probable que estas mentiras, o en cualquier caso otras equivalentes, pasen a la historia. ¿Cómo se escribirá la historia de la Guerra Civil Española? (…) Sin embargo, es evidente que se escribirá una historia, la que sea, y cuando hayan muerto los que recuerden la guerra, se aceptará universalmente. Así que, a todos los efectos prácticos, la mentira se habrá convertido en verdad. (…) El objetivo tácito de esa argumentación es un mundo de pesadilla en el que el jefe, o la camarilla gobernante, controla no sólo el futuro sino también el pasado. Si el jefe dice de tal o cual acontecimiento que no ha sucedido, pues no ha sucedido; si dice que dos y dos son cinco, dos y dos serán cinco. Esta perspectiva me asusta mucho más que las bombas, y después de las experiencias de los últimos años no es una conjetura hecha a tontas y a locas”. También, por ejemplo, en una carta a un líder sindicalista estadounidense dice sobre su novela 1984: “Yo no creo que el género de sociedad que describo vaya a suceder forzosamente, pero lo que sí creo (si se tiene en cuenta que el libro es una sátira) es que puede ocurrir algo parecido. También creo que las ideas totalitarias han echado raíces en los cerebros de los intelectuales en todas partes del mundo y he intentado llevar estas ideas hasta sus lógicas consecuencias”.

Josef Ajram, un experto catalán en Bolsa, afirma que estamos viviendo una historia, que no sabemos cómo acabará.  Según dice, Europa se desmorona y los grandes especuladores han destrozado a la clase política, haciéndoles sucumbir en sus errores hasta el punto de conseguir dimisiones históricas. Por ejemplo la de Silvio Berlusconi, en Italia. Y lo más preocupante es que nadie hace nada. La clase política sigue pensando que la solución es a largo plazo y están aplicando medidas que los mercados de capitales están poniendo en cuestión. Nadie intenta poner freno al virus ni nadie intenta poner freno a las medidas especulativas que están hundiendo Europa. Recientemente, el parlamento europeo aprobó una medida tan ineficiente como prohibir las posiciones bajistas en los CDS (crédito default swap), una estrategia de especulación que nadie está llevando a cabo,  ya que estos activos están en máximos históricos. El colmo de la ineficacia es que esta prohibición se plantea para noviembre del 2012, nada menos que dentro de un año. Una utopía poner ahora mismo una ley para dentro de un año, ya que es absolutamente imposible saber lo que va a pasar en el mundo la semana que viene.

Y Josef Ajram sigue diciendo que Europa, comandada por Merkel y Sarkozy, se ha de plantear seriamente si Europa quiere ser una comunidad homogénea o si se quiere abortar el proyecto definitivamente. Merkel está pensando exclusivamente en salvarse en las elecciones locales alemanas, perdiendo totalmente la perspectiva del impacto que puede tener realmente un contagio superior al existente. Sarkozy por su lado ha de estar muy preocupado. Los especuladores han puesto sus ojos en Francia, ya que han visto que en Italia no está el límite de sus posibilidades de enriquecerse. Y, según Ajram,  a los propios especuladores les sorprende la facilidad con lo que lo han logrado. La máxima calificación crediticia, la triple A (AAA) para Francia, peligra. Para las agencias de calificación la excusa es una exposición de 416.000 millones de euros de los Bancos y del Estado francés en deuda italiana. Ello tiene como consecuencia que semejante exposición pueda llevarles a minusvalías importantes,  si los precios de los bonos siguen descendiendo. Los CDS (crédito default swap) en máximos y una rentabilidad de su bono de 10 años al 3’6% cuando hace pocos meses apenas se pagaba al 2’6%. Un 1% de incremento en estos niveles de endeudamientos son un incremento de pago de intereses salvaje. El ser humano debería aprender de experiencias pasadas y ya vimos que se concentró la atención en Grecia, mientras Italia era atacada. Ahora no nos han de desviar del problema real a nivel sistémico: Francia.

Alessio Rastani, un agente de Bolsa independiente, ha dado recientemente la vuelta al mundo por una polémica entrevista concedida a la BBC. El trader, asegura, está encantado con la actual situación de crisis económica mundial. Y pone en palabras lo que muchos piensan: “Los líderes políticos no gobiernan el mundo. Goldman Sachs gobierna el mundo“. El pasado 26 de septiembre de 2011 se colaba en las pantallas de los ordenadores y televisiones de todo el mundo la intervención de un joven trader de la City londinene en un programa matutino de la BBC. Su nombre, Alessio Rastani. En aquella controvertida aparición televisiva hizo afirmaciones tan incendiarias como que “Goldman Sachs gobierna el mundo“, y no los políticos, o que, según confesó, cuando se iba a la cama soñaba con otra recesión para hacer más dinero. Sus palabras indignaron a muchísima gente en todo el planeta. Otros tantos, sin embargo, vieron en aquellas sentencias parte de una verdad que nadie se atrevía a explicar. Personalidades como el presidente del Banco Santander, Emilio Botín, o la anterior vicepresidenta del Gobierno, Elena Salgado, se vieron obligados a tomar posiciones acerca de lo que afirmó Rastani en la cadena pública británica. En medio de aquella tormenta mediática, la prensa en el Reino Unido publicó que este joven londinense de 34 años se dedicaba a la bolsa “como hobby” y que no era más que un charlatán con afán de notoriedad. También se especuló con que se trataba de un actor del grupo The Yes Men.

 

El diario LaVanguardia, de Barcelona,  entrevistó posteriormente a Rastani con respecto a cómo ve el mundo de las finanzas desde la City. Se muestra pesimista, como era de esperar y como ya lo hizo el 26 de septiembre de 2011 en la BBC. Ahora bien, lo cierto es que la intervención en la cadena pública británica le ha cambiado la vida. Según él, uno de los productores de la BBC le encontró en internet. Simplemente contactaron con él. Le llamaron y le dijeron: “¿quieres hablar en la BBC? Así empezó todo. Sobre lo que le motivo a hacerlo, dice que le encanta la bolsa y adora hablar de la bolsa y de los mercados financieros.  La única razón por la que Wall Street y la City hacen dinero es por la ignorancia del inversor medio. El inversor medio es irracional y un analfabeto cuando se trata de saber cómo funcionan los mercados. Así es como funciona Wall Street. Persuade a la gente para que tome decisiones estúpidas, comprando y vendiendo en el peor momento. Wall Street no podría hacer tanto dinero si más gente estuviera educada en cómo funcionan las inversiones en bolsa. Como ejemplo indica:  “si yo soy un broker de Wall Street y quiero comprar acciones, básicamente te diré las cosas que quieres escuchar para hacer que quieras comprar mis acciones. Te diré, “estas acciones han subido un 10% en el último mes y subirán un 20% en el próximo”. Y tú, como hablo desde una posición de autoridad en Wall Street, pensarás, “oh, muy bien, no me mentirá”. Es así como Goldman Sachs hace dinero, vendiéndole a la gente basura y después apostando a la contra”.

Y también añade: “También le diría a la gente que deje de perder el tiempo, que deje de ver la televisión. En Reino Unido la gente se pasa dos horas al día mirando X-Factor o Gran hermano (curioso, ya que antes hemos mencionado la famosa obra de George Orwell)  y después se quejan de que su vida es una mierda y que están sin un duro. En lugar de ver la tele, ve a una librería, ve a Amazon, compra libros que te enseñen cómo funciona el mercado e invierte tu dinero sabiamente. También les diría que esta crisis se va a poner peor y lo que pasará es que muchas acciones estarán mucho más baratas. El gran error que muchos van a cometer es comprar a ese bajo precio pensando que no va a bajar más, que están delante de un chollo. La gente no entiende que las acciones pueden llegar a valer cero. No es lo mismo que el oro, la plata o una propiedad. Le diría a todo el mundo que resista la tentación de comprar acciones baratas en esta crisis. No invertas ahora ni un céntimo en bolsa. Espera a que el mercado se vuelva más fuerte antes de empezar a perder mucho dinero”.

 

Una de sus frases célebres en la BBC fue aquella de “Goldman Sachs gobierna el mundo“. Curiosamente, Mario Draghi, ahora presidente del Banco Central Europeo, y Mario Monti, primer ministro de Italia, son ex empleados de Goldman Sachs. A ello añade Rastani:Exactamente. Los ex empleados de Goldman Sachs están en casi todas partes en el gobierno de EE.UU. y ahora en Europa. A decir verdad, me sorprendió ver la reacción de la gente cuando dije que Goldman Sachs gobierna el mundo. Realmente pensé que todo el mundo lo sabía ya. Lo cierto es que nunca saldrá un banquero en la televisión diciendo esto, porque están demasiado asustados para afirmar cosas de este tipo y perder su trabajo. Están en nuestro sistema y lo gobiernan y están todos conectados con el dinero que se mueve por todo el mundo. Obama, por ejemplo. Su campaña recibió un montón de dinero y llegó por ello al poder. ¿De dónde salia ese dinero? Pues de instituciones financieras que le dieron ese dinero. Todos los que se presentan a presidente en EE.UU. reciben dinero de las instituciones financieras y después los mandatarios tienen que devolver el favor. La democracia queda en entredicho. Da igual a quien votes, ellos dominan las decisiones. Goldman Sachs, JPMorgan, etcétera. Actúan en su propio beneficio, no en favor de la gente”.

Antón Costas y Josep Oliver, dos conocidos economistas catalanes han expuesto sus análisis sobre la crisis financiera y política europea, y el papel de Alemania, con una concepción distinta de qué es prioritario, si el crecimiento o la estabilización de las cuentas públicas. Costas escribió: “Sin crecimiento, la deuda no se puede pagar“. Oliver, por su parte, anticipó una “versión renovada del Sacro Imperio Romano-Germánico“. Estas son sus discrepancias, en un coloquio organizado por el Cuaderno del Domingo, en el Periódico. A la pregunta sobre si después de las últimas cumbres europeas y de las previsiones para el 2012 parece que salimos de un túnel para entrar en otro, Josep Oliver respondió: “Es así porque la crisis, de hecho, no se resolvió en el 2009. Un primer choque que desvelaba un exceso de deuda global en los países del sur de Europa y, sobre todo, en los anglosajones. Este exceso de deuda cambia la percepción del riesgo, los mercados financieros se tambalean, y la primera fase de la crisis es el sector privado. El sector público sale al rescate, que es lo que hace en el 2009, y el Gobierno español hace lo que manda la UE en la cumbre de diciembre del 2008, diciendo: «Gastad, gastad, porque si no esto será la gran depresión». Luego todo el mundo se da cuenta de que el problema de la deuda privada se ha socializado parcialmente y hay un volumen de deuda pública que es de difícil retorno y que costará tiempo”. Por su parte,Antón Costas respondió:Esta es una crisis larga por su propia naturaleza, con varios túneles, debido básicamente a que en todas las crisis que tienen su origen en un sobreendeudamiento, el proceso de ese endeudamiento es como una gran comilona. El estómago necesita días para digerir y ponerse de nuevo en situación normal. Y en una crisis económica que viene de un sobreendeudamiento, se necesitan no unos días, unos años. Por término medio, siete. Es lo que dice la historia”.

El Nuevo Orden Mundial implica la existencia de un plan diseñado con el fin de imponer un gobierno único – colectivista, burocrático y controlado por sectores elitistas y plutocráticos, etc, – a nivel mundial. Esta teoría alega que tanto los sucesos que son percibidos como significantes, como los grupos que los causan, estarían bajo el control de un grupo central todo poderoso, un contubernio – grupo pequeño, secreto y de gran poder – con objetivos malevolentes para la gran mayoría de la población.  En la actualidad, esta teoría de conspiración del Nuevo Orden Mundial tiene mayor expresión en los EEUU.  Los illuminati -fundados en 1776 como sociedad secreta con el fin de promover ideas de la Ilustración- estuvieron aparentemente envueltos en una conspiración que buscaba reemplazar las monarquías absolutas y la preponderancia de la iglesia con el “gobierno de la razón“, que era el objetivo general de la ideología liberal, revolucionaria e igualitaria dominante entre la intelectualidad de la época. Después de que el complot fuera descubierto, el grupo fue prohibido por el gobierno bávaro (1784) y aparentemente se disolvió en 1785.

Sin embargo, los documentos relacionados con la conspiración fueron publicados, alertando así a la nobleza y al clero de Europa y dando a la conspiración una gran publicidad, lo que llevó a algunos pensadores a sugerir que todavía existía, con el fin de derrocar a los gobiernos europeos. Por ejemplo Edmund Burke (1790) le da alguna credibilidad, aunque sin mencionar específicamente cual sería el grupo responsable. Y Seth Payson alega, en 1802, que los illuminati todavía existen.  Consecuentemente algunos autores, tales como Augustin Barruel y John Robison, llegaron incluso a sugerir que los Illuminati estaban detrás de la Revolución Francesa, sugerencia que Jean-Joseph Mounier rechaza en su librom, de 1801, On the Influence Attributed to Philosophers, Free-Masons, and to the Illuminati on the Revolution of France. Posteriormente (1903), el servicio secreto ruso de la época publicó el famoso panfleto Los protocolos de los sabios de Sion como una obra de propaganda antirrevolucionaria, obra que incorporó casi textualmente argumentos encontrados en el Dialogo en el infierno entre Maquiavelo y & Montesquieu, un ataque, en 1864, del legitimista militante Maurice Joly contra Napoleón III.

La tesis central de “Los Protocolos” es que si se remueven las capas sucesivas que cubren u ocultan las causas de los diversos problemas que afectan el mundo se encuentra un grupo central que los promueve y organiza con el fin, primero, de destruir los gobiernos y ordenes sociales establecidos, y con el fin último de lograr el dominio. Según esta interpretación, ese contubernio central está formado por un grupo de judíos, que -se alega- controla tanto los sectores financieros como diferentes fuerzas sociales que, a su vez, son los que -desde este punto de vista- provocan desorden y conflicto social: los masones, los comunistas, los anarquistas, etc. Nora Levin indica que los Protocolos gozaron de gran popularidad y grandes ventas en los años veinte y treinta. Se tradujeron a todos los idiomas de Europa y se vendían ampliamente en los países árabes, Estados Unidos e Inglaterra. Pero fue en Alemania, después de la Primera Guerra Mundial, donde tuvieron su mayor éxito. Allí, los nazis los utilizaron para explicar todos los desastres que ocurrieron en el país: el armisticio en la guerra, el hambre, la inflación, etc.  A partir de agosto de 1921, Hitler comenzó a incorporarlos en sus discursos, y se convirtieron en lectura obligatoria en las aulas alemanas después de que los nacionalsocialistas llegaran al poder. En el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, Joseph Goebbels (ministro de propaganda nazi) proclamó: «Los protocolos de los sionistas son tan actuales hoy como lo fueron el día en que fueron publicados por primera vez».En palabras de Norman Cohn, esto sirvió a los nazis como «autorización del genocidio».

Posteriormente, y en EEUU, durante el periodo del Peligro Rojo, teóricos estadounidenses de la conspiración -tanto fundamentalistas cristianos como seculares anti-gobierno central – crecientemente abrazaron y promovieron una percepción de la masonería, el liberalismo y la “conspiración judeo-marxista” (junto a la referencia a los masones, una frase muy utilizada por el dictador Franco en España)  como la fuerza directriz de la ideología del “ateísmo estatal“, “colectivismo burocrático” y “comunismo internacional“. En EEUU esos términos generalmente se emplean por esos sectores para referirse a, respectivamente, la Separación Iglesia-Estado; acción gubernamental en asuntos de seguridad social y organismos internacionales, tales como las Naciones Unidas.  Así, por ejemplo, empezando en los 1960, grupos como la John Birch Society y el Liberty Lobby dedicaron muchos de sus ataques a las Naciones Unidas como vehículo para crear “Un Gobierno Mundial“, promoviendo una posición de desconfianza y aislacionismo en relación a ese organismo. Adicionalmente, Mary M. Davison, en su The Profound Revolution (1966) trazó el origen de la alegada conspiración del Nuevo Orden Mundial a la creación del Sistema de Reserva Federal en EEUU por un “grupo de banqueros internacionales” que posteriormente habrían creado el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) en ese país como “gobierno en la sombra“. Cabe considerar que en aquellas fechas la frase “grupo de banqueros internacionales” se entendía como referencia a personas tales como David Rockefeller o a la familia Rothschild.

Posteriormente, y a partir de los 1970, Gary Allen alega que el término “Nuevo Orden Mundial” es utilizado por una élite internacional secreta dedicada a la destrucción de todos los gobiernos independientes. Para este autor el mayor peligro deja de ser la conspiración cripto-comunista y se transforma en la élite globalista que algunos identifican con el atlantismo del Grupo Bilderberg. Muchos de los mismos personajes -como Rockefeller- todavía ocupan un papel central pero no ya como cripto-comunista sino como parte de un grupo plutocrático y elitista, grupo que controlaría tanto los gobiernos y sus instituciones -especialmente las policías secretas- como organismos internacionales. Un papel importante en la generalización de esa percepción fue desempeñado por la trilogía satírica “The Illuminatus“, de Robert Anton Wilson que, a pesar de ser una parodia de la paranoia de sectores norteamericanos acerca de las conspiraciones secretas y de que el propio autor ha dicho en más de una ocasión que no pretende que sea tomada en serio, llegó a tener influencia, probablemente debido a que Wilson busca crear en el lector una fuerte duda acerca de lo que es real y lo que no lo es, elaborando curiosas teorías a partir de una mezcla de hechos históricos con hechos fantásticos, citando autores imaginarios, pero creíbles, con autores reales ya tanto obscuros como conocidos, pero a veces sutilmente fuera de contexto. Por ejemplo, citas de Isaac Newton acerca de la alquimia y la orden de la Rosacruz que necesitan cuidadoso análisis para determinar si son correctas y relevantes.

Esta “popularidad” de la teoría se acrecentó cuando -en 1990, poco después de la caída del Telón de Acero – el entonces presidente de los EEUU, George H. W. Bush (padre), hizo varias referencias al Nuevo Orden Mundial (NOM). A pesar de que esas referencias fueron percibidas a nivel internacional como estableciendo -en el contexto político de la fecha- los objetivos de la diplomacia de EEUU – la llamada propuesta de la Pax Americana- muchos las entendieron como una validación de la teoría de la conspiración del NOM. Para muchos, los conspiradores son simplemente “los otros”, un grupo amorfo que incluye todo y cualquier individuo u organismo percibido como poderoso. Así, los participantes en la conspiración incluirían o podrían incluir -aparte de los ya mencionados comunistas, anarquistas, judíos, illuminati, plutócratas- grupos tales los masones, la iglesia católica o grupos dentro de la iglesia, los políticos, los gobiernos (algunos o todos), etc, extendiendo incluso a los Medios de comunicación, los ecologistas, las Naciones Unidas e incluso los extraterrestres. Adicionalmente se alega que muchas familias prominentes tales como, por ejemplo, los Rothschilds, Rockefellers, Morgans, Kissingers, y los DuPonts, así como también monarcas europeos, podrían ser importantes miembros, ya que mantienen relaciones tanto como entre si como con figuras de alto poder. Organizaciones internacionales tales como los bancos centrales, el Banco Mundial, FMI, Unión Europea y la OTAN son mencionadas como componentes esenciales del NOM.

Por ejemplo Émile Flourens, Ministro de Asuntos exteriores de Francia, denunció las premisas de la creación de la Sociedad de Naciones (antecesor de las Naciones Unidas) en un libro, señalando las influencias masónicas para crear un gobierno mundial. Gary H. Kah considera que los masones son la fuerza detrás del agenda por un gobierno mundial único, el Nuevo Orden Mundial. Igualmente los Presidentes y Primeros Ministros de naciones son incluidos en la conspiración. Mas confusamente, también los socialistas o marxistas – Por ejemplo William F. Jasper, un miembro de la John Birch Society, denunció la supuesta pertenencia socialista o marxista de todo los secretarios general de las Naciones Unidas, membresia que se toma como implicando una futura dictadura mundial. Una teoría parecida a las de John Coleman. Consecuentemente los partidarios de esta teoría sugieren que ellos pueden decir hasta un cierto grado quien es parte de este grupo. Nadie puede determinar quien “no es” parte del NOM. Igualmente confusa -o extensa- son las especulaciones acerca de cuáles serian los dirigentes de la supuesta conspiración. Según muchos de los proponentes de la teoría de la conspiración contemporánea, los Illuminati originales siguen existiendo y persiguen aún el cumplimiento de ese nuevo orden (ver las novelas de Dan Brown). Este grupo aglutinaría a los personajes más influyentes del mundo, los cuales se reúnen cada año en alto secreto en las reuniones del Grupo Bilderberg, guardados en todo momento por miembros de la CIA y el FBI (EE.UU.), el MI6 británico o la KGB, entre otros. Entre sus asistentes habituales encontramos -de nuevo- a David Rockefeller, la familia Rotschild, algunos reyes y reinas y presidentes de grandes corporaciones.

Otros grupos que, con alguna popularidad en EEUU en el presente, son percibidos como en tal papel “directivo” se encuentran: “los sionistas”, “el gobierno”, los extraterrestres, los grupos plutocráticos, el grupo Bilderberg, y, particularmente entre sectores religiosos protestantes, la Iglesia Católica. Esta ultima sugerencia ganó una renovada popularidad entre esos sectores, cuando el conocido telepredicador protestante Pat Robertson alegó, en su difundido libro “New World Order” (1991) que tanto Wall Street como el Sistema de Reserva Federal, el Council on Foreign Relations, el Grupo Bilderberg y la Comisión Trilateral organizan la conspiración a fin de ayudar al Anticristo. Otra posibilidad sugerida es una elite a nivel mundial, un grupo de familias ligadas por estrechos lazos de sangre. De acuerdo al escritor David Icke, esta elite mundial está conformada por varias familias poderosas -como las ya mencionadas pero incluyendo específicamente la familia real de Inglaterra- todas los cuales tendrían la misma línea sanguínea, que, remontándose a los reyes de Sumeria, no sería humana sino una raza reptiliana,  que él llama la “Fraternidad Babilonica” o Anunnaki.

En esta área – más allá del aparente deseo de dominación mundial- parece haber aún más confusión. Sugerencias se extienden desde la implementación del reino del anticristo, la cosecha de energía de los seres humanos, etc, a simplemente ambición sin límites y a mantener a la gran mayoría sometidos y trabajando en provecho de los conspiradores. Pero, cualquiera sea ese gran objetivo final, sería imprescindible primero imponer un gobierno mundial. Así, el llamado “proceso de globalización” iniciado a comienzos del siglo XX en todo el planeta, sería una de las múltiples facetas del establecimiento progresivo de este nuevo orden. Y para lograr ese nuevo orden los conspiradores buscan mantener al resto tanto en la ignorancia de la conspiración como divididos entre sí mismos, para lo cual fomentan disensiones y conflictos, yendo tan lejos como a implementar actos terroristas a fin de crear enemigos ficticios,  creando asíuna situación que facilita la implementación de medidas coercitivas y dictatoriales.  Además,  los conspiradores dispondrían -y utilizarían- una serie de programas, actividades y armas secretas, cuyo uso se extendería desde el traspaso secreto de armas convencionales o avanzadas a regímenes u organizaciones que son públicamente presentados como adversarios o enemigos de EEUU, pasando por formas secretas de vigilancia sobre la totalidad de la población, el control mental de la misma y el uso de “controlados” -individuos bajo la influencia de tales técnicas- ; la investigación y desarrollo de armas que controlan el clima, como el proyecto HAARP,  algunas de las cuales podrían ser de origen extraterrestre, así como la diseminación de enfermedades como el sida.

De acuerdo con algunos autores, hay ciertos signos que prueban esta conspiración. Por ejemplo, los extraños murales en el Aeropuerto Internacional de Denver, signos de la Francmasonería en edificios (particularmente en Washington D.C.) y pentagramas en los planos de la misma ciudad, el símbolo Illuminati en el Sello de Estados Unidos, con las palabras “Novus Ordo Seclorum” en latín que significa “nuevo orden para las eras” que fue impreso en los billetes de un dólar desde 1935 por el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Morgenthau (hijo) bajo demanda del entonces secretario de Agricultura y futuro vicepresidente de los Estados Unidos, Henry A. Wallace, bajó la influencia de Nicholas Roerich.  El logotipo del Information Awareness Office que fue creado por el Defense Advanced Research Projects Agency, tiene el mismo símbolo. Sin embargo, de acuerdo a Jensen y Hsieh, la teoría del NOM -o quienes creen en ella- se caracteriza- por poseer una visión cuasi apocalíptica del mundo, que conceptualiza los problemas y tentativa de solución en términos de una confrontación final, en la cual -a menudo pero no siempre- las acciones de los creyentes tendrán un papel decisivo. Es la visión de un mundo en el cual todos los problemas son producto de conspiraciones en lugar de fuerzas sociales, políticas y económicas que debaten y se confrontan abiertamente, pero llegando a veces a acuerdos.

William Domhoff , profesor de psicología y sociología, escribe -en su “There Are No Conspiracies” que: “Hay varios aspectos de la visión general de la conspiraciones que no coinciden con lo que sabemos de las estructuras de poder. Primero: asume que un grupo reducido de individuos altamente educados y ricos desarrollan, de alguna manera, un deseo psicológico por el poder que los llevaría a hacer cosas que no corresponden con el papel que parecen tener. Por ejemplo, que capitalistas muy ricos ya no estarían interesados en hacer ganancias pero dedicados a crear un gobierno mundial. O que gobernantes elegidos estarían tratando de suspender la Constitución a fin de asumir poderes dictatoriales. Ese tipo de aserciones se han hecho por muchas décadas y, se asegura siempre, “esta vez sí se estan implementado”, pero nunca llegan a serlo. Dado que esas aserciones han resultado ser erróneas docenas de veces, tiene más sentido asumir que los líderes actúan por los motivos comunes, tales como hacer ganancia o objetivos institucionalizados para los políticos. Por supuesto que ellos desean tener ganancias tan grandes como sea posible y ser elegido por mayorías muy grandes, y eso los puede llevar a hacer cosas que son desagradables, pero nada en relación a crear un gobierno mundial único o a suspender la constitución”.

En 1954, muchos de los hombres más poderosos del mundo se reunieron por primera vez bajo el patrocinio de la familia real holandesa y la familia Rockefeller en el lujoso hotel Bilderberg de la pequeña ciudad holandesa de Oosterbeck. Durante todo un fin de semana debatieron sobre el futuro del mundo. Al acabar las sesiones, decidieron volver a reunirse cada año para intercambiar ideas y analizar la evolución internacional. Se bautizaron a sí mismos como Club Bilderberg y, desde entonces, cada año, se reúnen durante un fin de semana en un hotel en algún lugar del mundo para decidir el futuro de la humanidad.  El objetivo final de esta pesadilla es un futuro similar al Gran Hermano de Orwell, que transformará la tierra en un planeta-prisión mediante un mercado único globalizado, controlado por un Gobierno Mundial Único, vigilado por un Ejército Mundial Unido, regulado económicamente por un Banco Mundial y habitado por una población controlada por microchips, cuyas necesidades vitales se habrán reducido al materialismo y la supervivencia:trabajar, comprar, procrear, dormir, todo conectado a un ordenador global que supervisará cada uno de nuestros movimientos. En este futuro incierto, el pueblo cree que hay algo malvado que está al acecho en las sombras, esperando la oportunidad de abalanzarse, aguardando el momento oportuno. Podemos sentir su escalofriante presencia. A la mayoría de la gente le gustaría ignorarla pero ya no puede hacerlo.

 

¿Qué garantía tienen los ciudadanos de que el Club Bilderberg no sea un centro de tráfico de influencias si no se les permite conocer de qué hablan allí sus representantes? ¿Por qué el Foro de Davos y las reuniones del G8 aparecen en portada en todos los periódicos y permiten asistir a miles y miles de periodistas, mientras que nadie cubre las reuniones del Club Bilderberg a pesar de que asisten a ellas con regularidad los presidentes de entidades financieras como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo, presidentes de las empresas más poderosas del mundo, secretarios de Defensa y vicepresidentes de Estados Unidos, representantes de comités nacionales democráticos y republicanos estadounidenses, directores de la CIA y del FBI, secretarios generales de la OTAN, comisarios europeos, senadores y congresistas estadounidenses, primeros ministros europeos y líderes de los partidos de la oposición, gobernadores de todos los bancos centrales de todos los países europeos, los principales editores y los directores de los principales periódicos del mundo?Resulta sorprendente que pocos medios consideren que una concentración de personalidades así no sea noticia cuando cualquier viaje de algunos de ellos en solitario suele llegar a los titulares de las noticias de televisión.

A medida que pase el tiempo, los titiriteros mundiales, que ocupan la cima más alta de la pirámide de poder mundial y que tratarán de seguir permaneciendo ocultos a las miradas de la gente, se verán obligados a ir quitándose las máscaras, y aquéllos que llevaban años advirtiendo acerca del futuro que nos esperaba, verán, desgraciadamente, convertidos en realidad sus infaustos augurios, basados en las tendencias observadas durante décadas. Sólo uniendo cabos con una visión global de la Historia del siglo XX, se pueden observar ciertas tendencias que permitían vislumbrar hacia donde pretendían llevarnos quienes disfrutan con el juego de la política internacional, y manejan los hilos que mueven a los presidentes de las distintas naciones. Pierre Hillard, Doctor en Ciencias Políticas y profesor de Relaciones Internacionales, en su  “Historia del «Nuevo Orden Mundial»”, dice: “El público francés es desgraciadamente ignorante y no conoce quiénes son los verdaderos actores de la política mundial. Estos actores de la política mundial no muestran sus rostros, prefieren el anonimato o generalmente se mueven entre los bastidores, ejerciendo sus talentos fuera de las pantallas de televisión, fuera de formaciones o partidos políticos, pero imponen sus decisiones e intereses. Para poder comprender mejor la desastrosa situación en la que se encuentran los defensores de la causa nacional (del Estado-Nacional en cada país) en este comienzo del siglo XXI, basta con recordar los principales rasgos y el papel eminentemente importante que ha jugado y juega la poderosa élite financiera y aristocrática anglo-sajona. Ésta siempre ha constituido un Estado dentro del Estado“. Como dice Hillard, “el mundialismo es un mesianismo que está apurado. Detrás de la ideología noble de la paz mundial y de un gobierno global que unifique a los pueblos del mundo, se oculta la perpetuación sofisticada e inexorable del poder político de un grupo de individuos que consideran que la mayoría de gente que constituye este planeta es incapaz de gobernarse y que, por lo tanto, debe de ser sometida a los designios de una elite, la cual, por cierto, también esconde una carga religiosa, masónica y en algunos casos fundamentalista (elegidos por los dioses que supuestamente se comunican con ellos) que se revela profundamente racista“.

 

Capitalismo: Una historia de amor,  es un documental dirigido y presentado por Michael Moore. En este documental dirige una mirada crítica hacia el sistema capitalista, la crisis mundial originada en Estados Unidos, los paquetes de estímulos y Wall Street. En el vigésimo aniversario de su debut con Roger & Me, Michael Moore afronta el problema que está en el centro de toda su obra: el desastroso impacto que el dominio de las corporaciones tiene sobre la vida cotidiana de los estadounidenses, y, por consiguiente, también sobre el resto del mundo. Desde la América de la clase media hasta los pasillos del poder en Washington y el epicentro financiero global de Manhattan, Michael Moore lleva una vez más a los espectadores por un sendero sin explorar. Con humor e indignación, Capitalismo: una historia de amor plantea una pregunta tabú: ¿cuál es el precio que paga Estados Unidos por su amor al capitalismo? Hace años, ese amor parecía absolutamente inocente. Sin embargo, hoy el sueño americano se parece cada vez más a una pesadilla, cuyo precio pagan las familias, que ven esfumarse sus puestos de trabajo, sus casas y sus ahorros. Moore nos lleva a las viviendas de personas normales y corrientes, cuyas vidas se han visto trastocadas, mientras busca unas explicaciones en Washington y en otros lugares. Y lo que descubre son los síntomas demasiado familiares de un amor que acaba mal: mentiras, malos tratos, traiciones y 14.000 puestos de trabajo perdidos cada día. Pero Moore no se rinde y nos invita a sumarnos a su lucha incansable.

 

El griego Lucas Papademos y el italiano Mario Monti son sólo dos ejemplos de ex ejecutivos de Goldman Sachs que hoy ocupan lugares claves en la estructura de poder de la Eurozona. Se dice que la crisis privilegia el perfil técnico de los líderes. Monti, recién nombrado premier y ministro de Economía de Italia, comenzó a trabajar en 2005 en el Consejo de Asesores Internacionales del gigantesco banco de inversión, poco después de haber dejado su cargo de Comisario de la Competencia de la Unión Europea. También fue ejecutivo de Goldman Sachs el flamante presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, quien fue vicepresidente de Goldman Sachs para Europa entre 2002 y 2006. Y también lidió con el banco de inversión estadounidense Lukas Papademos, el flamante primer ministro griego. La influencia de la firma financiera, por lo tanto, es enorme. Sus tentáculos llegan a todos los rincones. Pero lo que llama la atención es que la crisis de la deuda soberana en Europa tenga de nuevo como protagonista a la entidad financiera hacia la que se dirigen todos los dedos acusadores. Goldman Sachs fue, de hecho, un actor clave en el proceso que le permitió a Grecia enmascarar parte de su deuda pública, cuando Papademos era gobernador del banco central heleno. Además, no es por casualidad que Goldman sea conocido en el mundo de las finanzas como el guardián de los intereses de Wall Street. Y tampoco es por casualidad que sus ex ejecutivos también acaben ocupando puestos de poder en Estados Unidos. El caso más evidente ha sido el de Henry Paulson, quien llevó las riendas del gigantesco banco de inversión antes de quedarse con el puesto de secretario del Tesoro. Otro ejemplo es el de Bill Dudley, como presidente de la Reserva Federal de Nueva York.

 

El Grupo Goldman Sachs (The Goldman Sachs Group, Inc.) es uno de los grupos de inversión más grandes del mundo. Fue fundado en 1869. Durante la crisis financiera de Estados Unidos del 2008 y ante la posibilidad de afrontar la bancarrota, el 21 de septiembre de 2008, Goldman Sachs recibió autorización de la Reserva Federal (FED) para dejar de ser un banco de inversión y convertirse en un banco comercial. Entre sus anteriores empleados están tres Secretarios del Tesoro de Estados Unidos, incluido Henry Paulson, que sirvió bajo Bill Clinton y George W. Bush, Fischer Black, autor de la fórmula de Black-Scholes, cuyo trabajo recibió el premio Nobel de economía, Romano Prodi dos veces Primer Ministro de Italia y Presidente de la Comisión Europea o el actual presidente del Banco Central Europeo Mario Draghi. El grupo Goldman Sachs fue fundado en 1869 por Marcus Goldman  y tiene su sede principal en el Bajo Manhattan, en Nueva York. La compañía se dio a conocer como pionera en la emisión de letras de cambio no garantizadas para empresarios y fue invitada a unirse a la New York Stock Exchange en 1896. Fue durante ese tiempo que el yerno de Goldman, Samuel Sachs, se unió a la firma, lo que motivó el cambio de nombre por “Goldman Sachs“.  A principios del siglo XX Goldman jugó un papel principal en el establecimiento de las ofertas públicas de venta (OPV) en el mercado. Llegó a manejar la más grande OPV de la época, aquella de Sears, Roebuck and Company en 1906. Llegó a ser también una de las primeras compañías en reclutar aquellos con Maestría en Administración de Negocios (MBA) de las principales escuelas de economía y dicha práctica continúa en la actualidad. En 1929 lanzó la Goldman Sachs Trading Corp., algo cercano a un Fondo común de inversión.

Goldman Sachs actúa como un asesor financiero para algunas de las compañías más importantes, grandes gobiernos y ricas familias del mundo; es enlace primario en el mercado de seguridad del Tesoro de los Estados Unidos; ofrece a sus clientes asesoría en inversiones y adquisición, provee servicios de aceptación, inversión en comercio de propiedades, inversión privada y maneja la riqueza de personas o familias influyentes del mundo. Goldman Sachs tiene múltiples oficinas de gran importancia financiera en centros como Nueva York, Chicago, Los Ángeles, San Francisco, Fráncfort del Meno, Zúrich, París, Londres, Phoenix, Singapur, Ciudad de México, Salt Lake City, Milán, Melbourne, Tokio, Moscú y Toronto,  con planes de llegar a Latinoamérica en el centro financiero guatemalteco, para luego incursionar en el salvadoreño. En el año 2006, Goldman Sachs tenía 26.500 empleados en todo el planeta y reportó ganancias por US$9.54 mil millones y un récord de ganancias compartidas de $19.69. Goldman Sachs se ha jactado de tener una cultura generosa de remuneraciones. En varias películas de investigación sobre la crisis financiera del 2008, entre las que cabe destacar la ya mencionada Capitalismo: Una historia de amor, de Michael Moore, ha sido marcada como una de las responsables de fomentar la crisis para beneficiar a los sectores más ricos.

Si yo fuera usted, no invertiría ni un céntimo a la bolsa”. Este es el contundente titular de la entrevista a Alessio Rastani, en el diario barcelonés de La Vanguardia. El broker que incendió medio mundo con sus declaraciones a la BBC, asegurando que los ahorros de millones de ciudadanos desaparecerán de aquí a menos de un año y que el auténtico gobierno mundial es lo de los mercados. A pesar de que el diario británico Telegraph publicó una entrevista con él apenas después de la polémica, en que supuestamente Rastani admitía ser un farsante, ahora el broker lo desmiente. Según asegura a La Vanguardia, “que juegue a la bolsa “por pasión” no quiere decir que no sea un “profesional”. Josef Ajram ha analizado esta noticia, así como el hecho que la prima de riesgo de España haya marcado un nuevo máximo a pesar de los cambios de gobierno en Italia y en Grecia. Ajram considera que “los mercados nos quieren hacer perder el tiempo con Italia, cuando la próxima víctima es Francia”. El broker catalán Josef Ajram asegura que “la fiscalidad en operaciones bursátiles es un chollo”, puesto que establece que tienes que pagar un 21% “ganes el que ganes”, lo cual supone que “tienes que pagar más para trabajar que para jugar en bolsa”.  En una entrevista en la emisora de radio RAC1, el agente bursátil ha asegurado que el fondo del discurso de Alessio Rastani, protagonista de la entrevista polémica a la BBC, “es muy acertado, a pesar de las formas”, y considera que es un “toque de alerta sobre hacia donde van las cosas”. Ajram subraya que las prácticas citadas por el broker inglés “se hacen y las hacemos”, y asegura que “políticamente está permitido ganar dinero así”.

Respecto al discurso de Rastani, Ajram discrepa de la afirmación de qué “mucha gente perderá los ahorros en la actual crisis”. Pero en cambio está de acuerdo en qué “poca gente ganará mucho dinero” con la recesión europea. El agente bursátil catalán explica que el miedo de un país se mide con el indicador CDS –que indica el coste de asegurar la deuda de un país– y este puede hacer que, sorprendentemente, “asegurar una deuda como el de España” cueste mucho más que “asegurar el de un país como el Líbano”. Ajram subraya que él “no desea una recesión” como su homólogo inglés, porque su actividad bursátil se basa al “comprar y vender el mismo día”, pero reconoce que ha aprovechado “la volatilidad y las constantes oscilaciones del mercado” para sacar un rédito económico, teniendo en cuenta que “es más fácil” hacerlo “cuando la bolsa baja”. El broker inglés Alessio Rastani aseguraba “soñar cada noche con una nueva recesión” para poder ganar dinero.

Antes de las últimas elecciones españolas, el economista Santiago Niño-Becerra afirmaba que cualquier promesa de creación de empleo por parte de los candidatos electorales es simplemente una propuesta “de cara a la galería“, ya que considera que, incluso pasada la crisis, España sufrirá un paro estructural “indefinido” de entre el 14% y el 16%. En una entrevista concedida a Efe, este catedrático de Estructura Económica, que saltó a la fama por predecir la actual crisis económica en marzo de 2006, sostiene que el sistema económico será incapaz de absorber la mano de obra existente, y que habrá un “elevadísimo” índice de subempleo, una tasa de temporalidad del 40% y un pleno empleo que sólo alcanzará al 10% de la población. En su nuevo libro Más allá del Crash, Niño-Becerra pinta un escenario de futuro que él mismo describe como “muy sombrío“. Según sus estimaciones, la economía española continuará con la tendencia bajista hasta el año que viene, seguida de un corto periodo de estabilidad, si bien a partir de 2015 tan sólo se producirá un remonte “triste, pobre y limitado“. En clave interna, el profesor Niño-Becerra cree que el Gobierno que salga de las urnas el 20-N (el Partido Popular) no podrá hacer nada por sí mismo, ya que de la actual crisis sólo es posible salir con un acuerdo global europeo.

A su juicio, el problema de España no es la deuda pública, que sólo alcanza 700.000 millones del total de cuatro billones que debe el país, sino la privada: entidades bancarias, empresas y familias. Debido a que la deuda de España y de otros muchos países de la UE es “impagable“, se muestra convencido de que serán necesarias quitas y compensaciones, así como la creación de bancos malos (aquellos que acumulan todos los activos tóxicos), para posteriormente abordar una política fiscal conjunta. Por ello, en su opinión, ve “necesario e inevitable” crear una mesa de técnicos y no de políticos, ya que, “al fin y al cabo, el 21 de noviembre alguien llamará al jefe del nuevo Ejecutivo y le dirá: toma nota“. En su opinión, la UE, lejos de desaparecer, ganará cada vez más peso en materia de gobernanza económica y será quien dicte las reglas del juego, de modo que los presidentes nacionales que no las acaten simplemente tendrán que irse. Eso sí, será una Europa “reducida“, ya que, según el profesor Niño-Becerra, cuando acabe la crisis todos los países tendrán menos peso específico. En ese escenario de escasez, se impondrá un modelo económico basado en la eficiencia y la restricción en el uso de recursos, lo que redundará en “el fin de la democracia económica tal y como la hemos conocido”. Es el fin de lo que él ilustra como la era del “lo quieres, lo tienes“, ya que mantener el nivel de consumo actual es “imposible“. El economista asegura que ésta no es una crisis coyuntural, sino sistémica y como tal, no tiene arreglo: el modelo debe morir y nacer uno nuevo. Explica que los sistemas económicos duran 250 años desde hace 2.000 años, por lo que, de cumplirse la dinámica histórica, este sistema, el capitalista, acabará entre los años 2060 y 2070. “De esta crisis saldremos en una década, pero saldremos cayendo“, afirma.

¿Qué une a Mario Draghi, Lucas Papademus y Mario Monti, hoy las actuales cabezas del BCE, Grecia e Italia? Y aquí queremos también hacer referencia al nuevo Ministro de Economía español, Luis de Guindos, que en 2006 fue nombrado Consejero asesor para Europa de Lehman Brothers y director de la filial del banco en España y Portugal, donde estuvo hasta la quiebra y bancarrota del banco,  en 2008, que sirvió de pistoletazo de salida a la crisis.  Tal como ya hemos indicado, nada menos que su pasado en Goldman Sachs en el turbio período de los inicios de la moneda única europea. Como en una obra de Agatha Christie, estos tres personajes vuelven a la escena del crimen en lo que para Angela Merkel, la única líder de la UE, no constituye problema. Total, en el actual trance que vive la UE se requieren gobiernos de tecnócratas, alejados de la política y, por lo que se ve, ya que no han sido elegidos democráticamente, también de la democracia. Mario Monti, en Italia, decidió combinar sus funciones de Primer Ministro con la cartera de Economía. El ex-comisario europeo presentó un gobierno reforzado con 17 ministros. Todos tecnócratas, excepto uno, que es un banquero: Corrado Passera, consejero delegado de Intesa San Paolo, el más grande banco italiano, y que toma la cartera de Desarrollo, Industria y Transporte. Mario Monti explica de este modo la desaparición de la política en Italia: “He llegado a la conclusión de que la ausencia de líderes políticos en el gobierno hará más fácil la vida para el ejecutivo, al eliminar motivos de vergüenza”.

Mario Monti, Lucas Papademus y Mario Draghi, forman un trío que está en el corazón de la deuda soberana europea a través de la estrecha colaboración con Goldman Sachs, el banco estadounidense responsable de gran parte de los abusos que hoy tienen a Europa al borde del colapso financiero. La idea de infiltrar a personajes de ese banco al mando de los poderes de Europa no es nueva. Desde hace años Goldman Sachs, al igual que CitiGroup, está infiltrado en los más altos niveles del poder en Estados Unidos. Los nombres de Timothy Geithner, Henry Paulson o Robert Rubin, dan buena fe de ello. Goldman Sachs se ha caracterizado por facilitar periódicamente a una parte de sus ejecutivos para prestar servicios a los gobiernos en nombre del “interés general”. Ese mismo “interés” llevó a Goldman Sachs a infiltrarse en la Comisión Europea hasta obtener el gran premio: los gobiernos de Italia, Grecia y el Banco Central Europeo. Hace algún tiempo Alessio Rastani dijo que Goldman Sachs gobierna el mundo y muchos se escandalizaron. Pero estos hechos parecen darle la razón. Lucas Papademus fue gobernador del Banco Central de Grecia desde 1994 hasta 2002, año en que se convirtió en vicepresidente del BCE. Esto indica que tuvo un papel clave en la transición del dracma al euro en Grecia y que conocía perfectamente la situación financiera del pais. Sabía que Grecia no cumplía con los criterios exigidos para ingresar a la zona euro, y estaba completamente al tanto de la falsificación de las cuentas griegas, organizada precisamente bajo la dirección de Goldman Sachs.

Mario Draghi, fue ministro de finanzas de Italia hasta el año 2002, cuando Goldman Sachs lo nombró asesor principal. El comunicado de Goldman Sachs que anunció la contratación de Draghi señaló que “su misión será ayudar a la empresa a desarrollar y ejecutar negocios con las principales compañías y gobiernos de Europa”. Aunque Draghi, tras ser nombrado al BCE destacó que su trabajo en Goldman Sachs estuvo siempre vinculado al ámbito privado, esta información lo desmiente: en su etapa Goldman, Draghi trabajó operaciones de colocación de deuda con el Gobierno británico, la financiación del metro de Madrid con el Gobierno español y operaciones de refinanciación del déficit con el Gobierno alemán. En su período de Goldman Sachs, Mario Draghi también ayudó a Italia a enmascarar los déficits públicos, siendo Mario Monti el responsable de esta ejecución como comisario europeo. Mario Monti, director del grupo Bilderberg en Europa, monitoreaba las transacciones financieras que facilitaba Goldman Sachs, banco del cual era asesor. Por lo visto, hay experiencia de sobra para la contabilidad creativa,  cuyo ejemplo emblemático fue  el caso Enron.  Los ejecutivos de Goldman han tomado la UE y la pregunta es si podrán salvar al euro. Las bolsas mundiales encadenan pérdidas y los valores de todos los productos se han derrumbado. El BCE no tiene más alternativas que inyectar dinero y comprar masivamente bonos de los gobiernos para controlar la pandemia, aunque eso no hará más que demorar la quiebra del sistema. A menos que los ex ejecutivos de Goldman guarden alguna sorpresa.

Agosto de 2011  ha sido un mes lleno de sobresaltos especulativos contra la deuda pública española, con la consiguiente subida de la prima de riesgo. A estas alturas, deberíamos saber responder a dos preguntas básicas del último episodio de la crisis: ¿quiénes son los mercados? y ¿cómo pueden especular contra un país? Rosa María Artal, en un capítulo sobre la desinformación, en su libro Reacciona, dice que, entre las palabras políticamente correctas que nos inundan, decimos mercados cuando realmente queremos decir especuladores. Los especuladores son entidades con dinero, mucho dinero, suyo y de muchos otros, que crean fondos de inversión que movilizan capitales ingentes con el objetivo de invertirlos y generar más capitales ingentes. Es la economía financiera y no está mal, en teoría.  La cuestión es si cualquier tipo de prácticas debería estar permitida con tal de ganar más dinero. Ya sabemos que el dogma económico neoliberal apuesta por permitirlo casi todo. Todos tenemos una idea sobre qué es la especulación. Pensamos que básicamente consiste en comprar algo barato y esperar a que suba de precio, para venderlo más caro y ganar así unos “merecidos” beneficios. Todo depende de si disponemos de información sobre su demanda en el mercado o sus expectativas de evolución. En pocas palabras, se especula con el precio al que se venderá. Como en toda especulación, hay un punto incontrolable que queda a expensas del estado psicológico del mercado y de la suerte.

Pues bien, parece ser quela especulación contra la deuda pública de un país incorpora dos elementos curiosos para la idea que sobre la especulación tenemos la gente de a pie:se especula sobre el precio de compra, no el de venta. Puedes vender muchos bonos de deuda española, por ejemplo, sin todavía haber pagado su compra: si consigues que baje el precio de compra, entonces obtienes beneficios respecto al precio al que vendiste. ¿Cómo es esto posible? Parece ser que el primer movimiento no es una compra real, sino que los bonos se piden prestados a su dueño al inicio de la jornada (que gana un porcentaje).  Durante la jornada los vendes al precio caro, pero la propia venta de bonos y los mensajes del mercado (este país no ofrece confianza, las agencias le bajan el calificación del riesgo, etc.) hacen que su precio baje mucho.  Al final de la jornada los recompras más baratos, esta vez de verdad. Así los puedes devolver al que te los prestó y has ganado dinero porque los has vendido más caro de lo que al final has pagado por su compra.  Es una operación inversa a cualquier otra transacción, donde habitualmente para vender algo primero lo tienes haber comprado. En este caso, primero lo pides prestado, comercias con ello y finalmente devuelves el préstamo al precio desmoronado del final de la jornada. Todo en un día, a eso lo llaman tomar posiciones cortas. Los gobiernos lo permiten, aunque temporalmente algunos países como España lo han prohibido. Y para dar una cierta idea de quienes están detrás de las agencias de calificación, debemos decir que uno de los principales propietarios de Moody’s es la corporación Berkshire Hathaway, un conglomerado económico presidido por el multimillonario norteamericano, Warren Buffet, el mismo que pronunció la cínica frase:  “la lucha de clases sigue existiendo, pero es la mía la que va ganando”. Standard & Poor’s está controlada por el importante grupo editorial Mc Graw Hill, y Fitch está vinculada al grupo francés Firmalac.

En algunos mercados, como el por ejemplo el inmobiliario, ya no sólo encontramos a particulares sino que también encontramos a bancos, a grandes empresas o incluso al Estado. Y esos agentes, debido a su poderío económico, pueden modificar el mercado con facilidad. Precisamente porque tienen la capacidad económica, ya que manejan grandes sumas de dinero, pueden comprar y vender de forma estratégica, buscando el máximo beneficio. Por ejemplo, los bancos actualmente tienen en España un gran stock de viviendas en venta pero que no consiguen vender, ya que lo que los compradores están dispuestos a pagar es mucho menor que por lo que los vendedores están dispuestos a vender. Pero los bancos reducen artificialmente la oferta de viviendas al no poner en venta muchas de las viviendas que tienen y creando de esa forma una escasez aparente para mantener los precios altos. Cuando hay pocos participantes en el mercado (en este caso como vendedores) o un participante es muy poderoso económicamente,  puede influir mucho en cómo evolucionan los precios. Los bancos más importantes pueden ponerse de acuerdo para no bajar los precios de las viviendas y mantenerse esperando que los compradores se atrevan a ofrecer más, o bien pueden también comprar masivamente casas para elevar artificialmente el precio.

Y que podemos decir de los mercados financieros. El más conocido actualmente es el mercado de deuda pública, que es el mercado donde se encuentran, por una parte,  los países que necesitan financiación y, por otra, los inversores que están dispuestos a proporcionarles esa financiación. Cuando un Estado tiene déficit, menores ingresos que gastos, necesita pedir prestado. Y una de las formas para hacerlo es emitiendo títulos de deuda pública. Esos títulos que emite son comprados por inversores que prestan al Estado ese dinero a cambio de que en un plazo de tiempo determinado el Estado les devuelva ese dinero junto con un porcentaje de intereses, al que se llama rentabilidad. Como todos los Estados tienen necesidad de endeudarse,  el mercado de deuda pública está siempre muy activo, especialmente en tiempos de crisis. Hay mucha oferta  y mucha demanda por inversores que buscan rentabilidad teóricamente segura. Y en este mercado los participantes son fundamentalmente los grandes inversores financieros, tales como la banca y los fondos de inversión gestionados por ellos, y no tanto los particulares. Los gestores de los bancos tienen que valorar si les conviene invertir en el mercado de deuda pública. Por ello van al mercado de deuda pública y ven qué ofrecen los diferentes países. Los inversores buscan siempre los títulos más baratos porque son los que ofrecen mayor rentabilidad. Si un país, por ejemplo Portugal, ofrece títulos y en la subasta van pocos compradores, tendrá que bajar el precio de sus títulos y, por lo tanto, subirá la rentabilidad de los mismos. Es decir, pagará más en concepto de intereses por cada título que venda a los inversores.

Los resultados de esas subastas son diferentes según los países, diferencias de las cuales nacen conceptos como el de “prima de riesgo”, que mide la diferencia de rentabilidad ofrecida por los países con respecto a Alemania, que es el país con una economía más fuerte. Se supone que los precios de los títulos reflejan la capacidad que cada país tiene para devolver el dinero. Pero en realidad no sólo depende de eso. Como en todo mercado, también se puede influir en él para crear unas mejores condiciones que te favorezcan. Supongamos que sea un gestor de un fondo de inversión multimillonario. Mira cómo están los indicadores fundamentales de la economía, las noticias de última hora, las subastas de deuda pública programadas y los mercados secundarios de deuda pública. Entonces planea su estrategia. Como gestiona un fondo multimillonario, tiene capacidad para influir en el mercado. Es decir, la oferta de compra o venta es tan cuantiosa que representa prácticamente la totalidad del mercado. Si decide comprar títulos de deuda pública de Portugal, ello incrementará la demanda y mandará una señal al resto de inversores: la gente está comprando títulos de Portugal. En consecuencia el precio subirá y la rentabilidad caerá. Portugal podrá conseguir dinero más barato, ya que  pagará menos intereses.

Pero, ¿para qué un gestor tan poderoso va a querer comprar títulos que den poca rentabilidad? Lo que hará es imitar la estrategia que George Soros hizo en el Reino Unido en la década de los noventa el pasado siglo XX y que hizo a un país entero arrodillarse ante él. Lo que haría como inversor sería ir al mercado secundario de deuda pública y pedir prestados una gran cantidad de bonos. Cuando tenga todos esos bonos va preparando el terreno para la estrategia, que se consigue gracias a la publicación de rumores y exageraciones, como “Portugal va mal”, “se necesitan más recortes”, etc.). Y cuando la estrategia empieza a dar frutos, vende masivamente todos los títulos que le han prestado. Entonces el resto de inversores ven noticias de desconfianza en Portugal y un gran número de venta de títulos de deuda pública. Esos inversores piensan que los otros  inversores están vendiendo títulos de deuda pública porque no se fían, y entonces todos hacen lo mismo. Se produce una estampida con muchas decisiones de venta que hacen bajar los precios. Y cuando los precios han bajado mucho aparece otra vez  el inversor poderoso y los compra masivamente a una quinta parte de su precio.

La conclusión es que el inversor poderoso vendió los títulos a 500 euros y los compró a 100 euros. Como eran prestados también tendrá que pagar algo en concepto de intereses, pero seguirá ganando mucho. Y la otra consecuencia es que Portugal estará bajo un ataque permanente y, en la próxima subasta que haga,  los inversores le exigirán mucha mayor rentabilidad porque, en teoría,  el mercado secundario de títulos está reflejando que su política económica debe cambiar para asegurar más confianza del mercado. Es entonces cuando llegan los planes de ajuste “impuestos” por los mercados financieros y el ya conocido como  “chantaje de los mercados“.La única lógica del capital financiero es la de buscar oportunidades de mayor rentabilidad y, si es posible, crearlas. Los especuladores son en realidad los propios inversores, no son una figura distinta, ya que su lógica es lo único que cuenta. Y como tales operan como los tiburones: huelen sangre y atacan sin piedad, extorsionando hasta el límite. No hay inversores buenos o malos, sino que operan con sus propias reglas, inmorales y antisociales, que sólo responden al criterio de rentabilidad. Es un capitalismo que sigue la ley de la selva y sólo ganan los más fuertes.

Los inversores en mercados financieros son jugadores de casino, que  aprovechan  su inmenso poder para hacer y deshacer la economía mundial, sin atender a las consecuencias. Durante más de treinta años de hegemonía del neoliberalismo,  estos bancos, fondos de inversión, grandes empresas, etc.,  han creado las condiciones para sacar mucho más provecho de este negocio. Han desregulado los mercados, permitiendo su expansión y eliminando casi todas las normas que limitaban algunas prácticas. También se han creado productos financieros complejos con los que seguir jugando más con el mismo objetivo. El ejemplo de Jorge Soros en el Reino Unido es una más entre otras formas de manipular un mercado cualquiera. Y las conspiraciones no hacen falta cuando todos los inversores se aprovechan de esas situaciones en las que quien paga al final es el Estado, y subsidiariamente todos los habitantes del país atacado. Podemos afirmar que, en nuestro mundo actual, la clase dominante de bancos y fondos de inversión está explotando a las clases populares. Y como dijo el multimillonario norteamericano, Warren Buffet,  “la lucha de clases sigue existiendo, pero es la mía la que va ganando”.

Las entidades financieras son cada día más protagonistas. Pero no necesariamente por su contribución a la financiación de las actividades económicas que crean riqueza y bienestar social. La compra de voluntades políticas, el blanqueo de dinero, las cuentas secretas o el financiamiento de empresas contaminantes y de armamento son sólo algunas de las acusaciones que recaen sobre algunas entidades financieras. Aparecen en casos de mecenazgo aparentemente desinteresado,  pero realmente  lo que buscan es ganar más dinero al precio que sea. Por eso están implicadas también en una lucha para lograr quedarse con fondos sociales ahora bajo control público, como las pensiones. Durante los últimos años hemos podido comprobar cómo las entidades financieras han estado en el origen de la última crisis hipotecaria. Todo ello es consecuencia del carácter parasitario que han adquirido muchas instituciones financieras cuando no quedan sometidas a una estrategia distinta al puro afán de lucro. Por otro lado, cada vez es más evidente la falta de controles institucionales que puedan impedir las actividades inmorales o despilfarradoras. La burbuja bursátil de los 90 transformó las costumbres empresariales y consolidó a la especulación y la corrupción en las grandes empresas, como demostró el caso de la multinacional Enron. Ahora, la reciente crisis financiera ha puesto de relieve que este fenómeno se ha incrementado. Ante este grave proceso, los bancos centrales se han limitado a mirar hacia otro lado, en un cómplice ejercicio de irresponsabilidad.

En lugar de evitar que se produzcan, las autoridades monetarias y financieras los avivan por su complicidad e inoperancia. En lugar de advertir, denunciar y controlar, mantienen un sospechoso silencio orientado a salvaguardar los intereses de los grandes poseedores de recursos financieros. De hecho, es ya verdaderamente preocupante la forma en que se oculta el peligro financiero que suponen los balances artificialmente hinchados de los bancos o su solvencia amenazada. Y, sobre todo, la inutilidad social de las operaciones financieras, cada vez más lejos de la economía real y de las necesidades de las empresas y los consumidores. La actividad financiera es cada vez más inapropiada para crear riqueza, así como más especulativa y peligrosa para la economía en su conjunto, menos beneficiosa para el conjunto de la sociedad y más rentable para las grandes fortunas. Hoy día es urgente tomar medidas contra el desorden financiero y contra su conversión en un gran y corrupto casino global. Los gobiernos democráticos deben recuperar el terreno perdido en lo que respecta al poder y capacidad de decisión económicas.

La pérdida de poder real de los gobiernos en materia económica ha venido acompañada de un consecuente deterioro de la democracia, puesto que han transferido el poder desde los órganos representativos hacia entidades donde no operan los mecanismos. Los dueños de estas entidades se han convertido en las personas más influyentes de nuestras sociedades, adquiriendo unos roles de extraordinaria importancia en la toma de decisiones en la vida política, social y económica.  Las grandes corporaciones financieras son hoy día los mayores enemigos de la democracia y del bienestar social. Teóricamente el sistema financiero tiene como función canalizar recursos desde las unidades económicas que ahorran hacia las que consumen. Es decir, el dinero de quienes ahorran es utilizado por quienes consumen, por ejemplo, las empresas, gracias a que existe un sistema financiero. En el capitalismo de nuestros días esta lógica se ha modificado sustancialmente. En este capitalismo especulativo han proliferado gran cantidad de nuevos agentes financieros y otra gran cantidad de nuevos productos financieros.

Se supone que en este sistema financiero la función de servir a la economía real está muy mejorada. Sin embargo, la realidad está mostrando que esto es cada vez menos cierto. Los Estados tienen que afrontar continuamente decisiones de gasto que requieren recursos económicos. Si no tiene suficientes recursos puede emitir la llamada deuda pública. ¿Y cómo valoran los inversores -compradores de estos títulos financieros- la calidad de la deuda pública? En principio deberían hacer un análisis de los datos económicos fundamentales para juzgar la calidad de la deuda. Pero como es demasiado trabajo, los inversores acuden a las agencias de calificación, que son empresas privadas que asignan unos niveles de calidad a los títulos. Y de entre los aspectos que valoran estas agencias uno es clave: el endeudamiento. Si la deuda es muy alta, el riesgo de impago es mayor, menor calidad tendrán los títulos emitidos por el Estado, mayor tipo de interés tendrá que pagar éste y más caro le resultará emitir nueva deuda. Para evitarlo, el Estado griego realizó operaciones de “contabilidad creativa” para ocultar su alto endeudamiento y poder así ser calificado mejor por las agencias. Pero para llevar a cabo esta “contabilidad creativa hacía falta un segundo actor. Y éste fue el banco de inversión estadounidense Goldman Sachs. Goldman ofreció un préstamo al Estado griego que, sin embargo, contabilizó como una operación con instrumentos derivados, concretamente con un swap. De esa forma el riesgo de impago aparentaba ser menor de lo que en realidad era. Y Goldman se llevó una millonaria comisión por todo ello.

Sin embargo, Goldman Sachs está también implicado en los ataques contra el propio Estado griego. Y es que, dado que tarde o temprano la contabilidad creativa iba a ser revelada, Goldman apostaba en contra del Estado griego mediante otro instrumento derivado: los credit default swap (CDS). La compra de estos instrumentos permite proteger al tenedor de un título frente a los impagos. Y quien tiene la información siempre gana. Todo apunta a que Goldman compró CDS que ahora está vendiendo mucho más caros, debido a que los rumores de impagos han empujado al alza el valor de estos productos. Por lo tanto, doble negocio para Goldman. Es sólo un ejemplo de cómo funciona el capitalismo de nuestros días. El dinero está fluyendo hacia los bolsillos de una pequeña élite con mucho poder e información, mientras que las consecuencias son pagadas siempre por los más desfavorecidos. En el ejemplo explicado el pueblo griego,  que tendrá que afrontar un plan de ajuste muy severo y dirigido por quienes apoyan este capitalismo de casino. La especulación financiera en el mercado de deuda pública se está produciendo de forma efectiva.

En el caso de España, Italia, Portugal y Grecia, sumidas en crisis económicas importantes y con especificidades importantes, los especuladores han ido por los más débiles. Saben que es mucho más creíble y fácil especular contra esos países, y que, por lo tanto, las posibilidades de éxito son mucho mayores.  Como hemos visto últimamente,  la deuda pública se ha convertido en el principal problema de economías como la española. Tras diferentes procesos especulativos sobre este mercado financiero, la capacidad de los Estados para financiarse en el exterior se ha visto mermada considerablemente, y con un panorama como el actual a España le resulta muy caro pedir prestado mediante la emisión de títulos de deuda pública. Y como esa financiación cada vez resulta más inviable, rebajar el déficit sólo puede lograrse incrementando los ingresos vía impuestos o reduciendo los gastos, mediante recortes y congelaciones salariales a los funcionarios. Esa es la idea general que subyace en cualquier plan de ajuste neoliberal. Sin embargo, hay muchas formas de enfrentar esta situación de crisis que nada tienen que ver con las clásicas políticas neoliberales.

El mercado de deuda pública es fundamental para que un Estado pueda desarrollar su actividad económica y social. Hoy es también un mercado financiero que se utiliza para la especulación más brutal. En el juego de compra-venta de títulos de deuda pública se dan cita fondos de inversión colectiva y muchas entidades financieras. Los intereses de estos inversores no  son en absoluto coincidentes con los del país que emite la deuda, y de ello hemos obtenido pruebas muy recientes con el caso griego. Por esa razón han surgido voces, como la del economista francés Eric Toussaint,  que sugieren medidas encaminadas a reducir el montante total de la deuda pública a través de la renuncia a pagar parte de la misma. Mediante esta medida se reduciría la deuda total. Otra medida sería la aplicación de impuestos sobre los títulos de deuda pública, de tal forma que con los ingresos obtenidos se pudiera pagar la deuda. Y finalmente una tercera, según Eric Toussaint, sería la implantación de un alto impuesto a las grandes fortunas (en España las que están en las Sociedades  de inversión de capital variable – SICAV) que permitiera reembolsar la deuda pública en su totalidad. Que fueran ellas, y no el pueblo en su conjunto, quien financiara el endeudamiento público. Cualquiera de las medidas anteriores tiene como objetivo reducir la carga total de la deuda pública, pero pueden complementarse con medidas de incremento en los ingresos, vía impuestos progresivos y no regresivos como el IVA, persecución radical del fraude fiscal y el descenso en el gasto público, aumentando la eficiencia.

La crisis ha puesto de manifiesto la naturaleza real del sistema político que tenemos. Más concretamente ha puesto de manifiesto que el sistema político actual no sirve para nada porque no es el espacio donde reside el poder. El poder se encuentra en las grandes empresas y particularmente en la gran banca privada y los multimillonarios fondos de inversión que ésta gestiona. Este poder económico es el que controla los mercados financieros y el que chantajea a los gobiernos, exigiéndoles la aplicación de duros planes de ajuste que nadie ha votado. La democracia ha quedado relegada a un segundo lugar. El gran escritor Saramago decía hace muchos años que vivíamos en una burbuja democrática donde el poder residía realmente en las grandes instituciones financieras internacionales, y la crisis no ha hecho sino darle absolutamente la razón. La democracia política, nuestra democracia, se revela ahora claramente como un elemento que disfraza y justifica una dictadura del capital y del dinero.

Cuando un agente económico, sea el Estado, las empresas o los particulares, se endeuda,  lo que ocurre es que queda a merced del prestamista, que le exige una serie de condiciones. La clave entonces es entender por qué hemos llegado a endeudarnos tanto como para que nuestros acreedores nos exijan la aplicación de tantas reformas. Para explicarlo debemos tener en cuenta que la deuda pública ha crecido a consecuencia de la crisis y aún así, en España,  se mantiene a niveles muy inferiores a los de otros países como Alemania y Francia y sobre todo Italia y Grecia. Por lo tanto la responsabilidad de que la deuda se haya disparado es de la crisis y de sus causantes. O sea, la gran banca privada, que es también la que se está beneficiando de los rescates bancarios y de los rescates a los países. Por otro lado, el endeudamiento es necesario cuando la relación ingresos/gastos se vuelve deficitaria, y eso puede ocurrir bien porque los gastos son demasiado altos o bien porque los ingresos son demasiado bajos. Y en España, desde hace varias legislaturas, se ha apostado por rebajar la carga impositiva, es decir, por reducir los ingresos del Estado y favorecer a las clases más adineradas. Si tuviéramos más ingresos no necesitaríamos recurrir al alto endeudamiento que, curiosamente, nos ofrecen las mismas entidades y grandes fortunas que han dejado de pagar esos impuestos.

En las últimas décadas de hegemonía del neoliberalismo, los Estados nacionales han delegado parte de su soberanía a entidades supranacionales que, como la Unión Europea, están configuradas de una forma poco democrática y con una capacidad de decisión de los ciudadanos muy limitada. Además,  se enfrentan al poder, cada vez más fuerte, de los lobbys en Bruselas. Pero, además los Estados europeos han entregado la gestión de la política monetaria a un grupo de tecnócratas con una clara ideología neoliberal. En efecto, el Banco Central Europeo es una entidad pública, pero independiente del poder político y que no tiene que rendir cuentas ni siquiera ante el parlamento europeo. Un Estado sin Banca Pública y sin Empresas Públicas está a merced de los poderes económicos, ya que carece del margen de maniobra suficiente para tomar las decisiones necesarias. De hecho eso es lo que estamos viendo en esta crisis, cuando los gobiernos tienen que limitarse a pedir a los bancos privados que proporcionen financiación a la economía real. Pero estos bancos son conocedores de su poder y se permiten el derecho de chantajear a los gobiernos, sin que éstos reaccionen.

En España se malvendieron empresas altamente rentables como Repsol, Gas Natural, Endesa, Telefónica o Argentaria, y se mantuvieron las empresas menos rentables y que no encontraban compradores. Todos esos procesos se justificaron haciendo alusión a la mayor eficiencia y a la mejora general del funcionamiento. Más de veinte años después del inicio de aquel proceso los estudios económicos revelan que todo aquello era falso. La inmensa mayoría de las empresas privatizadas no han mejorado ni en eficiencia, ni en productividad ni en el funcionamiento general. Y sólo lo hacen aquellas que han llevado a cabo procesos de reestructuración, lo que significa que el funcionamiento no está ligado a la naturaleza de la propiedad sino al tipo de gestión. Si en vez de vender a empresas privadas se hubieran acometido reestructuraciones en el tipo de gestión, la organización productiva hubiera sido la misma que la de ahora pero el Estado tendría más de cien empresas públicas y sus ingresos. Pero  la mayoría de las privatizaciones se hicieron para reducir el déficit y para de esa forma poder satisfacer los criterios de entrada a la Unión Europea. Los gobiernos sacrificaron ingresos futuros a cambio de ingresos menores actuales. Pero también sacrificaron herramientas de control de la economía, que permitirían capear mejor la crisis. El inmenso poder que tienen los mercados y los bancos no sería el mismo si el Estado dispusiese de una gran Banca Pública y de unas rentables Empresas Públicas. De hecho, si especulan contra Grecia, Portugal, Italia y España no es porque haya argumentos económicos, sino porque son elementos débiles en el espacio europeo.

 

“Cuando las transnacionales gobiernan el mundo”, es un libro antiglobalización de David Korten, que examina la evolución de las corporaciones multinacionales en los Estados Unidos y argumenta que los llamados “libertarios corporativos” ‘retorcieron‘ las ideas del economista del mercado libre, Adam Smith, y la visión que tenían los fundadores de Estados Unidos acerca de la empresa privada.  Korten critica los métodos actuales de desarrollo económico dirigido por las instituciones surgidas de los acuerdos de Bretton Woods y afirma su deseo de reequilibrar el poder de las multinacionales con la conservación del medio ambiente y la sostenibilidad y lo que él denomina “desarrollo centrado en las personas“. Aboga por un impuesto del 50% a la publicidad para contrarrestar el ataque de lo que él llama “Una máquina de propaganda controlada por las empresas más grandes del mundo, que constantemente nos asegura que el consumo es el camino a la felicidad, que los límites gubernamentales a los excesos del mercado son la causa nuestra angustia, y la globalización económica es tanto una inevitabilidad histórica como una bendición para la especie humana“.

Korten critica el consumismo, la desregulación del mercado, el libre comercio, la privatización y lo que ve como la consolidación global del poder corporativo. Por encima de todo, rechaza el enfoque en el dinero como finalidad de la vida económica. Sus recetas incluyen excluir las empresas de la participación política, aumentar el control estatal y global sobre las empresas multinacionales y las finanzas, hacer que la especulación financiera no sea rentable y crear economías locales que dependan de los recursos locales, más que del comercio internacional. En una revisión del libro “Left Business Observer # 71”, Doug Henwood observa que Korten “ofrece una visión de una economía de mercado compuesta principalmente, aunque no exclusivamente, de empresas familiares con cooperadores de pequeña escala, empresas donde los trabajadores son los propietarios, y empresas vecinales y municipales’. Gran parte de esto es deseable. Sin embargo, sería imposible ejecutar una compleja economía sólo en esta escala, es fácil de imaginar muebles hechos de esta manera, pero no los trenes y las computadoras. Si Korten piensa acabar con los trenes y los ordenadores, debe decírnoslo“.

El activista político Ralph Nader entusiasmado con la primera edición de este best-seller, afirma que su segunda edición amplía y actualiza el el análisis de Korten sobre cómo las empresas globales dominan la gente y sus gobiernos, y la miserables condiciones que resultan cuando unos pocos rigen a los muchos. “Korten muestra vías de realización práctica para un futuro más justo, próspero y sostenible de las sociedades“. En una revisión de las ideas de Korten hecha por Suzanne McCoy en el New York Times, el Dr Alice H. Amsden, profesor de economía política en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, señaló que “La gente viene hablando desde principios del siglo 19 del colapso del capitalismo, pero durante estos períodos se hicieron cambios, se modificaron normas institucionales y aparecieron nuevas organizaciones que, en cierto sentido, fortalecieron el capitalismo para el próximo período de crecimiento económico y desarrollo“. Suzanne McCoy señaló además que “los críticos llaman al Dr Korten un idealista equivocado cuya visión de cómo las empresas deben operar es injusta y obsoleta”. Además, “muchos economistas rechazan la opinión del Dr Korten de que la globalización es auto-destructiva y es incapaz de prestar atención a los efectos colaterales, como los daños al medio ambiente“.

Aunque Korten acusa al capitalismo moderno de tergiversar las palabras de Smith, el libro de Korten también ofrece una novedosa interpretación de una de las más famosas obras de Smith, como “La Riqueza de las Naciones”. En “When corporations rule the world“, Korten afirma que “…Smith se opone a toda forma de concentración económica en el terreno que distorsiona la capacidad natural del mercado de establecer un precio que proporciona un rendimiento justo sobre la tierra, el trabajo, y el capita …La gente del mismo mercado rara vez se reúnen, incluso para alegría y diversión, pero la conversación termina en una conspiración contra el público, o en algunos invención para subir los precios“.  Korten afirma que el capitalismo es el culpable de “aumentar la pobreza y el desempleo” y los “delitos violentos“, a pesar del incremento de los niveles de vida.

Los fondos de inversión especulan contra los gobiernos, que han de hacer malabarismos  para poder vender su deuda manteniendo al mismo tiempo unas economías que, carentes de suficiente financiación, no pueden levantar cabeza. La simple amenaza de que no van a suscribir la deuda por temor a no cobrarla  es suficiente para que aumente su rentabilidad y obligue a los gobiernos a ponerse a sus pies. Y para cerrar el círculo de la extorsión, las agencias de calificación aparecen como los árbitros de la situación estableciendo, como vienen haciendo desde hace decenios, lo que se debe y lo que no se debe hacer para que los inversores confíen, en este caso, en la deuda que los gobiernos quieren colocar en los mercados. Las agencias son compañías privadas, que no solo han errado en multitud de ocasiones provocando daños irreparables,como en Japón o Corea, donde sus manifestaciones precipitaron las crisis,  sino que han actuado siempre al servicio de los poderosos que les pagan. Las agencias de calificación son sencillamente un brazo más de los capitales que han provocado la crisis. Es una evidencia innegable que su complicidad fue decisiva para que se desencadenara la crisis de las hipotecas subprime. Y bien porque sus métodos de análisis son deficientes o porque no se realizan verdaderamente para informar a los inversores sino para proteger a quienes les pagan, lo cierto es que no han sabido anticipar ni las grandes crisis, ni las quiebras empresariales más estrepitosas, ni, como ocurrió en el caso griego, los problemas que se acumulaban en las finanzas de algunos estados.

La actuación de las tres agencias que controlan prácticamente la totalidad del mercado mundial favorece mucho a los financieros, al reducir sus costes y proporcionarle condiciones más ventajosas para recuperar sus capitales, pero no ha traído consigo criterios la estabilidad y seguridad financiera. Todo lo contrario, su intervención es directamente proporcional a la aparición de crisis y perturbaciones de todo tipo. En realidad se han convertido en factores desencadenantes de las situaciones que dicen quede tratan de prevenir. Las agencias, que son empresas privadas, se han erigido en los árbitros de la economía mundial sin que ni siquiera se haya podido conseguir que hagan públicos sus criterios de evaluación o que asuman responsabilidad alguna por sus errores. Fieles a quienes las financian, gozan de una posición decisiva porque, por muy arbitrarias que puedan ser sus decisiones, cuando rebajan la calidad de la deuda de un país o su nivel de riesgo producen un casi inmediato encarecimiento de la deuda o simplemente la estampida de los inversores, empeorando de esa manera la situación del país, tal y como hemos podido ver. Y así es como las agencias de calificación terminan gobernándonos.

Cuando Lula de Silva se presentó por primera vez de las elecciones presidenciales en Brasil, el poderoso inversor George Soros decía que los mercados pensaban que si ganaba Lula no pagaría la deuda. Y eso iría creando unas condiciones tan difíciles que, cuando ganara, iban a impedir efectivamente que pudiera pagarla. Y cuando se le decía que la difusión de ese planteamiento desde las agencias y los grandes inversores era antidemocrático, Soros respondía que “en la Roma antigua, sólo votaban los romanos. En el capitalismo global moderno, sólo votan los norteamericanos, los brasileros no votan“, y eso gracias, precisamente, a estas agencias que determinan lo que deben hacer los gobiernos si quieren obtener los capitales que sus países necesitan para salir adelante, sobre todo, en momentos de crisis. Ahora vuelve a ocurrir lo mismo en Grecia, Portugal, Italia o España. Nuestros gobiernos deben decidir y actuar para merecer el beneplácito de esas agencias, o lo que es lo mismo, de los grandes financieros e empresarios que las controlan más o menos directamente. Lo que ahora preocupa a los gobernantes es pensar en qué momento aparecerá una declaración de Standard and Poor, Moody´s o Fitch rebajando la solvencia de su país o la calidad de su deuda. Y para tratar de que eso no ocurra no les queda más remedio que someterse a sus dictados. Pero los banqueros y las grandes corporaciones que están detrás, son los que nos gobiernan. Y por encima de estos poderes, en la cima de la pirámide, creemos que se esconden las verdaderas élites que gobiernan el mundo. Por desgracia, parece que nuestra democracia es una ilusión.

Ver información relacionada en “Los “dioses” de la antigua Sumer, ¿siguen estando presentes en la actualidad?” y “Radiografía de la actual crisis mundial

enero 12, 2012 - Posted by | Economía, Historia oculta

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