Oldcivilizations's Blog

Antiguas civilizaciones y enigmas

Crónica de un banquete verdaderamente real


Este artículo es un puro divertimento, seguramente solo entendible para algunas personas cercanas al autor.

Era un calido pero nublado día de agosto del siglo XIX en la bellísima población de  l’Ametlla de Mar (también conocida como La Cala), situada en la comarca catalana del Baix Ebre, cerca de la ciudad romana de Tarragona.  Situada en la zona costera entre el cabo de Terme en el norte y el barranco de la Áliga en el sur, limita al sur con Perelló, al noroeste con Tivissa (Ribera de Ebro) y al nordeste con Vandellós (Baix Camp). Por los 14 km. de costa en que se extiende el término de La Ametlla de Mar hay diferentes núcleos dispersos de población autóctona: Calafat, San Jordi de Alfama, las Tres Calas, L’Ametlla de Mar y Rocas Doradas.

Aquel día, el conde Victor de l’Ametlla,  un gran aficionado a la pesca,  celebra un banquete en su castillo con motivo de la pesca de un gran atún, de  8 metros  y un peso record de 900 kg, el más grande registrado en el Mediterráneo. La celebración es aún más memorable, ya que este evento ha creado grandes envidias en la corte del conde Florentino de las Anchas Castillas, que presume de sus históricas pescas en aguas del caudaloso río Manzanares, en donde abundan las pirañas gigantes, de hasta 98 Kg, llamadas CRVII y capaces de comerse a un dinosaurio entero. Como probablemente ya sabéis, los atunes nadan a velocidades de crucero de 3 a 7 km/h, pero pueden alcanzar los 70 km/h y, excepcionalmente, son capaces de superar los 110 km/h en recorridos cortos.Por esto es tan difícil pescarlos. Como es un animal oceánico pelágico, viaja grandes distancias durante sus migraciones (recorriendo de 14 a 50 km diarios), que duran hasta 60 días. Ciertas especies de atunes pueden bucear hasta los 400 m de profundidad.

El conde Victor reside con su esposa Gemma, hija de los vizcondes de Sedó,  en un castillo situado en una pequeña península, entre dos calas, junto a una trinchera de acceso a un búnker costero próximo, y frente al fuerte de Sant Jordi d’Alfama. La historia comienza en el año 1201, cuando el rey Pere I dio las tierras del desierto de Alfama al Caballero Joan d’Almenara. El castillo medieval de Ametlla fue construido en el siglo XII, perteneció a la Orden de Sant Jordi d’Alfama, la única orden estrictamente catalana de la historia. Fue abandonado 2 veces, hasta que en 1575 pasó a manos de los antepasados del conde Victor. Por su parte, en las tierras de los vizcondes de Sedó podemos disfrutar de una de las más importantes bibliotecas de Europa, conocida como “Els Gnoms“, en donde podemos encontrar un catálogo formado por más de 20.000 títulos.

En tiempos del rey Carlos III, se proyectó la repoblación del territorio de Alfama, cerca de la actual Ametlla de Mar, a base de pescadores valencianos y agricultores de Valls y de otras poblaciones cercanas al núcleo que se proyectaba. Coincidiendo con la llegada de pescadores valencianos del Grao de Valencia dirigidos por Joan Baptista Gallart Gafarelo, que en principio iban a repoblar la zona de San Jordi de Alfama, se creó el núcleo habitado de la Cala de la Ametlla hacia el año 1775. A principios del XIX ya existía una población mínima, pero consolidada, como lo denota el hecho de que los primeros habitantes ya habían creado una pequeña iglesia. Desde ese momento hasta la mitad del siglo, la población padece una serie de epidemias importantes, como la del cólera morbo de 1834, y también los efectos de la Primera Guerra Carlista.

El castillo es  un complejo recinto compuesto por iglesia, convento, hospedería, puebla y recinto externo, todo fuertemente fortificado. Desde la costa se asciende a la fortaleza bordeando sus murallas exteriores y se llega una explanada donde se abre la puerta exterior del siglo XV, que permite entrar en el recinto externo o liza que está limitada por dos murallas casi paralelas. Este recinto se utilizaba para guardar el ganado, para alojar tropas en tránsito y para refugio de campesinos y pescadores en caso de peligro. Desde la liza se accede a la zona de la iglesia por una enorme cámara situada junto a la muralla, semi-subterránea. En esta cámara se sitúa el cuerpo de guardia y las caballerizas. Sobre ella se levanta la hospedería. Al salir de las caballerizas se entra en un espacio defensivo intermedio, que es un lugar de paso. Desde su castillo, el conde Victor es el terror de los piratas berberiscos que navegan por el Mediterráneo. 

El camino continúa hacia el castillo cuyos altos muros se levantan ante el espectador. A la izquierda pueden verse diversas estancias semi-subterráneas. Se trata de almacenes sobre los que se levantan las viviendas de los sirvientes. Continuando por el camino, a la derecha pueden verse enormes rocas cortadas a pico que forman la base de las murallas del castillo y a la izquierda una explanada acondicionada con mesas para uso de los comensales. Aquí es donde está previsto celebrar el gran banquete. Desde aquí se domina el recinto de la puebla que conserva las murallas completas por cuyo adarve se puede circular. En dicha puebla hay calles y casas y es donde viven los servidores del castillo y del convento. Está situada en un gran saliente rectangular de la muralla y tiene sus torrecillas y un portillo de los llamados secretos. En la terraza más baja, entre el castillo y la cala más cercana, se encuentra el jardín de los vegetales, quizá la parte más famosa de los jardines del castillo de l’Ametlla. Diseñado al modo renacentista, consta de 9 cuadros de igual tamaño pero con diferentes patrones geométricos. Están plantados con hortalizas de colores contrastados, buscando dar una impresión de variedad.: el azul del puerro, el blanco del repollo, el morado de las lombardas y la remolacha, el verde de la lechuga, las matas de zanahorias y del melón, etc.

Pero, además de sus batallas contra los sarracenos, el conde Victor es famoso en todo el mediterráneo por sus increíbles pescas. No se le resisten ni los sargos, ni la dorada, ni la herrera, ni la breca, ni la  oblada, ni el pargo o el borriquete. Tampoco pueden evitar sus éxitos ni el mero, la lubina, la corvina, el verrugato, el pez limón, el jurel o el robalo. Pero en donde muestra su gran maestría es en la pesca del  atún, el bonito y la caballa.  La pesca es una de las principales actividades del condado. El recinto portuario de Ametlla cuenta con un amplio grupo de barcas que se dedican a las artes del arrastre, el rodeo, el trasmallo, etc., y que cuenta también con la primera flota de atuneros de Catalunya. El 2 de febrero, se celebra la Virgen de la Candelaria, patrona del pueblo. Se realizan diversos actos durante unos cuatro días, con contenido cultural, deportivo y religioso. El 29 de junio, se conmemora San Pedro, patrón de los pescadores. El conde se pasea frente a las costas de sus propiedades a bordo de una embarcación debidamente engalanada.

Al banquete habían sido invitados los marqueses de Claret. Asistirían el marqués Manel del Claret, su esposa Sara, hija de los barones de Grassot, y su hija Viviana, prometida del vizconde Georgevich, de Bosnia y Herzegovina. Como prometida del vizconde, aspiraba a la Baronía de Croacia, que iba a visitar próximamente acompañada por su prometido. Pero lo harían de incógnito, hospedándose en las casas de sus futuros súbditos. También estaban invitados el conde Ramon de l’Arc del Triunf y el marques Carlos de  Procopio, descendiente del italiano Procopio, que el año 1660 inventó una maquina que homogeneizaba las frutas, el azúcar y el hielo, con lo que se obtenía una verdadera crema helada, similar a la que hoy conocemos. Como premio a su invento, recibió el título de marqués de Procopio. Se atribuye a Marco Polo el haber divulgado en Italia una receta para su preparación de regreso de uno de sus viajes al Lejano Oriente. Esto apoyaría la idea de que fueron los chinos quienes inventaron los helados, pero como es desde Italia que se hacen conocidos en el mundo, se explica que muchos crean que se originaron en Roma. Se ha llegado a decir que el nombre de los helados llamados “polos” se puso en homenaje al legendario Marco Polo.  

El conde Ramon de l’Arc del Triunf debe su título nobiliario al hecho de ser uno de los más renombrados maestros del ballet.    En 1661, Luis XIV fundó la Académie Royale de Danse, una organización profesional para maestros de danza. El rey dejó de bailar en 1670, y sus cortesanos siguieron su ejemplo. Por entonces el ballet de corte ya estaba abriendo el camino hacia la danza profesional. La técnica de la danza en este periodo, recogida por el maestro francés de ballet Raoul Feuillet en su libro Chorégraphie (1700), incluía muchos pasos y posiciones hoy reconocibles. El más famoso defensor del ballet de acción o pantomima del siglo XVIII fue el francés Jean Georges Noverre, cuyas Cartas sobre la danza y los ballets (1760) ejercieron una notable influencia en muchos coreógrafos nacidos durante y después de su vida. La danza sobre puntas comenzó a desarrollarse en esta época, aunque los bailarines se ponían de punta sólo por breves momentos. Las zapatillas de punta dura no se habían inventado aún y los bailarines reforzaban sus zapatillas con zurcidos. El coreógrafo italiano Carlo Blasis, seguidor de Dauberval y Viganó, recreó la técnica de la danza de comienzos del siglo XIX en su Código de Terpsícore (1830). Entre los maestros que aplicaron su técnica de danza destaca el conde Ramon de l’Arc del Triunf.

Cuando el conde Ramon y el marques Carlos se disponía a salir de la ciudad de Barcelona en su lujoso carruaje de caballos, resultó que uno de los caballos se torció una pata y tuvieron que esperar a que sus sirvientes buscasen un nuevo caballo para poder continuar con su camino hacia  l’Ametlla de Mar. Con ellos llevaban un valioso tesoro: unos helados artesanos colocados en unos recipientes con hielo, fabricados con la máquina de Procopio, el antepasado del marqués Carlos. Por su lado, los marqueses de Claret salieron de la población de Gracia en un carruaje tipo carroza, con todos sus costados cerrados con ocho cristales. Iba tirado por cuatro caballos dispuestos en flecha. Disponía de un tablero posterior para dos lacayos que marchaban de pie cogidos a tirantes unidos a la caja.

En 1850 el Reino de Piamonte-Cerdeña se convierte en el motor de la unificación italiana, gracias al ministro liberal Camillo Benso di Cavour y a la decisión de Víctor Manuel II, gran amigo de los condes de l’Ametlla.  En 1877 se inaugura en Milán la famosa Galería Víctor Manuel II, pionera de los modernos centros comerciales y la expansión de la arquitectura del hierro. Milán empieza a destacar en el mundo de la moda. Los condes de l’Ametlla son asiduos invitados de Víctor Manuel II y unos entusiastas asistentes a los famosos desfiles de modas milaneses.

Para el banquete, el conde Victor envió a varios de sus sirvientes al Delta de l’Ebre en búsqueda de sus famosas gambas rojas, que eran muy valoradas por todos los comensales. Había cierto misterio con estas gambas. Los pescadores decíanLa gamba roja se va“. Esta frase la conocen los pescadores y gourmets del Mediterráneo. Cada cierto tiempo, la gamba roja desaparecía del mar. Entonces las mesas quedaban vacías, los pescadores anunciaban la ruina y los comercios la catástrofe. Tres años después, sin que nadie supiera cómo, la gamba volvía y llenaba las redes. Y ahora era esta época de las gambas llenando las redes, por lo que los sirvientes vinieron con varias cestas repletas de este crustáceo. Además, pescaron navajas, langostinos, mejillones y otros mariscos realmente muy apreciados. El Parc natural del Delta de l’Ebre se localiza en la desembocadura del río Ebro, entre las comarcas del Baix Ebre y del Montsiá, en la parte más meridional de Cataluña. El delta del Ebro es la zona húmeda más grande de Catalunya y una de las más importantes de Europa occidental detrás del parque regional de la Camarga en Francia y del parque nacional de Doñana en el sur de España.

Asimismo, el conde Victor en persona hizo una selección de los mejores vinos y champagnes. Allí podíamos encontrar vinos secos, blancos y afrutados de Alsacia,  ideales para acompañar una amplia variedad de comida. También destacaban los Beaujolais Nouveau, que se servían un poquito fríos, ya que Beaujolais es ” el tinto que se bebe como blanco“. Y que decir de los vinos de Burdeos,  que se han ganado la reputación de ser el epítome del arte de los viticultores. Pero no le iban a la zaga los Borgoña blancos, con la uva Chardonnay,  y extraordinarios tintos con la uva Pinot Noir. Por último el champagne, con sus mezclas deliciosas de Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier. Cada cosa tiene su propia mezcla, la cual se convierte en su firma distintiva.

Cuando llegaron todos los comensales, se sirvieron embutidos de carne picada y condimentada con hierbas aromáticas y diferentes especias, tales como pimentón, pimienta, ajos, romero, tomillo, clavo de olor, jengibre o nuez moscada, que había sido introducida (“embutida”) en piel de tripas de cerdo. Esta tripa natural era la auténtica creadora del gran sabor del embutido natural por sus grandes cualidades en la curación de estos. Y que decir de los quesos:   el Brie, el Chaource y el Neufchàtel. Aunque, es de entender a aquellos que prefieren el minúsculo Saint-Marcelin o ese queso pequeño y cuadrado llamado Carré de L’Est, acompañados con un vino tinto ligero, del tipo Saint-Emilion.  A estos se le añadieron el  Bleu de Gex, el Bleu d’Auvergne, el Fourme d’Ambert o el Montbrison, acompañados de un vino de Borgoña blanco.

Durante el banquete se comentaron varios chismorreos del condado de l’Ametlla, tales como  que un antiguo alcaide de la población, anteriormente llevaba el nombre del rey Amadeo de Saboya. Se le bautizó así en una visita que el monarca hizo a la población, en la cual pidió que le enseñaran el mar, y lo condujeron por esta calle hasta cerca del mar, en la punta de Bugarró. En la actualidad es muy usual entre los vecinos de la villa referirse a esta vía como lo carrer Amadeo. Otra anécdota fue la de que en el Coll de Balaguer se colocaba un viejo bandolero, nombrado “el Vell Pistol“, que atracaba las diligencias que hacían paso por esta formación montañosa del norte del Bajo Ebro. De día era pescador en una pequeña embarcación del pueblo, donde residía, y de noche desarrollaba su tarea de ladrón. El conde Victor presumió de haberse cargado al incomodo bandolero.

También se comento el caso de un barco griego, de nombre Theotocos, que  fuera de rumbo, embarrancó en la costa de La Ametlla de Mar. Sus tripulantes, muertos de hambre y en una situación penosa, fueron acogidos por los habitantes de la Cala, que les dieron hospedaje en casas particulares. Incluso el conde Victor les cedió algunos de los  aposentos del castillo. Los restos de los barcos no tuvieron la misma suerte, ya que los caleros desmontaron las maderas y las aprovecharon como vigas en las casas. En la actualidad, todavía se conservan. Otro caso se había producido cuando un gran temporal azotó la Cala. Los pescadores ya hacía rato que habían salido al trabajo, y sus familias (en tierra) sufrían por lo que les hubiera podido pasar. Pasaban las horas y los marineros todavía no habían vuelto. La desesperación era tan grande que el cura del pueblo, a petición del conde Victor, hizo sacar la Virgen de la Candelaria hasta el muelle. Como por arte de magia la oscuridad se fue del cielo, el viento paró de soplar y en poco tiempo las barcas volvieron a puerto. Desde este día los caleros sienten una fuerte devoción por la Virgen. El conde Victor nos mostró orgulloso la estatua a la que ha dado el enigmático nombre de Messi. ¿Será el nombre del Mesías?

Todo esto lo iban contando en medio de rotundas carcajadas y comentarios picantes. Incluso salió el nombre de una tal “Guarra”, que todavía no hemos podido identificar. ¿Era tal vez una pasajera del barco griego embarrancado? Otro de los temas que se trataron fue el del previsto viaje de Viviana y del vizconde Georgevich a las lejanas tierras de Croacia. Pero el conde Victor estaba realmente indignado por la pretensión del vizconde de viajar de incógnito, utilizando diligencias públicas y hospedándose en casas de plebeyos. Incluso se planteó la posibilidad de enviarle un mensaje mediante una paloma mensajera, para que se acercase al condado de l’Ametlla, ya que se encontraba en el cercano duquesado de Cambrils. Pero finalmente  se desestimo esta idea. El banquete fue amenizado por un cuarteto de cuerdas procedente de Toulouse, que interpretó obras de Beethoven, así como un grupo de excelentes bailarines de la Académie Royale de Danse.

Perdón, me olvidaba de algo muy importante. Fue realmente impresionante el viaje en carruaje a la playa, así como el champagne que nos sirvieron en copas de cristal de Murano, mientras estábamos dentro del agua.

agosto 15, 2011 - Posted by | Reflexiones | , , , , ,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: