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Antiguas civilizaciones y enigmas

Los “dioses” de la antigua Sumer, ¿siguen estando presentes en la actualidad? – J. R. R. Tolkien 2/2


Antes se recomienda leer el artículo: “Los “dioses” de la antigua Sumer, ¿siguen estando presentes en la actualidad? – J. R. R. Tolkien 1/2

 

Tolkien llegó a entender que era muy probable que lo que hoy consideramos seres extraños y mágicos, como los hobbits, elfos, enanos  o magos, realmente habían existido en nuestro mundo. Si Tolkien creía que estas criaturas existían en nuestro pasado no es tan relevante como el hecho de que su comprensión de la filología reveló su presencia. Tal vez su sintonía con las frecuencias de la vibración sutil de sonido, superior a la que posee la mayoría de la humanidad,  le permitía viajar en el tiempo hasta una época remota y percibir la presencia de este tipo de seres. Tolkien describe el proceso por el cual creó su historia como un encadenamiento de cuentos que surgió en su mente como algo repentino.  Al escuchar los sonidos fundamentales de las palabras extraídas de la cultura europea antigua, Tokien se sincronizó con el espíritu esencial de la vieja Europa y las voces de sus antepasados.

 

En una carta escrita en 1955, Tolkien dice: “.. el nombre de Frodo es un nombre verdadero de la tradición alemana y su antigua forma en inglés es Froda. Tiene una clara conexión con la antigua palabra “frod”,  que significa etimológicamente “sabio por la experiencia”, y que tenía vinculaciones con las leyendas mitológicas de la Edad de Oro del Norte europeo“.  De sus investigaciones filológicas y su inmersión en las enseñanzas del catolicismo, que tienen su origen en el Antiguo Testamento de los hebreos y en el Génesis, Tolkien debe haber tomado conciencia de que cada sonido tiene una frecuencia vibratoria que manifiesta el pensamiento asociado. Fulcanelli, seudónimo de un autor desconocido de libros de alquimia del siglo XX, afirma que: “El fuego secreto es la chispa vital comunicada por el Creador a la materia inerte, que es el espíritu encerrado en las cosas“. También se refiere al fuego secreto  como “el espíritu universal que permite que el artista o el alquimista, como imitador de la Naturaleza y de la Gran Obra Divina,  separe en su pequeño mundo las partes claras y cristalinas de la oscuridad.

También debe haber conocido los debates sobre la naturaleza del sonido y  el significado metafísico del lenguaje que tuvo lugar durante la Edad Media. Tal como explicó  el filósofo e historiador Jeremy Naydler en su libro “Templo del Cosmos”, se plantea la perspectiva de que todos los sonidos son sagrados y que tienen su origen en la voluntad divina. Para los alquímicos,  adeptos tántricos, cabalistas, místicos sufíes y cristianos, la palabra expresa la esencia espiritual de una cosa, mientras que para los materialistas las palabras no son más que un producto de la convención humana, creadas de manera arbitraria por los seres humanos para comunicarse. Desde su punto de vista, las palabras no tienen relación alguna con la naturaleza interna de las cosas.Debido a la prevalencia del materialismo la gran mayoría de los europeos perdieron la conexión con uno de los mayores misterios de la tradición: el conocimiento de la verdadera naturaleza sagrada del sonido y del lenguaje.

 

Tras años de investigación y desciframiento del las claves lingüísticas, Tolkien había sintonizado con el  conocimiento de esta antigua orientación espiritual en que se resaltaba el papel del sonido en la creación y en la manifestación de la realidad. En “El Silmarillion”  describe el proceso de la creación de una manera que corresponde a los mitos de numerosas culturas antiguas en todo el planeta: “En el principio, Eru, el Único, que en lengua élfica es llamado Ilúvatar, hizo a los Ainur de su pensamiento,  e  hizo una buena música y antes que él el mundo se inició en esta música. Porque Ilúvatar hizo visible el canto de los Ainur, y ellos lo vieron como una luz en la oscuridad. Y muchos de ellos se enamoraron de su belleza y de su historia, que vieron comenzar y desarrollarse como en una visión. Por lo tanto, Ilúvatar dio Ser a esta visión y la puso en medio de la nada; y el Fuego Secreto fue enviado para que ardiera en el corazón del mundo”.

Gandalf, el mago, juega un papel destacado en la historia de la Tercera Edad en la Tierra Media. Durante su enfrentamiento con el monstruo Balrog en las profundidades de Moria, se refiere a sí mismo como el “siervo del fuego secreto‘. Tolkien, en una carta a Robert Murray, describe a Gandalf, así como a los otros magos, como “ángeles encarnados“, enviados a la Tierra Media durante la Tercera Edad como guardianes y emisarios para ayudar a los Elfos y los Hombres en su resistencia a las fuerzas de la oscuridad, representadas por Sauron. Con reminiscencias de los grandes maestros alquímicos, el papel fundamental de los Wizards, grupo de seres aparentemente semejantes a los humanos,  pero que poseen un mayor poder físico y mental,  es el de fortalecer el espíritu universal de la humanidad, manteniendo sus  corazones y sus mentes en el “Camino de la Luz”. Son, en esencia, la “Hermandad Hermética de la Alquimia”. Mediante esta tarea sagrada, se verá reforzado su coraje para resistir las tentaciones de las fuerzas oscuras que surgen inevitablemente. Y la misión esencial de la obra divina es la de mantener la chispa vital del fuego puro secreto y no contaminado.

En los cuentos de Tolkien, como en el mundo real, incluso los grandes maestros pueden cometer errores  y descender al mundo de la oscuridad. Gandalf y Saruman, siguiendo la tradición alquímica, no están exentos de ser sometidos a pruebas. Alrededor del año 1000 de la Tercera Edad, para contrarrestar el aumento de poder de Sauron, se celebró un concilio entre los Valarcon el fin de elegir a los Maiar, los Ainur de menor rango que descendieron al Eä junto a los Valar para servirles y ayudarles a acabar de dar forma al mundo. El objetivo era    que fueran a la Tierra Media para ayudar a los Hombres y a los Elfos a defenderse de Sauron. Estos Maiar eran los Istari, y al menos fueron cinco: Olórin (Gandalf), Curunír (Saruman), Aiwendil (Radagast),  Alatar y Pallando (los Ithryn Luin o Magos Azules). El aspecto de Saruman está fuertemente influido por la figura del druida. El nombre «Saruman» fue tomado por Tolkien directamente del inglés antiguo “særu man”, que significa «hombre hábil». En los textos de Tolkien también era conocido por los Elfos como Curunír con un significado equivalente («varón de hábiles recursos»). Saruman el Blanco era el más poderoso de los magos enviados a la Tierra Media para combatir a Sauron, materializado, como sus compañeros,  en la forma física de un anciano vestido con túnica blanca.

 

Al cabo de un tiempo consiguió de Beren, senescal de Gondor, las llaves de la torre de Orthanc en Isengard, ya que estaba complacido de tener un amigo tan poderoso. Cuando la elfa Galadriel pidió la formación de un Concilio para que los Sabios decidieran como hacer frente a Sauron, Saruman se convirtió en su cabeza, por sus amplios conocimientos sobre la formación e historia de los Anillos de Poder. En una reunión de este Concilio, Gandalf pretendió que se atacara la fortaleza de Dol Guldur, pero Saruman se le opuso, ya que en ese tiempo estaba buscando el Anillo para sí y pensaba que lo encontraría antes que Sauron, si dejaban a éste en paz. Cuando se enteró de que los siervos de Sauron estaban registrando el Anduin entendió que el Anillo había aparecido, y apoyó entonces el ataque a Dol Guldur para impedir que Sauron lo encontrara, siendo ésta la última vez que ayudó a los Sabios. 

En la historia de la lucha continua de Gandalf en busca de la luz, como lo demuestran sus actos abnegados en contraste con los actos terribles de Saruman, Tolkien vuelve a poner de relieve la elección inevitable que todos debemos tomar, no importa cuán lejos nos elevemos en el conocimiento, poder e influencia. El propio Gandalf se sacrifica para salvar a Frodo y el anillo, y posteriormente se transformo de Gandalf el Gris en Gandalf el Blanco. Es este acto altruista que le transforma y le da un mayor grado de sabiduría y poder que nunca había tenido antes. Esta batalla con el Balrog en las profundidades del inframundo le permite convertirse en un más grande “siervo de la luz“, que de manera más efectiva puede luchar contra la oscuridad, representada por el poder corrupto de Saruman

Es posible que a través de su investigación, Tolkien descubriese el mágico “Lenguaje de los Pájaros”, el lenguaje místico, perfecto y divino, considerado un lenguaje mítico, mágico y oculto, usado por los pájaros para comunicarse con los iniciados.  Y descubrió que la tradición legendaria de la Alquimia también resonaba a través de este lenguaje.  En el Silmarillion, Tolkien dijo:”Creo que las leyendas y los mitos son gran parte de la verdad, y de hecho presentan aspectos de ella que sólo puede ser recibido en este modo”. La cosmología de Tolkien nos lleva desde el momento de la creación a inicios de la Cuarta Edad en la Tierra Media. Y los problemas filosóficos esenciales que se encuentran en el núcleo de nuestra realidad se aclaran a través de la historia, pensamientos y acciones de sus personajes, ya sean elfos, magos u hombres.

El Creador otorgó a los seres creados el don del libre albedrío. Y los personajes de Tolkien, al igual que a todos y cada uno de nosotros, se les da la oportunidad de elegir entre el bien o el mal, el egoísmo o el altruismo, el camino de la luz o el de la oscuridad, tal como es representado por Dios y Satanás. Al igual que en epopeyas como el Ramayana y el Mahabharata, en la India, el Kalivala, en Finlandia, y la mitología nórdica, en todas las épocas ha habido una  caída en la oscuridad, con una batalla entre las fuerzas del bien y del mal a fin de configurar un nuevo mundo para los seres de la Edad venidera. La historia del mundo de Tolkien, como el nuestro, es una batalla continuada entre fuerzas opuestas: la luz y la oscuridad, el bien y el mal, la magia y el materialismo.

 

Para tener una perspectiva más amplia sobre la Trilogía de Los Anillos, hay que echar un vistazo a la historia de la Primera Edad. Al igual que en todos los cuentos creativos, el despliegue y desarrollo de la Primera Edad comienza con un mito cosmológico. De la misma manera que en las enseñanzas de la alquimia, se relata la historia de la Primera Edad o la Edad de Oro como la edad en que los dioses habitaban la Tierra. Los Valar descienden de los cielos y moran en la Tierra, a veces como seres de luz y a veces en cuerpos materiales. Pero en la epopeya de Tolkien, como en muchas de las grandes epopeyas, casi inmediatamente hay una “caída” del más grande de la Valars, llamado Melkor, que más tarde sería conocido como Morgoth en la lengua Elvin.

Melkor es uno de los personajes principales de El Silmarillion y uno de los actores más importantes de todo cuanto tiene lugar en Arda desde su misma creación, conocido de todos y temido por muchos. Es el más poderoso de los Ainur en entrar en el , pero por sus obras termina perdiendo sus poderes y categoría. Era el hermano de Manwë en la mente de Ilúvatar. Se le considera como el personaje más poderoso del mundo de Tolkien; pero sin embargo Sauron, su lugarteniente, asciende rápidamente en la Segunda Edad del Sol proclamándose así Señor oscuro y dejando en entredicho a Melkor, que fue la fuerza original oscura durante esta Primera Edad. Después de haber caído en desgracia,  en una forma que recuerda el Demiurgo de los gnósticos cristianos, entidad que sin ser necesariamente creadora es impulsora del universo,  Melkor no puede crear por su propia voluntad  sino simplemente producir versiones falsificadas de los seres preexistentes por manipulación de los creados por el Único. Desde el momento en que él cayó y volvió la cara hacia el egoísmo y la tiranía, Melkor se convirtió en un ente que no podía ser ignorado.

En “El Señor de los Anillos”,  Faramir de Gondor,  hijo menor de Denethor II, Senescal de Gondor, y de Finduilas de Dol Amroth, y hermano  de Boromir, comparte con el propio Tolkien y con Christopher, el hijo menor de éste, un sueño recurrente sobre la  Atlántida. En el sueño una gran ola arrasa y hunde un país bajo el agua, que en el mundo de Tolkien será Númenor, patria originaria de los Dúnedain.  Es la tradición es la caída de la Atlántida que termina con la Segunda Edad o Edad de Plata conocida como la Edad del ritual. Es en Númenor  o Atlantis donde primero se plantea  la cuestión crucial de la muerte y la inmortalidad, un tema de enorme importancia en el trabajo tanto de Tolkien como de la Gran Obra de la Alquimia.

En su cosmogonía, las reflexiones profundas de Tolkien en esta materia se articulan a través de la relación entre Dios y los Elfos. En su creación se otorga a cada raza un período de vida natural que es único en su naturaleza biológica y espiritual. A los Elfos les otorga la perspicacia, sabiduría y belleza, así como el don tan anhelado de la inmortalidad. Pero al final, este precioso regalo contiene realmente su destino. Tolkien nos dice: “El destino de los Elfos es ser inmortales y amar la belleza del mundo, para ponerla a florecer plenamente con sus dones de delicadeza y perfección, para durar mientras dure”.  Los Elfos deben permanecer en el mundo hasta el “fin de los días”. Desde esta perspectiva, en el mundo de Tolkien, la mortalidad, que muchos consideran la maldición de la humanidad, se percibe como un don fundamental. Tolkien cree que, a pesar de que son mortales, los seres humanos tienen una posición única y poderosa en los ciclos de la creación. Pues desde su punto de vista de los seres humanos no sólo entrelazarán su energía y su esencia con la de la tierra hasta el final del ciclo actual, sino que, en última instancia, jugarán un papel importante en la creación del gran ciclo siguiente.

 

Este tema de la muerte y la inmortalidad es el punto fundamental en la historia de Númenor / Atlantis y la Segunda Edad. Al hablar de la ascensión y caída de este gran reino de los hombres, nos dice que hay tres etapas bien diferenciadas, que tienen un claro paralelismo en el mito de la Atlántida. En los albores de la Segunda Edad, los hombres buenos que habían ayudado a los elfos en su lucha contra Melkor y Sauron fueron dotados de gran sabiduría y una extensión de su vida tres veces la de la mayoría de los mortales. Sin embargo, comprendiendo  la debilidad innata del hombre, la naturaleza del tiempo y cómo los logros en el mundo material puede dar lugar a la corrupción, los dioses determinaron una prohibición a los habitantes de Númenor: no podían ir a la ‘tierra de los inmortales’.

Al principio, los hombres de Númenor, obedientes a las leyes del Creador, no trataron de navegar hacia el oeste en dirección a la “tierra inmortal, sino por toda la Tierra Media, con el fin de renovar y ampliar su conocimiento de la verdad y el alcance y la naturaleza del mundo. Todos los habitantes de Númenor vivían alineados  con las leyes del Uno y entendían que la muerte no era un castigo, sino una parte intrínseca del diseño original del Creador para ellos. Y por esta razón Aragorn murió en aras de su libre albedrío, cuando sintió que era hora de hacerlo. Sin embargo, a medida que se desarrolló la Segunda Edad, y creció su conocimiento del arte y la magia, en lugar de aceptar el don de la belleza con gratitud, muchos de los habitantes de Númenor comenzaron a codiciar el don de la inmortalidad. Vivir en una isla, en medio del ancho mar, los convirtió en maestros en el arte de la construcción naval. Restringidas sus rutas hacia el oeste, en dirección a la bendita tierra de los inmortales, comenzaron a poner rumbo hacia el este, sur y norte.

Por lo tanto, los habitantes de Númenor viajaron a través de la Tierra Media y llevaron el  conocimiento de la agricultura y de la fabricación de herramientas a los hombres, que los consideraron como dioses. Pero iba creciendo su deseo de vida eterna y siempre tenían in mente un anhelo por las tierras de los elfos inmortales y de los dioses. Y a medida que su  confusión mental aumentó,  disminuyó su felicidad. Y a medida que su miedo a la muerte aumentaba, sus sabios pasaban sus días en la búsqueda de formas de prolongar la vida.  Pero, al igual que los antiguos egipcios, sólo pudieron descubrir el arte de la momificación. Comenzaron a construir grandes tumbas y sus mentes se implicaron con mayor frecuencia en la búsqueda del poder y la riqueza en el mundo material.

Ar-Phârazon, aparece en la novela El Silmarillion. Era un Dúnadan, hijo de Gimilkhâd y sobrino del Rey Tar-Palantir. Nació en el año 3118 de la Segunda Edad del Sol con el nombre de Calion, que significa “Hijo de la Luz” en la lengua quenya. Tras la muerte de su tío en el año 3255 de la Segunda Edad, Ar-Pharazôn se ve obligado a casarse con su prima Míriel, única hija de Tar-Palartir y por tanto heredera del trono. Así, usurpó el trono tomando el nombre de Ar-Phârazon y se convirtió en el rey más orgulloso de Númenor. En el momento en  que Ar – Pharazôn, el vigésimo quinto rey de Númenor,  llegó al poder, sus habitantes había establecido grandes asentamientos en la Tierra Media y se constituyeron en los reyes y señores de los hombres. Aquí vemos una gran similitud con lo que sucedió entre los dioses anunnaki y el pueblo sumerio.   

 

Pero en este tiempo la influencia de la sombra oscura comenzó a extenderse por la Tierra Media, pues a pesar de Melkor había sido físicamente encarcelados en el vacío, su voluntad se mantuvo activa y las semillas de la corrupción que había plantado seguido creciendo en sus seguidores y, en particular, en su siervo Sauron, en esta Segunda Edad de la Tierra Media. Consciente de la creciente amenaza de Sauron, su deseo por tener poder y dominio sobre la Tierra Media, llevó a Ar – Pharazôn a decidir hacer la guerra a Sauron. Al ver el poderío de Númenor dispuesto en su contra, Sauron , que todavía conservaba su belleza, el poder de la persuasión y el conocimiento de las Artes Negras, inteligentemente se dejó tomar como rehén y fue llevado al gran reino, donde después de tres años se congració con Ar – Pharazôn, convirtiéndose en su consejero más influyente. Al percibir el deseo de inmortalidad, que se encontraba en el centro del descontento del  Rey, Sauron le habló de los poderes de Melkor, el Señor Oscuro,  que podría ofrecerle el poder y la inmortalidad. Tal fue la capacidad de persuasión de Sauron, que Ar – Pharazôn dirigió su reino a la adoración de Melkor y la oscuridad, mediante la construcción de un gran templo, en donde se hicieron sacrificios horribles a Melkor, a fin de que los liberase de la muerte.

Pero la muerte no se apartó de Númenor y una gran locura se apoderó de la tierra. Ar – Pharazôn, ahora totalmente bajo la influencia de Sauron, decidió navegar hacia la tierra de los inmortales para hacerles la guerra. Pero las fuerzas de la bondad y la verdad seguían viviendo en los corazones de algunos. Amandil,  Dúnadan de la isla de Númenor, hijo de Númendil y el último Señor de Andúnië, se convirtió en líder clandestino de Los Fieles en los oscuros días de Ar-Phârazon. Pues él, al igual que sus ancestros,  su hijo Elendil y sus nietos Isildur y Anárion, eran leales a los Valar y a la tradición de amistad con los Elfos. Ellos fueron los antepasados de Aragorn.  Ar-Pharazôn  todavía lo respetaba a pesar de todo, pues los Señores de Andúnië eran los más nobles de Númenor después de los reyes y los más poderosos dentro de los consejeros del reino. De todos los cortesanos, Amandil fue el único que no prestó oídos a Sauron ni lo aduló en los días en que se volvió poderoso e influyente. Por eso, Sauron siempre odió a Amandil y a los suyos.

Cuando Ar-Pharazôn finalmente decidió navegar hacia Valinor en pie de guerra, Amandil previó que tal decisión no podía significar otra cosa que el fin del mundo tal como los habitantes de Númenor lo habían conocido hasta entonces. Así se lo hizo saber a Elendil, y le recomendó embarcarse con su familia en secreto en la costa este de Númenor y huir del inminente cataclismo. Él por su parte intentaría navegar al Reino Bendecido para realizar una hazaña similar a la efectuada miles de años antes por su antepasado Eärendil: pedir clemencia a los Valar para la humanidad. Así, navegó inadvertido hacia el Oeste. Nunca se supo qué fue de él. Han dicho algunos que los Hombres no podían ser salvados una segunda vez por una embajada semejante. Pero haya tenido o no éxito, lo cierto es que su hijo Elendil y la familia de éste pudieron navegar lejos de la destrucción y llegar sanos y salvos a la Tierra Media, y esto fue visto como una gracia especial de los Valar.

 

Al llegar Ar-Phârazon con sus flotas a Valinor, los Ainur recurrieron a Ilúvatar. Éste enterró para siempre los ejércitos debajo de una montaña derrumbada, donde se dice que permanecerán hasta la Dagor Dagorath, («la batalla de las batallas» en sindarin) o la Batalla Final. Después anegó Númenor (como la Atlántida) apresando a Sauron en él, y provocándole la pérdida de su bello y amado cuerpo, quitándole así el poder de seducción con el que tantas veces había engañado a los Hijos de Ilúvatar. Y en el momento en que subió a la tierra de Valinor , el Creador : “mostró su poder y cambió la faz del mundo , un gran abismo abierto en el mar entre Númenor y las Tierras Inmortales , y las aguas fluyeron hacia abajo en él “ . En sus barcos los de Númenor se hundieron en el abismo. Como en la leyenda de la Atlántida, Númenor en sí fue cubierto por una gran ola y desapareció para siempre, cambiando la faz del mundo.

Es interesante notar que la información descifrada de la cruz de Hendaya contiene paralelismos con esta visión de la historia humana. Divide el tiempo en cuatro épocas de alrededor de 6.500 años cada una y también lleva una inscripción que lleva a descubrir los orígenes de la Atlántida en Tiahuanaco, en Bolivia. Tal como se documenta en la Gran Cruz de Hendaya, el profesor Arthur Posnansky examinó las antiguas ruinas allí y llegó a la conclusión de que se construyeron alrededor del 13.000 a. C. En el lago Titicaca viven criaturas de aguas muy  profundas. Si al final de la Segunda Edad fue hace 13.000 años, entonces es posible que la antigua civilización que ocupó Perú desapareció de alguna manera durante el paso de la Segunda a la Tercera Edad, basada en la precesión de los equinoccios. Esta es la era de la Gran Guerra de los Anillos, como se documenta en Trilogía de Los Anillos. Se inicia con la fundación del Reino de Gondor por los fieles de Númenór, la derrota de Sauron y la recuperación del Anillo Único de Isildur. Concluye con la destrucción del Anillo de Poder y la coronación de Aragorn como Rey de la Tierra Media. Esto señala el final de la Tercera Edad y la toma del poder por parte de las fuerzas del mal.

En cada edad estas fuerzas opuestas se enfrentan entre sí y, finalmente, se produce una gran batalla entre ellos, que se convierte en la fase de transición entre una Edad y el siguiente. No es una limpieza de la manifestación del mal, sino que al final de cada edad hay una separación de las tierras puras de los dioses inmortales que desaparecen de la vista de los seres que aún habitan en la Tierra Media. Con la caída de Númenor (Atlántida) al final de la Segunda Edad, Tolkien nos dice: “no hay ningún hogar visible de los divinos e inmortales en la tierra. Valinor, la morada de los dioses (o Paraíso) se retira, quedando sólo en la memoria de la Tierra.Los hombres ahora pueden navegar hacia el oeste hasta donde puedan….. Pero el mundo es redondo y finito, [como el Anillo ] – … . Sólo los inmortales, los Elfos, podrán embarcarse y encontrar el ” camino recto “, y llegar al antiguo y verdadero Oeste y estar en paz”.

 

De acuerdo con El Señor de los Anillos y El Silmarillion, cada grupo de seres que habitan la Tierra Media no sólo tienen un lugar, sino también un tiempo. Cuando  termina la Tercera Edad, Tolkien deja muy claro que la Era de los seres fantásticos que ocupan la Tierra Media, tales como los Elfos, los enanos y los, magos, también termina. Los Elfos inmortales se dirigen a Occidente y se desvanecen  de la vista de la humanidad. En términos alquímicos esto significa que están dejando este plano de existencia. Los elfos no están dejando la Tierra Media porque quieran, sino que salen de este plano terrenal  porque no tienen otra opción. Y, de esta manera, los hombres se quedan solos. Ellos han aprendido las artes de la guerra  y los caminos de la magia alquímica a través de Sauron y Saruman. Incluso podría decirse que el propósito de la guerra de Sauron era destruir el mundo de los hombres,  prevenir la inminente Edad del Hierro y tratar de abortar la disolución final de la Tercera Edad. En este contexto, la Gran Guerra del Anillo no es tanto un genocidio de hombres, sino una lucha de un poderoso hechicero para detener la inevitable llegada de la temida Edad de Hierro. .

En las cartas de J. R. R. Tolkien se dice: “…. Con la caída inevitable, y con la mortalidad, especialmente en lo que afecta el arte,  la creatividad y el deseo. Este deseo es a la vez causado  por un amor apasionado por el mundo primario real… . Él se rebelará contra las leyes del creador, especialmente contra la mortalidad, dando lugar al deseo de poder, para hacer su voluntad efectiva más rápidamente mediante lo mágico. Aquí nos encontramos con otro de los temas principales que se encuentran en la obra de Tolkien: la relación entre la creación, el arte, el deseo, el poder y la inmortalidad. Verdaderos adeptos de las grandes tradiciones esotéricas de la humanidad hablan de la trampa del poder personal y la naturaleza de dejarse imbuir por el ego individualizado y, por tanto, con el objetivo de la inmortalidad por encima de todo. Porque así como el adepto de la tradición alquímica actúa como el artista e imitador de la naturaleza y la Gran Obra divina, se eleva en el conocimiento y se adentra en el corazón de la naturaleza y los elementos, en la búsqueda de la piedra filosofal  y  del elixir de la vida tan difícil de alcanzar.

Con demasiada frecuencia, como el mago Saruman en la Trilogía de Los Anillos, el adepto se convierte en víctima de desequilibrios mentales,  que Tolkien describe como una perversión del arte del poder. El alquimista es seducido y pervertido por su comunión cada vez mayor con las “fuerzas ocultas” que prometen riquezas sin fin, extraordinarias habilidades físicas y psíquicas, el poder sobre  los hombres y la inmortalidad. Después de haber abandonado los objetivos esenciales y  espirituales del arte divino,  se ven atrapados en la red, cada vez más tupida, de la oscuridad y tienen la ilusión de que es en esencia la antítesis de la meta final de la Gran Obra. Tolkien nos dice que los elfos mediante sus obras muestran la diferencia entre la magia pura y sin mancha de la que nos referimos como magia negra.

 

La Magia, en su forma esencial, es la comunión con la energía de un poder espiritual. En el fondo se trata de una pura fuerza creativa. En el mundo de Tolkien, como en el nuestro, desde la época de la primera “caída” ha habido dos principales corrientes opuestas de esta fuerza mágica. Una es la magia o arte, lleno de luz divina y poder curativo, de aquellos cuyos corazones siguen siendo fieles a la luz, al igual que Galadriel, Elrond, Gandalf y Aragorn. La segunda corriente, según la definición de Tolkien, es la magia negra de Sauron y de todos los seres creados mediante la manipulación genética o la magia corrupta de los Elfos, Hombres y Magos cuyas mentes fueron envenenadas mediante  oscuras promesas y tentaciones.

Sin embargo, cuando se incrementa el conocimiento y el poder, cuando uno llega a comprender la esencia de las fuerzas de la creación, siempre existe la tentación de dirigirse hacia la Oscuridad. Tolkien, en el Comunidad del Anillo, ilustra la prueba a que se somete a cada uno de nosotros ante cada elección que hacemos. Para, después de haber sido dotados con el “libre albedrío”, como los personajes de la trilogía del anillo, depende de nosotros elegir qué camino vamos a seguir. Galadriel, que ha tomado parte en el drama de la Tierra desde los Días Antiguos de la Primera Edad, tiene la máxima prueba de su devoción a la Divina Ruta de la Luz  cuando se le ofrece el Anillo de Frodo en La Comunidad del Anillo. Pero después de haber visto de primera mano los terribles resultados de este tipo de magia negra, reconoce la corrupción espiritual que conlleva la posesión del anillo. Galadriel hace su elección,  alinearse con las fuerzas de la belleza universal y la armonía. Es una decisión desinteresada y sabe que con esta elección su tiempo en la Tierra Media tocará a su fin.

A lo largo de la tradición alquímica se encuentra una historia tras otra de este tipo de pruebas para el adepto. A medida que se desarrollan hay constantes advertencias contra el uso del poder en beneficio personal. La seducción de las fuerzas satánicas para reinar en el mundo material son temas recurrentes en la literatura. Los resultados de la corrupción del alma del adepto por las fuerzas oscuras son evidentes. Pero para el verdadero adepto alquímico, convertir el plomo en oro no es más que una metáfora para el proceso por el cual se transforma la materia prima principal en el oro puro de la iluminación, en que el adepto entra en armonía total can la el Divinidad. Maestros y adeptos, como subproducto de su devoción a los principios divinos y al trabajo espiritual, han adquirido ciertos poderes que nosotros llamaríamos mágicos o milagrosos. ¿Por qué Galadriel , Gandalf , Elrond , Aragorn y Faramir se niegan a aceptar el anillo? Porque saben en lo profundo de su ser que su tarea es estar al servicio de la continuidad de la visión de las leyes del Creador, único y verdadero.

En el Prefacio al Silmarillion, Tolkien dice: “El principal poder  de todos los anillos fue la preservación de lo que se desea. Pero también aumenta los poderes naturales del poseedor de magia, para poder corromper, inducir al mal y generar un ansia de dominación”. Los Tres Anillos de Poder fueron presentados por los Elfos para mostrar sus innatas facultades creativas para preservar la belleza en el mundo. Estos anillos ayudan a ralentizar el envejecimiento y el deterioro. Pero a diferencia del Anillo Único, no confieren el poder de la invisibilidad. Al mismo tiempo, en las profundidades subterráneas de su reino del mal, Sauron forjó en secreto el Anillo Único que contenía en su interior el poder de todos los anillos. El Anillo Único le dio el control final sobre los otros anillos, otorgándole la capacidad de leer los pensamientos de quien los utiliza, la influencia en sus acciones y poderlos manipular a su voluntad. Debido al hecho de que Sauron tenía el Anillo Único, obtuvo fácilmente el control sobre las mentes y voluntades de la mayor parte de los habitantes de Númenór, conduciendo a la caída de este primer gran reino de los hombres.

 

Para consolidar su dominio sobre la Tierra Media, Sauron había forjado en secreto el Anillo Único. Pero Tolkien nos dice que, para hacer esto, fue ” obligado a dejar que una gran parte de su poder inherente pasara al Anillo Único”.  Aquí Tolkien nos lleva a un tema que es muy discutido en los círculos alquímicos: el de los efectos residuales de la propia energía o fuerza vital, llamado Ka por los antiguos egipcios. Ka es la “fuerza vital“, un componente del espíritu humano, una pequeña parte del principio universal e inmortal de la vida, según la mitología egipcia. Para los antiguos egipcios los componentes del espíritu humano eran: Ib, Ka, Ba, Aj, Ren y Sheut. Se pensaba que el ka era creado por Jnum, con su torno de alfarero, para ser depositado en los hijos en el momento de su concepción. Jnum,  “El que modela“, fue un dios creador en la mitología egipcia. Originalmente fue un dios del agua y fue representado como hombre con cabeza de carnero, tocado con la corona Atef y portando cetro.

Este elemento confería la inmortalidad a cada hombre que incluso podría transformarse en un dios, necher, si lo hubiere merecido por sus excepcionales buenas acciones durante su vida en la Tierra. Los egipcios también creían que el ka se mantenía por medio de los alimentos. El ka podía perdurar en el cuerpo del difunto si se conservaba momificado; por esta razón era necesario embalsamar a los cadáveres, y se debían depositar ofrendas de alimentos a los difuntos, aunque era los kau de las ofrendas lo que se consumía, no la parte material. El ka de los dioses y faraones estaba indisolublemente unido a su cuerpo, mientras que los demás egipcios obtenía su ka por mediación del faraón. Las condiciones de la vida futura en la Duat dependían del veredicto en el juicio de Osiris: “El ka del rey posee un poder especial, procede directamente del dios y se relaciona también con los súbditos debido a que el ka de éstos procede del rey o es el propio rey. Es uno de los elementos sustentantes de la monarquía divina y de su autoridad. El ka (“gemelo” o “doble”) del rey acabó convirtiéndose en un dios-Luna, Jonsu, el ka por excelencia del Sol

 

Al colocar gran parte de su propia Ka en el Anillo Único, Sauron era capaz de influir en las mentes e incitar  a cometer malas acciones. Su Ka, contaminaba y doblegaba voluntades y mentes. Como un vampiro de los cuentos antiguos, Sauron, mediante el anillo se introducía con su fuerza oscura y dejaba una huella indeleble del mal. El anillo puede, temporalmente, alargar el tiempo de vida de un ser vivo y lenta e inevitablemente absorber su fuerza vital. Tolkien nos dice que “tan grande era el poder del Anillo que cualquier persona que lo utilizó fue dominado más allá de su fuerza de voluntad”. Gollum, Bilbo, Frodo y todos los que llevaron el anillo alcanzaron una  “falsa inmortalidad”, o como el eminente erudito e historiador Robert Lawlor lo llama, “inmortalidad prematura“, que es a la vez una indicación de nuestros deseos de una Edad de Oro y una trampa en la que se condenará a nuestras almas. Esta falsa inmortalidad destruye el verdadero regalo de la humanidad, que se encuentra en la posibilidad de la comunión definitiva con lo Divino.

 Al final de la Cuarta Edad, el Anillo nos envuelve como una malla y, desconcertados por su belleza y asombrados por su poder, nos seduce en su trampa. Al igual que el anillo, la tecnología nos ofrece una “falsa inmortalidad”. Al igual que Sauron y Sauruman, nuestros tecnócratas nos prometen que esta “falsa inmortalidad’ es igual a la libertad y la vida. Sólo tenemos  que abrir los ojos y mirar alrededor. Los tecnócratas mantienen la promesa de un mundo de energía libre y de milagros genéticos que extenderán la vida y alimentarán al mundo. De hecho, una de sus principales promesas es que con el tiempo se podrá crear un ser humano inmortal. Incluso predican que un día será posible descargar el alma humana en un microchip. Este es el fin de la seducción del Anillo de Tolkien o la máquina que sabía que iba a anunciar el final de esta Edad.

Pero hay que darse cuenta de que el anillo es una adicción, al igual que el mal es una adicción y como toda adicción, se recrea en la negación. Tan pronto como Boromir tocó el timbre, no pudo resistirse a su llamada. La lastimosa criatura Gollum, cuyo nombre y naturaleza es probable que derive de las leyendas de los golems creado por los magos alquimistas del siglo XVII, prácticamente consumido por dicha adicción.  Bilbo, por un momento se convierte casi en un ser demoníaco en su deseo de mantener el anillo.  Y el brillante y desinteresado espíritu del valiente Frodo se convierte en un ser obsesionado. Este poder del Anillo se hizo claramente evidente en el debilitamiento del cuerpo y el espíritu de Frodo cada vez que decide ponerse el anillo en el dedo. En El retorno del rey, Frododescribe esta experiencia: “No hay sabor en la comida, no hay sensación en el agua, no hay sonido del viento, no hay memoria de los árboles o la hierba o una flor, ni la imagen de la luna o una estrella. Estoy desnudo en la oscuridad, Sam, no hay velo entre mí y la rueda de fuego. Empiezo a ver incluso con los ojos despiertos y todo lo demás se desvanece”. Se trata de la inserción del Ka de Sauron en el Anillo Único y su posterior invasión del “libre albedrío” del Gollum y Frodo,  que redundar en la desaparición de Sauron. Porque aun cuando Frodo, mientras se encuentra en la Grieta del Destino, es dominado por la fuerza oscura de Sauron incrustada en el anillo y decide mantener el Anillo para sí mismo, es su compasión,  generosidad y  compasión hacia las criaturas miserables, además de la avaricia devoradora de Gollum, lo que provoca la destrucción del Anillo. Con esta destrucción viene la disolución del poder de Sauron.

En las antiguas enseñanzas sobre las cuatro edades, a medida que el ciclo de tiempo se desarrolla, el mundo y sus habitantes adquieren mayor densidad y, por lo tanto, una mayor “magia” se localiza en el material más denso. El Anillo es la encarnación perfecta de la densificación de las energías mágicas. De hecho, cuando Frodo se acerca al monte Doom, el Anillo a Frodo se vuelve más pesado. Frodo comienza a mostrar signos de la corrupción inherente a llevar el anillo. Esta corrupción lleva su peso todo el camino hasta el final, cuando a pesar de adversidades, Frodo, Sam y el Gollum llegan a la cima del monte Doom. En este punto, al parecer, Frodo abandona su intención de destruir el Anillo. Este aro metálico se ha convertido en una prisión de la que Frodo no puede escapar. Es sólo a través de la codicia de Gollum que el anillo cae.

 

Y esto es la esencia del mensaje de Tolkien. Que, aunque las probabilidades están abrumadoramente en contra de nosotros, a pesar de la codicia y la corrupción que consumen nuestras almas en esta edad final del ciclo, a pesar de que todo parece estar perdido y las fuerzas de la oscuridad están a punto de conseguir la victoria, de alguna manera el bien triunfa. Tolkien parece estar diciendo que hay fuerzas superiores que están guiando nuestra raza y nuestra especie. Estas fuerzas, que ocupan lo que podríamos llamar como “tierra alta“, extienden su mano invisible para asegurarse de que Frodo tenga éxito y que sobreviva. Tolkien nos dice que incluso el más pequeño de nosotros es importante. Que criaturas como los hobbits Frodo y Sam pueden derrotar a los poderes de las tinieblas y que tienen un aliado invisible que asegura su éxito. No es casualidad que la versión cinematográfica de El Señor de los Anillos fuese lanzado en 2001, 2002 y 2003. La Cruz de Hendaya marca el equinoccio de otoño de 2002 como el punto culminante de la historia. Utilizando la alquimia mágica de luz y sonido fue presentada  la representación cinematográfica. Unos meses antes de publicarse la versión inicial de la primera película, el final de la Cuarta Edad fue inaugurado por la destrucción de las Dos Torres gemelas en Nueva York. Fulcanelli nos advierte en “el misterio de las catedrales” que el final de esta Era llegará pronto y el hemisferio norte será juzgado por el fuego. 

 

Cuando era niño, Tolkien observó como el bosque que rodeaba su casa en Inglaterra era destruido por la Revolución Industrial. En el momento en que regresó de combatir en la Gran Guerra, las chimeneas y los fuegos infernales de la Edad del Hierro había consumido por completo el rústico y pintoresco pueblo donde se crió. Luego vio que todos sus amigos de la infancia eran asesinados y destruidos por las ametralladoras, gases venenosos y las trincheras de alambre de púas de la Primera Guerra Mundial. Mientras se recuperaba de sus heridas se sentó debajo de un roble gigante en el sur de Francia y concibió la génesis del “Señor de los Anillos”. Su profundo catolicismo y su espíritu artístico intuitivo se combinaron para crear esta historia de la final de la Tercera Edad y el amanecer de la Cuarta Edad. “El Señor de los Anillos“  también actúa como una advertencia de que nuestra época también va a terminar pronto. Esta es la razón por Tolkien diese a entender que El Señor de los Anillos era una alegoría. Para él, el Señor de los Anillos fue una mítica reinvención de la historia de Europa hace 6.000 o 7.000 años.

Desde el punto de vista alquímico con respecto al flujo cíclico del tiempo, de la oscuridad de esta Edad de Hierro renacerá una nueva Edad de Oro de la humanidad. La percepción del tiempo  se verá alterada y en un instante nuestra realidad se transformará. Los verdaderos Maestros y adeptos de las tradiciones espirituales de todo el mundo dicen que las semillas de esta transformación existen dentro de cada uno. Y por esta razón llaman al cuerpo humano el «buque alquímico sagrado de transformación“. Por haber sido dotados por la Divinidad con “libre albedrío“, en cada momento tenemos el poder de elegir nuestro propio camino. Como Frodo, Gandalf, Sam, Aragorn y sus amigos hicieron en El Señor de los Anillos, debemos abrir nuestros corazones y caminar por el sendero de la Luz. No porque sea fácil, sino porque sabemos que es lo correcto. Todos somos Frodo, todos y cada uno de nosotros. Al igual que Frodo, tenemos dentro de nosotros el potencial para grandes hazañas de valor y sacrificio.

 

Frodo, al destruir el Anillo de Poder, termina con el dominio de Sauron, el mundo se purifica y comienza una nueva Era. Esta es la belleza de cuento de Tolkien. A través de esta obra elocuente y poderosa, Tolkien demuestra que él es del linaje de los grandes artistas que han influido en la Edad de Hierro. Impregnado de principios alquímicos y de una tradición espiritual antigua que se remonta a la Tercera Edad,  Tolkien fue capturado en la cúspide que une dos mundos: el mundo cristiano tradicional de los ángeles y los demonios, de las visiones de sueños en donde lo natural y lo sobrenatural se entrelazan indisolublemente, y del mundo moderno, donde el espacio y el tiempo han sido radicalmente relativizados por los descubrimientos científicos, la exploración psicológica  y la invención imaginativa.

Las ideas teosóficas de Helena Blavatsky, así como la influencia de Yeats, Steiner, Gurdjieff, Ouspensky o Annie Besant, influyeron en Tolkien, que adapto muchas de las ideas teosóficas en su mundo mítico. Por ejemplo, Gandalf y Saruman coinciden on la idea  teosófico – ocultista de “maestros ascendidos”, “devas” o seres angélicos evolucionados que fueron  enviados de regreso al mundo para guiar a los seres humanos. Tal como Tolkien escribió:Gandalf no es, por supuesto, un ser humano (hombre o hobbit). No hay términos modernos precisos para decir lo que era. Me atrevería a decir que era un “ángel encarnado”  quefueenviado a la Tierra Media cuando la gran amenaza de Sauron se cernía en el horizonte. Por ‘encarnado’ significaba que se había incorporado en un cuerpo físico capaz de sufrir dolor y cansancio ….”.

 

Ver siguiente artículo: Los “dioses” de la antigua Sumer, ¿siguen estando presentes en la actualidad? – Los símbolos secretos

febrero 4, 2011 - Posted by | enigmas en general, Historia oculta, Sumer, Sumer | , , , , ,

6 comentarios »

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    Comentario por Life Plus | febrero 9, 2011 | Responder

  2. Excelente artículo y excelente analisis de la trilogia escrita por Tolkien. Una pregunta que siempre me estaba rondando. ¿Qué papel jugaba en todo esto Tom Bombadin? (él no fue afectado por el poder del anillo cuando dio posada a Frodo). Gracias

    Comentario por Luis Vallejos | febrero 10, 2011 | Responder

    • Gracias por el comentario. No puedo dar una respuesta categórica al tema de Tom Bombadil.

      Tom Bombadil es un personaje de Tolkien que aparece por primera vez en el poema «Las aventuras de Tom Bombadil», donde se le describe así: “El viejo Tom Bombadil era un alegre sujeto, de chaqueta azul brillante y botas amarillas, llevaba en su alto sombrero una pluma de ala de cisne.”. Posteriormente Tolkien lo incluyó en El Señor de los Anillos, en donde asiste a Frodo y se da una descripción de su aspecto físico: “Tenía una chaqueta azul y larga barba castaña, los ojos eran azules y brillantes y la cara roja como una manzana madura, pero plegada en cientos de arrugas de risa.”.

      Hay una teoría, evidentemente no confirmada, que indica la posibilidad de que Tom Bombadil represente al mismo Tolkien. El carácter de Tom Bombadil se corresponde con la imagen idealizada que Tolkien tenía de la vida en el entorno rural, Tom Bombadil podría ser una personificación de las ideas del propio Tolkien. Pero esto es solo una especulación.

      Comentario por oldcivilizations | febrero 10, 2011 | Responder

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    Comentario por kimberly | febrero 22, 2011 | Responder

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