Oldcivilizations's Blog

Blog sobre antiguas civilizaciones y enigmas

Los seres humanos, ¿somos avatares de los “dioses”?


Internet y el cine han popularizado el concepto de avatar. Pero, sin embargo, es un concepto que tiene un origen muy antiguo y que tiene un significado mucho más profundo.  En el marco del hinduismo  un avatar es la encarnación terrestre de un dios, en particular Vishnú. Los diez avatares de Vishnú son Matsia, Kurma, Varaja, Vamaná, Krisná, Kalki, Buda, Parasuram, Rama y Narasinja. Se dice por ejemplo que el dios Krisná es el octavo avatar del dios Vishnú. El término sánscrito avatāra significa ‘el que desciende’ y proviene de avatarati. La palabra también se utiliza para referirse a encarnaciones de Dios o a maestros muy influyentes de otras religiones,  aparte del hinduismo, especialmente a los adherentes a tradiciones dhármicas cuando tratan de explicar a personajes como Cristo. De acuerdo con los textos hindúes Puranas, han descendido incontable número de avatares en nuestro universo.  Dentro del vaisnavismo, los muchos avatares han sido categorizados en diferentes tipos de acuerdo con la personalidad y el rol específico descrito en las Escrituras. No todos son reconocidos como encarnaciones completas o directas de Vishnú. Algunos avatares se cree que son almas bendecidas o apoderadas con ciertas virtudes de origen divino, aunque son almas individuales. Esto nos lleva a la opinión  de que tal vez todos nosotros somos avatares de algún ser superior en un entorno tridimensional y sujetos a las limitaciones de tiempo y espacio. Tal vez cuando soñamos trascendemos de este mundo físico y vislumbramos algo de este mundo solo reservado a los “dioses” que nos “manejan”.  Podemos imaginarnos la situación como la de un titiritero (“dioses”) que construye marionetas (los seres humanos)  y las maneja en las representaciones teatrales.

Seguramente tomando como base las teorías religiosas hinduistas sobre los avatares, en Internet y otras tecnologías de comunicación modernas se denomina avatar a una representación gráfica, generalmente humana, que se asocia a un usuario para su identificación. Los avatares pueden ser fotografías o dibujos artísticos, y algunas tecnologías permiten el uso de representaciones tridimensionales. Aunque el uso original del término avatar es muy distinto, este término empezó a utilizarse en el sentido iconográfico al que se refiere este artículo por los diseñadores de varios juegos de rol, tales como Hábitat, en 1987, o Shadowrun, en 1989. Aunque no fue sino hasta 1992 cuando se empezó a popularizar realmente, gracias a Neal Stephenson en su novela ciberpunk titulada Snow Crash, donde se empleaba este término para describir la simulación virtual de la forma humana en el Metaverse, una versión de Internet en realidad virtual. El estatus social dentro del Metaverse solía basarse en la calidad del avatar del usuario. Stephenson dijo que él había inventado el uso de esta palabra desconociendo que ya había sido usada de este modo anteriormente. Los avatares han sido adoptados fácilmente por los desarrolladores de juegos de rol. Por ejemplo, en el juego Los Sims el avatar es una persona; en Habbo Hotel es un personaje animado, y en Club Penguin es un pingüino. Otras comunidades destacables con avatares han sido Second Life, que es un metaverso con personajes en 3D (avatares) en un mundo virtual online. También imvu.ya.st,  con personajes en 3D, y gaiaonline.com, con personajes de estilo manga que pueden interactuar en juegos en línea y corretear por su pequeño mundo. Dada la rápida expansión en el uso de avatares en foros de discusión de Internet, se desconoce cuál fue el primer foro que incorporó el uso de imágenes de reducidas dimensiones como avatares representativos para cada usuario, que acompañaban a todos sus mensajes. Algunos foros permiten incorporar una imagen desde el computador personal para que sea utilizada como su avatar. Otros disponen de una galería de imágenes preestablecida para que el participante o usuario pueda elegir una entre ellas. AOL Instant Messenger fue el segundo servicio de IM que introdujo el uso de avatares en sus conferencias, tomando la idea de los videojuegos. Sin embargo, los usuarios de este y otros muchos programas IM se suelen referir a los avatares como “imágenes personales“.

Nuestro Ser Superior, que probablemente sea el titiritero, es lo que en los estudios esotéricos recibe el nombre de “Mónada” o “Espíritu”, por residir en el Plano Monádico. Es una Entidad de tal luminosidad que difícilmente, debido a su altísimo estado de vibración, puede descender a los planos más densos de la creación y experimentar allí, o manifestarse plenamente con todo su poder y gloria (ver artículo ¿Quiénes somos? ). Ese es uno de los propósitos o misterios de la vida del Hombre. Manifestar toda su gloria  en el plano físico y a través de un cuerpo denso. Cuando se alcanza tal supremo estado de manifestación, entonces redimimos la materia,  creando un canal perfecto de unión entre lo superior y lo inferior, entre el Cielo y la Tierra. A esto se le llama  Gran Obra. Para conseguir este descenso, el Espíritu se va rodeando, plano tras plano, de vestiduras más densas (que probablemente son lo que llamamos un avatar), hasta alcanzar el último vehículo de manifestación que llamamos Cuerpo Físico. Anteriormente se ha tenido que recubrir necesariamente de un Cuerpo Mental, y de un Cuerpo Astral. El conjunto de estos tres cuerpos: Mental, Astral y Físico, que corresponden a los niveles de pensamiento, emoción y actuación respectivamente, es lo que esotéricamente se denomina personalidad. Así pues el hombre piensa, porque tiene un cuerpo mental, siente porque tiene un cuerpo astral y actúa porque tiene un cuerpo físico. Y mediante estos tres aspectos del Ser, el hombre evoluciona a través de experimentar en dichos planos, correspondiéndole a cada uno, diferentes estadios de conciencia y percepción.

La personalidad la forma el conjunto de acciones que realizamos en los tres mundos: físico, astral y mental. El hombre no es la personalidad, pero cuando se manifiesta a través de sus cuerpos inferiores, ésta personalidad se manifiesta. Así como el hombre piensa, siente y hace físicamente, así es la personalidad del hombre. Luego cuando hablamos de la personalidad del hombre nos estamos refiriendo a la actividad de sus cuerpos inferiores. Cuando en los estudios esotéricos se hace referencia al equipaje del hombre, se refiere a la cualidad y al desarrollo por parte del Alma de los cuerpos inferiores, de tal suerte, que así será el potencial que dispone el hombre para desarrollarse y evolucionar en la vida terrestre. Como es fácil observar, no todos disponen de un mismo equipaje para hacer frente a las mismas circunstancias que la vida nos plantea. Cuanto mejor estemos equipados, mejor será la coordinación de la personalidad, que podrá manifestar con mayor poder las cualidades más elevadas del Alma. Aún existen más Cuerpos de Manifestación Superiores, más elevados y refinados. Pero también es cierto que a medida que ascendemos en grado más difícil resulta explicarlo, ya que sólo es posible para el Iniciado tener vivencias. Solo aquel que ha alcanzado un nivel de despertar muy por encima del estado ordinario. Hay que intenta descubrirlos y experimentarlos, ya que son nuestros y nos pertenecen por naturaleza divina. El misterio Cristiano de la Santísima Trinidad dice: “el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una misma Persona“, un sólo Dios expresándose de tres maneras distintas. Ahora utilizando la clave hermética de la ley de las analogías nos podemos preguntar: ¿Cómo actúa el hombre? El hombre también actúa como una Trinidad. Actúa obrando, sintiendo y pensando. Pero sigue siendo Uno.

Según H. P. Blavatsky, la omnipenetrante  anima  mundi  es  el nirvana y la  mónada  encarnada de Pitágoras es el buddha  de los budistas, que silenciosamente  mora en los arcanos de la bienaventuranza final. También se identifican la  mónada  pitagórica y  el  buddha  budista con el  Brahma, la sublime é incognoscible Divinidad  que  llena el universo entero. Cuando el  buddha  se  manifiesta en  forma  carnal es un  avatar,  mesías, cristo, logos o verbo,  esto es, una  transmutación  del divino espíritu, el  Padre  que está en el Hijo y el Hijo  que está en el  Padre.  El  inmortal  espíritu cobija al hombre mortal y desciende a infundirse en la morada de carne. Todo hombre es capaz de convertirse en  buddha,  dice la doctrina. Así es que en  la  interminable  sucesión de los tiempos vemos de cuando en cuando hombres que alcanzaron  más o menos completamente la  unión  con  Dios, que equivale a la unión  consigo  mismos. Los budistas llaman  arhates a  estos hombres que están ya próximos a ser  buddhas  y nadie les aventaja en ciencia  infusa y virtudes taumatúrgicas.  La misma identidad  con las doctrinas secretas de Pitágoras nos descubren los relatos, tenidos por  fabulosos,  de ciertos libros budistas,  una vez desnudos de toda alegoría. Los  Jâtakâs,  escritos en lengua páli, relatan las  550 encarnaciones o metempsícosis del  Buddha y describen las formas que tuvo en cada vida animal, pasando del insecto al ave y al cuadrúpedo  hasta  llegar al hombre,  imagen microscópica de Dios en  la  tierra.  Sin  embargo, no vale tomar estos relatos en sentido literal ni acomodarlos a  las  existencias de un solo espíritu que sucesivamente animó diversas formas de seres orgánicos, sino entender, de acuerdo con la  metafísica  budista, que el sinnúmero de espíritus humanos individuales son colectivamente  un  solo espíritu, como las gotas de agua del océano constituyen una sola masa líquida, a pesar de su posible separación.

Cada espíritu humano es un destello  de  la  luz  que  penetra  el universo  todo, y por lo tanto, lógico es creer  que el divino espíritu anima el  grano  de arena, la flor, al león y al hombre. Los hierofantes  egipcios,  los brahmanes, los budistas del Este y  algunos filósofos griegos  sostuvieron  siempre  que el mismo espíritu latente en  el  átomo de polvo, anima al hombre, en quien se manifiesta plenamente activo. También fue general en otro tiempo la doctrina de la gradual absorción del  alma humana en la esencia  del paterno espíritu. Pero  jamás  implicó  esta doctrina la aniquilación del Ego, sino tan sólo la desintegración de las  formas  que al hombre verdadero envuelven en el mundo físico y después de la muerte. Para tratar del Logos o Deidad Creadora, el “Verbo hecho Carne” de todas las religiones, hay que remontarse hasta su último origen y esencia. En la India es un Proteo con 1.008 nombres y aspectos divinos en cada una de sus transformaciones personales, desde Brahmâ-Purusha, a través de los Siete Rishis Divinos y Diez Prajâpatis (también Rishis) Semidivinos, hasta los Avatares divinos -humanos. Todas las religiones  antiguas  creían en  los avatares o encarnaciones de la Divinidad, que en la India llegaron a constituir una serie  ordenada.  Los  parsis  esperaban  a  Sosiosh y los judíos al Mesías. Tácito y Suetonio refieren  que en tiempo  de  Augusto  ardía el Oriente en expectación de un  gran  Instructor; y según dice Williams, “unas doctrinas tan obvias para los cristianos, eran  enigmáticas  para los gentiles”. Plutarco habla de Maneros,  un  niño  que había de nacer en Palestina, como  mediador de Mithra,  el Salvador,  identificado  con Osiris, el Mesías. En las actuales  Escrituras  canónicas se descubren vestigios del culto antiguo, y los ritos,  ceremonias y jerarquía eclesiástica de los budistas  están reproducidas en el culto católico. Los primitivos  Evangelios contienen  relatos  enteros copiados de los libros budistas,  según han puesto en claro las investigaciones de Burnouf, Asoma, Korosi, Beal, Hardy y Schmidt, aparte de las traducciones del Tripitaka,  que dejan fuera de duda la filiación budista del cristianismo .

 

Aquí vemos el motivo  de  lo vivamente interesada que está la Iglesia romana en recatar de las miradas del  vulgo  la  Biblia  hebrea y las obras de los filósofos griegos, pues la filología y teología comparadas  demuestran  incontrovertiblemente las falsificaciones de Ireneo, Epifanio, Eusebio y Tertuliano. En  aquel tiempo parece que  gozaban de mucho predicamento los  Libros  Sibilinos, y fácilmente  se echa de ver que  dimanan de las mismas fuentes de donde brotaron las demás obras gentílicas. Los teólogos hindúes y budistas  no  negarán el misterio de la Encarnación;  pero en vez de entenderlo según el dogma cristiano, lo explicarán de conformidad con sus  enseñanzas  religiosas,  cuya piedra angular es precisamente  la creencia en los avatares o encarnaciones  periódicas de la Divinidad, cada vez que  el género humano se pervierte de  modo  que  necesita el auxilio de una poderosa Entidad descendida a la terrena forma que elige por morada. El  “Mensajero  del Altísimo” se une a la dualidad cuerpo–alma y constituye la trina  individualidad del Salvador que encamina al género humano por el sendero de la verdad y de la virtud. Esta misma creencia  predominó  entre  los primitivos cristianos cuya mente estaba embebida en las doctrinas religiosas de Oriente, pues de otro modo  no hubieran definido en dogma de fe el segundo advenimiento de Cristo ni hubiesen forjado la fábula del Anticristo como prevención contra las encarnaciones venideras. No se percataron los  teólogos  cristianos de que Melquisedek fué un avatar de Cristo ni advirtieron que Khristna le dice a Arjuna: “Cuando quiera que la rectitud desmaya, ¡oh  Bhârata!, y cobra bríos la iniquidad, entonces renazco para proteger a los buenos, confundir a los malos y restaurar  firmemente la justicia. De edad en edad renazco Yo con este intento”.

  

No es posible desdeñar la doctrina de los avatares al ver que  de tiempo en tiempo han aparecido en el  mundo  personajes tan extraordinarios como Khristna, Sakya y Jesús, que  fueron seres reales divinizados por sus adoradores con arreglo al sistema religioso de su respectiva época. El redentor indo precede de algunos miles de años al redentor cristiano, y  entre  ambos se  interpone  Gautama, que por una parte es reflejo de Khristna y por  otra  ilumina la lejana figura de Jesús en que encarna el Cristo histórico. También es muy significativo que los talmudistas llamaran  Dag  (pez) al Mesías, y que asimismo tuviera  dicho  sobrenombre el Vishnú hinduista, Espíritu conservador o segunda persona  de  la  trinidad hinduista que,  según las creencias  brahmánicas, ha de encarnarse por décima vez para redimir a la humanidad  (lo  mismo  que  el  Mesías  de  los judíos),  restaurar los primitivos  Vedas  y  conducir a  los bienaventurados por el  camino de perfección. Según las tradiciones hinduistas, en su primera  encarnación o  avatar  Vishnú tomó la figura de hombre–pez. Y en corroboración de esta alegoría  se  ve en el templo del dios Rama una imagen de Vishnú del todo  correspondiente a la descripción que del Dagón caldeo nos da Beroso: en figura de hombre que  sale  de  la  boca  de  un  pez con los  Vedas  en  la mano en señal de haberlos recobrado  del  abismo  oceánico  donde los sumergió el diluvio. Por otra parte, Vishnú es, en uno de  sus aspectos, el dios de las aguas, el Logos del Parâbrahm, que en el mismo templo de Rama aparece también representado en actitud de moverse sobre las aguas apoyándose en la serpiente  Ananta de siete  cabezas,  símbolo de la eternidad. Esta imagen  simboliza, por otra parte, el intercambio de atributos de las tres personas de la Trinidad manifestada. A Vishnú equivale evidentemente el Adam Kadmon de los cabalistas que  lo consideran el Logos o primer Ungido, al  paso que el segundo Adam es para ellos el Mesías. El  elemento  pasivo o femenino de Vishnú es Lakmy, Lakshmi o Adamaya,  la “Madre del mundo”, nacida de las alborotadas olas del mar, así como la Venus griega  surge de la  espuma.  La belleza de Lakmy enamora a todos los dioses, y de ella  tomaron los hebreos el modelo de su Eva.  De la misma opinión es el insigne  erudito  francés Burnouf, quien  dice  sobre  el  caso  que  “algún  día se descubrirá el origen  indo de todas las antiguas tradiciones desfiguradas por la leyenda”.

El hinduismo conserva  muchos  conceptos de la primitiva filosofía búdica. Por  otra  parte,  los  brahmanes ponen algún  reparo a la generalizada creencia de  que Gautama fue la  novena reencarnación o avatar de Vishnú, lo cual niegan en redondo los más eminentes  teólogos budistas, quienes  afirman  que el culto de  Buda ha de anteponerse al de todas las divinidades védicas. Principalmente debido a que Buda restauró la religión que durante siglos había prevalecido  en  la  India, antes de que los hinduistas vinieran de otras tierras a conquistar el país con la espada y establecer su doctrina, en menoscabo de la verdadera, sobre el concepto de divinidades ya adoradas por  el pueblo en aquella época. Admiten los teólogos budistas la naturaleza espiritual de algunos  dioses védicos; pero añaden que todos ellos son inferiores a los hombres que alcanzaron la  iluminación  búdica, lo mismo que  ocurre en la jerarquía angélica de la Iglesia cristiana.  No  admiten  los budistas la creación del universo material, pues creen que existió,  aunque  invisiblemente, desde toda la eternidad, y por lo tanto sólo  fue  necesaria su manifestación objetiva por impulso de  Adi–Buddha  o  la Esencia  increada.  Creen asimismo los budistas que el universo ha tenido ya veintidós sucesivas  manifestaciones  visibles gobernadas por  Iluminados, y otras tantas destrucciones por el fuego y el agua alternativamente. Con el último cataclismo  diluvial  terminó el ciclo precedente (cuyo  número de años se mantiene en secreto) y comenzó la actual edad de Kali (Maha Bhadra Kalpa) durante la que ha habido hasta ahora  cuatro Iluminados o  Buddhas ,  de los cuales el cuarto fue Gautama y el quinto ha de ser  Maitreya,  que está todavía por venir y es el Mesías de los judíos cabalistas, el Mensajero de luz, el Sosiosh o Salvador, que según los parsis vendrá como una caballero  en  un  caballo blanco. El  Apocalipsis de San Juan alude también a la segunda venida de Cristo, a  quien  los indos llaman el Señor Maitreya.

  

El  relato hinduista del diluvio alude al primer  avatar de Vishnú y  corresponde a un yuga  anterior al nuestro, al  de  la  aparición de la vida animal. Por otra parte, la circunstancia de  que nada digan del diluvio los primitivos libros hinduistas es un poderoso argumento, de mayor valía en el caso presente en  que sólo disponemos de inducciones. Dice sobre el particular el escritor francés Louis Jacolliot: “Los Vedas  y los Libros de Manú, estos  dos monumentos de  la  primitiva  mentalidad asiática, son  incontrovertiblemente anteriores al diluvio, pues si por  una  parte la tradición nos presenta a Vishnú salvando los  Vedas  del diluvio, por otra parte ni los  Vedas  ni  los  Libros de Manú  ni  otras obras mencionan  esta  catástrofe, al paso que  los  Puranas,  el  Mahâbkârata y otras  más recientes la describen con  minuciosos  pormenores, demostrándose de esta suerte la antediluviana antigüedad de aquéllos,  pues  los Vedas no hubieran podido por menos de aludir en algún himno a la tremenda catástrofe que debió  emocionar  a  las  gentes muchísimo más que los  fenómenos  ordinarios de la naturaleza; ni tampoco  Manú, que describe la creación y expone cronológicamente las épocas divinas hasta  la  aparición del hombre sobre la tierra, hubiera dejado en silencio un acontecimiento de tan excepcional importancia”. Manú enumera los nombres  de  diez  eminentes  santos, a quienes llama  prajâpatis, que los teólogos hinduistas consideran como profetas anteriores  a  la  raza  humana,  pero que para los pundites son  los diez poderosos  reyes  que  florecieron en la edad de oro (kritayuga),  el  último de los cuales fué Brighu, de quien descendieron  por  sucesión genealógica  Swârotchica,  Ottami, Tamasa, Raivata, el glorioso  Tchakchucha y el hijo de Vivasvata, todos los cuales  merecieron el título de Manú  (legislador divino), conferido también a los prajapatis  y a todos  los personajes de la India  primitiva. La genealogía se detiene en el nombre del hijo de Vivasvata.

  

Como quiera que todo lo referente a la creación y el diluvio  tiene  diversas interpretaciones, no es posible comprender debidamente el significado  del relato bíblico  sin  estar enterado del diluvio caldeo y del  significado  esotérico de lo que sobre el diluvio dicen el  Mahâbhârata  y  el  Satapatha.  Los acadianos, que según Rawlinson  eran oriundos de  Armenia, pero que no fueron  los primeros emigrantes de India, enseñaron los misterios religiosos y el idioma sacerdotal a los  babilonios,  quienes  personificaron en  Xisuthrus el sol en Acuario,  así como Oannes, el hombre–pez y semidiós, representaba el primer avatar de Vishnú, con lo que tenemos la clave del doble origen del relato bíblico. Oannes simboliza la  sabiduría esotérica, y por esto sale del mar, del gran  abismo, de las aguas,  emblema de la doctrina secreta, y ésta es también la razón de que  los egipcios divinizaran el Nilo y lo tuviesen por salvador del país en sus periódicas inundaciones y respetasen a los cocodrilos que moraban en el  “abismo”.  Los  pueblos  de raza camita se asentaron siempre a orillas del mar o en las márgenes  de  los ríos, pues el agua fue  el primer elemento de la creación, según algunas cosmogonías antiguas, y así veneraban profundamente los sacerdotes caldeos el  nombre de Oannes, y llevaban una túnica en forma de pescado, cuya cabeza era el bonete. La  Kábala  denudata da a los cabalistas una muy clara  que a los profanos les parece confusa  explicación de las substituciones de un personaje  por  otro. Así, por ejemplo, dice que la centella (chispa divina) de Abraham  procedía  de  Miguel,  jefe de los eones y primera emanación de la Divinidad.  Y,  sin  embargo, Miguel y Enoch son una sola y misma entidad, pues  ambos son la figura  humana que ocupa el punto de unión de la cruz zodiacal. También, según la  Kábala  denudata,  la  centella de  Isaac era  la  de Gabriel,  jefe de la hueste  angélica, y la centella de Jacob procedía de Ariel, llamado “fuego de Dios”.  El espíritu  de  vida más penetrante de los cielos no es Adam  Kadmon, sino el Adam primario o  Microprosopos,  que en  uno  de  sus  aspectos  es  Enoch,  el  padre de Matusalén. Pero el Enoch “arrebatado por  Dios”  que  “no  murió”, es el Enoch espiritual, símbolo de la humanidad, tan eterna en el espíritu  como  en  la carne, aunque la  carne se transforme y renueve, pues  la muerte es un nuevo  nacimiento y la humanidad no muere jamás. El  Destructor  se convierte en  Regenerador.   Enoch es el tipo del hombre dual en espíritu y  cuerpo,  por  lo que  ocupa  el centro de la cruz astronómica. Pero este símbolo, ¿fue invención de  los hebreos? Parece que  no. Todas las naciones  versadas en astronomía,  y  en  especial la India, veneraban profundamente la cruz como base geométrica del simbolismo del avatar o manifestación de Dios en el hombre, del Creador en la criatura. En los más antiguos monumentos de India, Persia y Caldea aparece la cruz doble, de cuatro brazos u ocho puntas que tan frecuentemente se echa de ver en la morfología natural, como por ejemplo en  los cristales de nieve y en algunas flores. Según Lundy,  “estas flores cruciformes son la profética estrella de la Encarnación  que une cielos y tierra, a Dios con el hombre”.  

 

Una versión interesante del concepto de avatar es la que se recoge en la película Avatar, título de una película de ciencia ficción estadounidense del 2009, escrita, producida y dirigida por James Cameron y protagonizada por Sam Worthington, Zoe Saldaña, Sigourney Weaver, Stephen Lang y Michelle Rodríguez. La acción se sitúa en 2154. Jake Sully, un marine veterano de guerra y herido en combate que queda parapléjico, es seleccionado para participar en el programa Avatar,  ocupando el puesto que, como científico, ejercía su hermano gemelo recién fallecido. De esta forma, Jake es trasladado a Pandora, una luna del planeta Polifemo cuya atmósfera es tóxica para los humanos y que, además de albergar una asombrosa biodiversidad, está habitada por los Naa’vi, una raza humanoide de piel azul y con algunos rasgos felinos. Los humanos se encuentran en conflicto con los nativos del clan Omaticaya debido a que están asentados alrededor de un gigantesco árbol, conocido por ellos como Árbol Madre, que cubre una inmensa veta de un mineral muy cotizado: el unobtainium. La existencia de dicho mineral ha llevado a una empresa privada a crear un proyecto de explotación de recursos minerales, dirigido por Parker Selfridge en lo civil y por el coronel Miles Quaritch en lo militar. Las mentes de Jake y de unos científicos liderados por la doctora Grace Augustine, cuyos únicos intereses están en la cultura de los Omaticaya y en el estudio de la luna, son trasladadas a los cuerpos artificiales de unos na’vi creados genéticamente (avatares) mientras ellos permanecen inconscientes en cabinas de enlace. De esta forma, la comunicación con los nativos resultaría más sencilla y así podrían convencerles pacíficamente de que abandonen el Árbol Madre. Por su parte, el coronel Quaritch convence a Jake para que le proporcione información sobre los nativos en caso de que fuera necesario recurrir a la fuerza para que se marchen, y él como recompensa le promete que podrá recuperar sus piernas inválidas.

Jake, Grace y el doctor Norm Spellman son llevados a la selva de Pandora por la piloto Trudy Chacón. Mientras los doctores examinan la vegetación, Jake es perseguido por una bestia y, como resultado, cae a un río y se pierde. Mientras intenta orientarse, le está espiando Neytiri, princesa del clan Omaticaya, que está a punto de matarle, pero entonces una semilla del Árbol de las Almas, un árbol sagrado para los na’vi, se posa en la punta de su flecha; Neytiri lo interpreta como una señal, así que decide dejar vivir a Jake y acaba salvándole la vida al ser atacado por una manada de animales. Cuando la na’vi está decidiendo qué hacer con Jake, decenas de semillas del Árbol de las Almas se posan en él, por lo que Neytiri decide llevarle con los suyos. Los Omaticaya, liderados por Eytukan, el padre de Neytiri, no se fían de Jake, ya que han tenido malas experiencias en otras ocasiones con la «gente del cielo» que quería aprender de ellos, pero Mo’at, la líder espiritual y madre de Neytiri, nota algo especial en el marine y acepta que se quede para aprender a ser un na’vi bajo la enseñanza de su hija. Mientras aprende a ser un na’vi, Jake informa periódicamente a Quaritch sobre cómo destruir Árbol Madre. Pasan las semanas, y Jake aprende a cazar, correr y saltar entre los árboles como uno más del clan, incluso es capaz de domar a un Ikran, una criatura alada que cada miembro del clan debe domesticar durante su aprendizaje. Jake cada vez pasa más tiempo con los na’vi, maravillándose por su cultura y sus capacidades y, además, al pasar tanto tiempo juntos, él y Neytiri se enamoran. Como resultado, empieza a olvidar su misión e incluso su vida como humano, y deja de informar a Quaritch. Grace también es aceptada por los Omaticaya.

Cuando sólo falta un día para la ceremonia en la que Jake se convertirá definitivamente en parte del clan, Quaritch le comunica que su misión ha acabado y que puede regresar a la Tierra para que le curen. Sin embargo, él le pide que le deje estar en la ceremonia, diciéndole que si se convierte en uno de ellos podrá convencer a los Omaticaya de que se vayan. Tras la ceremonia, Neytiri lleva a Jake al Árbol de las Voces, donde le muestra la conexión que pueden tener con Eywa, su deidad. En ese lugar, Jake y Neytiri se sinceran sobre sus sentimientos y se unen como pareja. A la mañana siguiente, los humanos comienzan a talar el bosque, destruyendo el Árbol de las Voces. Jake trata de impedirlo, pero al hacerlo le identifican, y Quaritch, furioso, le desconecta a él y a Grace de sus cabinas y les dice que destruirá Árbol Madre en una hora esté el clan o no. De vuelta a su avatar, Jake les cuenta a todos los miembros del clan la verdad e intenta convencerles de que se vayan. Los Omaticaya, sintiéndose traicionados, deciden quedarse y resistir el ataque de los humanos, y atan a Jake y Grace. Ni siquiera Neytiri perdona a Jake. Como la hora se ha cumplido, Quaritch y sus hombres comienzan a derribar Árbol Madre. En medio del desastre, Mo’at libera a Jake y Grace para que puedan ayudarles. Ambos hacen lo que pueden para proteger al clan, pero muchos na’vi resultan heridos y Eytukan muere. Tras destruir el Árbol Madre, Quaritch vuelve a desconectar a Jake y Grace, encarcelándoles esta vez junto al doctor Norm, que intentó ayudarles. Los Omaticaya se marchan de su destruido hogar, llevándose el avatar inconsciente de Grace, pero abandonando allí el de Jake.

La piloto Trudy Chacón consigue liberar a Jake, Grace y Norm y les lleva hasta otra unidad de cabinas de enlace para que vuelvan a sus avatares y ayuden a los na’vi. Durante la huida, el coronel les descubre y alcanza a Grace con un disparo. Una vez a salvo, Jake reflexiona sobre qué hacer para que los Omaticaya vuelvan a confiar en él y se propone montar en la bestia alada que conocen como Toruk. Según una historia que le contó Neytiri, ésta es la criatura más peligrosa de Pandora y quien pueda domarla traería la paz a los na’vi. Tras lograr su objetivo, Jake se dirige al Árbol de las Almas y los Omaticaya, al verle a lomos del Toruk, le perdonan, y le respetan de nuevo. Neytiri se reconcilia con Jake, diciéndole “Te Veo“, la máxima expresión de afecto y respeto entre los na’vi. Incluso Tsu’tey, el nuevo líder, con quién Jake tenía hasta ese momento una fuerte rivalidad, le acepta como uno más. Entonces Jake les pide ayuda para curar a Grace e inician un ritual para trasladar la mente de la moribunda Grace a su avatar, completamente sano. No obstante y debido a que está muy débil, la doctora fallece, aunque se aclara que su mente ha pasado a formar parte de la naturaleza de Pandora. Encolerizado, Jake exhorta a los Omaticaya que le acompañen para reunir a los otros clanes na’vi y atacar al ejército de los humanos. Quaritch, al enterarse de lo que planean los na’vi, decide contraatacar planeando destruir el Árbol de las Almas. Poco antes del enfrentamiento, Jake le ruega a Eywa que les ayude, pero Neytiri le dice que su deidad nunca interviene y sólo mantiene el equilibrio de la vida.

Los na’vi, ayudados por Norm en su avatar y Trudy en su nave, tratan de combatir a los militares. Pero, a pesar de la superioridad numérica, no pueden hacer casi nada contra su armamento. Trudy, Tsu’tey y el avatar de Norm, al igual que cientos de na’vi, mueren durante la batalla. Sin embargo, cuando todo parece perdido, Eywa, quién milagrosamente había escuchado las plegarias de Jake, envía a todas las criaturas de Pandora a atacar a los humanos, mientras Jake consigue destruir las dos naves principales. Los na’vi logran la victoria, pero el coronel Quaritch, lejos de rendirse y protegido por una colosal armadura, llega hasta el lugar donde se encuentra el Jake humano con la intención de matarle. Neytiri aparece en ése momento a lomos de un Thanator y empieza a atacarle, pero Quaritch consigue matar a la bestia dejando a Neytiri atrapada bajo su cadáver. Jake llega en ése momento, y él y Quaritch comienzan a luchar a muerte. Jake rompe una parte de la armadura dejando el torso de Quaritch al descubierto, pero el coronel consigue averiar la cabina de enlace, y el Jake humano se despierta y empieza a ahogarse. El Jake na’vi queda inconsciente, y Quaritch intenta asesinarle, pero Neytiri se libera y logra matar al coronel de dos flechazos. Entonces ella intenta ayudar al inconsciente Jake na’vi, pero pronto se da cuenta de que el auténtico Jake se está muriendo ahogado en la cabina. Cuando Neytiri llega, Jake parece muerto, pero consigue ponerle una máscara antigás y él vuelve en sí. En ese momento, Neytiri ve a Jake tal y como es por primera vez. Parker Selfridge y el personal militar son expulsados de Pandora, mientras que a Jake (como nuevo líder), Norm y los científicos que estudian Pandora se les permite quedarse. La película finaliza cuando la mente de Jake es traspasada, mediante el mismo ritual que intentaron con Grace, a su avatar na’vi de forma permanente por el Árbol de las Almas.

Es interesante la doctrina del avatar Kalki, que tiene que ver con la historia de Paraçu-Râma, una de las representaciones heroicas de la tradición olímpico-hiperbórea primordial. Con su hacha, cuando los antepasados de los colonizadores arios de la India se encontraban todavía en una sede septentrional, exterminó a los guerreros rebeldes y además mató a su culpable madre. Su acción se sitúa en un período entre la Edad de Plata, o lunar, y la Edad de Bronce, o titánica, entre el tretâ yuga y el dvâpara yuga. Paraçu-Râma nunca murió, sino que se retiró a llevar vida de asceta en la cumbre de un monte, el Mahendra, donde vive eternamente. Cuando lleguen los tiempos, de conformidad con las leyes cíclicas, habrá una nueva manifestación en forma de rey sagrado, que saldrá victorioso sobre la «edad oscura», en forma del avatar Kalki, que nace simbólicamente en Shamballa, uno de los nombres con que en las tradiciones hindúes y tibetanas se designa el centro sagrado hiperbóreo.  Tiene a Paraçu-Rama como maestro espiritual. Y tras haber sido iniciado en la ciencia sagrada obtiene la investidura regia. De Shiva recibe un caballo blanco alado, un papagayo omnisciente y una espada luminosa. Y aquí, en cuanto a similitudes, cabe recordar que igualmente sobre un caballo blanco se manifiesta el rey Arturo y que el mismo símbolo tiene una conocida representación en el Apocalipsis de Juan. Y sobre la espada  se habla igualmente de la espada desaparecida que Arturo volverá a empuñar y que en su momento emerge de las aguas lanzando destellos. Guiado por el pájaro, Kalki consigue a la «mujer», es decir, se casa con Padma o Padmavati, hija del rey, a la que nadie había podido poseer nunca, ya que cada hombre que la codiciaba, por voluntad divina se transformaba en mujer simbólica. Kalki, con sus guerreros, atraviesa a pie un mar (como Moises y los israelitas), al haberse solidificado milagrosamente a su paso, y llega de nuevo a su ciudad natal, Shamballa, que encuentra tan transformada y esplendorosa que le parece la morada de Indra, Rey de los Dioses y Dios de los Héroes.

Hablar de dioses en el hinduismo es una cuestión compleja y equívoca. Se habla, por una parte de “una sola divinidad central: Brahma (el Ser-Unico-Total)“. Así no existe más que esa fuerza cósmica de Brahma, que es el gran principio universal. Una fuerza abstracta. Existe una especie de “Dios que preside el universo“, el “alma del mundo” tal como dicen los antiguos textos. Pero a su vez existe una legión de dioses venerados por los hindúes, que cambian de nombre, según épocas, aldeas, funciones o avatares. Cuando contemplamos la religión hindú nos parece como si Brahma hubiera sido olvidado. La mayoría de los hindúes adoran los dioses de la familia y del pueblo y, al mismo tiempo, las dos grandes divinidades Vishnú y Shiva. Esta diversidad está presidida por una especie de “trimurti” o trinidad a la que se reducen todos los aspectos de lo divino: la creación cósmica (Brahma), la conservación (Vishnú) y la destrucción (Shiva). Brahma es el “creador“, el “señor de las criaturas“, el “ordenador del mundo“, el “único más allá de los dioses“. Es el primer personaje de la “trimurti“. Representa el ser por excelencia en lo que todo existe. Es una especulación intelectual y por lo tanto no supone un culto en particular. Lo que se venera es “el poder de Brahma“, personificada bajo la forma de “Saravasti” (la esposa de Brahma). De ahí que se le represente como una gran diosa y como la concentración de todos los aspectos femeninos: virgen, amante de su esposo, esposa fiel y madre. También se le puede representar dentro de la Trinidad Hinduista. Vishnú es la segunda manifestación de la “trimurti“. Resulta tan difícil de captar como Brahma. En su raíz “vis” significa penetrar. Es el que penetra, como el sol, y hace vivir. Vishnú es el Dios del espacio. Un dios benévolo y responsable del universo. Vishnú es el vigilante de la ley del “Dharma” e interviene periódicamente en la forma de “avatares” para aniquilar los “asuras” maléficos y restaurar el orden en el mundo.

En el hinduismo, los asuras son un grupo de deidades sedientas de poder, que a veces se las considera demoníacas o pecaminosas. Estaban opuestos a los devas. Ambos grupos eran hijos del patriarca Kashiapa. La percepción de los asuras en el hinduismo varió debido a que varias deidades que originalmente eran asuras después fueron reconocidos como dévatas. El nombre viene del persa Ahura, ya que incluso el Oxford English Dictionary reconoce el uso de este término en referencia al zoroastrismo,  y de Æsir, el cual implica un origen común protoindoeuropeo. El carácter negativo de los asuras en el hinduismo parece haber evolucionado a través del tiempo. En general, los textos más antiguos indican que los asuras presidían sobre fenómenos morales y sociales (por ejemplo Varuna era guardián del ritá, y Bhagaera el patrono de los matrimonios) y los devas presidían los fenómenos naturales (por ejemplo, Ushas es el amanecer, e Indra era un dios del clima). En textos posteriores —como los Puranás y los Itijasas (o como el Majábharata y el Rāmāiaṇa)— se encuentra que los devas son los seres divinos y los asuras son demoníacos. Según el Bhagavad guitá, todos los seres del universo poseen cualidades divinas (daivi sampad) de los devas, o cualidades demoníacas (asuri sampad) de los asuras. El Yin y el Yang taoísta. El Bhagavad guitá describe brevemente las cualidades divinas y extensamente las demoníacas. En resumen, el Guitá dice que las cualidades de los asuras son el orgullo, la arrogancia, el engaño, el enojo, la grosería y la ignorancia. El Padma puraṇá dice que los devotos del dios Vishnú están dotados de las cualidades divinas (viṣṇú-bhaktáḥ smṛito daivá) mientras que los asuras son ‘justamente lo opuesto(āsuras tad-vipariaiáḥ). Los asuras también aparecen como un tipo de seres sobrenaturales en la cosmología budista tradicional.

 

Dharma es una palabra sánscrita que significa «religión», «ley natural», «orden social», «conducta adecuada» o «virtud». Se utiliza en casi todas las doctrinas y religiones de origen védico (las religiones dármicas), como el hinduismo (llamado por los hindúes sanátan dharma, la ‘eterna religión’), el budismo, el jainismo y el sijismo. Dharma tiene varios significados, como ‘aquello que sostiene o mantiene unido’, ‘algo establecido o firme’, figurativamente: ‘sustentador, apoyo’ (en el caso de deidades) y en sentido más abstracto, es similar al término griego nomos, ‘norma fija, estatuto, ley’. La palabra proviene de una raíz indoirania dharajustar, soportar, sostener’, conectada con el latín frēnumrienda para caballo, freno») o en el antiguo alto alemán tarni [latens]oculto, retirado»). Se ha sugerido la identidad etimológica entre dharma y el latín firmus (de donde proviene el español «firme»). El término aparece ya en el Átharva vedá (I milenio a. C.) y en el sánscrito clásico. En idioma pāli toma la forma dhamma (como se utiliza muchas veces en el budismo). Algunos budistas dicen que dhamma significa ‘camino de las grandes verdades’. El erudito inglés del siglo XIX, Monier-Williams, propone las traducciones en el ámbito espiritual y religioso como ‘virtud, moralidad, religión, mérito religioso’. En el hinduismo el dharma es la ley universal de la naturaleza, ley que se encuentra en cada individuo lo mismo que en todo el universo. A nivel cósmico esta ley se concibe manifestada por movimientos regulares y cíclicos. Por este motivo se simboliza al dharma como una rueda (dharma-chakra) que torna o gira sobre sí misma. Este símbolo es el que se encuentra en la bandera de la India. A nivel del individuo humano, el dharma adquiere una nueva acepción: la del deber ético y religioso que cada cual tiene asignado según su determinada situación de nacimiento. Existen varios textos acerca del tema del deber, llamados genéricamente Dharmasastra, entre los que se incluyen las Leyes de Manu.

Los hindúes no llaman «hinduismo» a su religión, sino sanatana dharma, que se traduce como ‘religión eterna’. En la epopeya india del Majábharata, también aparece la figura de Dharma como un dios (Iama, el superintendente de la muerte), que encarna como un hombre, Iudhistira, que fue un mítico emperador de la India. Cuando se retiró, por causa de edad, vivió en las ciudades indias para hacer meditación y encontrar el camino de la superación del ciclo de las reencarnaciones, algo que era habitual antiguamente. No murió, pues fue llevado en cuerpo y alma al Cielo de Indra, el jefe de todos los dioses, donde todavía seguiría viviendo. Dentro del budismo la noción del dharma (entendido como doctrina) se dividió para su mejor comprensión en las llamadas Tipitaka: sutras (enseñanzas del Buda Siddharta Gautamamismo); vinayas(reglas monásticas proporcionadas por Buda); y abhidharma (comentarios y discusiones sobre los sutras y vinayas por los sabios de períodos posteriores). Estos tres conjuntos de escritos conforman el Canon Pali o también Tipitaka. El dharma es uno de las llamadas tres joyas (mani) o tesoros del budismo junto con Buda y Shanga. Es por esto que la mención de la palabra dharma es frecuente entre los budistas, ya que constituye uno de los principales elementos de la llamada «fórmula del triple refugio»: En el jainismo el dharma se entiende principalmente como ‘movimiento’ de la dravya o substancia universal. En tal sentido dentro del jainismo el dharma es una de las siete categorías de la dravya, siendo las otras adharma (irreligión, impiedad), akasa (éter, sustancia intangible), pudgala, kala (tiempo) y yiva-atma (viva-alma). La rueda del dharma, que se encuentra en la bandera de la India, es conocida oficialmente como chakra de Ashoka. Aunque el emperador Ashoka fue un destacado budista, la rueda del dharma, que se usó en sus monumentos, remitía en su simbolismo a la acepción hinduista (la más antigua) del dharma.

 

Shiva es el tercer personaje de la “trimurti”. A la vez engendrador y destructor, protector y justiciero. Es un dios que crea, actúa y destruye sin fin. Es la contradicción que engendra a la vez la vida y la muerte. Shiva es el dios ambiguo del tiempo. A través de él nos conduce a la muerte, pero también, a través de ella, a la liberación y a la bienaventuranza. Los seguidores de Shiva (Sivaítas) han representado la fuerza creadora del dios a través de distintas representaciones.  Los purusha avataras se describen como los avatares originales de Vishnú dentro del universo: Aniruddha, Pradyumna, Sankarshan y Vasudeva. Las tres personalidades del Trimurti (la trinidad hindú) a veces son nombrados como los guna avataras, debido a que tienen el rol de controlar las tres modalidades (gunas) de la naturaleza, incluso aunque ellos no hayan descendido en la Tierra (en el sentido general del término avatar): Vishnú, dios controlador de la modalidad de la bondad (sat-tuá); Brahmá, dios controlador de la modalidad de la pasión y el deseo (rayas); Shivá, dios controlador de la modalidad de la ignorancia (tamas). Los avatares manu-antara (‘entre Manus’, que corresponden a la era de cada Manu) son los seres responsables de crear progenie dentro del universo. Se dicen que son innumerables. Las encarnaciones shakti-aveśa se clasifican en: directa (sakshat); indirecta (avesha). Cuando el propio Vishnú desciende, se le llama sakshat, o shaktyavesa-avatara directo, y cuando apodera a alguna persona para representarlo, esa persona es denominada encarnación aveśa o avesha-avatara. Se dice que hay un gran número de avatares de este segundo tipo en particular. Un ejemplo podría ser Nárada, Buda, o Parashurama, que es el único de los diez avatares tradicionales que no es un descendiente directo de Vishnú.

En la mitología hindú, Manu es el nombre del primer ser humano, el primer rey que reinó sobre la Tierra, y que fue salvado del diluvio universal. Es llamado Vaivasuata, porque su padre fue Vivasuat (el dios del Sol Vivasuán o Suria); su madre fue Saraniú. También es llamado Satia Vrata (en sánscrito satia:verdad’, y vrata: ‘voto, promesa’). En sánscrito, manu proviene de manas:mente’, y significaría ‘pensante, sabio, inteligente’ (según el Vāyasanei samjitá y el Shata-patha bráhmana) y ‘criatura pensante, ser humano, humanidad’ (según el Rig-veda). También se cree que proviene de un vocablo indoeuropeo que habría dado lugar al término inglés man (hombre varón) y a los términos españoles «humano» y «humanidad». En el Majábharatapodemos leer:” Y Manu fue dotado con una gran sabiduría, y dedicado a la virtud. Y fue progenitor de una dinastía. Todos los de la raza de Manu son llamados humanos (manavá). De él nacieron los bráhmanas, chatrías, y otros, que por lo tanto son llamados humanos (manavás)”. Los diez hijos de Manu fueron: Vena[el malvado rey], Dhrishnú, Narishian, Nabhaga, Iksuakú, Karusha, Sariati, Ila [la octava, una hija], Prishadhru [el noveno] y Nabhagarishta [el décimo]. Todos se dedicaron a las prácticas de los chatrías [políticos-militares]. Aparte de estos, Manu tuvo otros cincuenta hijos. Pero parece que todos perecieron, peleando unos contra otros. Manu tuvo otro hijo llamado Príia Vrata, que fue un rey muy famoso. A partir de su hijo Iksuakú se inició el clan solar. Manu vive durante un eón de 4320 millones de años, llamado manuantara. La suma de 14 manuantaras forman un kalpa (el periodo que corresponde a un día de la vida del dios Brahmá). Cada manuantara es regido por un Manu diferente.

Según el Bhágavata-purana, el avatar Matsia (‘pez’ en sánscrito) del dios Vishnú se le apareció al rey Manu (cuyo nombre original era Satia Vrata, entonces rey de Dravida, cuando él se estaba lavando las manos en un río. El pececito le pidió que lo salvara, por lo que el rey lo puso dentro de su lota (recipiente de cobre). Pero el pez creció y el rey tuvo que ponerlo en un charco. El pez siguió creciendo y el rey lo puso en un lago y finalmente en el océano. Matsia entonces le dijo al rey que vendría una inundación. El rey construyó una gran nave, donde alojó a su familia y el semen de todos los animales para repoblar la Tierra. Enganchó la nave al cuerno del pez Matsia, que los arrastró a través del diluvio. Esta historia es muy similar a otras historias del diluvio universal en la mitología sumeria (anterior a la hindú), que precedieron ambas a la historia bíblica del arca de Noé. Manu también fue el autor del famoso Manu Śmriti. En el s. XIX algunos políticos británicos (que habían conquistado la India) decidieron divulgar la idea de que el Manu Shmriti era la ley sagrada de los hindúes. Según algunos estudiosos indios de la actualidad, los ingleses lo habrían hecho para poder ridiculizar con facilidad a los hindúes. Pero los hindúes lo consideran un smriti , ‘discurso recordado’, texto similar a  los Purānas (‘historia ‘antigua’) y los Itihasas (leyendas), un texto de segunda categoría: siempre que haya un conflicto entre un smriti y un śruti (‘discurso oído directamente de Dios’), tales como los Vedas y los Upanishads.

De acuerdo con el vaisnavismo Sri, hay dos tipos de avatares secundarios: Vishnú entra en un alma con su forma original (por ejemplo, Parashurama);  o Vishnú no entra en un alma con su propia forma original, sino que la apodera con poderes divinos extraordinarios (por ejemplo, Viasa, el escritor de los Vedas). Este avatar secundario se llama śakty-amśa-avatara (siendo śakti: ‘energía’, y amśa: ‘partícula’). Las diez encarnaciones más famosas de Vishnú se llaman colectivamente Dasavatara (dasa en sánscrito significa ‘diez’). Esta lista se encuentra en el Garudá-purana: Matsia, el pez, apareció en satia-iugá; Kurma, la tortuga, apareció en satia-iugá; Varaja, el jabalí, apareció en satia-iugá; Narasinja, la encarnación mitad hombre y mitad león, apareció en satia-iugá para matar al demonio Jirania Kashipú; Vananá, el enano, apareció en treta-iugá; Parashurama (‘Rāma con hacha’), apareció en treta-iugá; Rama, el rey de Aiodhia, apareció en treta-iugá; Krisná (el Negro, o el Atractivo) apareció en duapara-iugá, junto con su hermano Balaram. De acuerdo con el Bhágavata-purana, Balaram apareció en duapara-iugá (junto con Krisná) como encarnación de Ananta Shesha. La mayoría de los movimientos visnuístaslo cuentan como encarnación de Vishnú. Las versiones de esta lista que no nombran a Buda como noveno avatar, lo enumeran a Balaram en su lugar: Buda (el Inteligente) apareció en kali-iugáKalki(‘destructor de la impureza’), quien se espera que aparezca al final de kali-iugá (que comenzó en el año 3102 a. C.), lo que debería suceder en el año 428.899.

En el marco del hinduismo, un iugá (‘era’ en sánscrito) es cada una de las cuatro eras en la que está dividido un majā iugá (‘gran era’). En la tradición hinduista, el mundo pasa por un continuo ciclo de estas épocas. Cada satiá-iugá se va degradando hasta convertirse en kali-iugá; luego viene una etapa de renacimiento que no se describe en las Escrituras, y comienza otro satiá-iugá seguida de otra fase descendente y así continuamente. El descenso de satiá-iugá a kali-iugá está asociado a un progresivo deterioro del dharma (‘deber religioso’), manifestado en un decrecimiento en la duración de la vida del ser humano y la calidad de los estándares de la moral humana. El satiá-iugá es la primera de las edades del mundo. Satiá-iugá en total dura 4800 años: la era propiamente dicha 4000 años, el comienzo (amanecer) 400 años y el final (atardecer) otros 400 años. Estos son 4800 años de los hombres, aunque según el hinduismo posterior son 4800 años de los dioses (cada año de los dioses equivale a  3600 de los hombres, lo que coincide con la mitología sumeria). El método de liberación espiritual en esta primera era es dhiana (‘meditación’). En este iugá más elevado, todas las personas pueden experimentar la espiritualidad por intuición directa. El velo entre los reinos de lo material y lo transcendental, se vuelve casi transparente. De acuerdo con el Natia Shastra, no hay presentaciones de natiá (danza) en el satiá-iugá porque es un periodo libre de cualquier tipo de infelicidad o miseria. Satiá-iugá es también llamado la Era Dorada o Edad de Oro. En el tréta-iugá, el método de liberación espiritual es el iagñá (‘sacrificio de animales en un altar’). Se dice que la guerra descrita en el Rāmāiaṇa sucedió en el tréta-iugá.

En el duapára-iugá, el método de liberación espiritual es archana (‘adoración de ídolos’). En sánscrito, dvā-pára significa ‘el lado del dado marcado con dos puntos’ y por antonomasia: ‘dos’ o ‘segundo’. Entonces dvā-pára yuga significa ‘segunda era’ o ‘la era con el número dos’. Sin embargo esta era es la tercera (después de tréta) ya que el orden de las cuatro eras se trastocó en esta época en particular, y la ‘tercera era’ (tretá) vino antes que la ‘segunda era’. La era en total dura 2400 años: la era propiamente dicha 2000 años, el comienzo (amanecer) 200 años y el final (atardecer) 200 años. El fin de esta era está relacionado con la muerte del dios Krishná, y los sucesos descritos en el Majábharata. En el Kali yuga el método de liberación espiritual es dāna (‘dar’ caridad). Igualmente, las escrituras Védicas recomiendan para esta era: “Cantar el nombre de Hari, Cantar el nombre de Hari, Cantar el nombre de Hari es el principal medio de alcanzar liberación espiritual en la era de Kali, no hay otra manera, no hay otra manera, no hay otra manera“. Es decir, el canto de los Santos Nombres de Dios, de forma colectiva (kirtan) o individual (japa) son las únicas maneras de alcanzar la liberación del espíritu de la contaminación material provocada por la riña e hipocresía que caracterizan a esta Era. En el Vishnú puraná, kali-iugá se describe así: “En el kali-iugá, habrán numerosos gobernantes luchando por el poder entre ellos. Ellos no tendrán carácter. La violencia, las mentiras y la inmoralidad estarán a la orden del día. La piedad y la naturaleza del bien se desvanecerán lentamente. La pasión y la lujuria serán la única atracción entre los sexos. Las mujeres serán objetos de placer sexual. La mentira será la línea límite de subsistencia. La gente culta será ridiculizada y puesta en vergüenza; en el mundo la ley del más rico será la única ley”. Literalmente kali significa ‘el lado del dado marcado con un uno’. No se debe confundir con la cruel diosa Kālī, fundamental en el hinduismo.

 

Estos cuatro iugás juntos (satiá, treta, duapara y kali) completan un majā-iugá (‘gran era’). Una sucesión de 71 majaiugás completan un manuantara (‘intervalo de Manu’), la vida de un patriarca Manu. Al final de cada manuantara hay un periodo igual de tiempo (71 majáiugas) durante el cual el «mundo» (que puede ser este planeta o el universo entero) es inundado; entonces el ciclo comienza de nuevo. El escritor hindú Sri Yukteswar Giri tenía una interpretación diferente del ciclo de iugás, que lograba explicar la incoherencia de las doctrinas hindúes con la realidad que se vivía en su época (principio del siglo XX). Se supone que en kali-iugá debería haber menos longevidad y menos desarrollo del conocimiento, y más materialismo. Para eliminar esa incoherencia, en su libro La Ciencia Sagrada, sostuvo con cálculos matemáticos que no estamos en kali-iugá. Según el autor, el kali yuga comprende un periodo de 1000 + 200 años, dwarpa yuga 2000 + 400, tetra yuga 3000 + 600 y satya yuga 4000 + 800. A cada yuga le corresponden dos fases de transición, por ejemplo 100 + 1000 + 100. Si representamos las yugas en un reloj, la época espiritual más baja serían las 6 del reloj, hacia al año 1.000 d.C., el centro de Kali Yuga (más o menos la Edad Media), y el punto más alto en las 12 del reloj es el centro de Satya Yuga (literalmente Edad de la Verdad; sat=verdad) o Edad de Oro. Tardamos unos 12.500 años desde el punto más bajo al más alto, y unos 25.000 en la vuelta completa en el sentido del reloj, que coincide con el ciclo maya. Actualmente estaríamos a las 7 y ascendiendo en Dwapara Yuga o Edad de Bronce.

En el primer canto del Bhágavata-purana se enumeran 23 avataras principales: Cuatro Kumaras (cuatro sabios hijos bebés del dios Brahmá); Varaha (jabalí); Nárada (sabio volador); Nara y Naraiana (los gemelos); Kapilá(el filósofo creador de la filosofía sankhya teísta); Datátreia (avatar combinado del trimurti Brahmā, Vishnú y Shivá); Iagña (Vishnú temporalmente en el rol del dios Indra); Rishabha (padre del rey Bharata); Prithu(el rey que embelleció la Tierra); Matsia (el pez); Kurma (la tortuga); Dhanvantari (padre del texto médico Áiurveda); Mojiní(mujer encantadora); Narasinja (hombre león); Vamaná(el enano); Parasurama (Rama con un hacha); Viasa (recopilador de los Vedas); Rama (el rey de Ayodhya); Balarama (hermano mayor de Krisná); Krisná(el vaquero); Buda (el engañador de los demonios); Kalki(el destructor de la suciedad). Otros tres avatares se describen más tarde: Prisnigarbha(hijo de Prisni);  Jaiagriva (el caballo);  Jansá (el cisne). Después de enumerar al avatar Kalki, el Bhágavata-purana declara que los avatares de Vishnú son innumerables.  Sin embargo en ese contexto, esta lista de avatares se considera que es la de los más importantes. En el marco del hinduismo, los Kumaras son cuatro hijos mentales del dios Brahmá, tal como se los describe en los textos puránicos. Jaya (que junto con su hermano Vijaya es el portero de Vaikunthá), fue maldecido por los cuatro sabios Kumaras a convertirse en demonio en el mundo material. Sus nombres son: Sanaka, Sanatana, Sanandana y Sanat-Kumara. Debido a su voto de brahmacharia (celibato) y al hecho de que dejaron de crecer cuando eran bebés, se les conoce como Chatur Sana (los cuatro solteros). Se los representa como bebés. En la India, desde tiempos inmemoriales, la mortalidad infantil es altísima, por lo que por cuestiones de practicidad, a los niños de menos de cinco años se les llama genéricamente kumará o ‘fácil-muere’ (siendo ku:fácil’ y mara:muere’). Nacidos de la mente de Brahmá, los cuatro hijos son descritos como grandes rishi (sabios), que tomaron los votos del celibato contra los deseos de su padre. El Bhágavata Puraná incluye a los Kumaras entre los doce majá yana (‘grandes personas’, grandes devotos o bhaktas).

En la mitología hindú, Nārada o Nārada Muni es un sabio divino, que tiene un papel prominente en varios textos puránicos, y especialmente en el Bhágavata puraná. Nārada es retratado como un monje viajero que posee la habilidad de viajar a otros planetas (loka, en sánscrito). Lleva un instrumento musical llamado vina, que usa para acompañar sus canciones, oraciones y mantras como actos de devoción a su señor (Vishnú o Krishná). En la tradición vaishnavase le tiene una reverencia especial por su recitación y canto de los nombres Jari y Naraiana, y por promover el proceso del servicio devocional, conocido como bhakti yoga, tal como se explica en el texto atribuido al mismo Nārada, llamado Nārada bhakti sūtra. De acuerdo con la leyenda, Nārada es manasa pūtra (‘hijo de la mente’), lo que se refiere a su nacimiento directamente desde la mente del señor Brahmā, el primer ser creado, tal como se describe en el universo puránico. Se lo considera triloka sanchāri, el nómada que vagabundea por los tres lokas: Swarga-loka (‘localidad del cielo); Mrityu-loka (‘lugar de la muerte’, la Tierra); Patala-loka (‘planetas infernales’). Viaja por los tres mundos para el bienestar de todos. Fue el primero en practicar natya yoga. También se lo conoce como kalaha priya, ya que en broma genera cómicas peleas entre los devas (dioses), las diosas y los seres humanos. Nārada Muni tiene un lugar específicamente importante dentro de las tradiciones vaishnavas. En los Purānas, es enumerado como uno de los doce mahajanas (‘grandes gentes’), los más grandes devotos del señor Vishnú. Como en su nacimiento previo, antes de volverse un rishi (sabio),  él era un gandharva (una especie de arcángel mundano), que está en la categoría de los devarshi.

El Bhagavata Purāna describe la historia del desarrollo espiritual de Nārada: en su nacimiento previo Nārada era un gandharva (ser angélico rodeado de sensuales apsaras) que fue maldecido a nacer en la Tierra debido a una ofensa. Nació como hijo de una sirvienta que vivía en una apartada ermita,  habitada por un grupo de sabios bráhmanas particularmente santos. Los sabios estaban muy complacidos con los servicios tanto del niño como de la madre, por lo que le permitieron a él comer cada día un poco de su alimento (prasāda:misericordia del Señor’) que previamente ofrecían a su ídolo del señor Vishnú. Con el paso del tiempo, el niño Nārada recibió más bendiciones de estos sabios y los oía hablar acerca de temas espirituales. Su madre murió por la picadura de una serpiente. Nārada tomó este suceso como un acto del dios Vishnú y decidió vagar por la selva en búsqueda de la iluminación espiritual y la comprensión de la suprema verdad absoluta. Llegó a un claro en el bosque y, luego de calmar su sed en un arroyuelo cercano, se sentó bajo un árbol en meditación (yoga). Se concentró en el aspecto paramatma (‘alma superior’) de Vishnú dentro de su corazón, tal como le habían enseñado los sabios en la ermita. Después de algún tiempo, Nārada vio una imagen mental de Narayana (Vishnú) ante él, sonriendo. Vishnú le dijo: “A pesar de que has tenido la bendición de verme en este momento, nunca más podrás ver esta divina forma, hasta que mueras”. Narayan le explicó que le daba esa oportunidad de ver su belleza para que sirviera como fuente de inspiración que despertara su deseo durmiente de estar otra vez con el Señor. Después de instruirlo de esta manera, Vishnú desapareció de su vista. El niño despertó de su sueño desalentado.

Por el resto de su vida, Nārada se enfocó en su devoción, meditación y adoración a Vishnú. Después de morir, Vishnú le bendijo con la forma espiritual de “Nārada”, tal como sería conocido. Muchas escrituras hindúes consideran que Nārada es un avatar parcial de Dios, apoderado por él para realizar tareas maravillosas o milagrosas en nombre de Vishnú. Según una leyenda, el príncipe Samba, hijo del dios Krishná y de Jambavati, había ridiculizado al sabio debido a la fealdad de su rostro. Este último se vengó indicando a Samba un lugar en el río donde numerosísimas mujeres se bañaban, despojadas de sus saris (túnicas hindúes). Mientras el joven varón disfrutaba del espectáculo, Krishná, advertido por Nārada, llegó y descubrió cómo su hijo miraba a sus madres (las 16.108 esposas de Krishna) mientras se bañaban. Furioso, el dios castigó a su hijo inoculándole la lepra. Más tarde, Samba le demostró que Nárada lo había manipulado, pero ya Krishná no podía retirar su maldición. Entonces el joven se dirigió hacia Suria, el dios que cura todos los males, particularmente aquellos de la piel, fue hasta la costa y descubrió al norte de Puri, ciudad en el noreste del pradesh (Estado) de Orissa (India), sobre las costas del Golfo de Bengala, una imagen del dios del Sol sentado sobre una flor de loto. Se instaló en el lugar e hizo una penitencia de doce años, al cabo de la cual fue curado. En agradecimiento, erigió un templo, el primero que se construía sobre el sitio de Konark. Puri es un célebre centro de peregrinación, ya que en ella se emplaza el gigantesco mandir (templo) dedicado al Señor Jagannātha (una advocación del dios Krishna), su hermana Subhadra y su hermano Baladeva. Los templos (shikaras) de Puri son valiosos ejemplos del arte hindú medieval.

Nara-Naraianá es una deidad hindú, encarnación doble del dios Vishnú en la Tierra. El nombre Nara Naraianá está formado por dos términos sánscritos: nara (ser humano, hombre) y Naraianá (‘hijo del hombre’, descendiente de los seres humanos, refugio de los seres humanos). El diccionario de Monier-Williams dice que Nara podría ser el Púrusha(varón primigenio o espíritu eterno que penetra todo el universo), siempre asociado con Naraianá, ‘hijo del hombre primigenio’. En el Majábharata a veces a Krishná y Áryuna se les llama Nara-Naraianá y son considerados encarnaciones parciales, de acuerdo con el Bhagavata-purana. En una vida previa, los dos nacieron como los sabios Nara y Naraianá, y realizaron grandes austeridades en el sagrado Badrinath. Nara y Naraianá eran el quinto avatar del dios Vishnú. Los gemelos eran hijos de Dharma (el hijo del dios Brahmā) y su esposa Murti (hija del prayapatiDaksha) o Ajimsá (no violencia). Vivían en Badrika realizando intensas austeridades y meditación para el bienestar del mundo. Los sabios derrotaron a un demonio llamado Sajasra Kavacha (‘mil armaduras’). El Bhagavata-purana cuenta la leyenda del nacimiento de la apsara Urvashi a partir de los sabios Nara-Naraianá. Una vez, los sabios Nara-Naraianá se encontraban meditando en el sagrado sitio de Badrinath, en los Himalayas. Sus penitencias y austeridades alarmaron a los dioses, de manera que Indradeva, el rey de los devás, envió a Kāmadeva(dios del amor), Vasanta(primavera) y a las apsaras (ninfas) para inspirarles pasión y perturbar su meditación. El sabio Naraianá tomó una flor y la apoyó sobre su entrepierna. Inmediatamente surgió sobre su regazo una hermosa ninfa cuyos encantos femeninos excedían aquellos de las ninfas celestiales, que tuvieron que volver al cielo humilladas y avergonzadas. Naraianá envió esta ninfa a Indra con ellas. Por haber sido creada a partir del muslo (uru en sánscrito) del sabio, fue llamada Uruashi.  De acuerdo con el Bhagavata-purana, «Allí en Badarikashram (Badrinath), Vishnú, en su encarnación como los sabios Nara y Naraianá, había estado realizando terribles penitencias desde tiempo inmemorial por el bien de todos los seres».

Majarshi Kapilá o Kapilá Muni (siglo VI / V a. C.) fue un escritor y pensador indio que trató de explicar el mundo mediante el sistema ateo sankhia (‘enumeración’), una lista muy minuciosa de todas las categorías del universo. Los visnuistas(adoradores del dios Vishnú) lo apodaron Asuri Kapilá (asura significa ‘demonio’). Toda su obra fue destruida y solo se conoce por las críticas que le dedicaron los visnuistas en sus textos. Prácticamente no existe ningún dato histórico respecto a la vida del Maharishi (‘gran sabio’) Kapilá. Se cree que si existió, debe haber vivido en el subcontinente índico, quizá hacia el 500 a. C. Algunos hinduistas sostienen que fue más antiguo. En el Bhágavad-guitá (parte del texto épico Majábharata), el dios Krisná lo menciona como el más grande de todos los seres que se han perfeccionado: “De todos los árboles soy el baniano, de los sabios entre los semidioses soy Nárada. De los gandharvas soy Chitraratha, y entre los seres perfeccionados soy Kapilá Muni”. Maharshi Kapilá es un personaje principal en la historia asociada con el día santo hindú llamado Makar Sankranti, que es la fecha en que la diosa Ganga (el río Ganges) descendió desde el cielo. Esta historia involucra al rey Sagara de Ayodhya, un ancestro del popular rey-dios Rama. El rey Sagara había realizado 99 veces el dificilísimo sacrificio asuamedha iagñá (sacrificio del caballo). Pero cada vez que enviaba un caballo a recorrer los reinos vecinos, el dios Indra (rey del Cielo) se lo robaba. En el sacrificio número cien, Indra ocultó el caballo en la ermita de Kapilá Muni (Kapilá Tirtha). Los 60 000 hijos de Sagara encontraron el caballo, y —como creyeron que el sabio lo había robado— atacaron a Kapilá. Este despertó y con su mirada iracunda los convirtió en cenizas. Anshuman, nieto del rey Sagara (hijo de Asamanshas, el malvado hijo del rey Sagara), se acercó a Kapilá pidiéndole que redimiera las almas de sus 60 000 hermanos. Kapilá replicó que solo si el río Ganges descendía del cielo y tocaba las cenizas de los 60 000, todos serían redimidos.

En el marco del hinduismo Dattátreia es un sabio, hijo del gran rishí (sabio) Atri(autor de varios himnos del Rig-veda) y de Anasuia. Los hinduistas lo consideran una encarnación (avatar) de la Trinidad (Trimurti) de los dioses Brahmá, Vishnú y Shivá. Estos tres dioses, propiciados por las penitencias de Atri, se convirtieron en porciones de sí mismos, y nacieron como hijos de Atri: Soma, Dattá y Durvasa. Se adora a Dattátria como representando al Trimurti. El término sánscrito dattá significa ‘dado, ofrecido’, en el sentido de que los tres dioses se dieron (en forma de un hijo) a la pareja del sabio Atri y Anasuia. El término atreia es un nombre patronímico que significa ‘descendiente de Atri’. En la tradición Nath, Dattátreia es considerado un avatar o encarnación del dios Shivá. En la Adinath sampradaya de los Nathas es considerado el Adi-Gurú (‘primer maestro creador de la doctrina’). La palabra sánscrita nāthá es el nombre propio de una suddha sampradaya (tradición iniciática) y la palabra misma significa “señor, protector, refugio”. El término sánscrito relacionado Adi Natha significa Señor Original, y es por lo tanto un sinónimo de Shiva, Mahadeva o Maheshvara, y más allá de estos conceptos supra mentales, la Suprema Realidad Absoluta como la base que sostiene todos los aspectos y manifestaciones de la consciencia. La tradición Nath es una tradición siddha heterodoxa que contiene muchas sub-sectas. Fue fundada por Matsyendranath y luego desarrollada por Gorakshanath. Estos dos personajes son también reverenciados en el Budismo Tibetano como Mahasiddhas (grandes adeptos) y se les cree con grandes poderes y perfecto logro espiritual. La Natha Sampradaya Marathi es un desarrollo de la temprana Siddha o Avadhuta Sampradaya, un antiguo linaje de maestros espirituales. Su fundación es tradicionalmente atribuida al gurú  Dattatreya, quien fue considerado por muchos una encarnación humana del Señor Shiva. Una historia del origen de las enseñanzas Nath es que Matsyendranath fue tragado por un pez y mientras estaba dentro del pez oyó por casualidad las enseñanzas dadas por Shiva a su esposa Parvati. De acuerdo a esta leyenda, la razón detrás de que Shiva impartiera sus enseñanzas en el fondo del mar era evitar que otros las escucharan sin querer. En la forma de un pez, Matsyendranath esforzó su audición lo requerido sobre escuchar y absorber las enseñanzas de Shiva. Después de ser rescatado del pez por otro pescador, Matsyendranath tomó iniciación como un sannyasin de Siddha Carpati. Fue Matsyendranath quien llegó a ser conocido como el fundador de una corriente específica de yogis conocida como nath Sampradaya.

 

Vemos la similitud de esta historia con la referida a Jonás, profeta del Antiguo Testamento cristiano y del Tanaj judío, que es el quinto de los profetas menores del Nevi’im, hijo de Amittay. El libro da cuenta del profeta Jonás y relata una historia en la cual Dios manda a Jonás a predicar al pueblo de Nínive, la capital de Asiria para persuadirlos de arrepentirse de su maldad o de lo contrario su ciudad quedaría destruida. Jonás se negó a obedecer y al principio rehúye la presencia de Yahveh, embarcándose rumbo a Tarsis. Pero en el camino Dios prepara una tempestad y los tripulantes, al saber que huía de Yahveh, lo arrojan al mar en medio de la tempestad.  Entonces Dios envió un gran pez para que se tragara a Jonás. Después de tres días de permanecer en el vientre del pez (¿algún tipo de nave?) durante los cuales Jonás oró, Yahveh dio la orden de que el pez vomitara a Jonás, arrojándolo a tierra firme.  Después de esto, Jonás recibió por segunda vez la orden de Dios de ir a predicar a Nínive. Jonás accedió y en esa ciudad anunció la destrucción inminente para temor de todos sus habitantes: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida». El Rey de la ciudad, al enterarse de dicho designio ordenó el ayuno de toda la población. Al presenciar el arrepentimiento masivo de la población de Nínive, Dios decidió que no castigaría la ciudad ni a sus habitantes. Jonás se enojó al contemplar la piedad de su Dios y el hecho de que su profecía no se cumpliera, por lo que se marchó de la ciudad disgustado. Dios lo reprendió por su falta de compasión hacia los muchos miles de personas y animales de Nínive, pero al final lo aleccionó.

Los dos discípulos más importantes de Matsyendranath fueron Caurangi y Gorakshanath. El último llegó a eclipsar a su Maestro en importancia en muchas de las ramas y subsectas del Nath Sampradaya. Incluso hoy, Gorakshanath es considerado por muchos el más influente de los antiguos Nath. También se presume que escribió el primer libro que trató el Laya yoga y la ascensión de la kundalini-shakti. Hay muchos sitios, ashrams y templos en India dedicados a Gorakshanatha. Muchos de ellos han sido construidos en sitios donde vivió y se dedicó a la meditación y otros sadhanas. De acuerdo a la tradición, su ermita y gaddi (asiento) samadhi reside en el Templo Gorakhnath en Gorakhpur. Sin embargo, Nityananda estableció que la ermita (tumba) samadhi de ambos, Matsyendranath y Gorakshanath reside en Nath Mandir, cerca del templo Vajreshwari, un kilómetro desde Ganeshpuri, Maharashtra, en India. La Natha Sampradaya no reconoce barreras de casta y sus enseñanzas fueron adoptadas por parias y reyes por igual. La heterodoxa tradición Nath tiene muchas sub-sectas, pero todas honran a Matsyendranath y Gorakshanath como los fundadores de la tradición. Dattátreia habría sido originalmente un ioguendra (experto en yoga), que exhibía claramente características tántricas, fue adaptado y asimilado en cultos más devocionales. Los hinduistas lo consideran ahora más un dios benevolente que un maestro del hinduismo. En su Bhakti-sandarbha, el escritor hinduista Yiva Gosuami (siglo XVI) declara: Yatha pashanda-margena dattatreyarshabha-devopasakanam pashandinam (‘los adoradores de los impersonalistas como Dattátreia también son pashandis [ateos]’).

El sabio Nárada alabó grandemente el pati vratiam (votos por su amo) que poseía Anusuia (la esposa del sabio Atri) ante las tres esposas de los dioses Brahmā, Vishnú y Shivá, provocando la envidia de ellas. Inmediatamente les pidieron a sus maridos que redujeran la intensidad del pati vratia de ella. Brahmá, Vishnú y Shivá visitaron a Anusuia disfrazados como invitados comunes (que en la India se consideran sagrados) cuando Atri no se encontraba en su hogar, y le pidieron que les sirviera comida. Cuando ella accedió con gusto, ellos dijeron que sólo aceptarían su ofrenda con la condición de que se las sirviera desnuda. Anasuia se encontró en un dilema: si ella aparecía sin ropa ante otros varones, su pati-vratiam se reduciría. Si se negaba, eso sería un deshonor al amo de casa y los dioses podrían despojar a Atri de todos los poderes que poseía. Anasuia intuyó que los tres invitados que le pedían un favor tan extraño no eran seres humanos ordinarios. Anasuia se concentró en su amo y esposo en su mente y dijo que ella no tenía que tener ningún miedo en servirlos desnuda, ya que ella no se sentía afectada por la lujuria. Como los invitados se habían dirigido a ella diciendo: «Bhavati bhikshan dehi» (‘madre, denos una ofrenda [algo para comer]’), ella podía considerar que en realidad era madre de ellos y podía considerarlos como bebés inofensivos. Se acercó a ellos desprovista de ropas y uno por uno les dio de tomar leche de sus pechos. Luego los acostó y los hizo dormir. Cuando Atri volvió y escuchó la historia que le contó Anusuia, alabó a los tres dioses, que eran como bebés. Ellos despertaron con sus formas originales y alabaron el pati vrata de Anusuia, y le ofrecieron cualquier bendición milagrosa. Anasuia entonces les pidió quedar embarazada de los tres, para que ellos mismos nacieran como sus hijos. Así fue: Anusuia ya estaba embarazada de Brahmá, Vishnú y Shivá, que nacieron como Chandra (la Luna, encarnación de Brahmá), Dattátreia (encarnación de Vishnú) y Durvasa (encarnación de Shivá).

En el Majábharata (Anushasan Parva, Adhiaia) Dattátreia no es mencionado como hijo del sabio Atri sino del linaje descendiente de Atri. También en el texto épico Shishupal vadha (‘la ejecución de Shishupala’ muerto por el rey Krishná), escrito por el poeta Magha, también se refiere a que Dattátreia no era hijo directo de Atri sino descendiente de él. Dattátreia abandonó su hogar y vagabundeó desnudo en búsqueda de la iluminación religiosa. Pasó la mayor parte de su vida vagando en el área entre el norte de Karnataka, Maharashtra y Guyarat (por lo menos hasta el río Narmadá. En un pueblo llamado Ganagapur (en el norte de Karnataka) existe la tradición de que en un sitio cercano Dattátreia obtuvo la iluminación. En las laderas de una colina solitaria cerca del monte Girnar se pueden ver hoyos con forma similar a la huella de los pies. Los hinduistas del lugar creen que son las huellas del dios Dattá. Este fenómeno de las marcas en la piedra se repite con casi todos los dioses de la India. El Tripura-rajasia (‘los secretos de [la ciudad] Tripura) cuenta que Parasurama(otra encarnación de Vishnú) encontró a Datta meditando en la montaña Gandhamadana. De acuerdo con el Brahma-purana, Dattátreia siguió una orden de su padre, el sabio Atri, y se sentó en las orillas del río Gautami y le oró a Shivá, hasta que finalmente obtuvo el brahma gñana (conocimiento acerca del Brahman impersonal). Quizá por este hecho la Nath Sampradaya considera que Dattátreia es un adi siddha (uno de los primeros en alcanzar la perfección). En los Puranas Dattátreia enumera una lista de sus 24 gurús.

En la mitología hindú, Matsia (‘pez’ en sánscrito) fue el primer avatar del dios Vishnú de acuerdo al Garuda puraṇá y, el décimo según el Bhāgavata puraṇá. Según el Bhágavata purāná, Matsia se le apareció al rey Manu (cuyo nombre original era Satiavrata), entonces rey de Dravida, cuando él se estaba lavando las manos en un río. El pececito le pidió que lo salvara, por lo que el rey lo puso dentro de su lota (recipiente de cobre). El pez creció y el rey tuvo que ponerlo en un charco. Volvió a crecer y el rey lo puso en un lago. Volvió a crecer y el rey lo puso en el océano. Matsia le dijo al rey que vendría un diluvio. El rey construyó una gran nave, donde alojó a su familia y el semen de todos los animales para repoblar la Tierra (mucho más práctico que poner los animales). Enganchó la nave al cuerno del pez Matsia, que los arrastró a través del diluvio. Esta historia es muy similar a otras historias del diluvio universal en la mitología sumeria (anterior a la hindú), que precedieron ambas a la historia bíblica del arca de Noé. El mismo Bhagavata Purana narra la siguiente leyenda acerca de esta encarnación en forma de pez: “Hace mucho tiempo, cuando la vida apareció en la Tierra, un terrible demonio aterrorizó la Tierra. Impedía que los sabios realizaran sus rituales y robó los sagrados Vedas. Se refugió en el interior de una caracola en las profundidades del océano. Brahmā, creador del mundo, se acercó a Vishnú pidiéndole ayuda. Éste inmediatamente adoptó la forma de un pez y se sumergió en el océano. Mató al demonio, le abrió el estómago y extrajo los Vedas, que dentro de la panza cuádruple del demonio se habían convertido en cuatro: Rig, Sama, Atharva y Yajur”. Matsia se representa como un pez con un cuerno en la frente (de donde enganchó con una soga al arca de Manu), o como Vishnú (varón azul de cuatro brazos) con cola de pez. A veces parece más bien que un gran pez estuviera comiendo los miembros inferiores de Vishnú.

Viasa es un mítico escritor de la antigüedad hinduista. Las leyendas que rodean su nacimiento y vida, y el mismo hecho de llamarse Viasa (‘que divide [el único Veda en cuatro]’) da pie a suponer que es un personaje mitológico. En el texto épico Majábharata (atribuido al propio Viasa), se menciona la leyenda de su nacimiento. Satiávatiera la hija virgen de un barquero, que vivía en el poblado Kalpi, en el distrito Jalaun de la provincia Uttar Pradesh de la India. Un día el sabio errante Parashará(nieto de Vásishtha) le pidió a Satiávati que lo cruzara al otro lado del río. En medio del río, el sabio se sintió atraído hacia la niña y le propuso tener relaciones sexuales. Ella se negó, porque sabía que el sabio no se quedaría a vivir con ella y, al perder su virginidad, no se podría casar. El poderoso místico le prometió que, después de tener su hijo, ella seguiría siendo virgen. De todos modos ella se siguió negándose, aduciendo que, según las escrituras sagradas hindúes, un bote era un lugar pecaminoso para concebir un hijo. Entonces el sabio creó una isla en el medio del río Iamuna. La niña todavía se negó una vez más, ya que estaban a la vista de las personas presentes en ambas riberas del río. Entonces el sabio generó una densa niebla. Satiávati aceptó y concibió un niño en su vientre, e inmediatamente parió a su hijo en la isla. El niño tenía la piel oscura, por lo que lo llamó Krisná (el cual era un nombre común, y no referido al dios Krisná, que no era conocido, ya que nacería unos años más tarde). Como nació en una isla (en sánscrito duipa), lo llamó Duaipaiana (‘nacido en una isla’). También sería conocido como Satiávati Suta, Satiávata y Satiávateia (que significan ‘hijo de Satiávati‘). Apenas nació, el bebé se convirtió en adulto y abandonó la isla por sus propios medios, adoptando la vida de un asceta. Se convirtió en uno de los majarshis (grandes rishis o sabios).

Seguidamente fue padre de los príncipes Dritárastra(que nació ciego) y Pandú(‘palidísimo’), tenidos respectivamente con Ambika y Ambalika (las dos esposas del rey Vichitra Viria, hijo de Satiávati y medio hermano de Viasa),  y de un tercer hijo, el sabio Vidura, concebido esa misma noche con la esclava de las dos reinas. Viasa fue el abuelo de los líderes de las dos facciones beligerantes de la batalla de Kuruksetra(relatada en el Majábharata): los Pándavas (hijos de su hijo Pandú) y los Kurus(hijos de su hijo Dritárastra). A lo largo de la historia, realizó apariciones ocasionales, cumpliendo el papel de guía espiritual de sus jóvenes nietos. Durante la batalla, que duraría 18 días, Viasa le otorgó a Sañyaiá (un sabio en la corte del rey ciego Dritárastra) un poder místico que le permitía ver lo que ocurría en el campo de batalla (100 km al norte y 100 al sur de Delhi), de manera de poder contarle a su soberano, preocupado por los acontecimientos entre sus hijos y sus sobrinos Pándavas. Según el Majábharata, Viasa habría vivido al final de la tercera era (dwápara yuga, que había durado un total de 864.000 años) y comienzos de la cuarta era, la actual (kali yuga, que durará 432.000) en el norte de la India. La mayoría de los hindúes creen que esa época sucedió alrededor del 3102 a. C. En los Puranas, especialmente el Vishnú-purana y el Bhágavata-purana, es considerado un avatar secundario de Vishnú (el “avatar escritor”). En el Majábharata se le considera uno de los siete chiran-yivin (como Jánuman).

Según la mitología hindú, Viasa habría puesto por escrito el conocimiento védico completo, que hasta ese momento sólo se transmitía por vía oral, de maestro a discípulo,  en previsión de la llegada de la era de Kali (que según la cronología hindú, comenzó el 18 de febrero de 3102 a. C.). Se decía que en la era de Kali los seres humanos no tendrían memoria para recordar tanto texto. Entonces Viasa puso por escrito la extensísima literatura védica. Recibió el nombre de Viasa o Viasadeva (en sánscrito ‘divisoro editor) debido a que bifurcó (vi-asa) el Veda original, en varias partes y categorías: los cuatro Vedas (Rig, Sama, Átharva y Iáyur), las 108 Upánishads, los 18 Puranas y el Majábharata. De todos modos, debido a las diferencias de estilo y mentalidad, es bastante notorio que los textos son obra de distintos autores, en épocas muy variadas. En el Majábharata se cuenta la manera en que este poema fue compuesto: Viasa le pidió al hombre elefante Ganesha (hijo del dios Shivá) que escribiera el poema bajo su dictado. Ganesha impuso la condición de que si Viasa detenía la recitación, él no volvería a escribir. Entonces el sabio Viasa le impuso a Ganesha que antes de transcribir un verso tendría que entenderlo perfectamente. Esta historia explicaría la diferencia de estilo (complicado y recargado) del sánscrito en el que fue escrito el poema épico. Además del texto épico, también se le considera el autor de los 18 principales Puranas (si no de todos). Su hijo menor Śukadeva Goswāmīes el narrador del importante Bhágavata-purana. Algunos autores creen que sólo tuvo relación con la composición de uno de ellos, el Bhágavata-purana, el más largo de los Puranas. Trata acerca de la vida de Krisná, quien fue contemporáneo de Viasa. El sabio Viasa se sintió muy influenciado por la personalidad de Vasudev Krisná, quien era similar a él en varios aspectos. Ambos nacieron de familias de clase media, de bajo estatus social: Vasudeva Krisná entre los Iádavas, que cuidaban ganado (y más tarde subió a la categoría de chatría al matar al rey Kamsa) y Veda Viasa nació entre la comunidad de pescadores.

Ambos tenían piel oscura (por lo que ambos eran llamados Krisná (‘oscuro’). Ambos estaban muy bien versados en las creencias y costumbres védicas. Y aunque Krisná era un guerrero, un excelente auriga y un político, internamente era un sabio y un maestro. Su manera de pensar y hablar atrajo a Viasa y lo inspiró a escribir la historia de Krisná. La agregó como suplemento del Majábharata con el nombre de Jari-vamsa y luego la amplió (y contó muchos detalles más íntimos) como el Bhágavata-purana. Vyāsa aparece con el nombre Kanha Dipayana (la versión pāli del nombre Krisná Duaipaiana) en dos cuentos yataka (jataka): el Kanha-dipaiana-yataka y el Ghata-yataka. Mientras en el primero él aparece como el bodhisattva y no tiene ninguna relación con las leyendas de los textos hindúes, su rol en el Ghata-yataka tiene paralelos con un importante evento contado en el Majábharata. En el «Mausala-parva» (el ‘capítulo de la maza’, del Majábharata) se narra el fin de los vrisnis, descendientes de Viasa y de Krisná: “Un día, los héroes Vrisni [...] vieron a Vishwámitra, Kanwa y Nārada llegar a la ciudad de Dwaraka. Afligidos por la vara del castigo que tienen las divinidades, esos héroes causaron que Samba se disfrazara de mujer, se acercaron a los ascetas y dijeron: “Esta es la esposa de Vabhru, de inconmensurable energía, quien desea tener un hijo varón. Ustedes, rishis, ¿saben con certeza qué es lo que va a parir?”. Los ascetas a quienes se intentaba engañar, dijeron: “Este heredero de Vasudeva [Krisná], de nombre Samba, parirá una terrible maza de hierro para la destrucción de los vrisnis y los andhakas”.

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El Bhágavata-purana narra: “Los sabios fueron a la casa de Iadudeva (el dios de los Iadus) en Pindaraka. Visva-MitraAsita, Kanua, Durvasa, Bhrigu, Anguiras, Kashiapa, Vamádeva, Atri, Vasishta, Nárada y otros. Burlándose de ellos, se acercaron los jóvenes hijos de los Iadus, a los pies de los sabios preguntaron (no humildes pero como humildes), vestido con ropa de mujer, Samba (el hijo de Krisná con Yambavati): «Ella les pregunta, vipras, embarazada, con ojos negros pregunta avergonzada, ella misma digan ustedes que tienen la visión nunca confundida, ella está por dar a luz, quiere tener un varón, ¿qué realmente (niño o niña) nacerá?». Así ridiculizados, los munis les dijeron iracundos: “Ella dará a luz, estúpidos, un mazo que destruirá a toda la dinastía”. El texto budista Ghata-yataka presenta aún otra versión (donde Viasa resulta asesinado): “Los vrisnis, queriendo probar los poderes de clarividencia de Kanja Dipaiana, le jugaron una broma práctica. Ataron una almohada al vientre de un joven, lo vistieron de mujer y lo presentaron ante el asceta y le preguntaron cuándo nacería el bebé. El asceta respondió que al séptimo día la persona ante él pariría un mazo de acacia que destruiría la raza de Vasudeva [Krisná]. Los jóvenes cayeron sobre él y lo mataron, pero su profecía se volvió cierta”. El único libro no religioso donde Viasa tiene una interesante mención es el Artha-sastra de Chanakia Pandit: “Quienquiera que tiene carácter reverso, que no tiene sus órganos de los sentidos bajo control, pronto perecerá, aunque tenga toda la Tierra atada por sus cuatro esquinas. Por ejemplo, Bhoja —conocido también por el nombre de Dándakia— hizo un intento lacivo contra una dama brāhmana y pereció junto con su reino y sus descendientes; también le pasó a Karala, el Vaideja [...] Vatapi, influenciado por el entusiasmo, intentó atacar a Agastia, y también el clan de los vrisnis en su intento contra Duaipaiana [Viasa]”. Esta referencia podría coincidir con la budista, que se cree anterior, y ha llevado a varios autores ingleses a suponer que en las versiones más antiguas Viasa moría en este ataque, aunque el Artha-shastra sólo cuenta que Viasa fue atacado y sus atacantes resultaron destruidos. El Brahma-sutra se atribuye a un tal Badaraiana, lo que lo convierte en el creador de la doctrina principal del hinduismo, el vedanta. Como la isla creada por su padre estaba cubierta por árboles de badara (jojoba india), a Viasa se lo conocía como Badaraiana. Aunque tradicionalmente se considera que Viasa es el Badaraiana que escribió los sūtras, algunos historiadores piensan que fueron dos personalidades distintas, en siglos diferentes.

En el hinduismo, Kurma es la segunda encarnación de Vishnú de acuedo al Garuda puraṇá y, el decimoprimero según el Bhāgavata puraṇá. Como Matsia(primer Avatar de Vishnú), también pertenece al período temporal conocido como Satia yuga. Vishnú tomó en esta ocasión la forma de mitad tortuga mitad hombre. Normalmente le muestran teniendo cuatro brazos con cuatro armas. Tras la Gran Inundación, se sentó en el fondo del océano y sobre su espalda los demás dioses le colocaron una montaña para que sólo ellos pudieran recorrer el mar y encontrar los tesoros de los antiguos pueblos védicos. En el marco de la mitología hindú, Rishabhá fue una encarnación del dios Vishnú. Nació como hijo de Merudevi, la esposa del rey Nabhi. El rey había realizado muchas austeridades y penitencias para complacer al dios Vishnú para tener un hijo como Vishnú. Éste aceptó su pedido y nació como su hijo. Los jainas conocen a este mismo Rishabhá como su primer tirthankar. Los hindúes consideran sus prácticas como ateas y contradictorias con las enseñanzas de Rishabhá en el Bhāgavata Puraṇá. Mojiní o Mojini (en inglés, Mohini) es uno de los 25 avatares del dios hindú Vishnú (tal como aparece en los Puranás). El lila (pasatiempo o diversión) que se refiere a Mojini se denomina generalmente Samudra manthan o Sagara manthan (el ‘batido del océano [de leche]’), un lila en el que participan Indra (el principal de los semidioses), Laksmí (la consorte eterna de Vishnú), Kurma (el avatar tortuga), Dhanu Antari (avatar de Vishnú como primer médico), y numerosos otros dioses hindúes. Este texto detalla el conflicto entre los Daitia (demonios) y los Aditiás (dioses), y su búsqueda del amrita (néctar de la inmortalidad). En este lila llegó un momento en que los demonios robaron el néctar a los dioses. Para rescatarlo para los dioses, Vishnú adoptó la forma de una mujer ‘enloquecedora(moja) y se acerca a los demonios. Cuando los demonios vieron la encantadora belleza de Mojiní, perdieron toda compostura. Mientras los demonios estaban encantados con la belleza divina, Mojiní se apoderó del néctar y lo distribuyó entre los dioses.

Durante este lila, el asura Rajú(en inglés Rahu), que significa ‘atacante’ en sánscrito, sospechó el juego sucio y se unió a los dioses para recibir el néctar. Mojiní se dio cuenta de que él estaba por beber el néctar, extrajo de entre sus ropas el sudarshan chakra y lo decapitó. Sin embargo, Rajú logró tomar una gota del néctar de inmortalidad, por lo que no murió. Su cabeza y su cuerpo separados flotaron en el espacio como dos astros: Rajú (la cabeza) y Ketu (el cadáver, con forma de dragón). Bhasmāsura (o Bhasma) era un asura (‘no divino’, demonio) devoto del dios Shiva. El gigante estaba enamorado de la diosa Párvati (la esposa del dios Shiva), por lo que propició al dios para conseguir un poder mortífero. Realizó austeridades repitiendo continuamente el mantra shivá. Finalmente, el vanidoso dios se apareció ante él y le dio el privilegio de reducir a cenizas a todos aquellos sobre cuya cabeza pusiera su mano (justamente bhasma significa ‘ceniza’). Inmediatamente el gigante extendió su mano para hacer la experiencia de este prodigio sobre el propio dios. El imprudente Shiva hubiera sido infaliblemente la víctima de su indiscreta vanidad, si por virtud de la magia no hubiese encontrado el secreto de encerrarse en una concha. Pero ni aun este asilo le habría servido, si Vishnú no hubiese venido en su socorro. En efecto, el dios de cuatro brazos se presentó bajo la forma de Mojiní (‘enloquecedora’), una mujer muy hermosa. Éste, enamorado de sus gracias, dejó a Shiva dentro de la concha y tan sólo se ocupó de conquistar el objeto de sus amores. La halló muy dócil, de modo que ella, para acceder a sus solicitudes, tan sólo le exigió que se lavase en la vecina ribera la cabeza y los cabellos que tenía muy sucios. El gigante obedeció inmediatamente, voló a la ribera, pero apenas se tocó la cabeza cuando en virtud de su privilegio se redujo él mismo a cenizas.

En cambio según el Skanda puraṇá, Bhasmāsurale pidió a Mojiní que se casara con él. Ella le explicó que le gustaba mucho bailar, y que sólo se casaría con el hombre que bailara exactamente igual que ella. Bhasma accedió y comenzó a imitar exactamente su baile. La prueba duró varios días. Al final del baile, Mojiní oprimió con una mano uno de sus pechos y la otra encima de su propia cabeza. El perturbado Bhashma hizo el mismo gesto, pero no recordó la bendición de Shiva, y murió instantáneamente. Vishnú le contó al dios el destino del gigante, informándole de la estratagema que le había liberado del peligro. Shiva salió de la concha y, después de haber atestiguado su reconocimiento a Vishnú, le rogó encarecidamente que volviese a adoptar la figura de aquella hermosa mujer que había deslumbrado al gigante, a fin de que pudiese gozar de su agradable vista. Vishnú accedió, pero Shiva apenas la vio se enamoró ciegamente de ella. Sin embargo no podía acercarse a ella, corrió por todo el mundo en su persecución. Mientras corría comenzó a eyacular. En cada lugar donde se hundió el semen de Shiva se formó una veta de plata. Sin embargo su pasión no fue infructuosa, puesto que Mojiní quedó embarazada y dio a luz a un hermoso niño que se llamó Hari-Hara-Putra (Vishnú-Shiva-Hijo). Más tarde éste se identificó con Sasta o Aiyappa, un dios tribal célibe de Keralá, cuyo culto actualmente es enorme en toda la India. Él vive eternamente en la danza denominada mojiní attam, la contraparte femenina (sólo lo pueden bailar mujeres) del baile kathakali (el teatro bailado keralí, que sólo pueden bailar varones).  En el marco de la mitología hinduista Dhanuan Tari (o Dhanuantari, que es un avatar del dios Vishnú). Aparece en los Vedás y los Puranás como el médico de los dioses (devas), y el dios de la medicina aiurvédica. Dhanwan Tari aparece  representado como avatar de Vishnú con cuatro manos, que sostienen el disco Súdarshana, una flor de loto, una caracola y el pote de amrita (néctar de la inmortalidad). Dhanwan Tari surge del océano de leche con un libro anacrónico (ya que en esa época no existían aún los libros), una caracola, el pote de amrita (néctar de la inmortalidad) y un manojo de hierbas medicinales.

Es una práctica común de los hinduistas el adorar con oraciones al dios Dhanwan Tari, para que otorgue la bendición de una salud fuerte para uno mismo o para otros. El término sánscrito dhanuan tari significa ‘que se mueve en una curva’.  Dhanuan Tari debe de haber sido un curandero y cirujano hindú. Según las tradiciones hinduistas, es el autor del Áiur vedá. Perfeccionó el uso de varias hierbas medicinales. Se le atribuye el descubrimiento de las propiedades antisépticas de la cúrcuma y las propiedades conservantes de la sal, las cuales incorporó en sus curas. Realizaba cirugías en emergencias (por ejemplo, en heridos de guerra), sin ningún tipo de anestésico. Divo Dāsa, rey de Kashi, y fundador de una escuela hinduista de medicina, decía que era un avatar (reencarnación) del dios Dhanuan Tari. El autor de un diccionario médico lo firmó con el nombre del dios médico (posiblemente para darle autoridad a sus escritos). Quizá sea el mismo que se menciona como una de las nava ratna (‘nueve joyas’) de la corte del rey Vikrama Aditia (rey indio que instauró la era Vikrama, en el año 58 a. C.). El médico Sushruta —el primer indio que escribió un texto sobre cirugía— decía que el dios se le aparecía para enseñarle sus métodos quirúrgicos. Dhanuan Tari nació del batido del océano de leche; surgió con una copa de amrita (néctar de la inmortalidad) en sus manos. Es el supuesto autor del Āiur-vedá. Dhanuan Tari se representa como el dios Vishnú con cuatro manos, que sostiene hierbas medicinales en una mano y un pote que contiene amrita (néctar de la inmortalidad) en la otra. En el norte de la India no hay ningún templo permanente del dios Dhanuantari. Todavía no se conoce la razón, pero en el museo de la universidad Varanasi Sanskrit Vishva Vidialaia (morada del conocimiento mundial de sánscrito en Varanasi-Benarés, en el estado de Uttar Pradesh), se encuentra una estatua del dios Dhanuan Tari. Dhanuan Tari es un dios al que se le ofrecen oblaciones en la esquina noreste del fuego de sacrificio. Un nombre muy parecido, Dhanu Antara, es un nombre del dios Shivá. El término sánscrito dhanu antara representa el espacio o distancia (antara) de un arco (arma), llamado dhanu en sánscrito. La distancia de un arco equivale a cuatro jastas (‘manos’).  Según el escritor Nīla Kaṇṭha, dhanu antara es la ‘cuerda de un arco’ (siendo dhanu:arco’, y antara:interior’).

En el marco del hinduismo, Vāmaná (‘enano) es una encarnación (o avatar) del dios Vishnú.  De acuerdo con el Garudá-purana es el quinto avatar de Vishnú, y según el Bhágavata-purana es el decimoquinto. Trívikrama (tri:tres’, vikramá:paso’), los tres famosos pasos, con los que Vamaná atravesó el universo. Cuando el demonio Balí había, a fuerza de ascetismo, dominado la Tierra y amenazaba el poder de los dioses, Vishnú se encarnó como un bráhmana enano. Vāmaná fue ante el rey Balí, y pidió que se le concediera tanta tierra como pudiera abarcar en tres pasos. Cuando Balí le hizo la ofrenda (justamente balí significa ‘ofrenda’ en sánscrito), Vamaná adoptó una forma gigantesca. Con el primer paso abarcó el cielo, con el segundo la Tierra, y no teniendo más sitio donde apoyar su tercer paso, Balí inclinó la cabeza como apoyo, y fue hundido en el Patalao inframundo. A esta advocación se la llama Trivikrama, y entronca directamente con un mito védico según el cual Vishnú organizó el universo en tres pasos. En el marco del hinduismo, Parashúrama es el sexto avatar del dios Vishnú (de acuerdo con el Garuda-purana) o el decimosexto (según el Bhágavata-purana. Según las Escrituras védicas (como el Bhágavata-purana) vivió en la época llamada treta yuga (‘segunda era’, hace más de un millón de años), y era el hijo del sabio Yamád Agni y su esposa Renuka. En escritura devanagari su nombre es paraśu rāma bhārgava, que en idioma sánscrito, significa ‘Rāma con hacha, descendiente de Bhrigu’, siendo parashú:hacha’, rāma:el que da placer’ (un nombre de uno de los dioses más importantes de la India: el rey Rāma) y bhārgavá:descendiente de [el sabio] Bhrigu. En la lista de los diez avatares principales del dios Vishnú, presentada en el Dasha avatara stotra (‘diez encarnaciones, poema’) de Yaiadeva Goswami, Parashúram sería el sexto avatar, precedido por Vamaná (el avatar enano) y sucedido por Rāma (el avatar rey).

El sabio Yamád Agni y su piadosa esposa Renúkā vivían en su ashram cerca del río Ganges (según el Bhágavata-purana) o en la colina Yelama Gudda, a orillas del río Malaprabha. Renuka se vestía con follaje (lo cual podría sugerir la extrema antigüedad del mito). Era la diosa a cargo de la dirección de los elementos climáticos, pero sólo mientras su corazón permaneciera puro. En esa época el agua se podía extraer de los ríos y lagunas en forma sólida. Quizá este sea uno de los pocos mitos que sobreviven de la Era de hielo, que terminó hace unos 10 000 años; los mitos se generaron después desde el diluvio universal, que probablemente está relacionado con los grandes deshielos posteriores a la glaciación. O quizá simplemente esta historia sucedió en las nieves eternas de los Himalayas. Un día, al sacar trozos de agua congelada del río, Renuka vio revolotear sobre su cabeza varias figuras. Según las Escrituras sagradas hindúes vio a Chitra Ratha, el rey de los gandarvas(ángeles del cielo), vestido sólo con una guirnalda de flores, copulando en el agua con sus apsaras (huríes), de cuya hermosura se enamoró. Al entrar el deseo en su corazón, éste dejó de ser puro, por lo que el agua se licuó, y desde ese día ya nunca más se pudo extraer, salvo utilizando cántaros de arcilla. Por eso los parias, que le rinden un culto especial, bailan ante su imagen sosteniendo cántaros de agua sobre la cabeza, adornados con follaje. El santo Yamád Agni, al percatarse de que su esposa para sacar el agua ahora necesitaba vasijas, cayó en la cuenta de la falta cometida y ordenó a sus hijos que le cortaran la cabeza: «Jnata-enam putrakáj papam» (‘¡maten-a-esa, hijos: pecadora!’). Todos se negaron. Entonces le pidió a su hijo menor, Rāma, que les cortara la cabeza a sus desobedientes hermanos y a su mentalmente adúltera madre. Rāma tomó su hacha y los decapitó. Fue conocido entonces como Paraśu Rāma, ‘el Rāma del hacha’ (que es distinto del rey-dios Rama, que nacería muchos años después). Tras la decapitación, su hijo Paraśurāma (que era una encarnación del dios Vishnú, aunque ni él mismo lo sabía) dio tales muestras de dolor que el padre abandonó su ira y le ofreció una bendición a su obediente hijo. Paraśurāma pidió que resucitara a Renuka y a todos sus hermanos, y que hiciera que no recordaran que él los había matado.

El sabio, en virtud de sus poderes místicos, pidió entonces al dios Vishnú que descendiera y resucitara a Renuka. Vishnú le dijo al joven Parashúrama que uniera la cabeza al tronco. Pero el joven Rāma lo hizo con tal azoramiento que unió la cabeza de su madre al cuerpo de un paria (que Yamádagni también había mandado decapitar por sus infamias). Por este error Renuka quedó con todas sus virtudes de diosa, pero unidas a todos los vicios del hombre de bajo nacimiento. Por sus impurezas la arrojó Yamádagni de su lado. Ya abandonada, se entregó a toda clase de crueldades típicas de la mujer cuando no es custodiada por su padre, por su esposo o por su hijo. Entonces su hijo, para hacerla respetable, consiguió que los dioses le concedieran el don de curar la viruela. Tiempo después, el orgulloso rey Kartavīria Áryuna (de mil brazos) mató a Yamád Agni para robarle la vaca celestial Kama Dhenu (Surabhí). Aunque Yamád Agní fue resucitado, su esposa tuvo que sufrir la viudez durante cuatro días. Parashurāma se enojó tanto con los chatrías (la casta de los reyes), que realizó intensísimas austeridades para agradar al dios Shivá y así poder matarlos a todos. Finalmente, tras sobrevivir, recibió un hacha de Shiva, de quien aprendió los métodos de la guerra y otras habilidades. Durante años se dedicó a matar a todos los militares de la India, uno por uno. Según las Escrituras, mató 24 generaciones de chatrías.

Aparte de los avatares del hinduismo que se enumeran en los Puranas y los Vedas, otros hindúes han sido considerados avatares (por sí mismos o por otros). Algunos hindúes con una visión universalista, creen que las figuras centrales de varias religiones no hindúes fueron avatares (Los hinduistas más ortodoxos rechazan la idea de avatares fuera de su tradición). Algunas de esas figuras religiosas son: Zoroastro (siglo VII a. C.): creador del zoroastrismo; Majavirá (599-527 a. C.) creador del jainismo; Buda (563-483 a. C.) creador del budismo; Bahá’u’lláh (1817-1892) el profeta fundador de la religión bajai; sus seguidores creen que es el avatar Kalki; Mirza Ghulam Ahmad (1835-1908) fundador del movimiento ahmadiyya; decía ser el mesías prometido a los judíos, el Mahdi (profeta islámico) y el avatar de Krisná esperado por los hindúes; Jesucristo: fundador del Cristianismo; Ramakrisna (1836-1886) y Sarada Devi (1853-1920). Según Swami Vivekananda, su maestro Ramakrisná le dijo: «Aquel que fue Rama y fue Krisná, ahora es, en este cuerpo, Ramakrisná». Sarada Devi, quien fue casada con Ramakrisná en un tradicional matrimonio hindú, creía ser la encarnación de la diosa Kali; Shirdi Sai Baba (1838-1918) algunos de sus seguidores creían que desde su nacimiento era un ser iluminado, que poseía la salvación y que era avatar de Dattátreia y de Shivá; Meher Baba (1894-1969) dijo que era el avatar Kalki (el último avatar del kali-iugá, que vendría sobre un caballo blanco); Jiddu Krishnamurti (1896-1986): Annie Besant y sus seguidores ocultistas europeos creían que era una encarnación de Maitreia, hasta que Krishnamurti los abandonó, manifestando que no era ningún avatar; Sathya Sai Baba (1926-2011) declaraba ser un avatar de Shivá, Shaktí y Krisná. 

Según Swami Tapasyananda, discípulo de Ramakrishna:” Hoy, la doctrina avatar es excesivamente abusada por muchos hindúes y asistimos al extraño fenómeno de que cada discípulo de un gurú declara que su maestro es un avatar. Es por eso que el cristianismo delimitó la encarnación divina a un fenómeno único y por única vez. Esa hipótesis tiene puntos sólidos y también defectos, pero por lo menos supera el burdo abuso en que incurren muchos hindúes contra esta doctrina”. En cambio, el gurú bengalí Swami Sivanandadecía a sus discípulos que al gurú hay que verlo como a Dios, debido a que ha alcanzado la perfección espiritual y a que es el único vínculo entre las personas y Brahman. El gurú ha alcanzado la unión completa con Dios, inspira devoción en las demás personas y su sola presencia purifica el universo. Los avatares no encarnados serían dioses que cuidan y protegen a la humanidad sin encarnar nunca. Aunque el término parece mal concebido, ya que representa una contradicción, puesto que avatar significa justamente ‘dios encarnado’.

agosto 18, 2012 - Publicado por | Historia oculta, India, India

6 comentarios »

  1. Muy buen artículo, como la gran mayoría de los que escribes. Soy lector de Blavatsky, de los Uppanishad, del Bhagavad Gita…de Mario Roso de Luna (gran defensor de Blavatsky). Cuando describes que la Trimurti viene de Brahma supongo que sabes que Blavatsky llama en su Doctrina Secreta al Todo Absoluto Parabrahman (o Brahman/Brahma…diferenciándolo de Brahmâ (este nombre lleva el característico “gorrito” en su última “a”) que es el primer aspecto de la Trimurti Brahmâ/Vishnu/Shiva). Un tanto complicado pero interesante.

    Comentario por David | agosto 21, 2012 | Responder

    • Gracias por el comentario. Estoy de acuerdo en que estos temas son muy interesantes pero de interpretación complicada. Yo intento trasladar estos conceptos al lector de la mejor manera posible.

      Comentario por oldcivilizations | agosto 21, 2012 | Responder

      • No me cabe duda de ello, y es tremendamente difícil entender este tipo de filosofía y conceptos, (incluso es muy complicado entender e interpretar la Doctrina Secreta, y obras como los textos hindúes mencionados, o los Vedas, o el Tao, o el Kybalion…) y, por tanto, hay que hacer un esfuerzo titánico para hacerlos entender al lector “profano” en el tema. Por eso digo que muchos (la inmensa mayoría, por no decir todos) tus artículos son muy buenos, y muy bien documentados. Enhorabuena.

        Comentario por David | agosto 21, 2012

  2. “Muchos de tus artículos” quería decir.

    Comentario por David | agosto 21, 2012 | Responder

  3. Ante todo disculpas, por si mi comentario llega a ser un tanto disonante o en desacuerdo a lo que vos expones. Aclaro lei solo una parte del artiulo ( 1. no tengo ahora cabeza para eso 2. es bastante extenso).
    Vos mismo lo decis al responder al comentario Existente, es bastante dificil exponer algo- que unos entenderan de una manera y otros de diferente, Esta filosofia o literatura se aconseja aprender a traves de un Maestro, es obvio que vos lo tenes (?)
    Pro pienso que hay bastante contradiccion.

    Comentario por Govinda Vilasa D | octubre 26, 2012 | Responder

    • Gracias por tu comentario. Mientras se haga con educación y respeto, como es tu caso, cualquier opinión, aunque esté en desacuerdo con lo que digo, es bienvenida. En temas en que nos adentramos en un entorno de difícil o imposible demostración, cada uno es libre de creerlo o no. Yo lo único que intento poner en relevancia es el hecho de que en la mitología hay numerosas referencias a los avatares. A partir de esta información lo que hago es especular acerca de la posibilidad de la existencia del concepto de avatar. En realidad, muchos de los temas que trato en este blog ofrecen el mismo problema de dificultad en demostrarlos.

      Comentario por oldcivilizations | octubre 26, 2012 | Responder


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