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La misteriosa China milenaria 1/3


Este artículo forma parte de un grupo de 3 artículos en que intento aportar información sobre  la prehistoria, historia, medicina, cosmología y religión, entre otros temas, en relación a la gran y enigmática cultura china. Sabemos que actualmente China es el país más grande de Asia Oriental así como el más poblado del mundo con más de 1.300 millones de habitantes, aproximadamente la quinta parte de la población mundial. China es una república socialista gobernada por el Partido Comunista de China, organizado en veintidós provincias, cinco regiones autónomas (Xinjiang, Mongolia Interior, Tíbet, Ningxia, y Guangxi), cuatro municipalidades (Pekín, Tianjin, Shanghái, y Chongqing) y dos Regiones Especiales (Hong Kong y Macao), ex colonias inglesas y portuguesas,  con un alto nivel de autogobierno. Su capital es Pekín y la ciudad más poblada del país es Shanghái. Con una superficie total de aproximadamente 9,6 millones de kilómetros cuadrados, la República Popular China es el cuarto país más grande del mundo en cuanto a extensión territorial, tras Rusia, Canadá y los Estados Unidos.

 

Dentro de su territorio acoge distintos tipos de paisajes y ecosistemas, desde las praderas y estepas de Mongolia y Manchuria,  los enigmáticos desiertos de Gobi y Taklamakán, situados en el seco norte a lo largo de la frontera con Mongolia y de la Siberia rusa, hasta los bosques subtropicales ubicados en el húmedo sur del país, limitando con  Laos, Vietnam y Birmania. En el oeste están las altas cordilleras montañosas del Himalaya y Tian Shan, que son una frontera natural  con India y Asia Central. El este del país está bordeado por una baja línea costera de 14.500 kilómetros de longitud bañada por el Mar de la China Meridional y por el Mar de China Oriental, que también baña las costas de la Isla de Taiwán, la Península de Corea y Japón. Pero, ¿realmente sabemos algo del pasado de este gran país?

La religión China es politeísta y sincrética, y, a pesar de que dominan el Taoísmo y el Budismo, la sociedad de este gran país nunca ha rechazado otras religiones. A pesar de que aparentemente cada religión defiende una doctrina diferente, algunas de ellas no pueden diferenciarse estrictamente. La sociedad y la religión chinas han sido capaces de cohesionar creencias que en principio pudieran ser opuestas, lo cual revela su carácter sincrético.  No se tiene ningún mito de creación y ordenación del mundo, pero sí podemos ver algún mito referente a dioses y seres creadores, tales como P’an-Ku (también conocido como Pan-gu) o Niu-kua. Además, en la tradición china encontramos abundantes relatos y leyendas de reyes, emperadores o héroes mitológicos, por ejemplo la historia de Yu «el Grande» o la leyenda de Huang-ti,  en que aparecen referencias al proceso de creación y organización del mundo tal y como lo conocemos. Existen distintas versiones de un mismo mito, pero todas ellas coinciden básicamente en la presentación de una misma idea: un caos preexistente o un Universo original sin definir (al que se llama “el huevo cósmico”), donde reside un ser superior (P’an-Ku), de cuya acción y sacrificio procede nuestro Universo. Se dice que ordenó el mundo y al romperse el huevo, P’an-Ku murió. La primera mención de esta legenda, la encontramos en el libro de Xu Zheng en el Periodo de los Tres Reinos (220-265 d. C.).   En la cultura china este mito está muy arraigado: «Desde que P’an-Ku creó el cielo y la tierra».     

 

En una de las variantes del mito se nos relata: “al principio, los cielos y la tierra eran solamente uno y todo era caos. El Universo era como un enorme huevo negro, que llevaba en su interior a P’an-Ku. Tras 18.000 años P’an-Ku se despertó de un largo sueño. Se sintió sofocado, por lo cual empuñó un hacha enorme y la empleó para abrir el huevo. La luz, la parte clara, ascendió y formó los cielos, la materia fría y turbia permaneció debajo para formar la tierra. P’an-Ku se quedó en el medio, con su cabeza tocando el cielo y sus pies sobre la tierra. La tierra y el cielo empezaron a crecer a razón de diez pies al día, y P’an-Ku creció con ellos. Después de otros 18.000 años el cielo era más grande y la tierra más gruesa; P’an-Ku permaneció entre ellos como un pilar gigantesco, impidiendo que volviesen a estar unidos”.

 

El relato sigue contando cómo “Pan-Ku falleció y distintas partes de su organismo se transformaron en elementos de nuestro mundo. Su aliento se transformó en el viento y las nubes, su voz se convirtió en el trueno. De su cuerpo, un ojo se transformó en el sol y el otro en la luna. Su cuerpo y sus miembros, se convirtieron en cinco grandes montañas y de su sangre se formó el agua. Sus venas se convirtieron en caminos de larga extensión y sus músculos en fértiles campos. Las interminables estrellas del cielo aparecieron de su pelo y su barba, y las flores y árboles se formaron a partir de su piel y del fino vello de su cuerpo. Su médula se transformó en jade y en perlas. Su sudor fluyó como la generosa lluvia y el dulce rocío que alimenta a todas las cosas vivas de la tierra”.

En otras versiones del mito de P’an-Ku, “sus lágrimas fluyeron para convertirse en ríos y el resplandor de sus ojos se transformó en el trueno y el relámpago”. Según esta interpretación, “cuando P’an-Ku estaba contento brillaba el sol, pero cuando estaba enfadado negras nubes cubrían el cielo”.  También la aparición del ser humano, se explica en este mito de P’an-Ku, ya que según algunos relatos, “las pulgas y los piojos que P’an-Ku tenía en su cuerpo, se convirtieron en los antecesores de la humanidad”. ¡Realmente no es un origen muy glamoroso!    En otras interpretaciones P’an-Ku es descrito como “un gigante chino que nació como un enanito dentro del primitivo huevo cósmico. La parte superior del huevo formó los cielos (Yang) y la parte inferior formó la Tierra. P’an Ku creció diez pies por día y empujó la cáscara del huevo un poco más y un poco más. Entonces, transcurridos 13.000 años (en vez de los 18.000 de las versiones anteriores) P’an-Ku estalló. Sus ojos se convirtieron en el sol y la luna; su cabeza se transformó en las cuatro montañas sagradas; su sangre dio lugar a los mares y los ríos; de su pelo se formaron los campos y los árboles; su aliento se transformó en el viento, su sudor en la lluvia y su voz en el trueno. Las pulgas que vivían en su cuerpo eran los antecesores de los seres humanos”.

 

Encontramos una variante de este mito que nos relata que “P’an-Ku se formó a partir de los cinco elementos, y que él creó la tierra y el cielo con el cincel y el martillo. La tradición taoísta suele representar a P’an-Ku como un ser primitivo velludo que lleva un gran martillo con el cual rompe la roca primigenia”. Algunos estudiosos consideran que su origen está en el sur de China o en el sureste asiático y hay zonas del sur de China donde todavía se celebra el culto a P’an-Ku, levantándose multitud de templos y pabellones en su honor. Entre esos pueblos, donde la leyenda de P’an-Ku está muy extendida, P’an-Ku es representado como un ser con cuerpo de hombre y cabeza de perro y se le conoce con el nombre de rey Pan. Curiosamente en la mitología griega, Pan era el semidiós de los pastores y rebaños. Era especialmente venerado en Arcadia, a pesar de no contar con grandes santuarios en su honor en dicha región. En la mitología romana se identifica a este dios con Fauno. Pan era, también, el dios de la fertilidad y de la sexualidad masculina desenfrenada. Dotado de una gran potencia y apetito sexual, se dedicaba a perseguir por los bosques, en busca de sus favores, a ninfas y muchachos. En muchos aspectos, el dios Pan tiene cierta similitud con Dioniso. Era el dios de las brisas del amanecer y del atardecer. Vivía en compañía de las ninfas en una gruta del Parnaso llamada Coriciana. Se le atribuían dones proféticos y formaba parte del cortejo de Dioniso, puesto que se suponía que seguía a éste en sus costumbres. Era cazador, curandero y músico. Habitaba en los bosques y en las selvas, correteando tras las ovejas y espantando a los hombres que penetraban en sus terrenos.

En una de esas leyendas, se cuenta que P’an-Ku se casó con una princesa como recompensa por traer la cabeza del rey Fang al rey Gao Xin, quien había prometido la mano de su hija a quien le trajese la cabeza de su enemigo. Y fue P’an-Ku quien realizó tal empresa. Pero la princesa no quería ser vista con aquel ser, con cuerpo de hombre y cabeza de perro, y se mudaron a las lejanas montañas del sur de China. Allí pudieron vivir felices y tuvieron tres niños y una niña. Como se señala anteriormente, los relatos coinciden en múltiples detalles, pero también contienen datos diferentes, sin embrago en todos ellos apreciamos que es P’an-Ku el creador del Universo y que nuestro mundo existe gracias a su sacrificio. El huevo cósmico donde se formó P’an-Ku es un claro ejemplo de la idea de caos primitivo (el «enorme huevo negro», mencionado en la primera versión expuesta de este mito). En el mito de creación de P’an-Ku también encontramos la idea de la creación de la tierra y el cielo a partir de la separación de la materia original y primitiva. Por otro lado, esta leyenda china recuerda al mito nórdico del gigante Ymir, ya que en ambos casos, la tierra, el cielo y otros elementos de la naturaleza, tales como la lluvia y los árboles, surgen como restos corporales de esos seres primitivos.

 

Para que puedan verse las evidentes similitudes entre distintas mitologías mostramos que,  en la mitología nórdica, Ymir, también llamado Aurgelmir entre los gigantes, fue el fundador de la raza de los gigantes de la escarcha. Las principales fuentes disponibles son el poema édico Völuspá y los poemas de preguntas y respuestas Grímnismál y Vafþrúðnismál. De acuerdo a estos poemas Ginnungagap existió antes que el cielo o la tierra. La región norte de Ginnungagap se llenó de hielo y esta dura tierra se conocía como Niflheim. Opuesto al Niflheim estaba la región más meridional conocida como Muspelheim, con brillantes chispas y ardientes brasas. Ymir fue concebido en el Ginnungagap cuando el hielo del Niflheim se encontró con el calor del Muspelheim y se derritió. Con gotas de eitr se formó el gigante de la escarcha entre los dos mundos, y las chispas de Muspelheim le dieron vida

Mientras Ymir dormía, comenzó a sudar y así concibió la raza de los gigantes. Bajo su axila izquierda crecieron un hombre y una mujer, y sus piernas crearon a su hijo de seis cabezas, Þrúðgelmir. Ymir se alimentó de los cuatro ríos de leche de la vaca primigenia Auðumbla la cual se alimentaba lamiendo bloques de hielo salados. De lamer el hielo surgió el cuerpo de un hombre llamado Buri. Este fue el padre de Bor, y este y su mujer Bestla tuvieron tres hijos, Odín, Vili y Vé.  Los hijos de Bor mataron a Ymir, y cuando cayó, la sangre derramada por sus heridas ahogó la raza de los gigantes de la escarcha. Solo dos gigantes sobrevivieron a la inundación provocada por la sangre de Ymir, estos fueron el nieto de Ymir, Bergelmir (hijo de Þrúðgelmir) y su esposa. Ambos fundaron una nueva raza de gigantes de la escarcha.

Odín y sus hermanos usaron el cuerpo de Ymir para crear Midgard en el centro de Ginnungagap. Con su carne se hizo la tierra. Con su sangre se formaron los mares y los lagos. Con sus huesos se erigieron las montañas. Con sus dientes y fragmentos de huesos se hicieron las piedras. De su pelo crecieron árboles y los gusanos de su carne formaron la raza de los enanos. Los dioses pusieron su cráneo sobre el Ginnungagap y crearon el cielo sostenido por cuatro enanos llamados Norðri, Suðri, Austri y Vestri. A estos enanos les fueron dados los nombres de Este, Oeste, Norte y Sur. Odín luego creó los vientos colocando a uno de los hijos de Bergelmir bajo la forma de un águila, al final de la tierra. Luego arrojó el cerebro de Ymir al viento y este se convirtió en las nubes. Luego los hijos de Bor tomaron chispas del Muspelheim y las dispersaron a través del Ginnungagap, creando así las estrellas y la luz.

Con trozos de madera devueltos por el mar, los hijos de Bor hicieron a los hombres. Crearon un hombre llamado Ask y una mujer llamada Embla. Con las cejas de Ymir, crearon una fortaleza para proteger la raza de los hombres de los gigantes. Otros dos nombres asociados con Ymir son Brimir y Bláin de acuerdo a la Völuspá, donde los dioses discuten la creación de la raza de los enanos de la “sangre de Brimir y los miembros de Bláin“. Luego Brimir es mencionado por tener una cervecería en Ókólnir. En Gylfaginning “Brimir” es el nombre de la cervecería, destinada a sobrevivir la destrucción del Ragnarök y proveer de “abundante buena bebida” a las almas de los virtuosos.

 

En algunos relatos cosmogónicos griegos, Caos existe antes que el resto de los dioses y fuerzas elementales, ya que es el estado primigenio del cosmos infinito. En griego antiguo significa ‘espacio que se abre’, o ‘hendidura‘. En el siglo V a. C.  se la identificó con el aire y con Ovidio adquirió el sentido de “confusión elemental“. Según la Teogonía de Hesíodo, Caos fue lo primero que existió, y luego enumera otras figuras cosmogónicas elementales como Gea (la Tierra), Tártaro y Eros. Pero Caos no engendró estas deidades elementales, sino que es cabeza de una genealogía de dioses asociados a lo incorpóreo, tales como Nix (la Noche) y Érebo, que son sus hijos, mientras que Éter y Hemera (el Día) son sus nietos. Una importante tradición filológica considera que Caos es la hendidura situada entre el cielo y la tierra. Hesíodo relata en la Titanomaquia que Zeus, al lanzar el rayo a los Titanes, hace estremecer a Caos.  Y compara este hecho con el acercamiento entre Urano (el Cielo) y Gea (la Tierra). Este pasaje, sumado al valor semántico de la palabra Chaos, hace admisible la interpretación de Francis Macdonald Cornford, según la cual debe traducirse como “surgió el resquicio entre la tierra y el cielo“.

Geoffrey Stephen Kirk y John Earle Raven  piensan que lo que Hesíodo quiso significar es que al principio había un todo informe, que el cielo y la tierra formaban una masa indiferenciada y en el principio relatado se separaron: primero es la separación, que luego se representa figurativamente en el nacimiento de Urano a partir de Gea y se mitifica  en el relato de la castración de Urano por parte de Crono. Olof Gigon indica que Hesíodo parte de la imagen del cosmos como cavidad formada por la bóveda el cielo y la tierra como suelo, y luego suprime mentalmente a ambos para llegar a un concepto como Caos. Es algo completamente indeterminado, esto viene indicado por el hecho de que la palabra para designarlo es gramaticalmente neutra. Esto lo acerca al concepto de ápeiron, “lo indeterminado“, de Anaximandro. Para Gigon, bajo la faz de una divinidad cosmogónica semejante se esconde el concepto filosófico de un principio anterior a todo.

 

En la mitología china, Niu-kua (o Nv-Kua) es una de las divinidades femeninas chinas más antiguas. Niu-kua es definida en el más antiguo diccionario chino por el filólogo Xu Shen como «la encargada de la reproducción de todos los seres vivos», por lo cual, muy posiblemente su origen está asociado con la fertilidad. Creemos que es la diosa Ninhursag de la mitología Sumeria.  Ninhursag es el nombre más conocido de Ki, y era la la diosa madre que generalmente aparecía como la hermana de Enlil, pero en algunas tradiciones ella era su consorte. Posiblemente nació de la unión de An y de Nammu, o también a veces figura como hija de Kishar. En los primeros días ella fue separada del cielo (An), y sacada fuera por Enlil. Con el nombre de Antu, aparece como progenitora de la mayoría de los dioses, de los Anunnaki, los Igigi y los Utukku con la asistencia de Enki produce la vida animal y vegetal. Ninhursag significa también ‘Señora de las Colinas Sagradas’.

Ella tiene muchos otros nombres, Ki = Tierra, Nintu = “Señora del Nacimiento, Ninmah = “Señora Agosto”, Dingirmah, Aruru, Uriash, Belit-ili, y como la esposa de Enki era generalmente llamada Damgalnuna o Damkina . Fue principalmente una diosa de la fertilidad, en algunos himnos se la identifica como “verdadera y gran señora de los cielos” y que los reyes de Sumer “fueron nutridos por la leche de Ninhursag. La leyenda cuenta que ella creó las colinas y las montañas, y que su nombre lo cambió su hijo Ninurta, de Ninmah a Ninursag para conmemorar ese hecho. Como Nintu es sentada, por Enki, en el sector importante de la mesa el día del banquete por la celebración de su nueva morada. Como Ninmah, asistió a Enki en la creación de la raza humana. Ella junto a Nammu, modelaron al hombre con arcilla. Vemos claramente las similitudes con Niu-kua.

Hay varios relatos que nos hablan de esta diosa y según cuenta una leyenda ella es quien creó al ser humano.  Según relata una de estas legendas:  “la tierra era muy bonita, en ella crecían las flores, los árboles y estaba llena de animales, pájaros, peces y muchas otras criaturas. Pero, a pesar de ello Niu-kua se sentía sola. Ella descendió y cogió un pedazo de tierra, la mezcló con agua y la moldeó hasta formar una figura a su semejanza. A medida que la iba amasando, la figura cobraba vida, hasta que se convirtió en el primer ser humano. Niu-kua estaba tan complacida con su creación que continuó elaborando más figuras, tanto de hombres, como de mujeres. Ellos danzaron alrededor de Niu-kua llenos de gozo y agradecimiento y dejó de sentir soledad”. Sin embargo, no es este el aspecto que más nos interesa de la diosa Niu-kua.

 

En algunas interpretaciones de la leyenda, Niu-kua aparece al mismo tiempo como la hermana y la esposa de Fu-hi (probablemente el dios sumerio Enki), el legendario gobernante que enseñó al ser humano a domesticar a los animales y el que le mostró el matrimonio. Niu-kua y Fu-hi fueron pintados como con colas de serpiente entrelazadas y con un niño entre ellos, en un mural de la Dinastía Han del Este (25-220 d. C.) en el templo de Wu-liang en el pueblo de Jiaxiang (provincia de Shadong).    Otro relato nos cuenta cómo Niu-kua arregló el cielo. Según esta leyenda, dos deidades estaban en guerra: Gong-Gong, dios del agua, y Zhu-Rong, el dios del fuego. Estos dioses, ferozmente enfrentados, lucharon por todas partes del cielo y de la tierra, causando en todo lugar desorden y destrozos. El dios del fuego ganó, y, encolerizado, el dios del agua, golpeó la cabeza de Zhu-Rong contra la montaña Buzhou (una cumbre mítica). La montaña se derrumbó y así el gran pilar que sostenía al cielo y lo sujetaba, cayó.

Como consecuencia de aquello, la mitad del cielo se desplomó, dejando un enorme agujero negro (¡!!). De repente, llegó un gran caos, la tierra se agrietó, los bosques ardieron en llamas, las serpientes y otras criaturas feroces atacaban a los humanos. Muchas personas ardieron, otros se ahogaron, y muchos más fueron devorados por las bestias. Fue un desastre sin precedentes (creo que vale la pena ver el artículo “El Sol, ¿por qué ha sido venerado y temido por distintas culturas?”). La diosa Niu-Kua, afectada por lo que le estaba sucediendo a la humanidad y por su sufrimiento y dolor, decidió arreglar el desastre y enmendar el cielo, terminando así con aquella catástrofe. Para ello, mezcló varios tipos de piedras de colores y con la mezcla resultante reparó el cielo. Entonces, mató a una tortuga gigante y utilizó sus cuatro enormes patas para sostener el trozo de cielo caído. Además, cogió un dragón y lo mató, con la finalidad de espantar al resto de las malas bestias. Finalmente, recogió y quemó una gran cantidad de juncos; con sus cenizas paró la inundación desbordada para que la gente pudiera vivir de nuevo feliz.

En otras versiones se hace referencia a Niu-kua como hermana de Fu-hi y se les describe como seres superiores con forma de dragón, generalmente unidos por sus colas. Según explica una de esas legendas, se produjo un diluvio y éste provocó un gran desastre (es necesario señalar que la idea del diluvio también está presente en otras culturas, recordemos el «Poema de Gilgamesh» o el «Antiguo Testamento»). Niu-kua reparó el cielo con piedras de cinco colores y cortó las patas de una gran tortuga para levantar cuatro columnas en los cuatro polos. Después mató al dragón negro (Kong-kong) para salvar al mundo y acumuló gran cantidad de cenizas para detener las aguas.    El único elemento dejado de aquel desastre, según cuenta la legenda, fue que el cielo quedó inclinado hacia el noroeste y la tierra hacia el sureste, y esto explica que, desde entonces, el sol, la luna y todas las estrellas vayan hacia el oeste y los ríos fluyan hacia el sureste. En este caso, el mito de la diosa Niu-kua, se utiliza para explicar un fenómeno natural, igual que el mito egipcio del dios escarabajo Khepri explica el surgimiento del sol cada mañana, su avance por el cielo durante el día y su puesta al anochecer. Recordemos que el hombre en la antigüedad no podía conocer bien algunos fenómenos de la naturaleza y recurría a los mitos para poder explicarlos.

Los chinos frecuentemente se describen a sí mismos como los descendientes de Huang-ti (también conocido como Huang Di), el «Emperador Amarillo», un personaje mítico al que se le atribuye la fundación de la nación china hacia el 4000 a. C. Historias extravagantes han surgido en torno a su persona y una colección de legendas escrita en el Periodo de los Estados Combatientes (475-221 a. C.) nos da cuenta de ello. Huang-ti vivió en un maravilloso palacio en las Montañas Kunlun en el oeste, con un celeste guardián en la puerta que tenía la cara de un hombre, el cuerpo de un tigre y nueve colas. Las Montañas Kunlun estaban llenas de pájaros y animales raros y exóticas flores y plantas, y Huang-ti tenía una mascota, un pájaro que le ayudaba a cuidar su ropa y efectos personales.  A Huang-ti se le atribuye la invención de la carreta, el bote y el carro que apuntaba al sur, un carro que tenía un mecanismo guía que hacía que siempre indicase al sur sin importar hacia donde fuese el carro.

En otras fuentes también se le atribuye la creación de la humanidad o invención de la escritura o el compás. A Huang-ti también se le atribuye el descubrimiento de las leyes de la astronomía y el diseño del primer calendario utilizado por los chinos. Aparentemente, el estímulo de las iniciativas de personas con talento fue una cosa muy apreciada en aquella época y las menciones sobre Huang-ti  indican que éste era uno de los aspectos relevantes de este emperador. El «Emperador Amarillo» se ha convertido en el símbolo de la cultura china. También la mujer de Huang-ti, Lei Zu, realizó su propia contribución a la humanidad, ya que enseñó a la gente la recogida del gusano de seda y la instalación de talleres para la fabricación de telas de seda. Una teoría reciente señala que Huang-ti pudo ser el líder real de una confederación tribal de la cultura neolítica de Yangshao.
 

La cultura de Yangshao fue una cultura neolítica que se extendía a lo largo del curso central del río Amarillo en China. Esta cultura está datada  entre el 5000 a. C. y el 3000 a. C. El nombre proviene del primer yacimiento arqueológico representativo, que se descubrió en 1921 en Yangshao, un pueblo de la provincia de Henan. La cultura floreció principalmente en las provincias de Henan, Shaanxi y Shanxi. Las gentes de Yangshao cultivaban mijo de manera extensiva y en algunos poblados se cultivaba trigo y arroz. Domesticaron animales como el perro y el cerdo, además de ovejas, cabras y vacas, aunque la mayoría del consumo cárnico provenía de la caza y la pesca. También practicaban un tipo primitivo de sericultura. Sus utensilios de piedra estaban pulimentados y muestran una gran especialización. Esta cultura es conocida por su cerámica pintada. Los artesanos elaboraban una cerámica pintada en blanco, rojo y negro, con dibujos de animales o rostros humanos, o diseños geométricos.

 

A diferencia de la posterior cultura de Longshan, la cultura de Yangshao no conocía el torno de alfarero. Los cementerios se encontraban siempre en el exterior de una amplia zanja, aunque hay dudas si era meramente defensiva o simbólica, que separaba ambos mundos, el de los muertos y los seres vivos. Las excavaciones han mostrado que los niños eran enterrados en jarrones de cerámica pintada. El yacimiento arqueológico de la localidad de Banpo, cerca de Xian, es uno de los yacimientos mejor conocidos de esta cultura. Se encontraron casas muy grandes, rodeadas por otras más pequeñas, lo que puede indicar el uso comunal o bien la diferenciación de estatus entre los pobladores. En las viviendas, se puede reconocer hogares para cocinar y/o calentarse, y unas plataformas que pueden ser para dormir.

Uno de los relatos más conocidos sobre Huang-ti, nos narra cómo este personaje encargó a Tch’ong-li romper la comunicación entre la tierra y el cielo, a fin de que cesaran los descensos de los dioses (suena a la Torre de Babel y el dios sumerio Marduk). Según esta leyenda, en una época primordial, anterior al mundo tal y como lo conocemos, el cielo y la tierra estaban muy próximos entre sí. Así, los dioses podían descender a la tierra y los seres humanos llegar al cielo, escalando una montaña, o bien subiendo a un árbol o utilizando una liana larguísima. Los dioses descendían a la tierra para oprimir a los hombres; los espíritus también podían bajar a la tierra, con lo cual las posesiones eran frecuentes. En esta leyenda, Huang-ti es en parte responsable en esa separación entre el cielo y la tierra, con lo cual se convierte en héroe, ya que libera al hombre de esas opresiones y desórdenes. Además, al ordenar a Tch’ong-li la separación del cielo y la tierra, participa en la organización del mundo tal y como lo conocemos en la actualidad.

 

Pero, esta idea de un mundo anterior primitivo es descrita como un paraíso deseable, que a lo largo de los tiempos se ha querido restaurar. Ese paraíso desaparece como consecuencia de algún desastre, que se desconoce y que provocó que el cielo se separase brutalmente de la tierra. Pudiera ser que a causa de ese desastre, se cortasen las cuerdas, o los árboles fuesen destrozados,  bien desapareciese la montaña que permitía el contacto del cielo y la tierra, o tal vez se destruyeran algunas estaciones espaciales. Sin embargo, algunas personas privilegiadas, tales como los chamanes o los  reyes, pudieron mantener el contacto con el cielo, mediante técnicas de meditación, entre otras.  En otras versiones, Huang-ti se formó a partir de la fusión de las energías que marcaron el inicio del mundo.  La idea fundamental es que este mito forma parte de la cosmogonía china, porque nos explica la separación entre el cielo y la tierra, siendo una fase más en el proceso de formación y ordenación de nuestro mundo.

Dentro de la mitología china, la labor de expulsar de la tierra a los representantes del mal (como serpientes y otros seres mitológicos), también se considera parte de su cosmogonía. Así, podemos seguir la huella de la creación y ordenación del mundo a partir de algunas de las historias conocidas sobre el Emperador Yu «el Grande».  Según cuenta la leyenda, el mundo, en tiempos del Emperador Yu, todavía no tenía su aspecto actual. Según nos relata Mencio, discípulo de Confucio que vivió entre el 371 y el 289 a. C., Yu «cavó la tierra e hizo fluir (las aguas) hacia los mares, expulsó las serpientes y los dragones y los confinó en las marismas». Yu es el encargado de expulsar a las fuerzas del mal y es el héroe que organiza la sociedad, tal y como la conocemos. Benito Jerónimo Feijoo, en su obra Teatro Crítico Universal, dedica al Emperador Yu un breve apunte que es el que dice: “El Emperador Yu, que sucedió a Chum, arribó al Trono, saliendo del mismo término, y siguiendo el mismo camino. Hallábanse en aquel tiempo muchos territorios bajos inundados de agua, por lo que aquella Región perdía mucho   terreno. Yu halló el secreto de abrir diversos canales para derribar aquellas aguas al Mar, y después para fertilizar con ellas otras tierras. Sobre esto escribió varios Libros de instrucciones útiles de Agricultura. Estos méritos, juntos a otras buenas partidas, movieron a Chum, para elegirle por sucesor. Basta ya de honra de la Agricultura: vamos al provecho”.

 

Volvemos aquí a encontrarnos con un problema típico de los mitos. Hay una parte de la leyenda con base histórica y otra parte ficticia. Al Emperador Yu se le atribuye una actividad que puede partir de algún hecho real, pero también están involucrados personajes y situaciones fantásticas. Según la tradición, “Yu estuvo trece años controlando las aguas y en su obra empleó al dragón alado, animal sagrado en la mitología china, para el dragado. Con el fin de abrir un camino en una montaña escabrosa, Yu se transformó en un oso y logró culminar el gran trabajo que un hombre común no hubiese podido realizar. Por su destacada labor, Yu obtuvo el respeto de los habitantes, que lo bautizaron como «Yu, el Grande» y lo veneraron como dios de la comunidad. Su historia rompió los límites de su tribu y fue conocido en otros lugares”. En otras fuentes, Yu aparece como una divinidad hermafrodita que hizo de la Tierra un lugar habitable para el ser humano. Según esta versión, esta deidad creó los caminos a través de las montañas, abriendo pasos con su fuerza tras adoptar la forma de un oso. En otra ocasión, Yu, bajo la forma de una serpiente, desvió las aguas del Río Amarillo hacia el abismo. Vemos que  los mitos o leyendas de la antigüedad china reflejan en cierto grado la lucha del hombre en la naturaleza y, ocasionalmente, se les atribuye a los personajes una fuerza sobrenatural.

El mito de Yi es otro ejemplo de un ser humano que, por sus hazañas, acaba convirtiéndose en un héroe en la cultura china.  Según la tradición china, Yi era un hombre muy conocido en su tiempo por su destreza en el manejo del arco. En época de Yi aparecieron en el cielo diez soles (¿??) cuyos rayos fueron letales para muchas plantas y a consecuencia de ello, se perdieron muchos campos. Además, temibles bestias pisoteaban ferozmente lo que encontraban a su paso. Estos monstruos causaban infinitos destrozos y daños al pueblo. Para solucionar aquel desastre, Yi cogió su arco y disparó nueve flechas con las que derribó nueve soles. Después se enfrentó a todos los monstruos y los derrotó. Por estas valientes obras, Yi fue venerado como un dios. Otras versiones de este mito cuentan que existieron diez soles y cada uno de ellos se turnaban para aparecer en el cielo: uno en cada uno de los diez días de la semana. Al cabo de los años, los diez soles decidieron aparecer en el firmamento al mismo tiempo. Ello provocó un calor insoportable, tanto que la vida en la Tierra sería imposible. Di Jun, el padre de los diez soles, envió a un arquero con un arco y flechas mágicas para asustar a los soles y que volviesen a la normalidad. A pesar de la voluntad de Di Jun, Yi disparó nueve flechas, dejando en el cielo solamente a un sol, que es el que nosotros vemos actualmente. Al ver como sus hijos habían muerto, Di Jun se enfadó tanto con Yi que lo expulsó de los cielos y Yi desde entonces vivió en la tierra como un mortal más.

Y lo primero que observamos es la clara interrelación entre la cultura china y el culto al dragón, como representación de la influencia divina.  El más viejo de los libros chinos, el misterioso “Yih King” afirma que el primer humano fue formado por la antigua diosa Nu Kua, que, tal como antes hemos indicado,  parece es el nombre chino de la diosa serpiente sumeria Ninkhursag. Los primeros emperadores chinos afirmaban ser descendientes de esta diosa dragón. Aunque los Dioses serpiente se mostraban en forma de dragones en la historia y mitología china, no hay ninguna duda de que estamos hablando de los mismos seres que las serpientes aladas con piernas o los Nagas hindúes. China eligió al dragón como el emblema nacional por razones profundas. Creyeron que el dragón celestial era el padre de la primera dinastía de emperadores divinos y consecuentemente el emblema del dragón se consideró como la representación de la influencia divina en la tierra de China. Según la historia china, los dragones estaban presentes en la creación y compartieron el mundo con la humanidad. Como la serpiente occidental, el dragón fue ligado al desarrollo del hombre; y era el dragón el que le enseñó las artes esenciales tales como hacer fuego, tejer las redes para la pesca, y crear música.

 

El dragón chino era inigualable en sabiduría y su poder vino a simbolizar,  más que un benefactor de los hombres, al emperador que se creía tenía sangre de dragón.  Esta afinidad con el dragón es demostrada en los emblemas en todas las actividades del emperador: en su trono, en sus barcos, en sus banderas. Según Charles Gould, en su clásico trabajo sobre la mitología china dice que “la creencia en la existencia y la amistad del dragón está plenamente integrada en la antigua historia china. En “El Rey Vih“, el más antiguo de los libros chinos, cuyos orígenes están cubiertos de misterio, describe los días cuando el hombre y el dragón vivieron apaciblemente juntos  e incluso tuvieron relaciones sexuales. Y el dragón vino a representar al emperador y al trono de China, mientras que el dragón principal tenía su morada en el cielo.

En el año 212 a.C. el emperador Tsin-Shi-Hwang-Ti ordenó la destrucción de todos los libros antiguos y la persecución de los hombres ilustrados por un período de cuatro años, que llevó a que 460 sabios fueron enterrados vivos. Durante esta supresión del conocimiento antiguo, “El Rey Vih” fue considerado tan sagrado que fue eximido específicamente del decreto. A este respecto resulta sorprendente que la antigua biblioteca de Alejandría fue quemada alrededor de este mismo período de tiempo. Esa biblioteca albergaba también todos los textos sagrados y más antiguos de las civilizaciones del Oriente. En esta obra clásica, muchos de los emperadores antiguos son descritos teniendo como características las del dragón. Por ejemplo del emperador Yaou (2.356 a.C.) se dice que fue concebido por un padre dragón y una madre humana. El emperador Shun (2.255 a,C.) es descrito teniendo la fisonomía de un dragón.

La historia de China, una de las civilizaciones más antiguas del mundo, tiene sus orígenes en la cuenca del Río Amarillo, donde surgieron las primeras dinastías Xia y Shang . La existencia de documentos escritos hace cerca de 3500 años han permitido una narración continua desde las primeras dinastías hasta la edad contemporánea. La cultura china, según la mitología, se inaugura con los tres emperadores originarios: Fuxi, Shennong y el Emperador Amarillo Huang, este último considerado como el verdadero creador de la cultura china. Sin embargo, no existen registros históricos que demuestren la existencia real de estos emperadores que, de acuerdo con la transmisión oral de generación en generación, habrían vivido hace unos 5000 a 6000 años. El Emperador amarillo, también conocido en Occidente por su nombre chino Huangdi, es una de las figuras más importantes de la mitología china. Huangdi, llamado también uno de los Cinco Emperadores, reinó, según la tradición, desde el 2698 al 2598 a.C. Se le representa como conquistador, juez, inmortal, dios de la montaña Kunlun y del centro de la Tierra. Parece que originalmente fue una figura mítica o un dios que fue reinterpretado durante la dinastía Zhou.

 

La cordillera montañosa Kunlun es una de las más largas cadenas montañosas de Asia, extendiéndose a lo largo de más de 3000 km. Corre a lo largo del borde occidental de China, hacia el Sur, al lado de la cordillera del Pamir, curvándose luego hacia el este para formar la frontera norte del Tíbet. Se extiende al sur de lo que se denomina actualmente la cuenca de Tarim, el famoso Takla Makan o desierto de las “casas enterradas en la arena”, y el desierto de Gobi. Las montañas Kunlun son muy conocidas en la mitología china, y se considera que encierran el paraíso taoísta. El primero en visitar este paraíso fue, según la leyenda, el rey Mu (1001-947 a.C.) de la dinastía Zhou. Supuestamente descubrió el Palacio de Jade de Huangdi, el mítico Emperador Amarillo, y encontró a Xiwangmu, la Reina Madre del Oeste, que también tiene su mítico refugio en estas montañas.

Originalmente Huangdi sería un dios de la guerra que en las tradiciones tempranas desempeñaba un papel poco importante, pero que más tarde se convertiría en uno de los inmortales del taoísmo. Algunos lo identifican con el dios del trueno tocario Ylaiñäkte, que corresponde a otras divinidades indoeuropeas, como el dios germánico Wotan, el griego Apolo y el celta Lug. Se cuenta que su madre quedó embarazada por un rayo caído del cielo nocturno y que tras veinte años de embarazo nació Huangdi, que hablaba desde el nacimiento. Existen historias sobre su lucha con su hermano Shennong, y con un diluvio causado por un monstruo. También se cuenta que posee un tambor hecho con piel de kui (un ser mitológico que puede producir lluvia, viento o sequía). La leyenda de su retirada hacia el oeste en la guerra contra el emperador del Este, Chi You, en la batalla de Zhuolu, se considera como el inicio del establecimiento de la etnia han.

Los chinos de la etnia han consideran que Huangdi es su ancestro (junto con Shennong), al que también conocen como Yandi (‘el emperador Yan’).  Los han se refieren a sí mismos como «los descendientes de Yan y Huang». Entre otros logros, al Emperador Amarillo se le atribuye la invención de los principios de la medicina tradicional china: el Neijing o Canon médico del Emperador Amarillo que, según la leyenda, fue compuesto en colaboración con su médico Qi Bo. Sin embargo, historiadores modernos consideran que fue compilado de fuentes antiguas por un estudioso entre las dinastías Zhou y Han, más de 2000 años después. Su historiador Cang Jie habría sido el creador de los caracteres chinos. Según otra leyenda, su mujer, Luo Zu o Leitzu, enseñó a los chinos cómo tejer la seda de los gusanos.

Uno de las características más importantes de China lo constituye la medicina china tradicional, que es el nombre que se da comúnmente a un conjunto de prácticas médicas tradicionales desarrolladas en China a lo largo de su evolución cultural milenaria. Los principales fundamentos teóricos médicos se basan en esta larga experiencia y queda reflejada en la teoría del “yin-yang” y otras, como la teoría de los “cinco elementos” .Los tratamientos se hacen con referencia a este marco filosófico. Esta medicina se basa en el concepto de “chi” (o energía vital) equilibrado, que se cree recorre el cuerpo de la persona. Quienes practican esta medicina proponen que el “chi” regula el equilibrio espiritual, emocional, mental y físico y está afectado por las fuerzas opuestas del “yin” («energía» negativa) y el “yang” («energía» positiva).

 

Los neo-confucianistas desarrollaron una idea de ch’i que presenta el más asombroso parecido con el concepto del campo cuántico usado en la física moderna. Al igual que el campo cuántico, el ch’ i es concebido como una forma de materia tenue y no perceptible, que está presente por todo el espacio y que puede condensarse en objetos materiales sóli­dos. En palabras de Chang Tsai: “Cuando el ch’i se condensa, su visibilidad se hace apa­rente, surgiendo entonces las formas (de las cosas indi­viduales). Cuando se dispersa, su visibilidad deja de ser aparente y entonces ya no hay formas. En el momen­to de su condensación, ¿podría acaso decirse que ésta no es temporal? Y en el momento de su dispersión, ¿puede decirse sin reflexionar que entonces ya no exis­te.”. De esta manera, el ch’i se condensa y se dispersa rítmica­mente, produciendo todas las formas que, finalmente, se disuelven otra vez en el vacío. Como dice de nuevo Chang Tsai: “El Gran Vacío no puede componerse más que de ch’i. Ese ch’i no puede más que condensarse para formar todas las cosas. Y esas cosas no pueden sino dispersar­se para formar (una vez más) al Gran Vacío.

Al igual que en la teoría del campo cuántico, el campo -o el ch’i- no es sólo la esencia fundamental de todos los objetos materiales, sino que también transporta sus mutuas interacciones en forma de ondas. Evi­dencian una gran similitud la siguientes descripcio­nes del concepto del campo dadas por Walter Thirring: “La física teórica moderna… nos ha hecho pensar sobre la esencia de la materia en un contexto diferente. Ha llevado nuestra atención de lo visible -las partícu­las- a la entidad subyacente: el campo. La presencia de la materia es simplemente una perturbación del estado perfecto del campo en un lugar dado; algo acci­dental, casi podría decirse que es simplemente una “mancha”. Por consiguiente, no existen leyes senci­llas que describan las fuerzas que actúan entre las par­tículas elementales… Tanto el orden como la simetría deberán buscarse en el campo subyacente.”.  y la visión china del mundo físico según Joseph Needham: “Tanto en la antigüedad como en la época medieval, el universo físico chino era un todo perfectamente conti­nuo.

 

El ch’i, condensado en materia palpable no tenía particularidades concretas, sin embargo los objetos individuales actuaban y reaccionaban con todos los demás objetos del mundo… en forma de ondas o de vibraciones, dependiendo, en último caso, de la alter­nancia rítmica en todos los niveles de las dos fuerzas fundamentales, el ying y el yang. Así, los objetos indivi­duales tenían sus ritmos intrínsecos. Y éstos estaban in­tegrados… dentro del modelo general de la armonía del mundo.”.  Según la medicina china tradicional, la enfermedad ocurre cuando se altera el flujo del chi y se produce un desequilibrio del yin y el yang. Los componentes de este tipo de medicina comprenden terapias de hierbas y alimentación, ejercicios físicos que restituyen la salud, meditación, acupuntura y masajes reparadores. Se considera una de las más antiguas formas de medicina oriental, término que engloba también las otras medicinas de Asia, como los sistemas médicos tradicionales de Japón, de Corea, del Tíbet y de Mongolia. Tiene como base filosófica la observación y el conocimiento de las leyes fundamentales según las cuales, éstas gobernarían el funcionamiento del organismo humano, y de su interacción con el entorno, siguiendo los ciclos de la naturaleza. Buscando de tal manera aplicar esta comprensión al tratamiento de las enfermedades y el mantenimiento de la salud con métodos diversos.

 

En chino la alquimia se denomina “el arte del amarillo y el blanco”. Y se remonta de forma demostrable a la época que va desde el 400 al 225 a.C. Pero incluso existen datos que nos podrían remontar hasta el siglo VI a.C. La meta de la Alquimia China es la fabricación del “Chin Tan” que se trataba de un medicamento que prolongaba la vida. En la primera época de la alquimia china, se confiaba en encontrar ese medicamento en una de las islas de la Inmortalidad. Existían tres de estas islas, las cuales recibían los nombres de: “P´en-Lai“, “Fang Chang” y “Jenchou“. Los primeros indicios los encontramos en el libro llamado “Shih Chi” (“Notas Históricas”) redactado por Ssu-Ma Ch´ien,  que vivió entre los años 163 y 85 a.C. Durante el periodo de la Dinastía Han (Siglo I a.C.) la alquimia estaba muy extendida en China. Y en dicha disciplina además de la transformación de metales no preciosos en oro y plata, también se estimaba y trataban todas las formas de magia. Fuentes de cronistas de la época nos cuentan que los alquimistas pretendían ser capaces de reconocer emisiones gaseosas del cuerpo humano, con las cuales podían adivinar el futuro.

 

El tratado taoísta del siglo II d. C. denominado “Wei P´oyang” se considera la obra más antigua de la alquimia china. Este libro trata los secretos de la alquimia, además de ocuparse del “Elixir de la Inmortalidad“. El alquimista chino mas conocido es Ko Hung (284-361 d.C.), que utilizaba el seudónimo “Pao-P´u-tzu” y que publicó una extraña obra con este mismo nombre. En ella expuso de manera extensa y exhaustiva la transformación de metales, como por ejemplo la transformación del plomo blanco en uno rojizo o al revés, y la fabricación del “Elixir de la Vida“. También mencionó una tintura dorada a la que denominó “Chin-Ye“, que se podía comparar con la tintura utilizada en la alquimia occidental. Durante las Dinastias T´ang (618-907) y la Sung (960-1279), la alquimia gozó de protección y aprecio por parte de los Emperadores.

El alquimista mas conocido en ese periodo fue Chang Po-tuan (984-1082), que redactó un libro con el titulo de “Wu-chen p´in” (“Tratado sobre la Alquimia”) en el que comentaba muy extensamente el secreto arcano llamado “El Elixir Interno y Externo”. Al empezar la Dinastía Yuan (1279-1368) se redujo la importancia de la Alquimia y los alquimistas se limitaron a comentar los escritos difíciles de comprender. A partir de la Dinastía Ming, los alquimistas desaparecen de la corte del Emperador y se refugian en las montañas. La alquimia china se basa en el efecto de cambio de los principios opuestos “Yin” y “Yang”, tan significativos para el orden cósmico. Además contiene la teoría o sistema denominado “de los 5 elementos”, es decir: madera, fuego, tierra, metal y agua, que puede pasar del uno al otro en un movimiento rotatorio.

Volviendo al tema del dragón, vemos que es una criatura mitológica y legendaria de China y de otras culturas orientales que se compone, sorprendentemente,  de partes de nueve animales distintos: ojos de langosta, cuernos de ciervo, morro de buey, nariz de perro, bigotes del pez bagre (llamado también pez gato por los tentáculos o barbillas, que se extienden a cada lado de la mandíbula superior y, en algunas especies, también de la mandíbula inferior, semejantes a los bigotes de un gato),  melena de león, cola de serpiente, escamas de pez y garras de águila. Antiguamente consideraban cuatro especies de dragón: los con escamas, los con alas, los con cuernos y los sin cuernos. Otra leyenda los clasifica en tres: los con un solo cuerno, los sin cuernos y los sin patas. El dragón es también la personificación del concepto del yang (masculino) y está relacionado con el tiempo como propiciador de la lluvia y el agua en general. Su equivalente femenino es el ave fénix en versión china.

 

El dragón se usa a veces en Oriente como símbolo nacional de China. Sin embargo, su uso en la República Popular China y en la República de China en Taiwán es raro. Primero, el dragón fue históricamente el símbolo del Emperador de China y figuró en la bandera nacional hasta el final de la dinastía Qing.  Estas connotaciones monárquicas van contra las ideologías chinas actuales. Actualmente el panda gigante se usa muchísimo más que el dragón dentro de China como símbolo nacional. Sin embargo, en Hong Kong el dragón es parte del diseño de la marca Hong Kong, un símbolo usado para promocionar Hong Kong como marca internacional. El dragón inspira mucho respeto en la cultura china y se considera tabú desfigurar una representación de un dragón. Varios proverbios chinos también incluyen referencias al dragón. Por ejemplo, «esperar que el hijo de uno se convierta en un dragón» (es decir,  que tenga tanto éxito y poder como un dragón).

El origen del dragón chino es incierto, pero muchos investigadores están de acuerdo en que procede de diferentes tribus en China. Algunos han sugerido que vienen de una representación estilizada de animales existentes, tales como serpientes, peces o cocodrilos. Por ejemplo, el yacimiento Banpo de la cultura Yangshao en Shaanxi presentaba un motivo elongado parecido a una serpiente. Los arqueólogos creen que el «pez largo» habría evolucionado a imágenes del dragón chino. La relación con los peces se refleja en la leyenda de una carpa que vio la cima de una montaña y decidió que iba a alcanzarla. Nadó río arriba, escalando rápidos y cascadas sin dejar que nada le apartase de su camino. Cuando alcanzó la cima allí estaba la mítica «Puerta del Dragón» y cuando saltó por encima de ella se convirtió en un dragón. Se cree que varias cascadas y cataratas en China son la ubicación de la «Puerta del Dragón». Esta leyenda se usa como una alegoría del empuje y esfuerzo necesarios para superar los obstáculos y lograr el éxito.

Un punto de vista alternativo, promovido por He Xin, es que los primeros dragones representaban una especie de cocodrilo. Específicamente el Crocodylus porosus, un antiguo cocodrilo gigante, conocido por su habilidad de sentir con precisión cambios en la presión del aire, anticipando así la llegada de la lluvia. Este puede haber sido el origen de los atributos míticos del dragón de controlar el tiempo, especialmente la lluvia. Además, existen evidencias de cultos al cocodrilo en las antiguas civilizaciones babilónica, egipcia,  india y maya. La relación con el cocodrilo es también apoyada por la opinión en tiempos antiguos de que los grandes cocodrilos eran una variedad de dragón. Por ejemplo, en la Historia de Zhou Chu, sobre la vida de un guerrero de la dinastía Jin, se decía que había matado un «dragón» que infestaba las aguas de su pueblo natal, que parece haber sido un cocodrilo.

 

La forma enrollada de la serpiente o dragón jugó un importante papel en la antigua cultura china. Personajes legendarios son representados con cuerpos de serpientes. Algunos investigadores informan de que el primer emperador de China legendario,  el ‘Emperador Amarillo’ usaba una serpiente en su escudo de armas. Cada vez que conquistaba una nueva tribu incorporaba el emblema del enemigo derrotado en el suyo. Esto explica por qué el dragón parece tener características diversas de otros animales. No hay relación aparente con el dragón occidental. Desde sus orígenes el dragón chino evolucionó para convertirse en un animal mítico. Para la dinastía Han la apariencia del dragón se describía como un ser con el tronco de una serpiente, las escamas de una carpa, la cola de una ballena, los cuernos de ciervo, la cara de un camello, las garras de un águila, las orejas de un toro, los pies de un tigre y los ojos de una langosta, además de tener una perla llameante bajo su mentón. Los dragones chinos se representan ocasionalmente con alas de murciélago creciéndoles de sus miembros delanteros, pero la mayoría carece de ellas, si bien siguen siendo capaces de volar. Esta descripción concuerda con las representaciones artísticas del dragón hasta la actualidad.

El dragón también ha adquirido una gama casi ilimitada de poderes sobrenaturales. Se dice que es capaz de camuflarse como un gusano de seda o hacerse tan grande como el universo completo. Puede volar entre las nubes o esconderse en el agua (según el Guanzi). Puede formar nubes, transformarse en agua o fuego, volverse invisible o brillar en la oscuridad (según el Shuowen Jiezi). Los dragones chinos están fuertemente relacionados con el agua en las creencias populares. Se cree que gobiernan el agua en movimiento, como cascadas, ríos y mares. Pueden mostrarse como chorros de agua o tornados sobre el agua. En este puesto como gobernantes del agua y el tiempo, el dragón es más antropomórfico, a menudo representado como un humanoide, vestido con ropas de rey, pero con una cabeza de dragón llevando el tocado real. Hay cuatro Reyes Dragones principales, representando cada uno de los cuatro mares: el Mar del Este (correspondiente al Mar de China Oriental), el Mar del Sur (Mar de la China Meridional), el Mar del Oeste (a veces considerado como el Océano Índico y más allá) y el Mar del Norte (a veces considerado el Lago Baikal). Debido a esta relación, a veces se les considera «a cargo» de los fenómenos meteorológicos relacionados con el agua.

En la antigüedad muchas poblaciones chinas, especialmente las cercanas a ríos y mares, tenían templos dedicados a su Rey Dragón local. En épocas de sequía o inundación era costumbre que los ancianos y autoridades locales llevasen a la comunidad a dedicar sacrificios y celebrar otros ritos religiosos para apaciguar al dragón y pedirle lluvia o el cese de ésta. El Rey de Wuyue en el periodo de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos era conocido a menudo como el «Rey Dragón» o el «Rey Dragón del Mar» debido a sus amplios proyectos de ingeniería hidrológica que «domaron» los mares. Al final de su reinado, se dice que el legendario primer emperador Huang Di fue inmortalizado como un dragón que se parecía a su emblema y ascendió al Cielo. Debido a que los chinos consideran a Huang Di como su antepasado, a veces se llaman a sí mismos «los descendientes del dragón». Esta leyenda también contribuye al uso del dragón chino como símbolo del poder imperial.

 

El dragón, especialmente los dragones amarillos o dorados con cinco garras en cada pie, era un símbolo del emperador en muchas dinastías chinas. El trono imperial era llamado «Trono Dragón». Durante el final de la dinastía Qing el dragón fue adoptado como bandera nacional y era una gran ofensa  que los plebeyos llevasen ropas con el símbolo del dragón. El dragón aparecía en los grabados de las escalinatas de los palacios y tumbas imperiales, como en la Ciudad Prohibida en Pekín. En algunas leyendas chinas, un emperador podía nacer con una marca de nacimiento con forma de dragón. Por ejemplo, una leyenda cuenta la historia de un campesino nacido con una marca de este tipo que derroca a la dinastía gobernante y funda una nueva. Otra leyenda habla de un príncipe escondiéndose de sus enemigos, que es identificado por su marca de nacimiento con forma de dragón. En contraste, la emperatriz de China era a menudo identificada con el fenghuang, el fénix chino o  pájaro mitológico chino que reina sobre las demás aves. Los machos son llamados feng y las hembras, huang. En la actualidad ya no se hace esa dicotomía de géneros y los dos se engloban en un único género femenino (yin) que puede ser aparejado con el dragón chino, que se considera macho (yang). El fenghuang también es llamado el Gallo Augusto.

El culto a los Reyes Dragones como gobernantes del agua y el tiempo persiste en muchas regiones y está profundamente arraigada en las tradiciones culturales chinas, como las celebraciones del Año Nuevo Chino. Representaciones de dragones han sido halladas en yacimientos arqueológicos del Neolítico por toda China. La representación de dragones más antigua se ha encontrado en yacimientos de la cultura de Xinglongwa. En los yacimientos de la cultura de Yangshao, en Xi’an, se han hallado vasijas de arcilla con motivos de dragón. La cultura de Liangzhu también produjo diseños de dragón. Los yacimientos de la cultura de Hongshan en la actual Mongolia Anterior demuestran que produjeron amuletos de jade con forma de cerdo-dragón. Una de las formas más antiguas es la de cerdo-dragón, una criatura alargada y enroscada con una cabeza parecida a la de un jabalí. El carácter para «dragón» en la escritura china más antigua tiene una forma enroscada parecida, al igual que los amuletos de jade de dragón posteriores del periodo de la dinastía Shang. El número nueve se considera afortunado en China, y los dragones chinos están frecuentemente relacionados con él. Por ejemplo, un dragón chino se describe normalmente en términos de nueve atributos y suele tener 117 escamas: 81 (9×9) masculinas y 36 (9×4) femeninas.

También por esto es por lo que hay nueve formas de dragón y el dragón tiene nueve hijos. El «Muro de Nueve Dragones» es un muro con imágenes de nueve dragones diferentes que se encuentra en palacios y jardines imperiales. Dado que el nueve se consideraba el número del emperador, sólo los más altos oficiales tenían permitido lucir nueve dragones en sus togas. Los oficiales de menor rango lucían ocho o cinco dragones en sus togas, de nuevo cubiertas. Incluso el propio emperador llevaba su túnica de dragones con uno de ellos oculto a la vista. Hay varios lugares en China llamados «Nueve Dragones», siendo el más famoso Kowloon en Hong Kong. La parte del Mekong que discurre por Vietnam se conoce como Cửu Long, con el mismo significado. El dragón es uno de los doce animales del zodiaco chino que se usa para designar los años en el calendario chino. Se cree que cada animal está relacionado con ciertos rasgos de personalidad y los años del dragón suelen ser los más populares para tener hijos. El Dragón Azul se considera el principal de los cuatros guardianes celestiales, siendo los otros tres Zhu Que (‘pájaro rojo’), Bai Hu (‘tigre blanco’) y Xuan Wu (‘tortuga negra’). En este contexto, el Dragón Azul está relacionado con el Este y el elemento de la Madera.

 

La enorme extensión del territorio ocupado por el estado actual de la República Popular China hace que, inevitablemente, la historia de todo este territorio abarque a un gran número de pueblos y civilizaciones. Sin embargo, el hilo conductor de la narración tradicional de la historia china se centra, en un sentido más restringido, en el grupo étnico de los chinos, y está íntimamente asociada a la evolución de la lengua china y su sistema de escritura basado en los caracteres. Esta continuidad cultural y lingüística es la que permite establecer una línea expositiva de la historia de la civilización china, que, tanto desde los textos más antiguos del I milenio a. C., los textos clásicos confucianos, pasando por las grandes historias dinásticas promovidas por los emperadores, ha continuado hasta el presente. Los descubrimientos arqueológicos del siglo XX, muy en especial los de los huesos oraculares, que recogen las primeras manifestaciones escritas en lengua china, han contribuido en las últimas décadas a un conocimiento mucho más detallado de los orígenes de la civilización china.

Los huesos oraculares son caparazones de tortuga y huesos de animales, en los que se han encontrado inscripciones que forman el cuerpo significativo más antiguo de escritura china arcaica, conteniendo importante información histórica, como la genealogía real completa de la dinastía Shang, también conocida como dinastía Yin. Esto confirmó la existencia de esta dinastía, que algunos estudiosos ponían en duda hasta su aparición. Desde su reconocimiento como soporte de escritura arcaica china en 1899, se han encontrado más de doscientos mil huesos grabados, de los que unos cuarenta y ocho mil pueden consultarse en ediciones impresas. La mayor parte de los huesos oraculares están datados sobre los últimos doscientos treinta años de la dinastía Shang, hace unos tres mil doscientos años. El estudio de las inscripciones concluyó que consisten en el registro de rituales adivinatorios, usando la piromancia o adivinación mediante fuego o calor, realizados para o por las casas reales.

La narración tradicional china de la historia se basa en el llamado ciclo dinástico, mediante el cual los acontecimientos históricos se explican como el resultado de sucesivas dinastías de reyes y emperadores que pasan por etapas alternas de auge y declive. Este modelo del ciclo dinástico ha sido criticado por muchos autores por dos razones fundamentales: por su simplicidad ya que el modelo adopta un patrón recurrente según el cual los primeros emperadores son heroicos y virtuosos, mientras que los últimos son débiles y corruptos; por presentar una visión nacionalista artificial, pues lo que en una interpretación alternativa podría verse como una sucesión de diferentes estados y civilizaciones en un mismo territorio, aparece como una mera alternancia de regímenes de gobierno en el marco de una entidad nacional única.

A pesar de estas críticas, el modelo del ciclo dinástico permite ver los acontecimientos históricos que han llevado a la formación de la China actual como una estructura lineal de fácil comprensión. Otra razón principal por la que el estudio de las dinastías y sus emperadores ha sido fundamental entre los chinos en el análisis de su propia historia es el sistema tradicional de datación de fechas, según el cual cada emperador establecía sus periodos de reinado como marco para contabilizar los años. Así, el año cristiano de 1700 se corresponde según el sistema tradicional chino con el año 38 de la era Kangxi, mientras que el año 1750 sería el año 15 de la era Qianlong. Incluso hoy en día, en Taiwán, el año 2007 se designa en contextos formales como año 96 de la República. Este uso de las dinastías y sus emperadores para la propia datación de los años ha hecho imprescindible el dominio de la cronología dinástica en la tradición cultural china para adentrarse en el estudio de la historia.

Que se sepa, el territorio chino ha estado poblado desde hace muchos miles de años y se han encontrado restos de homínidos, que constituyen los antepasados más remotos del hombre. Así lo demuestran los restos hallados pertenecientes al hombre de Renzidong; el hombre de Yuanmou; el hombre de Nihewan; el hombre de Lantian; el hombre de Nankín o el hombre de Pekín. Posteriormente surgirían otras culturas, como el hombre de Dali; el hombre de Maba; el hombre de Fujian o el hombre de Dingcun. El cráneo de Dali u hombre de Dali, que no tiene nada que ver con el famoso pintor catalán,  es un cráneo fósil de un varón joven, bien conservado, descubierto en 1978 en Tianshuigou, cerca del poblado de Jiefang, 30 km al norte de la ciudad de Dali, en la prefectura de Weinan, provincia de Shaanxi, China. El Homo sapiens hace su aparición hace unos 40.000 años. Hace alrededor de unos 10.000 años se empieza a cultivar arroz en el río Yangtsé y poco después mijo en la provincia de Henan. En el VIII milenio a. C. las culturas de la zona del valle del río Amarillo se hicieron sedentarias y un milenio después comenzaría la domesticación de animales. Entre el VII y VI milenio a. C. surgen las primeras culturas neolíticas, de Peilikan y Cishan, precursoras de la cultura de Yangshao, que se fusionaría con la Dawenkou y la Hongshan para dar lugar a la cultura de Longshan, que marca el comienzo de la unidad territorial y política de la Llanura del Norte de China. Son los gobernantes mitológicos de China anteriores a las primeras dinastías históricas. Pero existen discrepancias sobre sus identidades. En algunas versiones los Tres Augustos son Fuxi, Nüwa y Shennong y los cinco emperadores son: el Emperador Amarillo, Zhuanxu, Diku, Tangyao y Yushun.

 

Para entender la historia china es fundamental tener en cuanta a Sima Qian(145 a.C. – 90 a.C.), que fue un historiador chino, probablemente el más importante de la antigua China. Dedicó su vida a completar la obra Shǐjì “registros históricos“, también a veces traducido como “recuerdos históricos“, que había comenzado su padre, Sima Tan. Al igual que su padre, trabajó como escriba principal en la corte Han. Con 20 años de edad comenzó un viaje por China para recabar información y confirmar datos sobre la historia del país. A la vuelta de su viaje, Sima Qian volvió a trabajar en la corte junto a su padre al servicio del emperador Han Wudi. A partir del año 109 a.C., Sima Qian continuó la obra de su padre. En el año 99 a.C., Sima Qian defendió públicamente al militar Li Ling, al que habían culpado de una derrota en la guerra contra los xiongnu, pueblo nómada del norte. Li Ling había sido responsabilizado por Han Wudi y los principales miembros de la corte de la derrota en la batalla. La defensa que hizo Sima Qian del general le valió la ira del emperador, que ordenó que lo castraran como castigo.

Una condena a castración era en la práctica una condena a muerte, ya que el suicidio estaba considerada la única opción digna después de este tipo de mutilación. Sin embargo, Sima Qian no se suicidó, sino que prefirió vulnerar las costumbres religiosas de la época para poder completar su obra. Tras pasar tres años en la cárcel fue puesto en libertad y continuó dedicado en cuerpo y alma a la escritura de las “Memorias históricas”, que completó en el año 91 a.C., poco antes de morir. Es difícil enfatizar suficientemente la importancia de Sima Qian en la historiografía china. Gran parte de los acontecimientos de las épocas más antiguas de China se conocen gracias a la meticulosidad de sus escritos. Su obra, “Memorias históricas”, tendría una amplia influencia sobre los historiadores posteriores y ha marcado la manera en que los chinos ven su propia historia.

Según las “Memorias históricas” de Sima Qian, la primera dinastía china fue la dinastía Xia, que se habría desarrollado desde el 2100 a. C. hasta aproximadamente el 1600 a. C. y que habría ocupado el curso medio del río Amarillo. Sus 17 soberanos establecieron sus respectivas sedes de gobierno en lo que hoy abarca el sur de la provincia de Shanxi y el oeste de la provincia de Henan. Los nombres de los reyes de la dinastía, junto con los años de reinado de cada uno, son mencionados por Sima Qian. En todo caso, debe tenerse en cuenta que Sima Qian escribió su obra más de quince siglos después, por lo que sus datos, basados en las tradiciones que llegaron a esa época, deben tomarse con cierta reserva. Ni siquiera hay pruebas concluyentes de que haya existido la dinastía Xia. Tras poner fin a las catástrofes que provocaron las crecidas anuales del río Amarillo, Da Yu (Huang Di, el Emperador Amarillo), funda la primera dinastía China con el apoyo de varias tribus, conquista las mejores tierras de China en la parte norte con la expulsión de sus oponentes, entre ellos a los antepasados de los actuales Miao, y se transforma en una sociedad esclavista en la que se admite la propiedad privada. Durante la dinastía Xia se elaboró el primer calendario Chino en el que se computan los doce meses en relación con la posición de la Osa Mayor, explicaba la astrología, los meteoros y otros fenómenos naturales, y determinaba las labores agrícolas y las actividades políticas de acuerdo a cada mes.

Según el relato de Sima Qian, en el que se basa toda la historiografía china, la segunda dinastía fue la dinastía Shang, que se extendió en el tiempo desde alrededor de 1600 a. C. hasta aproximadamente el 1100 a. C. La existencia de la dinastía Shang fue puesta en duda por muchos historiadores, en particular por los no chinos, hasta que en el siglo XX se produjeron descubrimientos arqueológicos que permitieron comprobar la veracidad de la existencia de muchos de los reyes mencionados por Sima Qian. Los reyes de esta dinastía practicaban artes adivinatorias mediante la utilización de los llamados huesos oraculares, omóplatos de buey y caparazones de tortuga, sobre los que inscribían textos en los que se expresaba el resultado del ritual de adivinación. Estos textos inscritos en los huesos oraculares son la forma más antigua conocida de la escritura china.

 

La confirmación arqueológica de la existencia de los reyes Shang, que mucho más tarde mencionaría Sima Qian, confirma la meticulosidad con la que los chinos registraban el paso del tiempo y los acontecimientos. Esto hace verosímil que también la dinastía Xia haya tenido existencia real. La dinastía Shang tuvo su capital cerca de la actual ciudad de Anyang, en el Valle Juang He. El reino Shang era una sociedad altamente desarrollada, gobernada por una clase aristocrática. El reino en sí no se asentaba en un territorio consolidado, sino en una red de ciudades que respetaban la autoridad del rey. Estas ciudades, que compartían cultura, vivían junto a otros pueblos que no formaban parte del reino Shang. Precisamente uno de estos pueblos, procedente de una ciudad de nombre Zhou, derrotó militarmente a los Shang. Tras matar al último rey Shang, el rey de este pueblo ocupó su puesto como soberano, fundando la nueva dinastía Zhou.

La dinastía Zhou estaba dividida en dos clases sociales, la nobleza y los plebeyos, guiados por un sacerdote rey. Realizaron delicadas tallas en jade, tejidos de seda y trabajos en bronce. También durante este período fueron desarrollados los carros de guerra tirados por caballos y un sistema de escritura (el sistema de escritura Shang) que utilizaba más de 3.000 símbolos, tallados en trozos de hueso o caparazón de tortuga. Esta lengua de “oráculo”, evolucionó más tarde en los caracteres usados en el idioma chino. Veneraban a sus ancestros y a un panteón de dioses, practicaban el sacrificio humano y enterraban vivos a los esclavos, en las tumbas de sus amos. La Dinastía Shang terminó cuando una rebelión de esclavos derrocó al último emperador, que se lo consideraba un déspota.

La dinastía Zhou gobernó China desde 1045-256 a.C. En 1045 a.C., los  Zhou derrocaron a los Shang y establecieron su propia dinastía. La sociedad Zhou tenía un sistema de clases parecido al de los Shang, con aristócratas y plebeyos, y agregaron la clase esclava. La Dinastía Zhou controlaba solamente partes del norte de China, dividiendo el reino en varios estados, cada uno de los cuales estaba controlado por un gobernador local, que hacía cumplir la autoridad central. Pasado el tiempo, estos estados se hicieron cada vez más independientes, y el poder de la dinastía se debilitó. En el año 771 a. C., una invasión extranjera forzó a los Zhou a abandonar su capital y trasladarse hacia el Este, comenzando el período Zhou Oriental. Las ciudades crecieron, creando una clase comercial que usaba dinero en vez del trueque.

La fabricación del bronce alcanzó un gran nivel artístico y técnico; hubo grandes pensadores y filósofos,  como Confucio y Lao Tzu,  y durante este período se publicaron muchos  grandes libros, incluyendo el I Ching o “Libro de los Cambios”, el Shijing o “Libro de los Poemas”, el Shujing o “Libro de la Historia”, el Liji o “Libro de los Ritos” y el Chunqiu o “Anales de la Primavera y el Otoño. La dinastía Zhou estableció dos capitales principales: una en el Oeste, Zhouzong, cercana a la actual Xi’an, y otra en el Este, Chengzhou, cerca de la actual Luoyang. La primera fue la capital principal de los Zhou hasta el año 771 a.C., en que la corte se traslada definitivamente a Chengzhou. En la cronología tradicional china se divide a la dinastía en dos partes: Zhou Occidental, hasta 771 a.C., y Zhou Oriental desde 771 a.C. hasta 256 a.C., año en que muere el último rey Zhou. La época de los Zhou Orientales se puede a su vez dividir en dos partes: “El periodo de las Primaveras y los Otoños” y “el periodo de los Reinos Combatientes”. El primer periodo toma su nombre de un libro de anales, cuya recopilación la tradición atribuye a Confucio, en el que los capítulos se delimitaban por el comienzo de la primavera y el otoño.

 

Esta época fue un periodo en el que los reyes Zhou tenían una autoridad religiosa que decían proveniente del mandato del Cielo, pero ejercían una autoridad bastante limitada sobre un grupo de estados en gran medida independientes. Fue también una época de gran esplendor cultural en la que vivieron y escribieron sus obras algunos de los principales pensadores chinos de la antigüedad como Confucio, Mencio o Zhuangzi. El período de los Reinos Combatientes, por el contrario, estuvo marcado por las guerras entre los diferentes estados, que acabaron negando la autoridad de la corte Zhou. Tras la muerte del último rey Zhou en 256 a. C. se prolongó esta situación de guerra constante, el gobierno central perdió poder y se separó en 7 grandes estados; hasta que el Estado occidental de Qin conquistó a los demás.

Puedes seguir leyendo el artículo “La misteriosa China milenaria 2/3

febrero 22, 2011 - Posted by | Historia, Otras ant. civil., Otros, Sumer | , , , , , , , , , , , , , , , , ,

1 Comentario »

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